La oficina, pese a lo temprano, se encontraba ya atestada, una vista a la que me había acostumbrado desde hacía un tiempo, empleados caminando, corriendo, de un lado a otro, llevando documentos, USB'S, cafés, lo que te podrías imaginar dentro de un aparato corporativo como este, mientras apreciaba el entorno oficinista a mi alrededor, revise mi teléfono mientras me dirigía a mi cubículo, como cada día, vi la hora, 6:51 AM, me había demorado un tanto más de lo que había calculado, pero, tenia 9 minutos para poner en mi escritorio.

Tras unos instantes de pasar entre atareados colegas, llegue a mi cubículo, antes de entrar, pase la tarjeta electrónica que siempre dejo en mi bolsillo derecho para que mi hora quedase registrada: 6:52 AM.

Confirmando que llegue a tiempo, me senté en frente de mi ordenador, presione el viejo botón de encendido del CPU y me puse a esperar a que el ordenador iniciase, tenía que llenar unas cuantas solicitudes, además de enviar unas cuantas páginas de contaduría a otro departamento por correo electrónico, entre muchas otras tareas hasta fin de turno – 4:50 PM.

En cualquier país, uno podría apreciar la sencillez que un trabajo asi te podría ofrecer, además de pensar "El sueldo debería alcanzar para todo lo necesario", cosa que, tristemente, en este estado mercante, no era cierto, dado que tu sueldo se terminaría invirtiendo un 95% en comestibles, de ahí que incluso los mas honrados tengamos que recurrir a recursos "bajo cuerdas" para llegar a pagar diversas cosas, desde una renta, hasta una hipoteca.

La clásica pantalla de Windows XP iniciándose apareció en el monitor, y al ver que tardaría un poco más, empecé a organizar ligeramente mi escritorio, el cual había descuidado un poco, no era mi actividad favorita, pero todo con tal de mantener la mente distraída.

"¡Buenos Días!"

La voz de un colega, la cual de hecho sonaba familiar, interrumpió mi tarea organizativa, mire por un instante a la división hacia la que estaba orientada mi escritorio, y ahí estaba, asomándose por encima de esta, con los brazos apoyados flojamente en la división inter-cubicular, Charles.

Con aquel pelo negro algo greñudo, y ligeramente desaliñado, en evidente necesidad de un corte de pelo, agregado que su corbata estaba un tanto mal puesta, como si lo hubiese hecho apresuradamente.

"¿Qué tal?" Fue una pregunta en un tono amable y simple "¿Trabajando ya?"

Windows XP finalmente inicio y yo empecé la labor, sin, evidentemente, parar la conversación.

"Sí, tengo que preparar esto para el departo A-2, sabes cómo se ponen" Teclee un poco tras decir esto "¿Y tú, no tendrías que estar transcribiendo documentos, o algo así?"

Su actitud algo floja era algo que no suprimía su capacidad de responder inesperadamente bien a ciertas preguntas, en este caso, me ofreció una tras mirar unos instantes su teléfono.

"Tengo cinco minutos hasta que tenga que hacer algo…" Fue una respuesta evidentemente basada en la hora, ante la cual me reí ligeramente.

Mientras trabaja, tuvimos una pequeña conversación, trivialidades, más que nada, tras ello, Charles se retiro a su ordenador para empezar a trabajar.

Las horas siguientes pasaron rápidamente, el tiempo vuela en cuanto empiezas a trabajar, el tecleo constante, tu concentración empieza a enfocarte únicamente en tu tarea, y es un tanto difícil el desprenderte de ello, al menos hasta que Charles me tuvo que tocar el hombro, con tal de recordarme que tocaba el descanso para almorzar.

A eso de las 12:03 ya nos encaminábamos hacia la cafetería, era un recorrido corto desde los cubículos hasta aquel sitio tan mundano y conocido dentro del edificio, siempre podías comer afuera, pero era mas cómodo el poder regresar a tu puesto rápidamente tras comer.

Luego de un momento, proseguimos a conseguir un buen almuerzo en el self-service de la cafetería, y nos sentamos en una mesa junto a otros compañeros de trabajo, condimentamos nuestra comida con una conversación trivial entre compañeros, era algo que pudo proseguir sin incidentes, de no ser por una simple y aparentemente inofensiva mención.

"Oye, ¿ese broche es nuevo?"

Mientras el continuaba comiendo, yo, un poco confundido, trague el pedazo de carne que tenía en la boca, y decidí mirar en respuesta a su mención, mi camisa. Tal y como Charles había señalado, en el borde del cuello, particularmente del lado derecho, había un sumamente familiar, broche rojo.

"Pensé que la joyería no era lo tuyo" El menciono esto tranquilo, mientras masticaba un poco de pasta.

Mirando fijamente el broche, y con una repentina sensación de escalofríos, una gota de sudor frio me recorrió la frente, mis manos temblaron ligeramente, pero trate de mantenerme en control, quite el broche del cuello, y lo mire en mi mano derecha, brillante, lujoso, parecía autentico.

Trate de no parecer nervioso, y, muy lentamente, guarde aquella joya en el bolsillo superior derecho de mi camisa, para, posteriormente diluir el tema del broche con un "Eh, ¿no les parece que la carne es cada vez más dura aquí?", y para mi buena suerte, no hubo menciones posteriores del asunto.

Aunque no puedo decir que Charles no recelase un poco, aunque pareció darse cuenta de que no deseaba comentarlo, bajo ninguna circunstancia.

Asi, tras ese pequeño incidente, y terminado el descanso, regrese a mi cubículo, pero me era casi imposible no detenerme de vez en vez, para solo llenarme la cabeza de preguntas, ¿Cómo había llegado ese broche al cuello de mi camisa?, ¿Por qué era casi igual al de-

"¿Paso algo con ese broche?"

Pegue un respingo, y mirando hacia arriba vi a Charles, asomándose desde su cubículo.

"No…nada, es solo que-"

"Ep" El me detuvo en mi intento de eludir el tema "Te conozco desde la secundaria, y se perfectamente cuando algo malo sucede"

Guarde silencio unos instantes, era un viejo amigo, claro, pero incluso con eso en perspectiva, lo que me estaba pasando era demasiado irreal, y es preferible tener un desagravio con un amigo a que me llame loco.

"Es…un asunto privado" Dije esto mientras le miraba con una expresión neutra "Larga historia, créeme, una pérdida de tiempo"

Charles se me quedo mirando unos instantes, con una cara que evidentemente denotaba un obvio "No te creo", pero se limito a suspirar cansadamente y a volver a sentarse en su escritorio.

Mire a la pantalla de mi ordenador, y tratando de olvidar todo el asunto del broche, seguí tecleando uno de tantos informes que había que redactar en lo que quedaba de turno, aun con la intención de olvidar este incidente, me revoloteaba constantemente en la cabeza como una mosca molesta, y más de una vez, aunque tratase férreamente, me hizo tocar esa pieza de joyería, solo para comprobar que estaba ahí.

Eventualmente, la carga de trabajo desvió mi atención, y antes de que me diera cuenta, estaba pasando mi tarjeta electrónica por el lector del cubículo para marcar mi hora de salida "4:31 PM".

Mientras me alejaba por el ahora menos congestionado pasillo hacia la salida, Charles se me unió en el trayecto, no parecía haberle molestado mi negativa, al menos eso se podía decir por su expresión.

Conversamos un poco antes de salir del edificio, de trabajo más que nada, hoy era miércoles, y aun quedaban tres días de jornada laboral, así que había todavía trabajo que hacer, y con ello un tema de conversación.

Tras salir de las oficinas, ambos emprendimos el conocido trecho de siempre, en el cual, ya a la mitad del mismo, nos separamos con un simple "Adiós", para mi buena fortuna, Charles no insistió en el asunto del broche, quizá el mismo pensó que era una tontería, pero aun así, ese pensamiento no dejaba de zumbarme por la cabeza un poco en el camino a casa ¿Cómo llego ahí?

Volví a decirme a mí mismo que lo olvidara, existían mil y un explicaciones para eso, de todas maneras, ahora estaba en mi bolsillo, podía hacer de cuenta como si no existiera, aunque no dejaba de sentirme algo…raro, tras haberlo visto en mi mano.

Una vez más, implore a mi mismo que olvidase el tema, para cuando me di cuenta, ya estaba cerca de mi apartamento, subiría, guardaría un poco de ropa extra en mi bolso y esperaría hasta eso de las 5:35 para ponerme en camino, necesitaba ese dinero para la renta, lo último que necesitaba ahora mismo era el quedarme sin casa, ¿y quién puede culpar a un oficinista al que no le pagan lo suficiente que busque maneras de subsistir?