Capitulo 2 :Díme que me amas, Draco

-Te he dicho muchas veces que me molesta el olor a cigarro Hermione, no sé por qué te empeñas en hacerlo cuando estoy yo, apágalo. -exigió con suficiencia, sabiendo que iba a ser complacido.

-Sabes que no puedo vivir sin el cigarrillo -contestó ella volviendo el rostro y aspirando una vez más el humeante artefacto que la relajaba.

-Pues deberías dejarlo, es signo de debilidad.

-Perfectamente conoces mis motivos para depender de él Draco, desde que tú y yo…

-¿Me culpas de tus cargos de conciencia, Hermione? -cuestionó burlón el rubio.

-No es nada fácil aparentar ser una esposa fiel con Ron sabiendo que tengo este tipo de encuentros contigo.

-Nadie te obliga -dijo él acercándose seductoramente a la castaña, quien desfallecía de solo ver esos ojos mercurio posarse en ella.

-Te amo, Draco.

El rubio se paró en seco al escuchar tan inesperada confesión de su acompañante. Hermione era tan prohibida como incitante para él, deseaba ser su dueño, su único dueño, pero la palabra amor no estaba en su vocabulario.

-¿Qué acabas de decir? -cuestionó mudando el semblante a uno de perfecta estupefacción.

-Lo que oíste, no vale la pena ocultarlo más -aceptó la ojimiel tratando de echarle los brazos al cuello. Draco no se movió.

-¿Y entonces qué le queda a tu flamante esposo?

-Ronald tiene mi cariño, mi comprensión, mi presencia en casa. Tú tienes todo lo demás, el amor, el deseo, la pasión, ¿Acaso no te das cuenta?

-No mientas -puntualizó molesto separándose de ella y dirigiéndose a una ventana cercana.

-Jamás miento Malfoy -exclamó molesta la Griffindor.

-Tienes un matrimonio feliz ¿no es así?

-Eso parece, pero no lo es. Ron es una parte muy importante en mi vida, pero no es lo mismo; en cambio tu... eres quien me hace sentir viva, sentir mujer.

Draco volvió la mirada hacia ella tratando de escudriñar hasta el más mínimo detalle de esa extraña confesión. Siempre le había pedido que dejara al pelirrojo y que emprendieran una travesía juntos, pero ella se negaba siempre argumentando que Weasley no merecía ser traicionado de esa forma, que ella permanecería a su lado.

Caminó unos pasos aproximándose a ella nuevamente y Hermione sintió su cuerpo encenderse de nuevo al verlo, pero esta vez tenía que decirle algo importante.

-Ronald quiere que tengamos un hijo -comentó a sabiendas de la furiosa reacción de Malfoy.

Él, por su parte, la tomó por los hombros y con el ceño fruncido reclamó.

-¿Te estás burlando de mí acaso?, ¡Acabas de asegurar que según tú me amas y a los tres segundos me dices que vas a tener un hijo con tu adorado esposo!

-Draco…

-¡Granger, eres peor que yo mintiendo!

-Nada de lo que he dicho hoy es mentira Draco -contestó ella con la voz quebrada por el llanto que amenazaba con salir- yo te amo, pero no puedo dejar a mi esposo, ¡entiéndelo por favor! Y es normal que él quiera tener hijos.

-Pues entonces dedícate a ser la "esposa perfecta", espéralo en casa pacientemente, hazlo feliz y terminemos con ésta idiotez.

-Esta "idiotez" como tú la llamas es mi razón de vida, mi razón para vivir.

-¡No me hagas reír!, conmigo es lo es todo o nada y he cedido bastante ya. ¡Estoy harto de esto!

-Me amas, lo sé.

El rubio le clavó la mirada penetrante al escuchar la afirmación de la castaña y odiaba que ella pudiera ver más allá de lo que él deseaba.

-Pareces muy segura de eso -apuntó irónico y retomando las riendas del juego.

-Me lo estás demostrando con la actitud de ahora -respondió la ojimiel acercándose conciliadora.

Ambos se fundieron en un beso furioso, huracanado, un beso que demostraba que entre ellos todo era volcánico y que difícilmente podrían estar uno sin el otro, se necesitaban; deseaban amarse otra vez y lo hicieron porque no podrían resistirse. Las ansias volvieron a brotar de ambos cuerpos que se fundían sobre la alfombra.

-Te casarás con ella entonces -habló Hermione cuando las cosas volvieron a su tranquilo cauce.

-Sí -fue la escueta respuesta de draco malfoy

-No lo acepto.

-Ya lo sabías, ¿No?, jamás fue un secreto para nadie que estaba comprometido con Astoria Greengrass, era hora de hacerlo oficial y dar el paso. Eso es todo.

-Aún así no lo acepto, ya te lo dije-rebatió ella con el brillo de los celos asomado en sus ojos miel. Draco sonrió de lado al comprobarlo.

- Eso no me importa

-A mí si Draco.

-Te recuerdo que tienes un esposo al cual darle hijos pronto -insistió él imprimiéndole un filoso tono a cada una de sus palabras.

Ambos estaban en la misma situación, sentían celos de las respectivas parejas que tenían. Deseaban quedarse juntos, mandar al diablo a todo lo demás, pero las normas autoimpuestas por Hermione lo impedían y eso frustraba a Draco, pero aún así, seguía con el juego, segía con ella, orque lo que sentían era demasiado fuerte como para perderlo. Se resistían a pensar el el futuro, simplemente vivirían el día a día, el presente, dejando lo que sería para más adelante, no querían pensar en separarse, en renunciar al otro.

-Eso es aparte -continuó Hermione con un tono de voz más serio.

En ese momento era una mujer enamorada defendiendo lo suyo a costa de lo que fuera.

-Yo soy libre y tú estás casada.

-Tú eres mío.

-¿Y tú eres mía?

-Sabes que sí, que lo soy, solo tuya.

-Mientes- sonrió él y volvió la mirada hacia otro lado.

Odiaba que otro la tocara, que la hiciera suya. Cada que él la tomaba, trataba de dejarle huella, de hacerla sentir que solo le podía pertenecer a él, pretendía desvanecer uno a uno los besos de Ronald Weasley con los suyos; opacar las caricias y cualquier asomo del pelirrojo en la vida de Hermione, pero sabía que era una tarea por demás difícil porque él era su esposo, el que la sociedad aceptaba, mientras que Draco Malfoy estaba condenado a permanecer oculto, como esa relación que sostenía y cada día se hacía más inaguantable la situación para él.

La castaña se acercó a él besándolo violentamente, clavando las uñas en la blanca espalda descubierta de Draco y él correspondió pasando sus hábiles manos por las piernas de la chica, por sus muslos, deslizándolas lentamente hacia la espalda, tocando su cabello revuelto, hundiendo los dedos en él; la sensación de acariciar los rizos de Hermione le encantaba, eran tan suaves, tan provocativos...

-Aún sigo pensando que me mientes -retomó el de ojos mercurio a pesar de los intentos de la chica por demostrarle que lo amaba solo a él.

-Draco, con Ronald es distinto todo, ¡entiéndelo de una vez!

-¡Ni siquiera me lo menciones! -rugió el rubio encendiendo una mirada de odio hacia el pelirrojo, su más acérrimo rival por Hermione Granger, el que hasta el momento tenía todo, dejándolo a él solo con momentos contados arrebatados a su matrimonio, momentos que él desearía convertir en realidad.

-Da marcha atrás con el matrimonio con Astoria -exigió la ex Griffindor con tono decidido.

Ella tampoco soportaba la idea de ver a Draco casado, comprometido legalmente con otra, saber que cuando terminara sus encuentros con ella, Astoria le esperaría en casa para ser suya, que fuera la de ojos verdes y no ella la que durmiera con Draco noche a noche, la que velara por él, la que le entregara su amor sin condiciones, amor que ella no podía darle libremente, porque su matrimonio con Weasley se lo impedía.

Desde que supo del compromiso lloraba noche tras noche, calladamente, sintiendo su corazón lastimado al imaginar a Draco en la ceremonia, aceptando a la Greengrass como esposa, como señora Malfoy ante todos, la que iría orgullosa de su brazo, la futura madre de sus hijos. Esas imágenes eran puñales para Hermione, crueles, pero eran verdad. Su relación estaba destinada a permanecer oculta ante todos y a dañar a muchos si es que salía a la luz.

Deseaba volver el tiempo, no haberse casado con Ronald, huir de todo eso y emprender una vida aparte con Draco, pero no se atrevía; la lealtad hacia Weasley, hacia la familia de él, estaba además Harry de por medio, sus propios padres, todos le darían la espalda si tomaba la decisión de rehacer su vida con el heredero de Lucius Malfoy.

Sabía perfectamente desde que todo eso había iniciado que no podía hacer más que brindarse momentos prestados con él y sólo eso, pero ahora que él iba a casarse sentía su herido corazón protestar ante ello. Hermione lo amaba.

¿Cómo empezó toda aquella vorágine que se había convertido en amor?, no se sabía a ciencia cierta, se reencontraron una vez que ella discutió con Ronald y salió muy airada de su casa para intentar tranquilizarse y entonces lo encontró. Draco vagaba solo por un lugar que no recordaba en el Callejón Diagon, mismo lugar hasta donde ella había llegado inconscientemente.

Él empezó a burlarse de ella de nuevo como lo hacía en el colegio y Hermione como siempre correspondió a cada insulto. Pero ninguno de los dos pudo negarse que se atrajeran desde ese momento, que la chispa se encendía de solo verse, que se desearon desde ahí.

Los encuentros empezaron sin ser planeados, ella salía al mismo lugar tratando de verlo y él, sin saber por qué hacía lo mismo, se insultaban, se agredían, pero algo más había detrás de todo aquel aparente odio que se profesaban.

En una de esas ocasiones, Draco no soportó más y la besó apasionadamente, beso que ella jamás rechazó, pero al estar en un lugar que se suponía público, ambos frenaron de inmediato y solo ese rincón en el callejón fue testigo del primer indicio de lo que hoy ocurría. De eso hacía dos largo años ya.

Draco escuchó la exigencia de Hermione de dar marcha atrás con su boda y respondió.

-No lo voy a hacer Hermione.

-¿Por qué no? -se desesperó ella- ¡Ni siquiera la conoces!, no la amas Draco.

-Te equivocas Granger, sí la conozco -completó irónico como era su costumbre y enarcó una ceja al ver los celos abiertos de la castaña.

-No la amas -repitió ella mirándolo fijamente.

La leona trataba de descubrir el secreto de ese par de mercurio que jamás habían dicho que la amaran a ella, pero aún así Hermione sabía que Draco sentía algo muy especial por ella, algo que lo había obligado a permanecer en esos furtivos enlaces, que lo había orillado incluso en pedirle más de una vez en iniciar algo juntos, ella estaba segura que eso era amor. De no ser así Draco jamás consentiría permanecer como un secreto en la vida de ella, sin embargo nunca se lo había dicho como tal.

-Eso es cierto -apuntó el sin ocultar nada y esas palabras hicieron latir fuerte el corazón de la señora Weasley, quien esperanzada retomó.

-Me amas a mí -afirmó con algo de timidez y alegría, deseando escuchar un sí como confirmación a lo que acababa de decir.

-¿Estás segura? -sonrió él a medias, sin dejar escapar nada más de su mirada o de sus actitudes, el siempre enigmático Draco Malfoy se mantenía en pie pasara lo que pasara.

-Lo siento cada vez que me haces el amor -repuso ella categórica y decidida a arrancarle la confesión de amor la rubio, cosa que no iba a resultar nada fácil.

-Quizá -respondió con la frialdad acostumbrada.

-Acéptalo Draco.

-Me tengo que ir ya -concluyó colocándose de nuevo el traje oscuro rápidamente y sin mirarla.

No podía aceptar lo que le pedía Hermione, al menos no hasta que ella decidiera tener una vida con él y una vez más le había dejado claro que su vida estaría siempre al lado de Ron y que él tendría que esperar siempre a que ella tuviera tiempo para estar juntos; su orgullo se imponía y le imponía dejar entrever sus sentimientos.

Ni él mismo tenía claro si eso era amor porque jamás lo había sentido como tal, pero sabía que era muy poderoso lo que lo unía Hermione, al grado tan de aceptar ser el otro, el segundo en su vida. Claro que eso, a esas alturas de nada le servía.

El altivo Malfoy deseaba ser el único, pero parecía que eso no sería nunca y quería que ella sintiera el mismo rechazo que él. Hermione en silencio lo observaba vestirse. Sabía que no iba a obtener su respuesta en ese momento, pero estaba decidida ya a hacerlo.

Ahora más que nunca necesitaba sentirse amada por el Slytherin, ahora que él estaba por casarse. Su corazón le exigía conocer su posición de ahora en adelante que Astoria entraba en sus vidas definitivamente. Quería pelear, luchar por el amor de Draco, pero eso era imposible y al menos le urgía saber qué significaba todo esto para el rubio, que significaba Hermione Granger para Draco Malfoy.

Después de que ambos se hubieron colocado todas las prendas que tenían antes de perderse en esos arrebatos pasionales, él le dio un beso que a ella la desarmó tanto que la recorrió un escalofrío por su espina dorsal, sentimiento que no le pasaba jamás con su marido.

-Nos vemos después -se despidió él marchándose sin decir más que eso y Hermione lo observó una vez más perderse tras la puerta de su improvisado lugar de reunión amorosa.