Disclaimer: No soy dueño de Shugo Chara o Inuyasha. Ellos pertenecen a los propietarios originales.

¨pensamientos¨

-hablar-

(nota de autor)

KagomePOV:

Una luz nos envolvió a mí con mis cachorros obligándonos a cerrar los ojos. Al abrirlos, nos encontrábamos frente al Goshimboku, el árbol milenario, en el templo. Al sentir que no había peligro cerca, recién pude relajarme. Mis hijos sintieron como la tensión de mi cuerpo desaparecía y al darse vuelta para verme, vi sus pequeñas caras llenas de miedo al verme flaquear y caer. Los costos de la pelea estaban pasando factura sobre su cuerpo; mis rodillas cedieron, y esperaba el impacto de mi cuerpo con el frio suelo y dejar que mi conciencia se apague pero antes, siento que unos fuertes brazos me sostienen y un aura calmante y conocida me rodea, consiguiendo relajarme y dejarme llevar por la oscuridad.

AutorPOV:

-Okāsan!- gritan tres pequeños niños al ver caer a su amada madre, pero el temor es reemplazado rápidamente por la sorpresa al ver que alguien evita su impacto contra el suelo y la acuna en sus brazos de manera protectora. Primero estaban confundidos sobre quién era el misterioso ser, hasta que reconocieron el aura y el olor de aquella persona, era nada más y nada menos que Sesshomaru, gran Daiyokai de las Tierras del Oeste, Príncipe de la Casa de la Luna y hermano mayor de Kagome.

Al salir de su estupor, notaron la presencia de otras personas; y al dirigir su mirada detrás de Sesshomaru, se encontraba Koga y Ayame, Señor y Señora de las Tierras del Norte, con unas caras de preocupación mientras se acercaban rápidamente hacia ellos.

Sesshomaru, Koga y Ayame seguían iguales, obviando la ropa y sus marcas. Sesshomaru seguía con su cabello plateado pero recogidos con un lazo cerca de su nuca y todas sus marcas habían desaparecidos, estaba vestido con un traje de negocios negro que se adaptaba muy bien a su cuerpo perfectamente construido y unos zapatos de cuero negro por lo parecer muy costosos; Koga , a diferencia de Sesshomaru, iba más informal, con una remera negra que se moldeaba a su cuerpo, junto con una camisa a cuadros roja y negra desprendida (tipo sudadera) con unos jeans azules con unas zapatillas negra obviamente muy caras y su cabello recogido en una cola alta; y Ayame se encontraba vestida con una pollera negra con una remera blanca con escote en V ajustada con zapatos con plataformas de gamuza negras con tachas y sus cabellos rojizos recogidos en dos colas.

-Kagome-chan! Nee-chan!- al escuchar todo el alboroto, Kun-Loon junto a su hijo Sota salieron para encontrarse con la escena de que su amada hija y hermana colapsaba para ser atrapada por un hombre un tanto peculiar junto a unos niños y otros jóvenes que miraban a Kagome como si buscaran heridas.

-Seria mejor que entremos y la dejemos descansar, mientras tanto les contaremos sobre lo ocurrido- dijo Sesshomaru con una voz fría pero con un tono que no dejaba a la vista objeciones.

Todos entraron a la residencia Higurashi, se acomodaron en la sala mientras esperaban que Sesshomaru pusiera a Kagome en su habitación; también había ido con ellos Ayame y Rin para poder limpiar sus heridas y cambiarla de ropa. Al llegar al salón, tanto los tres jóvenes desconocidos junto con los niños contaron toda su historia, de cómo conocieron a Kagome y lo que significaba para cada uno de ellos hasta la Batalla Final, la pérdida de su segunda familia y sobre su nueva misión.

Kun-Loon al escuchar atentamente todo lo que tuvo que vivir su pequeña durante todo esos dos años no pudo evitar ceder al llanto. Lloraba por todo lo que tuvo que ver y sentir su amada hija, haciéndola madurar de golpe, al participar en una guerra para salvar el futuro que ningún adolecente de 17 años debería haber experimentado. Sota trataba inútilmente de parar sus lágrimas, al oír todo lo que su Nee-chan tuvo que aguantar para asegurarle un futuro sin preocupaciones y él se molestaba con ella porque creía que ella prefería quedarse en el pasado y no con ellos; la culpa lo carcomía por dentro. El abuelo Higurashi sentía pesar por todo los que vivió su querida nieta pero, a la vez, sentía un gran respeto y orgullo por haber tomado una carga tan pesada sobre sus hombros sin queja alguna.

Los demás presentes en la sala solo contemplaban en silencio como reaccionaron los miembros de la familia Higurashi, dándose cuenta que Kagome jamás contaba sus experiencias penosas a su familia, demostrando con esa simple acción la pureza de su corazón al querer evitar preocupar a su familia.

Al estar un poco más calmados, Kun-Loon diviso con curiosidad a los niños presentes en la sala.

-Hace que ustedes pequeños son hijos de Kagome-chan?- pregunta con un brillo de esperanza en sus ojos rojos de tanto llanto.

-Hai!- contestaron al unisonó los tres niños orgullosos de ser sus hijos.

-Si no es molestia para ustedes, pueden contarme como conocieron a mi hija?-

-Okāsan me ayudo a vengar la muerte de mi padre para después acogerme y criarme a pesar de mi naturaleza youkai- explico el pequeño kitsune pelirrojo.

-A mí en Señor Sesshomaru me rescato y me tomo como su pupilo, pero al ser humana soy más propensa a enfermarme. Un día no podía ni caminar por culpa de una fiebre y dolores, el Señor Sesshomaru como Jaken no sabían que hacer por lo que buscaron a Okāsan, y a pesar de las negaciones de parte de su grupo, ella fue con el Señor Sesshomaru y me cuido y no se aparto de mi lado hasta que estuve completamente curada, y después le pregunte si quería ser mi madre, primero estaba como sorprendida, luego ella me abrazo fuertemente y me dijo que si- conto Rin mientras sus ojos brillaban de amor y adoración al pensar en Kagome.

-Ella me rescato de Hakudoshi. Cuando empezó a destruir todo mi clan, ella llego junto con todo el Inu-Tachi y empezaron a luchar. Cuando un ataque se desvió hacia donde estaba oculto, ella formo una barrera para protegerme y me saco de ahí. Es verdad que estaba muy sorprendido al ver que una miko me salvo a mí, un youkai; pero al conocerla quede conmovido por su corazón puro y un día le pregunte si podía llamarla Okāsan y ella me empezó a llenar la cara de besos mientras me decía que si- conto el kitsune blanco, Tomoe con una gran sonrisa plasmada en su cara.

Siguieron hablando sobre sus aventuras con la familia Higurashi hasta pasada la medianoche, ya los más pequeños fueron a dormir con Kagome porque se negaban a muerte de ir a dormir separados de ella.

Ya en la entrada del templo estaban despidiéndose las dos familias de Kagome.

-Fue un gusto haberlos conocidos al fin, gracias por haber cuidado de mi hija todo este tiempo, realmente le agradecemos de todo corazón- expreso la matriarca Higurashi hacia estas personas tan peculiares y , a la vez, mas importantes de la vida de su hija.

-Para nosotros también fue un gusto, y no se preocupen por qué no despierte, ha gastado demasiada energía, por lo que seguramente estará inconsciente todo el día- respondió Kōga mientras envolvía uno de sus brazos en la cintura de su esposa Ayame.

-Mañana vendremos a verla, a ella y a sus cachorros. Ja ne!- dijo una alegre Ayame.

Ambas familias partieron a descansar, cada uno por su lado para ya mañana poder estar con su amada Kagome.

Hey! Quisiera disculparme de todo corazón por dejar tan abandonada esta historia, no daré explicaciones, pero no os preocupéis que voy a seguir con la misma