Advertencia de Spoilers: Este fanfic está basado en el manga Lost Canvas, lee bajo tu propio riesgo.

Por cierto, el fic lo escribí antes de que terminara el LC así que no se sorprendan con las incoherencias que puede haber con respecto a ese manga.

Disclaimer: Si yo fuera dueña de Saint Seiya los dorados no habrían muerto y los de bronce NO serían los héroes bajo ninguna circunstancia.

Capítulo 2: Cosmos

Athena llevaba casi un mes en el santuario y ya había conocido un poco más a cada uno de sus santos. Desde el melancólico Albafika hasta el siempre animado Aldebarán, y sin embargo hacia ya mucho que había visto por última vez a Asmita, y siempre era en ocasiones formales que lo hacían ver como el serio e insensible caballero de oro que todos creían que era. Athena dejó de escribir unos segundos y observó por la ventana de la biblioteca, desde allí podía ver todas las doce casas, y tenía una buena vista del templo de Virgo, bajó la pluma y apoyó los codos en la mesa y el rostro en las manos, pensativa. Había pasado casi un mes desde que prometiera que iría a verlo de nuevo y aún no lo había hecho, no que no quisiera, pero es que tenía toneladas de cosas por hacer y además debía pedir permiso a su patriarca y no tenía idea de cómo podría convencerlo…

– Buenas tardes princesa– saludó Sage al acercarse a ella– ¿Ya ha terminado sus deberes?– preguntó amablemente. El siempre era amable con ella, aunque muy exigente y no cedía con facilidad ante nada, ni siquiera ante ella, convencido como estaba de que sabía lo que era mejor… Athena respiró profundamente y colocando una sonrisa en su rostro volteó a saludarlo.

– Buenas tardes Sage, aún no he terminado, me estoy dando un breve descanso nada más– contestó ella y luego se desperezó sintiendo el cansancio de haber estado todo el día escribiendo y estudiando. Sage se sentó frente a ella, no llevaba ni el casco ni la máscara y Sasha notó como las líneas de preocupación en su rostro delataban su avanzada edad.

– Sabe Athena, hasta ahora usted ha ocupado su tiempo entrenando su cuerpo para la batalla y adquiriendo los conocimientos de un gobernante y de un estratega y he notado que aún no hemos discutido como hará para practicar su uso del cosmos…– dijo Sage mirándola con seriedad y reprochándose a si mismo haber olvidado que Athena también debía entrenar en uso de cosmos.

– ¿Cosmos?– preguntó ella, ya había escuchado esa palabra en múltiples ocasiones durante el último mes pero no estaba segura de entender su significado.

– Si, el cosmos, la energía restante del Bigbang que se encuentra dentro de todos los seres vivos. Esta es la energía que los Santos y los Dioses utilizan en la batalla– contestó Sage. Sasha lo observó pensativa.

– ¿Y yo debo aprender a dominarla verdad?– Sage asintió

– No sólo a dominarla sino que también debe aprender a llegar más allá de su esencia humana… bueno, deberé buscar un maestro que le explique sobre este asunto…– Sasha sonrió, viendo la oportunidad que se le presentaba.

– ¿Y si me enseña Asmita de Virgo?– preguntó ella con su mejor cara de "yo no rompí nada" Sage la miró algo intrigado

– ¿Asmita de Virgo?– preguntó extrañado de que Athena le hubiera hecho esa sugerencia.

– Si, quiero decir, me parece que he oído decir que es el Dorado con mejor dominio y conocimiento del cosmos… así que creo que el podría ser mi maestro en ése tema – insistió Athena, aunque se aseguraba de controlar su emoción ante la idea y parecer meramente práctica.

Sage cruzó los brazos y adoptó una pose pensativa, Athena tiene razón, Asmita es el mejor en el tema, el problema… miró de reojo a la princesa, …es que Asmita no es el santo más leal que existe en la orden, si bien obedece todas las órdenes y jamás atacaría a la diosa, lo cierto es que tiene ideas que van en contra de todo lo que predicamos, no posee tanta fe en la diosa como los demás santos y… volvió a observar a la joven diosa que lo observaba expectante, sus ojos ya casi completamente grises, apenas un matiz verde era lo que restaba de su antiguo color esmeralda. Ella lo miró preocupada

– ¿Que pasa? ¿Asmita acaso no es el más adecuado para ser mi maestro?– preguntó ella con el ceño levemente fruncido. Sage negó levemente.

– No es tan adecuado como quisiera, aunque parece ser el único que podría enseñarle algo a usted– suspiro– bien, hablaré con el hoy y si todo sale bien, mañana por la tarde bajará a Virgo a tomar su nueva lección.

– Bien, entonces continuaré con lo que estaba haciendo, a no ser que haya algún otro asunto del que me quieras hablar– contestó ella con una dulce sonrisa dedicada a su querido patriarca, el padre que nunca tuvo. Sage correspondió con una sonrisa propia y negó de nuevo.

– Nos vemos luego princesa.

– …Así pues te encomiendo la misión de guiar los pasos de la princesa Athena en el uso del cosmos– terminó el patriarca mientras, desde su trono, observaba al arrodillado santo de Virgo, quien permanecía completamente imperturbable, tal y como era usual en el. El resto de los caballeros de oro presentes en el santuario, siete aparte de Asmita, observaban la escena a ambos lados de la alfombra roja que atravesaba el salón con distintas expresiones en el rostro.

– Me siento honrado de que se me haya escogido para esta misión y procuraré estar a la altura de ella– contestó el Caballero de Virgo inclinándose sumisamente.

– Bien, mañana por la tarde Athena bajará hasta Virgo, confío en que estará igual de protegida que si estuviera en el templo principal– agregó el patriarca, esta vez mirando al resto de los santos congregados en el salón. Todos dieron su acuerdo, algunos más renuentemente que otros…

Poco después los caballeros de oro fueron saliendo del salón…

– Asmita de Virgo…– Asmita se detuvo a la salida del templo principal y volteó levemente hacia la voz, sólo para demostrar su atención, porque poco sentido tenía para alguien que no podía ver el voltear hacia alguien. Todos los caballeros interrumpieron sus conversaciones o sus pasos para presenciar el intercambio.

– Aldebarán de Tauro…– contestó Asmita reconociendo la voz y levantando levemente una ceja, era algo predecible, Aldebarán de Tauro era uno de los pocos santos que no ocultaban su desconfianza, incluso desprecio, hacia el santo de Virgo.

– Asmita, más te vale que cuides a la princesa con tu vida, porque si llega a pasarle algo…– Tauro dejó la implícita amenaza en el aire, Asmita asintió levemente y volvió a ponerse en marcha, pero se detuvo antes de dar un paso cuando Aldebarán volvió a hablar.

– Asmita… estoy hablando en serio– volvió a decir el Caballero de Tauro al percibir la ligereza con la que Virgo tomaba sus palabras. Asmita volteó hasta quedar frente a frente con Aldebarán.

– Soy conciente de eso Aldebarán, y usted haría bien en recordar que hay una razón por la que me viste el ropaje sagrado de Virgo, después de todo yo también he hecho un juramento y, más allá de mis opiniones personales, cumpliré ése juramento a cualquier precio, incluso con mi vida… También debería recordar que ni siquiera nosotros, los caballeros de oro, podemos proteger a la niña Athena de sí misma. – terminando de hablar Asmita giró sobre sus talones y salió del templo con su elegante andar.

– ¿¡Tu sabes algo no es verdad!?– exclamó Tauro entrecerrando los ojos peligrosamente. Virgo se detuvo medio segundo, pero continuó su marcha como si no lo hubiera escuchado.

Aldebarán también volteó dirigiéndose al interior del Templo.

– Aldebarán…

– Ahora no, Dohko, debo hablar con su excelencia– Dohko suspiró

– Aquí vamos de nuevo– murmuró apesadumbrado. Manigoldo soltó una leve carcajada.

– Bueno, eso fue entretenido– dijo al aire y despidiéndose de sus compañeros salió en dirección a su templo, seguido por los demás santos…

Al día siguiente Athena salió con calma del templo principal, esta vez no llevaba a Niké en sus manos y de hecho estaba vestida con ropa de hombre. Sasha soltó una risita al recordar la cara de Sage cuando la vio vestida así y su expresión agria cuando le explicó que se sentía más cómoda vistiendo esa ropa, por supuesto Sage no sabía que desde pequeña ella siempre había peleado de tu a tu con los niños del barrio pobre de su ciudad, a veces haciendo equipo con Tenma, a veces sola, pero hasta el día de su partida había permanecido invicta… Bajó los escalones de dos en dos hasta Sagitario, donde se entretuvo un par de minutos para saludar a Sísifo y a su alumno Yato y continuó camino, sin detenerse hasta llegar a Virgo.

– Buenas tardes princesa– saludó Asmita con una leve reverencia. Sasha sonrió divertida.

– Buenas tardes Asmita, y ahora si tengo permiso para estar aquí – contestó con una risita traviesa escapando de sus labios. Asmita asintió.

– Si, imaginaba que un plan semejante sólo podía ser obra de la diosa de la estrategia y el ingenio. Sin embargo, no está aquí para vagabundear sino para entrenar, si me acompaña…– Sasha lo siguió hasta que llegaron a un costado del templo donde dos enormes puertas les franqueaban el paso. Asmita las abrió y Athena se quedó boquiabierta, el jardín le había quitado el aire, y ella que había creído que las rosas de Arbafika eran hermosas, entonces notó que Asmita se alejaba en dirección a dos árboles iguales uno al otro, los únicos árboles en todo el jardín. Sasha lo siguió a paso rápido, procurando no pisotear demasiado las flores del suelo.

Al llegar donde Asmita, lo encontró sentado en posición de loto y lo imitó mientras su mirada se dirigía interesada en todas direcciones.

– ¿Qué es este lugar? Nunca me imaginé que habría semejante jardín junto a Virgo.

– Este es el jardín de los Salas Gemelos– contestó Asmita mientras se relajaba poco a poco y dejaba que la princesa percibiera también el arrullo de su cosmos.

– Es muy hermoso– contestó ella, ya más sosegada de su excitación inicial.

– Athena, cierre los ojos– ella obedeció, aunque la curiosidad respecto a lo que iban a hacer la carcomía. – Ahora relájese y aleje todos los pensamientos y emociones de usted.

– ¿¡Qué!?– soltó Sasha sin poder evitarlo y mirándolo como si le acabara de pedir que cruzara el Pacífico a nado. Asmita frunció el ceño y luego negó con la cabeza, esto iba a ser más difícil de lo que esperaba, aun cuando la niña ya había encendido su cosmos al menos una vez que el supiera. Entonces dirigió su rostro hacia el vasto jardín.

– Athena, ¿que ve cuando observa el jardín?– preguntó Asmita descolocando a Sasha, quien la miraba extrañada, entonces se resignó y observo el jardín varios segundos.

– Veo… ah… muchas flores y plantas, veo los Salas Gemelos, veo la luz del Sol iluminándolo todo… um… – volteó a mirar a Asmita y notó que este negaba con la cabeza.

– No Athena, usted no está "viendo" realmente, esto no es la realidad– contestó Asmita tranquilo pese a percibir la agitación de Athena.– Hasta ahora, usted ha percibido lo que cree es la realidad a través de sus cinco sentidos, gusto, vista, olfato, tacto y oído y ha analizado esta información con su sexto sentido, el pensamiento o intuición. Sin embargo, nosotros que poseemos el manejo del cosmos no percibimos la realidad a través de estos sentidos sino a través del séptimo sentido, un sentido que sólo han alcanzado los santos más fuertes y los dioses. ¿Comprende lo que digo Athena?

– Si, pero según lo que entendí, antes de obtener el séptimo sentido ¿no debería aprender a manejar el cosmos?– preguntó mientras lo observaba con una nueva fascinación, ahora entendía porque lo llamaban el hombre más cercano a Dios, aún entre los dorados que eran considerados semi-dioses Asmita de Virgo era prácticamente inalcanzable, o al menos eso era lo que Sísifo le había explicado hace algún tiempo.

– Es todo cuestión de perspectiva, a los santos se nos enseña primero a utilizar nuestros cuerpos como armas, luego se nos enseña el uso de cosmos y luego a los dorados se nos enseña a superar nuestros límites humanos y alcanzar un nuevo nivel, el nivel del séptimo sentido, sin embargo después de meditarlo, he llegado a la conclusión de que para usted es mejor que el control de cosmos y el alcance del séptimo sentido se aprendan al mismo tiempo– volvió a explicar y luego sonrió– además usted ya ha utilizado su cosmos antes en una ocasión.– Sasha tenía los ojos muy abiertos y estaba completamente inclinada hacia el, colgada a cada palabra que salía de su boca.

– ¿De verdad?– preguntó con suavidad. Asmita asintió.

– Si, un día en que en vez de estar en cama decidió salir a "explorar"– Athena se sonrojó vivamente y se sentó con la espalda recta nuevamente.

– Comencemos de nuevo, ¿le parece? – preguntó Asmita– Cierre los ojos e intente vaciar su mente de todo pensamiento y sentimiento…– Athena cerró los ojos pero tuvo muchos problemas para llevar a cabo la segunda petición, tal y como Asmita pensó que ocurriría.

– Inhale profundo y exhale, imagínese que se encuentra en una pradera verde infinita y que encima suyo hay un cielo nocturno cubierto de estrellas, las estrellas la están llamando y usted sube a su encuentro, pero mientras más sube hay cada vez más estrellas, cada una más bella que la anterior, estrellas que la llaman y usted desea subir, alcanzarlas, hasta que siente a su alrededor el vacío del universo, la perfección de la nada…– su voz se fue apagando al notar como la niña Athena se serenaba por completo y entraba en trance, sonrió para sí al sentir el cosmos de la niña encendiéndose por si solo, latiendo al compás de su corazón, inmenso, cálido y reconfortante, el cosmos de la diosa Athena.

Asmita comenzó a meditar el también, buscando la conciencia de Athena en el plano astral, finalmente la encontró, flotando sin rumbo y demasiado concentrada en lo que sentía para "ver" realmente, la conciencia de Asmita se acercó e intentó guiar a Athena hacia otro nivel de concentración, pero en el momento en que ambas conciencias se tocaron Athena se sorprendió y regresó violentamente a su propio cuerpo.

Cuando Asmita descendió de nuevo, de manera mucho más lenta y controlada que el vertiginoso descenso de la diosa, se encontró con la niña respirando con dificultad y bastante alterada…

– ¿Qué… qué fue lo que…– preguntó ella intentando recuperar el aire. Asmita reflexionaba sobre lo que acababa de suceder.

– Usted… no estaba esperando mi presencia allí, ¿no es así?– Sasha respiró profundo, tranquilizándose.

– No, no la esperaba– entonces frunció el ceño– sentí algo que me empujaba hacia un lugar desconocido– Asmita asintió.

– Si, ése fui yo. Deseaba guiarla hacia otro nivel del plano en el que nos encontrábamos. Sin embargo sólo fue un empujoncito y usted reaccionó muy violentamente… No debe preocuparse por nada, aquí no hay peligro que pueda alcanzarla.

Athena hizo un puchero y volteó a mirar el jardín.

– Eso es más fácil decirlo que hacerlo…– murmuró un poco enojada por la insensibilidad de Asmita. Asmita percibió su enojo, no por nada era el hombre más cercano a un Dios.

– ¿Hay algo que le preocupe Athena?

– ¡No me preocupa nada!– le espetó ¿Cómo se atrevía a decirle que ella tenía miedo el muy…? Entonces bufó aún más molesta que antes. Asmita suspiró y negó con la cabeza.

– Creo… que sería recomendable que a partir de ahora procure meditar un poco antes de dormir…– Athena lo miró con una ceja levantada – No será gran cosa, sólo que respire profundo e intente realizar de nuevo el ejercicio que hicimos ahora… bueno ya han pasado casi tres horas desde su llegada, será mejor que regrese al Templo del Patriarca

Sasha se levantó y sacudió sus pantalones, hizo una mueca pues tenía las piernas adormecidas.

– Y por cierto princesa, debe aprender a confiar más en sus santos. Sé que hay algo que le preocupa, no le voy a preguntar qué, pero...

– La confianza se gana Santo de Virgo– le interrumpió Athena. Asmita se detuvo y el silencio reinó por varios segundos.

– Como diga. Disculpe mi insolencia, que tenga buenas noches.– contestó Asmita inclinándose levemente, Athena asintió y abandonó el jardín y la casa de Virgo, de vuelta al templo principal.