Disclaimer: Inuyasha, así como sus personajes, le pertenece por copyright a Rumiko Takahashi. El uso de los personajes en la historia es sin fines de lucro y solo con el afán de entretener.

La trama de la historia me pertenece, cualquier copia total o parcial de la misma sin permiso previo del autor queda estrictamente prohibida.

La sonrisa y el corazón

EL Yokai y la Hembra

Cada pequeña escena que vivimos, con sus fallos e imprecisiones, por más curiosa que sea tiene su razón de ser. Talvez el efecto que tenga en nosotros sea instantáneo o talvez tome su tiempo. Pero algo que debemos aprender es que nada sucede por casualidad.

Katherin M. C.

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Y tal como lo humana lo había prometido, su estadía en la aldea humana fue corta. Sesshomaru no olvidaría el aroma de la humana: El aroma a miedo. Porque ese mismo aroma alimentaba esa parte "cuerda" de él, aquella que le había quedado en la ausencia de ella.

El grupo del Taiyokai se había marchado de la aldea pocas horas atrás. Para Jaken nada fue más gratificante que salir de ese lugar. La única que mostraba tristeza en sus ojos y en sus infantiles facciones era la pequeña Rin.

Al dirigir toda su atención al pasto por el que pasaba, la niña no se percató del enojo del Yokai que cuidaba de ella ni tampoco de la mirada acusadora que Jaken le dedicaba a su amo. Para su mente de tan solo ocho años solo había algo importante: Ya no tenía compañero de juegos ni los mimos de la miko de ropas extrañas.

Aunque Rin sabía que debían irse de la aldea en algún momento una vocecita dentro de ella le preguntaba "¿Por qué tan pronto?". La niña suspiró porque no sabía cómo responderle a "su nueva amiga invisible". Con su corazón acongojado levantó su cabeza, pero al ver al par de Yokais frente a ella recordó que preferiría seguir al Señor Sesshomaru hasta el fin del mundo a quedarse en otro lugar.

Una sonrisa se dibujo en los labios de la pequeña humana que apretó las riendas de Ah-Un, acelero su paso y se acercó al pequeño Yokai verde.

Minutos después el Taiyokai de cabellera platinada se detuvo.

-Descansaremos aquí- dijo Sesshomaru sin dirigir su mirada a la pequeña humana o a su sirviente, para después perderse en la espesura del bosque.

Jaken observo a su amo y supo que algo no estaba bien. Lo único que le restaba hacer era pedirle a kami que sus sospechas no fueran ciertas. Y así, con mil dudas rondando su pequeña mente, el sapo montó el campamento para esa noche, mientras la pequeña cachorra humana jugaba con el dragón de dos cabezas.

El juego de Rin fue interrumpido por un molesto sonido que provenía de su estomago. La niña soltó las riendas de Ah-Un, corrió hacia su "guardián" y se plantó frente a él con una sonrisa en su rostro -Señor Jaken, Rin tiene hambre- dijo.

El Yokai sapo suspiro: Estaba esperando que la niña le pidiera algo así, es más, se le hacía extraño que no hubiese pedido comida antes.

-Vamos- ordeno el pequeño sapo con su voz chillona –Creo que hay un río cerca de aquí- le dijo, al momento que emprendía su camino y veía el lugar de izquierda a derecha, tratando de encontrar la dirección donde debía estar el bendito río.

La pequeña seguía de cerca a al pequeño Yokai, saboreando de antemano su pescado asado.

Habían pasado horas desde que Jaken y Rin entraron al río, la niña había atrapado unos cuantos peces pero el obstinado Yokai se negaba a salir del agua hasta conseguir él mismo su alimento.

Rin salió del agua con su botín en manos. Observo a Jaken, suspiro y sonrío. ¿Qué mejor manera de ignorar los arrebatos de Jaken que recolectar las ramitas en el suelo para preparar la fogata?

Por su parte, Jaken fijo sus piernas dentro del río, arremango sus mangas dejando ver sus verduzcos brazos, observó a su presa y se abalanzo contra ella. Empapándose de pies a cabeza.

-¡Ja!- rió el pequeño Yokai al momento de salir del agua, pararse en la orilla del río y mostrar una sonrisa orgullosa en sus labios mientras alzaba su "presa", victorioso.

Pero hubo algo con lo que Jaken no contaba: El hambre que dominaba a cierto dragón de dos cabezas.

Ah-Un se acerco a Jaken y sin avisar abrió su boca y devoró al pescado en las manos del pequeño Yokai – ¡OYE TÚ ¿QUÉ CREES QUE HACES?!- empezó a gritar Jaken mientras miraba con infinito odio al "ladrón". Rin por su parte no pudo evitar reírse.

No alimentar a Ah-Un le había salido muy caro al Señor Jaken.

El testarudo Yokai se negó a comer: Al parecer el orgullo es algo que caracterizaba a todo Yokai. Pero la niña con bondadoso corazón no quería dejar a su obstinado guardián sin comida esa noche, así que le suplicó mil veces a Jaken que comiera de los peces que ella había atrapado pero el sapo se negó.

Minutos más tarde se podía observar a una niña, un dragón y un Yokai verdusco con cara larga, disfrutar de unos peces asados. Al parecer la pequeña cachorra tenía un poder de convencimiento nada humano sobre aquellos que la rodeaban.

•••••

-Su excelencia- llamo Sango -¿Cree que Sesshomaru esté por los alrededores?- la exterminadora temía no encontrar a Shippo esa misma noche.

-No lo sé Sanguito- murmuro Miroku con un tono de malicia en su voz –Será difícil encontrar al joven Sesshomaru- sentenció. Al mismo tiempo que por el rabillo de sus ojos veían con malicia a la mujer a su lado izquierdo y su mano fue deslizándose hasta un lugar prohibido para él.

Cuando la mano del Monje se colocó sobre el área prohibida de la exterminadora, los reflejos de la joven enviaron una respuesta inmediata. Entonces, un sonido seco se extendió por todo el lugar.

El monje libidinoso se encontraba tirado en el suelo con una marca rojísima en su mejilla izquierda y con sus ojos desorientados, dando vueltas uno en dirección contraria al otro: algo verdaderamente inhumano.

-Monje pervertido- se podía oír insultar a la exterminadora mientras se alejaba y seguía murmuraba cosas como –"¿Cómo no pude esperar esto?"- y –"Ja! ¿Qué se ha creído?"-.

Pero el malhumor y las maldiciones de la exterminadora se vieron detenidas por un árbol que se mostraba a pocos metros de ella. Ese árbol tenía marcas extrañas, pero conocidas para la exterminadora. Esas marcas solo podían ser provocadas por un arma: el arma de su hermano.

La exterminadora corrió hacia aquel árbol, mientras una opresión en su pecho le advertía que lo que encontraría en aquel lugar la iba a lastimar.

El Monje al ponerse de pie poco a poco, se percato de la ausencia de la exterminadora en el lugar donde se encontraba. Pero un grito desgarrador y lleno de dolor le indico que la mujer que buscaba no estaba muy lejos. Y en menos de una fracción de segundo el Monje se hayaba corriendo en la dirección de donde pudo oír provenir aquel grito.

Al llegar a aquel lugar pudo ver un arma de exterminador destruido a unos metros de él, varias ramas de árboles esparcidas por doquier… Sin duda en aquel lugar se había llevado a cabo una batalla.

Pero lo que descoló a aquel monje pervertido pero sobre todosensato.Fue el ver a aquella mujer, que solía asestarle tantos golpes como pudiera cada vez que se propasaba con ella, arrodillada sobre el suelo mientras se aferraba a un cuerpo moribundo con desesperación: el cuerpo de su hermano. Kohaku.

Para la exterminadora todo este tiempo no hubo más angustia que la de saber si su hermano se encontraba bien o no, si naraku lo habría dejado libre ya o si lo seguía utilizando para sus planes cobardes. Pero ella admitía que preferiría mil veces seguir viendo a su hermano de pie, aunque no la recordara, pero que estuviese con vida. Albergando la esperanza de algún día poder hacerle recordar que ella era la hermana leal y amorosa con la que había compartido toda su corta vida.

Estando en aquel lugar olvidado del bosque, su odio hacia aquel ser que había muerto horas atrás aumentaba con cada nueva lágrima que resbalaba de sus ojos. Porque él le había arrebatado a su familia, arrasado con su aldea y profanado la tumba de su hermano. Hasta ese mismo momento, con el cuerpo de su hermano entre sus brazos, Sango pudo sentir el peso de aquella perdida por completo… Porque su hermano había sido lo único que le quedaba de su familia: de su pasado feliz.

La exterminadora dejó sus pulmones en aquel lugar y empapo de lágrimas el cuerpo de aquel ser que había amado desde que le vio aparecer en los brazos de su padre: el hombre que también le había regalado la vida a ella.

-Hermana Mayor- fue el susurro que salió de los labios del niño que poco a poco perdía aquella esencia que llamaban vida. Para la exterminadora ese murmullo significaba un gramo de esperanza… Una esperanza que no sería suficiente como para combatir a la muerte.

El alma de aquel pequeño era conocido para aquel ser que solía llevarse a quien se quiere o a quien se desconoce… Porque ese era su trabajo: llevarse a aquellos a los cuales la vida se les acababa. Y el alma de aquel pequeño era un alma que tiempo atrás ya se había llevado.

-Kohaku. Resiste- suplico la exterminadora. Pero su hermano solo negó con su cabeza, sobre el hombro de su hermana vio aparecer al monje que siempre estaba al lado de su hermana. Entonces supo que ella estaría bien después de que él se marchara.

-Hermana- Llamó el pequeño. Pidiendo la atención, que ya tenía, de la exterminadora - Le diré a papá que tienes quien te cuide- susurro. Segundos después los ojos del niño se cerraron y los gritos de la exterminadora se hicieron más desgarradores.

El monje trato de consolarla. Ella solo quería a su hermano de regreso.

El cuerpo de aquel niño poco a poco se volvió polvo: La naturaleza reclamaba el tiempo prestado.

La exterminadora suplico a los dioses… Pero al parecer gritar un nombre con desesperación no hacía que la vida volviera a un cuerpo que ya había desaparecido.

Un extraño polvo viajaba por los cielos
Parecía moverse en todas direcciones…
Parecía volar sin rumbo

El viento dejó de soplar sobre una aldea destruida:
El hogar de aquellos que una vez fueron guerreros.

Dos tumbas adornadas por flores que brotaban a su alrededor,
Presumiendo que habían sobrevivido entre las cenizas y la destrucción.

El polvo se esparció sobre las tumbas,
regresó a casa, se unió a los suyos…

El viaje había terminado.

Kagome no olvidaría las palabras del monje Miroku después de la despedida de Rin: "Jamás olvidaré los gritos desgarradores de sango".

Por un momento la sacerdotisa se sintió culpable ¿Cómo no pudo ver antes el dolor en los ojos de la exterminadora… de su amiga? ¿Había sido tan egoísta por ir en busca de Rin? Una parte de ella le decía que no.

En parte, también albergaba odio dentro de ella: odio hacia sí misma. Odio al no poder haber hecho más con su reiki cuando lo expulsó. La miko deseaba poder haber hecho algo más que purificar aquel cuerpo… pero un humano no puede resucitar a alguien que ya estaba muerto.

La sacerdotisa que acompañaba a aquel hanyo, al monje, al kitsune y a la exterminadora. Por primera vez en su vida, empezaba a sentir lo que era odiar verdaderamente a alguien. Su odio incrementaba con solo imaginarse al desgraciado de Naraku sacando el fragmento del cuerpo de Kohaku cuando lo necesitó… Sabía que a ese hanyo no le importó nada más. No le importó el haber profanado el cuerpo de un niño que ya había abandonado este mundo para sus absurdos propósitos.

Pero aún con todo ese odio contenido dentro de ella, también había miedo. Y el resplandor de los rayos de sol no hacía más que recordarle aquello que deseaba olvidar.

Hasta el mismísimo sol parecía burlarse de ella en ese mismo instante, porque estando en lo más alto del cielo, le recordaba que veinticuatro horas atrás él se había marchado.

Kagome jamás esperó que su preocupación por la pequeña le trajera tales consecuencias, porque no pensó en el ¿Qué pasaría si…?. Su corazón puro le hizo encontrarse con una situación nada agradable.

Sentada en el césped contrajo sus piernas, las abrazó contra su pecho y recargo su mentón sobre las rodillas. La sacerdotisa había contado cada hora después que él se fue ¿Extraño no? Pero cuando recordaba cómo Sesshomaru había acortado la distancia entre ambos al intentar intimidarla, esa sensación en su pecho, ese nudo en el estomago, el escozor en los ojos, el hormigueo en la nariz, esa nota de auxilio que su mente reproducía una y otra vez… ese miedo… ese miedo parecía querer dominarla de nuevo.

Porque cuando Sesshomaru casualmentese acercó tanto a ella marcó un límite, indicándole que el que tenía la ventaja ahí era él.

Al ver esas gotas de oro flameando, casualmente le había hecho entender su lugar.

Se sorprendió a sí misma al sentir miedo por él, porque cuando Koga la secuestro no le dejo intimidarla, lo confronto. Cuando cada uno de sus numerosos enemigos se acercaba a ella, buscando hacerle sentir miedo, su carácter salía a flote.

También recordó que en esas ocasiones Inuyasha no estaba a su lado, pero sabía que él vendría por ella. La convicción de saber que con solo gritar el nombre de él dentro de su mente un par de veces haría que él apareciera justo en el momento indicado: le hacía no temer.

Pero esa noche, por más que su mente gritaba el nombre del Hanyo: él no apareció. Entonces supo que estaba desprotegida y que su obstinación le había hecho una mala jugada. Porque al ver los ojos del Yokai frente a ella entendió que en esa ocasión Inuyasha llegaría tarde.

Y cuando sintió esa mano fría rodeando su cálido cuello, cuando presionó esa frágil zona y sus pies dejaron de tocar el suelo, cuando el aire no pudo entrar más en sus pulmones, también entendió que en esa ocasión sí saldría lastimada.

El odio puro dentro de esos ojos dorados le hizo ver que cada relato de él, cada rumor, cada advertencia… Era cierta: Él era un acecino sin corazón.

Pero Kagome no sabía que ese odio no era como lo pintaban… por lo menos no las razones. Porque no puedes odiar algo sin tener una razón.

Jamás hay sentimientos sin fundamentos.

La miko suspiro. Cuando el aire atrapado dentro de ella salió al exterior sintió cómo esa sensación tan amarga se hacía más ligera.

-¡Kagome!- oyó gritar a su compañero de aventuras -¡Levántate de ahí! ¡Es hora de irnos!- ella se puso de pie, volvió su rostro encontrando al hanyo a unos metros lejos de ella y sonrió.

Después de todo la miko sabíaque no volvería a encontrarse con él, por lo menos no a solas.

Con ese firme pensamiento fue en dirección al Hanyo y junto con su grupo salieron de la aldea que había sido testigo del miedo y el odio puro. Sensaciones experimentadas por un ser demasiado puro, quizá más débil que cualquiera que viviera en aquella época, con una ingenuidad que la hacía aún más vulnerable, pero sin embargo creía comprender la naturaleza de un ser que no conocía.

•••••

Sesshomaru podía oír el sonido del agua correr, sin dudas estaba a unos metros de un río. A paso lento cambió la dirección de su destino.

A cada paso que se acercaba al río Sesshomaru no apreciaba la imponencia e inmensidad del bosque. La atención y los pensamientos del Yokai estaban en otro lugar: en su pasado.

Horas atrás no había hecho más que meditar, porque se negaba a aceptar que ella había vuelto. Toda la noche se reuso a regresar al campamento, que sabía, Jaken y Rin habían armado, tampoco ignoraba el hecho de que lo estaban esperando. Pero en esos momentos no quería estar cerca de ellos, en especial de su estúpido sirviente.

A decir verdad él mismo se negaba a poder soportar la mirada acusadora de Jaken, porque sabía que el pequeño Yokai sapo tenía las mismas sospechas que él y lo más desagradable era el hecho de sentir él mismo una punzada en medio de su pecho, conocía muy bien esa sensación… porque eso era dolor.

Sesshomaru cerró sus ojos y aspiro el aroma fresco del agua, increíblemente esa acción le hizo sentirse tranquilo. Y al mimo tiempo despertó recuerdos que creía haber olvidado.

"-Espera- gritaba ella. Al momento en que su compañero tomó su muñeca y estaba dispuesto a jalarla hacia a él.

Minutos después la tranquilidad del agua se vio interrumpida cuando dos cuerpos cayeron dentro del pequeño lago. – ¡No es justo!- se quejaba la muchacha azabache -¡Me empapaste toda!- le grito al joven que la miraba tranquilo pero que en sus ojos se podía apreciar la diversión que le causaba el ataque de cólera que la muchacha estaba teniendo.

-Es tu culpa- susurro él, transmitiendo tranquilidad y serenidad a su compañera, lo cual hacia que ella se enfadara aún más ¿Cómo podía estar tan tranquilo? Definitivamente la muchacha quería acecinarlo ahí mismo. –No debiste haberme hecho caer primero-

-¡Estás loco! Eres un Yokai, ¡debiste haberme visto venir!-

-No tengo ojos en la espalda- dijo con astucia.

-¡No me refiero a eso, idiota!- gritó levantando sus manos al aire y dejando sus pulmones en medio del insulto.

La respuesta del joven fue simple: Una sonrisa se formó en sus labios y una pequeña risa salió de su boca, dejando ver su perfecta dentadura. La muchacha se sintió impotente ante la mira del joven, bajo sus manos dejando su arrebato y segundos después su ira se desvaneció y empezó a reír junto con su compañero.

Él tenía razón, gran parte de esta situación era su culpa –Eres un tonto- le susurró al mismo tiempo en que le regalo la mejor de sus sonrisas"

El sonido de la risa de aquella mujer se quedó flotando en sus oídos, opacando por completo el sonido del agua fluyendo. Sesshomaru se detuvo frente al río y observo su propio reflejo. La risita que se escuchaba a su alrededor lo estaba irritando.

Pero lo que después se mostró frente a él lo tomó por sorpresa. Podía ver el reflejo de aquella mujer de cabellos negros y ojos azules al lado de su propio reflejo. Ella lo veía sonriendo y su mirada solo mostraba cariño.

Sesshomaru gruñó.

-¡Lárgate!- Le grito al reflejo de ella, y de forma obediente aquella alucinaciónse marchó. Pero la sangre de Sesshomaru seguía hirviendo, su respiración se hacía acelerada y sus ojos estaban entre la intermitencia de rojo a dorado. Su bestia interna quería salir al exterior y para su desgracia no creía poder controlarla después.

El estruendoso gruñido despertó a Jaken, quién se levanto de un brinco totalmente aterrado. Veía a cada rincón del campamento y un poco de alivio llego a él cuando se percató que Rin no se había despertado. Jaken observó el cielo: estaba amaneciendo.

La presencia espesa que aumentaba cada vez más lo paralizó "No de nuevo"suplicó a kami. Y en el siguiente segundo corrió en dirección a la inmensa presencia.

La escena que se mostraba frente al Yokai sapo no era nada agradable. Su amo estaba a punto de perder el control como aquella vez.

-¡Amo Sesshomaru!- gritó. Y ese fue el peor de sus errores. El Taiyokai captó la figura de Jaken en menos de un segundo y le gruñó.
-Lárgate- le murmuró. Nadie se imagino que esa palabra pudiera ser pronunciada con tanta lentitud y que tuviera impregnada verdaderas intenciones acecinas en ella.

Jaken tragó ruidosamente y su pequeño cuerpo empezó a temblar "Cuida de él"fueron las palabra que le hicieron tomar valor.

-Amo Sesshomaru- volvió a llamar – ¡Quizás la amita haya vuelto!- gritó queriendo hacer mermar el dolor de la bestia de su amo. Para su sorpresa lo logró. El youki de Sesshomaru fue disminuyendo pero un sabor amargo se instalo en su boca y su garganta.

–Quizás esa chiquilla sea la amita- prosiguió el Yokai sapo –Son muy parecidas- concluyó. Pero al ver los ojos de Sesshomaru flameando supo que sus palabras no habían sido las correctas.

El odio contenido dentro de Sesshomaru lo hizo gruñir, se abalanzó a Jaken, lo tomo por el cuello y lo elevó a su propia altura. Vio a los ojos saltones directamente, transmitiéndole todo su odio y desaprobación ante sus palabras –¡Ella no es mi mujer!- le gruñó con sus cejas contraídas y apretó con ira el cuello de Jaken. Éste solo atino a llevar sus pequeñas manos verdosas al brazo de su amo. –Amo Sesshomaru- susurro difícilmente, sintiendo como su cuello sería fracturado en pocos segundos.

Pero ese lastimero murmullo trajo a la mente de Sesshomaru la imagen de ese mismo Yokai entre sus garras, lastimado después de tratar de controlar su bestia siglos atrás.

Sesshomaru liberó el cuello de Jaken y el sirviente cayo con dureza sobre el suelo. El más débil de los Yokais en aquel lugar llevo su mano a su cuello y tosiendo con desesperación trataba de atrapar aire para sus pulmones.

-Llévate a Rin a las tierras de este Sesshomaru- le ordenó –No tenemos nada más que hacer aquí- escupió. Y con una decisión tomada el curso de su viaje se vio alterado.

Jaken no sabía que haría su amo y lo menos que quería era un desastre como el de tiempo atrás. Pero era lo suficientemente inteligente como para no preguntar a donde iría… Sabía muy bien que no debía tentar su suerte. "¿A dónde se dirige Amo Sesshomaru?"fue la pregunta que se hizo a sí mismo en sus adentros.

Para Sesshomaru no había nada más importante que encontrar respuestas y sabía en donde encontrarlas… Bokuseno tenía mucho que responder.

•••••

Horas pasaron desde la última vez que habían tomado un descanso. Kagome quería llegar pronto a la aldea más cercana así Miroku podría conseguirles un buen lugar donde dormir esa noche.

Cualquiera creería que la miko había dejado sus buenos sentimientos a un lado. Pero la noche anterior no pudieron dormir porque los demonios de bajo nivel estaban empezando a salir de sus escondites y atacaban con todo aquello que creían ser capaces de destruir.

Pero ¿Por qué viajaban? La respuesta era simple: todos habían decidido ir a la antigua aldea de Sango para llevar flores a Kohaku. A Kagome le dolía ver el dolor reflejado en los ojos de su amiga porque recordaba muy bien lo que Miroku había dicho.

El destello del fuego en las lámparas de las cabañas a unos metros de ellos llamó la atención de la sacerdotisa, haciéndole desviar su mente de aquellos recuerdos dolorosos y al mismo tiempo alivió su corazón porque esa noche no dormirían a la intemperie.

Al llegar a la aldea, Miroku hizo su trabajo y les consiguió alojamiento en la casa de la familia más rica de esa aldea.

Después de la cena que el dueño había celebrado en honor al monje que había sacado de su hogar a los miles de demonios malditos que estaban dentro de ella, todos se dirigieron a sus respectivas habitaciones.

En la mente de Kagome no gobernaba más que el pensamiento y el sentimiento de lastima hacia el dueño de la enorme casa… El muy ingenuo no sabía que estaba siendo timado, pero todo fuera por pasar la noche seguros.

Pudo escuchar una risita cálida expandirse en la oscuridad de aquella habitación. Y aquello interrumpió sus sueños.

La sacerdotisa abrió sus ojos poco a poco, y pudo ver al hanyo de ropas rojas descansando en una esquina ¿A caso él no escucho aquella risita? ¿Sería aquello producto de su imaginación? ¿Se estaría volviendo loca?

La risita volvió a retumbar en el lugar.Pero la sacerdotisa no vio ni un solo movimiento de las orejas de Inuyasha.

Con la respiración un poco acelerada y con un escalofrío recorriéndole la espalda, Kagome fue girándose en el futon lentamente al mismo tiempo que se preparaba para lo que viniera a continuación. Más sin embargo no había nada detrás suyo. Suspiró y con mucho cuidado se sentó en el futon cuidando de no despertar al kitsune que dormía con ella.

"Debo haberlo imaginado" era la única explicación que la sacerdotisa se daba. Pero antes de que pudiera volver a acomodarse para volver a dormir, aquella risita se dejo oír nuevamente, pero esta vez se oía un poco más lejana: venía del corredor.

A Kagome se le secó la garganta y por ende trago saliva fuertemente. Se armo de valor y salió del futon. Se acercó a la puerta y la abrió poco a poco, volviendo su rostro cada cierto tiempo para asegurarse de no despertar a Inuyasha.

Una vez fuera no se molesto en cerrar de nuevo la puerta corrediza: En esos preciosos segundos aquella desconocida se le podía escapar. Caminó con cautela por todo el pasillo, uno, porque no quería despertar a nadie y dos, porque aún dudaba si su cordura seguía intacta como para poder oír aquella risita.

Aquella persecución la llevo a la puerta del patio trasero. Así que con su mano temblorosa se acerco a la esquina de la puerta y la deslizo lentamente hacia la derecha. Al abrirla no había nada más que un hermoso jardín oscuro y el sonido del frío viento. Suspiró de nuevo, tal vez su cordura sí se había ido al caño después de todos estos años llenos de batallas y enemigos.

-"Kagome"-ese susurro, esa voz… era aquel joven de solía ver en sus sueños.

Ella asomo su cabeza fuera del interior de la casa y vio de lado izquierdo: No había nada. Se volvió al lado derecho: Tampoco había nada. Salió por completo de la casa, dejando nuevamente la puerta corrediza abierta, y corrió hacia el lado derecho del pasillo de madera que separaba la dura tierra del jardín, de la casa.

Al doblar la esquina de aquel pasillo de madera su corazón dio un vuelco: un joven de cabellera platinada caminaba frente a ella, dándole la espalda.

Dudosa, ella camino detrás de él.

Estando a mitad del pasillo él volvió su rostro al lado izquierdo, justo donde estaba el jardín y de lo único que Kagome pudo percatarse fue del color de sus ojos: Tenía ojos dorados.

El joven bajo por las pequeñas escalerillas, dejando que sus botas negras dejaran la madera y fueran bienvenidas por la tierra. Él se dirigía al bosque que estaba más allá del jardín.

Kagome lo siguió, pero estando a uno o dos metros de él sentía ese extraño calor invadirle el pecho y el corazón. ¿Quién era ese desconocido?

La punta de las orejas de perro de Inuyasha captaron el sonido de unos pies pisando la fría tierra, esos pies estaban descalzos, lo sabía porque había aprendido a reconocer el sonido de las calcetas de la miko que lo acompañaba, rozar la tierra.

El hanyo abrió sus ojos, vio el futon de la miko sin ella dentro, se levanto de donde estaba y corrió hacia donde el olor de la sacerdotisa se hacía más fuerte.

Él se detuvo frente al bosque. Ella se sorprendió cuando a sus propias piernas se les hacía difícil dar otro paso y seguir caminando hacia a aquel desconocido.

Su respiración se volvía lenta: Al parecer sus pulmones también estaban cansados. Pero algo dentro de ella, justo en medio de su pecho, le hacía no querer dejar ir al desconocido frente a ella, aún cuando lo único que podía ver de él era una cabellera platinada y la parte trasera de una yukata azul pastel.

-"¿A dónde vas?"- oyó decir a la voz de una joven, ella parecía triste

-"No quiero seguir discutiéndolo"- él estaba molesto, aunque su voz no lo dejara expresar del todo.

-"¡Pero es necesario!"- dijo ella, queriendo levantar la voz, impregnando de desesperación aquella exclamación.Entonces Kagome supo que ella se sentía frustrada y triste… Al igual que aquella mujer de la cual no sabía nada.

Él siguió su camino. Algo dentro de ella dolía: No le gustaba ver a ese desconocido alejarse de ella y sin saber la razón por la que su corazón se sentía presionado, miles de lágrimas resbalaron por sus mejillas. Sintió que sus piernas perdían fuerza y que pronto fallarían, así que estiró su mano derecha hacia el frente, tratando de tocar al joven. Creyendo que la distancia que la separaba de él desaparecería con ese movimiento.

Instantes después sus parpados se sintieron pesados, sus piernas por fin flaquearon, las lágrimas no se detuvieron y un "no…" fue el único susurro que se deslizo de sus labio con desesperación antes de esperar caer al suelo, sumiéndose en la inconsciencia antes del golpe.

Pero un hanyo se hizo presente antes de la caída…

…El cuerpo de la sacerdotisa no llegó a conocer cuan duro podía el suelo.

•••••

Las respuestas que obtuvo no fueron las deseadas… pero si las esperadas. Sesshomaru sabía que aquella charla con el árbol sabio le serviría de mucho, porque pensaba actuar antes de que todo aquello se cumpliera.

No importaba si Bokuseno le había dicho que era inevitable. No importaba si su propia bestia le recriminaba el hecho de alejarla.
No importaba el precio a pagar: Si debía acabar como siglos atrás, lo haría. No importaban tampoco las vidas que se perdieran.

El Yokai había tomado una decisión porque no pensaba volver a cometer el mismo error. Jamás se arrepentiría de esto: Jamás.

Este Sesshomaru vivió, vivía y viviría sin ser seguido por arrepentimientos. Tenía suficiente con arrepentirse de una sola cosa… Un suceso que lo seguía desde entonces. En su larga vida se arrepentía de no haber actuado con más prudencia. Desde aquel día odió la poca sensatez que poseía en su juventud.

En aquellos tiempos él aparentaba tener diez y siete años cuando en realidad tenía cincuenta. Recordaba sus ropas en aquella época: un pantalón azul marino, un Kimono con miles de pétalos violetas bordados que cubrían casi por completo el fondo blanco y sus acostumbradas botas negras. Él siempre llevaba su cabello atado en una coleta alta y una simple catana atada a su costado izquierdo.

Recordaba muy bien aquel día: había comenzado como cualquier otro y terminado de una manera muy curiosa.

Un par de ojos dorados se cerraron. El joven sentado sobre una enorme roca, frente a una cascada y en medio de un claro, aspiró el aroma del bosque y exhaló calmadamente.

Eran pocas las veces que podía escapar de su maestro. Haoru hacía que su entrenamiento absorbiera completamente su día, al parecer eran órdenes de su padre que fuera así.

No se quejaba, él debía ser fuerte para dar la talla en el papel que le correspondía. Él sabía muy bien que ser un heredero conllevaba responsabilidades: Responsabilidades que debían ser cumplidas al pie de la letra, en especial cuando tu padre es uno de los generales con una reputación que debía ser mantenida.

El joven Yokai podía ver las expectativas reflejadas en los ojos dorados de su padre. Por eso nunca hizo algo para defraudarlo, sino todo lo contrario. Cuando su maestro le pedía el cien por ciento de sus fuerzas en una lucha o en sus entrenamientos el daba el ciento cincuenta, cuando le pedía el ciento cincuenta él le daba un doscientos por ciento.

Pero al parecer aún no era suficiente. Aún cuando su propia reputación solo podía ser igualada con guerreros de diez veces su edad: No era suficiente.

Sesshomaru contrajo sus cejas ante ese pensamiento y abrió sus ojos. Exhaló lentamente y suavizó las facciones de su rostro.

Su maestro le había enseñado a siempre mantener la mente fría. Las dudas, el odio descontrolado, la confianza excesiva… Todo sentimiento que pudiera nublar su juicio al luchar solo podía llevarlo a algo: La derrota.

En su situación no había más que expectativas hacia él, no había más que lecciones, no había más que responsabilidades. Por eso le agradaba aquella cascada que estaba a los límites de las tierras de su padre. Y su agrado se debía a dos razones: La primera, porque estando ahí sentía como todo peso se hacía más liviano. Y segunda, por su ubicación.

Sesshomaru sabía que Haoru jamás lo buscaría ahí porque estaba muy lejos del castillo ¿A caso no afrontaba el hecho que había dejado de ser un cachorro? Él ya estaba lo suficientemente grande como para ir más allá del jardín trasero del palacio.

Casualmente un sonido llevado por el viento hizo que la punta de su oreja izquierda tuviera un pequeño tic.

El sonido de dos metales chocando lo sacó de sus pensamientos. Agudizó su oído y supo la localización exacta de la batalla que se estaba librando. A Sesshomaru no le agradó saber que estaban a tan solo cincuenta kilómetros de distancia, sabía que si seguían así llegarían a los límites donde él se encontraba.

El heredero se puso de pie y se encamino al lugar de la batalla: No permitiría que nadie pisara las tierras de su padre trayendo consigo una guerra.

Sesshomaru sintió las vibraciones bajo sus pies, al parecer eran dos ejércitos enfrentándose.

De un segundo a otro pudo sentir las presencias de los guerreros de Oeste: El ejercito de la casa de la luna.

El joven no lo pensó dos veces y con agilidad desapareció del lugar, corriendo a toda velocidad al lado contrario por donde venían los guerreros. Una parte de Sesshomaru se sentía estúpida, por supuesto que nadie dejaría entrar a ningún intruso en los territorios de su padre. El general Inu no Taisho no era tan imprudente como para dejar los límites de sus tierras desprotegidos en plena guerra.

El olor a humo y las cenizas que flotaban por el aire le hicieron detenerse. El joven abrió sus ojos en sorpresa por una fracción de segundo ante el escenario que se mostraba frente a él pero si alguien más pudiera observarlo, notaria que sus facciones no cambiaron en ningún momento y que no mostraba más que tranquilidad en su rostro.

Era la primera vez que el Joven Sesshomaru, heredero de las tierras del Oeste, veía en vivo y a todo color los restos de una batalla encarnizada.

Sesshomaru se adentro en la aldea y pudo ver que ésta no pertenecía a los territorios de su padre. Entonces cayó en cuenta que por primera vez desde que Haoru le había hablado de las tierras desoladas, él pisaba una.

-"Tierra de nadie"- susurro Sesshomaru, recordando cómo era que su maestro llamaba aquellas tierras que se encontraban entre los límites de las cuatro naciones ubicadas cada una en uno los cuatro puntos cardinales.

Esas tierras estaban solas y a su suerte. Humanos se mataban entre ellos para obtener el derecho legítimo de gobernarlas. Y al ver los desastres que causaba el deseo de poder de esos seres tan inferiores y efímeros se dio cuenta que quizás en su naturaleza estaba la falta de cordura o diplomacia.

Sesshomaru pudo sentir el césped carbonizado bajos sus pies y con cada paso podía oírlo crujir.

En aquel lugar no había más que cabañas destrozadas y aunque el fuego estaba menguando pudo apreciar el daño que hizo al momento de arder por todas partes. Había cuerpos esparcidos por todos lados más sin embargo no oyó ningún latido. Alguien se había encargado de no dejar a ninguno con vida.

"Una verdadera carnicería" fue lo único que el joven Yokai podía pensar.

Sus orejas puntiagudas percibieron el sonido de pasoso sobre el suelo, el movimiento de esos pies era lentos aún cuando se suponía que corrían: Un humano se acercaba.

Con agilidad Sesshomaru se subió a la rama de un árbol de un salto, se colocó en cuclillas sobre la rama más firme y alta y entrecerró sus ojos, esperando al humano.

Segundos después un guerrero en armadura negra apareció: ese humano era un guerrero de alto nivel, guerreros que años más tarde serían conocidos como samuráis. Y como si toda aquella escena estuviese planeada, el samurái se sintió observado y con brusquedad volvió su rostro en dirección al Yokai que se ocultaba entre las ramas del árbol.

El humano apretó el bulto negro entre sus manos. El Yokai colocó su mano sobre el mango de su catana.

Sesshomaru solo podía pensar que algo no estaba bien porque el guerrero humano no se movía de su lugar y solo lo observaba con algo de temor. De la nada pudo sentir el aire detrás de él ser cortado: Una flecha se acercaba a él.

El Yokai saltó de la rama y cayó al suelo sobre sus pies con agilidad. El samurái desenfundó su espada y el joven Yokai imitó su movimiento. Pero aún estando espada con espada, su maestro le enseñó que aquella raza carecía de honor en la pelea.

Lo único que Sesshomaru conocía de los humanos es que no eran de fiar. Así que analizo el campo de batalla, y en menos de un segundo su plan estaba listo.

El Yokai dio tres pasos al frente, el guerrero humano se abalanzo contra él con su espada apuntando a su dirección, el arquero oculto disparó su flecha y por último Sesshomaru dio una maroma hacia atrás encontrando la ubicación exacta del arquero. Al final el samurái cayó al suelo, de espaldas, con una flecha incrustada en el pecho y por último Sesshomaru decapito al arquero que estaba detrás de unos arbustos.

"Patético" fue el único pensamiento que cruzo la mente del joven al ver el cuerpo inerte frente a él.

Sesshomaru envainó su espada pensando que era suficiente. Pero cuando estaba a punto de marcharse el sonido de un llanto lo detuvo: Sin saberlo ese fue su primer error.

El joven Yokai volvió su mirada tranquila hacia donde oía el llanto. Y entonces vio que el bulto que el samurái llevaba entre sus brazos se movía, estando a unos metros del cuerpo inerte del guerrero humano.

La curiosidad de Sesshomaru tomo el mando de sus actos. Se acerco al bulto, tomo el mango de su espada y con la punta de la funda quito aquella tela negra que le impedía saber que había dentro del paquete.

Para su sorpresa lo que había bajo la tela no era oro, un arma o un objeto sagrado. Era nada más y nada menos que un cachorro… un cachorro humano.

La pequeña cachorra dejo de llorar, abrió sus ojos y aun con unas pocas lagrimas impregnadas en el rabillo de sus ojos, ese par de pequeños zafiros se clavaron en un par de gotas de oro que le mostraban curiosidad. Sin darse cuenta no solo la pequeña se quedó hipnotizada por los ojos frente a ella.

Y Sin que ambos lo supieran ese pequeño acto marco el destino de ambos.

Sesshomaru se puso en cuclillas frente a la cachorra. La cachorra estiro sus bracitos y le sonrió al desconocido.

-Hn- fue lo único que Sesshomaru dejo salir de sus labios. Pero su propio instinto no le permitía abandonar a la cachorrita. No en ese lugar de mala muerte, así que tomó la parte trasera de las ropas azuladas de la pequeña entre sus garras y se marchó.

Si alguien pudiera caminar por ese bosque, se sorprendería por la escena que se mostraba en aquel lugar: Un joven de apariencia extraña y demasiado perfecta caminaba con una mirada tranquila pero que se veía era calculadora, mientras un pequeño bulto negro y azul colgaba en su mano derecha haciendo sonidos. La cachorrita no mostraba incomodidad, es más parecía disfrutar del paisaje de su viaje.

Sesshomaru se detuvo de la nada. La punta de su nariz captó el olor de varios humanos esparcido en un radio de cincuenta metros y el más cercano se encontraba a tan solo 5 metros de él. Justo en la dirección de su camino.

Con paso lento el joven príncipe se acercó al lugar donde podía sentir el olor a humano. Con la curiosidad invadiendo cada parte de su ser, se mantuvo en las sombras, justo detrás de las hojas de las ramas de unos árboles. Lo único que quería saber era quién era el humano en ese lugar. Ese fue su segundo error, sin duda debió haberse ido de ahí.

Para su sorpresa ese humano era una hembra.

El curioso Yokai veía a la humana desde su escondite. Su aroma la delataba. Pero debía de admitir que jamás había visto una hembra humana de ojos iguales al mismo océano y cabello tan negro, parecido al manto de la noche. Pero aquella hembra parecía buscar algo con desesperación, fue entonces cuando el bulto atrapado entre sus garras empezó a moverse haciendo que notara que el aroma de la hembra y la cría eran similares.

Sin lugar a dudas la hembra de enigmática apariencia debía ser la madre de la cría que "encontró".

Al finalizar sus conclusiones se percato que la hembra estaba sola. No había algún rastro de otros de su especie en los alrededores así que salió de su escondite apareciendo a lado izquierdo de la humana, asustándola. Más ésta actuó rápidamente: se volvió hacia donde el Yokai apareció, encarándolo.

Ella no dejo que él viera su sorpresa o su creciente miedo a una potencial amenaza, así que en fracción de segundo congelo ese par de océanos. Pero había algo en sus ojos que muy pobremente pudo esconder: Su desesperación. El Yokai se percató.

Él entrecerró sus ojos, sabía que esa desesperación no se debía a querer escapar, no era provocada por el miedo, no. Ese sentimiento se debía a algo más de lo que él era ajeno.

Ella intensifico su mirada, había aprendido a no mostrar debilidad ante seres como él, si moriría lo haría con la frente en alto. "No dejare que me venzas" pensó la hembra tratando, con mucho éxito, que su decisión se reflejara en sus ojos.

El océano y el oro se encontraron chocando con brutalidad dando inicio a una batalla de miradas, ninguno de los dos la desviaría porque eso significaría demostrar debilidad y en ese tiempo, en ese momento y en esas circunstancias era algo prohibido:

En medio de la guerra mostrar debilidad es condenarte a ser descuartizado por tu propia mano.

La vista periférica de la hembra capto el movimiento constante de algo a un costado del Yokai ¿Ver o no ver? Esa era la pregunta que se hacia la hembra, si lo hacía significaba perder una batalla jamás declarada, pero que ambos sabían: estaba ahí. El instinto de la hembra la traicionó y por tanto sus ojos no obedecieron razones por la cual seguir con aquella batalla sin armas, bajó su mirada hacia el "bulto" atrapado en las garras del demonio, dándole la victoria a él, demostrando la debilidad más característica de su especie: La curiosidad.

El muro construido por la hembra se desplomó dejando ver la sorpresa en sus ojos al percatarse que ahí se encontraba su cachorra, aquella que buscaba con desesperación. La hembra empuñó sus manos y miró a los ojos al Yokai pero esta vez ella emanaba ira de sus cuencas azuladas y su aura entera se torno acecina.

Una reacción normal de cualquier hembra protectora hacia su cachorro.

El Yokai sabia en la posición que se encontraba la hembra y por las reacciones que había visto en ella sabía que no era tonta sino todo lo contrario. Él tenía la ventaja y este hecho acrecentó su ego y su propio orgullo se encontraba deleitándose de la impotencia de la hembra que, percibía, también era orgullosa.

La hembra frente al Yokai había ganado algo de él, algo que no le daba a cualquiera: su respeto. Ella no era una hembra temerosa como las demás humanas y tenía más valor que un macho de su especie. -Veo por qué el padre de esta cachorra te ha tomado- dijo.

Ella comprendió muy bien las palabras del Yokai, más de lo que hubiera querido entender. –Eso no te da el derecho de quitármela- gruñó aquella enigmática hembra porque en ese momento a ella no le importaba si la adulaba o la insultaba, incluso si trabaja para aquel miserable, lo único que quería de vuelta era a su bebe.

-Hn- Con agilidad el Yokai lanzó a la cría al aire, tomó su espada y dirigió ésta en dirección a la cría.

Los ojos de la hembra se abrieron a más no poder. Tenía miedo y un vacío que iba en aumento desgarró su pecho y lo único que pudo decir al notar las intenciones del Yokai fue un "no" susurrado al viento.

La cría permanecía sonriente y soltando risitas por estar volando en los aires. Pero las acciones del Yokai no se hicieron esperar: Su espada penetró las ropas de la pequeña cachorra.

La hembra no puedo seguir observando aquella escena así que desvió su rostro con rapidez y en menos de dos segundos las lágrimas brotaron de sus ojos. Su respiración se corto y sintió un hormigueo en su nariz. La hembra se arrodillo en el pasto al no soportar su propio peso –Este no puede ser el pago- susurro, clavo su vista en el césped y movía su cabeza de una lado a otro, negándolo – ¡Éste no puede ser el precio!-gritó, maldiciendo a los cuatro viento mientras sostenía su pecho con demasiada fuerza porque a su parecer era como si la hubieran atravesado a ella con la espada. Su dolor no podía ser igualado, porque ahora había perdido una parte de ella. Miles de lágrimas bajaron por sus mejillas, una a una. ¿Qué importaba ya mostrar debilidad si te quitan lo que amas?

-Hn- esa fue la respuesta del demonio a la escena que se mostraba frente a él, indiferente "esperaba más de esta hembra" pensó. Por dentro el Yokai se burlaba de sus propias expectativas ¿Qué podía esperar? Esa hembra solo era una humana que se dejaba segar por un dolor innecesario, el Yokai podría matarla ahora que estaba destrozada.

Pero ruidos extraños sobre la hembra hicieron que dejara su llanto y levantara su cabeza. Se sorprendió al ver a su bebe ilesa y sonriéndole desde los aires extendiéndole los brazos.

Si la hembra no hubiese estado tan sumida en el miedo que le provocaba perder a su cría se habría percatado que el Yokai jamás desenvaino su espada y que la funda se deslizo debajo de las ropas de la cría saliendo por el hueco del cuello justo detrás de su nuca, dejándola intacta.

La hembra vio al Yokai y este se percato de que todo sentimiento que ella pudo haber reflejado en sus ojos había desaparecido "que extraña hembra" pensó, pero pudo ver que lo único que reinaba en su mirada era la confusión.

Él inclino la espada haciendo que las ropas de la cría se deslizaran por la funda y acerco la punta a la hembra para que tomara a la cría cuando estuviera a su alcance. Ella la tomo con rapidez y vio al Yokai con sobrada desconfianza, con cautela se puso de pie, apretó a su bebe contra su pecho y se preparo para lo que viniera: una pelea, una carnicería, lo que fuera.

Más el Yokai de cabellera platinada dio media vuelta dándole la espalda y se marchó.

Este acto sorprendió a la hembra, dejándola con un sabor amargo en la boca. Una sola vez lo había visto, una sola vez lo había vivido: esta misericordia significaba que una de las vidas en ese lugar le pertenecía al Yokai ¿A caso él lo sabía? Por instinto la hembra apretó a su cría contra el pecho.

El Yokai no se preocupaba, la humana no hablaría de su encuentro, no si no quería que los de su propia especie la mataran a ella y a su cachorra por el simple hecho de pensar que el Yokai había salvado la vida de la cría y perdonado la vida de la hembra por algo más que misericordia.

Los humanos de su aldea la matarían para hacerle daño al Yokai o por miedo a que pudiera buscar a la hembra en otro momento pero él no lo haría.

Además la hembra estaba marcada, su aroma la delataba.

Él, uno de los Yokais más imponentes no mencionaría su misericordia a una especie como la de aquellas hembras porque aunque su orgullo no le dejara admitirlo, el también tenía algo que perder: su reputación.

Estaba claro, no habría peligro por ninguna de las dos partes involucradas y la buena obra del Yokai bastaba para toda una vida.

Sería el secreto del Yokai y la hembra.

•••••

Desde ese entonces Sesshomaru pensó que lo más sabio hubiese sido cumplir con la ley del más fuerte. Porque haber acabado con la vida de esas hembras le habría ahorrado muchos problemas en un futuro: En su presente.

Algo golpeó su pecho, no era algo físico: definitivamente aquello que Bokuseno había predicho estaba comenzando.

Él apretó su mandíbula, decidió que era mejor ir tras su sirviente y su cachorra humana.

Él ignoraba que a unos kilómetros del bosque que él estaba pisando estaba una joven inconsciente: Luchando con algo que creía desconocer.

Emmm… ¿Hola? xD
Bueno, soy nueva en esto así que les comentare un pequeñísimo error: creo que mate a Naraku muy rápido -.-U (xD)
En fin, veremos cómo lo arreglamos ;D (No se preocupen no afectara mucho).

Por otro lado, les quería agradecer sus comentarios: ¡MUCHISIMAS GRACIAS!, no saben lo feliz que me hicieron tantos comentarios positivos. Y espero que éste capítulo no los haya defraudado (ni mucho menos los que le seguirán ;D).

Les agradezco mucho por los favs, los follows y a todos aquellos que aunque no hagan acto de presencia están leyendo. :D

Sessho-mary:¡También es un gusto! :D (Espero que estos meses de espera no te hayan cortado la inspiración de leer :S). Mil gracias por tu review!

Grace: :D me encanta que te haya encantado xD

Riovi:Me alegra tanto que te haya gustado la trama. Espero que este capítulo haya sido de tu agrado. Y bueno creo que te abras percatado que a mí también me encanta esta pareja xD (Como tu mism dijiste: ellos hacen un contraste maravilloso).

Sé que talvez de hoy en adelante vaya a tardar un poco menos que ahora en actualizar, pero no olviden esto: NO abandonare mi historia (Por lo menos no hasta terminarla ;D)

- Y... ¿Merezco un Review? -

:D

Mil besos.
Gracias.
Espero ansiosa poder leer sus reviews.
Destyni Kate