Los personajes con propiedad de S. Meyer. La trama me corresponde.


Te puedo escuchar en los armónicos
Sólo un eco de la promesa que nos hicimos
Cambia el futuro, podemos viajar en el tiempo
O quedarnos ciegos y así nunca mirar hacia atrás.

-Chvrches. "Night Sky"

Días sin actividad: 44

Por cuarta ocasión Bella checó la hora en el reloj de su muñeca, rodó los ojos al darse cuenta que se le estaba haciendo tarde y la persona con la que había quedado aun no aparecía. De reojo vio al mesero servirle café por segunda vez, mientras que su atención se centraba en las personas que pasaban a su lado vistiendo pesados abrigos debido al frio que azotaba la ciudad, discretamente se enfocó en los rostros para tratar de reconocerlo entre toda la masa de gente. Ya había empezado con la bota a dar golpecitos contra la banqueta en señal de desesperación. Estaba sumamente arrepentida por haber quedado en este lugar cuando no era nada seguro para ella, desde donde se encontraba bien podría alguien reconocerla y en el peor de lo casos, asesinarla ahí mismo.

―Bella, ¿qué haces aquí? ―de pronto alguien la tomo del brazo obligándola a levantarse de la silla. Ella volvió la mirada y el alivio la invadió al encontrarse con un rostro conocido.

―Tú propusiste el lugar, ¿recuerdas? ―estando adentro de la cafetería, fueron a ocupar la mesa más alejada de la ventana.

―Pero no tenías por qué esperarme afuera. ¿Acaso estas demente? Pudieron haberte encontrado ―el hombre frente a ella, frunció el ceño.

―Tal vez si tú hubieras sido más claro al darme a dirección y si no te hubieras tardado tanto en llegar, seguiría pasando desapercibida ―la castaña se cruzó de brazos.

―Como sea, sigues aquí y es lo que importa –a continuación el hombre de oscuro cabello sacó un sobre beige de su maleta y lo deposito sobre la mesa― Aquí tienes toda la información que encontré sobre el sujeto del que me hablaste anoche. Al parecer es…

―Hola, ¿les ofrezco algo de tomar? ―el mesero lo interrumpió acercándose a la mesa.

―Solo café, gracias ―respondió el de los ojos cafés y enseguida volvieron a estar a solas ―. Como decía, tal parece que se trata de un pez gordo esta vez Bella. Tiene varias propiedades alrededor de la ciudad, ¡el maldito es casi dueño de la jodida Nueva York!

―Baja la voz Jacob ―miró de reojo hacia las demás mesas asegurándose que nadie les estuviera poniendo atención― ¿Y qué me dices de negocios ilícitos?, ¿alguna otra vocación además de ser empresario?

―Es todo lo que tengo Bella, por el momento ―bufó la castaña. El mesero en ese momento llego con el café y luego de la escueta respuesta del moreno cuando les pregunto si se les ofrecía algo más, se retiró volviéndolos a dejar solos― Espera, si hay algo más ―Jacob se inclinó hacia delante― Casi se me olvida decirte. Aquel restaurante elegantucho en el que trabajas también es propiedad de él.

Bella abrió los ojos como platos, sintió como sus orificios nasales se dilataron al mismo tiempo que respiraba profundo intentando asimilar la información que acababa de escuchar.

―Es una broma ¿verdad?, ¡dime que es una jodida broma Jacob!

―Cálmate Bella. Y no, no es una broma. Edward Cullen es tu jefe.

―¿Cullen?, ¿Pudiste dar con su apellido pero no hallar si está ligado con ellos?

―Jaquee la base de datos del restaurante para poder checar la lista de reservaciones que tenian ayer y luego de descartar algunos, pude dar con su prometida que por cierto ¿sabías que es modelo?... en fin, eso me llevo al paradero de tu acosador. Los cuales aparecen en un sinfín de revistas locales de chismes como la pareja más sexy ―Jacob hizo comillas al aire, enfatizando la última palabra.―Y es todo lo que hay, el tipo está limpio.

―¿Entonces como sabía quién era yo?, ya sabes a lo que me refiero.

―Bueno, tal vez tu otra yo se lo dijo en alguno de los viajes.

―No, eso es imposible. Solo puedes volver a un hecho en particular y de ahí partir.

―Así que puedes volver al pasado pero solo si recuerdas el momento justo y el lugar correcto, solo así tienes la posibilidad de cambiar el futuro.

―No solo eso, mis emociones influyen también a la hora de… viajar.

―¿Y entonces porque no viajas al momento antes de conocerlo para evitar encontrártelo?

―Si pudiera hacerlo, créeme que no estaríamos aquí discutiéndolo pero yo no decido cuando. Es digamos… espontáneo.

―¡Vaya mierda! ―exclamó el moreno ocasionando que un par de personas voltearan a verlos― ¿Y ahora qué piensas hacer?

―Iré a verlo. Creo que no me queda de otra.

―Yo voy contigo, por nada del mundo te dejare sola con ese tipo. Dios solo sabe cuáles son sus intenciones.

―Si tú vas, él no me dirá nada. Es mejor que sigas buscando información, lo que sea que tenga que ver con Edward Cullen.

―Ok. Pero prométeme que usaras un localizador, por si acaso.

―¿Y si me descubre?

―No lo hará… a menos que lo dejes llegar a tercera base ―Jacob soltó una carcajada.

―Que gracioso. Paga ya y vámonos de aquí.

..

Bella estaba por terminar su turno en el restaurante y no había visto a Mike Newton para aclararle lo de su huida lo cual, le alegraba porque no tenía que lidiar con su mal carácter; aún. A Alice ya la había visto pasar un par de veces y como era de esperarse, no le dirigía la palabra, pero en cuanto terminara de lavar la vajilla iría a donde ella para disculparse, una vez más.

―Oye Bella, gracias por dejarme tu mesa anoche. Esos tíos fueron muy generosos con la propina ―Emmett se acercó apoyando la espalda en la orilla de la mesa.

―Gracias a ti por cubrirme.

―Es una lástima que no hayas ido con nosotros a la taberna de Pete, estuvo muy divertido. Tuve que sacar a Alice cargando porque…

―¡Cierra la boca Emmett!, me prometiste que no dirías nada ―Alice llego a donde ellos cargando con una pesada canasta repleta de zanahorias.― Además no creo que a Bella le interese realmente.― sintió una especie de escalofríos ante la fría mirada que le dirigió la morena.

―Lo siento Alice, pero no me sentía bien. Tenía que ir de inmediato con un médico ―hasta cierto punto le había dicho la verdad.

―No creo que te lo perdone tan fácil. Tendrás que hacer algo para ganártela nuevamente ―le susurró Emmett.

―El próximo jueves tienen las yardas un 20% e iremos otra vez. Pero si tú vas y logras tomarte aunque sea la mitad, tendrás mi perdón Bella.

La castaña se quedó sin habla. Emmett esbozo una sonrisa cómplice con la morena, quien esperaba la respuesta mirándola fijamente analizando sus facciones.

―Está bien. Acepto ―declaró Bella sin pensarlo.

―Ya dijiste ―la señalo con el dedo índice y luego continuo su camino por el pasillo.

―No olvides llevar otra blusa Bella. Hasta entonces ―soltando una carcajada Emmett se fue, dejándola continuar desmanchando los platos.

Bella no entendió a lo que se refería y mejor decidió enfocarse en el trabajo hasta que dieron las once. Dejo los guantes sobre el lavaplatos, luego se quitó el delantal dejándolo sobre el perchero, mismo de donde tomo su pesado abrigo negro y el gorro de lana. Salió sin despedirse como era costumbre. Nunca vio a Newton afortunadamente.

Se abrocho rápidamente el último botón del abrigo cuando una ráfaga de helado viento se impactó contra ella, provocando que estornudara y un escalofrió le recorriera la espalda. Estaba por sacar sus guantes de uno de los bolsillos, cuando de pronto sintió un peso más en sus hombros. Se giró inmediatamente, captando por primera vez en el día aquellos hechizantes ojos verdes que la miraban imperturbable.

―¿Q-que haces aquí? ―dio un paso atrás cuando noto que él se acercaba.

―Estuve esperándote y como nunca llegaste, decidí venir a buscarte a tu trabajo―a Bella le temblaron la piernas al escuchar su aterciopela voz, no recordaba que fuera tan irresistible y masculina.

―Pensaba ir saliendo ―admitió con recelo.

―Acompáñame, este no es el lugar adecuado para hablar ―fue entonces que noto el lujoso automóvil negro aparcado junto a ellos. Se quedó perpleja cuando vio a Edward abrir la puerta del copiloto esperando a que entrara.

Recordó el plan que había trazado con Jacob y el localizador que aguardaba enganchado en una de las tiras de su sostén, necesitaba prenderlo.

Se quitó la chaqueta que este le había puesto y antes de subir al auto, se la devolvió a pesar de la insistencia de Edward porque se la quedara.

―He pasado peores ―declaró cuando no cedió.

―Alaska, lo recuerdo ―Bella sintió como el aire escapaba de sus pulmones en cuanto lo escucho. Era imposible que él supiera eso, ni siquiera a su padre se lo había contado.

―¿Quieres respuestas?, tendrás que subir ―a duras penas entro al auto. Enseguida el aroma a lavanda de la tapicería inundo su nariz y en cuanto el cobrizo cerró la puerta, espero que se alejara para activar rápidamente el minúsculo aparato.

Recordó que Jacob le había dicho que solo tenía que presionar el botón pero había un problema, no lograba encontrarlo. Tentó la extensión del tirante buscando desesperadamente hallarlo, seguidamente buscó dentro de la copa del sostén pensando que tal vez se había zafado pero en ese instante, escucho que la puerta se abría y se detuvo.

Sintió la mirada interrogante de Edward mientras prendía el auto, como si hubiera adivinado lo que trataba de hacer, no obstante lo ignoro volviéndose a la ventana esperando ansiosa oír el salvaje rugido del motor. Siempre le había fascinado el ruido que producían los automóviles de lujo cuando estaban a punto de arrancar, aquel sonido lograba acelerar su corazón y esta vez no era la excepción al tratarse de un Ferrari 458 Italia.

―¿A dónde iremos? ―preguntó la castaña con la vista fija en las series de luces que decoraban las fachadas de los edificios. Apenas había empezado diciembre y la ciudad ya se encontraba repleta de adornos navideños, algunos de ellos muy impresionantes.

―Hay una cafetería a la que me gustaría llevarte… tal vez la recuerdes ―Bella frunció el ceño, no comprendía su aferro por dar a entender que la conocía.

En cuestión de minutos se encontraban en P.J. Clarke's, un local ubicado en la tercera avenida y con una inconfundible fachada negra. Por dentro, las paredes eran del mismo color, en alguna de ellas había una serie de cuadros con fotografías de personajes ilustres y viejos retratos de la ciudad. Las mesas eran cuadradas y estaban adornadas con manteles de cuadros rojos y blancos, acompañadas de pequeñas sillas tono chocolate y hacia el fondo del lugar estaba ubicada la barra de madera junto a una hilera de banquillos en acabados color caoba.

―Perdón por lo de ayer, pero de alguna manera tenía que asegurarme que fueras la Bella que yo conocí ―la castaña volvió la atención hacia él.

―Siento decepcionarte. No soy yo a la que buscas.

―Lo eres, solo que no lo puedes recordar ―insistió el cobrizo.

―Apenas llevo dos meses viviendo aquí. ¿De dónde podría conocerte? ―Edward suspiro.

―Fue hace un año. En este mismo lugar que nos vimos por primera vez ―Bella tosió fuertemente al escuchar tal declaración―Estabas sentada en esa mesa de allá disfrutando como ahorita, de una taza de chocolate mientras leías a Tolstoi ―señalo un lugar cerca de la ventana que daba hacia la venida principal― Yo me acerque y te pregunte tu nombre. Al principio parecías reacia a contestarme pero luego; esbozaste una sonrisa, guardaste tu libro en la pequeña maleta que llevabas y simplemente dijiste: "¿Sabías que en esta cafetería Buddy Holly le pidió matrimonio a María Elena?" conteste que no, entonces te levantaste y te fuiste sin decir más, dejándome maravillado no solo por el largo de tu cabello castaño sino por el brillo que tenian tus lindos ojos marrones cuando por unos segundos me miraste.

Bella parpadeo atónita. Esta era la respuesta que no se esperaba para nada.

―Creo que esto es un mal entendido, no soy la mujer de esa historia Edward. Nunca antes había estado en Nueva York y tampoco te había visto. Me estas estas confundiendo con otra persona.

―¿Y qué me dices de tu secreto?, ¿Eso también crees que lo he inventado? ―Edward frunció el ceño, molesto por la reacción de la castaña.

―No sé a qué te refieres ―Bella le dio un trago a la bebida pareciendo ajena a la situación.

―¡Por favor Bella!, sabes perfectamente de lo que hablo. Me lo confesaste la mañana después… del incidente.

―Bien, creo que fue suficiente. Me voy ―se puso de pie dispuesta a salir lo más rápido de allí cansada de la insistencia del hombre que la acompañaba por hacerle creer que su vida no era como ella había creído, sino como el juraba.

Soltando una maldición Edward la siguió luego de dejar un par de billetes sobre la mesa, logró alcanzarla después de atravesar la puerta, tomándola del brazo obligándola a encararlo.

―No hemos terminado.

―¡Suéltame! ―Bella zarandeó el brazo para zafarse del agarre― La conversación acabo para mí. Por favor no vuelvas a buscarme ―dirigiéndole una última mirada cargada de fastidio, se acercó a la orilla de la acera en espera de un taxi.

―Déjame aunque sea advertirte… ―él en cambio, hizo caso omiso a su advertencia avanzando unos pasos hacia ella, desesperado por explicarle lo que realmente sucedía.

―Edward, no insistas. ―con la vista fija en los autos que se acercaban Bella esperaba impaciente escapar lo más rápido posible de él.

Sus ojos se iluminaron cuando vio un carro amarillo aproximándose. Alzo el brazo derecho con el pulgar hacia arriba y en cuestión de segundos, ya estaba frente a ella.

―¡No, espera…!

Subió y cerró la puerta ante de que Edward pudiera bloquearla. Finalmente el taxi arrancó impidiendo que escuchara lo último.

Bella respiró.

Estando bajo el calor que le proporcionaban las sabanas de franela de su cama y sosteniendo el móvil contra su oreja, Bella ponía al tanto a Jacob de lo que había pasado hace unas horas.

¿Qué carajo paso? Intente enlazarme contigo y vaya sorpresa, no se escuchaba nada. ¿Acaso tienes idea de lo preocupado que estaba por ti?

―No pude encontrar el botón de encendido ―si el moreno hubiese estado frente a ella, Bella se hubiera cubierto rápidamente la cabeza para evitar el golpe que le soltaría ante semejante torpeza.

A Jacob Black lo había conocido cuando tenía cinco años gracias a su padre Charlie, quien una noche había llegado con él en brazos luego de haberlo encontrado vagando solo por las calles. Luego del fallido intento de localizar a sus padres, Charlie había decidido adoptarlo como su hijo y así, criarlo como hermano de la castaña. Años después con el descubrimiento del don que poseía Bella, se convertiría en su protector. Siendo sus ojos y oídos desde el momento en que habían decidido irse de casa. Bella estaba segura que si no fuera por aquel ángel de piel morena, ella ya no estaría vivía. Además de su padre, era en el único que podía confiar.

Okay. Los micrófonos quedan descartados desde hoy. Ahora dime ¿qué te dijo Cullen?

―Esta vez se inventó una historia sobre cómo nos conocimos y al parecer, creo tuvimos una especie de relación.

Oh

―No sé qué hacer Jacob. Te juro que por más que hago memoria, no recuerdo haber conocido a alguien de la talla de Edward Cullen.

¿Quieres mi consejo?... deja que se acerque, solo así te dirá todo lo que quieres saber.

―¿Y si resulta ser alguien peligroso?

Ya nos encargaremos de él, como todos los demás.

―¿Sabes qué?, tienes razón. Mañana iré a buscarlo ¿Tienes la dirección de su oficina?

Ahorita mismo te la envío.

….

Lejos de allí, bajo la tenue luz de la lámpara se encontraba Charlie Swan en una caseta telefónica marcando desesperadamente y por segunda ocasión el nuevo número de móvil que Jacob le había proporcionado, el cual le correspondía a su hija.

Se estremeció cuando una ráfaga de viento se coló entre su ropa al tanto que una vez más escuchaba a la contestadora decir que el número estaba ocupado. Maldiciendo colgó la bocina con fuerza, recogió las monedas y se dio media vuelta sin darse cuenta en ningún momento, del auto que aparcó a unos metros de donde estaba.

De pronto, dos hombres vestidos completamente de negro se le acercaron, Charlie empezó a dar pasos más largos y rápidos al mismo tiempo que sentía su corazón latir desbocadamente, como si fuese a salírsele del pecho. El semáforo cambió a rojo, se preparó para cruzar la calle checando que no vinieran más carros y de paso para ubicar en donde se encontraban sus acompañantes.

Aceleró pero justo en ese momento, el auto negro le bloqueó el paso, enseguida sintió como el aire escapaba de sus pulmones, seguido por un puño estamparse contra su estómago, llevaron sus manos a su espalda impidiendo que pudiera defenderse, sintió un segundo golpe y a continuación, le pareció que todo se volvió negro.


¿Que tal les parecio?, esto se pondrá cada vez mas bueno.

Perdón por haber tardado en subir capitulo pero ya quisiera que la inspiración viniera mas seguido.

Muchas gracias a ilovevampiresangels y the princess of the winds por su comentario.

Nos estamos leyendo.