Heme aquí con la continuación que iba a acabar y subir hace como semana y media c: disculpas y reclamos al final. Tanto "South Park" como los títulos de canciones que son mencionados son propiedad de sus dueños correspondientes. (Nota: el capítulo en sí cuenta con aproximadamente 5,000 palabras, para que se den una idea)

Enjoy!

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A duras penas eran las 5 y media de la tarde y Sharon Marsh pasa frente a la computadora gran parte de su día en el trabajo y en casa buscando en cuanto enlace se le aparece una variedad ridícula de vitaminas durante y después del embarazo.

—Mira, mi amor. Esta es para el calcio de la madre y del bebé. — Parloteaba sin notar el fastidio en la cara de su primogénita. —Y estas de aquí sirven como vitaminas. — ¿Así serán todas las madres cuando quieren convertirse en abuelas o están felices de tener un niño por el que ellas no pasarán dolor de traerlo al mundo?

— ¿Y de casualidad hay alguna que haga superdotado al bebé?—Solté sarcásticamente sin molestarme en pasar el bocado de pan dulce que tenía.

—No, cariño. Aunque hay unas píldoras que si se las agregas a la fórmula estimula el cerebro del pequeño...—Chasqueó la lengua y dejando caer migajas en la alfombra y con el televisor encendido en un canal donde predominaban las bandas antiguas con un solo éxito como "The Cardigans" dejó a su madre hablando sola mientras salió por la puerta del jardín. Su estado -a su parecer- aún no le impedía saltar la barda de madera así que haciendo uso de su fuerza lo hizo y recorrió las mismas calles de siempre sin ánimos de reconocer rostros. Cubría el bulto en el estómago con la gabardina cada vez que esta quedaba expuesta. Irónicamente, sólo los inútiles compañeros de trabajo de su papá, los amigos de copas del señor McCormick, su Tío Jimbo, Ned y algunos empleados del supermercado estaban enterados de que la hija de Marsh tendría un hijo. Aún así la joven adulta no tenía ganas de dar explicaciones de su repentino embarazo. Ni de que la miraran diciendo "¡Felicidades!" y tragarse el cuento de lo dichosa que sería de ahora en adelante.

—Feliz... ¿De qué?— No podía seguir un minuto más en casa. No soportaba que le hablaran de esa manera tan desconocida. Porque sí, a raíz de la noticia sus padres se dirigen hacia ella de una manera tan amorosa, tan dulce. Tan extraña. Y eso duele. — ¿Por qué no lo hicieron sino hasta ahora? Carajo...

—Shelly...—Sin expresión alguna miró al dueño de esa voz y le sonrió insignificantemente. Kevin es el único que la conoce demasiado bien como para saber que llamar su atención tocándole el hombro o algo similar no terminaría en otra cosa sino en un golpe. — ¿Te sentiste mal en tu casa de nuevo?

—Es igual contigo, ¿no?—Le cuestionó mientras el futuro padre se aseguraba de que no hubiera alguien cerca y acariciar tiernamente su ligeramente abultada panza por apenas unos segundos.

— ¿Has comido bien?—Evadió la pregunta ajustando su bufanda culpa del repentino frío que soplaba en esa época del año. South Park era un misterio. —Te ves...extraña.

—He comido hasta el coño. —Enfatizó en esto último. El mayor sonrió de lado conociendo a la perfección el por qué. —Mi madre me obliga a tragar su comida cinco veces al día, me llena de jugos quesque nutritivos. —Él le seguía la conversación mientras le ajustaba la bufanda de la chica como momentos antes hizo con la suya. —Este mojón no me está causando las nauseas, es tanta maldita comida la que me enferma.

—Tu madre hace lo que cualquiera. Cuida de su hija y de su nieto. — Defendió Kevin limpiando con su manga la boquilla la botella de agua que llevaba en la mano y ofreciéndosela.

—Tuvo diecinueve años para hacerse la preocupada.

—Deja eso ya. —Pidió el castaño en un tono más parecido a una exigencia. Miró su viejo reloj de muñeca, uno de los, pocos regalos que sus padres le habían hecho en la vida. —Sólo salí para cobrar mi cheque con el señor Broflovski. —Explicó sacando del abrigo un sobre amarillo con su hombre. —No tengo nada más que hacer. — Y acto seguido pasó su brazo por el cuello de la joven y comenzando a caminar a quién sabe dónde. Era un hecho; esa tarde no iba a poder quitárselo de encima.

—Parece que al padre de la novia de Stan le está llenado bien, para que haya aceptado que fueras su "secretario"...—

—Je, ¿Sigues llamando así a Kyle?

—Están todo el puto día juntos, ¿Qué carajo quieres que piense?

—Tienes un punto. —Rió aun sin deshacer el contacto, gesto al que ya estaba acostumbrada. —Pero sí, últimamente tiene muchos clientes de otros pueblos cercanos y gana mucho más.

—Ojalá ese dinero no se le vaya a la cabeza y quiera convertirse en un jodido delfín de nuevo. —

—Jesús te oiga. —Así continuaron recorriendo las avenidas, sin percatarse que visitaban los mismos lugares una y otra vez por las mismas rutas. Tal y como lo hiciera una pareja de novios en su primera cita. Era la cuarta vez que pasaban frente a un establecimiento de reducción de peso y el pequeño becario detrás de la puerta se armó de valor para detener a los futuros padres.

—Enserio, no queremos nada. Gracias. —Insistía Kevin sin despegar su brazo del agarre de su acompañante. Mas el insistente jovencito acomodó su gafas empujándolas sobre el puente de su nariz.

— ¿Gente difícil, eh?— De su saco perfectamente planchado asomó un montón de propagandas, contratos y planes con el fin de convencer a la pareja de escucharlo. Claro, si ganaba por comisiones el pequeño becario accedería a besar los zapatos o algo más de quien pasara enfrente.

—Mi última oferta. — la futura madre, aún teniendo la fuerza que la caracterizaba empujó al empleado por un hombro abriéndose paso y quedando junto a él a punto de marcharse. —La empresa les da 60% en un tratamiento con nuestro nutriólogo de cabecera para ayudar a la señorita con su sobrepeso.

— ¿Qué dijiste?—Ambos reclamaron parando en seco. Ella estaba al borde del llanto sin dejar de lado que quería partirle el culo a ese atrevido. Malditas festival de hormonas. Kevin notó su estado y tomando los folletos se los esparció violentamente al pobre trabajador.

—Imbécil. —Soltó el chico no sin antes dejar que Shelly le propinara una -muy merecida- patada en la entrepierna. Se alejaron a paso veloz mientras escuchaban la campanilla del lugar indicando que los compañeros del chico habían presenciado la escena y salieron a auxiliarle.

El chico aligeró su paso. Su bruta personalidad le hizo ver algo tarde que la obligaba a mantener un paso que por su estado evidentemente no podía seguir.

—Oye. —Escuchaba cómo la chica Marsh jadeaba fuertemente y unas gotas de sudor le escurrían desde la frente. — ¿Estás...?

— ¿En qué cabeza cabe que me traigas de arriba a abajo todo el jodido día? ¡Ya me cansé, enfermo de mierda! —Suspiró aliviado. Por un momento se había asustado recordando a su acompañante y sus ánimos de soltarse a llorar por el jodido becario de la compañía esa para gordos. —Ya ves, soy una cerda que no puede correr. —Eso y los cambios del embarazo la ponían triplemente irritable, y ya era mucho decir.

—Ah pero qué afán de tomarte las cosas enserio.

—Claro, porque a ti no te llamaron un maldito obeso. —Continuó acomodando sus brackets.

—El cuatrojos no dijo "maldito".

—Vete a la mierda. — Respondió Shelly enseñándole el dedo medio. —Pero primero llévame a casa. —Kevin aspiró fuertemente dando por terminado su día de paseo, acción que fue contraproducente debido que se encontraban ni más ni menos que justo a un lado del vertedero de basura de todos los restaurantes locales, provocándole nauseas. —"No eres más bruto..."—Rodó los ojos y se marcharon ante la mirada de transeúntes curiosos que atendían a la escena como si los jóvenes fueran artistas urbanos de comedia barata improvisando algún libreto.

—Esa es mi chica.—Sinceramente prefería cien veces más a la que iba por ahí mentándole la madre a quien la hiciera enfurecer, que a la tierna flor que se ponía sentimental con cualquier comentario fuera de lugar.

La poca actividad con la que la se movía denotaba pesadez y no sólo por el peso extra que llevaba en el vientre. Irónicamente, aunque todo el día la llenaban de ideas acerca de regímenes alimenticios durante y después del embarazo ese día no había probado más bocado que la media pieza de pan antes de salir de su casa.

— ¿Pero qué...?—Exclamó el mayor antes de halar fuertemente la manga de la chica antes de que el camión de pasajeros -el cual evidentemente no vio- la aventara a lo largo de la calle. La futura madre parecía más dormida que despierta. —Demonios, Shelly. —Parecía preocupado, tanto el susto del momento como ver a su compañera con un nivel de palidez que no creía posible. —Si quieres descansar o que tomemos un condenado autobús dime pero háblame, maldición. —Rogó aún abrazándola contra su cuerpo.

—No me subestimes. Aún puedo andar por mí cu...cuenta. — Quien pasara a su lado fácilmente creería que había tomado de más. En la mente de la joven se veía caminando del brazo del chico y nada más. Pero su razonamiento le hacía una mala jugado, perdiéndose entre letras dobles de todo lo que estaba alrededor, viendo a los semáforos moviéndose cual palmeras al viento y al agua del drenaje pidiendo ayuda antes de caer en este. Era más parecido a la primera y única vez que tomó LSD.

—Mujeres...—El futuro padre pasó repetidamente su mano por su despeinada cabellera. Sin dejar que la chica soltara su brazo con el libre sacó de nuevo el sobre de su sueldo y comenzó a contarlo. —"Prefiero ahorrar para el parto". —Kevin sacudió sus manos y secándoselas en su abrigo ya gastado. —Vaya drama. —Terminando un extenso bostezo ella sólo atinó a prenderse del cuello del mayor cuando sintió como este colocaba una mano en su espalda y la otra cerca de sus glúteos pasando rápidamente al arco trasero de su rodilla cargándola cual recién casados.

—Cuidado dónde pones tus manos, McCormick.

—Sí. Sí. — Le ignoró concentrado en sostener correctamente el peso de la futura madre para evitar que cayeran.

—En el nombre de Satán ¿Qué demonios haces?—Masculló apenada observando a las personas que se detenían a suspirara por tal escena.

—No molestes al padre de Damien. Cállate mujer. —Reprimía divertido.

—No metas al cogeinglesitos en esto ¡Bájame ya!—Exigió abriendo ligeramente la camisa de este y comenzando a arrancar uno por uno los vellos en el pecho de su "príncipe". Tiempos desesperados, medidas desesperadas. —Estamos haciendo un espectáculo de nuevo, marica.

— ¡Ouch! Primero, no pienso gastar en un taxi, ¡coño! hay que guardar dinero, y segundo ¡ay! eres mi responsabilidad y de la manera que sea te llevaré a casa ¡duele!— Abrió sus orbes asombrada y, debía admitirlo, conmovida. Desde su posición, Kevin se veía masculino a más no poder. Ese mentón levantado, esa espalda recta para llevar el peso de ella, una mirada fija y la tensión en su cara con la que trataba de ocultar su agotamiento (porque quedaban casi 7 cuadras para acercarse al vecindario de ambos), podía despertar hasta en ella una sensación de protección y romanticismo trillado. — Voy a necesitar mucho alcohol después de esto. —Esta sólo atinó a 2 dar golpecitos en el pecho de él donde quedaban marcas de irritación donde estaban los folículos.

—Al menos pudiste esperar a que llegáramos a un lugar con menos gente. Mira nada más cómo se te quedan viendo las adolescentes.

—Estos actos de caballerosidad son un imán de chicas. —Contestó guiñando un par de veces a su paso.

—Qué contento te ves. —Lanzó sarcásticamente fijando su vista hacia arriba viendo cómo pasaba por esta los techos de los locales, cables de luz y el cielo que ya estaba de más anaranjado.

— ¿Acaso son celos lo que escucho en su voz, señorita Marsh?—

—Que te den. —Atinó a darle una cachetada (no enserio, por supuesto) mientras seguía en una lucha interna por quedarse despierta. Sería vergonzoso quedarse dormida en los brazos de alguien.

—Shelly está celosa. Shelly está celosa. — Canturreaba el mayor de lo más contento. Pero al escuchar cómo la madre de su futuro hijo rechinaba fuertemente los dientes cesó su "festejo". La aludida sentía tener doble párpado porque le pesaban como rocas. Aunque agradecía el incesante tono de llamada de él que por ende fungía como un despertador momentáneo. Alguien le estaba llamando cuatro cuadras atrás pero este por obvias razones no podía contestar.

—Llegamos. —Informó el primogénito de los McCormick. La castaña ni se habría inmutado en mirar a su alrededor si no fue porque escuchó el andar hacia adelante y atrás de lo que parecían ser...

— ¿Trenes?— Asomó su cabeza sin moverse demasiado para que su acompañante perdiera el equilibrio.

—Ah sí. A veces tienen que echarlos a andar para que no se oxiden o algo así. —Respondía acelerado. El esfuerzo hecho ya estaba repercutiendo en su cuerpo y sobretodo en sus pulmones.

— ¿Pero qué cojones hacemos aquí, Kevin?

—Yo vivo aquí. —Oh sí, Shelly se estaba encabronando y no era Navidad en la mañana. —No es una maldita mansión pero tampoco es como si fuera la primera vez que estás aquí.

—Te pedí que me llevaras a casa, tarado.

—Nunca especificaste a cuál. —Rió pero soltó un quejido de dolor. Sentía que la espalda estaba a punto de quebrarse en dos. Shelly de inmediato se agarró del cuello de Kevin para ponerse de pie.

—Ni hablar. — Acarició su barriga y se dispuso a entrar a la casa pero el chico estiró su brazo izquierdo impidiéndole el paso. — ¿Ahora qu...?

—Ahora vengo. — Abrió la puerta principal la cual no tenía puesto el seguro. Por fuera podía escuchar pasos apresurados y movimiento de cosas dentro del recinto. Claro, la casa no era ni tan grande ni tan gruesa. Vislumbró al inquilino aproximarse con unas pantuflas de osito algo descocidas pero no lo suficiente como para ser tiradas a la basura. —Son de Karen. Ya no las usa.

—Kevin ¿Para qué quieres las...?—La madre del aludido se acercó a zancadas a la puerta con sosteniendo un sartén. —Hola, Shelly. —La chica hizo un ademán como saludo mientras se apoyaba en el marco de la puerta para colocarse las pantuflas. En otra ocasión se habría negado rotundamente pero los pies le pedían a gritos comodidad y reposo, al igual que su cuerpo entero.

—No ha comido. —Respondió con simpleza ganándose una reprimenda de parte de su madre por no haberse limpiado los pies.

— ¡Tú y yo vamos a tener una charla después, cabrón!—Espetó poniendo el sartén en alto. Viró su cuerpo rápidamente de nuevo hacia la chica. —Cariño, pasa, que está helando aquí afuera. —Cambió su expresión a una más suave y la empujaba por la espalda hacia el recinto. — ¿Enserio no has probado bocado?—Preguntaba angustiada mientras la invitaba a tomar asiento en el sofá principal lleno de resortes salidos.

—Um, no—Admitió sintiendo un calor asqueroso en el cuello. —Pero no se preo...

— ¿¡Cómo no me voy a preocupar, mujer!? Si llevas a mi nieto en el vientre. —La señora McCormick súbitamente se levantó del sofá golpeándose la rodilla con una esquina de la mesita de centro y corrió a la alacena a buscar suficientes ingredientes para preparar una cena rápida. —Y por tu propia salud debes alimentarte lo mejor que puedas. —Por suerte el nuevo empleo que el matrimonio tenía les permitía tener la despensa básica y un poco más. — ¡Stuart! ¡Deja de estar de holgazán y ayúdame a alcanzar la leche en polvo! —Ordenaba dando saltitos hacia el compartimento más alto de la cocina justo arriba del fregadero.

—Si quiere yo...

— ¡No no no no no no!—Irrumpía corriendo el hombre de la casa evitando que su "nuera" se pusiera de pie. —No te esfuerces. —Se acercó a su esposa y aún fajándose la camisa le ayudó a alcanzar el condenado recipiente.

— ¿Te lavaste las manos?

— ¿Por quién me tomas, puta?

— ¡Como si no te conociera! ¡Eres un cerdo de mierda!

— ¿¡Me sacaste del baño sólo para insultarme!? Me parto el culo para mantener a mi familia y qué gano—Se giró a Shelly buscando la respuesta a una pregunta más que nada retórica. Esta enarcó una ceja y se encogió de hombros. — ¡Que me traten como cerdo! —

Kevin miraba por el rabillo con picardía la escena mientras se balanceaba sin temor a caerse en una de las desgastadas sillas de madera del comedor. Creía ser la única persona en el planeta que consideraba gracioso ver a sus padres insultarse y a su "novia" nerviosa por ello. Aún meciéndose recordó que alguien lo trató de localizar por celular, y varias veces. Sacó el artefacto desgastado por los años y miró alarmado la pantalla. Levantando su mano atrajo la atención de la joven y le indicó con su dedo índice que se acercara. Esta no dudó de levantarse del sofá no sin antes evitar una cuchara por el aire producto de la "charla" de sus suegros. Se limitó a estirar su celular mostrándoselo a su acompañante.

—Jesucristo. — Soltó llevándose una mano a la frente. Y su reacción no era para menos, después de leer "30 llamadas perdidas de Sharon Marsh" en la pantalla era lo más natural.

—Mamá. —Irrumpió Kevin sin despegar sus ojos del celular, dando pie a que sus padres dejaran de insultarse. —De pura casualidad ¿no ha llamado la señora Marsh aquí a la casa?

—Cierto. —Chasqueó los dedos haciendo uso de su memoria para reordenar la rápida conversación que tuvieron. —Se me olvidó decirte que quería que la llamara si Shelly se aparecía por aquí.

—Pendeja. —La mayor hizo callar a su marido de un codazo en sus costillas y continuó.

—También dijo que te llamó varias veces para saber si la habías visto pero no respondiste. —Finalizó dándose dando la espalda a los chicos comenzando a cocinar mientras Stuart seguía recargado en el fregadero chillando de dolor. —Stuart ¿me harías el favor de no ser un marica y llamar a la señora Marsh, por favor? —El aludido no protestó y sin importar la fuerte punzada en la zona afectada se apresuró a llegar al teléfono. Su esposa sonrió complacida mientras tarareaba revolviendo la ensalada.

Mientras tanto, Kenny arribó a su hogar después de sus lecciones extraescolares para recursar el examen de álgebra. Sin intención de anunciar su llegada o saludar a su familia se tiró en el sillón con cuidado de no lastimarse con un resorte. Evidentemente, una discusión acerca de los modales y la educación pero ahora entre el rubio y su padre no tardó en formarse. El ruido de la sala incitó a la señora de la casa a poner orden y dejando de un lado la preparación del agua de limón se dirigió hacia los varones

— ¡Holgazanes desconsiderados! ¡Parecen animales! —Reprendió la mujer con sus brazos en la cintura. —Y tú, Kenneth McCormick. —Se dirigió al hijo de en medio mas este no apartó su mirada del televisor sin dejar de cambiar el canal con un deje de fastidio, recargando su cabeza en su mano y esta en el antebrazo del sofá. —Tenemos visitas así que lo MÍNIMO que deberías hacer es saludar, maldita sea. —Finalizó esperando la reacción de su hijo.

—Hola, Shelly. —Saludó al azar para el asombro de los 4 ya que esta seguía aún en la cocina y sin que se pudiese ver su presencia en la cocina. —No me miren así. Últimamente es la única que nos visita. —Kenny se enderezó y subió al volumen al maratón especial de "One hit wonder" en VH1

—L-la cena est-tará lista pronto. —Tartamudeó para regresar a cocinar. Debía admitirlo, a veces su hijo le daba algo de miedo. No sabía si era o muy inteligente o muy misterioso.

La cena transcurrió sin gran alboroto (para la tranquilidad emocional y mental de Shelly) aparte de unos cuántos "¡que no truenen la boca!" de parte de la matriarca hacia los hombres y "Ice ice baby" de fondo. La familia Marsh podrá no ser la más educada y cuerda pero era poco común que tuvieran pleitos de cualquier tipo en la mesa. Hasta cierto punto le divertía estar ahí, los McCormick solían discutir por todo.

Ha de ser su forma de quererse…—

Tan pronto como la joven dejó el tenedor en el plató, a Kevin le fue ordenado que la llevara a su cuarto para que reposara un rato. Con su característica seriedad metió una de las manos en un bolsillo y con la otra se ofreció a mover hacia atrás la silla de su amiga para facilitar que se pusiera de pie y que no se golpeara con la mesa. Ingresó al un cuarto envolviéndose en una sensación de calidez, conjunto de los muebles de madera y los últimos signos del sol entrando agolpados contra la ventana como si exigieran entrar de lleno. Miró a sus espaldas pero Kevin se había ido. Seguro a terminar su merienda de una vez por todas. Cerró la puerta tras ella y con toda la vergüenza perdida se recostó en la cama tan placenteramente como si fuera la suya. Fijó su atención varias veces al reloj de pared, uno de los pocos adornos de la habitación. Estaba, como decían, "mirando sin mirar". Empleando las pocas ganas que aún poseía de quedarse despierta y entrecerrando sus ojos se dio cuenta de la hora 7:13 pm.

—Verte me da sueño. — Se burló el hermano mayor entrando con una gruesa cobija en sus manos la cual dejó en la cama aún doblada. Empujó con la puerta con su pie emparejándola y dejando escuchar lo que Kenny tenía en la tv y cierto reclamo masculino exigiéndole al rubio que dejara de bailar. En tanto, Kevin enroscada con ayuda de su brazo y codo la extensa cobija para que esta no llegara al suelo y se ensuciara. — Por cierto, le dije a tu madre que te quedarás aquí esta noche. —Y dicho esto, se colocó frente al medio de su cama extendiendo la cobija y cubriendo a Shelly hasta el cuello

—En otras circunstancias habría dicho que eres un desconsiderado de mierda que no me preguntas lo que quiero hacer. — El chico pegó sus manos al pecho haciéndose el ofendido—Pero en este momento no lo voy a discutir. — Su relajada actitud animó al chico a sentarse en la orilla de uno de los costados de la cama permitiéndole verla de cerca. Se quedaron en silencio un rato sin que en ningún momento este dejara de golpear repetidamente el piso al ritmo de la música proveniente de la sala.

¿Mickey?—Cuestionó reconociendo el ritmo.

—De "Toni Brasil". —Respondió complacido sin dejar de marcarla. —O una mierda parecida.

—No sé qué tanto Stan y sus pendejos amigos saben acerca de los "gustitos musicales" de tu hermano. —Comentó con un deje de burla mientras el castaño talló por unos segundos su frente

—Kenny no tiene reparo en escuchar ese tipo de música. — La expresión en su cara denotaba confusión e inclusive algo de pena. —A veces el desgraciado puede ser de lo más sensible, pero tiene sus ratos de "madurez". —Enfatizando esto último haciendo comillas con sus dedos. —Pero siendo mi hermano, prefiero dejarlo en paz. No vaya a ser que lo agarre en un mal momento y termine matándonos a todos.

—Ojalá este mojón miniatura no saque los genes trastornados de tu familia.

— ¡Oye! —Dio un leve tirón de un mechón de cabello de Shelly. —En todo caso, Kenny es el único echado a perder. A mí no me metas.

— ¡Te oí, alcohólico! —Reclamó el aludido propinándole un fuerte golpe a la puerta por fuera y regresando a la sala.

—Aunque lo admito, prefiero que salga anormal a que tenga mi cara. —Miró mustiamente al más alto y sonrió abiertamente. —O la tuya.

—Tampoco es para tanto, mujer. —Se reclinó hacia atrás sobre sus brazos arqueando su espalda para destensara y fijó sus orbes en el techo. — No te creas. Para una lesbiana rumana de 120 kilos y músculos en los músculos eres algo así como un caramelo.

—Gracias. —Ironizó. No provenía ruido alguno de la habitación durante unos 3 minutos. Kevin giró su rostro aún en la misma posición que antes y advirtió a una Shelly profundamente dormida. Yacía de un lago posando su cara sobre una mano sobre la almohada. Kevin sonrió ahora cabizbajo y terminando de arroparla por los costados salió de la habitación apagando la luz al hacerlo. Cruzó de nuevo hacia el comedor ignorando la riña entre su hermano y su madre por el control remoto presionando botones al azar en el forcejeo. Llegó a la modesta cocina y colocó un vaso sobre la mesa y abriendo el refrigerador examinando la puerta de esta.

— ¿Ya se durmió? —Escuchó la voz regia característica de su padre halando una silla y el abrir de una lata probablemente de cerveza. Su hijo mayor asintió con la cabeza y tomando una lata cerró el refrigerador no importándole haber tirado un par de imanes pegados en este. —Kev, ¿y tú cómo estás? —A diferencia del concepto que tenía el resto de la gente acerca de Kevin, la realidad es que si bien no era brillante académicamente hablando tampoco era tonto, sabía perfectamente a qué se referían cuando le hacían ese tipo de preguntas ambiguas.

—Bien, supongo. —Respondió con simpleza mientras tomaba el vaso y frotaba el borde con su dedo borrando una mancha de grasa vertiendo el cristalino líquido proveniente del envase de aluminio. El padre de familia enarcó una ceja y esbozó una sonrisa recuperando su postura autoritaria inmediatamente.

—Vas a convertirte en padre.

— ¿Y? Ese es asunto mío. —Alegó dando un sorbo al vaso cuya acción provocó en él una mueca casi imperceptible de desagrado.

—No te lo estoy reprochando. —Explicó desabotonándose la camisa por el exceso de comida que había aún en su organismo. — Algo me dice que no lo has asimilado todavía. Míralo de esta manera. —Se reclinó hacia el frente para mirar mejor a su primogénito. —La mayoría de las parejas que se echan la soga al cuello con el cuento de ser una familia feliz primero se comprometen, se casan, y tienen hijos hasta que se ven endeudados hasta el cuello. Contigo, digo, con ustedes son amigos, por llamarlo de alguna manera, que tuvieron sexo una noche y ¡tarán! Van a ser padres juntos. — Aquel último comentario hizo que el chico tosiera ruidosamente para evitar ahogarse con el líquido en su garganta. Eran pocas las veces que podían tener una charla padre-hijo ¿tenía que ser tan desagradable? — Afróntalo, hijo. Las cosas como son. Pero ese no es el punto. No son novios, no tiene planes de vivir juntos, apenas si decidieron hacerse amigos, ¿no crees que todo está pasando demasiado rápido?

—Lo único que tengo claro es que me voy a hacer responsable. La otra mierda viene después.

—Ojalá que lo tengas claro. —Dio un fuerte golpe a la espalda de su muchacho y se levantó estrepitosamente. —Porque la realidad es algo que viene y que nos jode a todos por detrás y por delante. —Finalizó señalándolo y dejando su cerveza a medio tomar.

—Gracias por el consejo, pa. —Contestó con sarcasmo en toda la palabra.

—Ah por cierto… —Stuart se detuvo en el arco de la cocina para ir a callar de una vez a los otros dos integrantes de la familia. ¿Me regalarías un cigarro?

—No tengo.

— ¿Ya no compras? —El joven lo arremedó entre dientes desviando su vista. Esa respuesta le animó a Stuart a molestarlo un poquito más. —Le dije a tu madre que no se drogara durante el embarazo, ahora confundes la cerveza con agua mineral.

— ¿Y eso a ti qué? ¿Me las vas a cobrar? —Finalmente el señor salió y se dirigió hacia el núcleo del escándalo por la maldita televisión.

Kevin se puso en blanco por tanto tiempo que no podía contarlo. Siendo franco, desde que Shelly le avisó que se convertiría en padre iba por la vida con una nube que tenía el lema de "hacerse responsable" en donde solía estar su cerebro. Eso estaba muy bien, se escuchaba lindo pero su inexperiencia en la vida no le dejaba preguntarse cómo lo haría. Haber conseguido un trabajo era un avance pero el pensamiento de "Y si hago algo mal" "y si me corren" "y si no me ven capaz de poder con esto" no daba tregua, bueno, eso hacía que su aparente confianza retrocediera tres pasos por cada victorioso. Jamás se había sentido tan valiente y tan crédulo al mismo tiempo.

—Ojalá que dure el entusiasmo. —Se dijo para sí mientras se tronaba las muñecas y dejaba caer su cabeza hacia atrás sin importarle que se estuviese astillando el cuello por la madera desgastada. . Saliendo de su trance, se percató que el ruido de la sala habíase había reducido considerablemente. No más gritos, no más objetos por los aires, no más música mala y nostálgica en la televisión. Se sentía orgulloso, no podrá ser tan famoso como Kenny pero al menos se jactaba de haber sacado más hombría (como él creía) porque se prometió que jamás sería esclavo de algo que se puso de moda por mucho tiempo y después no sacó más frutos.

Recordó cuando era pequeño y una radio de bolsillo que le regaló uno de sus tíos en su cumpleaños número 8, que más tarde se la apropiaron sus padres. Salía a la calle en cuanto estos sintonizaban aquellos clásicos que si no poseían coreografía estos no dudaban en ponérsela, ya sea sobrios o ebrios. Estaba convencido de que era una moda pasajera. Y como boca de profeta, la gente se obsesionó con ritmos y bailes que se quedaban en eso, en temporales para no volver a escuchar al del compositor. Gente con un solo éxito, pero que por ello eran más o menos inmortalizados. Comenzaba a desvariar debido al agotamiento, mezclando recuerdos con invenciones y paradojas de la vida en donde no hay.

— ¿Estamos locos o qué?— Como un chiflado que recuerda sus crímenes rió sin dejar de frotar sus ojos con el antebrazo mientras ponía su empeño entero en llegar a la cama de Kenny y no desmayarse en el intento. —Gracioso. — Recordó a sus primeras veces. La primera vez que discutió con su padre, la primera vez que tomó de más, la primera vez que se animó a hablar con una chica. Y también la primera vez que él y Shelly eran felicitados por algo.

Así pues lo concluyó sin juicio y sin amor. Su alianza con Shelly, esa "gran hazaña" de ser amigos por primera vez y bastarles esa noche para encargar un hijo más que irónico era como un trofeo a los ojos de los demás. Como un triunfo que sólo se les sería reconocido una vez y cuanto durara el encanto.

Sencillamente la llegada de ese bebé estaba destinado a ser un one hit wonder.

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Oh sí, volví a pasarme de palabras (por mucho). Los condenados exámenes y trabajos no me dejaron subirlo la fecha que yo quería pero mejor tarde que nunca ¿no? Se me hizo raro que saliera esta historia en la página porque a mí nunca me apareció como que la hubiese subido, ojalá se haya arreglado :I

Siendo honesta, me estoy enamorando de mi Kevin XB Como comentario personal, no creo que la personalidad de Kevin esté quedando tan OOC, a decir verdad no sabemos mucho de él. Por lo que me percaté al ir escribiendo, el asunto ya se está poniendo menos depresivo xD, vamos mejorando, chicos :'DD lo medité y como evidentemente no puedo dejarlo así haré otros 2 (o 3) capítulos. Ojalá les haya gustado (y se hayan acordado de qué hablaba el primer capítulo para no leerlo de nuevo x3) y lo que tengan que decirme con gusto lo recibiré en un sabrosísimo review. Annyo :3