Advertencias: Los personajes no me pertenecen. Literalmente está en esta categoría porque ¿si es de la saga de Capitán América podemos hacer como que Infinity War y Endgame no han sucedido? Ja, creo que es lo de menos.

Notas: Gracias por leer :)


Budapest, con amor


2. Ruleta rusa


El corto vuelo había sido tenso. La chica se había mantenido aparte del grupo, ni siquiera cuando la Viuda Negra se acercó un par de veces para intentar hablar con ella le respondió. Había rehuido su mirada tras un segundo en el que pudo leer claramente el enfado, quizá se lo merecía por la piadosa mentira que había conseguido sacarla del museo. Y por supuesto, sus ojos seguían asustadizos a Steve quién aún tenía la piedra guardada en su bolsa. Fue la única reacción que consiguieron de ella durante todo ese tiempo. Él por su parte también se había mantenido al margen, por una razón diferente: Odessa. Que su misión fuera llevarla a lugar seguro, no estaba relacionado con que su mente se quedara en aquel momento en el que relataba todas las veces que pudo morir. Y saber que una de ella fue su culpa no le hacía sentir especialmente en paz compartiendo espacio con ella. Más aún cuando parecía que ella no lo sabía, pero Steve y Natasha, sí. El mismo capitán había tomado un segundo en acercarse para comprobar que estaba bien, que aquello no le había afectado.

Shuri había hecho un buen trabajo, lo sabía, confiaba plenamente en la princesa de Wakanda. Tenía control total sobre su cuerpo, había recuperado el control sobre su vida, pero eso no borraba su pasado. Y en cierto modo agradecía que fuera así. Después de vivir tantos años en el desconocimiento, por horrible que fuera, ser consciente de su pasado, de que tenía un pasado, le era demasiado preciado.

El jet acababa de aterrizar y no pudo evitar mirar cómo se levantaba del asiento enrabiada y salía como un animal salvaje directa hacia el complejo de los Vengadores.

—¿Está bien dejarla sola? —Masculló el capitán, cuando los tres se bajaron, pero nada más oírla se despejaron sus dudas.

—¡Stark! ¡Esta vez te mato, Stark! —increpaba sin vergüenza a cada habitación por la que pasaba.

—Lamento comunicarle que no está casa —respondió la voz de FRIDAY.

—Mierda —alcanzaron a la chica en la sala principal del complejo, —Deja grabado un mensaje para él: es rico muerto en cuanto lo vea.

—No quería decirlo, —comenzó Steve mirando a Natasha—, pero me empieza a caer muy bien.

—Puedo arreglar algo si quieres —Le respondió la pelirroja divertida.

—A mí también —los cuatro se voltearon hacia la nueva cara que apareció en la sala.

—Ey, Sam.

—Me siento abandonado de que no me avisaras para el viaje, pero sí te llevaras a Bucky.

—Mala suerte— respondió el nombrado con mueca irónica.

—¿Otro más? —Anna llamó la atención de ellos— ¿También quiere matarme?

—¿Por qué querría matarte?

—Si estás de su parte…

Sam elevó las cejas mientras pasaba la mirada por los tres. Natasha se encogió de hombros, el capitán rodó la mirada y Bucky se mantuvo impasivo.

—Es un poco negativa, no todo iban a ser puntos positivos.

—Deduzco que eres Falcon —se adelantó la chica y extendió la mano—, Anna Gardner, el cadáver que va a matar a Stark.

—Te veo demasiado viva todavía —apretó su mano con una sonrisa.

—Dame tiempo.

—Genial, si ya nos conocemos todos, será mejor ir a un lugar más cómodo para hablar de eso. —Les sugirió Natasha indicando una sala de reuniones.

La chica asintió y les siguió por el pasillo hacia el lugar indicado. Los cinco se acomodaron dejando fuera la comicidad para instaurar un ambiente serio. Ella misma notó el frío al entrar, hasta FRIDAY había acomodado la sala para que la discusión fuera lo más agradable posible.

—Natasha, entiendo que aquí estoy segura —empezó tras tomar una gran bocanada de aire, definitivamente su tono de voz se había modulado—. Pero quiero volver a mi casa. Quiero que no me pase nada.

—Perfecto, si lo que quieres es ir a tu casa, lo podemos solucionar.

—Oh, no, no, no y mil veces no.

—Budapest es preciosa en esta época del año, siempre lo dices.

—Ahora mismo considero casa cualquier sitio menos Budapest. —a nadie le pasó desapercibido la tristeza.

—Anna —intervino el capitán—, sí, te mentimos en el Smithsonian, pero eso no quita que van a ir a por ti en cuando se enteren que has leído la piedra.

Sam interrogó con la mirada a Bucky, pero como esperaba no le sonsacó nada más que una leve mueca de superioridad, y un gesto de la mano que le decía que después, que ahora era mejor dejar que la conversación fluyera. Al menos, parecía que la chica estaba acorralada.

De pronto estaba nerviosa, si la conversación rápida de los primeros pasos en aquel lugar la habían relajado, en cuando entró en la sala de reuniones se había evaporado. La chica era consciente. Sus ojos escurridizos, sus manos abrazándose inquieta, no se sentaba pero sus pies se mantenían firme en un punto cercano al ventanal y alejado de la mesa donde ellos se habían sentados. Había intentado mirarla fijamente, poder leer algo más, quizá transmitir seguridad que ni él tenía, pero su miedo era demasiado fuerte.

—No, —de nuevo Anna notaba ese nudo en el estómago apretarse, estrangular el poco aire que respiraba—. No, si van a buscarme no es porque haya leído eso, es porque vosotros me lo habéis llevado a mí, porque vosotros le habéis dicho a quién buscaban. Capitán, llevo toda una vida huyendo de ellos. Nat, esto no es…

El silencio era suficiente para leer el desconcierto en la cara de los tres hombres, quizá, de algún modo, por alguna carambola del destino podía esperar que Nat supiera algo más, o al menos, jugaba a saberlo.

—¿No le has dicho a ninguno de tus chicos por qué me habéis ido a buscar expresamente a mí?

—Porque sabes ese idioma —la interrumpió.

—Y por qué sé ese idioma, ¿Stark no ha dicho nada?

—No —tras un largo suspiro, Natasha decidió dejar claro la posición en la que ellos se encontraban, no iba a jugar—. Stark no nos ha dicho nada. Excepto que te necesitábamos.

—Solo hay dos personas en el mundo que saben esa lengua desde que murieron mis padres, bueno, esto dando por supuesto que Itsvan sigue vivo. Y precisamente yo no soy quién ha firmado los artículos académicos sobre ello.

—Por favor, Anna, no saquemos las cosas de contexto.

—¿Tengo otra opción? Pensé que después de todo este tiempo habíais empezado a cuestionar mejor todo lo que hacéis. Pues parece que no.

—No, no tienes otra opción, y no, solo se cuestionan algunas cosas, es lo que hacen los soldados.

—Y llegó el hombre muerto —el aclamado personaje hizo acto de presencia en la sala de reuniones —, FRIDAY me ha pasado tu mensaje, yo también te quiero.

Con su innegable sonrisa se quitó las gafas de sol y extendió los brazos invitándola a un abrazo que nunca llegó.

—Anna, me alegro de verte bien después de estos años. Estás más guapa, y ¿quién ha invitado al pájaro a este baile?

Gruñó mientras apretaba sus brazos y se giraba hacia la ventana. Había sido un gesto infantil, quizá justificable, pero ahora le preocupaba más otro aspecto. Buscó con la mirada a Steve y comprendió que se encontraba en la misma posición que él: tampoco le gustaba no saber.

—Anna —comenzó el capitán levantándose de su asiento acercándose a ella —, lamento si con nuestras acciones te hemos causado mal, pero ya el daño está hecho y sería mejor si todos estamos al corriente.

—Exacto —se giró rápida, con un brillo peligroso en sus ojos y la voz alterada—. Exacto, el daño está hecho. ¿Y ahora qué?

—Pues ahora nos vamos —interrumpió Stark.

—¿Irnos a dónde? —intervino Sam antes de que ella pudiera abrir la boca de nuevo.

—A ningún lado.

—Genial, otro que se apunta, venga, vamos, ninguno necesita autorización de sus padres para este viaje escolar, así que estamos listos para irnos a Budapest.

—No voy a ir a ningún lado. —su tono volvía a ser suave y oscuro, mientras sus ojos se clavaban en los de Stark.

—Sí vas a ir, te guste o no.

—¿Desde cuándo me das órdenes?

—Desde que salvar el planeta depende de ti.

—Stark —gruñó sin apartar la mirada—, si el mundo corre peligro es por tu maldita culpa.

—Me he perdido, ¿soy el único? — la suave voz de Sam rompió la tensión entre ambos.

—Es cierto —farfulló bajo un tono irónico— es cierto, al menos, vamos a poner las cartas sobre la mesa para que tus amiguitos sepan qué sucede, en qué lío los has metido y por qué voy a morir.

—Exagerada —masculló dejándose caer sobre una silla vacía y girándose, sabía bien qué había puesto en marcha, pero no lo hubiera hecho si no fuera necesario.

—Esa piedra —comenzó nerviosa mientras señalaba a Steve— esa piedra no es un mapa, no es una clave, no es nada, y menos por sí sola. Pero con los elementos necesarios es una llave, y yo soy ese elemento. Ni siquiera dice que gracias a que nadie puede entrar el núcleo de la Tierra se mantiene intacto, y todos seguimos vivo. Pero para entrar es necesario, al menos, saber leer lo que pone en ella. Así que—

—Así que vas a Budapest.

—No, no quiero morir —susurró mientras se dejaba caer sobre una silla hundiéndose en ella, intentado esconderse y refugiarse de la realidad.

Sabía mejor que nadie que era el momento de poner todo en orden. El nudo seguía en su estómago, envolviéndola en cierta tensión. Ya no sabía si estaba temblando por frío o por miedo. Porque era consciente de qué debía hacer, de cómo iba a terminar todo y por encima de todo, de cuál era su misión.

Tenía que hacerlo.

Seguía observando impasivo cada uno de sus movimientos. La distancia era buena vara para medir la realidad, y tener cierta idea de qué sucedía. Había tenido tiempo suficiente para deducir más de lo que había dicho con sus palabras, y sobre todo, una parte de él la entendía porque estaba seguro que era algo que compartían: ambos habían sido un peligro. Él sabía cuál fue su decisión, pero esperaba que ella tomara una más apropiada.

Anna negó con la cabeza perdida en su hilo de pensamiento, sin encontrar más respuesta de la que ya tenía. Quizá porque se la habían grabado a fuego desde pequeña, quizá porque era la lógica. Y sonrió levemente, pero sonrió.

—Stark—susurró en el silencio perdido—, aceptaste mantener nuestro secreto, ¿por qué nos has traicionado?

—¿Por el bien de la humanidad? ¿Por el futuro del planeta?

—Sabes… —comenzó mientras se levantaba de la silla —. Siempre te han comido las buenas intenciones, en todos tus proyectos, en todas tus ideas, en todos tus avances, pero siempre olvidas que en todo lo bueno, hay algo malo. Si la dinamita se inventó para hacer más fácil la minería, también se puede usar para matar personas; si…

Los cuatro se miraron consciente de que aquello era verdad, y no había razón para pensar que esta vez también acabara igual que las anteriores.

Tony suspiró y asintió con la cabeza. Estaba bien, Anna había ganado.

—Hydra está moviéndose en Budapest.

—¿Hydra? —dijo elevando una ceja.

—Siguen vivos, siguen empeñados…

—No tiene sentido, o mejor dicho, me lo pones mucho más fácil.

Anna cerró los ojos murmurando palabras de desconsuelo, los otros habían comenzado a discutir, ninguno estaba al corriente ese dato y parecía que levantaba viejas heridas. Su mente la aisló de la conversación, de la sala, de todo. Lo sabía. Y ya poco importaba todo lo demás. Sabía que tenían una buena red de información, era cuestión de tiempo que hubieran llegado a ella, sonrió irónica, casi debía agradecerles que la avisaran. Habían evitado el mal mayor.

Hasta las ganas que tuvo en algún momento pasado de pegar a Tony Stark habían desaparecido. La realidad caía por su propio peso. Se acercó a la ventana y observó el cielo despejado y los árboles desnudos. Para ser un día de febrero estaba inusualmente cálido y asintió incapaz de comprender por qué sonreía, no era una resolución firme pero era consciente de ella. Estaba en paz, tan en paz como el miedo la dejaba. De pronto notaba como unos ojos la miraban fijamente reflejados en el cristal. Eran azules, claros, fríos, como el Danubio en invierno en un día de oleaje. Unos ojos que parecían haberla entendido, y pillada en su pensamiento se ruborizó. Negó con la cabeza. Era tarde incluso para darse el capricho de saciar su curiosidad por aquella persona que creía conocer, con la que se cruzaba cada día que iba al trabajo.

—¿Sabes, Nat? Me hubiera gustado aceptar aquella oferta antes, al menos hubiera podido conocer un poco más a… —con una mano señaló en gesto leve a los dos supersoldados —De verdad me hubiera gustado, tanto tú como Shuri me habéis contado tanto…

El silencio cayó pesado en la sala. Les observó, qué demonios, miraba atrás y sí que se arrepentía. Dejó que sus ojos volaran entre los del rubio y la pelirroja para pasar rápido sobre los fríos del hombre que se mantenía en segundo plano. Rápido los apartó porque la hacían sentir cazada en una travesura, la tensión crecía sobre sus hombros, no iba a romper la poca confianza que había conseguido crear en la decisión que había tomado. Y sabía que si volvía a caer en ellos, lo haría.

—Budapest —dijo antes de volver a pausarse, deleitándose en el nombre de aquella vieja ciudad, de aquel recuerdo pasado. — ¿Queréis evitar que Hydra gane, verdad?

—Esa es nuestra intención —respondió el capitán con voz segura dando un paso hacia ella.

—Steve… —le llamó Bucky tarde.

Ella cerró los ojos y negó con la cabeza, odiaba equivocarse. Buscó aquellos ojos azules tan fríos como el hielo y en un silencio gesto agradeció su preocupación. Se dejó caer en la tristeza que transmitían durante un instante y notó como el nudo de su estómago se deshacía.

Era demasiado obvio que si el rubio fuera consciente de lo que sus palabras implicaban no hubiera hablado. Dio un paso al frente acercándose al grupo ligera, sonrió, pensaba que llegado este momento, de la tensión la consumiría y por una vez se alegraba que ésta había sido sustituida por una pesada sensación de cansancio. Era el peso de la carga que siempre había llevado. Sí, lo haría.

—¿Queréis evitarlo? —masculló bajando la mirada.

—Por supuesto —Natasha también se adelantó y la cogió por los hombros buscando sus ojos —. Por eso te necesitamos y vamos a protegerte, Anna.

—Los gatos tienen siete vidas. Esta es la última que me queda. Voy a ayudarte, por última vez —suspiró mirándola fijamente incapaz de comprender por qué sonreía, tomo aire y lo dijo—: Dame una pistola.

—¿Qué? —su voz fue apenas un susurro, veía como fruncía las cejas sin entender y seguía balbuceando buscando una respuesta.

—¿Queréis salvar el mundo? —repitió con más seguridad—. Entonces, dadme una maldita pistola.

Ninguno de los presentes se movió. Lo sabía, a pesar de que temblaba, la resolución en sus palabras era obvia. Admiraba su coraje, incluso era capaz de entender la situación.

—Anna —Steve también puso su mano sobre su hombro—. ¿Qué pretendes hacer? Esto no funciona así, tú sola no vas a poder—

—Sí, capitán. —Ahí estaba aquella chica resoluta ante la negrura—. Stark no os ha dicho nada, pero yo sí lo sé, así que dadme un arma y se acabará el problema. Yo soy la llave para entrar en ese lugar: muerto el perro se acaba la rabia. Si me lleváis a Budapest sólo conseguiréis ayudar a Hydra, así que dádmela de una maldita vez.

—Anna… —Stark se acercó también —. Antes vamos a buscar otra solución, esto no—

—No, tú no. Tú. No. —de nuevo la rabia volvía a tomar control de su cuerpo. —¡Dádmela!

El miedo estaba hablando por ella, era comprensible. Era fácil pensar que aquella era una carga que había vivido con ella desde siempre y la decisión no era tan suya como heredada. Se estaba mordiendo el labio, pero su mano no flaqueaba tendida hacia ellos, del mismo modo que mantenía fija la mirada sobre Stark, a partes iguales entre la demanda y el perdón. Sopesó por un momento la situación, y aceptaba que la chica tenía razón, si no fuera por Steve él mismo hubiera tomado la misma decisión, hubiera seguido sus pasos.

—Está bien— todos se volvieron hacia Bucky, en un par de pasos se paró frente ella con una Smith and Wesson en la mano y se la tendió.

De nuevo se dejó caer en aquellos ojos fríos. Sí, podía leer el miedo, podía verlo reflejado, escondido tras la determinación. Era una buena chica, sabía elegir lo correcto. Y ella sonrió. Apenas una mueca leve que elevó las cornisuras de sus labios y quitó el color de sus mejillas.

—Gracias, sargento —apenas fue un susurro cálido que contrarrestaba con todo lo que su cuerpo expresaba —. Alguien que tiene cabeza en esta sala.

Cogió el arma que le tendía temblorosa, apenas notó el frío del metal de la mano que se la tendía, o si quiera la de la propia arma, pero sí notó su peso. Y lo supo. Su cabeza negó inconscientemente.

—Nat, no me tengas esto en cuenta, no tengo otra opción —era imposible borrar aquella sonrisa entre los nervios y el miedo, no le gustaba, no quería morir, pero el deber llamaba—. Gracias por los viajes, por dejarme conocer a mis héroes favoritos. Gracias por ser mi amiga y hacerme sentir la Indiana Jones de esta línea temporal, eres la mejor.

Y con aquella sonrisa antes de que sus últimas palabras abandonaran sus labios elevó el arma hasta su sien y disparó el gatillo al tiempo que el sargento interponía su mano entre el cañón y su piel ahogando la bala.

El disparo sonó en el silencio. Aún estaban asimilando qué había sucedido.

—Steve prometió protegerte —susurró una voz aterciopelada clavando sus pupilas en las de ella al tiempo que abría la palma y la bala caía al sus pies.

De pronto un rayo de rabia cruzó sus ojos mirándole furiosa mientras un sonrojo pintaba sus mejillas, y no pudo evitar la tierna sonrisa que se abrió paso en sus labios, el enfado le sentaba bien y deseaba que fuera por cualquier otro motivo. Anna apretó de nuevo el gatillo. Un segundo disparo que también encontró la mano metálica de Bucky. Y detuvo la tercera, aunque siguió apretando el gatillo, el cargador de la pistola estaba vacío.

—No vas a morir mientras estemos contigo, cielo —el apelativo cariñoso fue natural e inconsciente rompiendo la tensión del ambiente.

—Y ahora que the Manchurian Candidate ha salvado la mañana, podemos comenzar el viaje. Caballeros, señoritas, pájaro, si son tan amables…

Uno a uno salieron de la estancia siguiendo a Stark. Bucky tendió esta vez su mano derecha hacia la chica pidiéndole el arma.

Un último brillo malicioso asomó en sus ojos mientras volvía a apretar el gatillo antes de darse por vencida bajo el desapruebo de la mirada azul, su sonrisa ya perdida.

—Tenía que intentarlo— notó la necesidad de excusarse antes de devolverla—. Habéis perdido una oportunidad de oro para atajar esto de raíz.

—Pensaba que no querías morir —le susurró mientras volvía a guardarla en su espalda.

—Y no quiero, pero… —hasta su voz se apagó por un momento.

De pronto bajó la mirada y notó el frío de no tenerla. Había hecho lo correcto.

—Entonces, no hagas más estupideces.

—¿Es una orden, sargento? —masculló intentando sonreír.

—Sí, cielo, es una orden.

Suspiró dándose por vencida. Cerró los ojos mientras asentía con la cabeza pesadamente. También le llevaría tiempo asimilarlo.

—Recuerda mis palabras, soldat, os arrepentiréis.

Como un resorte del pasado su mano levantó su mentón buscando sus ojos. Deteniéndola antes de que pudiera dar un solo paso y como si su contacto hubiera liberado una descarga, tembló sucumbiendo al frío que buscaba quemar algo en su mente.

—Bucky.

—Bueno, yo soy Anna, no cielo. —Se separó de él buscando recomponerse y tendió la mano— ¿Trato?

La chica notó cómo miraba la mano y tras un inaudible sonido de sorpresa cambió la izquierda por la derecha, él no pudo evitar una leve mueca. Había bastantes respuestas que quería obtener, pero siendo consciente que conocía a Natasha y a Shuri le era fácil saber sus fuentes sobre su pasado y cómo lo estaba usando. Aceptó el trato, por ahora estaba bien dejarlo tal cual.

Asintió y cierto tono de incomodidad les envolvió.

—¿Budapest, entonces?

—Afirmativo— fue todo lo que escuchó antes de ponerse en marcha hacia el avión en el que los demás les esperaba.

Natasha la abrazó en cuanto la vio subir y sin más dejó que las lágrimas de la tensión brotaran. Sentirse viva era demasiado abrumador.

—Va a ser un vuelo maravilloso, y largo, así que aprovecha e interroga a estos abuelos como querías.

—No tengas duda alguna de que lo voy a hacer y —se volvió hacia Stark—, Tony, gracias por querer matarme. Mi segundo mejor amigo, solo por detrás de Nat.

—Lo sé, siempre cumplo los sueños de la humanidad. Es mi trabajo.


...


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También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate :3

¡Muchísimas gracias por leer!

PL.