Disclaimer: Harry Potter sigue sin pertenecerme *^*
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Capítulo 1: La noche del baile.
La música resonaba en todo el salón. Tenía que admitir que los Greengrass sabían muy bien cómo organizar esa clase de eventos, aun así no dejaba de sentirse un poco fuera de lugar. Harry no acostumbraba vestir de gala, por el contrario solía usar prendas de tipo mucho más casual mientras preparaba pociones experimentales o atendía a sus pacientes en el pueblo. Para ser un Potter, Harry vivía de una forma mucho más humilde de lo que sería aceptable para alguien de su posición, cobrando de veinte knuts a dos sickles por sus servicios. Era cierto que contaba con la herencia de los Potter, pero con los años la fortuna no hacía más que decrecer. A pesar de que Harry rara vez hacía uso de ella, la utilizaba en su mayoría para ayudar a otros, dejándolo de pie en la delgada línea que dividía la bancarrota con la vida modesta, pero no era algo que le preocupara demasiado y a fin de mes lograba cerrar bien las cuentas gracias a los "agradecimientos" que recibía de ricos sangre pura. Harry nunca entendería esa extraña necesidad de los adinerados por pagarle más de lo que él solía cobrar… aunque considerando como era él mismo, tal vez sí lo comprendía un poco.
Buscó a Hermione hasta por fin encontrarla charlando alegremente con las hermanas Patil, quienes hablaban de lo exquisito que era el salón y de lo mucho que adoraban la música. Harry casi se da por vencido con la conversación pero, cuando estaba a punto de pedirles disculpas a las damas y marchar por un vaso de whisky de fuego escuchó a Padma murmurar con emoción:
-Aquí viene Malfoy- Harry observó en la misma dirección que las jóvenes que le acompañaban, sorprendido por la imagen que presenció. En efecto era Malfoy, pensó el moreno decepcionado pero no por ello menos sorprendido. Tres personas encabezaban la marcha, el primero a la derecha era un pelirrojo alto, de ojos azules y alegres y de una postura más bien relajada. Parvati lo señaló como Ronald Weasley, el menor de los varones Weasley y futuro heredero de la finca de Alton. En la izquierda, siempre bella, delgada y elegante se encontraba Astoria Greengrass y en el centro, llevando a aquella dama del brazo, con una expresión serena que rosaba la indiferencia, un cabello rubio que sólo competía en claridad con el gris de sus ojos y con un porte digno de un rey, se encontraba nada más y nada menos que Draco Malfoy, el primer y único hijo de Lucius Malfoy. Claro, era lógico que si Lucius se encontraba tan enfermo como las gentes decían, su hijo viajase en su lugar para cerrar negocios o hacer lo que fuera que debiera hacer en Hampshire. Juntas, esas tres personas representaban la trinidad de lo inalcanzable en la escala de amistades de Harry y eso, curiosamente, no le importaba ni un poco. No hasta el momento en el que las tres figuras se aproximaron a ellos, obviamente por el explícito deseo de Astoria de saludar a sus amigas (y de presumir un poco de los caballeros que la acompañaban, sospechó Harry).
-Es una velada maravillosa- comenzó Hermione y se dirigió a él, claramente vigilando que no se distrajera –¿no te parece, Harry?-
-¿Eh? Sí claro, maravillosa. Haga llegar mis felicitaciones a sus padres, señorita Greengrass.
-Claro que lo haré, en especial viniendo de usted, señor Potter.
-¿Potter? ¿Hijo de James Potter?- preguntó Ronald, sorprendido y analizando a Harry con un nuevo interés. Él asintió, estaba acostumbrado a ese tipo de expresiones en las personas. El pelirrojo se volvió a Draco y lo golpeó ligeramente con el codo para llamar su atención.
-James Potter debe de ser el mejor medimago de la historia, Draco.
-Claro que lo fue- intervino Hermione –pero sin duda Harry no se queda atrás.
-Se dice que aprendió todo de los centauros, es eso cierto?- preguntó el pelirrojo con evidente fascinación. Harry desvió la mirada sintiéndose algo incómodo y se encogió de hombros.
-No lo sé, lo único que se de él es lo que dejó escrito en sus notas y me temo que jamás escribió haber convivido con centauros o insinuado algo parecido.
-Oh vaya, es una pena. Mi padre dice que fue un gran hombre, debe de estar sumamente orgulloso de ser hijo suyo.
-En efecto, lo estoy.
-¿Y usted… –preguntó Draco, sorprendiéndolos a todos -…clama estar a la altura del nombre de su padre?
Harry alzó las cejas, sorprendido de que semejante figura se dirigiese a él, pero también claramente molesto por la insinuación que conllevaba dicha pregunta: ¿se consideraba él tan bueno como su padre o, al menos, medianamente aceptable? ¿Era, pues, un digno hijo del gran James Potter? Claro que lo era, pensó de inmediato pero sin poder contestar con la misma rapidez debido a la inspección de esos ojos grises, finalmente le dijo:
-Nunca he clamado ser como mi padre: ni mejor ni peor. Prefiero pensar en mí mismo sin tener que compararme con otros y ser el mejor medimago para mi paciente, sin preocuparme si soy menos talentoso que otro mago.
El rubio le miró con escrutinio, Ronald con admiración hasta que se echó a reír, recargando una mano en el hombro de Draco. Era sorprendente la confianza que parecía existir entre ambos.
-Vaya, parece que te dejó sin palabras eh, Malfoy? Definitivamente este hombre se ha ganado mi aprecio.
-Oh cállate, Ron ¿Por qué no mejor vas por un trago o algo de comer?
-Esa es una buena idea, señor Potter me acompaña?- le preguntó y él aceptó encantado de escaparse de la tensión que comenzaba a llenar el ambiente. Una vez fuera del grupo Ronald se dirigió a él.
-Tienes que disculpar a Draco, está un poco irritable porque odia los bailes.
-Menos mal, creí que ese era su estado natural- dijo rodando los ojos, haciendo reír al pelirrojo.
-Eres una persona agradable. Puedes llamarme Ron, por cierto.
-Gracias. Tampoco tengo problema si me llamas por mi nombre.
Y así fue como comenzaron a charlar tranquilamente, desviando la conversación a temas más casuales. Congeniaron de manera inmediata y luego de admitir su mutua fascinación por los Chudley Cannons y sus veinte victorias consecutivas hasta el momento y comentar sus predicciones para su próximo título, ambos ya se llevaban de maravilla. Para cuando regresaron junto a las chicas y Malfoy, ambos parecían ser amigos de toda la vida cosa que no parecía sorprender al joven heredero de la fortuna Malfoy quien, por el contrario, casi parecía complacido, pero no por ello se mostraba más amable.
Para cuando terminó la velada el sol ya comenzaba a hacer acto de presencia en el horizonte y Hermione no podía estar más feliz. Harry la acompañó en carruaje, donde la escuchó hablar maravillas del señor Ronald Weasley y de lo agradable que le resultó su compañía durante el resto de la velada. Él no podía hacer más que concordar con su amiga, en efecto Ron era un hombre bastante agradable y sonriente, lo que le hacía preguntarse ¿cómo era posible que alguien así fuese amigo de una persona tan seria y desagradable como ciertamente lo era Draco Malfoy? Durante toda la noche el oji-gris había matado su tiempo conversando con Astoria y Ron, sin dignarse a dirigirle la palabra en más de una ocasión pero claro, alguien con un estatus como el de los Malfoy jamás se dignaría a entablar una conversación con alguien como Harry, ni se diga de una amistad. Aquel baile había terminado con un sabor amargo para él, pero le complacía el estado de ensoñación que rodeaba a su amiga, así que evitó mencionar la frialdad con la que había sido tratado por el hijo de Lucius. De cualquier forma no era como si le importara la opinión del rubio… ciertamente no le importaba en lo más mínimo.
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N.A: Bien, ¿qué tal? Se pondrá mejor más adelante, lo juro y también más largo. Review?
