Los personajes de Saint Seiya The lost canvas (y las otras series) no me pertenecen.
Capítulo 2: BIENVENIDOS A EL ROMANCE
-Al... Al despierta. -Le meció suavemente- Al despierta... Ya es tarde.-Él se movió un poco-Al, son pasada las diez. -Las palabras obtuvieron el fin deseado.
-¿Qué?- Como si hubiera sido impulsado por un resorte, el hombre despertó y se sentó. Tomo el pantalón más cercano y comenzó a colocárselo.
-Al, ese es mi pantalón. No creo que te quede.-Informó ella, con una sonrisa, vestía la camisa de su esposo.
-Y esa mi camisa- Dijo, cuando notó que estaba usando ella para cubrirse. -Como pudimos dormir tanto... -era un comentario retórico, que no requería respuesta. -Nos lavamos rápido y nos vamos.
-Está bien. -Dijo ella como si nada, luego de lo de anoche no creía que hubiera necesidad de discutir algo tan simple. Luego se darían un baño juntos en el hotel de las montañas. Obvio que eso sería una sorpresa para él.
Calle.
No tenía que ver la expresión de su esposo, para saber que significa el silencio en el motor del auto. Albafica se bajó, maldiciendo mentalmente a su mecánico por haberle asegurado que el auto estaba en perfectas condiciones para salir a la ruta. Lo único que podía agradecer era que Agatha no hubiera sacado uno de esos "Te dije" que tanto le habían molestado los últimos meses.
Abrió el cofre para tratar de localizar el problema, no era un experto en mecánica pero sí entendía algunas cosas de la materia. De reojo vio venir a alguien, tal pudiera indicar dónde encontrar un mecánico.
-Disculpe -El hombre se detuvo, tenía un aire intelectual vestido con esa ropa formal y dos ojos amatistas oscuros escondidos tras las gafas de marco fino, Albafica no supo qué pensar con respecto al veloz brillo que se presentó en su mirada. -¿Sabe dónde hay un mecánico?
-No arranca -No fue pregunta, fue certeza. El hombre de oscura mirada amatista continuo caminando, cuando pasó a su lado Albafica juraría que le susurro un "corran"- En la entrada del pueblo hay uno. -Dijo, sin dejar de caminar, alejándose de él con paso ligeramente rápido.
-¡DOCTOR!- El hombre detuvo su marcha, mientras Albafica trataba de pensar si había visto un taller a la entrada del pueblo. Al alzar la vista vio a un hombre uniformado acercarse por la acera de enfrente- ¿Cómo está su esposa Sherapine? Hace tiempo que no los veo...
-Está bien, comisario -Dijo el presunto doctor antes de reanudar su camino con paso veloz. Agatha, bajo del auto y le miró. Pareciera que el hombre de golpe hubiera recordado que le esperaba una urgencia. Dado que se alejaba velozmente con un paso renqueante, le llamó la atención que no agradeciera la pregunta por el bienestar de su esposa.
-Turistas o nuevos habitantes de este hermoso pueblo -Preguntó el hombre de cabellera plata, mientras se acercaba ambos- No digo que es hermoso por ser un habitante más de este lugar -informó con una amplia sonrisa, que puso los pelos de punta a la pareja.-Si no porque realmente, en mi opinión, es el lugar perfecto para vivir.
-Estamos de paso -Informo Albafica, dado que se trataba del comisario local no le convenía ser descortés- ¿Sabe dónde podemos hallar un mecánico? El auto no arranca.
-¿El mecánico? -Pregunto divertido- Ahora está en mi celda para borrachos -Sonrió divertido- es sábado por la mañana, así que lo encontraran ahí. -La pareja apenas contuvo la expresión de desagrado.
-¿Y el pueblo más cercano? -Pregunto Agatha, a pesar que el comisario la ponía por demás nerviosa. -Podemos llamar al mecánico de ese poblado... -Miró a su esposo quien asintió ante esa idea, él tampoco sentía mucha confianza del comisario.
-No hay otro pueblo a Kilómetros a la redonda... -Observó a uno y otro con sonrisa divertida- Les recomiendo a que esperen que esté sobrio, es un maestro en la mecánica cuando no bebe. Mejor vayan a recorrer este hermoso pueblo, de seguro terminan enamorándose de "El romance".
-Si otra no nos queda...-Albafica cerró el cofre y le realizó un gesto a Agatha-Ven, vamos a desayunar algo. -la joven asintió y se colocó su abrigo de hilo. Quería alejarse cuanto lo más pronto posible del comisario, su presencia la ponía nerviosa.
Dado que Agatha estaba algo nerviosa, y él también, prefirió no contar que le había parecido escuchar un "corran" cuando el medico paso a su lado. Ya muy nerviosos estaban, como para sumarle algo así al momento. Tampoco podía estar seguro que había escuchado bien, había sido un mínimo susurro.
Iban llegando a la plaza cuando vieron a una pareja de jóvenes cruzar la plaza mayor con paso veloz. A Agatha, le fue imposible no pensar en la cantidad de veces que ellos habían tomado esa marcha en una zona que dejaba mucho que desear en cuestión de seguridad. Albafica, también noto el paso rápido de ellos... Podría ser una pareja de jóvenes que se había quedado dormida y cuyo suegro no era del todo permisivo ante las tardanzas. Observó la cabellera lacia y rubia de la chica mecerse al compás del veloz paso, lo mismo pasaba con la cabellera verde y ondulada del joven. No parecían ser mayores de 20 años, Albafica sonrió al imaginarse al presunto suegro aguardando una excusa lo suficientemente realista para justificar la llegada tarde a la casa.
Agatha les miró por última vez desaparecer por una esquina. Él con camisa verde y pantalón blanco, ella con falda fucsia y remera azul. Los dos con sus cabelleras meciendo a cada paso rápido dado. Realmente parecían deseosos de llegar a donde fuera que estuviera su destino. Sacando al comisario, eran las dos primeras personas que veían desde que salieron del hotel.
Cafetería.
Para alivio de los celos de Agatha, la mecerá de la mañana era una chica rubia de mirada esmeralda tímida. Está a toda costa evitaba realizar contacto visual con ellos, se le notaba el nerviosismo en su voz a la hora de tomar el pedido y el pulso le temblaba a la hora de servir las bebidas.
Agatha la miraba y entendía que esa chica no veía la hora de dejar el pueblo, ignoraba los motivos tras ese deseo, pero era más que claro que no deseaba pasar otro día en ese poblado. No pudo evitar pensar, cuantas chicas en el mundo estarían deseando irse del pueblo que las vio nacer.
Albafica, había notado algo en la mirada de la joven... Había percibido el repentino nerviosismo de esta cuando ellos entraron y noto la mirada que gritaba auxilio, como también ordenaba que se fueran de ahí a la vez. Se había forzado a pedir algo de tomar y comer, cada tanto, comenzaba a notar el creciente nerviosismo en Agatha. El lenguaje físico de su esposa dejaba en claro que no quería estar ahí, le vio guardar algo en su saco de hilo y luego tratar concentrarse en su bebida.
-Estaba pensando... -Albafica le miró con una tranquila sonrisa- Y si corremos un poco, para no perder nuestra rutina de los sábados.
-No es mala idea, paguemos y salgamos a caminar... Y si se da corremos un poco, puede que esta vez te gane. .-Replicó Agatha, en el tono más natural que fue capaz de concebir. De los dos solo uno salía a correr y ese era Albafica. Todos los domingos a primera hora salía a correr, mientras ella dormía.
Calle.
-Me es imposible no pensar en las películas… -Comentó ella, mientras seguía apretando lo que fuera que tuviera en el bolsillo de su chaqueta.
-¿Cómo? -Albafica la observo, había estado pensando en la palabra del doctor y la extraña mirada de la mecerá. No quería mostrar su nerviosismo a su esposa.- No logro entender de qué películas hablas.
-De esas películas, de terror, en que una pareja llega a un pueblo que resulta luego resulta ser una secta diabólica, que está maldito y la mitad del pueblo son vampiros.-Albafica se obligó a sonreír y la atrajo hacia él.- Es que tanta quietud, me pone por demás nerviosa.
-Son películas, Agatha, no hay de qué preocuparse. -Dijo antes de abrazarla y atraerla hacia él- Quita esas ideas de tu cabeza.
A pesar de haberle dicho a su esposa que no había de qué preocuparse, la quietud del pueblo le ponía nervioso. Por lo tanto se puso a revisar el motor, de ser necesario lo repararía el mismo, no quería estar ni un minuto más en el pueblo.
Agatha bajo del auto y se paró a su lado, a eso de la una de la tarde vieron pasar a la mecerá en compañía de quien parecía ser su novio. Albafica les miró atentamente, la postura del chico de cabellera azul... Parecía como si quisiera protegerla de algún mal, miro a Agatha solo estaba calmado porque sabía que ella estaba nerviosa. La pareja, también parecían presuroso para irse de la calle. Agatha al verla, volvió a meter la mano en su saco de hilo y apretar lo que fuera que tuviera ahí.
La patrulla del comisario apareció doblando la esquina, ambos vieron al joven de cabellera azul atraer aún más a la chica hacia él. Los tres, la pareja y, desaparecieron en la siguiente esquina.
-Al, quiero irme de este pueblo-él la miro de reojo- busquemos un bus y vámonos. -En otra situación él le hubiera discutido la idea, pero dado como estaban las cosas, estaba dispuesto a gastar todo el efectivo que tenían en pasajes de micro si eso les devolvía a su hogar.
-Está bien, yo también quiero irme de aquí-Informó en un tono sereno- agarro las mochilas y nos vamos a buscar un micro que nos saque de este pueblo.
-Deja que cargue la más pequeña... -Replicó ella serena, mientras iban hacia el baúl del auto por sus pertenencias.
Terminal de micros.
El lugar tenía aspecto de no haber sido abierto en meses, para no decir años, Agatha apretó con fuerza la mano de Albafica… Le sintió temblar con facilidad, antes de soltar su mano y dejar salir un suspiro.
-Al… Esto estaba entre mis servilletas… -Dijo mientras le tendía lo que había estado escondiendo en su bolsillo. Él lo tomo y miro el pequeño trozo de papel, que contenía un breve escrito en tinta azul con letra por demás torcida y nerviosa.
VAYANSE.
-Agatha… -Le estaba por confesar lo que había susurrado el médico, cuando la patrulla de policía dobló la esquina a dos calles de distancia, no sabiendo por que tomo la mano de su esposa y comenzó a correr velozmente. Agatha no tardó en soltarse y comenzar a correr a su paso, ella no salía a correr con él, pero si iba al gimnasio una dos veces a la semana. El patrullero les dio alcancé, el comisario les miro y les saludo con la mano, antes de doblar en la siguiente esquina… Dejando nuevamente sola a la pareja.
-Alba… Quiero irme de este pueblo, ahora. -Dijo ella, realmente parecía estar al borde de un ataque de pánico.- Quiero ir a casa…
-Nos iremos… No importa si es caminando, nos iremos de este pueblo. -Le prometió él.
Un momento de pánico mutuo invadió a ambos cuando vieron el auto del comisario junto al suyo, pero se relajaron cuando vieron a un hombre con mugroso mono de trabajo parado a su lado. Ya estaba el mecánico sobrio, los dos dejaron salir un suspiro. Tal vez solamente se estaban sugestionando, por la calma del pueblo y seguramente la camarera solamente les había tomado el pelo.
-Ya era hora… los iba a ir a buscar -Dijo el sonriente comisario, esa sonrisa pobló de un sudor helado la espalda de Agatha.- Esmeralda, me dijo que tenían pensado salir a correr… Son los primeros que veo correr en jeans… Bueno los primeros no sospechosos. -Dijo con una risa que puso más nerviosa a Agatha. No tardó en alejarse de ellos e ir hacia su vehículo.
-No va a arrancar -Informó el mecánico, mientras Agatha subía al auto y había el cofre.- Hubieran seguido corriendo. -Albafica volvió a sentir ese regusto amargo y el alivio ante la presencia del mecánico se escapó de su cuerpo. -Le falta un cable que provoca la ignición -Comentó luego de echar una rápida mirada al motor- Tengo de esos en mi taller, pero tendrán que esperar a que vaya por él. -Dijo mientras bajaba la tapa del cofre, enterrando las esperanzas de la pareja de salir de ese pueblo. -Que tengan buena tarde… -Dijo en un tono helado el hombre de cabellera negra y ojos ligeramente magenta antes de alejarse de ellos.
-Salúdame a Violeta, Aiakos… -Dijo el comisario, antes de acercarse a ellos- Bueno, fue un gusto tenerlos en el pueblo.
-Creo que nos quedaremos un poco más. -Informó Albafica, que quería tomar de la mano a Agatha y correr lo más lejos posible de ese hombre.
-¿Enserio? -Le miro, para luego cruzarse de brazos- Pues si gustan, tengo un teléfono en la comisaría… Supongo que tienen que telefonear a alguien, los celulares no funcionan bien en esta zona… Faltan antenas.
-¿Teléfono? -Dijeron al unísono, lo primero que haría sería pedir una grúa y largarse de ese pueblo.
-Sí, suban que los llevó a la comisaría. -Les ofreció amablemente, la pareja pensó a creer que habían juzgado mal al comisario. Aunque Albafica, seguía teniendo en mente todo lo que había estado pasando en las horas previas y la palabra del mecánico. Quien lo que menos parecía era hombre de beber, cuando un hombre bebía se notaba incluso cuando estaba sobrio... Albafica poseía la certeza que el hombre estuviera ahí, esperando junto al comisario, en contra de su voluntad.
Comisaria.
-El teléfono está en mi despacho -El comisario le indico una oficina al final de todo el vacío recinto, Agatha se apresuró a ir hacia él.
-Gracias por permitirnos su teléfono.
-De nada, señor De la Roses.
-¿Cómo sabe mi apellido?-Albafica le miró sorprendido, él jamás se había presentado ante el comisario.
-Aquí todo se sabe, señor De la Roses. -Le informo con una maniática sonrisa en los labios.
Apenas levantó el tubo y sintió el completo silencio al otro lado de la línea, dejó caer el artefacto al suelo y se apresuró a salir de la oficina. Lo último que vio antes que su cabeza fuera cubierta por una tela negra, y mientras un grito escapa de su garganta, fue a Albafica inconsciente en el suelo.
Lo que le hizo reaccionar, fue el lejano llanto de ella. A medida que la conciencia se hacía presente el llanto se volvía cada vez más cercano, hasta el punto de permitirle localizar a su lado el origen del mismo. Quiso mover las manos, mientras sus ojos cobalto se trataban de acostumbrar a la oscuridad, pero le fue imposible. Algo firme y ligeramente áspero retenía sus muñecas fijas contra una pulida madera. Agatha estaba amarrada en la silla contigua a la suya, pudo percibir la estructura de un enorme escritorio frente a ellos el cual era escoltado por un gran ventanal. Reconoció la figura de fondo, era el ventanal de la alcaldía. Quiso hablar, pero sus labios estaban sellados por una cinta, sin duda lo mismo pasaba con los de su esposa.
Maldito el momento en que le propuso el fin de semana romántico en las cumbres, hubieran ido al mar como él había pensado en un primer momento… Pero a ella le gustaban las montañas y por eso él había planeado hacer el viaje a hacia estas. Hubiera dejado que su matrimonio superará la crisis en casa, a fin de cuentas solo llevaban casados tres meses… Ahora la había condenado a una muerte segura o algo peor, las lágrimas de rabia no tardaron en acudir a sus ojos. El y su grandísima estupidez habían puesto en peligro la vida de ella. Si hubiera puesto más atención a su matrimonio en vez del trabajo, ahora no estarían en ese infierno… Padeciendo la duda de que les aguardaba el cruel destino que quiso que terminaran en "El romance".
Las luces se encendieron y los pasos no tardaron en dejarse oír por el lustroso mármol del suelo. Luego se amortiguaron cuando llegaron a la alfombra que rodeaba el perímetro del escritorio y las sillas.
-Disculpen la tardanza, sin duda una falta de respeto hacia ustedes -Dijo el hombre mientras se sentaba tras el escritorio- Estaba teniendo una charla con el licenciado Garuda y su señora esposa... -Amplió su sonrisa- Al parecer, nuestro querido mecánico estuvo diciendo cosas… Pero no viene al caso. -Hizo un gesto como si alejara el tema. Albafica vio los ríos de lágrimas en las mejillas de su esposa, estaba aterrada. -Yo soy el alcalde de "El romance" -se presentó- Curioso nombre ¿no?- embozo una sonrisa, que causó que Agatha ahogara un grito, sus dientes eran puntiagudos como los de un demonio- Me llaman de muchas maneras, pero aquí me conocen como Youma. -Albafica trato de zafar una de sus muñecas del apoya brazos a la que estaba aferrada con tiras de cuero y hebillas- Verán, no hay muchos residentes en el pueblo y cuando llegan turistas… -Su sonrisa no se borró- tenemos que convencerlos para que se queden.
Agatha no pudo evitar dejar salir un gimoteo, mientras el hombre se paraba y comenzaba a caminar por la habitación, luego quitó un pañuelo de su bolsillo y limpio las lágrimas de la mujer.
-No debería de llorar, Señora De la Roses. -Albafica dejó salir un bufido de rabia, al ver a ese ser tan cerca de su esposa. Dado que estaba casi seguro, a pesar que sonara a locura, que ese hombre no era humano.- Verán que "El romance" es un bonito lugar para vivir, si cumplen las reglas. -Hizo una pausa antes de ampliar su sonrisa retorcida, la joven sintió parte de su aliento nauseabundo rozar su piel- Bienvenidos a "El romance" -dijo al fin- donde escapar, es imposible.
Continuará.
