I. Ese día

"—Para ti, dos mil años en el futuro".

(Año 2020).

Distrito Miltras.

Desde hace años, Jean Kirstein ha despertado con la misma sensación; una que hace que su corazón se agite y que sus manos tiemblen. Nunca recuerda el sueño en sí, ni tampoco lo que sucede, solo sabe que es una sensación muy extraña.

No importa el momento, ni la situación, siempre es así.

Jean observa a su alrededor y solo se encuentra con que encima de él está una chica a la cual inmediatamente reconoce como Sasha. Parpadea por algunos segundos para recordar el sentido. Poco a poco las memorias de lo sucedido la noche pasada llegan como bombardeos a su cabeza.

Todo había sido idea de Sasha, ella siempre los llevaba a cometer idioteces. Idioteces que a Connie le parecían ideas coherentes y que eventualmente Jean seguía solo porque le parecían divertidas. Debía ser honesto, los conocía desde que eran niños y habían pasado la mayor parte de su vida juntos como un trío inseparable.

Y efectivamente, la noche anterior llevaron a cabo una fiesta. Una que al final terminó en un desastre a juzgar por el cómo lucía su departamento: rastros de pizza en el suelo, vómito y olor a sudor y a porquería.

—Por un demonio, lo que faltaba—Jean retira a Sasha de su regazo con delicadeza y hace un mohín, el cabello castaño de ella está un tanto pegajoso y su rostro está repleto de figuras obscenas hechas con bolígrafo.

Internamente, Jean desea que no haya pasado nada con Sasha. No hay sentimientos mutuos entre ellos, después de todo. Pero él tiene su propio código y la respeta muchísimo por el simple hecho de ser su mejor amiga. Además, él sabe que hay cierta persona que quiere a Sasha…

—Hey tú, ¿qué es esto?

Jean se distrae de sus pensamientos y dirige su vista Connie Springer, su mejor amigo. Tiene los ojos hinchados y su piel se ve pálida.

—¿Qué de qué?—cuestiona Jean, sin saber a qué se refiere exactamente Connie. Su cabeza retumba y está seguro de que en cualquier momento tendrá que tomar algo para el maldito dolor. Se siente mareado, pero no le cuesta mucho ponerse en pie—, vamos ¿qué es esa cara?, parece que hubieras visto un muerto.

—Ayer todos tomamos de más, los demás chicos se retiraron a una hora más o menos decente. Después vino el casero como a las 2 de la mañana y tuve que abrir ya que tú—lo señala con el dedo en el pecho—, maldito, te cruzaste* y ni siquiera eras capaz de decir una sola palabra bien.

Jean alza sus hombros, no recuerda nada de eso naturalmente.

—En fin, en algún momento Sasha comió pizza, la vomitó y después se quedó dormida en tu sillón. Después tú te besaste con alguna chica y quisiste llegar a tu habitación pero al final te caíste en el pasillo y te lleve a la sala.

Debió verse estúpido, o al menos es lo que él cree de acuerdo con la descripción de Connie. Mentiría si dijera que eso no le avergüenza, pero una parte de él le dice que no será la última ni la primera persona a la cual le ocurra eso.

—¿Por qué no a mi cuarto?—Jean se dirige hacia la cocina pero se encuentra con que todo su refrigerador está desordenado, de hecho el shampoo está ahí dentro—, ¡qué demonios!—cierra la puerta del refrigerador con brusquedad y se sienta en el piso frustrado—, espero que haya habido saldo blanco.

—Nadie murió, afortunadamente—dice Connie con algo de burla—, no te llevé a tu habitación porque aún había personas ahí adentro. Quizá sería conveniente que pongas llave…

—¿Uh? Menuda fiesta que se armó. Al menos quienes se quedaron en mi cuarto debieron habérsela pasado con mucha diversión.

Connie alza los hombros.

—Sí, eventualmente ellos salieron y al final quedé yo. Tu cuarto olía terrible, no sé qué habrán hecho ahí exactamente pero créeme que preferí dejarte con Sasha a meterte ahí.

—¿Gracias, amigo? Supongo.

—No pude dormir por la resaca y los ascos, así que intenté limpiar por aquí y por allá o al menos hacer lucir este lugar menos terrible. Y entonces encontré esto…—Connie extiende su brazo y Jean alza sus cejas, intrigado—no sabía que te gustaba alguien, eh.

Confundido toma el papel que Connie extendió y lo analiza. Jean parpadea por un par de segundos antes de que sus mejillas se sonrojen.

—¿Quién es? Sé que dibujas y lo haces muy bien, pero que yo sepa no hay ninguna chica en la escuela que se parezca a…

—No lo sé—Jean dobla el dibujo y lo guarda en su chaqueta—, recuerdo la cara pero no puedo recordar el nombre.

Connie no queda satisfecho con esa respuesta y decide indagar más.

—Antes de que despertaras, parecía que estabas teniendo un muy mal sueño. De hecho iba a despertarte ya, estabas bañado en sudor e incluso pataleabas o algo por el estilo.

—Oh…—Jean se rasca su cabeza, en realidad esos sueños siempre pasaban pero a diferencia de otras ocasiones, esta vez hubo alguien que fue testigo de ello—, en realidad siempre me ocurren.

—Y entonces, esa chica la del dibujo… ¿no sabes quién es? ¿cómo surgió? ¿tiene algo que ver con tus sueños?

—No lo sé Connie, sinceramente.

Pero para Jean todo había comenzado hacia unos seis años, cuando tenía 14. Curiosamente, ese sueño sí lo recuerda.

Jean se encontraba en un lugar desconocido, de otra época quizá. Las casas eran de madera y de piedra. A su alrededor todo era caos y destrucción. Logró divisar un gran muro de al menos unos 20 metros de altura.

—¿Jean?

Y entonces la vio por primera vez, o al menos lo que recuerda. Era una chica de cabello oscuro y de ojos rasgados, en su rostro se lograba ver una cicatriz. Su piel era pálida y el cabello apenas y le llegaba a la altura de la oreja. Sin embargo, para él, ella era la criatura más hermosa que hubiese visto jamás.

Pero en el sueño, Jean era solo un espectador de lo que ocurría a su alrededor. No entendía bien que pasaba, ni tampoco lo que sucedía. Sin embargo, "su yo" de ese sueño le respondió a esa misteriosa chica.

—… ¡Estás viva!—entonces, el Jean de esa dimensión tocó la mejilla de ella y la miró directo a los ojos—, estás viva…

—Estoy realmente cansada—ella se desplomó en el suelo, fue entonces que notó que ella tocaba con insistencia su cuello. No supo por qué pero se veía extraño—, ¿contra quienes peleamos? ¿titanes? ¿humanos? ¿o tal vez él siempre fue el enemigo?

Su sueño terminaba ahí, y eventualmente, en los días posteriores se repetían una y otra vez. A veces cambiaban, otras veces eran diferentes. Con el tiempo, Jean fue olvidando lo que soñaba, pero la sensación de desasosiego nunca se iba ni tampoco la sensación de tener que dibujar a esa chica para recordar por siempre su rostro. Era muy curioso, no la conocía fuera de los sueños pero sentía una conexión bastante profunda e intensa. ¿Cómo podía ser eso posible si ni siquiera la conocía?

—¿Estás bien?—Connie le da un codazo, Jean asiente distraído—, te estuve hablando pero parecía que estabas metido en otras cosas.

—Sí… no es nada en realidad.

Jean miente, y él mismo lo sabe. Cada que recuerda ese primer sueño, algo en él se rompe. La mirada triste de esa chica, su rostro abatido y esa expresión vacía. Pero lo que más le llama la atención es la reacción que el Jean de ese sueño tuvo, una reacción bastante peculiar de proteger a esa chica. La desesperación de ese roce de pieles, todo en conjunto era bastante extraño.

—¿Escuchaste las noticias?—Connie limpia con un trapo parte de la cocina y lo voltea a ver—, están diciendo en la televisión que en Shiganshina diez personas murieron por una extraña gripe.

—¿Gripe?—Jean se levanta del piso y le quita el trapo a Connie para limpiar él—, bueno las gripes no son tan malas. Seguro escuchaste mal.

—No, mira—Connie sube el volumen de la televisión.

—Noticias de último minuto, en el distrito de Shiganshina han ocurrido eventos atípicos que han alarmado al Ministerio de Salud. La cifra actual de descensos es de 27 personas y se está tratando de averiguar cuál fue el origen de la propagación. Se presume que una gripe ha sido la causante de dichas muertes. De momento, los accesos a la ciudad están cerrados para evitar más contagios. Seguiremos informando… y en otras noticias hoy se presentará un eclipse lunar que podrá ser observado en el Instituto de Astronomía para…

Connie apaga la televisión y deja el control remoto sobre la mesa.

—¿Ya me crees? Aunque vaya, hace rato me pareció escuchar que dijeron que eran diez personas.

—Casi treinta personas. Es algo extraño.

Jean no se preocupa tanto por ese asunto del distrito Shiganshina ya que esa ciudad se encuentra a aproximadamente dieciocho horas en automóvil del distrito de Mitras, en donde él vive.

—Hambre, hambre…

Los dos chicos voltean hacia el sillón, ahí en donde Sasha yace echa un ovillo.

—Creo que alguien se enojará si no come—Connie alza sus cejas al tiempo que Jean cruza los brazos.

—Y no es la única. Tendríamos de comer si Sasha no se hubiera comido mi pizza y si esos hijos de puta no se hubieran atascado con todo lo que había en mi refrigerador.

—Supongo que tendré que…

—Nah, déjalo así. Yo voy. Sinceramente necesito estirar mis piernas y tomar aire fresco. Enseguida regreso.

Jean se pone un suéter delgado color café que encontró en su armario. Hacía unos días había revisado el pronóstico del tiempo y se auguraba que las temperatura sería de alrededor de 32ºC, pero según su celular están en 16ºC con pronóstico de lluvias.

Al salir a la calle se cerciora que los pronósticos no son errados. Utiliza la capucha de su suéter para protegerse del aire.

—Demonios, ¿qué no se supone que debería hacer calor?

Pero en cuanto Jean sale de su conjunto habitacional, después de saludar cortantemente al señor Brunz, se da cuenta que el ambiente huele extraño. Se asemeja mucho al carbón, o más bien a cuando se está asando una carne en un anafre. Inmediatamente su nariz comienza a arder, pero quiere creer que es solo la sensación del momento.

Conforme camina, se percata que una densa neblina cubre al ambiente. Las calles se ven vacías, incluso para la hora que es. No es como que aquello lo altere, pero sí logra que preste su atención en ese detalle.

El supermercado queda a unos cuantos minutos de su departamento, sin embargo, el transcurso es pesado. Las personas que llega a ver tienen un semblante sombrío, como de preocupación. Algunas más caminan deprisa, mientras que los pocos automóviles que están en circulación se mueven con rapidez.

Pero es justo una cuadra antes de que llegue al supermercado que se da cuenta de lo que realmente está pasando: una fila enorme de personas se encuentran ahí, muchas con bolsas grandes para surtirse de comida y otras más con mochilas grandes. Jean alza sus cejas, un tanto confundido. Se pregunta si acaso hoy habría rebajas o regalarían algo en el supermercado, pero descarta la posibilidad en cuanto escucha a un adolescente hablando con su madre acerca de que en otros establecimientos del distrito ya estaban los suministros de comida agotados.

—¡No puede ser!—la mujer ensancha sus ojos y trata de mostrarse fuerte. Sin embargo, sus manos la delatan—. No he sabido nada de tu tía Lorena, ni de tus abuelos. No responden. Dios… ¿se supone que hay un supermercado a unas cuadras más adelante no?

—Sí, mamá—responde el adolescente.

Tan concentrado está Jean en la conversación ajena que no se percata que a su lado alguien toca su hombro. Cuando se percata de eso voltea rápidamente y con un deje de tensión que disimula con una sonrisa débil.

—Hey, hola Jean—Marco, un compañero de la Universidad lo saluda extendiendo su mano—, ¿viniste por las compras de pánico?

Marco Bolt es un chico con el que comparte algunas clases, es un chico listo pero reservado. Jean le ha hablado en algunas ocasiones, pero nada más. No sabe porque pero cada que se acerca a él siente una profunda tristeza. Siempre ha querido ignorar ese hecho, pero no puede. Tal vez por ello prefiere guardar su distancia con él.

—¿Compras de pánico?—desde luego que sabe más o menos de que va el asunto, pero aún le cuesta trabajo asimilarlo. ¿Por qué todo el mundo quiere comprar cosas? ¿Qué es esa extraña sensación?

—¿No te has enterado?—Marco abre sus ojos ligeramente y frunce su ceño—, oh bueno, está en todos lados. Han filtrado fotografías por Facebook de cuerpos tirados en el distrito de Shiganshina, los servicios médicos no se dan abasto. Todo el mundo está perdiendo la cabeza por ello, pero en la televisión dicen que solo son 27 muertos o una cifra similar, pero créeme en las fotos se ven centenas de personas.

—Uh…—Jean mueve sus hombros, a su alrededor, los automóviles hacen fila para el estacionamiento. Otros conductores, incluso se bajan y se amontonan en la entrada del supermercado. Algunos más, se pelean con las personas cuyos carritos de mandado están repletos de víveres y agua—, parece ser que hoy será un día pesado.

—En realidad, fui a la plaza comercial que está por donde vivo ya que tenía pereza de cocinar pero ya no había absolutamente nada. He caminado y caminado, pero creo que ha sido más por morbo, y la situación es igual.

Marco iba a seguir hablando, pero Jean se despide de él apresuradamente y avanza entre las personas metiéndose en la fila. Eventualmente lo abuchean e incluso intentan golpearlo, pero él se las apaña para salir victorioso, o al menos parcialmente.

—Demonios, gente loca—murmura al tiempo que logra abrirse campo entre la multitud para entrar al supermercado.

Pero lo que ve frente a él lo deja impactado. Es como si estuviera en esas películas extranjeras en donde un apocalipsis se avecina. A diferencia de esas películas, en donde se muestran imágenes del terror y desespero de la gente, Jean siente que la narrativa y la descripción de esa ficción se queda corta. Basta con ver cómo las personas se pelean entre sí por una caja de cereales de 500 yenes**. Pero no es una pelea normal, sino una a muerte en donde incluso hay golpes severos de por medio.

Su mirada se desvía a otro grupo de personas, quienes toman lo primero que ven y lo guardan entre sus ropas. No importa si es caro o barato. Ni siquiera se fijan en lo que están agarrando realmente, siempre y cuando se atiborren de cosas.

Jean se queda en medio del pasillo, mirando en shock la escena que se desarrolla. Escucha los gritos de fondo, los reclamos a su alrededor y observa los golpes al frente suyo.

¿En serio esa es la civilización? ¿Esas son las personas cuando son sometidas a la presión del momento? A él le suena más como a una involución de la humanidad.

—¡Hey, quítate!

Un hombre mayor lo empuja, y Jean casi cae al suelo. Ni siquiera le da tiempo de responderle. Solo se detiene sobre un estante vacío que quizá alguna vez estuvo repleto de cereales. Se queda en esa posición durante algunos segundos realmente desconcertado. Se pellizca para cerciorarse de que no sea un mal sueño lo que está viviendo. Tal vez tanto alcohol le afectó. Pero no es así, no sucede nada después de pellizcarse. Le cuesta trabajo creer que hasta hacia unas horas, fue relativamente sencillo comprar litros y litros de alcohol, botanas y comida chatarra. Hasta ayer…

Su teléfono comienza a vibrar, y él responde.

—¿Bueno? Connie no te escucho nada, estoy en el supermercado. Dile a Sasha que no garantizo que vaya a comer hoy, sí, sí, no te escucho nada pero en un momento regreso.

Acto seguido cuelga. Camina entre los demás pasillos en busca de algo, para su suerte encuentra un cereal dietético y unas barras aplastadas. Las guarda en su suéter y sigue en busca de algo, eventualmente encuentra pedazos de galletas rotas, cereales tirados y algunas legumbres. No duda en tomarlas.

Su ética dicta que debería pagar por dichos artículos, pero basta con mirar cómo está la situación en la entrada: gente golpeándose, personas llorando, otros gritando.

Entre toda esa pelea, a Jean le parece ver que alguien saca un arma. Por instinto, lo primero que hace es apartarse de la multitud y esconderse. A los pocos segundos se escuchan los repetidos disparos. Ni la policía del supermercado ni las personas que están ahí pueden hacer algo. Un tipo armado, cuyo rostro está cubierto con una máscara blanca se abre paso y dispara a cuanta persona se le cruza en su camino. Jean apenas y lo puede creer, el sujeto no se toca el corazón y dispara a diestra y siniestra.

Se hace una revuelta en la entrada del supermercado, en donde la gente lucha por salir. Pero no todos tienen la misma suerte, unos caen y son aplastados. Mientras que otros son alcanzados por las balas.

¿Es ese el mundo real?

—Oye tú, si valoras tu vida muévete—un hombre, de unos cuarenta años empuja nuevamente a Jean y lo hace entrar en razón.

Jean sabe que debe vivir. No puede permitirse morir de esa estúpida manera, así que planea dirigirse hacia la salida trasera. Todos los supermercados tienen esa salida. Así que corre como si no hubiese un mañana. No mira hacia atrás. Recuerda esas películas en donde el protagonista indestructible evade las balas corriendo en zigzag. Eso hace, con una pésima y barata imitación que al menos le sirve para llegar hasta el final del camino. Ahí en donde algunas personas que no están enteradas del tiroteo que se suscitó en la entrada principal se encuentran.

Así que decide esconderse entre la multitud y salir de ahí cuanto antes.

Una vez que sale, se encuentra con el mismo caos, al menos en la zona del supermercado. Pero después de ahí, todo está en calma. Una calma bastante peculiar y tensa. Pronto, comienza a chispear y Jean decide apresurar el paso.

No tarda mucho en llegar al edificio en donde vive. El portero lo recibe con mala cara y le da el acceso, no sin antes cuestionarle algo:

—Oye Kirstein—pregunta el señor Brunz cuya edad es avanzada y tiene un bigote canoso—, ¿es cierto que todo está agotado en los centros comerciales o son solo chismes?

—Uh…—Jean no sabe que responder—, todo es cierto señor.

No escucha lo que el portero le dice, de hecho corre hacia las escaleras e inmediatamente llama a la puerta. Ahí dentro, Connie y Sasha lo reciben con cara de preocupación.

—¡Nos asustaste mucho Jean!—Sasha se lanza a abrazarlo, no sin antes esculcar su suéter—¡ehhh! ¿Qué es esto?

Barras y galletas aplastadas y sin etiqueta, y una caja pequeña de cereal que en otros tiempos debió haber visto mejores suertes.

—En casa aún tengo mucha comida—dice Sasha mientras abre una barra que parece ser de granola, sin mucho interés—, ¿qué les parece si se quedan en mi casa este fin de semana? Podríamos ver películas, y jugar monopolio como en los viejos tiempos.

Connie menea la cabeza.

—Realmente no suena a tan mala idea—Jean se deja caer en el sillón—, realmente no sé que ha ocurrido pero la gente ha entrado en crisis.

—Parece ser que eso de "la gripe" se ha vuelto un caos—explica Connie—han subido muchas fotografías a Facebook, incluso videos, y la situación en Shiganshina no se ve nada bien. Algunos dicen que podría tratarse de un virus mortal o una cosa así.

—Wuuuu, como en las películas—Sasha toma la segunda barra—entonces, ¿si se quedan en mi casa?

—Deja guardo algunas de mi cosas, y vamos.

Connie mira a Sasha, un tanto preocupado. Sin embargo ella se ve de lo más normal.

—Espero que tu padre no piense que somos mala influencia, como aquella vez…

—Esa vez fue porque tú organizaste una fiesta en mi departamento, no lo olvides Springer.

—¿Qué yo qué? No olvides Sasha que fuiste tú la que estuviste por dos semanas insistiendo que nunca habías tenido una fiesta sorpresa de cumpleaños.

—Pues sí pero…

—Ah, olvídalo.

Tanto Connie, como Sasha y Jean había nacido en el Distrito de Trost***, sin embargo por cuestiones de estudio se trasladaron a la capital, al Distrito de Mitras.

—Vamos—Jean interrumpe su pelea. Lleva consigo una mochila donde trae consigo algunas prendas de ropa, artículos de higiene personal y el cargador de su teléfono—realmente quiero solo dormir.

—Uh, lo dice el que durmió casi todo el día—Connie cruza sus brazos.

Los tres salen del conjunto habitacional de Jean y se dirigen hacia el metro, ya que es la vía de transporte más rápida hacia el departamento de Sasha, quien vive al norte de Jean.

Afuera, sigue cayendo una ligera brisa de lluvia.

—Tal vez tenga que ir a casa y recoger mis cosas—dice Connie, una vez que han ingresado al metro—me bajo en la estación María y después los alcanzo.

—Les prometo que tendremos mucha diversión chicos.

El metro se ve más lleno de lo normal, para ser sábado a las cuatro de la tarde. Jean siente una sensación extraña entre todas las personas, como si tuvieran miedo. Pero es algo más que no puede describir, algo que realmente está ahí presente.

El metro llega, y pocas personas descienden, ellos ingresan y toman asiento. Sasha tararea una canción, mientras que Connie revisa constantemente su celular.

—Parece que ya no existen memes ni nada en Facebook. Las personas solo comparten lo sucedido en el Distrito de Shiganshina.

—¿Tan grave es?—Connie le muestra su celular y Jean lo toma para observar las fotografías.

Ciertamente, cientos de personas están tiradas en el piso. Es como si hubieran caído muertas del cielo. Se observa como médicos encapuchados y totalmente cubiertos recogen a las personas y las suben en camillas. Una fotografía área muestra el tejado de lo que parece ser un hospital, en donde muchas personas están cubiertas con sabanas color blanco.

—Vaya…

—Pero las noticias dicen que solo han muerto hasta ahorita cincuenta y tres personas, ¿puedes creerlo? No sé tú, pero yo veo ahí más de trescientas personas. Son muchísimas.

—¿Crees que se trate de una simple gripe?—Jean se toma la barbilla con su mano y se acomoda en el asiento del metro—, todo parece muy sospechoso.

—La gente comenzó a preocuparse de más, por eso ahora han habido ataques a los supermercados. Ya ha salido en las noticias, incluso hay videos de los altercados—Connie sigue mirando a su celular—, ¡mira! Según esto, parece ser que "la gripe" comenzó hace una semana, pero hasta ahora fue que se dio a conocer lo sucedido.

—Hace unos diez años hubo un brote de influenza, AH1N1—dice de repente Jean—causó muerte y pánico. ¿Recuerdas?

Connie asiente.

—Recuerdo que no fuimos a la primaria como por dos semanas, y después de eso promovieron campañas de vacunación y medidas exageradas de higiene.

—Y no pude ir a la feria del ramen—se lamenta Sasha—¡cómo olvidarlo! Papá dijo "no podemos ir a la capital porque estamos en toque de queda" fue terrible.

Sin embargo, a pesar de la naturalidad y espontaneidad de Sasha, ninguno de ellos ríe. El metro sigue avanzando y hace paradas entre cada estación, más y más personas entran y menos salen.

—Ya te dije mamá que no hay nada, sí, sí, ya fui también a ese súper. ¡Qué no hay nada! Te juro que ya no hay nada—una chica de unos dieciséis años habla por teléfono. Jean nota que está desesperada, incluso tiembla—, sí, nos vemos al rato. Adiós. Sí, también te quiero.

—Hay mucha gente en el metro, ¿no?—Sasha mira con curiosidad a todos. Se les ve nerviosos—, ¿tú qué opinas Connie?

—Creo que es solo pánico, si hace diez años encontraron la cura para la influenza AH1N1 ahora lo deberían de hacer.

—Es verdad, y espero que así sea, dentro de una semana es el festival de Mare y quería realmente ir—Sasha hace un puchero—, tú… ¿me acompañarías Connie?

—¡Eh! ¿Yo por qué? Dile a Jean, él siempre te hace caso.

—¡Pero a él no le gusta la comida Marleyana! Dice que sus vinos y mariscos saben mal, pero obviamente Jean no es un hombre de cultura.

Jean mira de reojo a Sasha y solo suspira sin decir más. Una sensación de intranquilidad lo recorre, su sangre incluso se siente fría. Conforme pasan los minutos la tensión solo aumenta.

—Próxima estación, estación María—anuncia la grabación del metro.

Connie se levanta de su asiento y se despide de sus amigos.

—Enseguida los alcanzo, no tardo.

Jean quiere creer que así será. De diferencia, solo hay cinco estaciones entre la casa de Sasha y la de Connie. ¿Qué podría salir mal…?

Pero, ¿quién iba a predecir lo que sucedería después de ese día?


N/A ¡Hola tú! ¡Si tú! te agradezco mucho por haberte tomado el tiempo de leer. Significa un mundo entero para mí.

Antes de cualquier cosa quiero aclarar las acotaciones:

* Aquí en México se le conoce por "cruzar" (desconozco si en otros países sea así) cuando una persona combina diferentes alcoholes para tomar; por ejemplo que tome whisky y después ron y posteriormente vodka. Combinaciones bien locas que embriagan (cof cof, me lo contó el primo de un amigo).

** Estoy manejando la moneda de Japón para fines prácticos. Según el señor google, 500 yenes equivalen a 4.64 dólares estadounidenses.

*** Canónicamente, Jean vivió parte de su vida y nació en el Distrito Trost, no siendo así el caso de Sasha y Connie. Empero, para fines de esta historia los tres nacieron y crecieron en Trost.

Sin más, ¡me despido!

¡GRACIAS POR LEER!

Si les gustó la historia o tienen algún comentario, siempre será bien recibido con un review.

Blossom Lu.