—Señorita Pilika—sintió una sacudida en su hombro—despierte.

— ¿Qué sucede Keiko?—le contestó a la ama de llaves adormilada.

—Los Tao vinieron a visitarlos.

Se despertó y se arregló, hace ya casi dos años que no veía a la familia. Bajó las escaleras de dos en dos, y al llegar abajo puso su mejor cara de respeto y la sonrisa más grande que le salió.

—Señor Yuan, madrina, Jun y Ren—se aproximó e hizo una reverencia— ¿Como han estado todo este tiempo?

—Pilika—Jun la abrazó— ¡Tanto tiempo!

—Si Jun, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos.

El patriarca Tao asintió al igual que su mujer. Ren la saludó con un leve meneo de mano, desde lejos. Se acercó a él y charlaron sobre el instituto.

Un rayo celeste bajó las escaleras.

— ¿Tu aquí? ¿Por qué invades mi casa?—su hermano señaló al chico.

—Vine a saludar a tus padres, cabeza de escoba. Oye ¡¿Qué crees que haces?—gritó al ser empujado desde la espalda.

—Tenemos una pelea pendiente chino—gritó desde el jardín—¡Dejaste mi bicicleta bajo la lluvia!

—Eso fue hace nueve años LoroLoro.

—Se extrañaron—dijo alegre Jun. Las dos mujeres se rieron levemente, parecía que les sostenían el cuello.

Sus padres le propusieron a Ren quedarse en la casa para acompañarlos al otro día, y luego de un rato y quejas por parte de HoroHoro, aceptó.

Pilika miró a Ren ¡Qué guapo estaba su amigo! La ultima vez que lo vio era una medusa fea...

Luego de una hora, la familia abandonó la estancia. Se acostó a dormir pensando, ¿Como sería mañana?

Una, dos, tres chillidos y un certero golpe destrozó la alarma. El chico de hebras celestes intentó levantarse, al estar medio dormido se enredó con las sabanas y ¿adivinen quien terminó envuelto como taco en las sabanas, cayendo al suelo y con la cara sobre un trozo de pizza? Él, Horohoro Usui.

Aturdido por el golpe logró despertarse, se paró y se colocó el horrible e incómodo-según el-uniforme del instituto que consistía en un pantalón azul Francia, una camisa blanca con corbata a cuadros azul y una chaqueta del mismo color del pantalón.

Intentó entrar al baño, pero tenía traba. Su hermana estaría encerrada desde temprano ahí.

—Pilika yo estaba por entrar al baño—quejó ante la acción de su hermana—voy a llegar tarde a la escuela.

—Yo le dije lo mismo—Ren estaba apoyado en la pared con los ojos cerrados—esta ahí desde las cinco.

—Ya paren, ¿Una chica no se puede arreglar tranquila? ¡Vallan a los otros baños!

Horo le hizo una seña con la cabeza, como diciéndole que debían ir a otro baño.

—Lo haría—abrió sus afilados ojos ámbar—pero no tengo otra cosa que hacer que molestar a tu hermana.

La puerta se abrió dejándole paso a su coqueta hermana, tenía puesto el uniforme: falda a cuadros azul Francia-extremadamente corta- pantis azules y las mismas botas del sábado solo que en negras, y arriba lo mismo que él. Llevaba un sutil maquillaje que hacía resaltar sus ojos azules.

—Apuren los dos—Puso los brazos en forma de jarra.

Ren entró antes que él, pero salió rápidamente. Ahora era su turno.

Se miró al espejo y lo primero que hizo fue reírse. Su cabello se había aplastado hacia un lado y tenía restos de queso, tenía las ojeras más grandes que había visto en su vida y un rastro de saliva recorría su mejilla.

Se lavó la cara, se cepilló los dientes, el cabello y se llenó los pelos de gel, pero al ver que lo de las ojeras no tenía solución, se le ocurrió una idea.

Gracias a Dios que su hermana era una desordenada y dejó el corrector de ojeras tirado.

Salió del baño súper apurado, pues ya era tarde. Entraron a la limusina.

Pilika tamborileaba los dedos nerviosa, Ren miraba por la ventana. Un instituto de ricachones, esperaba que este año los amigos no sean interesados.

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—Yoh, levanta.

—Hn, si estudié mama.

—Yoh, no seas perezoso y levántate de una maldita vez—la fuerte voz del morocho resonó en la habitación.

—Tráela sin mostaza—contestó ensueños.

—Oye bobo si no te levantas ahora no veras a Anna, está haciendo un striptease.

— ¡Esta bien Annita ya me levanto! ¡Te juro que no vi nada, no me golpees!—el chico se levantó cubriéndose los ojos, llevándose por delante una basta pila de libros.

—Bien que te gustaría verla desnuda, ni yo te creo eso de no mirarla—el pelilargo sonrió a su gemelo—apúrate hermanito, se hace tarde.

Yoh y Hao Asakura. Gemelos idénticos. Hijos del matrimonio entre Keiko y Mikihisa Asakura. Los adolescentes se sentaron en la mesa a desayunar junto a su madre.

— ¿Qué van a desayunar?—preguntó una mujer.

—Yo quiero cereales "Capitan Crunch" con leche, tostadas con mermelada de frutilla y un sandwich de jamón.

—Hao—dijo Yoh— ¿Nunca vas a crecer no?—el gemelo negó con la cabeza—Yo quiero jugo de naranja y galletas de chocolate.

La mujer asintió e ingresó a la cocina.

—Vaya Yoh, Keiko está muy bonita ¿No?

—Hao, ¿Como piensas así de tu niñera?

Luego de desayunar y saludar a su madre abordaron el Citröen C4 rojo manejado por el hermano mayor.

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Caminaba con el mentón en alto, con sus rubios cabellos meneándose al viento, mostrándose orgullosa por llevar el uniforme de semejante instituto; Anna Kyoyama era la muestra de orgullo e inteligencia combinada con belleza. Detrás de ella iba su prima, la linda Tamao Tamamura. Ojos como dos frambuesas y cabello rosa hasta media espalda, caminaba tímidamente haciendo dos pasitos por segundo. Habían decidido empezar a ir caminando, pues Tamao se sentía gorda. Las dos eran hijas de unos de los más grandes empresarios japoneses y cuñados, Seishi Kyoyama y Atsushi Tamamura. Un bocina hizo que Anna se volteara, Tamao se erizó cual gato asustado.

— ¿Qué hacen dos bombones por aquí?—consultó una voz gruesa Los gemelos Asakura "saludaban" desde su auto.

— ¿Qué hacen dos bobos por aquí?—refutó Anna.

—Tranquila Annita, ¿Quieres que te llevemos?

—No creo esperar otra cosa de mi novio ¿No?—las puertas se abrieron y la rubia entró sin basilar.

—Anda Tamao, ¿No vas a subirte?—asintió violentamente y caminó al coche con sus pasitos de geisha.