Disclaimer: Naruto no me pertenece.

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El beso de la muerte

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En el camino, las hijas de ambas familias empezaron a pensar en lo que podría pasar: Sakura sentía miedo, ella no quería casarse, ¡Apenas si tenía diecisiete años! Aunque su madre se había casado antes… ¡No! ¡Ella no quería eso! Bueno, sí quería casarse y tener una familia, pero ella quería escoger a su compañero, no que él la escogiese a ella.

"Sólo soy una mujer, ¿Qué podría hacer yo?" Pensó deprimida, quizás fuese mucho más inteligente que muchos hombres que conocía, pero ellos seguían mirándola en menos sólo por ser mujer.

Mientras que Ino pensaba en sus posibles pretendientes. ¿Akimichi, quizás? No, él era un amigo para ella… ¿Inuzuka? No, él tenía los ojos puestos en otra mujer, y ella ya lo sabía.

De cierta manera, le molestaba que, cuando entrase a la mansión, ella se convertiría en un objeto, un muy lindo objeto que luego sería enseñado a los demás como trofeo. Pero ella, a diferencia de su amiga de pelo rosa, ya estaba resignada. Pero eso no quitaba que fuese ella quien terminase eligiendo a su hombre, después de todo, más de uno se interesaría en ella, así que escogería.

Las dos jóvenes salieron de sus pensamientos al percatarse de que habían llegado.

Ambas familias se sorprendieron, y no era para menos. Los jardines estaban repletos de adornos color blanco, dispersados de una manera estratégica y elegante. Habían puesto enormes pedestales con velas blancas, iluminando el lugar. Realmente, la mansión se veía aún más mágica que de costumbre.

Las dos familias bajaron de sus respectivos carruajes –tratando de hacerlo de la manera más elegante posible-. Se percataron de que estaban llegando otras familias importantes, de entre ellas los Sabaku No; la hermana mayor traía un pomposo vestido verde oscuro y su curioso peinado de siempre… algunas mujeres pensaban que era bastante vulgar, mientras que su hermano Kankuro traía un traje completamente negro, y el menor vestía de color marrón.

También vieron a la medico del pueblo, la doctora Tsunade, quien portaba un vestido color gris que la hacía lucir aún más "grande". Venía acompañada por Jiraiya, el escritor pervertido del lugar y dueño del cabaret, él traía un traje rojizo.

La familia Yamanaka caminó a la puerta de entrada. Los Haruno les siguieron.

Les esperaba una gran y perfecta noche, ¿Verdad?

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Por fin había llegado a los territorios Hyuuga, odió la decoración, era demasiado… brillante. Se preguntó cómo haría para poder entrar. Habían dos personas controlando a quienes entraban a la fiesta. ¿Cómo lo haría?

"A ver… Podría darme la vuelta y ver si hay una puerta trasera" Ideó, pero se retractó inmediatamente, era bastante probable que también hubiesen dos humanos cuidando esa puerta. "¿Qué puedo hacer?" Por su mente empezaron a desfilar decenas de ideas para poder entrar disimuladamente. Ninguna le convenció.

"Estupidos Hyuuga paranoicos" Pensó enojado "¿Por qué demonios tanto control con los invitados?, ¿Acaso creen que va a venir un vampiro?" Rió para sus adentros por su último pensamiento, aunque, como siempre, su rostro se mantuvo serio.

Entonces, vio su boleto de entrada; La puerta de servicio.

Aunque, como todos los planes que había pensado con anterioridad, tenía un pequeño fallo; Su ropa. No pasaría por sirviente con ese traje tan formal.

Pero ese no sería un problema para él. Le quitaría la ropa a un tipo cualquiera y listo, problema resuelto. Se escondió tras unos frondosos arbustos que estaban relativamente cerca de la puerta de servicio. Sólo debía esperar a que alguien pasara.

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—Mira, Sakurita, allí viene el joven Lee — dijo la señora Haruno, con una sonrisa de oreja a oreja. Le hacía mucha ilusión que ese respetable –y adinerado- chico estuviese tan interesado en su hija. Aunque no era tan… agraciado.

—¡Hola señores Haruno! —Saludó Lee, tan alegre como siempre lo estaba. Le dio un apretón de manos al padre de Sakura como saludo, y besó la mano de la madre —Hola, flor de cerezo — saludó otra vez, esta vez dirigiéndose a la chica de pelo rosa quien se sonrojó ante el cumplido.

—H-Hola, joven Lee — correspondió al saludo tímidamente. Ese extraño chico le caía muy bien, era un gran amigo. El problema era que él quería, claramente, algo más que una amistad.

No pasó mucho antes de que se viese atrapada en una de las animadas conversaciones con el chico y su familia. Él decía que pronto el anfitrión, Hiashi Hyuuga, diría el motivo de la fiesta. La señora Haruno trató de sacarle alguna pista, pero Lee no le dijo nada, lo que provocó que la madre de Sakura empezara a imaginarse cientos de situaciones extrañas.

Pasados unos veinte minutos, empezó a sentirse observada. Supuso que era por la situación en la que se encontraba. O quizás alguien sí la estuviese observando de manera diferente… quizás…

—¡Sakurita! — Llamó su madre, algo preocupada.

—¿Qué pasa, madre?

—El joven Lee quiere preguntarte algo — dijo, con un extraño brillo en los ojos, era un tanto obvio que era lo que iba a preguntar. Y ella no podía estar más feliz de que alguien como él quisiese a su hija de esa manera.

Sakura empezó a sentirse angustiada, también sabía que le preguntarían.

—Sakura Haruno —comenzó Lee. Los ojos de la madre de la muchacha brillaron ilusionados— quisieras tú…

—¡Atención, por favor! El banquete ya está listo, si fuesen tan amables de pasar al comedor… — anunció un sirviente.

"Salvada por la campana" Sakura suspiró aliviada.

—Luego me pregunta, joven Lee — Dijo la joven, fingiendo desilusión. Pero su voz interna gritaba: "¡Sí! ¡Nos salvamos! ¡Esto es una señal!".

—¿Quiere sentarse con nosotros? — Ofreció el señor Haruno.

—No, no, aunque me gustaría mucho, no puedo. En otra ocasión, quizás… — respondió —. Espero verla luego, señorita Sakura, quiero hacerle la pregunta —Guiñó un ojo, sonrió –con un curioso brillo en la sonrisa- y luego se retiró.

La familia Haruno se dirigió al comedor.

La sala era enorme, sus paredes eran de un color durazno y en ellas habían elegantes cuadros colgados. Las baldosas eran de color anaranjado y tenían elegantes diseños, en los que se podían distinguir los trazos de unas rosas y algunas cruces. En el centro del cuarto, había una mesa gigantesca y ovalada, que estaba cubierta con un mantel amarillento sobre el cual estaban los platos, tenedores, copas y cuchillos.

Cuando todos los invitados estuvieron en sus respectivos asientos, entraron los sirvientes con la comida, la cual todos empezaron a degustar.

La incomoda sensación de sentirse observada atacó a Sakura otra vez. Podía sentir una penetrante mirada fija en su espalda.

Los sirvientes se retiraron, ignorantes del hecho de tener a un vampiro entre ellos. El plan de Sasuke había funcionado perfectamente.

Y ya había encontrado a su presa, ahora sólo debía esperar a que la estupida cena se terminase, ella saliese y… ¡listo! Usaría los encantos propios de su especie para atraerla a él. No era tan difícil, ¿Verdad?

Le había costado horrores controlarse con tanta sangre fresca a su alrededor, ¡Si hasta una cocinera se había cortado! Agradecía tener el autocontrol que tenía, y también agradecía el hecho de estar solo… no quería ni pensar que hubiese echo Naruto ante la situación.

"El muy idiota nos hubiera dejado al descubierto".

Esperaría afuera a que terminase la cena. Sólo tenía que sacarse la capa que le había quitado a ese sirviente, al que también había dejado seco. Después de todo, sólo se le permitía cazar humanos una vez cada dos meses, tenía que aprovecharlo.

Salió al jardín que, según él, tenía horrenda decoración y se quitó la capa, dejando a la vista su traje azul oscuro, otra vez.

Se sentó en una de las bancas blanquecinas del jardín, tendría que esperar, como mínimo, cuarenta minutos para que la cena se terminara. Los humanos eran tan lentos para alimentarse…

Se sumergió en sus pensamientos, siempre que lo hacía el tiempo pasaba más rápido para él.

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En la cena, todos los invitados conversaban alegremente sobre cosas triviales… aunque claro, no faltaron los adictos al trabajo que empezaron a hablar de ese tema. Cuando la cena llegó a su fin –luego de comer el postre- y todos los invitados estuvieron en el salón en donde estaban antes, el anfitrión, Hiashi Hyuuga, dijo que tenía un anuncio que hacer. Todos se preguntaron qué sería lo que diría ese serio hombre.

—Supongo se preguntaran el porqué he hecho ésta celebración —comenzó —. Ahora lo diré, quiero anunciar que mi sobrino, Neji Hyuuga, ha sido comprometido — Se escuchó un "¡Oh!" general. Realmente, nadie esperaba eso.

En uno de los asientos cercanos a la punta en donde se sentaban los Hyuuga, una joven de cabello marrón peinado en dos moñitos, apretó los puños y bajó la vista, triste. Su compañero, un joven con extrañas marcas rojas en sus mejillas, se percató de esto y la miró, preocupado.

—Pasa — pidió, hablando en dirección a la gran puerta que estaba a su derecha. Por allí entró una joven de unos diecisiete años, piel clara, cabello anaranjado oscuro y ojos verdes. Llevaba un pomposo vestido color rosa, con detalles en fucsia — Ella es Daijina Nanimo, próximamente, Daijina Hyuuga.

Los invitados aún no salían de su asombro. Nadie hubiese imaginado que el frío, callado y poco sociable Hyuuga fuese a casarse.

—La boda se celebrará en seis meses. Para que así Daijina pueda adaptarse al lugar — habló Hiashi, por tercera vez —. Ahora, sigamos con la fiesta — Los presentes, por fin, salieron de su asombro.

La música empezó a sonar, era una animada melodía. Varias parejas se pusieron a bailar al son de la música. Los vuelos de los pomposos vestidos se movían de un lado a otro, en conjunto a quienes los usaban.

"¡Corre, Sakura! Allí viene Lee, ¡No dejes que te pregunte lo que tú sabes! ¡Corre, pero ya!" Gritó la vocecilla interna de la chica de pelo rosa, moviendo las manos de manera desesperada por sobre su cabeza. Sakura, asustada por la reacción de su inner, se levantó de la silla en la que estaba sentada y se dirigió al jardín. No se percató de que un joven de cabellos negros y ropajes azules le miraba atentamente. El muchacho la siguió.

Al llegar a su destino, decidió sentarse en una de las bancas blancas que estaban allí. Se maravilló –otra vez- por la belleza de la decoración. Apretó sus puños enguantados por sobre su azulado vestido y apretó los labios fuertemente, haciendo que éstos sangraran un poco. Miró al cielo, esperando a que pasase una estrella fugaz para poder pedirle un deseo, y entonces... No paso nada. Pestañeó repetidas veces, tratando de contener su llanto. ¿Y quién no lloraría en su situación?

Mientras tanto, oculto tras uno de los enormes pilares, se encontraba el Uchiha, mirando a la chica, ¿Acaso ella estaba llorando?

"¡Que bien, otra que llora!" Pensó con sarcasmo. Odiaba cuando su comida lloraba.

Un caballero hubiese ido a donde la joven y hubiese tratado de consolarla… él sí era un caballero, sí, pero él era un caballero vampiro, que no era lo mismo. ¿Por qué deberían impórtale los sentimientos de la persona la a que mataría? De hecho, estaba perdiendo tiempo al pensar en esas cosas. Lo mejor sería darse prisa en lo que iba a hacer.

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En el interior de la mansión la celebración seguía normalmente; Lon invitados hablaban entre sí, algunos bailaban, mientras que otros estaban un poco ebrios.

Neji debía estar toda la fiesta junto a su prometida, Daijina, quien no dejaba de parlotear. Él se preguntaba cómo alguien no se cansaba de hablar tanto… Aunque estaba acostumbrado, su compañero, Lee, hablaba casi –casi- tanto como ella.

—Y es por eso… —Escuchó decir a su suave voz, en la cual se sentía la emoción.

Vio a lo lejos a su prima, Hinata, quien llevaba puesto una vestido amarillo. Esperó a que ella lo viese y, cuando ella le miró, la llamó haciendo una seña con su mano. La joven de ojos perlados era buena escuchando a las personas, si pudiese dejarla por unos minutos con su prometida…

—H-Hola, señorita Daijina, joven Neji —saludó la Hyuuga, tímidamente como siempre. Al ver la expresión en la cara de su primo, supo que éste lo único que quería era huir por unos minutos.

—¡Hola! —Saludó la chica de ojos verdes, muy animada— No me llames señorita, Daijina está bien, yo te llamaré Hinata, puedo llamarte Hinata, ¿Cierto, Hinata? — La Hyuuga le miró, extrañada.

—Sí.

—¡Bien! Ahora, yo te diré que… — empezó. Neji miró a Hinata, y ésta sólo asintió levemente.

—Vuelvo en unos minutos — dijo, para luego retirarse.

Caminó a través de la enorme sala, esquivando gente que bailaba animadamente. Al llegar a la puerta, vio algo que hizo que se sorprendiera como nunca –aunque claro, su rostro apenas sí lo demostró-, desde allí pudo ver a Tenten –su compañera-, bailando con un tipo a quien no reconoció, ¿Cómo podía ella estar bailando con alguien que no fuese él?

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Mientras que no muy lejos de donde estaba el Hyuuga, Lee buscaba a su querida flor de cerezo. Llevaba buscándola por quince minutos, y aún no la encontraba. Él se había propuesto proponerle matrimonio esa noche, pero parecía como si ella estuviese huyendo de él, cosa que hacía que se sintiese bastante triste.

A lo lejos pudo ver a la señora Haruno, quizá, ella supiese en donde estaba su hija. Se acercó a ella.

—Señora Haruno, ¿Sabe en dónde está Sakura? —Preguntó Lee.

—No, joven Lee, pero si la veo me encargare de decirle que usted la está buscando —Contestó preocupada. Ella pensaba que su hija estaba con ese joven.

Lee suspiró, frustrado. Quizá, el hecho de que no la encontrase era una señal del destino y… Sacudió la cabeza energéticamente. La junta con su compañero, Neji, estaba haciendo que pensase demasiado en el destino.

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Se acercó a su presa, a paso lento, ahora no tenía razón para darse prisa, con todos bailando dentro de la casa no tendría problemas. La joven de cabello rosa levanto su rostro y miró al hombre a que se le acercaba.

—H-Hola, señor — saludó ella, tímidamente. El hombre que tenía en frente la hacía sentir extraña, y a la vez, atraída.

—Hola — contestó él, con voz fría, como siempre era. Miró a la chica, quien ya estaba cayendo en sus encantos. Sonrió levemente, los humanos eran, la mayoría de las veces, presa fácil.

Él se acercó a la banca, dispuesto a tomar asiento. Ella, al ver lo que ese hombre quería hacer, se movió un poco, dejando espacio.

—¿Quién es usted? — Preguntó la Haruno. Tratando de recordar si es que le conocía.

—Soy… un cazador — Sonrió para sus adentros, luego de decir eso, él siempre empezaba a comer. Era rutina.

Ella le miró, sorprendida, ¿Cazador?

—¿Cazador? Y qué es lo que… — Se detuvo antes de terminar. Anonadada, observo como el joven que tenía a su lado empezaba a acercarse peligrosamente a ella. Quería alejarlo, pero… Por algún extraño motivo, no podía.

Él continuó acercándose, de manera lenta, cosa que desesperaba a Sakura. Se detuvo a unos centímetros de los labios de la joven, como siempre hacia con sus presas. Olió la leve fragancia de la sangre que manchaba la boca de la chica, deleitándose con el aroma que, aunque demasiado empalagoso, hacía que sus colmillos crecieran. Finalmente, cortó por completo la distancia que los separaba.

El primer beso de Sakura, sería probablemente el último.

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¡Perdón! Sí, yo sé que debería haber actualizado hace mucho –bastante, mejor dicho-, pero es que me puse a ver anime, y luego se me junto con "la semana previa al liceo" y no pude y todo eso… ¡Entiéndanme! ;-;

Ahora, pasando al fic… ¿Qué tal me quedo el primer cap? Espero que bien…

Si recuerdo bien, respondí a los review con la opción de responder reviews (xDD), pero, vuelvo a dar las gracias a quienes dejar review y leen… ¡Gracias!

Para la que pidió lemmon… lo siento, pero no. ¡Apenas si tengo 14! Además, lo encuentro innecesario.

En fin… ¿Review? *-*

-. Pame Chan xP Fuera .-