Capítulo 2: Feliz cumpleaños
El dinero por la película reposaba en la ruda mano de Renji sentado en uno de los bancos del parque pensando cómo había conseguido ese dinero, había dejado que Ichigo tomase su primera vez mientras unos desconocidos les grababan. Era cierto que prefería que hubiera sido Ichigo en vez de un extraño pero… no dejaba de pensar en cuánta gente vería aquel vídeo. El director le había hecho una copia como recuerdo y no sabía qué hacer con ella. Quizá lo mejor era destruirla pero cuando se paraba unos segundos a pensar, recordaba las palabras de Kon cuando vio el tanga de leopardo que Ichigo guardaba: "¡Orihime se lo regaló para ocasiones especiales, tú ya me entiendes!". Aquello le hacía pensar que seguramente ésta sería la primera y última vez que podría estar con Ichigo y de su gran encuentro, sólo quedaba un vídeo que habían grabado unos desconocidos.
Dinero real… era dinero que servía para comprar la famosa guitarra que tanto deseaba Ichigo pero ahora su duda era… ¿Qué haría después de regalársela? ¿Sería capaz de ir a su casa y dársela? ¿Sería capaz de mirarle a la cara después de lo que habían hecho? Y otra gran duda… ¿Qué narices hacía Ichigo en esa maldita película? No entendía nada. ¿Para qué iba a necesitar él ese dinero?
No podía apartar sus ojos del dinero, lo tenía, era para esa guitarra y no le servía para nada más. Siempre había vivido en la Sociedad de Almas, era su lugar habitual y allí tenía su dinero ahorrado, no le hacía falta ese dinero humano excepto para comprarle ese regalo al único chico del que se había logrado enamorar de verdad y al que ahora no podía ni mirar a la cara.
Apretó su mano arrugando levemente los billetes y los guardó en uno de los bolsillos de su pantalón caminando hacia la tienda de música, quería comprar esa guitarra antes que nada, para no poder arrepentirse. Puede que no pudiera ir a mirarle a la cara, pero se la daría de una u otra forma, era lo que él más deseaba y ya había hecho lo más difícil, tenía el dinero para adquirirla.
Renji caminó por las calles de Karakura. Prácticamente no había nadie por la calle y es que el cielo que todo el verano había estado despejado sin ninguna nube a la vista, hoy había decidido nublarse. Miró hacia el cielo viendo cómo alguna nube se iluminaba por un leve resplandor proveniente de algún trueno, pronto caería una gran tormenta y no podía creerse que fuera a ser en pleno cumpleaños de Ichigo.
Renji lo tomó como una mala señal, quizá el mismo cielo le estaba indicando que no debía de ir a esa fiesta, quizá el cielo lloraría ese preciso día por su dolor de saber que iba a perder a Ichigo. Aunque le diera la guitarra… su relación jamás volvería a ser la de antes, se habían acostado juntos en una maldita película para adultos y quisieran o no… eso afectaría a su relación, ni siquiera había tenido la oportunidad de hablar con él cuando los productores se lo llevaron.
Entró en la vacía tienda de música escuchando el tintineo de los cascabeles del cabecero de la puerta. El hombre al otro lado del mostrador le miró sorprendido de volver a verle, tan sólo habían pasado un par de días y por su tienda poca gente solía entrar, la música decaía lentamente ahogándose en un lento silencio, ya apenas había gente a quien le interesase comprar algún instrumento.
- Buenos días – comentó el amable vendedor.
- Buenos días – dijo un poco decaído Renji.
- ¿Qué ocurre, muchacho? Se te nota decaído. ¿No te devolvieron el dinero real de aquel falso? – preguntó preocupado y Renji le enseñó el dinero dejándolo en la mesa.
- Lo tengo – dijo intentando sonreír.
- ¿Cuál es el problema entonces? Aún tengo la guitarra, aquí apenas se venden instrumentos, es una lástima, pero la gente va perdiendo poco a poco el arte por la música.
- El chico al que quiero regalársela toca muy bien – comentó Renji – sé que no perderá la pasión por la música pero…
- ¿Pero? – preguntó el vendedor trayendo la guitarra y limpiándola antes de guardarla en la funda.
- No sé si soy capaz de ir a su casa a llevarle el regalo.
- ¿Os habéis enfadado?
- No. Creo que no – dijo Renji – no lo sé.
- Chico… si se ha enfadado y apareces con esto bajo el brazo… - dijo indicando la guitarra – ten por seguro que te perdonará. Es un gran regalo.
- Sí, lo es.
Renji no quería contarle por lo que había tenido que pasar para conseguir ese regalo, para obtener el dinero y conseguir la mayor felicidad de Ichigo. Cogió la funda de la guitarra para llevársela y supo en aquel momento, que la felicidad de Ichigo estaba en su mano, literalmente en su mano.
Miró un segundo la guitarra al salir al portal de la tienda y se hizo una promesa mentalmente. Aunque Ichigo no volviera a querer saber nada de él, tenía pensado ir a todos sus conciertos si se hacía famoso, quería estar allí viendo cómo tocaba aquel chico de extraño cabello anaranjado, aquel chico seductor de mirada seria y casi mafiosa. Le hizo sonreír porque era cierto que todo el mundo le tenía pánico a ese chico por su mirada, se creían que era alguien peligroso cuando no era cierto, era un trozo de pan, el chico más amable que había conocido, el que siempre se preocupaba por sus compañeros.
Renji no quería pensar en que estaba a punto de perderle por aquella locura de la película. Quizá él no fuera así, es decir… Ichigo se sonrojaría quizá al recordar lo que hicieron juntos y le temblaría la voz, puede que no le rechazase pero aquella forma de actuar ya sería diferente a lo que habían tenido hasta este momento, ya nada sería igual.
Una gota cayendo en la mejilla de Renji hizo que éste mirase al cielo limpiándose la gota con sus dedos. Tras ella llegaron más, la lluvia caía, la poca gente salía corriendo a resguardarse de ella y lo único que pudo hacer Renji fue quedarse allí con el rostro elevado hacia el cielo, con los ojos cerrados mientras se dejaba empapar. Al menos la guitarra estaba a salvo en su funda.
La calle se vació en cuestión de pocos segundos y al final… sólo Renji caminaba por las despejadas calles con paso lento y tortuoso. Si alguien le hubiera visto en aquellas condiciones creería que iba al mismo matadero a ser sacrificado pero él continuó su largo camino hacia la casa de Ichigo. Debían estar preparando las cosas para la fiesta y él había prometido ir a ayudar, aunque ahora mismo no le apetecía nada estar allí. Al pasar por la calle de al lado a la casa de Ichigo, vio a un hombre dentro de su garaje arreglando el coche y se sonrojó al momento al venirle a la mente aquel cuerpazo de Ichigo cuando fingía ser mecánico en la película.
Miró un par de casas más adelante, la casa de Ichigo estaba allí, se levantaba frente a sus ojos como si el mismo infierno hubiera salido a sus ojos. Renji no quería ir, su cuerpo tembló ligeramente y se dio cuenta en aquel momento, que la lluvia había cesado hacía un buen rato. El sol había salido unos segundos volviendo a ocultarse entre densas nubes negras, aún volvería a llover pero había dado cuartel a un niño que vendía periódicos y se acercaba hacia él.
- Señor, señor… ¿Me compra uno? – preguntó el niño y Renji iba a decirle que no cuando vio que en el complemento del periódico que llevaba el niño venía la portada de Ichigo como mecánico.
Se sonrojó el doble y con lo poco que le había sobrado de la guitarra decidió comprarlo para alejar al menos una copia de la vista de la gente. El niño se marchó corriendo y Renji se quedó allí estático mirando la portada de la película, viendo a Ichigo sin camiseta frente al vehículo con aquel rostro tan pervertido y atrayente que había puesto. Miró una vez más hacia la casa de Ichigo viendo cómo de una furgoneta bajaban algunas bandejas de comida para su fiesta y se dio cuenta que no podía ir, no se atrevía a mirarle como antes.
Dio media vuelta y cuando llegó a una zona sin gente abrió la puerta a la Sociedad de Almas. Allí todo seguía como siempre, calor, buen clima, shinigamis por la calle del Seireitei. Caminó hacia el sexto escuadrón, quería llegar rápido y camuflarse antes de que su capitán pudiera verle por allí o ya tendría faena preparada, él era incapaz de parar un solo segundo a descansar. Ya estaba llegando a la puerta del edificio de los dormitorios de su escuadrón cuando la ruda voz de Byakuya a su espalda le hizo girarse algo cohibido.
- ¿Renji? –preguntó - ¿Qué haces aquí? Deberías estar en Karakura.
- He venido a dejar unas cosas.
- ¿Qué llevas ahí? – preguntó extrañado.
- Nada – le dijo escondiendo la película tras su espalda.
- ¿Ése es el regalo para el shinigami sustituto? No sé por qué tanto revuelo por su cumpleaños… - exclamó – Rukia también está como loca por ir.
- No tenía intención de ir – le dijo Renji.
- ¿Entonces qué llevas ahí? – comentó quitándole de las manos la funda y abriéndola para ver la guitarra - ¿Ahora quieres ser músico o qué? Tú nunca has tocado la guitarra… de hecho no creo que los del Rukongai tengáis una base musical, no podríais permitiros estas cosas.
- No es para mí.
- ¿Entonces era para Ichigo? – preguntó.
- No – dijo tratando de camuflar las cosas y buscar una excusa – Bueno, vale, era para mí, pero no quería que lo supieras. Te reirías de mi forma de tocar.
- Yo nunca me río – dijo Byakuya impasible – pero por favor… no practiques en mi escuadrón, no quiero tener que soportar el destrozo que le harás a la música.
Byakuya ya se marchaba y Renji empezó a relajarse cuando en un descuido, Byakuya se puso tras él con el Shumpo arrancándole de las manos la película y viendo la portada abrió desmesuradamente los ojos frente a un impactado Renji que no sabía dónde meterse. La película volvió al momento a las manos de Renji y éste trató de explicarse para que su capitán no pensase cosas extrañas.
- Capitán… - susurró Renji.
- No me cuentes nada – dijo de golpe – no quiero saber con qué te entretienes en tus ratos libres ni por qué está Ichigo en una portada de película para adultos. No sabía que andaba tan mal de dinero – se fue pensando en eso - ¡Dios, ¿cómo puedes… hacer guarradas con él?! – dijo dándole un escalofrío mientras caminaba hacia el pasillo que conducía a su despacho.
Renji no podía sentirse más avergonzado tras haber sido pillado por su capitán o medio pillado. Al menos no sabía que él también participó en la película, tan sólo pensaba que Ichigo le excitaba para masturbarse en la soledad de su cuarto… ¡Seguía siendo malo que su capitán pensase así! Pero ya no tenía vuelta atrás, lo había visto.
Se metió en su habitación con rapidez y dejó la guitarra junto al vídeo cerca de su mesa de estudiar recostándose en la cama. Pensaba si debería ir o no al cumpleaños de Ichigo, ahora aún sería peor… había prometido ayudarle y se había escapado a la Sociedad de Almas incumpliendo su promesa. Suspiró agotado, todo esto le superaba, ahora sólo era capaz de imaginarse a Ichigo medio desnudo y jadeando, algo que le hacía sonrojarse al momento. Aún le dolía medio cuerpo por el meneo que le había dado Ichigo en aquella película.
Miró la película encima de la mesa y volvió a mirarla hasta que se decidió por verla, tenía que saber lo que habían grabado o más bien… lo que se veía desde el ángulo de la cámara. En parte sentía curiosidad por cómo se veían ambos en la película. La colocó viendo a su chico de ensueños en aquella postura seductora frente al vehículo sonriendo con cierta arrogancia y comentándole que le pagase el arreglo del coche de otra forma.
Verse a sí mismo en la pantalla fue algo que le sacó los colores al instante y más ver cómo Ichigo entraba en él una y otra vez mientras la cámara filmaba cada detalle de sus embestidas mientras ambos gemían con desesperación. Sentía cómo se excitaba al ver el perfecto cuerpo de Ichigo tensar cada músculo mientras le daba placer. Su miembro cada vez estaba más duro y al meter la mano bajo su pantalón para empezar a tocarse, Hisagi entró sin llamar por la habitación intentando comentarle algo sobre el cumpleaños de Ichigo cuando se quedó estático escuchando los gemidos de aquellos dos en la película y a Renji con las manos bajo su ropa tocándose.
- Oh… volveré más tarde – dijo rojo como un tomate Hisagi.
Renji se apresuró a salir tras él y pedirle que entrase en la habitación, no quería ya más malos entendidos. Dudó un poco Hisagi si entrar o no, al final decidió hacerle caso a su amigo el pelirrojo y accedió a sentarse en una de las sillas preocupado por él. Renji no tuvo más remedio que contarle todo lo sucedido ante un atento y sorprendido Hisagi.
- Entonces… ¿No vas a ir al cumpleaños? Le prometiste a Ichigo que irías y además… ya tienes el regalo – comentó Hisagi señalando con su cabeza la guitarra – deberías ir.
- No lo sé. Después de eso – dijo Renji señalando hacia la película.
- Deberíais hablarlo.
- Ya veré si voy – comentó Renji – no tengo muchas ganas de verle después de lo ocurrido. No aguantaría que me despreciase o algo.
- Es Ichigo… él siempre es cortés con todo el mundo.
Hisagi comentó que debía marcharse al cumpleaños mientras Renji se quedaba un rato más en su habitación pensando si debía asistir o no a esa fiesta. Miró la guitarra… ya estaba comprada. Sería un desperdicio no dársela tras todas las situaciones incómodas por las que había tenido que pasar, al menos que el esfuerzo mereciese la pena. Decidió que se pasaría más tarde por la fiesta, cuando estuviesen todos los invitados así sería más fácil mezclarse entre ellos y evitar que Ichigo le viera. Estaría el tiempo justo para dejarle el regalo y volver al Seireitei.
Se levantó y guardó la película debajo de una tabla suelta, no quería que nadie pudiese encontrar fácilmente aquella locura que había cometido por amor, ya era demasiado que Hisagi le hubiese visto de aquella manera y que su capitán pensase que era un pervertido que se masturbaba viendo películas de adulto con Ichigo de protagonista... aunque no se equivocaba del todo. Había estado a punto de hacerlo si no llega a ser por la interrupción de su amigo.
Tras asegurarse que la película estaba a buen recaudo, cogió la funda con la guitarra en su interior y salió de su habitación. Caminó hasta llegar fuera de las instalaciones de la Sexta División y abrió una de las puertas que conducían al mundo humano. Una vez allí, miró a su alrededor comprobando que no hubiese nadie y se metió dentro del gigai que utilizaba para estar en el mundo real.
Se hallaba a unos metros de la casa de Ichigo, escondido tras una farola rota observando a algunos invitados entrar por la puerta principal y unirse al resto en el salón donde algunos comían y bebían, otros charlaban de forma amena y otros tantos bailaban riéndose por los torpes movimientos de sus amigos. Veía a toda esa gente divertirse en aquella fiesta tan especial pero él no se atrevía a entrar, no tenía ánimos para unirse a ellos pero en algún momento debía hacerlo. Por eso había salido de la Sociedad de Almas, para dejarle a Ichigo su regalo pero... ¿y si se lo encontraba de frente? ¿Cómo podría mirarle a la cara después de haber compartido aquel momento tórrido? Estaba claro que Ichigo iba a estar dentro de la casa, él era el homenajeado y por él se estaba llevando a cabo esa celebración.
- Sólo entro, dejo el regalo y me voy – se decía a sí mismo Renji pero no se movió ni un ápice de su escondite.
- Oi – alguien saludó detrás de él dándole tal susto que casi se cae al suelo - ¿Por qué no estás en la fiesta, Abarai?
El pelirrojo se giró agarrándose el pecho por el susto, encontrándose con el sonriente rostro de Kisuke Urahara, quien le miraba divertido desde arriba.
- Urahara-san, casi me matas del susto – le reprochó gritando.
- Perdona, perdona – le contestó riéndose – no era mi intención, sólo he sentido curiosidad al verte aquí agazapado y no ahí dentro divirtiéndote.
- Es que... se me había desatado el zapato – se inventó.
Urahara le miró sin borrar su enigmática sonrisa y asintió con la cabeza, aunque en realidad no se había creído ni una sola palabra de la penosa excusa que le había dado.
- Veo que ya has terminado, ¿por qué no me acompañas? - le preguntó el antiguo capitán de la Duodécima División.
- Eh... claro – aceptó al ver que no tenía otra opción.
El teniente salió de su escondite tras la farola rota y caminó hacia la casa del chico de sus sueños junto a Urahara.
- ¿Ése es el regalo para Ichigo? - le preguntó señalando la funda que llevaba en la mano.
- Sí, es una guitarra.
Al momento de contestarle, se arrepintió de haberlo hecho. ¡Por supuesto que se trataba de una guitarra, ¿qué otra cosa iba a ser con esa forma tan característica?!
- ¿Cómo has conseguido el dinero? No son precisamente baratas y el dinero de la Sociedad de Almas no sirve aquí.
Inmediatamente, Renji se puso más rojo que su propio cabello.
- C-conseguí un trabajo aquí y ahorré el dinero para poder comprarlo – le contó sin entrar en detalles – Ya estamos aquí.
No pudo evitar alegrarse de haber llegado a la casa de Ichigo, así no tendría que seguir contestando a las preguntas del antiguo capitán. Pensó que iba a ser el único momento en toda la noche que se sentiría así, porque una vez que cruzaron la puerta hacia el interior del hogar de los Kurosaki, los nervios y la vergüenza tomaron el control de su cuerpo.
- Voy a buscar a Rukia – se excusó antes de que Urahara volviera a interrogarle.
Se alejó de allí sin darle tiempo ni siquiera a despedirse. Renji saludó a algunos compañeros aunque trató de evitar a sus amigos, no quería que nadie le viera allí y le entretuviera más tiempo del necesario para evitar encontrarse con el cumpleañero, pero no tuvo demasiada suerte.
- Renjiiii... - le saludó con voz cantarina Ikkaku colgándose de su cuello.
- ¿Estás borracho? - le preguntó con una gota en la cabeza.
- Se ha traído sake del Seireitei como regalo para Ichigo pero se lo está bebiendo él solo – le explicó Yumichika a su lado.
- ¿Y tú no le acompañas?
- Si bebo, mi belleza desaparecerá, no quiero actuar como este gorila – señaló a su compañero de escuadrón – Prefiero mantenerme fresco como una flor.
Renji estaba acostumbrado a la extraña personalidad de esos dos shinigamis pero aún así, no pudo evitar mirarles anonadado por sus extravagantes gestos.
- Bebe conmigo, Renji – gritó Ikkaku ofreciéndole la enorme botella de sake.
- Más tarde, voy a saludar a los demás primero – le contestó soltándose de su agarre y escabulléndose como pudo de ellos.
Al alejarse, soltó un suspiro de alivio. Cuando Ikkaku se emborrachaba era más escandaloso de lo normal y en ese instante lo último que quería era atraer la atención hacia él, pretendía pasar desapercibido hasta que pudiese dejar el regalo de Ichigo donde pudiese verlo y largarse de allí antes de que el chico de pelo anaranjado que lo tenía completamente loco notara su presencia.
Y de nuevo su mala suerte hizo aparición. En medio del salón estaba el chico del cumpleaños rodeado de sus amigos más cercanos. El pelirrojo se escondió rápidamente tras el marco de la puerta para evitar ser visto y, tras unos segundos con la espalda pegada en la pared, lentamente Renji asomó una pequeña parte de su cabeza, lo suficiente para que Ichigo entrara en el campo de visión de uno de sus ojos. Estaba más guapo aún de lo normal con aquella camiseta de manga corta pegada a su fuerte torso que estaba comenzando a excitar al pelirrojo, por no hablar de aquellos vaqueros que se le ceñían tan bien a su trasero.
Renji tuvo que volver a esconderse, su temperatura corporal estaba subiendo y la sangre se le estaba acumulando en su entrepierna por culpa del escultural cuerpo de ese chico y los recuerdos de la película y de cómo se pegaban sus cuerpos sudorosos mientras Ichigo le llenaba con sus veinte centímetros. El pantalón que llevaba comenzaba a apretarle por la zona frontal y se tapó a gran velocidad con la funda de la guitarra mientras su cara volvía a teñirse de un rojo brillante e intenso.
El pelirrojo pensó que debía largarse de la fiesta de una vez antes de que alguien le descubriese en ese estado aunque antes debía dejar su regalo junto al resto, pero había un pequeño problema y era que Ichigo estaba justo enfrente de la mesa donde estaban todos los regalos, era imposible que no viera a Renji si se acercaba. El teniente de la Sexta División volvió a asomarse con cuidado tratando de hallar una forma de aproximarse a aquella maldita mesa pero no la había, no sin que le vieran.
Apoyó su cabeza contra la pared y cerró sus ojos cansado, no sabía lo que iba a hacer. Abrió los ojos y los dejó fijos en las escaleras que llevaban al piso superior. De repente, tuvo una idea... Tampoco era necesario que le dejase la guitarra junto al resto de regalos, podía dejarla en la habitación de Ichigo. Sonrió satisfecho con su idea y miró a su alrededor para comprobar si alguien le estaba prestando atención pero no era así, todos los invitados estaban pendientes de disfrutar del ambiente por lo que se apresuró a subir raudo todos los peldaños para ir al cuarto del único miembro de la familia Kurosaki que conseguía que su corazón latiera de forma descontrolada.
Nada más abrir la puerta, el olor natural de Ichigo llegó hasta sus fosas nasales embriagándole y cerró los ojos para disfrutarlo todo lo posible. Después de un par de minutos, los abrió y observó aquel lugar con nostalgia, ya no podría estar con ese shinigami sustituto como hasta ahora, ya no podría disfrutar de su compañía ni de sus charlas hasta bien entrada la madrugada. Iba a echar de menos pasar tanto tiempo con él entre esas cuatro paredes pero no había otra alternativa, después de lo ocurrido su relación ya no iba a ser la misma aunque supiese que Ichigo seguiría tratándole igual como si no hubiese pasado nada pero para él todo había cambiado y no podría mirarle igual, así que reduciría sus visitas al mundo humano. El teniente había decidido que solamente saldría de la Sociedad de Almas cuando fuese estrictamente necesario, sólo cuando fuese por un tema relacionado con su trabajo como shinigami.
Se acercó a la cama y depositó sobre el colchón la funda con la guitarra que tanto deseaba el dueño de su corazón. La observó durante unos segundos y después abrió la ventana para saltar al exterior. Cuando sus pies tocaron el suelo, alzó su mirada durante un segundo para mirar por última vez aquella casa y se dio la vuelta para alejarse en medio de las poco iluminadas calles pero algo le detuvo.
- ¿Dónde te crees que vas? - la voz de Ichigo le dejó petrificado en el sitio.
Unos minutos antes, el chico de pelo anaranjado se había percatado de la presencia de Renji al ver parte de su cabello rojo desaparecer rápidamente tras el marco de la puerta del salón. Una gota apareció en su cabeza, le parecía increíble que su amigo le hubiese estado evitando desde que terminaron el rodaje de la película, le sorprendía lo tímido que podía llegar a ser en cuanto al sexo contrastando con su dura apariencia. Se disculpó ante sus amigos y cruzó la puerta con la intención de pillarle, no iba a dejar que siguiera huyendo de él, iban a hablar y a poner las cartas sobre la mesa. ¡No habían hecho nada malo!
Pero al salir al pasillo no lo encontró por ningún lado, entonces se preguntó dónde se podía haber escondido. La respuesta vino sola cuando sintió su reiatsu en su habitación. ¿Qué hacía allí? ¿Pensaba que no le iba a encontrar ahí arriba? ¿Acaso creía que ése era el último lugar donde le buscaría? Subió los peldaños de dos en dos para llegar cuanto antes a su cuarto y al llegar, abrió la puerta con fuerza dispuesto a gritar a su amigo pero se quedó con la boca abierta al ver la estancia desierta. Aunque había un objeto que destacaba entre todas sus cosas: aquella funda nueva sobre su cama.
Dio unos pasos hasta alcanzarla y levantó las pestañas que la mantenían cerrada. Se quedó impresionado al tener ante sus ojos la guitarra de sus sueños, una Gibson Les Paul Deluxe color rojo vino. Era preciosa, una maravilla que estuvo tentado de sostener entre sus manos pero se contuvo, antes debía buscar al idiota que había vuelto a escapar de él. Cerró la funda, salió por la ventana ya abierta y cayó de pie en el asfalto viendo la espalda de Renji alejarse cabizbajo. Ya estaba harto de su actitud por lo que no pudo evitar hablarle con un tono serio.
Vio cómo Renji se sobresaltó al reconocer su voz y se quedó allí petrificado dándole la espalda, incapaz de mirarle. Aquello le molestó y le agarró del brazo para girarle y que le mirase a la cara pero el pelirrojo apartó sus ojos para evitar que hicieran contacto con los suyos. El shinigami de pelo naranja iba a gritarle cuando se percató del intenso sonrojo que aparecía en las mejillas del otro así que le soltó y se revolvió su cabello resoplando.
- ¿Pensabas largarte sin ni siquiera felicitarme? - le preguntó.
- Felicidades – murmuró Renji con los ojos fijos en el suelo.
- Renji, mírame – le pidió.
- No puedo, es demasiado vergonzoso después de lo que hicimos. Mierda y seguro todos los que estaban ahí dentro sabrán lo que hicimos. Dudo mucho que no les haya picado la curiosidad al verte como mecánico en la portada del DVD que regalaban con el periódico de hoy.
Una sonrisa se dibujó en los labios del adolescente aunque por una parte sintió un poco de pena por el hombre frente a él.
- Puedes estar tranquilo, no lo han visto – le aseguró.
- ¿Cómo puede estar tan seguro? - le preguntó mirándole por fin a los ojos.
Cuando se dio cuenta, quiso apartarla pero Ichigo se lo impidió posando su mano sobre la mejilla del teniente.
- Ya era hora, echaba de menos ver esos preciosos ojos.
El sonrojo de Renji se hizo más intenso y se quedó con la boca ligeramente entreabierta, ocasión que Ichigo aprovechó para unir sus labios y colar su lengua saboreando cada rincón. Colocó su otra mano en la otra mejilla del pelirrojo atrayéndolo para profundizar el beso. El teniente aún tenía los ojos abiertos de la impresión pero poco a poco cerró sus párpados dejándose llevar por la dulzura con que Ichigo le estaba besando. Tras largos segundos, Ichigo detuvo el beso lentamente y apoyó su frente sobre la de Renji.
- Gracias – susurró sobre los labios del shinigami.
- ¿P-por qué?
- La guitarra – le contestó sonriendo con ternura – Es maravillosa.
- Dijiste que te gustaría tenerla así que... pensé que sería un buen regalo para tu cumpleaños.
- Y lo es, es uno de los mejores regalos que me han dado.
- ¿Uno de los mejores? - preguntó Renji desconcertado pero también decepcionado.
Con todo lo que había tenido que pasar, las locuras que había tenido que hacer y resultaba que ni siquiera era el mejor regalo que le habían dado aquella noche. Pensó que seguro que Orihime le habría regalado alguna prenda o juguete para adultos para que usase con ella que a Ichigo le había gustado más.
- El otro que me diste fue mucho mejor – comentó el chico de pelo naranja.
- ¿Otro? ¿Qué otro reg...?
Unos pasos y unas risas al otro lado del muro le interrumpió.
- Ven, vayamos a un lugar más tranquilo para hablar – dijo Ichigo tomándole de la mano y llevándoselo con cuidado hasta el garaje encerrándolos en su interior.
- ¿A qué otro regalo te referías? - le volvió a preguntar – Yo no te he comprado nada más.
- Cierto, pero no he dicho que me lo hubieses comprado – le contestó sonriendo – Me encantó que me dejases estar dentro de ti, disfrutar del calor de tu cuerpo y de tus gemidos – le explicó de forma seductora mientras pegaba sus cuerpos.
Si Renji seguía poniéndose más rojo, no se sabría dónde terminaba su cara y dónde empezaba su pelo.
- N-no es que tuviese mucha opción, era un trabajo – le contestó apartando la mirada avergonzado.
- Podrías haberte negado a que yo fuera tu compañero.
- Estuve a punto de marcharme pero... necesitaba el dinero – le confesó.
El pelirrojo acababa de confirmarle a Ichigo sus sospechas.
- ¿Buscaste ese trabajo para poder comprarme la guitarra?
- Sí.
- Te quiero – le confesó Ichigo sorprendiendo a Renji consiguiendo que su corazón le diera un vuelco y se quedase mudo.
El shinigami sustituto depositó un suave y casto beso sobre sus labios y tras separarse, volvió a repetirle esas dos importantes palabras.
- Te quiero.
- ¿Me quieres... porque te he comprado la guitarra? - por fin su voz salió de su garganta.
- Ésa es otra de las razones por las que te quiero, porque eres capaz de hacer una película porno para conseguir algo que sabes que me haría feliz, has estado dispuesto a llegar tan lejos sólo por mí. Eres asombroso y por eso te quiero.
Renji veía la forma tan especial con la que brillaban los ojos de Ichigo cada vez que le repetía esas palabras y supo que no le estaba tomando el pelo, que decía en serio cada una de esas palabras. Se sintió dichoso e increíblemente feliz, ¡sus sentimientos eran correspondidos!
- Yo también te quiero – le confesó por fin y vio que la sonrisa de Ichigo se ensanchaba.
- Ya lo sabía, tu regalo me lo ha dejado muy claro.
El pelirrojo iba a protestar pero la boca de Ichigo sobre la suya se lo impidió. Ahora que sabían lo que sentían el uno por el otro, podían disfrutar mucho más sus besos.
- Espera un momento – se separó Renji mirando a Ichigo con sospecha – Yo sé por qué hice la locura de actuar en una película de adultos pero, ¿qué hacías tú allí?
El shinigami de pelo naranja sonrió travieso antes de responderle.
Flashback
Después de que Renji le entregase a Ichigo el teléfono para que pidiese la cena, éste le dio al botón de rellamada, quería saber qué restaurante tenía pollos de dieciocho centímetros, le había parecido algo extraño y curioso. Esperó pacientemente escuchando aquellos pitidos que indicaban que aún no le habían descolgado al otro lado de la línea, pero tras otro tono más, una voz femenina le contestó.
- Chicos ardientes...
Pero antes de que pudiese decir una palabra más, Ichigo colgó asombrado. Eso no era un restaurante... ¡¿Renji había llamado a una línea caliente?! ¿Le iba que una sensual chica le dijese guarradas por teléfono? Le sorprendía conocer ese lado de su amigo y compañero de batalla, no se lo hubiese esperado jamás. Se sentó en su silla de estudio y apoyó su brazo en la mesa frente a él, entonces, de repente, se dio cuenta de un detalle... ¿Por qué esa chica había dicho ''chicos ardientes''? Eso no le cuadraba. Estaba tratando de entender aquello cuando sus dedos rozaron un papel y se fijó en el periódico abierto sobre la mesa, sus ojos se fueron de inmediato sobre el círculo que señalaba lo que parecía ser un anuncio de trabajo.
Cogió el periódico entre sus manos y comenzó a leer el anuncio curioso pero con cada palabra que leía sus ojos iban abriéndose cada vez más por la impresión. ¡Era una oferta para trabajar como actor en una película porno gay! Ichigo vio que el nombre de la productora era ''Chicos Ardientes Producciones'' y el número de teléfono era el mismo que el último que aparecía en el teléfono... ¿Renji pensaba presentarse a ese trabajo?
Ichigo fue al baño a preguntárselo directamente y fue cuando lo pilló en aquella situación incómoda y... erótica. Sus sospechas se vieron confirmadas cuando el pelirrojo le comentó que se la estaba midiendo, aunque se inventó una excusa para no decir la verdadera razón. Le siguió la corriente y le ayudó con su preocupación aunque se quedó con una ganas enormes de probar la dura espada que tenía entre sus piernas cuando se acercó a comprobar su tamaño y le dijo que no tenía nada de lo que preocuparse. Renji le estaba tentando mucho sin que él lo supiese, si hasta se había puesto duro al vérsela por eso no quiso enseñarle sus veinte centímetros. No quería asustar a Renji si se enteraba que se excitaba con él. Aunque durante la cena le estuvo provocando para ver sus reacciones, quería comprobar si su amigo se excitaba con los hombres porque hasta ahora había pensado que le gustaban las mujeres.
Tras la cena mientras Renji se lavaba los dientes, Ichigo aprovechó para llamar al número que aparecía en el periódico, quería conseguir el otro papel protagonista. Llevaba mucho tiempo enamorado de ese fuerte shinigami pero nunca le había dicho nada porque pensaba que no estaba interesado en alguien de su mismo sexo, pero al comprobar que se equivocaba, no estaba dispuesto a que otro hombre posara sus manos por esos tersos músculos, no iba a permitir que nadie tocase al hombre que amaba.
Al día siguiente, fue temprano a la cita y se deshizo de toda la competencia presente tan sólo con su mirada. Estaba seguro que por su color de pelo y su mirada seria y dura, pensarían que era un mafioso, no era la primera vez que le confundían con uno, y saldrían asustados. El resto, fue pan comido, con su dotado miembro y su esculpido cuerpo gracias a sus peleas como shinigami, el director y el productor le contrataron enseguida.
Fin del flashback
Renji no sabía si sentirse enfadado, avergonzado, ofendido o halagado, ese idiota sabía en lo que estaba metido desde el principio y había estado jugando con él, aunque por otro parte, sentía un agradable cosquilleo en el estómago al saber que Ichigo había estado tan celoso de que otro hombre le follase delante de una cámara, que no había dudado ni un segundo en conseguir el otro papel para impedirlo y estar con él.
- Ahora mismo no sé cómo sentirme, no sabes lo mal que lo estaba pasando y cuando te vi allí... fue peor. Siempre te he amado y...
- Shhh... - le calló Ichigo colocando un dedo sobre sus labios – Lo hecho, hecho está y los dos lo disfrutamos mucho pese a todo, además todo esto nos ha servido para decirnos lo que sentimos el uno por el otro.
Ichigo estaba deseando volver a tener sexo con Renji pero esta vez, le dejaría que se la metiese, sentía que se lo debía después de todo lo que había hecho por él. Así que, se separó de Renji y se acercó al coche de su padre levantando el capó.
- Has hecho un gran trabajo con el arreglo pero...
- ¿Qué haces? - preguntó el teniente sin entender ni una sola palabra de lo que el otro decía.
- ...no tengo el dinero suficiente para pagar la factura – continuó con su juego - ¿Qué le parecería si le pago de otra forma? - preguntó con voz seductora mientras se desabrochaba su vaquero y se lo quitaba quedando en bóxers.
Ichigo cerró al capó del coche y se subió sobre éste reclinándose ligeramente hacia atrás y abriendo sus piernas. Renji no había podido apartar ni un segundo sus ojos de cada uno de los sensuales movimientos de su chico mientras le hablaba con aquella voz tan sexy, lo estaba volviendo loco y prueba de ello era el bulto que se había formado dentro de su pantalón.
- ¿No le gusta el trato? - preguntó Ichigo acariciándose su dureza por encima de su ropa interior.
Cuando un poco de sangre llegó hasta el cerebro del pelirrojo, éste captó enseguida lo que pretendía Ichigo, estaba representando de nuevo la escena de la película pero intercambiando los papeles. Ahora él era el mecánico e Ichigo el cliente que le proponía sexo a cambio de reducir su factura por el arreglo del coche.
Aún sentía vergüenza, su timidez sobre el sexo no iba a desaparecer de la noche a la mañana pero saber que el chico de sus sueños le correspondía y se estaba ofreciendo de una forma tan descarada, le daba la suficiente confianza para lanzarse un poco más.
- M-Me gusta lo que veo – le siguió la corriente – pero debo saber lo que hay debajo del capó y meter mano en ese motor para saber si merece la pena el trato.
Ichigo sonrió y se quitó el resto de su ropa al entender que su pelirrojo shinigami quería verle desnudo. El teniente no pudo apartar la vista de los palpitantes y duros veinte centímetros mientras se acercaba hasta él.
- ¿Te parece una buena palanca de cambios? - le preguntó juguetón Ichigo mientras se agarraba su miembro y lo movía de un lado a otro acariciándose.
- Creo que debo comprobar las marchas primero – le contestó agarrando también la longitud de Ichigo y comenzando a masturbarle con su ayuda.
El joven shinigami apartó su mano de su propio miembro y se dedicó a quitarle la ropa a Renji acariciando sus duros abdominales y sus fuertes pectorales en el proceso. Se inclinó hacia delante y recorrió con su lengua cada uno de sus tatuajes hasta llegar a uno de sus pezones mientras su mano derecha se colaba dentro del pantalón y masajeaba su excitado pene.
Dentro de aquel garaje, la temperatura comenzaba a elevarse mientras roncos jadeos invadían el espacio y una ligera capa de vaho se formaba en los cristales del coche. Ichigo se llevó la mano de Renji hasta su boca y lamió sus dedos muy lentamente y lleno de sensualidad hasta dejarlos bien lubricados mientras el pelirrojo le observaba hipnotizado sin dejar de darle placer en su miembro. Cuando terminó de lamerlos, llevó los dedos hasta su entrada y se metió el primero preparándose él mismo, repitiendo esa acción con los otros dos.
Cuando creyó que estaba listo, le terminó de bajar los pantalones a su teniente y agarró su miembro mientras se pegaba a él para poder meterla en su interior. Ambos se quedaron sin respiración en el momento en que la longitud de Renji se clavó dentro de Ichigo, era una experiencia nueva para los dos y, pese al dolor que sentía este último, disfrutaba mucho con la sensación de invasión que le dejaba la virilidad de su pelirrojo dentro de él.
Poco a poco, el teniente comenzó a moverse tratando de no ir muy rápido para no hacer daño a su chico, él sabía perfectamente que al principio podía doler. Ichigo no tardó mucho en mover sus caderas marcando el ritmo que le gustaba cuando el dolor comenzó a ser sustituido por el placer. Le besó con desesperación desatando su largo y sedoso cabello y colando sus dedos entre aquella cascada roja.
Ambos siguieron tocándose, saboreándose con ansias, uniendo sus cuerpos en uno solo y ahogando sus roncos gemidos con sus ansiosos besos ajenos a la música y a las fuertes voces que provenían del interior de la casa y que se colaban a través de las paredes hasta que un fuerte gemido por parte de Ichigo alertó a Renji y sonrió al saber que le había dado en un punto muy sensible. Continuó golpeándolo una y otra vez consiguiendo que al final Ichigo terminase expulsando su semen entre sus vientres. Se sintió satisfecho al haber sido él quien le había llevado al orgasmo y ese pensamiento unido a la nueva estrechez que apretaba su miembro, le condujeron a su propio orgasmo, terminando en el interior del shinigami sustituto.
Dejó caer agotado su cuerpo hacia adelante y apoyó su cabeza sobre el pecho de su chico sintiendo su irregular respiración y escuchando los rápidos latidos de su corazón. Ichigo rodeó con sus brazos al Renji mientras trataba de recuperar el aliento. Poco a poco, comenzaron a relajarse, se hubiesen quedado durmiendo si hubiesen estado encima de una cama y el adolescente de cabello anaranjado no tuviese decenas de invitados a los que atender.
- Debemos volver – comentó Ichigo desganado.
- ¿No podemos quedarnos aquí? No han notado tu ausencia.
- Lo notarán cuando llegue el momento de sacar la tarta.
- Mierda – se quejó mientras sacaba su miembro ahora flácido del trasero de Ichigo.
Éste se levantó con las piernas un poco temblorosas aún y buscó algo con lo que pudiesen limpiarse. Le pasó un trapo a Renji mientras él cogía otro y se quitaba todo el semen y el sudor que se pegaba a su cuerpo. Al terminar, comenzaron a vestirse sin prisa.
- Por cierto, no me has dicho por qué estabas tan seguro que nadie había visto nuestra película. Le he tenido que comprar a un chico el periódico para que haya una copia menos circulando por ahí – le comentó el teniente de la Sexta División e Ichigo comenzó a reírse - ¿Qué es tan gracioso?
- Que le he pagado a ese chico para hacerte creer que ya estaba la película disponible. En realidad es la copia que me regaló el director cuando terminaron el montaje y la edición.
- ¿Qué? Eres un imbécil. No sabes la vergüenza que he pasado por tu culpa.
- Sólo era una broma – se acercó hasta él y le besó para calmarlo – Debes dejar de preocuparte por esto, no es nada malo y nos lo pasamos muy bien.
Renji le miraba molesto pero otro beso por parte del joven shinigami consiguió calmarle.
- Venga, volvamos a la fiesta y demos la gran noticia de que por fin eres mi novio.
- De acuerdo – accedió y ambos se dirigieron a la salida para seguir celebrando la fiesta.
- Sólo una cosa más... - Ichigo se detuvo y miró juguetón a Renji - a partir de ahora, las próximas películas porno que hagamos serán caseras.
El pelirrojo se ruborizó por la idea pero no la desechó y le sonrió a su novio mientras asentía. El destino había tenido una peculiar manera de unirles pero no se iban a quejar, pese a la vergüenza que Renji había pasado, debía reconocer que no se arrepentía de aquella locura porque gracias a ella ahora estaba con la persona que más amaba. Además siempre tendrían el recuerdo de su primera vez para rememorarla todas las veces que quisiera... ¿Cuántas personas podían decir lo mismo?
FIN
