Ya saben los personajes y la mitad de la historia no es mia es de J.K Rowling


Luego de que todos quedaran sin decir ni una palabra, el profesor Dumbledore miró a cada uno de los recién llegados detenidamente.

-¿Serian tan amables de decirnos quienes son ustedes? – Preguntó mirándolo a los chicos que recién habían podido recuperar el habla-

-B...ue...n... – Tartamudeaba el joven que tenía un gran parecido a los Potter-

Todos tenían la vista fija en cada uno de sus familiares, Solamente una de las chicas pudo recuperarse para contestar.

-Yo soy Hermionie Granger – Se presentó educadamente pero con un poco de miedo reflejado en su voz, los chicos al escucharla, se recuperaron y con la mirada fija en cada uno hablaron con voz temblorosa-

-Y...o...so...y – El chico miraba fijamente a los Longbottom con una mirada que reflejaba amor puro, sacudió su cabeza y habló- Yo soy Neville Longbottom

Alice casi se cae de su silla al escuchar su apellido y Frank por un segundo logro aguantarla aunque tenían una mirada llena de sorpresa y miedo.

-¡Esto tiene que ser mentira, tú no puedes ser mi hijo, yo te tengo aquí! – Dijo Alice señalando su vientre bastante crecido con sus ojos llenos de lagrimas y sus manos temblando como nunca, tenía el mismo tiempo que Lily Potter- ¡Quiero saber que está pasando! –Dijo alterada respirando agitadamente-

- Tranquila Alice aquí debe de haber una explicación para todo esto –Intentó calmarla Frank sin quitarle la mirada a Neville, que estaba preocupado por su madre, quería acercarse pero decidió que era mejor quedarse donde estaba y no asustarla mas-

- Tranquilícese señora Longbottom pronto sabremos si es cierto que este joven es su hijo o no – Dijo Dumbledore intentando tranquilizarla y luego miró a los demás muchachos que no habían hablado- ¿Y ustedes jóvenes? –Preguntó con educación-

Los chicos pelirrojos miraron al ojiverde y como vieron que no se iba a mover por un rato decidieron hablar ellos, dieron un paso al frente un poco temblorosos pero hablaron con voz firme.

- Yo soy Ron Weasley – Respondió el chico mirando fijamente a los Weasley que habían quedado como petrificados en sus asientos-

- Y yo soy Ginevra – Los miró sabiendo que no le iban a creer como le paso a Neville ya que no había nacido una mujer en varias generaciones en su familia- Weasley – Termino diciendo casi en un susurro pero como quiera los demás la escucharon, tanto así que los señores Weasley dieron un brinco y un grito de sorpresa por lo que oyeron-

- ¡ESO ES MENTIRA! ¡NO HA HABIDO UNA MUJER EN MI FAMILIA EN GENERACIONES DEBEN DE ESTAR MINTIENDO! – Gritó la señora Weasley, Arthur por su parte estaba tan sorprendido que no se levanto de su silla mirando fijamente a sus dos supuestos hijos pensando que eso era una locura-

Ron abrazo a Ginny que había pegado un salto escuchando el grito de su madre, Harry por su parte no prestaba atención a nada mirando detenidamente a varias personas en esa sala, como si estuviera sincronizado, miraba a sus padres, a Sirius, Lupin, Dumbledore y Snape seguidamente. Hermione al verlo le dio un pequeño codazo en sus costillas y despertó de su letargo aclarándose la garganta y hablando con la voz más temblorosa que sus amigos.

- Y...o...yo... – Casi ni podía hablar mirándolos alternativamente- M...i...no...mbr..e.. – No le salían las palabras, tenía un nudo en la garganta aguantando las ganas de llorar. Todos se fijaron en eso, los mayores lo miraban extrañados y sus amigos lo miraron con compasión entendiéndolo-

- ¿Eres tartamudo chico? – Preguntó Sirius logrando que así se librara un poco la tención del momento-

- Déjalo terminar de hablar Black no vez que está nervioso – Le contesto la profesora Mcgonagall mirándolo furiosamente-

- Perdón Minnie es que no lo escucha, tartamudea demasiado – Rió por lo bajo Sirius ganándose un azote en su cabeza de parte de James-

- Déjalo hablar Padfoot – Dijo seriamente James, algo raro en el-

Harry miraba todo lo que pasaba entre ellos, con varios sentimientos encontrados, alegría, tristeza, dolor, no sabía si salir corriendo hacia sus padres muertos desde hace 17 años o simplemente salir corriendo de la sala llorando como hace tiempo no lo hacía. Decidió que lo mejor era seguir hacia adelante y ver de qué se trataba toda esta pesadilla, de un momento estaba en su sala común con sus amigos y otro se encontraba delante de todos los que creía muerto. Si era una pesadilla, no quería despertar jamás.

- No, no soy tartamudo Sirius – Respondió Harry dejando estupefacto a Sirius ya que el no recordaba que lo habían llamado por su nombre desde que ellos llegaron- Mi nombre es Harry James Potter – Soltó demasiado de muy rápido para su gusto dejando a todos en la sala en un estado de shock-

Lily sintió como todo a su alrededor le daba vueltas e hiso lo posible para no desmayarse, por su parte James estaba estupefacto en su asiento, mirando detenidamente a Harry pensando que podría ser posible ya que tenía un gran parecido con el pero con los ojos de Lily, eso lo emociono un poco. Miró a su mujer y vio que estaba a punto de desmayarse y la abrasó rápidamente.

- Tranquila Lily eso no le hace bien al bebe –susurraba James asustado mirando como Lily iba poniéndose mas blanca, Snape quería correr hacia Lily pero decidió quedarse en su lugar mirando alternativamente a los Potter y al joven que acababa de decir que era su hijo, todos estaban como el, creyendo que todo esto era una locura-

- ¿Es que tu no lo vez James? Como quieres que este tranquila cuando un muchacho llega de la nada diciendo que es nuestro hijo, que se parece a nosotros, pero no sabemos de donde vinieron, ¿Y si es una trampa del maldito de Voldemort o de sus secuaces? ¡No sabemos James! – Dijo Lily intentando calmarse un poco, cosa que no lograba-

- Señora Potter tranquilícese espero y que el tal A.S nos explique antes de que empecemos a leer los libros –Dumbledore hiso aparecer unas sillas y miro a los chicos que estaban quietos en el mismo lugar de donde llegaron-

- Pueden sentarse y así sabremos de que trata todo esto – El profesor los miraba detenidamente mientras ellos iban con un poco de miedo a sentarse en las sillas que aparecieron, una en cada lado de sus respectivas familias, sus padres los miraban asustados y ellos miraban a otro punto que no fueran ninguno de los presentes.

Como sucedió hace algunos minutos apareció otra mesa pero esta vez con un libro y un pergamino sobre él, Dumbledore lo recogió y comenzó a leer para todos.

Profesor Dumbledore:

Sé que se estará preguntando el porqué aparecieron unos chicos diciendo que eran hijos de algunos de los presentes siendo esto imposible, simple, quise darles un poco de felicidad a ellos y a ustedes un poco de tranquilidad para que sepan que, aunque pasaron todas esas cosas que cuenta ese libro, ellos están bien al lado de ustedes y con un futuro feliz. Quiero decirles a Harry, Ron, Ginny, Hermione y Neville que no pueden contar nada de los que les ha pasado como tampoco, mientras lean los libros, pueden adelantar los hechos, esto es para que ellos entiendan que pasara en su futuro si no logran cambiar las cosas, si llegan a decir una cosa por muy pequeña que sea el hechizo los volverá a su tiempo. También quiero decirles que cuando regresen a él no recordarán nada de lo sucedido, ya que si el futuro cambia ustedes no puedan cambiar el suyo. Señores, créanle a los chicos, ellos son sus hijos no es ninguna broma o ningún plan para hacerlos sentir mal, de verdad son ellos, ya sabrán que pasara con cada uno de ellos en sus vidas y espero de verdad que puedan cambiar su futuro y el futuro de estos chicos que dieron la vida por un mundo mágico mejor. Aquí les presento el primer libro espero lo disfruten y les sea muy útil.

Con cariño,

A.S.

Cuando el profesor termino de leer el pergamino, cada uno abrazó a sus hijos con fuerza entendiendo cual era la sorpresa para ellos y creyéndole a A.S. Los chicos tardaron un poco en reaccionar pero, cuando lo isieron sus reacciones fueron diferentes, Neville abrazo a sus padres con fuerza y sollozando entre medio de Alice y Frank quienes estaban igual que su hijo, Alice acariciaba su rostro igual que Neville a ella y Frank le daba palmaditas en su espalda llorando de emoción a ver que su hijo estaba bastante grande y bien, que su futuro era mejor que en estos tiempos. Los Weasley estaban iguales, Molly miraba a su hija y la abrazaba con fuerza sin poder creer que tendrían una niña después de bastante tiempo, y Arthur abrazaba a su hijo, orgulloso del buen hombre que él sabía que era.

Por otra parte los Potter no decían nada pero todos podían escuchar los sollozos de los tres especialmente de Harry, quien los abrazaba como si hace tiempo no los hubiera visto, después de varios besos y sonrisas por parte de Lily y James, Harry a regañadientes se separó de sus padres y abrazo a Sirius con fuerza llorando igual de fuerte en su hombro.

- Valla se ve que en el futuro trato bien a mi ahijado, ¡Me Ama! – Dijo Sirius provocando la risa de todos-

- Si era..eres un buen padrino – Se corrigió Harry recordando que no podía decir nada del futuro, luego soltó a Sirius y abrazo a Lupin de igual manera, sin poder esconder la sonrisa que tenía-

- Vez Sirius y yo soy un buen tío – Rió Lupin haciendo que todos por igual sonrieran-

- Ya lo creo –Dijo Lily observando con admiración a su hijo igual que James-

Harry saludo a Nymphadora cariñosamente ganándose miradas de confusión, simplemente se encogió de hombros y se reía con la pequeña que al parecer le agrado Harry por que se sonreía con él. Los chicos luego de abrazar a sus respectivos padres mientras todos ellos les presentaba a Hermione, Ron se tardo un poco ya que, tenía que presentarla a sus padres y ella era su novia, estaba colorado hasta las orejas haciendo sonreír a todos, igual Harry presento a Ginny como su novia a sus padres y ella hiso lo mismo con los suyos.

- Valla no perdieron tiempo ¿eh? –Pregunto James con una sonrisa burlona igual que la de Lupin y Sirius, haciendo sonrojar más a los chicos-

- Y tu Neville ¿no tienes novia? – Preguntó Frank mirando sonriente a su hijo-

- S..i..Si – Tartamudeo el chico haciendo reír a todos los presentes y más a los chicos que creían que había pasado ya su tiempo de ser el chico tímido y el que siempre tenía problemas con todo y con todos-

Saludaron a la profesora Mcgonagall, a Hagrid, cuando saludaron a Andromeda lo isieron con cariño y felicidad, cuando fueron a saludar a Ojoloco Moddy, los chicos dándole una mirada llena de respeto y admiración lo cual sorprendió a todos y las chicas lo miraron igual atreviéndose a darle un beso en la mejilla cada una dejando a Moddy en shock en su silla. De momento, todos como si estuvieran sincronizados se voltearon a mirar al profesor Dumbledore y cada uno fueron a darles la mano sonrientes.

- Usted es el mejor director de Hogwarts – Dijo Ginny cuando lo fue a saludar- Todos estamos agradecidos por todo lo que nos enseñó y quisiéramos darle las gracias a usted por enseñaros todo lo que sabemos – Todos los demás asintieron dándole la razón, algunos sin saber porque y otros porque sabían el significado de cada palabra-

Harry, luego de que saludara a su antiguo director y le diera la razón a su novia volteo a mirar a la única persona que no había saludado, lo miro fijamente y sin que nadie lo predijera ni siquiera el mismo, abrazó a Snape tomándolo por sorpresa, solo fueron unos segundos los cuales sirvieron para dejar petrificados a todos los que se encontraban en esa sala en especial a James y a Sirius, Lily lo miraba entre confundida y alegre, menos a los chicos ya que sabían el por qué lo hacía. Cuando Harry se dió cuenta de lo que hiso se separó y lo miró.

- Lo siento– Dijo en voz baja mirando a Snape a los ojos recordando todo lo que vio en el pensadero-

- N..o..importa – Respondió Severus tratando de sonar indiferente, Sirius que había recuperado el habla exploto-

- ¿Por qué abrazastes a Quejicus Harry, de que clase de mundo vienes? – Pregunto medio en broma, medio sorprendido ganándose miradas de desaprobación por parte de Lily y de la profesora-

- No puedo decir nada ¿recuerdas? – Respondió Harry encogiéndose de hombros y yendo a sentarse en su silla mirando a su padrino-

- Esto no puede ser posible – Murmuraba James negando con la cabeza, mientras Lily por otra parte estaba intentando aguantar la sonrisa y Remus miraba extrañado de Harry a Snape-

- ¿Por qué no comenzamos con los libros y así sabremos el por qué de cada uno de sus comportamientos? – Pregunto Dumbledore tratando de desviar el tema cosa que logro, ya que todos le prestaron atención mientras el tomaba el libro en sus manos y leía su portada frunciendo ligeramente el ceño-

- ¿Que sucede profesor? –Pregunto Hagrid quien conocía bastante bien a Dumbledore-

- Es el título del libro – Dijo mirando directamente a los Potter en especial a Harry-

- Pues que dice – Moddy lo miraba como si quisiera quitarle el libro de las manos para leerlo el mismo-

- Se titula "Harry Potter y la Piedra Filosofal" – Dijo mirando a Harry, haciendo que este frunciera ligeramente su ceño-

- ¡No puede ser mi ahijado tiene un Libro! – Contesto Sirius alegremente haciendo reír solamente a algunos-

- Harry no nos dijiste que tenías un libro – Dijo Ron y Hermione, Ginny y Neville asintieron dándole la razón-

- No lo sabía me acabo de enterar igual que ustedes – Contestó Harry sumamente extrañado por el título del libro-

- Mejor empecemos con la lectura a ver de qué se trata – Dijo Andromeda ganándose el asentimiento de todos dándole la razón-

Dumbledore se acomodó en su asiento y acomodándose las gafas de media luna comenzó con la lectura.

- El primer capítulo se titula "El niño que vivió" – Leyó Dumbledore y Harry se tensó ganándose una mirada de incertidumbre de sus padres-

El señor y la señora Dursley, que vivían en el número 4 de Privet Drive, estaban orgullosos de decir que eran muy normales, afortunadamente. Eran las últimas personas que se esperaría encontrar relacionadas con algo extraño o misterioso, porque no estaban para tales tonterías.

- ¿Tonterias?- Preguntó McGonagall frunciendo el ce~o-

- Ella es mi hermana y con tonterías quiere decir Magia, me pregunto ¿Por qué la lectura comienza con mi hermana y su esposo? – Frunció el ceño la pelirroja mirando a Harry que estaba removiéndose incomodo en su asiento pensando que eso tenía que ser un error esos libros no podían decir su vida entera, decidió tratar de tranquilizarse para que su madre estuviera tranquila-

- No lo sé Lily pero es mejor que sigamos leyendo – Dijo Remus y asintió al profesor para que prosiguiera-

El señor Dursley era el director de una empresa llamada Grunnings, que fabricaba taladros.

- ¿Qué es un taladro? – Pregunto interesado Arthur ganándose una mirada reprobatoria de Molly y una sonrisa burlona de sus hijos y los amigos de estos menos de Snape-

- Es una máquina que utilizan los muggles para construir cosas – Contesto Hermione tranquilamente ganándose una mirada curiosa de todos los presentes-

- ¿Eres de familia muggle? – Pregunto Lily pero se arrepintió al momento ya que recordó que los muchachos no podían decir nada de su vida-

Era un hombre corpulento y rollizo, casi sin cuello, aunque con un bigote inmenso. La señora Dursley era delgada, rubia y tenía un cuello casi el doble de largo de lo habitual, lo que le resultaba muy útil, ya que pasaba la mayor parte del tiempo estirándolo por encima de la valla de los jardines para espiar a sus vecinos.

- Valla pelirroja tienes una hermana hermosa – Dijo Sirius sarcásticamente-

- No me digas no ha cambiado nada – Lily estaba confundida, tenia un mal presentimiento pero lo dejo pasar, pensando que su hermana no había cambiado en nada-

Los Dursley tenían un hijo pequeño llamado Dudley, y para ellos no había un niño mejor que él. Los Dursley tenían todo lo que querían, pero también tenían un secreto, y su mayor temor era que lo descubriesen: no habrían soportado que se supiera lo de los Potter.

- ¿Hey que se supone que no se debe saber de nosotros? – Preguntó James mirando a cada uno de los chicos-

- No podemos decir nada papa – Contesto Harry mirándolo nervioso, eso no tranquilizo nada a James pero sabía que no que decía su hijo era cierto y no quería que se fuera-

La señora Potter era hermana de la señora Dursley, pero no se veían desde hacía años; tanto era así que la señora Dursley fingía que no tenía hermana,

Lily al escuchar eso bajo su mirada triste, sabía que su hermana la odiaba pero tampoco era para tanto. James y su hijo la abrazaron fuerte como si con el abrazo le dijeran que estaban ahí para ella.

Porque su hermana y su marido, un completo inútil, eran lo más opuesto a los Dursley que se pudiera imaginar.

- ¡Oye venga que yo no soy ningún inútil! – Grito James al libro como si los Dursley estuvieran presentes, Harry decidió quedarse callado, eso era poco para lo que ellos le decían-

Los Dursley se estremecían al pensar qué dirían los vecinos si los Potter apareciesen por la acera. Sabían que los Potter también tenían un hijo pequeño, pero nunca lo habían visto. El niño era otra buena razón para mantener alejados a los Potter: no querían que Dudley se juntara con un niño como aquél.

- ¿Y qué tiene de malo mi hijo? Apuesto a que es mil veces mejor que ese niño – Gritó Lily enfadada-

- Calma señora Potter no se altere- Dijo Dumbledore quitando la mirada del libro para posarle en Harry como buscando respuestas en el, mientras Ron, Neville, Hermione y Ginny se miraban unos a los otros un poco nerviosos-

- Si Lily ya sabes que mi ahijado será el mejor de todos –Dijo Sirius sonriéndole intentando bromear con ella-

- Oye que aquí también están los de nosotros – Frank abrazaba a su hijo sonriendo y Alice acariciaba su pancita orgullosa-

- Es cierto, cállate Sirius – Le dijo Arthur mientras los demás reían negando con la cabeza-

Nuestra historia comienza cuando el señor y la señora Dursley se despertaron un martes, con un cielo cubierto de nubes grises que amenazaban tormenta. Pero nada había en aquel nublado cielo que sugiriera los acontecimientos extraños y misteriosos que poco después tendrían lugar en toda la región. El señor Dursley canturreaba mientras se ponía su corbata más sosa para ir al trabajo, y la señora Dursley parloteaba alegremente mientras instalaba al ruidoso Dudley en la silla alta.

- ¿Quién demonios le pone a un hijo Dudley Dursley? – Preguntó Andromeda-

- Si es cierto igual, que quien le pone a una hija Nymphadora – Dijo Sirius ganándose una almohadazo que hiso aparecer Andromeda haciendo reír a todos mas a la pequeña Nymphadora como si entendiera de que hablaban, menos a Snape, Mcgonagall y Moddy-

Ninguno vio la gran lechuza parda que pasaba volando por la ventana.

- ¿Lechuzas volando en la mañana delante de tantos muggles? – Preguntó más para sí misma Mcgonagall-

- Algo tiene que estar pasando, y tiene que ser importante – Dijo Remus pensativamente-

A las ocho y media, el señor Dursley cogió su maletín, besó a la señora Dursley en la mejilla y trató de despedirse de Dudley con un beso, aunque no pudo, ya que el niño tenía un berrinche y estaba arrojando los cereales contra las paredes. «Tunante».

Harry, que conocía bien a su primo rodó los ojos dándole a entender a todos que era cierto.

Dijo entre dientes el señor Dursley mientras salía de la casa. Se metió en su coche y se alejó del número 4. Al llegar a la esquina percibió el primer indicio de que sucedía algo raro: un gato estaba mirando un plano de la ciudad.

Mcgonagall frunció el ceño ante eso y el profesor igual.

Durante un segundo, el señor Dursley no se dio cuenta de lo que había visto, pero luego volvió la cabeza para mirar otra vez. Sí había un gato atigrado en la esquina de Privet Drive, pero no vio ningún plano. ¿En qué había estado pensando? Debía de haber sido una ilusión óptica. El señor Dursley parpadeó y contempló al gato. Éste le devolvió la mirada.

- ¿Un gato que te devuelve la mirada? – Preguntó Molly mirando al profesor Dumbledore-

- No lo sé Molly abra que seguir leyendo – Contesto el volviendo a su lectura-

- Yo se quien es – Dijo Sirius mirando burlonamente a la profesora-

- Callese Black – Dijo esta ganandose la risa de todos los presentes-

Mientras el señor Dursley daba la vuelta a la esquina y subía por la calle, observó al gato por el espejo retrovisor: en aquel momento el felino estaba leyendo el rótulo que decía «Privet Drive» (no podía ser, los gatos no saben leer los rótulos ni los planos).

- No me digas – Dijo Sirius riéndose bajo tratando de que nadie lo escuchara pero Harry, James y Remus si lo isieron-

El señor Dursley meneó la cabeza y alejó al gato de sus pensamientos. Mientras iba a la ciudad en coche no pensó más que en los pedidos de taladros que esperaba conseguir aquel día.

-Pero que idiota es ese tipo –Dijo Frank haciendo asentir a varios de los presentes, especialmente Harry-

Pero en las afueras ocurrió algo que apartó los taladros de su mente. Mientras esperaba en el habitual embotellamiento matutino, no pudo dejar de advertir una gran cantidad de gente vestida de forma extraña. Individuos con capa.

- Magos, definitivamente si seguimos asi, se darán cuenta tarde o temprano los Muggle – Dijo Andromeda y todos asintieron estando de acuerdo-

El señor Dursley no soportaba a la gente que llevaba ropa ridícula. ¡Ah, los conjuntos que llevaban los jóvenes! Supuso que debía de ser una moda nueva. Tamborileó con los dedos sobre el volante y su mirada se posó en unos extraños que estaban cerca de él. Cuchicheaban entre sí, muy excitados. El señor Dursley se enfureció al darse cuenta de que dos de los desconocidos no eran jóvenes. Vamos, uno era incluso mayor que él, ¡y vestía una capa verde esmeralda!

- ¡Son Slytherin corra! – Sirius luego de que dijo eso se quedo pensativo- no mejor no, usted me cae mal – Todo se rieron de la ocurrencias del merodeador menos, obviamente, Snape-

¡Qué valor! Pero entonces se le ocurrió que debía de ser alguna tontería publicitaria; era evidente que aquella gente hacía una colecta para algo. Sí, tenía que ser eso. El tráfico avanzó y, unos minutos más tarde, el señor Dursley llegó al aparcamiento de Grunnings, pensando nuevamente en los taladros.

- ¿Pero es que no piensa en otra cosa? –Gruñó Moody desesperándose pensando que no había otra persona más idiota en el mundo más que el tal Vernon-

- Creo que no Moody – Contesto Hagrid sonriendo-

El señor Dursley siempre se sentaba de espaldas a la ventana, en su oficina del noveno piso. Si no lo hubiera hecho así, aquella mañana le habría costado concentrarse en los taladros. No vio las lechuzas que volaban en pleno día, aunque en la calle sí que las veían y las señalaban con la boca abierta, mientras las aves desfilaban una tras otra.

- Si que tiene que estar pasando algo importante para que haiga tantas Lechuzas en pleno día dejándose ver por muggles – Dijo Snape mirando el libro de forma pensativa ignorando que todos lo miraban con expresión de sorpresa-

- Pensé que te había comido la lengua el ratón – Dijo James y recibió un pellizco por parte de Lily y una mirada enojada por parte de Harry, Sirius sonrió chocándole los cinco a James y Snape hiso como si de él no estuvieran hablando-

La mayoría de aquellas personas no había visto una lechuza ni siquiera de noche. Sin embargo, el señor Dursley tuvo una mañana perfectamente normal, sin lechuzas. Gritó a cinco personas. Hizo llamadas telefónicas importantes y volvió a gritar. Estuvo de muy buen humor hasta la hora de la comida, cuando decidió estirar las piernas y dirigirse a la panadería que estaba en la acera de enfrente.

- ¿Y gritarle a varias personas es estar de buen humor todo el día? – Preguntó Remus bufando-

- Parece que es su vida diaria Remus- Contestó Arthur-

Había olvidado a la gente con capa hasta que pasó cerca de un grupo que estaba al lado de la panadería. Al pasar los miró enfadado. No sabía por qué, pero le ponían nervioso. Aquel grupo también susurraba con agitación y no llevaba ni una hucha. Cuando regresaba con un donut gigante en una bolsa de papel, alcanzó a oír unas pocas palabras de su conversación.

-Los Potter, eso es, eso es lo que he oído...

-Sí, su hijo, Harry...

Harry se removía incomodo en su asiento, Ron, Ginny, Hermione y Neville lo miraban nerviosos.

-Qué tenemos nosotros ahora – Dijo exaltada Lily-

- Y mi hijo que tiene que ver –James miraba a cada uno de los chicos esperando una respuesta que sabía que no iba a llegar-

- Siga leyendo profesor a ver de qué se trata –Dijo Andromeda interesada en saber qué pasa con los Potter igual que todos los presentes-

El señor Dursley se quedó petrificado. El temor lo invadió. Se volvió hacia los que murmuraban, como si quisiera decirles algo, pero se contuvo.

Se apresuró a cruzar la calle y echó a correr hasta su oficina. Dijo a gritos a su secretaria que no quería que le molestaran.

- ¿Por Merlín como pueden soportarlo? – Pregunto Molly ya enfadada con ese tal Vernon-

Cogió el teléfono y, cuando casi había terminado de marcar los números de su casa, cambió de idea. Dejó el aparato y se atusó los bigotes mientras pensaba... No, se estaba comportando como un estúpido. Potter no era un apellido tan especial.

- Le teme a su mujer, miedoso – Sirius estaa riéndose a carcajadas-

- ¿Cómo que no es especial, estará loco? – James ya estaba comenzando a perder su paciencia igual que Lily que no dejaba de mirar a Harry como si él fuera a contestarle-

Estaba seguro de que había muchísimas personas que se llamaban Potter y que tenían un hijo llamado Harry. Y pensándolo mejor, ni siquiera estaba seguro de que su sobrino se llamara Harry. Nunca había visto al niño. Podría llamarse Harvey. O Harold.

-Se ve que no tiene imaginación alguna –Dijo Lily ya molesta- yo jamás le pondría a un hijo mio asi

- Lo se Lils, yo jamás te dejaría – Dijo James haciendo reir a unos cuantos-

No tenía sentido preocupar a la señora Dursley, siempre se trastornaba mucho ante cualquier mención de su hermana. Y no podía reprochárselo. ¡Si él hubiera tenido una hermana así...! Pero de todos modos, aquella gente de la capa...

Lily gruño las palabras que había leído el profesor, pero decidió ignorarlas.

Aquella tarde le costó concentrarse en los taladros, y cuando dejó el edificio, a las cinco en punto, estaba todavía tan preocupado que, sin darse cuenta, chocó con un hombre que estaba en la puerta.

-Perdón -gruñó, mientras el diminuto viejo se tambaleaba y casi caía al suelo. Segundos después, el señor Dursley se dio cuenta de que el hombre llevaba una capa violeta.

Todos los presentes fruncieron el ceño pensando por que un señor con capa estará en la calle tan feliz, y si decía que llevaba capa se podían imaginar que era un mago pero era imposible, siempre tenían que tener cuidado en cómo se vestían para presentarse delante de los muggles.

No parecía disgustado por el empujón. Al contrario, su rostro se iluminó con una amplia sonrisa, mientras decía con una voz tan chillona que llamaba la atención de los que pasaban:

-¡No se disculpe, mi querido señor, porque hoy nada puede molestarme! ¡Hay que alegrarse, porque Quien-usted-sabe finalmente se ha ido! ¡Hasta los muggles como usted deberían celebrar este feliz día!

- ¡¿Qué? – Todo en la sala gritaron estupefactos menos Dumbledore, que aunque no lo dijo con palabras, estaba igual que todos de sorprendido, menos claro, los chicos que venían del futuro pero habría que seguir leyendo para saber que estará pasando-

-¿Cómo que Voldemort se ha ido? –Preguntó Sirius, el era uno de los pocos que se atrevían a decir su verdadero nombre-

Todos miraron a los chicos que cada vez se ponían nerviosos, miraban hacia otros lados intentando no mirar a sus padres porque si lo hacían, sabía que dirían todo y no pueden, porque no quieren volver.

- En vista de que los jóvenes no pueden decir nada, continuaré con la lectura para saber – Dijo Dumbledore mirándolos con incertidumbre-

Y el anciano abrazó al señor Dursley y se alejó.

El señor Dursley se quedó completamente helado. Lo había abrazado un desconocido. Y por si fuera poco le había llamado muggle, no importaba lo que eso fuera. Estaba desconcertado. Se apresuró a subir a su coche y a dirigirse hacia su casa, deseando que todo fueran imaginaciones suyas (algo que nunca había deseado antes, porque no aprobaba la imaginación).

- Ese tal Vernon cada vez me cae peor –Dijo Remus ganándose miradas de entendimiento-

Cuando entró en el camino del número 4, lo primero que vio (y eso no mejoró su humor) fue el gato atigrado que se había encontrado por la mañana. En aquel momento estaba sentado en la pared de su jardín. Estaba seguro de que era el mismo, pues tenía unas líneas idénticas alrededor de los ojos.

¡Fuera! —dijo el señor Dursley en voz alta.

El gato no se movió. Sólo le dirigió una mirada severa.

- ¿De cuando acá los gatos miran severamente? –Preguntó Molly-

Dumbledore miró extrañado el libro y luego levantó la mirada hacia Minerva Mcgonagall, ella lo miro como dándole la razón en que estaban pensando lo mismo, creía que era ella. Decidió seguir leyendo para desviar el tema de conversación, mientras Sirius miraba a la profesora divertido.

El señor Dursley se preguntó si aquélla era una conducta normal en un gato. Trató de calmarse y entró en la casa. Todavía seguía decidido a no decirle nada a su esposa. La señora Dursley había tenido un día bueno y normal. Mientras comían, le informó de los problemas de la señora Puerta Continua con su hija, y le contó que Dudley había aprendido una nueva frase (« ¡no lo haré!»).

- Este niño es peor que el padre – James miró a su esposa y luego a su hijo abrazándolos cariñosamente-

El señor Dursley trató de comportarse con normalidad. Una vez que acostaron a Dudley, fue al salón a tiempo para ver el informativo de la noche.

- Y por último, observadores de pájaros de todas partes han informado de que hoy las lechuzas de la nación han tenido una conducta poco habitual. Pese a que las lechuzas habitualmente cazan durante la noche y es muy difícil verlas a la luz del día, se han producido cientos de avisos sobre el vuelo de estas aves en todas direcciones, desde la salida del sol. Los expertos son incapaces de explicar la causa por la que las lechuzas han cambiado sus horarios de sueño.

- Nosotros también nos preguntamos lo mismo –Dijo Moddy-

-El locutor se permitió una mueca irónica-. Muy misterioso. Y ahora, de nuevo con Jim McGuffin y el pronóstico del tiempo. ¿Habrá más lluvias de lechuzas esta noche, Jim?

-Bueno, Ted -dijo el meteorólogo-, eso no lo sé, pero no sólo las lechuzas han tenido hoy una actitud extraña. Telespectadores de lugares tan apartados como Kent, Yorkshire y Dundee han telefoneado para decirme que en lugar de la lluvia que prometí ayer ¡tuvieron un chaparrón de estrellas fugaces! Tal vez la gente ha comenzado a celebrar antes de tiempo la Noche de las Hogueras. ¡Es la semana que viene, señores! Pero puedo prometerles una noche lluviosa.

- ¿Estrellas fugaces? – Mcgonagall hizo la pregunta que todos se hacían ese mismo momento, menos los chicos que estaban pendiente a todo, ya que, para ese tiempo estaban pequeños o no habían nacido-

El señor Dursley se quedó congelado en su sillón. ¿Estrellas fugaces por toda Gran Bretaña? ¿Lechuzas volando a la luz del día? Y aquel rumor, aquel cuchicheo sobre los Potter... La señora Dursley entró en el comedor con dos tazas de té. Aquello no iba bien. Tenía que decirle algo a su esposa. Se aclaró la garganta con nerviosismo.

-Eh... Petunia, querida, ¿has sabido últimamente algo sobre tu hermana?

Como había esperado, la señora Dursley pareció molesta y enfadada. Después de todo, normalmente ellos fingían que ella no tenía hermana.

Lily se removió molesta y triste en su asiento, acariciando su vientre.

-No -respondió en tono cortante- ¿Por qué?

-Hay cosas muy extrañas en las noticias -masculló el señor Dursley- Lechuzas... estrellas fugaces... y hoy había en la ciudad una cantidad de gente con aspecto raro...

-¿Y qué? -interrumpió bruscamente la señora Dursley-

Bueno, pensé... quizá... que podría tener algo que ver con... ya sabes... su grupo.

- ¿Su grupo? –Pregunto Sirius comenzando a enojarse- ahora se yo que somos como una banda muggle o algo así

-¿Una banda muggle? –preguntaron Arthur y Frank, Remus ya sabía que era y Snape pero fingía que no sabía nada-

- Si esa de muscas como nosotros tenemos el grupo musical ese – Contesto Sirius tratando de recordar la banda de música- Las brujas de Macbeth esas

Todos lo entendieron pero no dijeron nada indicándole al profesor que prosiguiera.

La señora Dursley bebió su té con los labios fruncidos. El señor Dursley se preguntó si se atrevería a decirle que había oído el apellido «Potter». No, no se atrevería. En lugar de eso, dijo, tratando de parecer despreocupado:

-El hijo de ellos... debe de tener la edad de Dudley, ¿no?

-Eso creo -respondió la señora Dursley con rigidez-

-¿Y cómo se llamaba? Howard, ¿no?

-Harry. Un nombre vulgar y horrible, si quieres mi opinión.

-Oh, sí-dijo el señor Dursley, con una espantosa sensación de abatimiento- Sí, estoy de acuerdo.

-¿Hogwards? – Menciono Molly sorprendida-

- Un nombre vulgar, ¡Se ve que no saben nada! –Gritó Lily empezando a respirar agitada de nuevo-

- Ya Lily tranquila Harry es un nombre hermoso y no creo que a él le moleste ¿verdad que no? – Dijo Alice mirando a Harry-

- Claro que no me encanta mi nombre – Sonrió Harry a su madre haciendo que se calme un poco-

No dijo nada más sobre el tema, y subieron a acostarse. Mientras la señora Dursley estaba en el cuarto de baño, el señor Dursley se acercó lentamente hasta la ventana del dor mitorio y escudriñó el jardín delantero. El gato todavía esta ba allí. Miraba con atención hacia Privet Drive, como si estu viera esperando algo.

¿Se estaba imaginando cosas? ¿O podría todo aquello te ner algo que ver con los Potter? Si fuera así... si se descubría que ellos eran parientes de unos... bueno, creía que no podría soportarlo.

Todos los hombres incluyendo, para sorpresa de todos Snape, menos Dumbledore, y todas las mujeres bufaron. Los chicos se miraban entre ellos suspirando entendiendo que alomejor esos libros decían toda su vida.

Los Dursley se fueron a la cama. La señora Dursley se quedó dormida rápidamente, pero el señor Dursley perma neció despierto, con todo aquello dando vueltas por su mente. Su último y consolador pensamiento antes de quedarse dor mido fue que, aunque los Potter estuvieran implicados en los sucesos, no había razón para que se acercaran a él y a la señora Dursley. Los Potter sabían muy bien lo que él y Petunia pensaban de ellos y de los de su clase... No veía cómo a él y a Petunia podrían mezclarlos en algo que tuviera que ver (bos tezó y se dio la vuelta)... No, no podría afectarlos a ellos...

¡Qué equivocado estaba!

El señor Dursley cayó en un sueño intranquilo, pero el gato que estaba sentado en la pared del jardín no mostraba señales de adormecerse. Estaba tan inmóvil como una esta tua, con los ojos fijos, sin pestañear, en la esquina de Privet Drive.

- ¿Qué estará esperando ese gato? –Se preguntó para sí mismo Arthur-

Apenas tembló cuando se cerró la puertezuela de un coche en la calle de al lado, ni cuando dos lechuzas volaron sobre su cabeza. La verdad es que el gato no se movió hasta la medianoche. Un hombre apareció en la esquina que el gato había es tado observando, y lo hizo tan súbita y silenciosamente que se podría pensar que había surgido de la tierra. La cola del gato se agitó y sus ojos se entornaron.

Todos estaban concentrados en la lectura queriendo saber, por que el gato estaba leyendo y tan tieso y a quien estaba esperando.

En Privet Drive nunca se había visto un hombre así. Era alto, delgado y muy anciano, a juzgar por su pelo y barba pla teados, tan largos que podría sujetarlos con el cinturón. Llevaba una túnica larga, una capa color púrpura que barría el suelo y botas con tacón alto y hebillas. Sus ojos azules eran claros, brillantes y centelleaban detrás de unas gafas de cris tales de media luna. Tenía una nariz muy larga y torcida, como si se la hubiera fracturado alguna vez. El nombre de aquel hombre era Albus Dumbledore.

- ¿Profesor usted? –Preguntó Lily mirándolo-

-No sé qué hago ahí señora Potter pero creo que pronto lo sabremos –Contestó para luego continuar-

Albus Dumbledore no parecía darse cuenta de que había llegado a una calle en donde todo lo suyo, desde su nombre hasta sus botas, era mal recibido. Estaba muy ocupado revolviendo en su capa, buscando algo, pero pareció darse cuenta de que lo observaban porque, de pronto, miró al gato, que todavía lo contemplaba con fijeza desde la otra punta de la calle. Por alguna razón, ver al gato pareció divertirlo. Rió en tre dientes y murmuró:

-Debería haberlo sabido.

Dumbledore alzó la vista y miro a la Profesora Mcgonagall, cualquiera que fuera la razón por la que se encontraba ahí, debía de ser importante para que la profesora estuviera todo el día esperándolo cerca de aquellos muggles tan indeseables. La profesora por su parte tenía el mismo pensamiento pero reprochándose el por qué estaba sentada en una acera tanto tiempo.

Encontró en su bolsillo interior lo que estaba buscando. Parecía un encendedor de plata. Lo abrió, lo sostuvo alto en el aire y lo encendió. La luz más cercana de la calle se apagó con un leve estallido. Lo encendió otra vez y la siguiente lám para quedó a oscuras. Doce veces hizo funcionar el Apagador, hasta que las únicas luces que quedaron en toda la calle fue ron dos alfileres lejanos: los ojos del gato que lo observaba. Si alguien hubiera mirado por la ventana en aquel momento, aunque fuera la señora Dursley con sus ojos como cuentas, pequeños y brillantes, no habría podido ver lo que sucedía en la calle. Dumbledore volvió a guardar el Apagador dentro de su capa y fue hacia el número 4 de la calle, donde se sentó en la pared, cerca del gato. No lo miró, pero después de un momento le dirigió la palabra.

-Me alegro de verla aquí, profesora McGonagall.

- ¿Usted es un Gato? Es su forma animaga! – Dijo Sirius sonriéndole- Minnie es un gato Minnie es un gato… pero un momento –Paró de cantar su ridícula canción, para pensamientos de algunos y miro a la profesora- ¿Minnie no es un ratón? –Preguntó haciendo reír por lo bajo a algunos menos a la profesora quien le dio una mirada como de que estaba a punto de lanzarle una maldición imperdonable-

- Si no cierra la boca señor Black no me molestare convertirlo a usted en ratón –Miró a Sirius, quien por su parte se sentó en silencio pero sonriendo igual que todos-

Se volvió para sonreír al gato, pero éste ya no estaba. En su lugar, le dirigía la sonrisa a una mujer de aspecto severo que llevaba gafas de montura cuadrada, que recordaban las líneas que había alrededor de los ojos del gato. La mujer tam bién llevaba una capa, de color esmeralda. Su cabello negro estaba recogido en un moño. Parecía claramente disgustada.

-¿Cómo ha sabido que era yo? -preguntó.

-Mi querida profesora, nunca he visto a un gato tan tieso.

Eso sacó las carcajadas de algunos y la sonrisa de todos menos de Mcgonagall.

-Usted también estaría tieso si llevara todo el día sen tado sobre una pared de ladrillo -respondió la profesora McGonagall.

-¿Todo el día? ¿Cuando podría haber estado de fiesta? Debo de haber pasado por una docena de celebraciones y fies tas en mi camino hasta aquí.

La profesora McGonagall resopló enfadada.

-Oh, sí, todos estaban de fiesta, de acuerdo -dijo con impaciencia—- Yo creía que serían un poquito más pruden tes, pero no... ¡Hasta los muggles se han dado cuenta de que algo sucede! Salió en las noticias. -Terció la cabeza en direc ción a la ventana del oscuro salón de los Dursley- Lo he oído. Bandadas de lechuzas, estrellas fugaces... Bueno, no son totalmente estúpidos. Tenían que darse cuenta de algo. Estrellas fugaces cayendo en Kent... Seguro que fue Dedalus Diggle. Nunca tuvo mucho sentido común.

-Claro debí imaginarlo –Dijo Moddy entendiendo ahora el por qué de las estrellas fugaces-

-No puede reprochárselo -dijo Dumbledore con tono afable- Hemos tenido tan poco que celebrar durante once años...

-Ya lo sé -respondió irritada la profesora McGona gall- Pero ésa no es una razón para perder la cabeza. La gente se ha vuelto completamente descuidada, sale a las calles a plena luz del día, ni siquiera se pone la ropa de los muggles, intercambia rumores...

Lanzó una mirada cortante y de soslayo hacia Dumbledore, como si esperara a que éste le contestara algo. Pero como no lo hizo, continuó hablando.

-Sería extraordinario que el mismo día en que Quien-usted-sabe parece haber desaparecido al fin, los muggles lo descubran todo sobre nosotros. Porque realmente se ha ido, ¿no, Dumbledore?

-Es lo que parece -dijo Dumbledore- Tenemos mu cho que agradecer. ¿Le gustaría tomar un caramelo de limón?

-¿Un qué? –Pregunto Andromeda-

-Son unos dulces muggles, son mis favoritos –Le contestó sonriente el profesor y continúo con la lectura-

-¿Un qué?

-Un caramelo de limón. Es una clase de dulces de los muggles que me gusta mucho.

-No, muchas gracias -respondió con frialdad la pro fesora McGonagall, como si considerara que aquél no era un momento apropiado para caramelos- Como le decía, aunque Quien-usted-sabe se haya ido...

-Mi querida profesora, estoy seguro de que una perso na sensata como usted puede llamarlo por su nombre, ¿ver dad? Toda esa tontería de Quien-usted-sabe... Durante once años intenté persuadir a la gente para que lo llamara por su verdadero nombre, Voldemort.- La profesora McGonagall se echó hacia atrás con temor, pero Dumbledore, ocupado en desenvolver dos caramelos de limón, pareció no darse cuenta- Todo se volverá muy confuso si seguimos diciendo «Quien-usted-sabe». Nunca he encontrado ningún motivo para temer pronunciar el nombre de Voldemort.

-Sé que usted no tiene ese problema -observó la profe sora McGonagall, entre la exasperación y la admiración- Pero usted es diferente. Todos saben que usted es el único al que Quien-usted... Oh, bueno, Voldemort, tenía miedo.

- Eso es cierto –Asintió Hagrid, y los demás lo imitaron-

-Gracias Hagrid pero creo que hasta el más fuerte tiene algo por lo cual temerle y no creo que sea yo – Contestó Dumbledore sonriéndole al semi-gigante-

-Me está halagando -dijo con calma Dumbledore- Voldemort tenía poderes que yo nunca tuve.

-Sólo porque usted es demasiado... bueno... noble... para utilizarlos.

Todos asintieron dándole la razón a las palabras de la profesora Mcgonagall del futuro.

-Menos mal que está oscuro. No me he ruborizado tan to desde que la señora Pomfrey me dijo que le gustaban mis nuevas orejeras.

La profesora McGonagall le lanzó una mirada dura, an tes de hablar.

- Vamos Minnie no sea tan dura –Dijo Sirius ganándose una mirada severa de la profesora-

- Black se lo advierto- Contestó esta mirándolo-

-Las lechuzas no son nada comparadas con los rumores que corren por ahí. ¿Sabe lo que todos dicen sobre la forma en que desapareció? ¿Sobre lo que finalmente lo detuvo?

Parecía que la profesora McGonagall había llegado al punto que más deseosa estaba por discutir, la verdadera ra zón por la que había esperado todo el día en una fría pared pues, ni como gato ni como mujer, había mirado nunca a Dum bledore con tal intensidad como lo hacía en aquel momento. Era evidente que, fuera lo que fuera «aquello que todos de cían», no lo iba a creer hasta que Dumbledore le dijera que era verdad. Dumbledore, sin embargo, estaba eligiendo otro caramelo y no le respondió.

-Lo que están diciendo –insistió- es que la pasada noche Voldemort apareció en el valle de Godric. Iba a buscar a los Potter. El rumor es que Lily y James Potter están... es tán...

El profesor paro de repente la lectura mirando a los Potter fijamente.

- Siga leyendo quiero saber que dicen de nosotros –Dijo Lily y James asintió, Harry por su parte estaba muy nervioso algo que no paso desapercibido para muchos de los presentes-

bueno, que están muertos.

Cuando el profesor leyó esas cuatro palabras, Lily y James se quedaron en shock, Harry los miraba nervioso de que le ocurriera algo malo a su madre embarazada. Arthur abrazaba a Molly que lloraba sobre él y Ginny, Ron y Hermione se pararon detrás de ellos reconfortándolos. Alice lloraba igual sobre su hijo Neville y Frank los abrazaba, Snape miraba a Lily entre un mal de sentimientos, Sirius y Remus se levantaron a abrazar a sus dos mejores amigos y a su sobrino/ahijado, Moddy los miraba desde su asiento y Andromeda cargaba a Nymphadora de manera protectora pensando en el porqué también la citaron a ella aquí esperando que su hija tuviera un buen futuro. Mcgonagall lloraba en silencio y Hagrid escandalosamente limpiándose las lagrimas con un paño que parecía más bien un mantel de mesa, Dumbledore por su parte, miraba a los potter esperando a que se tranquilizaran para seguir con la lectura, cuando vio que Lily estaba bien prosiguió.

Dumbledore inclinó la cabeza. La profesora McGonagall se quedó boquiabierta.

-Lily y James... no puedo creerlo... No quiero creerlo... Oh, Albus...

Lily y James apretaron la mano de su hijo con fuerza.

Dumbledore se acercó y le dio una palmada en la espalda.

-Lo sé... lo sé... -dijo con tristeza.

La voz de la profesora McGonagall temblaba cuando continuó.

-Eso no es todo. Dicen que quiso matar al hijo de los Potter, a Harry. Pero no pudo. No pudo matar a ese niño. Na die sabe por qué, ni cómo, pero dicen que como no pudo ma tarlo, el poder de Voldemort se rompió... y que ésa es la razón por la que se ha ido.

Dumbledore asintió con la cabeza, apesadumbrado.

Cada uno de los rostros eran difíciles de decifrar, menos la de los chicos, ellos estaban con la cabeza gacha escuchando todo y suspirando recordando que después de ese día todo era pesadilla para Harry. Lily cuando salió de sus pensamientos pudo recuperar el habla.

- ¿Co..m..o.. q..ue..Ha..r..ry.. –Sacudió su cabeza- ¿Cómo que Harry pudo salir libre de una maldición imperdonable?-

-Mejor es que sigamos leyendo Lily a ver qué es lo que paso –Dijo James abrazando a su esposa y a su hijo con fuerza-

-¿Es... es verdad? -tartamudeó la profesora McGona gall- Después de todo lo que hizo... de toda la gente que mató... ¿no pudo matar a un niño? Es asombroso... entre to das las cosas que podrían detenerlo... Pero ¿cómo sobrevivió Harry en nombre del cielo?

-Sólo podemos hacer conjeturas -dijo Dumbledore- Tal vez nunca lo sepamos.

La profesora McGonagall sacó un pañuelo con puntilla y se lo pasó por los ojos, por detrás de las gafas.

Lily miro a la profesora McGonagall sonriéndole un poco igual que James y Harry, ella les devolvió la mirada sonriéndoles igual.

Dumbledore resopló mientras sacaba un reloj de oro del bolsillo y lo examinaba. Era un reloj muy raro. Tenía doce manecillas y nin gún número; pequeños planetas se movían por el perímetro del círculo. Pero para Dumbledore debía de tener sentido, porque lo guardó y dijo:

-Hagrid se retrasa. Imagino que fue él quien le dijo que yo estaría aquí, ¿no?

- Hasta Hagrid sale ¿por qué yo no tengo ni aunque sea un párrafo en el libro? –Pregunta Sirius tratando de aligerar el ambiente cosa que logra un poco por que los chicos se miraron entre ellos con disimulo sin que nadie los vea excepto claro, Dumbledore que decidió mejor seguir leyendo-

-Sí -dijo la profesora McGonagall- Y yo me imagino que usted no me va a decir por qué, entre tantos lugares, te nía que venir precisamente aquí.

-He venido a entregar a Harry a su tía y su tío. Son la única familia que le queda ahora.

¿Cómo es la cosa? – Gritó Lily sorprendida hacia el profesor- Usted no puede dejarlo ahí mi hermana me odia a mí y a todo lo que tenga que ver con la magia

- Es cierto profesor usted no puede dejarlo ahí ellos los odian –Dijo Remus mirando al profesor preocupado-

- ¿Por qué no me lo deja a mi? Soy su padrino –Preguntó Sirius haciendo que Harry lo mirase con dolor-

- Claro profesor a él yo le confiaría hasta mi vida igual que a Lunático – Dijo James sonriéndole a Sirius y a Remus-

Los demás miraban al profesor buscando aunque sea una contestación por lo que estaba pasando mientras los chicos miraban a los Potter, más a Harry.

- No sé porque mi futuro yo actúa de esa manera, habrá que seguir leyendo para entenderlo – Contestó Dumbledore mirándolos y luego hacia el libro-

-¿Quiere decir...? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! -gritó la profesora, poniéndose de pie de un salto y señalando al número 4- Dumbledore... no puede. Los he estado observando todo el día. No podría encontrar a gente más distinta de nosotros. Y ese hijo que tienen... Lo vi dando patadas a su madre mientras subían por la escalera, pidien do caramelos a gritos. ¡Harry Potter no puede vivir ahí!

- Gracias profesora – Dijo Lily mirando a McGonagall entre lagrimas-

- No tienes por qué agradecer aun no puedo entender el por qué lo hace – Contestó la profesora mirando a Dumbledore-

-Es el mejor lugar para él -dijo Dumbledore con fir meza- Sus tíos podrán explicárselo todo cuando sea mayor. Les escribí una carta.

- Eso no les importara es obvio que no le dirán nada si odian la magia – Dijo Hagrid y todos asintieron dándole la razón-

-¿Una carta? -repitió la profesora McGonagall, vol viendo a sentarse- Dumbledore, ¿de verdad cree que puede explicarlo todo en una carta? ¡Esa gente jamás comprenderá a Harry! ¡Será famoso... una leyenda... no me sorprende ría que el día de hoy fuera conocido en el futuro como el día de Harry Potter! Escribirán libros sobre Harry... todos los niños del mundo conocerán su nombre.

- Y valla que isieron lo de los libros – Dijo riendo Andromeda aligerando un poco el ambiente-

-Exactamente -dijo Dumbledore, con mirada muy se ria por encima de sus gafas- Sería suficiente para marear a cualquier niño. ¡Famoso antes de saber hablar y andar! ¡Famoso por algo que ni siquiera recuerda! ¿No se da cuenta de que será mucho mejor que crezca lejos de todo, hasta que esté preparado para asimilarlo?

La profesora McGonagall abrió la boca, cambió de idea, tragó y luego dijo:

-Sí... sí, tiene razón, por supuesto. Pero ¿cómo va a lle gar el niño hasta aquí, Dumbledore? -De pronto observó la capa del profesor, como si pensara que podía tener escondido a Harry.

-Hagrid lo traerá.

-¿Le parece... sensato... confiar a Hagrid algo tan im portante como eso?

La profesora miró a Hagrid como pidiéndole disculpas con la mirada y el solo le sonrió quitándole importancia.

-A Hagrid, le confiaría mi vida -dijo Dumbledore.

- Gracias profesor- Dijo Hagrid mirado al profesor sonriéndole-

- De nada Hagrid lo que dice mi futuro yo es muy cierto – Contestó este sonriéndole-

-No estoy diciendo que su corazón no esté donde debe estar -dijo a regañadientes la profesora McGonagall- Pero no me dirá que no es descuidado. Tiene la costumbre de... ¿Qué ha sido eso?

Un ruido sordo rompió el silencio que los rodeaba. Se fue haciendo más fuerte mientras ellos miraban a ambos lados de la calle, buscando alguna luz. Aumentó hasta ser un rugido mientras los dos miraban hacia el cielo, y entonces una pesada moto cayó del aire y aterrizó en el camino, frente a ellos.

- ¡Tienes una moto voladora Hagrid! – Sirius sonrió como un nene chiquito cuando ve un juguete nuevo- me la tienes que prestar algún día eh – Y empezó a hacer como si guiara una moto haciendo los ruiditos igual, todos se reían menos Snape, Mcgonagall y Moddy-

- Primero tengo que comprarla – Dijo Hagrid riendo de lo que hacía Sirius-

- Y también a mi me la tienes que mostrar –Dijo Arthur pero se arrepintió al instante en que vio la mirada de su esposa-

La moto era inmensa, pero si se la comparaba con el hombre que la conducía parecía un juguete. Era dos veces más alto que un hombre normal y al menos cinco veces más ancho. Se podía decir que era demasiado grande para que lo aceptaran y además, tan desaliñado... Cabello negro, largo y revuelto, y una barba que le cubría casi toda la cara. Sus manos tenían el mismo tamaño que las tapas del cubo de la basura y sus pies, calzados con botas de cuero, parecían crías de delfín. En sus enormes brazos musculosos sostenía un bulto envuelto en mantas.

-Hagrid -dijo aliviado Dumbledore- Por fin. ¿Y dón de conseguiste esa moto?

-Me la han prestado; profesor Dumbledore -contestó el gigante, bajando con cuidado del vehículo mientras habla ba- El joven Sirius Black me la dejó. Lo he traído, señor.

Al Dumbledore leer esas palabras Sirius se levanto de un salto y empezó a hacer un baile super ridículo para algunos y divertidos para otros.

-Tengo una moto voladora, Tengo una moto voladora –Comenzó a cantar y luego James, Remus, Arthur, Frank, Neville, Ron y Harry se le unieron-

-Tiene una moto voladora, tiene una moto voladora –Siguieron cantando haciéndole coro y todos los miraban divertidos-

-Nunca cambian, a veces pienso que me case con un niño y vinieron dos más en el paquete –Dijo Lily divertida-

- Créeme Lily no eres la única –Dijo Alice y Molly asintió riendo dándole la razón-

Cuando todos se calmaron y volvieron a su asiento, el profesor continúo con la lectura.

-¿No ha habido problemas por allí?

-No, señor. La casa estaba casi destruida, pero lo saqué antes de que los muggles comenzaran a aparecer. Se quedó dormido mientras volábamos sobre Bristol.

Dumbledore y la profesora McGonagall se inclinaron sobre las mantas. Entre ellas se veía un niño pequeño, pro fundamente dormido. Bajo una mata de pelo negro azabache, sobre la frente, pudieron ver una cicatriz con una forma curiosa, como un relámpago.

Lily acarició su vientre sonriendo un poco y apretó la mano de Harry sonriéndole igual.

-¿Fue allí...? -susurró la profesora McGonagall.

-Sí -respondió Dumbledore- Tendrá esa cicatriz para siempre.

-¿No puede hacer nada, Dumbledore?

-Aunque pudiera, no lo haría. Las cicatrices pueden ser útiles. Yo tengo una en la rodilla izquierda que es un diagra ma perfecto del metro de Londres. Bueno, déjalo aquí, Ha grid, es mejor que terminemos con esto.

Dumbledore se volvió hacia la casa de los Dursley

-¿Puedo... puedo despedirme de él, señor? -preguntó Hagrid.

Lily, James y Harry le sonrieron al semi-gigante agradeciéndole.

Inclinó la gran cabeza desgreñada sobre Harry y le dio un beso, raspándolo con la barba. Entonces, súbitamente, Ha grid dejó escapar un aullido, como si fuera un perro herido.

-¡Shhh! -dijo la profesora McGonagall- ¡Vas a des pertar a los muggles!

-Lo... siento -lloriqueó Hagrid, y se limpió la cara con un gran pañuelo- Pero no puedo soportarlo... Lily y Ja mes muertos... y el pobrecito Harry tendrá que vivir con muggles...

Todos los presentes isieron una mueca ante las palabras dichas por el profesor y para sorpresa de todos, Snape igual.

-Sí, sí, es todo muy triste, pero domínate, Hagrid, o van a descubrirnos -susurró la profesora McGonagall, dando una palmada en un brazo de Hagrid, mientras Dumbledore pasaba sobre la verja del jardín e iba hasta la puerta que ha bía enfrente. Dejó suavemente a Harry en el umbral, sacó la carta de su capa, la escondió entre las mantas del niño y lue go volvió con los otros dos. Durante un largo minuto los tres contemplaron el pequeño bulto. Los hombros de Hagrid se estremecieron. La profesora McGonagall parpadeó furiosamente. La luz titilante que los ojos de Dumbledore irradiaban habitualmente parecía haberlos abandonado.

-Bueno -dijo finalmente Dumbledore- ya está. No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos vayamos y nos unamos a las celebraciones.

-Ajá -respondió Hagrid con voz ronca- Voy a devol ver la moto a Sirius. Buenas noches, profesora McGonagall, profesor Dumbledore.

Sirius sonrió ante eso pero al ver una mirada asesina de Lily y Mcgonagall decidió no hacer el baile de nuevo.

Hagrid se secó las lágrimas con la manga de la chaqueta, se subió a la moto y le dio una patada a la palanca para poner el motor en marcha. Con un estrépito se elevó en el aire y de sapareció en la noche.

-Nos veremos pronto, espero, profesora McGonagall -dijo Dumbledore, saludándola con una inclinación de cabeza. La profesora McGonagall se sonó la nariz por toda res puesta.

Dumbledore se volvió y se marchó calle abajo. Se detuvo en la esquina y levantó el Apagador de plata. Lo hizo funcio nar una vez y todas las luces de la calle se encendieron, de manera que Privet Drive se iluminó con un resplandor ana ranjado, y pudo ver a un gato atigrado que se escabullía por una esquina, en el otro extremo de la calle. También pudo ver el bulto de mantas de las escaleras de la casa número 4.

-Buena suerte, Harry -murmuró. Dio media vuelta y, con un movimiento de su capa, desapareció.

Una brisa agitó los pulcros setos de Privet Drive. La ca lle permanecía silenciosa bajo un cielo de color tinta. Aquél era el último lugar donde uno esperaría que ocurrieran cosas asombrosas. Harry Potter se dio la vuelta entre las mantas, sin despertarse. Una mano pequeña se cerró sobre la carta y siguió durmiendo, sin saber que era famoso, sin saber que en unas pocas horas le haría despertar el grito de la señora Dursley, cuando abriera la puerta principal para sacar las botellas de leche. Ni que iba a pasar las próximas semanas pinchado y pellizcado por su primo Dudley... No podía saber tampoco que, en aquel mismo momento, las personas que se reunían en secreto por todo el país estaban levantando sus copas y diciendo, con voces quedas: « ¡Por Harry Potter... el niño que vivió!».

- Bueno ese fue el final del capítulo –Dumbledore coloco el libro sobre la mesa y miro a cada uno de los presentes- ¿Qué les parece si comemos algo y luego seguimos con el segundo capítulo?

- Si, yo muero de hambre Contesto Sirius sobándose el estomago que hiso un ruidito haciendo reír a algunos-

- Cuando no Padfoot –Dijo Remus estirándose un poco, mientras Lily miraba hacia sus casi no visibles pies acariciando con una mano su panza y con la otra la mano de Harry-

-¿Qué pasa mama? –Preguntó Harry, al oír esto James y Snape que la miraba de solosayo le prestó atención-

-¿De verdad pasaras un horror en casa de mi hermana? –Al escuchar esta pregunta, Harry, hiso una mueca-

-No puedo contestarte lo sabes solo confórmate, por ahora, que sabes que estoy bien –Le sonrió Harry tratando de reconfortarla, cosa que logró solo un poco-

-Es cierto Lily míralo, esta igual de grande y fuerte y guapo como su padre – Dijo James causando la risa de Lily y de Harry menos de Snape-

- ¿Debería preocuparme por eso? –Preguntó Divertida Lily a Harry-

- No lo creo mama –Contestó este sonriéndole mientras aparecía el elfo con la comida y todos se acomodaron para comer, cuando terminaron desapareció todo lo sucio y se acomodaron para continuar con el segundo capítulo-

- Bien, ¿Quién quiere leer? – Preguntó Dumbledore tomando el libro y mirando a cada uno-

- Yo –Contestó Remus tomando el libro que le extendía el profesor y lo abrió para comenzar a leer-

- El título del capítulo es "El Vidrio que se desvaneció" – Harry al escuchar el título sonrió recordando su visita al zoológico, cuando tuvo su primero indicio de la magia-

Habían pasado aproximadamente diez años desde el día en que los Dursley se despertaron y encontraron a su sobrino en la puerta de entrada, pero Privet Drive no había cambiado en absoluto. El sol se elevaba en los mismos jardincitos, iluminaba el número 4 de latón sobre la puerta de los Dursley y avanzaba en su salón, que era casi exactamente el mismo que aquél donde el señor Dursley había oído las ominosas noticias sobre las lechuzas, una noche de hacía diez años. Sólo las fotos de la repisa de la chimenea eran testimonio del tiempo que había pasado. Diez años antes, había una gran cantidad de retratos de lo que parecía una gran pelota rosada con gorros de diferentes colores, pero Dudley Dursley ya no era un niño pequeño, y en aquel momento las fotos mostraban a un chico grande y rubio montando su primera bicicleta, en un tiovivo en la feria, jugando con su padre en el ordenador, besado y abrazado por su madre... La habitación no ofrecía señales de que allí viviera otro niño.

- Idiotas – Susurró Sirius-

Sin embargo, Harry Potter estaba todavía allí, durmiendo en aquel momento, aunque no por mucho tiempo. Su tía Petunia se había despertado y su voz chillona era el primer ruido del día.

-¡Arriba! ¡A levantarse! ¡Ahora!

-¡Esa no es ninguna manera de despertar a un niño Petunia! –Gritó Lily enojada, mirando hacia el libro, Harry por su parte la miraba enternecido recordando esos tiempos y pensando en cómo hubiera sido su vida si Voldemort no le hubiera quitado a sus padres-

- Cálmate Lily eso no te hace bien, el está bien míralo – Le susurró James al oído y Lily miro a Harry haciendo que se sintiera un poco mejor-

Harry se despertó con un sobresalto. Su tía llamó otra vez a la puerta.

-¡Arriba! -chilló de nuevo. Harry oyó sus pasos en dirección a la cocina, y después el roce de la sartén contra el fogón. El niño se dio la vuelta y trató de recordar el sueño que había tenido. Había sido bonito. Había una moto que volaba. Tenía la curiosa sensación de que había soñado lo mismo anteriormente.

- Tienes recuerdos de lo que paso –Le susurró Lily mirándolo amorosamente-

Su tía volvió a la puerta.

-¿Ya estás levantado? -quiso saber-

-Casi -respondió Harry-

-Bueno, date prisa, quiero que vigiles el beicon. Y no te atrevas a dejar que se queme. Quiero que todo sea perfecto el día del cumpleaños de Duddy.

-¡Mi hijo no es ningún elfo domestico! – Gritó James volviendo a enojarse-

Harry gimió.

-¿Qué has dicho? -gritó con ira desde el otro lado de la puerta.

-Nada, nada...

El cumpleaños de Dudley... ¿cómo había podido olvidarlo? Harry se levantó lentamente y comenzó a buscar sus calcetines. Encontró un par debajo de la cama y, después de sacar una araña de uno, se los puso. Harry estaba acostumbrado a las arañas, porque la alacena que había debajo de las escaleras estaba llena de ellas, y allí era donde dormía.

- Voy a matar a mi hermana – Gruñó Lily poniéndose colorada-

Tal vez tenía algo que ver con eso de vivir en una oscura alacena, pero Harry había sido siempre flaco y muy bajo para su edad. Además, parecía más pequeño y enjuto de lo que realmente era, porque toda la ropa que llevaba eran prendas viejas de Dudley.

-¿Tu ropa era prestada? –Le preguntó Remus incrédulamente a Harry-

- Si siempre – Contestó este mirando hacia abajo-

- ¿Sabes que quiero hacer James? –Preguntó Sirius y de momento aparecieron unos pergaminos y tinta- Creo que es hora de que empecemos a planear la venganza contra ese cerdo y su hijito cerdito – Y comenzó a escribir como loco, igual James y para sorpresa de él y Harry Lily le susurraba cosas para que escribiera en el-

Harry tenía un rostro delgado, rodillas huesudas, pelo negro y ojos de color verde brillante. Llevaba gafas redondas siempre pegadas con cinta adhesiva, consecuencia de todas las veces que Dudley le había pegado en la nariz. La única cosa que a Harry le gustaba de su apariencia era aquella pequeña cicatriz en la frente, con la forma de un relámpago.

Lily hiso una mueca al escuchar aquellas palabras y abrazó a Harry con fuerza.

La tenía desde que podía acordarse, y lo primero que recordaba haber preguntado a su tía Petunia era cómo se la había hecho.

-En el accidente de coche donde tus padres murieron -había dicho- Y no hagas preguntas.

- Un accidente de coche… - Susurró James incrédulo-

- Se lo dije profesor, ellos no les iba a decir la verdad además lo tratan peor que a un perro – Dijo incrédula la Profesora Mcgonagall haciendo que todos asintieran estando de acuerdo con ella-

Tío Vernon entró a la cocina cuando Harry estaba dando la vuelta al tocino.

¡Péinate! -bramó como saludo matinal.

- Eso es imposible, nuestro cabello es indomable – Dijo James haciendo que todos sonrieran un poco menos, obviamente Snape-

Harry puso sobre la mesa los platos con huevos y beicon, lo que era difícil porque había poco espacio. Entretanto, Dudley contaba sus regalos. Su cara se ensombreció.

-Treinta y seis -dijo, mirando a su madre y a su padre- Dos menos que el año pasado.

-Querido, no has contado el regalo de tía Marge. Mira, está debajo de este grande de mamá y papá.

-Muy bien, treinta y siete entonces -dijo Dudley, poniéndose rojo-

- Pero que niño tan maleducado, espero y tú seas mejor que este en el futuro hijo – Dijo Molly mirando a Ron que se ponía rojo hasta las orejas haciendo que todos rieran-

-Y vamos a comprarte dos regalos más cuando salgamos hoy. ¿Qué te parece, pichoncito? Dos regalos más. ¿Está todo bien?

Dudley pensó durante un momento. Parecía un trabajo difícil para él. Por último, dijo lentamente.

-Entonces tendré treinta y.. treinta y..

- Mira ni siquiera sabe contar – Dijo Moddy gruñendo un poco-

Treinta y nueve, dulzura —dijo tía Petunia.

Oh —Dudley se dejó caer pesadamente en su silla y cogió el regalo más cercano—. Entonces está bien.

Tío Vernon rió entre dientes.

El pequeño tunante quiere que le den lo que vale, igual que su padre. ¡Bravo, Dudley! —dijo, y revolvió el pelo de su hijo.

- Si igual de cerdito que su padre – Para sorpresa de todos fue Remus quien dijo eso haciendo reír a James y a Sirius-

Harry, que no podía creer en su suerte, estaba sentado en la parte de atrás del coche de los Dursley, junto con Piers y Dudley, camino del zoológico por primera vez en su vida. A sus tíos no se les había ocurrido una idea mejor, pero antes de salir tío Vernon se llevó aparte a Harry.

-Te lo advierto -dijo, acercando su rostro grande y rojo al de Harry- Te estoy avisando ahora, chico: cualquier cosa rara, lo que sea, y te quedarás en la alacena hasta la Navidad.

-¡No te atrevas a amenazar a mi ahijado bola de grasa con patas! – Grito Sirius ya cansado de escuchar todas las estupideces que decía ese libro sobre Vernon-

-No voy a hacer nada -dijo Harry- De verdad...

Pero tío Vernon no le creía. Nadie lo hacía.

-¿Y eso por qué? – Pregunto Andromeda frunciendo el ceño-

Harry se removió medio incomodo y medio divertido con lo que pasara en ese capítulo si de verdad contaba todo lo que había pasado ese día.

El problema era que, a menudo, ocurrían cosas extrañas cerca de Harry y no conseguía nada con decir a los Dursley que él no las causaba.

En una ocasión, tía Petunia, cansada de que Harry vol viera de la peluquería como si no hubiera ido, cogió unas tije ras de la cocina y le cortó el pelo casi al rape, exceptuando el flequillo, que le dejó «para ocultar la horrible cicatriz». Dud ley se rió como un tonto, burlándose de Harry, que pasó la no che sin dormir imaginando lo que pasaría en el colegio al día siguiente, donde ya se reían de su ropa holgada y sus gafas remendadas. Sin embargo, a la mañana siguiente, descubrió al levantarse que su pelo estaba exactamente igual que an tes de que su tía lo cortara. Como castigo, lo encerraron en la alacena durante una semana, aunque intentó decirles que no podía explicar cómo le había crecido tan deprisa el pelo.

-¡Sabes que es magia petunia, Magia! –Grito Lily muy enfadada haciendo que su esposo y su hijo del futuro la abrazaran-

Otra vez, tía Petunia había tratado de meterlo dentro de un repugnante jersey viejo de Dudley (marrón, con manchas anaranjadas). Cuanto más intentaba pasárselo por la cabe za, más pequeña se volvía la prenda, hasta que finalmente le habría sentado como un guante a una muñeca, pero no a Harry. Tía Petunia creyó que debía de haberse encogido al la varlo y, para su gran alivio, Harry no fue castigado.

- Me las va a pagar ya verá – Mientras Lily decía eso Remus, Sirius y James escribían en unos pergaminos- ¿ya van por tanto? – Todos miraron hacia los chicos que tenían un montón en una mesa con más de 50 pergaminos y seguían escribiendo en tres más-

- Si pelirroja es por cada una de las que le hacen a Harry nosotros le haremos diez – Contestó Sirius muy concentrado en su pergamino igual que los otros dos-

- Yo no me quiero imaginar que dirá en todos esos pergaminos – Dijo la profesora McGonagall que conocía muy bien a los Merodeadores- oigan no se han hecho una pregunta importantísima – Todos le prestaron atención a la profesora- ¿Dónde está Peter? No están los merodeadores completos – De momento el ambiente se puso muy tenso, Harry apretó los dientes y sus puños, Ron estaba igual que Harry y Neville y, Ginny y Hermione se removían nerviosas-

- Es cierto ¿por qué no estará? –Se extrañaron los cuatro amigos mirando al profesor en lo que este, estaba ocupado mirando la reacción de los chicos-

- No lo sé, solamente dijeron en el pergamino sus nombres, no podemos saber nada del futuro hasta que leamos estos libros – Contestó Dumbledore retomando la lectura-

Fue la mejor mañana que Harry había pasado en mucho tiempo. Tuvo cuidado de andar un poco alejado de los Dursley, para que Dudley y Piers, que comenzaban a aburrirse de los animales cuando se acercaba la hora de comer, no empezaran a practicar su deporte favorito, que era pegarle a él.

- No te preocupes hijo eso cambiara, no tendrás que vivir con ellos y ellos les espera una gran sorpresa – Dijo James con una mirada maligna y una sonrisa burlona que hasta Dumbledore lo hiso temblar-

Comieron en el restaurante del zoológico, y cuando Dudley tuvo una rabieta porque su bocadillo no era lo suficientemente grande, tío Vernon le compró otro y Harry tuvo permiso para terminar el primero.

- Lo juro esta me las pagas Petunia – Gruñó Lily enojándose cada vez mas-

Más tarde, Harry pensó que debía haber sabido que aquello era demasiado bueno para durar. Después de comer fueron a ver los reptiles. Estaba oscuro y hacía frío, y había vidrieras iluminadas a lo largo de las paredes. Detrás de los vidrios, toda clase de serpientes y lagartos se arrastraban y se deslizaban por las piedras y los troncos. Dudley y Piers querían ver las gigantescas cobras venenosas y las gruesas pitones que estrujaban a los hombres. Dudley encontró rápidamente la serpiente más grande. Podía haber envuelto el coche de tío Vernon y haberlo aplastado como si fuera una lata, pero en aquel momento no parecía tener ganas. En realidad, estaba profundamente dormida.

Dudley permaneció con la nariz apretada contra el vidrio, contemplando el brillo de su piel.

-Haz que se mueva -le exigió a su padre-

Tío Vernon golpeó el vidrio, pero la serpiente no se movió-

-Hazlo de nuevo -ordenó Dudley-

- Esta dormida maldito imbécil – Para sorpresa de todos ese fue Snape quien hablo- ¿Qué? Me gustan las serpientes y odio que las traten así mas en un zoológico – Dijo medio gruñendo mirando hacia otro lado mientras James y Sirius lo miraban entrecerrando los ojos-

Tío Vernon golpeó con los nudillos, pero el animal siguió dormitando.

-Esto es aburrido -se quejó Dudley. Se alejó arrastrando los pies-

Harry se movió frente al vidrio y miró intensamente a la serpiente. Si él hubiera estado allí dentro, sin duda se habría muerto de aburrimiento, sin ninguna compañía, salvo la de gente estúpida golpeando el vidrio y molestando todo el día. Era peor que tener por dormitorio una alacena donde la única visitante era tía Petunia, llamando a la puerta para despertarlo: al menos, él podía recorrer el resto de la casa.

De pronto, la serpiente abrió sus ojillos, pequeños y brillantes como cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la cabeza hasta que sus ojos estuvieron al nivel de los de Harry.

Guiñó un ojo.

Todos se quedaron petrificados en sus asientos menos los chicos ya que sabían el por qué la serpiente había hecho eso.

- Las serpientes no guiñan –Dijo Sirius de manera pensativa-

- No me digas genio –Remus lo miro burlonamente haciendo que Sirius lo mirara entrecerrando los ojos-

Harry la miró fijamente. Luego echó rápidamente un vistazo a su alrededor, para ver si alguien lo observaba. Nadie le prestaba atención. Miró de nuevo a la serpiente y también le guiñó un ojo.

La serpiente torció la cabeza hacia tío Vernon y Dudley, y luego levantó los ojos hacia el techo. Dirigió a Harry una mirada que decía claramente:

-Me pasa esto constantemente

- ¿Cómo es que entiendes a la serpiente Harry? –Preguntó Dumbledore mirándolo fijamente-

- No puedo decirlo – Susurró Harry-

-Lo sé -murmuró Harry a través del vidrio, aunque no estaba seguro de que la serpiente pudiera oírlo- Debe de ser realmente molesto.

La serpiente asintió vigorosamente.

-A propósito, ¿de dónde vienes? -preguntó Harry-

La serpiente levantó la cola hacia el pequeño cartel que había cerca del vidrio. Harry miró con curiosidad.

«Boa Constrictor, Brasil.»

-¿Era bonito aquello?

La boa constrictor volvió a señalar con la cola y Harry leyó: «Este espécimen fue criado en el zoológico».

-Oh, ya veo. ¿Entonces nunca has estado en Brasil?

Mientras la serpiente negaba con la cabeza, un grito ensordecedor detrás de Harry los hizo saltar.

-¡DUDLEY! ¡SEÑOR DURSLEY! ¡VENGAN A VER A LA SERPIENTE! ¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!

Dudley se acercó contoneándose, lo más rápido que pudo.

-Quita de en medio -dijo, golpeando a Harry en las costillas. Cogido por sorpresa, Harry cayó al suelo de cemento. Lo que sucedió a continuación fue tan rápido que nadie supo cómo había pasado: Piers y Dudley estaban inclinados cerca del vidrio, y al instante siguiente saltaron hacia atrás aullando de terror.

Harry se incorporó y se quedó boquiabierto: el vidrio que cerraba el cubículo de la boa constrictor había desaparecido. La descomunal serpiente se había desenrollado rápidamente y en aquel momento se arrastraba por el suelo. Las personas que estaban en la casa de los reptiles gritaban y corrían hacia las salidas.

Mientras la serpiente se deslizaba ante él, Harry habría podido jurar que una voz baja y sibilante decía:

-Brasil, allá voy... Gracias, amigo

- ¡Hablas Parsel! – Gritaron Lily y Remus a la vez mirando a Harry mientras este no sabía si asentir o no decir nada, ya que si, cometía un error los volverían directo al futuro, se decidió por solo encogerse de hombros, total con eso no decía que si ni que no-

El encargado de los reptiles se encontraba totalmente conmocionado.

-Pero... ¿y el vidrio? -repetía- ¿Adónde ha ido el vidrio?

El director del zoológico en persona preparó una taza de té fuerte y dulce para tía Petunia, mientras se disculpaba una y otra vez. Piers y Dudley no dejaban de quejarse. Por lo que Harry había visto, la serpiente no había hecho más que darles un golpe juguetón en los pies, pero cuando volvieron al asiento trasero del coche de tío Vernon, Dudley les contó que casi lo había mordido en la pierna, mientras Piers juraba que había intentado estrangularlo. Pero lo peor, para Harry al menos, fue cuando Piers se calmó y pudo decir:

-Harry le estaba hablando. ¿Verdad, Harry?

Tío Vernon esperó hasta que Piers se hubo marchado, antes de enfrentarse con Harry. Estaba tan enfadado que casi no podía hablar.

-Ve... alacena... quédate... no hay comida -pudo decir, antes de desplomarse en una silla. Tía Petunia tuvo que servirle una copa de brandy.

- ¿Cómo puede dejar a un niño sin comer? - Gritó Molly igual de roja que su cabello-

-Tranquilícese señora Weasley no es algo que no se podía resolver –Le sonrió Harry tranquilizadoramente-

- ¿Como que tranquila Harry? ¡Te dejaban sin comer eso es infrahumano! ¡James di algo! – Le gritó Lily a su esposo mientras el salía de sus pensamientos por el grito-

-¿Perdón, que decías Lily? –Preguntó este un poco distraído-

- ¿En qué piensas James? – Lily lo miró y acarició su cabello, mientras Snape trataba de no mirar todo aquello-

-En que ¿Como Harry puede hablar parsel si eso es hereditario y ninguno de mi familia lo hablaba? – Este miro a Harry fijamente-

- Escuchen, ninguno de nosotros puede decir nada solo les pido que lean que por lo que veo, esos libros dirán todo acerca de mi- Dijo Harry tranquilizándolos un poco-

- ¿Por qué no todos comemos y dormimos un poco para mañana continuar con el próximo capítulo? – El profesor Dumbledore ya había llamado al elfo domestico e hiso aparecer unas habitaciones para cada uno-

Luego de que terminaran de comer cada uno se fue a dormir, Harry por supuesto con sus padres, ese fue el mejor día de su vida luego de haber salvado a Hogwarts de Lord Voldemort.


Aqui tambien arregle un poco

ojala les guste

besos pottericos

rosalie-key