"Mal de amores. Y no se cura fácilmente. No existen medicinas. Ni remedios. No se sabe cuándo pasará. Ni siquiera se sabe cuánto duele. Sólo el tiempo lo cura. Mucho tiempo. Porque cuanto mayor ha sido la grandeza de un amor, tanto más largo resulta el sufrimiento cuando éste se acaba. Es como en las matemáticas: se trata de magnitudes directamente proporcionales".

Federico Moccia – Perdona si te llamo Amor


PERDONA SI TE LLAMO AMOR

Capítulo 2: No Competencia

Dos semanas pasaron después del primer encuentro de Winry con el hombre de ojos encantadores, Edward Elric. No es que no se hayan visto por falta de oportunidades, sino que Winry evita el encuentro. Después de todo, la distancia puede menguar un amor. Rose le ha pedido varias veces ya que se quede a cuidar a Joshua (el niño es un amor, pero no puede crear lazos con él, pues terminará yéndose en cuanto termine las prácticas), pero ella se ha negado poniendo de excusa a su abuela. Que si está enferma o si está sola.

Hoy no es la excepción. Winry ha guardado sus pertenencias en su bolsa azul y está dispuesta a marcharse. Tiene ganas de marcharse antes de que llegue Edwrad y le arruine el día, la semana y, tal vez, hasta el mes.

No quiere verlo porque lo que siente por él es incorrecto, es inmoral y es monstruoso. No puede estar enamorada de un hombre casado, que ya tiene una vida hecha, una esposa y un hijo. Peor aún es intentar hacer algo. Sería destruir una familia y ella no le desea eso a nadie, ni a su peor enemigo. Ella ha crecido sin padres, sabe lo horrible y doloroso que es. Jamás podría hacerle eso a Joshua, jamás podría meterse con Edward por esa causa; jamás podría hacerle eso a otra mujer.

Apesadumbrada y con ganas de desaparecer de la faz de la tierra, Winry se marcha de la estancia infantil, asegurándole a Rose que debe cuidar a su abuela, a la cual le han dado uno de esos "achaques de la edad". Claro. Achaques. Si su abuela supiera que la está llamando anciana ya la hubiera golpeado con su pipa. Ella es una mujer saludable.

Pero ni la suerte ni el destino están de la mano de Winry, no le sonríen ni le quieren sonreír, como vienen haciendo desde el día en que sus padres fallecieron, pues sus cálculos no han sido exactos. Ella creía que Edward aparecería cerca de las siete cuarenta, como de costumbre (según le había contado Rose), no ahora, a las seis veinte. Chocaron por descuidarse y Edward la tomó del brazo para no hacerla caer. Su corazón late tan rápido que puede escuchar su sonido atronador en sus oídos. Tal vez hasta Edwrad lo escucha, tal vez se da cuenta de lo patética que es.

—Disculpa —dice. Winry se queda sin palabras un momento. Lo ha visto a los ojos. Lo ha hecho. Ahora todos sus planes de bloquear sus sentimientos hacia ese hombre se están viniendo abajo.

—No hay cuidado —se las arregla para responder. Y escapa. Escapa como ha querido hacer.

OoOoOoOoOoOoOoO

Ella no es lo suficientemente fuerte para enfrentar lo que le está pasando. Lo sabe y le molesta en sobremanera. Es un enamoramiento. Es un estúpido enamoramiento. Ella ya ha estado enamorada. Ya ha amado a otro hombre, ha tenido un par de novios y un beso no es lo único que hizo con ellos. Se supone que sabe cómo es esto, se supone que tiene experiencia. Se supone que puede arreglárselas para no ser tan obvia, pero no puede, porque hoy le ha tocado quedarse al cuidado de Joshua.

Rose ha salido temprano, le ha encargado la guardería y ella no ha podido hacer nada aparte de aceptar. ¿Cómo le iba a decir que no a su jefa?

Ha jugado con el pequeño, han dibujado y el niño le ha contado cuentos a ella (tan gracioso como parece). Él le ha hablado de su vida, de lo feliz que es y cómo lo quiere su padre. No ha mencionado ni una sola vez a su madre, pero Winry está bien así. No quiere saber, no necesita saberlo. Su corazón no quiere ser estrujado nuevamente. No siente curiosidad por ello. No quiere oír maravillas acerca de la grandiosa señora Elric, a la que, en un momento de debilidad, le envidió el lugar y le deseó desaparecer.

Tocan la campanilla de la recepción. Winry se levanta de su lugar en el suelo y le pide a Joshua que la acompañe. Son las siete treinta y dos, solamente existe una persona que puede llegar a esa hora a ese lugar.

—Buenas tardes —su voz es fría, plana. ¿Está molesto? ¿Con ella? ¿Qué ha hecho? Desde hace tres días que no lo ve. A menos que lea sus pensamientos, no tiene motivos para enfadarse con ella.

—Buenas tardes —regresa el saludo temerosa, cargando al niño rubio de ojos azules en sus brazos.

—Tú eres Winry, ¿cierto? —aunque lo ha preguntado, Edward ya tiene la certeza. Winry puede notarlo en su tono de voz.

—Sí.

—¿Podrías decirme por qué no me has dicho que Joshua ha tomado un libro indebido y no me lo has dicho?

Está enojado. Su voz, su expresión, su lenguaje corporal se lo gritan. Bueno, ella también estaría molesta si su hijo (si tuviera uno) tuviera una maestra tan inútil como ella.

—Yo… perdone. Lo olvidé.

—¿Lo olvidaste? ¿Cómo pudiste olvidar algo tan importante? ¿Qué clase de maestra eres?

—Soy una pasante —se excusa.

—No me interesa lo que seas. Hablaré con Rose acerca de esto. No puede ser que, si mi propio hijo no me lo dice, no me entero de estas cosas.

—Perdóneme.

—Una disculpa no soluciona las cosas.

—¡Papá! —Joshua llama la atención. Ha tratado de hacerlo desde que comenzó la discusión, peor no ha podido. Sus ojos azules están brillantes por las lágrimas que están a punto de ser derramadas. Edward contempla el semblante triste de su hijo y su expresión se torna comprensiva, se queda callado y espera a que su hijo diga lo que tiene que decir—. No regañes a Winry, por favor —habla con elocuencia el pequeño, con voz ronca. Quiere llorar—. Ella no ha hecho nada malo. ¡Fui yo quien tomó tu libro!

—Sé que te agrada, hijo. Pero no la defiendas. Eso no ayudará en nada.

Winry, con un nudo en la garganta y las ganas inexplicables de llorar, le pide disculpas nuevamente a Edward y le pide que la espere un momento, que en seguida irá por el libro. Edward asiente, aún molesto, y carga a su hijo en sus brazos. La espera por unos cuantos minutos hasta que regresa con el libro en las manos. Se lo arrebata y sale del lugar pisando fuerte. Joshua, desde los brazos de su papá, le dice adiós a Winry con la carita triste y compungida y Winry trata de devolverle una sonrisa, pero no puede. Se siente mal, está triste, le cuesta fingir que todo está bien.

Ya sabía ella que no podía tenerlo, que no podía ser nada de Edward, pero ahora le odia y eso estruja su corazón, la hiere y le hace sentir miserable. El hombre al que ama la odia, cree que es una estúpida. Y tal vez lo sea, porque ahora mismo está en un rincón de la habitación, llorando.

OoOoOoOoOoOoOoO

Es otro día, Winry hace su rutina matutina como de costumbre. Se levanta, se baña, cepilla su húmedo cabello (el que terminará amarrando cerca de la segunda hora de clase) y se pone el uniforme. Baja a la cocina y prepara café suficiente para ella y su abuela, pone un par de rebanadas de pan en la tostadora y saca la mermelada de fresa de la alacena.

Desayuna con calma, tiene tiempo, se despide de su abuela, coge su mochila con sus libros y comprueba que las llaves y la cartera están en su lugar. Es entonces que sale de su casa y camina las seis cuadras que necesita para llegar a su escuela, el bachillerato técnico.

Habla con sus compañeras, ríe falsamente con ellas y finge buena cara por el resto del día. No está de humor, no está de ánimos para nada. Está deshecha y apenas puede caminar por ahí. Es absurdo pensar que el motivo es Edward Elric y su desprecio, un hombre casado y con familia. Es una tonta. No deja de repetírselo por el resto de la mañana.

Llegan las dos treinta, es hora de abandonar el plantel, pues se queda allí para terminar sus tareas y corre hasta la parada del autobús que la acercará a la guardería. Sube, paga su cuota y se sienta en uno de los asientos del fondo. Recarga su cabeza contra el cristal de la ventana y piensa en lo miserable que se está volviendo su vida últimamente. Llega el momento de bajar del bus, se apresura en abandonar el vehículo y piensa en lo mucho que desea no asistir más a Sueños y Sonrisas. Tal vez pida que cambien su centro de prácticas en la dirección escolar… claro, seguramente. ¿Qué excusa dará? ¿Qué se ha enamorado del padre de uno de sus alumnos y que prefiero "tomar distancia" de él? En su cabeza suena absurdo, tanto que le dan nauseas.

Anuncia su llegada en la estancia infantil. La reciben gritos de niños jugando, justo como su primer día. Sin embargo, esta vez no le parece un lugar alegre, brillante ni bonito; siente que es el peor sitio del mundo en el que ha podido parar. Pero ella es una chica fuerte, tiene su orgullo y su valentía, seguirá adelante hasta cubrir las doscientas veinte horas de prácticas profesionales que la institución le pide para obtener su título técnico. Luego irá a conseguir trabajo en alguna otra parte, lejos de allí. En mientras, tiene que aguantarse.

—Winry —Rose es el primer humano que le da la bienvenida. La rubia trata de ponerle buena cara a la directora, pero falla miserablemente. Está hecha polvo, no puede—. Necesito hablar contigo.

La manera en la que se lo ha dicho le ha provocado escalofríos a Winry. Pero ella ya sabe de qué se trata. De Edward Elric, por supuesto. Él dijo que le contaría todo a Rose, ahora es el turno de la mujer de darle una reprimenda.

Arriban a la dirección y Rose no ha sonreído ni una sola vez. Invita a la practicante a sentarse frente a ella. la directora se aclara la garganta innecesariamente, cruza los dedos frente a sus ojos, recargando sus codos en el escritorio. Esto es serio, se dice Winry, me lo merezco.

—Edward Elric ha venido muy molesto hoy por la mañana —Winry se queda callada. No tiene nada que decir a su favor, así que opta por el silencio—. Ha traído una queja. Queja que yo comparto, Winry. Joshua ha leído un libro que no es acorde a su edad; a pesar de ser un genio, hay cosas que no entiende y que no necesita saber a su corta edad, ¿estás de acuerdo?

—Sí, estoy de acuerdo —repite mecánicamente.

—Si estás de acuerdo, ¿por qué no le has avisado al señor Elric? O, por lo menos dime, ¿por qué no me avisaste a mí?

—Yo… lo siento. Lo olvidé.

—Olvidar este tipo de cosas no es bueno para tu trabajo, Winry. Sé que ahora eres una estudiante y sé que sacas buenas notas, pero las notas no lo son todo. Esto es la vida real. Aquí vienen los padres y se quejan sobre sus niños. Si han comido, si se han caído, si han aprendido una mala palabra, si no les prestamos atención. Yo soy quien tiene que dar la cara por esta escuela, Winry. Y tú no me lo pones fácil. ¿En qué posición crees que he quedado yo al dejar que una chica olvidadiza como tú entre a cuidar a los niños? He tenido que defenderte con Edward, pero, francamente, no sé si ha sido lo correcto.

—Discúlpeme, directora. Le aseguro que no habrá una próxima vez.

—Eso espero, Winry. Porque si hay una próxima vez, me veré obligada a llamar a tu escuela y pedir tu baja de esta guardería. Tendrás que empezar de cero las prácticas y acarrearás otras repercusiones.

—Lo sé, por favor, discúlpeme.

Rose toma aire y se sienta nuevamente en su enorme silla. Durante la última parte de su acalorado discurso se ha parado para darle énfasis a su punto. Se pasa las manos por el cabello y una sonrisa regresa a su rostro. Ella, al final de cuentas, es una persona amable y agradable. El papel de ogro no le queda.

—Lamento tratarte así, Winry —dice luego de unos segundos—. Pero necesito que entiendas. Además, el error se ha cometido con Edward y él es muy sensible con esas cosas. Es un hombre viudo y solamente trata de hacer lo mejor para su hijo.

—¿Viudo? —repite, impresionada. ¿Edward es viudo? Se repite en su mente. No puede creerlo.

—Sí, su esposa murió hace un par de años. Una mujer encantadora —dice Rose. Da por terminado el tema con esa oración e invita a Winry a regresar a las aulas, a controlar a los diablillos.

Pero Winry se ha quedado muda, se ha quedado de piedra. Muy apenas puede poner un pie frente al otro. Viudo, él es viudo. Lo que quiere decir que él es un hombre soltero, que no tiene compromisos con otra mujer. Que ella tiene esperanza… esperanza que le dura muy poco, esperanza que se hace añicos en cuanto la realización de todos los hechos llega hasta ella. Nuevamente tiene ganas de llorar, las lágrimas se aglomeran en sus ojos. Parece que últimamente es lo único que sabe hacer.

Y es que… ¿cómo puede una niña tonta como ella competir contra un muerto? La batalla está perdida mucho antes de jugarla.


Espero, como siempre, que les haya gustado y que esté llenando sus expectativas.

A mí me gusta hacer las cosas lo más realistas posibles, desgraciadamente, con esta trama se me complica el asunto (amor a primera vista. No creo en él, si se lo preguntan. Para empezar, yo lo llamo "calentura a primera vista"). Además, esto es una trama MADURA (todo lo madura que una joven estudiante de dieciocho años puede hacer), así que trato de llevarme esto con calma.

Gracias a:

Miu Furinji

FlOrEnCiA HaWkEyE

La carta clow

Yimel Elric

Edwin29

Kumi Shihori

fma1202 (a ti no sé si agradecerte. Honestamente, no sé si tu comentario es una broma d mal gusto o va en serio. Sea cual sea, modera tus maneras y tu vocabulario).

Son unos amores, gracias por sus comentarios. Me vuelven feliz y hacen que el hecho de escribir valga la pena.

Ya saben, si tienen una duda, un comentario cualquiera, una opinión respecto a mis opiniones (xD), una felicitación, una crítica constructiva o quieren marcarme algún error, dejen review :3 (¡háganlo ya!).

Besos, abrazos y galletitas de la Señorita Papas Fritas :3