2. ¿Qué fue de nuestros dorados?
Milo había nacido en una familia que sin ser excesivamente pobre, tampoco estaba boyante. Su padre era payo pero su madre gitana, entre medio de esas dos culturas creció feliz, rodeado de cariño y hermanos. Nunca le gustaron los estudios, por lo que acabó lo elemental y salió a la calle a trabajar.
Desde entonces, su vida fue una locura. Se convirtió en el rey de la noche. Llevaba en sus venas la sangre del escorpión, nadie se le resistía. Estaba acostumbrado a hacer lo que quería, hechizaba a la gente con su encanto y por eso le perdonaban sus mil y un caprichos. Aunque la mayoría de veces esos caprichos supusieron el dolor ajeno.
A los 18 años conoció a Aioros, el cual le robó el corazón pero no las ganas de vivir la vida a mil por hora. El pobre novio aprendió a limarse la cornamenta de bambi cada fin de semana para poder pasar por la puerta de su casa. A pesar de todo, había algo de irresistible en Milo que lo hacía aguantar los peores desplantes. Cuando Aioros le recriminaba entre lágrimas sus devaneos, el escorpión le contestaba que el era así y nunca se lo había ocultado, su instinto era más fuerte que su corazón y por sus venas corría sangre de cazador que necesita cazar presas. Que quien no lo aceptara era muy libre de irse porque el nunca cambiaría. El era claro y no engañaba por eso que luego no le pidieran imposibles. Aioros hacía ademán de irse, pero el escorpiano lo envolvía entre sus brazos y lo embriagaba con sus besos, su olor y su pasión mientras le susurraba que su cuerpo exigía sangre pero su corazón latía solo por el Centauro, era lo único en él que le era fiel. Y en el fondo lo más importante. De esta forma era como finalizaban la mayoría de sus disputas.
Camus había nacido en una familia de grandes posibles. Desde pequeño sacaba excelentes notas por eso cuando decidió estudiar Económicas obtuvo el aplauso de su familia y entró sin grandes problemas. Pero en ese año se le cruzó por el camino un chico llamado Shura. No era mala persona, era leal hasta la muerte, sincero pero arrastraba un trauma de pequeño, vio como su hermano menor moría de un navajazo en frente de sus narices. Nunca podría perdonarse no haber llegado a tiempo para recibir la puñalada en su lugar, para haberlo evitado, cualquier cosa, pero algo, en vez de haberse quedado gritando desde el otro lado de la acera. Pudo ver el brillo del metal introduciéndose en el pecho de su hermano, para luego salir reluciente de sangre. Cuando llegó a su hermano este estaba dando sus últimas bocanadas de aire, lo último que percibió fue como el brillo de sus pupilas se apagaban, mientras la sirena de la ambulancia se acercaba. Cuando llegó, su último latido se perdió en el tumulto y ahí Shura perdió el horizonte. Tuvieron que arrancarle prácticamente el cadáver de sus brazos. Desde entonces, el dolor asfixiaba su alma y para apaciguarlo se hundió en el mundo de las drogas.
Camus lo conocía desde pequeño, ya que eran vecinos. Un día tuvo un problema con la moto y Shura se ofreció a llevarle hasta el instituto, ya que le pillaba de camino. Desde entonces se hicieron grandes amigos. Hasta que un día Camus no pudo controlar sus instintos y la Cabrita se vio degustando el sabor a fresa de los labios del Hielito. Para el esa muestra de afecto fue un bálsamo para su alma. Camus inició una lucha contra el vicio de Shura. Quiso arrancarlo del mundo de la droga sin darse cuenta que en la lucha el se iba apagando más y más. Al final el que decidió seguir solo con su tormento fue Shura que acabó con la relación, con otro remordimiento en el corazón, ya que había herido a la única persona que se acercó a darle un poco de calor. Prefería renunciar a el que seguirlo destruyendo. Ese era un asunto que debería superar solo.
Camus cayó en una depresión, tuvo que darse de baja en los estudios por dos años. Durante ese tiempo, Mu fue un asidero en medio de la tempestad. La depresión es una enfermedad que se causa debido a que un algo en tu alma se rompe y ese algo es lo que te da fuerza de vivir. Durante esos dos años fue un muerto en vida. El vacío inundó su corazón, su alma y su mente. Nada le importaba porque ya no sentía, por el hecho de que había tanto dolor dentro de si, que no podía permitirse el lujo de tener sentimientos ya que sino estos lo destruirían. Sus capacidades tanto físicas como mentales se redujeron al mínimo. Dejó pasar el tiempo esperando a que las heridas cicatrizaran. En ese tiempo algo dentro de el se endureció. Siempre fue un idealista y un soñador, creyendo en la bondad de la gente sobre todas las cosas, esto se congeló, transformándose en una persona escéptica y dura. Pero aunque Camus cambió, la calidez de su corazón era tan grande que solo permaneció dormida entre los hielos del dolor esperando a ser despertado. En contadas ocasiones esa calidez asomaba para brindar rayos de sol a aquel que tuviera la fortuna de recibirlos.
Con el paso del tiempo superó esa depresión y volvió a estudiar. Pero decidió dejar atrás viejos dolores para centrarse en el presente. Cambió de lugar y se marchó a otra ciudad. Quería empezar de cero, conocer nueva gente, nuevos mundos. Su estimado Mu fue con el, decidieron compartir piso con otros dos Shaka y Afrodita.
