Un saludito para robin-chuan por su comentario :)

CAPÍTULO 2

¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? ¿Por qué le dolía la cabeza? ¿Por qué mierda tenía las manos atadas en la cama? Hiruma no podía entender qué había pasado. Solo después de un momento se le vino a la cabeza lo que había pasado antes de que se durmiera. La maldita manager tenía que haberle dado algo para dormir. No pensaba dejar que saliera inmune de esa. Se las iba a pagar. Trato de levantarse y al moverse se dio cuenta de otro detalle.

Estaba desnudo.

Después de la sorpresa una sonrisa maliciosa se puso en sus labios. No podia imaginar a la jodida manager desnudándolo.

-Tiene que haber terminado toda sonrojada.

Se notaba que ella no estaba en el cuarto y él ya se estaba impacientando. Quería que llegara para gritarle unas cuantas cosas. O mejor aún podría empezar por soltarse. ¿Acaso esa maldita manager creía que si lo amarraba lo iba a tener a su merced y el no se iba a desatar? Parece que no lo conocía.

Solo que no consiguió mover ni una mano cuando se quedo quieto y con la boca abierta. No podia creer lo que veían sus ojos. Mamori se veía tan… sexy. Acababa de entrar al cuarto.

-¡Vaya! Ya te despertaste. Dormiste más de lo que tenía planeado, pero no importa.

¿Qué se pretendía? Hiruma decidió seguirle el juego.

-¡Suéltame ahora mismo, no tengo tiempo para tus juegos!

-Pero si con este juego te vas a divertir-se encamino hacia la cama, caminando de la forma más coqueta que pudo. Todavía no podia controlar el rojo de sus mejillas, pero ya no importaba, estaba segura que a lo largo de la noche ese rojo se iba a convertir en algo permanente.

-¿Qué haces?-Hiruma se estaba cansando del jueguecito de la joven manager. Sabía que ella nunca llegaría más lejos, pero por cómo iban las cosas no parecía querer parar. Tenía un brillo de determinación en los ojos. ¡Y se veía tan hermosa!

-Y yo que te creía inteligente, Youichi-kun. Es obvio, te estoy seduciendo.

Al terminar de decir esto se acerco a los labios del chico, para besarlos. Fue un beso lento, inocente, un beso que prácticamente pedía permiso al demonio de Deimon para que pudiera seguir con su tarea de seducirlo.

Hiruma todavía no se reponía de la sorpresa, nunca imagino que ella haría algo así. Termino con el beso para hacer la pregunta que tenía en ese momento en su cabeza.

-¿Por qué?

-¿Ah?

-¿Por qué haces esto? -volvió a preguntar.

-Fácil. Porque te amo.

-Maldita idiota. El amor no existe.

-Sí que existe, querido Youichi y te lo pienso demostrar.

-Sería solo sexo-Hiruma no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, pero por cómo iban las cosas las que tenia de ganar era Mamori. Además, ¿quién le había dado permiso para llamarlo por su nombre?

-Eso no te lo crees ni tú.

-No digas estupideces, maldita manager.

-¿No puedes decir mi nombre?

-Hmp…

-Está bien, como quieras.

Sin más agarro las sabanas que tapaban el cuerpo de Hiruma y las tiro al suelo para luego ella subirse a la cama con él. Pensaba conseguir esa noche su rendición en el amor.

Toco su cuerpo como si fuera el suyo propio. Lo recorrió hasta que llegó a conocerlo mejor que el suyo. Beso sus labios, el lóbulo de sus orejas, sus ojos, bajó por su pecho, besando sus tetillas. Para luego seguir a ese lugar que ya se encontraba despierto y prácticamente gritando que él también demandaba un poco de su atención.

Hiruma se encontraba tan absorto en un mundo de placer que se le había olvidado por completo que podía desatarse para pararla o por lo menos darle el mismo placer que ella a él. Solo se le paso ese pensamiento por la cabeza cuando siento a Mamori besando su miembro para luego llevárselo a la boca y seguir con esa tortura tan placentera.

Antes de que se diera cuenta Hiruma ya la estaba levantando para besarla en los labios y con sus manos recorriendo su cuerpo a la vez que sacaba de su camino esas prendas tan molestas que no le permitían tocar todo lo que quería.

La forma en que la besaba, Mamori nunca se imagino que existiera, parecía que se encontraba sediento como si hubiera estado mucho tiempo en el desierto y recién ahora encontró agua para saciar su sed.

Para el demonio de Deimon ver esos pechos que tenían el tamaño perfecto, no eran ni tan grandes ni tan pequeños, coronados por unos rosados y endurecidos pezones producto de la excitación que estaba sintiendo fue lo que hiso que perdiera su batalla. Introdujo uno de ellos en su boca y empezó a mordisquearlo y chuparlo por mientras que masajeaba el otro con una mano.

Él siempre supo que si Mamori trataba de seducirlo perdería ante ella. Por eso se mantenía lejos de ella, pero ya no más.

-Mamori…

Sorprendida de que la haya llamado por su nombre, lo miro.

-Dime, Youichi-kun.

-Te quiero… maldita novia.

No pudo evitar sonreír al escuchar como la llamaba. Ni siquiera en esos momentos podia dejar de ser él mismo y eso le encantaba.

-Yo también te quiero… maldito novio.

Hiruma se sorprendió de que ese ángel (como la llamaba en secreto) pudiera decirle de esa manera. Nunca se lo espero, pero por todo lo que había hecho esa noche tendría que habérselo esperado.

-Solo yo puedo llamarte así. Tú a mí no.

Antes de que le respondiera la volvió a besar para que se le olvidara de que estaban hablando y sus manos una vez más empezaron el recorrido por su cuerpo hasta llegar a su parte más sensible en la que introdujo un dedo para prepararla para él. Estaba mojada, totalmente preparada para él. Empezó a jugar con su clítoris hasta que la escucho llegar a su primer orgasmo de la noche, para luego colocarse arriba de ella y empezar a introducir lentamente su miembro. Sabía que era virgen, así que quería que su experiencia fuera lo más placentera posible.

Y lo consiguió.

Se detuvo un momento para que Mamori se acostumbrara a su tamaño y después empezó a moverse lentamente en su interior hasta que no soportó seguir con tan tiernos movimientos. Lo que llevó a que aumentara la fuerza de sus embestidas hasta que alcanzaron el orgasmo ambos casi al mismo tiempo.

Luego de esa explosión de placer Hiruma salió de ella y se recostó a su lado para pasarle un brazo por la cintura.

Mamori había tenido tanta emoción ese día que sus ojos empezaron a cerrársele a los pocos minutos, antes de dormirse, susurro:

-Feliz cumpleaños, Youichi-kun.

Hiruma solo sonrío con esa sonrisa tan característica suya. De verdad que creía que le estaba empezando a gustar celebrar su cumpleaños. No pensaba discutir si de ahora en adelante todos fueran iguales a ese.

Y aquí termina esta pequeña historia... ustedes deciden si merezco algun comentario... ojala que sí. Me alegran mucho.