Los personajes de Inuyasha pertenecen a la gran Rumiko, yo solo los tomó prestados para poder dar forma a la trama la cual si me pertenece. Todo sin lucro y solo con el afán de entretener. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia o una referencia.


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2. Bajo el Goshinboku.

Las gotas de lluvia mojaban el vidrio de las ventanas, el cielo estaba completamente negro y para hacer la noche más tenebrosa, se había ido la luz. Ese ambiente le recordaba aquel día, de eso ya habían pasado cinco años.

—¡Inuyasha!— se giró sobresaltado al escuchar la voz femenina y se topó con unos ojos canela—. Tienes mala cara ¿Viste un fantasma?

—¿Qué pasa?

—Tu atole— le ofreció la taza—. Estabas ido, no me escuchabas.

—Lo siento, ya sabes, no me gustan las tormentas.

—Si me dijeses la razón, podría ayudarte.

—Vamos a sentarnos en el sofá y ponte un suéter, recuerda que acabas de salir de un resfriado— le desesperaba verla vestir una pijama delgada en una noche fría.

—Ya me siento bien.

—Kagome has caso— la chica suspiró resignada, lo mejor era no alterarlo más, ya suficiente tenía con la lluvia, tomó el suéter de Inuyasha y se lo puso.

—Un día me lo tendrás que decir— se refería a su miedo a las tormentas.

Inuyasha nunca le había dado los detalles de aquella tarde, solo le dijo que su anterior novia murió en el mar, pero omitió mencionar que él tuvo la culpa.

—¿Lograste llamar a tu casa? — preguntó al ambos sentarse en el sofá.

—Sí, les dije que pasaría la noche aquí. Mamá dijo que estaba bien, no quiere que manejes bajo la lluvia como esta.

Habían ido al cine y de regreso, esa tormenta se desató, al ver que lo más cercano era su apartamento, Inuyasha decidió ir hacía allá. Era más seguro que manejar seguir manejando con ese clima.

—Me gusta cuando te quedas aquí— abrazó a Kagome, recargó su cabeza en su cuello y se quedó dormido.

—Descansa— le revolvió el cabello, detestaba que estuviese deprimido, sentía que hasta ahora, nada de lo que hacia por ayudarlo, funcionaba.


Kagome observaba desde su habitación al chico que iba al templo y se sentaba junto al Goshinboku por horas. Podía sentir que él tenía una gran pena. Recordaba muy bien el primer día que fue, oró en el santuario por largo rato y notó fácilmente que había estado llorando. Aquello se repitió por dos semanas, hasta que un día, se sentó bajo el Goshinboku y se quedó dormido. Luego de eso, visitaba el templo tres veces por semana, por lo general, en la tarde o al amanecer.

Impulsada por algo, salió a verlo, tal vez, necesitaba hablar con alguien.

¿Todo bien?— preguntó de forma amigable.

¿Qué?

Vienes casi todos los días.

Aquí me siento bien, el dolor es menos— respondió cabizbajo.

Perdiste a alguien— intuyó—. Yo también, no hace mucho, mi padre.

Lo siento.

Está bien, tienes razón en algo, aquí te llena de paz. Puedes quedarte el tiempo que necesites, si necesitas algo, llama a la puerta.

Inuyasha no respondió, solo observó como la chica azabache volvía a su casa. Volteo a ver el árbol, sentía que le susurraba algo y se sentía más tranquilo que otros días.

...

Dos meses después, el otoño llegó y aquella tarde era fría. A Kagome le sorprendía que el chico de ojos miel solo llegase un suéter rojo ¿No tenía frío? Se preparaba un té y cogió otra taza, le llevaría una.

Hace frío— le ofreció la taza—. Es de canela.

Gracias.

¿Puedo sentarme?— Inuyasha asintió—. ¿No tienes frío?

No.

¿Te das cuenta que ya no te quedas tanto tiempo?

¿Eh?

Al principio eran tres horas, luego una, y ahora es media hora o una, pero solo vienes un día o dos. Me alegra que ya te sientas mejor o que estés aprendiendo a vivir con ello.

¿Tu ya lo has hecho? Dijiste que perdiste a tu padre.

Sigo intentando hacerlo.

Inuyasha por primera vez volteo a ver a la muchacha, tenía unos grandes ojos color canela, su cabello era ondulado y negro.

¡Kagome!— el grito de una chica llamó la atención de ambos jóvenes, los dos conocían aquella voz—. Inuyasha ¿Qué haces aquí?— preguntó Sango con clara sorpresa, nunca esperó encontrarlo en el templo.

¿Se conocen?— Kagome observó a Sango y luego a Inuyasha.

Es amigo de Miroku y mío.

¡Oh! Inuyasha, Kagome, no sabía que se conocían, el mundo es tan pequeño— dijo Miroku al alcanzar a Sango.

¡Hija! No se queden afuera, pasen, preparé pan de frutas— llamó la señora Higurashi desde la entrada de la casa.

Yo, me voy... Gracias— Inuyasha devolvió la taza.

Podrías entrar— invitó, no quería que estuviese solo.

No lo creo, adiós.

Pero...

Déjalo— detuvo Miroku a su amiga—. Dale tiempo para que se acostumbre, cuando menos lo esperes, lo tendrás devorando la comida de tu casa.


Sábado por la mañana, Inuyasha había llegado a la hora del desayuno a casa de Kagome, la madre de la chica le tenía un cariño especial y le había preparado triple ración de Hot Cakes. Kagome siempre se había preguntado ¿Dónde le cabía tanta comida y como es que no engordaba?

Tres miembros de la familia salieron a atender las labores del templo, Kagome subió a su habitación e Inuyasha se quedó terminando el desayuno. Para cuando Kagome volvió, no quedaba comida en la mesa.

—¡Te acabaste todo!

—Estaba muy bueno, ¿Puedo tomar el licuado que queda? — la chica suspiró y asintió.

—Si no fuese por mi madre, te cobraría después de tu segunda ración.

—¿Vas a salir? — preguntó al verla con un bolso.

—Sí, al panteón.

—¿Puedo acompañarte?

—Por supuesto— estaba feliz y sorprendida, era la primera vez que Inuyasha le pedía eso—. ¿Puedo preguntar algo? Tu madre ¿Dónde está su tumba?

—En la cripta de la familia, en casa de mi padre.

—¿Cómo esta él?

—Bien, lo vi en la semana.

—Voy a decirle a mi mamá que vienes conmigo y nos vamos.

Kagome desearía que Inuyasha se abriese un poco más con ella, quería que le contase lo que le atormentaba. Comprendía que había cosas difíciles, apenas sabía que tenía un medio hermano y su padre vivía en un poblado lejos de la ciudad. Estaba segura que si compartía su tristeza, la carga sería menos.

...

La chica azabache observaba desde lejos a Inuyasha, antes de irse del panteón, el chico le había pedido un momento a solas frente a la tumba. Ella aceptó, pero al preguntar el motivo, él solo dijo "Es un secreto". Aquello le intrigaba de sobremanera, ¿Qué podría estar haciendo? ¿Por qué tanto misterio?

—Listo, podemos irnos.

—¿Me lo dirás?

—¿Qué cosa?

—Lo que fuiste hacer.

—Luego lo sabrás, vamos por una pizza, muero de hambre.


Miroku e Inuyasha comían en un puesto de ramen, o al menos Miroku era quien comía, Inuyasha solo revolvía los fideos. Desde hace días Miroku notaba preocupado a su amigo. Primero pensó que eran problemas en casa, pero al verle sin apetito, intuyó que eran problemas del corazón.

Tienes mala cara.

Creo que me gusta Kagome— soltó, necesitaba consejo y no conocía a nadie mejor que Miroku.

Eso es bueno— intentó no sonar alegre, lo que habían estado esperando, finalmente pasaba.

¡No lo es! No ha pasado ni un año desde que Kikyou murió, sigo pensado en Kikyou, la sigo queriendo.

Entonces no te mortifiques, Kagome te gusta y solo eso, no la quieres. Se te pasará, deja de verla un tiempo y...

No quiero eso— interrumpió—. Ella me hace sentir bien, el dolor de Kikyou se va, solo verla me pone feliz, cuando me sonríe es reconfortante.

A ti no solo te gusta... Tú estás enamorado.

Con Kikyou lo estaba y jamás sentí esto.

¿Lo estabas? ¿Seguro? — esperó un momento y no obtuvo respuesta—. Si vas a estar de indecisión, solo vas a herirla, no le des falsas ilusiones, deja de ir al templo. También podrías ir con tu padre, él pasó por algo similar.

Tal vez pudiese hace eso, pero no lo haría, no quería ver esa cara de pena y preocupación en su padre, además, en esos días, Sesshoumaru estaría con él y lo mejor era evitar un entrenamiento con su medio hermano.


Kagome ayudaba a Inuyasha con la limpieza del apartamento, aunque era pequeño y sin muchas cosas, Inuyasha siempre lograba hacer un desastre. Dejaba que la correspondencia se le juntase, la ropa la lavaba toda junta, trapeaba sin antes barrer, su despensa no era muy sana, demasiadas frituras; le sorprendía que los trastes los tuviese limpios.

—Inuyasha ¿Si usas los trastes o compras desechables?

—¿Por quién me tomas? Claro que los uso— contestó algo indignado.

—Es que me sorprende que sepas lavarlos— los revisaba y estaban muy limpios.

—Voy a tender mi ropa— dijo al escuchar que la lavadora se detuvo—. Cuando vuelva te vas a disculpar— su secreto era que la madre de la chica le estuvo enseñando, le tomaba bastante tiempo hacer una tarea sencilla, pero no quería dejarle todo a su novia.

Kagome separaba la correspondencia, cuando un sobre dirigido a ella le extrañó. No tenía remitente, solo su nombre. Lo abrió y sacó una hoja de periódico. El titular era "Joven sospechoso en la muerte de su novia", más abajo ponían "La llevó a una cita en el mar, en un día de tormenta y misteriosamente, solo él se salvó. Amigos cercanos a la victima dicen que el novio es violento, celoso y posesivo; ella lo iba a dejar y por eso él la mató.", había una foto de la ex de Inuyasha, era una mujer hermosa. Kagome volvió a ver el sobre y otro trozo de papel cayó "Novio asesino queda sin castigo por falta de pruebas", había una foto de Inuyasha en un funeral. ¿Eso era lo que él no le quería decir? ¿Era lo que ni Sango y Miroku le querían contar?

—Kagome ¿La bolsa azul es para el reciclaje o para...? — vio con terror la hoja que sostenía la chica—. ¿De dónde lo sacaste?

—Lo dejaron en el correo— respondió sin dejar de verlo—. ¿Inuyasha? — quería que le dijese la verdad.

—Es verdad, yo la mate— lo había confesado y con ello perdería a Kagome, después de todo ¿Qué chica cuerda permanecería a lado de un asesino?


01/11/2017

No sé que tengo con los capítulos cortos, ¿Tal vez porque asi les dejo en más intriga?