Por naturaleza.
Sumario: No supo con exactitud por qué aceptó todo eso, y tampoco sabía a qué se enfrentaría al cruzar esa puerta.
¡Hola! Les recuerdo que Hetalia, marcas, etc., NO me pertenecen, escribo esta clase de fanfics por pasatiempo y terapia, pero enfocada en traerles algo interesante. No es un complot del gobierno para obligarlos a tomar leche, no es un ejercicio de reclutamiento para anexarlos al culto bizarro dirigido por dos alegres personas que desean conquistar al mundo con sonrisas, pastelillos y yaoi, no se hace para ganar dinero. Hidekaz es culpable de mis delirios, por crear a un Antonio tan dulce y despistado, y a un Lovino tan Lovino, juntos son un amor y separados son hilarantes, y es todo lo que necesito de los personajes para quererlos, en especial si cuando se juntan son amorosamente hilarantes y hacen de cada cosa toda una situación.
Pinsel D34CM43 T: Gracias por tu review, lamento mucho la tardanza, pero estamos en la marcha. Sobre cómo tratan a Lovino, lamentablemente era necesario para la trama del fanfic, más adelante sabrás más.
Darkmoon: Muchas gracias por la crítica, por alguna razón me levanta los ánimos para tratar de darle un mejor sentido a este fanfic. Si bien es cierto que no he tratado todos los puntos importantes para explicar el por qué de los demás, se sabrá en su momento. Gracias de nueva cuenta, y espero que este capítulo sea de tu agrado.
Yukikitsune: Pues, el vagabundo no estaba incluído en el testamento xD Pero no te preocupes, nadie se comerá a Lovino... Aún. XD Gracias por el review.
Seiryu Hiro: Gracias por el review, a pesar de la tardanza, aquí está el segundo capítulo, que espero te guste, y no te preocupes, Lovino pasó y pasará por mucho, y habrá muchos coqueteos más.
Dedicado a las fans y escritoras de Spamano que llenaron mis tardes con historias llenas de humor, romance, drama y emoción, así como a Pinsel D34CM43 T, Darkmoon, Nelewy, Seiryu Hiro, y en especial a Yukikitsune, quien influyó en el origen de este fanfic y tiene parte del crédito; clasificado T en lo que me decido en agregar parejas o escenas subidas de todo, aunque no prometo la gran cosa, pero las esperanzas se mantienen en alto. UA, quedaron advertidos.
Capítulo dos: Un pie sobre la tierra.
Por naturaleza, las personas buscan evitar encuentros y momentos desagradables, pero la mayoría de las veces, es casi imposible que eso se vea realizado.
Y mientras el inconfundible aroma de tierra mojada, señal de que había empezado a llover de manera oficial, se dejó sentir junto a una brisa húmeda que se colaba por cada rincón fracturado de su nuevo "hogar", Lovino sucumbía a sus pensamientos más psicóticos relacionados con el misterioso vago que se hallara en su casa.
-"¿Y si me quiere comer en salsa bolognesa?"
Una de sus posibles opciones era arrancar un pedazo grande de madera para defenderse, pero nadie le aseguraba que el vagabundo no fuera un experto luchador, después de todo, su estilo de vida era toda una hazaña de supervivencia, ¿cómo podría vencerle? ¿Y si era cinta negra? La idea de que el vago fuera a comérselo a mordidas, dada la forma en que le miraba, tomó más fuerza con cada segundo del incómodo silencio que reinaba entre ellos.
-"¡Maldición! ¿Por qué me tiene que pasar esto? Falta que el bastardo me eche de mi propia casa."
El joven Vargas contuvo la respiración cuando el intruso dirigió sus pasos a la salida, más no esperó que se inclinara con rapidez, intentando llevarse la mochila deportiva con sus únicas prendas de vestir.
-¿¡Pero qué cree que hace, bastardo!? -Haciendo un gran esfuerzo, el italiano alcanzó a agarrar uno de los extremos de la maleta, retrasando el escape del indigente.- ¡Suéltela! ¡Es mía!
Lejos de esa zona, en un acogedor restaurante, cerca de la frontera que separaba a Italia de Francia, se hallaba un joven moreno de ojos verdes aceitunados, quien tomaba una copa de un excelente vino mientras contestaba una llamada importante.
-Así es Francis, haré todo lo que esté a mi alcance. Ya pude contactar a su abogado, y acordamos una cita... No, no vamos a tener una noche de amor y pasión, sólo hablaremos de negocios. No te preocupes, y ten por seguro que, esta vez, conseguiré un trato. -Antonio Fernández Carriedo, el poseedor de esos ojos, concluyó la llamada, mientras jugueteaba con la copa, ya vacía, en espera del mencionado, quien no tardó más que unos minutos para hacer acto de presencia.- ¡Licenciado Weilschmit! ¿Verdad?
-Abogado Ludwig Beilschmidt. -Le estrechó la mano, y acomodó sus lentes.- ¿En qué puedo servirle?
-Tome asiento, amigo. -El español se sentó e hizo una seña a la camarera para que les sirvieran más vino.- Hablaré sin rodeos para no quitarle mucho tiempo, ya es de noche y a estas horas es muy difícil encontrar transporte, y no se diga reservar una habitación, aunque haya poca gente en esta época del...
-Por favor, limítese al asunto por el cual me citó aquí. -Pidió el rubio, presintiendo la visita de una indeseada jaqueca.
-Cierto, lo lamento. Represento a la Compañía de Bienes Raíces Bonnefoy, quienes están interesados en unas tierras y propiedades que solían pertenecer al ahora difunto Máximo Vargas. En específico, las comprendidas en esta zona, bueno, no exactamente aquí, sino...
-¿Comprende que el patrimonio Vargas fue repartido ya?
-En efecto, y mi amigo, es decir, mi jefe, Francis Bonnefoy, quiere tratar directamente con Feliciano Vargas, nieto del difunto Vargas, y heredero por derecho.
La sonrisa de Antonio se borró al ver cómo el rubio negaba de forma breve.
-No es un buen investigador, por lo visto. -El de ojos verdes sintió un frío puñal clavarse en su pecho mientras empezaba a sudar frío.- Máximo Vargas dejó en su testamento a dos beneficiarios, al menor de sus nietos, Feliciano, y al mayor, Lovino Vargas, a quien le corresponde la propiedad en la cual ustedes se encuentran interesados, con todo lo que contenga en ella.
-¿Es en serio? Oh, no... -El moreno se despeinó los cabellos con desesperación.- Francis no solo me va a regañar, sino que se burlará de mi el resto de mi vida, o de la suya.
Ludwig se quitó un momento sus lentes para frotarse las sienes, sintiéndose cada vez más cansado, y con una seña, evitó que le sirvieran la copa.
-Le recomiendo que se ponga en contacto con sus superiores, y que aguarde por una respuesta. La familia aún siente el peso de la pérdida de los familiares, y hablar de negocios implicaría una falta de tacto notoria.
El germano se puso de pie, atrayendo la atención de Antonio, quien dejó de lamentarse y se puso de pie a su vez.
-Lamento que no hayamos resuelto nada, pero es prioridad para mi regresar al lado de Feliciano. Con permiso.
-Adelante, y gracias por su tiempo licenciado Weilschmit.
-Beilschmidt... Ya no importa.
De vuelta con Lovino, éste maldecía sin parar, mientras temblaba por la lluvia que le calaba hasta el alma, al buscar las prendas que por poco se logra llevar el vago, y que terminaros regadas en la entrada de su casa tras el forcejeo, ya que la maleta cedió a la presión y todas las costuras reventaron.
-Maldito bastardo, si como corriera trabajara... -Dio varias vueltas, pero por mucho que buscó, se llevó una terrible desazón.- ¡Carajo! ¡Ese bastardo se llevó mis zapatos y uno de mis tennis! ¡Ahora todos creerán que me visto como un idiota!
Regresó con rapidez a la casa, no sin antes tomar de un depósito de basura un par de bolsas rotas, las cuales empleó para cubrir el hueco de la ventana, y se quitó la ropa y el calzado, extendiéndolo con la esperanza de que fuera a secarse.
-Ay... Tengo mucha hambre...
Con la incertidumbre bailando a su alrededor, se puso a buscar la cocina, con la minúscula esperanza de que hubiera comida ahí, comprobando al abrir cada puerta que sólo el polvo y algunas arañas le harían compañía.
-¡Maldición! ¡Ese maldito bastardo se ha de estar burlando de mi! -Un ruido lo puso en alerta, y pensando en que el vago había regresado para llevarse el resto de sus cosas, se regresó hasta el lugar en donde dejó sus pertenencias, dispuesto a protegerlas con su vida, aunque el temblor de su cuerpo contradecía a sus pensamientos.
Y mientras la lluvia se calmaba, el cuerpo del italiano cedía al cansancio, recostándose sobre su ropa tendida.
-¿Por qué...? -Se dijo a sí mismo, antes de caer en los brazos de Morfeo.
La noche transcurrió con serenidad, abrigando los sueños del joven italiano con la música inaudible que brotaba de la luz de luna, quien se abrió paso tan pronto la lluvia cedió por completo.
-"¡Ve! -Su hermano menor, Feliciano, iba corriendo hacia él.- ¡Hermano! ¡Hermano! -De repente, el suelo desapareció bajo los pies del menor, quien cayó de bruces..."
Abrió los ojos al sentir la luz del sol pegándole en el rostro, y tan pronto recordó por qué estaba ahí, técnicamente semidesnudo en medio de la nada, se vistió con sus ropas, aún húmedas, y contó sus cosas, enfureciéndose al recordar el calzado robado.
-¡Maldición! -En su frustración, pateó la puerta, y como el marco había sufrido por el paso del tiempo, ésta cayó encima de Lovino, aplastándolo.- ¡MALDICIÓOOOOOON!
Antonio llegó a los pocos minutos, tras preguntar varias veces por la ubicación exacta de los terrenos, y sonrió al ver al moreno batallando con la madera rota, pensando que conseguiría sin problemas la compra de la propiedad.
-Esto será muy sencillo... -Se dijo a sí mismo el español, sin imaginarse que se adentraba al ojo del tornado.
Continuará.
En el próximo capítulo...
-Por cierto, Ludwig, ¿cómo está mi hermano? ¿Está sano, come bien?
El abogado suspiró, pensando en las palabras adecuadas para no preocupar al menor de los Vargas.
-Él está bien, y ahora que tiene su parte de la herencia, seguro estará mejor, así que no te preocupes. -Le despeinó un poco los cabellos al de ojos color miel, quien sonrió más relajado.- ¿Quieres que te ayude a bajar?
