.:Encuentros:.

Like some child possessed, the beast howls in my veins. I want to find you, tear out all your tenderness…

El momento de que diera comienzo el desfile de los tributos había llegado y con ello al momento del ofrecimiento oficial de la alianza, los mentores habían mencionado que el desfile les proporcionaba un ambiente perfecto para este tipo de negociaciones, ya que era el momento en el que se podía ver el panorama general; los tributos, los mentores y los patrocinadores. Clove podía recordar vagamente como eran los tributos del uno; el chico era alto, delgado, de cabello castaño, no parecía nada fuerte ni tampoco poseedor de alguna habilidad en particular; mientras la chica era alta (a comparación de ella), de unos diecisiete años, rubia, delgada y hermosa. El hecho de que tendrían que pasar con ella alrededor varios días, le causo que la comida se le revolviera. Pero gracias a la presencia de sus estilitas que revoloteaban extasiados alrededor de los jóvenes, sus ideas no continuaron avanzando.

Antes de comenzar con aquel estúpido espectáculo (como la chica lo denominaba), sus equipos les permitieron unos segundos de paz; lejos de maquillaje, peinados, accesorios y ropa, lo cual Clove no dudo en aprovechar para poder hablar con su compañero –desde el día de la cosecha no lo había podido hacer, sólo intercambiaban miradas, gesticulaciones y hasta el momento todo aquello había funcionado- con los recientes acontecimientos debía, quería y necesitaba conocer la opinión de su compañero ojiazul.

-¡Hey! Cato- llamo la morena con un tono lo bastante alto para obtener la atención del rubio. -¿Qué piensas sobre todo esto?- sentencio la chica.

-Es muy grande para ti- respondió sin ningún dejo de emoción en sus palabras, lo cual dejo bastante desconcertada a la chica de los cuchillos –El traje- agrego sin más.

Esto último hizo que la morena comenzara a irritarse, ¿a caso estaba burlándose de ella?, de ser así le dejaría bastante claro que nunca debías hacer eso, sino deseabas ver un cuchillo aproximándose a tu cara. Pero sabía que no podía, no debía y no surtiría efecto mostrar sus amenazas con aquel chico que la conocía más que cualquiera de los ahí presentes, así que sólo se limito a reformular su pregunta.

–Me refiero a la alianza que nos tienen planeada- bufo con toda la molestia y exasperación que era capaz de mostrar.

–Me parece bastante comprensible y lógica, pero aún así eso no significa que esté de acuerdo con ella, es más me repudia el sólo pensarla- comento haciendo que su voz sonara cada vez con más rabia y enojo con cada palabra que soltaba –No necesitamos más cabezas y manos que nos ayuden, ni tampoco a los estúpidos patrocinadores, podemos matar a la mayoría de los tributos justo al inicio, en la cornucopia y una vez apoderándonos de ella, tenemos asegurada la victoria- Era más que claro que a Cato todo este teatro de la alianza, los desfiles y las entrevistas le parecían más que ridículas, lo conocía tan bien, que estaba segura, que lo único capaz de hacerle aullar la sangre de tal forma que pidiera salir del cuerpo dl muchacho era el hecho de que lo considerarán débil y dependiente; eso Clove lo sabía de antemano, esto lo aprendió durante su estancia en el centro de entrenamiento del distrito dos, tal vez por esto siempre se llevo bien con él.

–Pero algo bueno sacaremos de toda esta ridiculez- con estas palabras logro sacar de su concentración a Clove, la cual no supo que decir ante lo mencionado por Cato. Cuando por fin logro encontrar las palabras adecuadas, se vio interrumpida por la molesta presencia de sus estilistas los cuales estaban más presurosos y exaltados que antes (si eso era posible), cuando aparto la vista de aquellos seres extraños que no paraban de parlotear pudo enfocar aquellos peculiares ojos; se posaban sobre seis personas, dos de ellas no sobrepasaban los dieciocho años y entonces lo supo; eran los chicos del distrito uno.

No fue hasta una distancia pertinente cuando pudo pulir esos borrosos detalles que tenia de aquellos tributos, con la cercanía que profesaban podía ver que aparte de ser un debilucho sin chiste alguno, el castaño del uno, poseía una extremada confianza, tal que rayaba en lo absurdo y todo esto coronado con una inmensa sonrisa que se mostraba con orgullo sobre sus labios. Y qué decir de la rubia, poseía y radiaba la misma confianza que su compañero, además de que su belleza era diez veces más que lo que los videos podían mostrar, eso aunado al vestido de un color rosa chillón el cuál la hacía sobre salir por mucho de los demás; definitivamente aquella pareja podría robarles el protagonismo y las miradas de los habitantes del Capitolio. Aquello no fue lo que provoco que la bestia que había hecho calmar, comenzará a despertar de nuevo, lo que provoco que se despertara en todo su apogeo fue el ver la mirada del espadachín posarse sobre el tributo femenino del distrito uno, no sólo fue el cruce de miradas entre ellos, fue el mensaje que estaba implícito. Por parte de él podía notarse un coctel de emociones que iban desde el repudio hasta el ¿deseo? Y por parte de ella sólo era uno, deseo.

Aquella bestia comenzaba a inquietarse, comenzaba a exigir que la dejaran salir y poder terminar con todo aquel patético espectáculo, con las miradas de Cato y la ojiverde, la sonrisa estúpida y confianzuda que mantenían los del uno, esto último es lo que hacía que los repudiara aún más, ya que por más fuertes y superiores que fueran tanto ella como Cato, en ningún momento se han dado aquel lujo, aquel que les permite creer que serán ellos los que volverán a casa como los vencedores de los septuagésimos cuartos Juegos del Hambre, ya que por más que odie admitirlo una parte de ella teme fracasar y morir en aquella arena. Entonces, ¿por qué aquellos debiluchos y simplones podían? Tal vez por su posición, por su preferencia. Esto sólo provoco que la morena apretara su puño, ante la impotencia de no tener un cuchillo con ella y poder asesinarlos, ante la impotencia de ni siquiera poder golpearlos o decirles algo, ya que aún no comenzaban los juegos, ya que aún no tenían la alianza asegurada; aún no tenían la victoria asegurada.

La chica del vestido rosa hizo gala de su confianza o como Clove pensó, su desvergüenza, comenzó la charla con ellos, sin necesidad de que alguno de los mentores interviniera para dar pie a la presentación entre los jóvenes profesionales, aquellos que alguna vez fueron vencedores, sólo se mantenían al margen mirando divertidos la situación, siguiendo cada movimiento; era más que obvio que aquello les divertía de sobre manera, tal vez porque todo aquello les recordaba los viejos tiempos de glorias.

–Wow te ves mucho mejor en persona que en aquellas pantallas y mucho más con ese traje dorado que combina con tu melena y hace resaltar tus músculos- soltó en un tono pícaro, recorriéndolo con la mirada. –Soy Glimmer- dijo mientras estiraba la mano hacia el rubio, mientras hacía más evidente el deseo que reflejaba su mirada, al recórrelo de pies a cabeza e interponiéndose entre la chica de traje dorado y su compañero.

–Mucho gusto Glimmer, soy Clove y él es Cato- repuso rápidamente la muchachilla de los cuchillos, incorporándose lentamente para quedar frente a ambos rubios, aún no podía creer todas las comodidades que se había tomado. Aquellos ojos verdes grisáceos se mantenían sobre aquella escena, sobre aquellas manos que se posaban amenazantemente sobre el pecho de su compañero y no sólo era la mirada la que mantenía con fuerza, sino también su puño el cual apretaba con más fuerza con cada segundo que pasaba, la paciencia no era la mejor cualidad de Clove, de hecho era algo que nunca había conocido y justo en aquel momento lo dejaría ver. Harta de no escuchar palabra alguna de nadie, comenzó a caminar peligrosamente hacia aquella pareja, comenzaba a mover sus labios para comenzar a aclarar las cosas, para poner las reglas, para poner en claro quién era ella, para dejar en claro que nadie menospreciaba a Clove del distrito dos.

–Y yo soy Marvel- la voz del castaño la interrumpió –Creo que con esto concluyen las presentaciones- continuo hablando aun conservando un tono alegre en su voz, aun conservando su ya característica sonrisa. Sin prestar atención a la morena, se abrió paso para quedar frente a su compañera, para que ambos tonos verdes se encontraran. La ojiverde simplemente imito a su compañero y sonrío satisfecha. Eso era la gota que derramaba el vaso, cuando empuñaba su mano hacia arriba y con dirección hacia la chica de vestido rosa, se vio interrumpida por sus mentores que al parecer se percataron de las intenciones de la morena. Así que ambos mentores del uno, decidieron llevarse a sus pupilos y dejar solos a los del dos, no sin antes despedirse con un apretón de manos que significaba que la alianza era un hecho.

Cada cosa que hacía aquella despampanante rubia aumentaba el odio de Clove hacia todo los del distrito uno. Toda ella era el problema desde su cabello que lucía sedoso, sus ojos verdes con aquel brillo particular que los hacía resaltar como dos faros, su sonrisa la cual era reflejo de la falta de temores, sus manos sobre Cato; aunque esto último jamás lo admitiría como causa de su odio.

–Muy bien chicos es hora de comenzar- menciono su mentora –Súbanse al carro, prepárense para su turno y háganlo como lo practicamos- concluyo la enorme mujer que se alejaba lentamente hacia la zona exterior. La morena estaba tan harta que no objeto en nada a las instrucciones recibidas, así que simplemente subió al carruaje aún sin mirar a su compañero; verlo sería la última cosa que deseaba, porque sabía que en cuanto aquellos ojos azules se posaran sobre los suyos no sería capaz de ocultar todos esos reclamos cargados de molestia que había estado guardando desde hace tiempo y él lo sabía, sabía que Clove tarde o temprano explotaría y cuando lo hiciera no quería ser el objetivo de aquella explosión de emociones, pero debía hacer algo. Quería conocer el plan que ella había formulado la noche anterior y para esto era consciente de que debía romper aquel tortuoso muro de silencio que se edifico entre ellos.

–Me parecieron bastante simplones- finalmente soltó el ojiazul, mientras se encontraba viendo hacia la nada, ella seguía sin mirarlo, sin responderle. ¿Simplones? Eso era lo último que Clove se creería por parte de él. El carruaje comenzó a moverse, la chica de los cuchillos seguía inmersa en sí misma, lo único que deseaba era que todo terminar y por fin poder descansar de todo y de todos. Estaba cansada de llevar consigo toda aquella rabia y no ser capaz de poder lanzar un par de cuchillos y navajas para poder relajarse, además de que el traje no le ayudaba en nada, Cato tenía razón era demasiado grande, pesado y le provocaban mucho calor; tan preocupada estaba por deshacerse de aquel molesto traje que no notó que su rubio compañero continuo hablando después de haber mencionado su crítica hacia los tripulantes del carruaje que tenían enfrente y al parecer él también notó la ausencia por parte de ella para con él y como si de un requisito se tratase para ser un miembro del distrito dos, la ira se apodero del joven de mirada celeste que simplemente termino agregando –Apégate al plan.

La morena aún sentía el odio recorrer sus entrañas, así que para mantener la compostura frente a todos aquellos ojos que no sólo la miraban desde aquellas gradas, sino también desde cada rincón de cada distrito de Panem, simplemente siguió a su compañero. Levanto su brazo derecho y estiro su mano de tal forma que fuera una especie de lanza apuntando a lo más alto que sus facultades le daban oportunidad; al viejo estilo romano o al menos eso habían dicho sus mentores cuando les dieron la explicación sobre la dinámica en la que se desarrollaría aquel desfile.

Una vez expuestos a las miradas llenas de maquillaje y aquellas cámaras, deseosas de verlos en la arena matándose entre ellos, por saber quién de esos veinticuatro jóvenes será en último en quedar de pie; sentía aquellas miradas sobre su cuerpo y el de su compañero, sobre esas doradas armaduras que con los enormes reflectores los hacían brillaban como el mismo sol en su más alto punto; aquella situación no pudo ser mejor ya que aún si escuchar palabra alguna de ella y Cato, ya los amaban, definitivamente eso haría su trabajo más fácil, ya que al tener a los patrocinadores comiendo de sus manos aumentaba exponencialmente la posibilidad de que la alianza con el uno se terminará al poner un pie en la arena. Aquella sonrisa que pocas veces mostraba Clove amenazaba con postrarse sobre sus labios; aquella sensación de victoria tan efímera como vino, se fue. Ya que cuando volcó sus grisáceos ojos sobre los habitantes del capitolio, notó que ella y Cato ya no eran el objetos de sus deseos, ahora estaban enfocados en los tripulantes del último carruaje, con un rápido movimiento giro su cabeza para poder ver que era tan impresionante, tal que pudiera opacar el brillo que emanaban los tributos del dos -la única cosa capaz de opacar la luz que el sol emana es la sensación cálida que nos brinda- eran los mineros del doce; estaban ardiendo.

Aquello fue la gota que derramo el vaso, no sólo para la chica de armadura dorada sino también para su ojiazul acompañante, él también había visto a los ladrones de su fama y gloria. Quería saber que pasaba por la cabeza de su morena compañera y como si leyera su mente ella lo miro después de todo este tiempo, pudo saber inmediatamente que es lo que no se atrevía a decir. Podía ver como aquel peculiar contorno carmín le escupía todos los reclamos, todo su odio y toda su frustración. Con aquellos oscuros ojos lo culpaba por no ser lo suficientemente atractivos, lo cual inevitablemente los llevó a la perdida de los patrocinadores, lo culpo por no evitar aquella estúpida alianza. Él se sentía un completo imbécil, por sí quiera haber considerado el hecho de preocuparse por mantener una 'relación' cordial con aquella chica que lo podía poner en jaque en tan sólo un segundo, pero él también le dejaría en claro que no era cualquier sujeto al cual podía intimidar con esa mirada y pose de asesina, que él era tan mortífero y sagas como una bestia. Así que simplemente giro su cabeza con un seño fruncido hacia el otro extremo, no sin antes dejarle ver con aquellos fuertes y celestes ojos, que esa clase de juegos no le afectaban en nada, que él también era un profesional y que no dudaría en terminar con ella a la menor provocación; que él también era un miembro del distrito dos.

La persona que más odiaba Clove en ese momento era a sí misma, ¿cómo fue posible que lo dejara entrar tanto? Ya que con un sólo encuentro de sus miradas la leyó tal cual libro, él se dio cuenta de cada una de las emociones que la morena quería gritar a los cuatro vientos, pero esa misma noche, bajo aquellas enormes pantallas y reflectores se juro no dejarlo entrar nunca más.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.

He aquí el segundo capítulo de este fic se aprecia su apoyo para con él, simplemente gracias. Y esperamos que el próximo capítulo esté pronto.