Más de un año, ¿no? Si sigo teniendo lectores les pido disculpas, a los nuevos lectores les doy la bienvenida. En fin, a leer.
Primer Capítulo – Vida color Rosa – Relato de Karin.
No tengo muchos recuerdos de mi infancia, es como si una parte mía hubiera dado la orden de cortar el vínculo con aquellas memorias que pueden me lastimaran. Así que, siendo de esa forma, no puedo recordar el rostro de mi madre, quien me había dejado en el orfanato a mis cinco años de edad. Solo tengo presente en mis recuerdos el sonido de sus tacones mientras se marchaba, el golpe repetitivo de las gotas de lluvia que golpeaban las ventanas, sus labios en mis mejillas mientras susurraba varios, "Lo siento," que no valían nada, y… el dulce olor floral que desprendía. Mas temo que todo fuese solo cosa de mi imaginación, ya que todo aquello lo siento muy lejano, ajeno a mi persona.
De ahí no sabría decir que más pasó, no recuerdo bien, solo sé que lloré hasta que mis fuerzas se acabaron, y con un dolor intenso de cabeza decidí rendirme al sueño. Eso ocurrió por varios días consecutivos, y cuando las lágrimas cesaron, la sonrisa no volvió, algo se sentía mal, roto, acabado.
…
Los conocí a mis diez, eran la familia Haruno, una mujer rellena con mirada amable, conjunto a un señor de ojos verdes y espeso bigote, creo que fue, si mal no me equivoco, en una tienda local, cuando quise hurtar unas galletas y al ser pillada, casi fui ganadora de una bofetada por la dueña del local; pero… ellos pagaron, me sonrieron amables y preguntaron mi nombre, como si realmente les interesase el saberlo. Con la voz quebrada respondí "Karin" y ellos parecían contentos con solo eso. Sentí que la misma alegría me envolvía.
Supongo que después buscaron alguna forma de enterarse de mi paradero, no lo sé, pero estoy segura que no transcurrió mucho tiempo hasta que volví a verlos. Y fue entonces cuando la conocí.
Sakura era una niña exótica, de grandes y expresivos ojos jade, piel blanca, suave a la vista y al tacto, y hebras rosáceas que se desperdigaban por sus hombros y espalda. Sakura era rosa, de ropas de infantil color rosado, cabellos del mismo color, al igual que sus labios. Ella me era chocante, y cuando se acercó y un fuerte aroma de flores golpeó mi nariz, la desprecié, la detesté tanto.
Ella me miró a los ojos, yo copié el acto, y sus labios hicieron una mueca de disgusto, yo achiqué la nariz esperando que aquella fragancia no se impregne en mi cuerpo. Después lloró, y pidió marcharse, yo solo entorné los brazos, y me despedí con la escusa de una tarea. La señora Haruno me dijo:
— Lo siento Karin, vendremos mañana a verte.
Quise pedir que no trajeran a su hija, mas no tenía ganas de que también se molestaran y decidieran nunca más volver, al igual que mi madre. Intenté ser comprensiva, no pude, sigo sin tener ese don, así que solo farfullé en tono infantil.
— Hasta luego.
-o-
Sabía que muchas chicas del lugar tenían cierto desprecio por mí, ya que fui de las pocas que pudo salir del lugar, sin tener que esperar a ser mayor de edad, mas no hicieron nada, solo eran miradas recelosas que me perseguían a cualquier lado al que iba, y cuchicheos que no logré escuchar bien; intenté convencerme que no me importaba lo que dijeran.
Esta vez, me mordí los labios, hinqué mis dientes tan fuerte que me herí la boca, y salió de la parte interna sangre, una que podía saborear mientras tragaba mi saliva. Exactamente a las 12 AM., vino el señor Haruno, agarró mi única maleta, con la misma sonrisa amable que no se perdía a pesar de los años. Y yo me pregunté si él, y su esposa había tomado alguna droga – o algo por el estilo – para haber decidido adoptarme a los 16, – casi 17 – siendo que no habían tomado tal decisión antes. Relamí mis labios, y mientras me sentaba en el asiento que estaba al lado del conductor, vi al cenicero, el cual estaba limpio, casi como nuevo; y decidí que necesitaba, con urgencia, algo de tabaco en mi sistema. Todo pensamiento fue borrado de mi mente cuando me habló:
— Karin-chan, este es el comienzo de una nueva vida, — dejó escapar un poco de aire de sus labios, y después lanzó una risa nerviosa, el sentimiento también se instauró en mí. — Este cambio no solo será para ti, también lo es para nosotros, pero queremos que te sientas cómoda, ya que siempre te consideramos de la familia.
Quise añadir un "aja" incrédulo, casi sarcástico, y juro que luché con el impulso de mi garganta, para no reírme, o preguntar sin tapujo alguno la razón de este acto de… caridad. Me mordí la lengua y decidí lo seguir la corriente.
— No se preocupe, puede que resulte difícil al principio, pero yo ya lo pienso como mi verdadera familia.
Era una mentira, yo no los quería de esa manera, que se entienda, no soy una perra desalmada que no agradece el sentir de estas personas, yo los apreciaba, a mi manera. Pero es difícil usar la famosa palabra "familia," cuando la única que recuerdas haber tenido te dejó para nunca más volver. Quererlos como familiares me era aberrante.
Además tenía otra gran rencilla, para lo que es mi comodidad en este nuevo estilo de vida, y este tenía nombre y apellido. También un color.
— Me alegro de oírte decir eso hija.
Y sonreí, siempre supe que tenía una sonrisa bonita y es mejor hacer uso de esta cuando no deseas hablar. Él pareció contento con tal acto, así que zanjó la charla – una que bien sabía seria más larga y extenuante cuando lleguemos a "casa" y estuviésemos con su esposa — prendió la radio, y escuchó unas canciones de las cuales no me ubiqué ninguna.
Al poco tiempo llegamos, el auto aparcó y salimos de nuestros asientos, así mismo del coche. El sol de la calle era tan deslumbrante que parecía querer cegarme, y odie a mis lentes por ser un obstáculo para poder frotarme los ojos. Bajé la mirada al suelo, decidiendo que el resplandor solar era mi enemigo, así que tenía que mirar en la dirección contraria para no aturdirme con este. Y por pensar tanto en la sanidad de mis ojos acabé siendo tomada por sorpresa. Cuando la mano de mi ahora tutor legal, dio unas cuantas palmadas en mi espalda, di un sobresalto porque sus manos estaban frías y mi espalda desnuda.
Él dijo:
— Bienvenida a la familia Haruno.
Yo con los ojos fijos en la casa blanca de dos pisos, me pregunté si podría acostumbrarme a esto, a ellos. Y cuando el señor Tamaki abrió la puerta me pregunté por ella, por su hija, aquella que vivió entre algodones y tenía una desagradable fragancia de flores. Deseé tanto que ella, Sakura, no existiera.
Puse un pie en la estancia, el piso estaba lustrado, tan limpio que brillaba, y las paredes eran de color crema, varios retratos de la familia postrados por todos lados, dándole un aire hogareño que solo conocía en las producciones de diferentes películas. No pude evitar re-plantearme la duda de si podría encajar con ellos.
Otra vez toda meditación fue truncada, en esta ocasión porque fui recibida por un abrazo. La mujer de ojos amables, y cabellos rosáceos, apretó mi cuerpo con el suyo, me abrazó con cariño tal que me sentí culpable, por una razón de la que no tenía ni idea. Por un momento tuve ganas de llorar, pero decidí cambiar mi acto por envolver mis brazos entorno a ella. Y preguntar un; "¿Cómo está?" que me pareció estúpido.
— Bienvenida, — me dijo con tal emoción, que pensé que yo quedaría muda por no saber qué responder.
— Gracias — dije al final, y esta vez no era un agradecimiento incompleto, bañado de la sombra de la duda. Era real y tangible.
Entonces ella quiso intentar aliviar las cosas con una charla, de esas que no tienen sentido alguno, pero te son relajantes, supe que vendría pronto el verdadero punto que ella quería tocar, y lo hizo al poco tiempo diciendo:
— Está de mal humor, pero no le hagas caso, pronto se le pasará.
No pude evitar hacer una mueca con los labios, esa chica siempre me había detestado por una razón que no acabo de entender, en cierto sentido encontraba algo bueno que el sentimiento sea mutuo. Yo odiaba como se crió, su color, su aroma. Detestaba lo que ella representaba.
— Eso espero — contesté y como si esa pequeña frase fuera un conjuro, la vi bajar por las gradas, conjunto a su padre, al cual por cierto había perdido de vista.
No la quería ver. De verdad, no quería hacerlo. Así que decidí seguir hablando con mi tutora, pero su mirada estaba fija en mí, superpuesta en mi espalda, me sentí incómoda, irritada, la odiaba, nadie se imagina cuanto la odiaba. Y al final harta de mi misma, de este nuevo tipo de cobardía, volteé a verla.
Ella era un niña, seguía con ropa de ridículo tono rosa, algunos tonos más fuertes, otros más oscuros, no importaba eso, seguía siendo la misma niña que vi hace tanto. Siendo de esa forma decidí no darle importancia, no quería hacerlo, es más quería intimidarla, hacerle sentir pequeña, y que nunca me hablara, no se acercara, siquiera me vea. Me gustó la idea, y ahí recién me fijé un poco mejor en ella, en sus grandes ojos jade que me seguían mirando, de arriba abajo, analizando mi persona, y le sonreí, mis labios se deslizaron hacia arriba, como cuando busco lo que quiero y lo consigo, mientras me acomodaba las gafas. Sé lo que soy, sé lo que valgo, sé que puedo pisarla.
Entonces me acerqué, ella pareció darse cuenta de mi cercanía cuando estaba postrada frente a ella. Las gemas de sus ojos me miraron, estos brillaban con una luz nueva, una que me mostraba varios sentimientos untados en uno, fue fácil notar que el sentir de su parte no había cambiado, el mío tampoco – es más no pensaba cambiarlo – pero creí algo entretenido postrar mi mano frente a su persona, ver si ella la aceptaría, o haría un berrinche como en antaño. Grande fue mi sorpresa cuando retribuyó al acto, mucho más al sentir la calidez de sus manos. Las de ellas eran suaves, demasiado para ser exactos, uñas cortas y bien cuidadas, relucientes, y no arruinadas, – no como las mías – ella era suave, era fresca, era lo que yo no era, es lo que no pude ser, y tal vez esa era una razón importante acerca de mi desprecio hacia ella. La odiaba, porque una parte mía no podía dejar de envidiarla, a ella y al rosa chicle que la identificaba.
Hice fluir de mis labios una sonrisa, no era verdadera, no lo es, nunca le daría una de ese tipo a esta chica, pero me pareció que era lo mejor hacerlo, me era entretenido jugar a la "buena" intrusa, y ver sus reacciones, pero Sakura parecía adaptarse, descubrí que también mentía cuando a duras penas correspondió la sonrisa, y al poco tiempo, yo inadvertida sentí a sus uñas – que eran cortas y limadas – enterrarse en mi piel, casi maldigo en voz alta, casi. Decidí cambiar el monólogo de; "Perra, desgraciada, ¿Qué acabas de hacer?," a simplemente decir, con un tono que parecía casi amigable:
— Espero llevarme bien contigo Sakura — Solté su mano, porque ya no la quería tocarla, y me tranquilicé mordiéndome el labio, abriendo más la herida ya hecha.
No sé porqué razón, no la concibo, ella me sonrió, no como antes, no esa sonrisa que estaba a punto de morirse en sus labios, esta si bien era falsa – como la anterior – era más amplia con dientes incluidos, perlas que brillaban bajo sus labios rosados, siendo un complemento perfecto para ella. No me gusto ese simple hecho.
— Lo mismo espero Karin.
¿Quién creería esta farsa?
Yo no lo hacía, yo no, tampoco Sakura, pero sus padres, mis tutores, parecían estar felices, a lo mejor pensando que haríamos el intento, o yo qué sé.
No creo poder llamar a esto comienzo, no lo era, no quería pensarlo de esa manera, solo fue el día en que puse mis pies en un territorio que no era mío, solo pensando la forma de sobrevivir o adaptarme a esto. No se me pasó por la mente lo que pasaría después, pero creo que si hubiera pensado en esto hubiera quitado el chiste a lo que sucedió, creo que fue lo mejor pensar en otras cosas, y no en lo extraño que se pondrían las cosas con aquella que olía a flores, y era rosa, y se supone yo detestaba.
Ya… me da flojera hacer más, si hay errores de los grandes, que descompaginen la versión de Karin con la de Sakura, por favor les sugiero que me digan para así poder anular mis fallas.
Bueno, a pesar de haber tardado tanto – tal vez demasiado – la historia no se fue de mi sistema, aún pienso hacerla, además la idea ya está casi lista – en mi cabeza – siendo de esa forma aseguro que no dejaré la historia, y eso, gracias por leer, hasta el próximo episodio.
