Capítulo II

Justamente hoy era el funeral, ya había pasado al menos un par de horas y ya había preparado todo… Sinceramente, pensé que sería el tipo de persona que se muestra calmada en un funeral, pensé que podía controlarme… ¡¿Pero por qué no puede ser así?! De tan solo acercarme… se me había puesto la piel de gallina, la primera vez que me pasaba algo como eso. ¿Sorprendente, no?

Kiku se me acercó y puso una mano en mi hombro, trataba de reconfortarme, de hecho, me ayudo un poco a calmarme, Feliciano en ese momento se me acercó, me tomo de la mano y le dio un gentil apretón, en ese momento, me destroce… No era porque el italiano al fin se me acercaba de nuevo, si no que… Todo hubiese sido evitado si no lo hubiera conocido, si no hubiera formado una alianza con él.—¿Puedes dejarme tranquilo? ¿No es suficiente lo que paso?—pregunté algo cortante con el contrario, sabía que no debía causar un problema, pero… Verlo ahí, ¡Eso era descaro de parte del castaño!

—También era amigo de Gilbert, y tienes que tranquilizarte, Veee…—contestó mientras me observaba seriamente, de esas miradas que te asuntan porque nunca habías conocido esa parte de la persona que pensabas que conocías perfectamente. Kiku se metió esta vez, y le pidió a Feliciano que esperara un tiempo, luego se daría el momento en el que pudiéramos volver a ser los mismos de antes… En ese instante, miré al japonés y negué un par de veces con la cabeza. ¡Nada sería lo mismo! Es decir, se equivocaba, ¿Cómo podría ser el mismo que se preocupaba con el orden y limpieza excesiva? No podía hacerlo… No sin los ánimos que mi hermano me daba, él siempre me quiso ayudar, él siempre me amo… Pero yo solo estaba interesado en un italiano, sabiendo la fama que se les daba de "los mejores amantes del mundo".

—No digas esas cosas, Honda. Necesito hablar contigo, quiero que me hagas un favor.—dije eso mientras le tomaba del brazo y lo halaba hacía afuera de la funeraria, lo había estado pensando y tal vez no era algo que se podría hacer… Pero, ¿Las locuras no fueron siempre una ridiculez al principio? Todas y cada una de ellas empezaban con cosas absurdas, pero… ¡Funcionaban! Quizá en esto caso también podía ser lo mismo, porque… Japón tenía tecnología avanzada.

El japonés no había puesto resistencia, pero estaba sacado de onda por la forma en la que lo había arrastrado, cualquiera reaccionaría así, supongo. Como sea, este me miro por unos momentos y suspiro.—¿De qué se trata, Ludwig-san?—me preguntó como siempre calmado… ¿Por qué siempre actuaba así? Esas eran una de las razones por la que desconfiaba del asiático.—Necesito que me ayudes a devolver el tiempo, no sé… Necesito una máquina del tiempo, sé que se escucha ridículo… Pero, necesito evitar todo esto, necesito evitar que conozca a Italia o al menos evitar enamorarme de ese idiota.—contesté, este se me quedo mirando por un minuto… Esa mirada del contrario simplemente parecía que reiría en cualquier momento… No lo sé, o probablemente pensaba en como suavizar el golpe cuando me diga que no podía hacerla o que tardaría un tiempo muy largo para tenerla lista.

—Estoy trabajando en un prototipo, más sin embargo… ¿Estás seguro que quieres cambiar la historia? No sabemos qué consecuencias puede haber en el futuro que tenemos ahora.—contestó seriamente, al parecer yo me había equivocado, pero, escuchar sobre las consecuencias me hizo estremecer, tal vez algo malo pasaría, tal vez… ¡Pero eso lo valía mi hermano! Un futuro donde por lo menos lo tengo de vuelta, donde sé que él me apoyara. Así que asentí, no me importaban las consecuencias que pasaran, le tome de la mano en un apretón, era un trato.—Podré vivir con ello, Kiku, cuando la tengas lista, solo házmelo saber, por favor.—y ahí finalizo esta corta charla que tuvimos.

Después de un par de semanas, Kiku llamo, me dijo que ya estaba listo todo, que enviaría a alguien de confianza por mi… ¿Alguien de confianza? Ojalá no era lo que me imaginaba que era… Porque si lo era… No me contendré. Si, la puerta sonó un par de veces después de un "Veee~ Ludwig", me envió al italiano… ¿No pudo haber enviado a alguien que supiera conducir sin querer matarte? Baje de la planta alta y me dirigí a abrir la puerta principal, cuando llegué, quité el seguro y Feliciano entro como perro por su casa, como si nada pasara, se me lanzó encima, yo simplemente le abrace, no sé, porque me sentí bien en ese momento… ¿Tal vez la costumbre de siempre andar dándole todo lo que quisiera al contrario, desde un abrazo a una noche entera de roces, besos, placer…? Todo. Ya era un reflejo hacer eso.

—Veee~ ¿Ya no estás molesto conmigo, Ludwig?—preguntó el castaño, yo no sabía que responder exactamente, todavía sentía algo por ese maldito… Ugh, todo era tan confuso, estaba dudando en hacer lo que haría… ¡No, no podía dudar! El italiano me había abandonado, solo éramos conocidos, nada más que eso. No le contesté, no tenía lo suficiente para decir que "No, no estoy molesto contigo, si no que… Con todo lo que pasa"… No podía decirlo sin que al contrario le afectara, porque, lo conocía, conocía sus reacciones y su manera en las que mostraba cada una de ellas.—Vamos, Kiku nos espera.—dije al final, este simplemente se retiró de encima y asintió, era cierto, el japonés le había pedido de favor de llevarme, él tenía la obligación de hacerlo.

Así fue, como lo había pensado, fue un terrible viaje en automóvil… ¡Nunca volveré a dejar que Feliciano tome el…! Ya no lo conocería… Recordé que mi misión en sí, era evitar conocerlo, suponía que Kiku ya tendría todo listo, solo faltaba yo y lograría viajar en el tiempo.

Solo un minuto más.