AMISTAD O ALGO MÁS

Estuvieron días quedando, un día tras otro. Hablaban de todo y se conocían la una al otro como nunca antes se había conocido nadie. Les gustaba estar juntos, congeniaban muy bien y acostumbraban a estar de acuerdo en todo.

Un día, cuando estaban paseando por el bosque se encontraron con un lago. El lago era hermoso, estaba envuelto de vegetación y el agua era cristalina.

-Uau… -dijo Merida como señal de asombro. –es hermoso…

-¿Sabes? Aun lo puedo mejorar –dijo Jack.

Entonces, sacó su cetro y tocó ligeramente el agua. Esta, se empezó a congelar poco a poco haciendo hermosas figuras con el hielo.

-¿Cómo has hecho eso? –preguntó Merida.

-Un poco de magia no va nada mal.

-Podemos… ¿Patinar?

-¡Pues claro! –dijo Jack –que ¿nunca lo has hecho?

-No… -dijo Merida un poco avergonzada –es que aquí los lagos se congelan pero no lo suficiente para aguantar a una persona encima.

-Pues tranquila, este hielo es tan grueso que podría aguantar hasta un elefante.

Jack le hizo unos patines de hielo a Merida y otros para él.

-No quiero patinar, no se hacerlo –dijo Merida

-Claro que puedes, yo te ayudo.

Jack cogió la mano de Merida y se acercaron al lago. Empezó a patinar lentamente resbalándose, Merida se agarraba al brazo de Jack como si de eso dependiera su vida.

-Tranquila –dijo Jack intentando sonar calmado –si caes yo te cojo, no pasa nada.

Merida se relajó un poco, pero sus corazón continuaba hiendo muy rápido. No sabía muy bien por qué. Jack la cogía por las manos e iba delante suyo patinando hacia atrás. Entonces resbaló y cayó sobre Jack, el instinto hizo que Merida se cogiese con fuerza a Jack, se estaban abrazando. Jack nunca había sentido nada parecido por nadie y no sabía muy bien qué hacer. Lo único que sabía era que quería estar más cerca de ella. A Merida le pasaba lo mismo, se estaban mirando a los ojos durante demasiado rato. Entonces sus cabezas se empezaron a acercar poco a poco, sus labios se estaban rozando. Aguantaron así unos 3 segundos inhalando el mismo aire, disfrutando de ese momento. Y por fin, se besaron. Para Jack fue la cosa más dulce que nunca podría haber soñado, sus labios eran el contraste a los suyos y le hacían sentir como si tuviera mariposas en la garganta. Y para Merida también fue lo mejor, los labios de Jack eran fríos como los de nadie y eran muy agradables, su corazón iba más rápido no poder y sentía que todos los nervios de su cuerpo se pusieron a punta de piel. El beso fue corto pero intenso. Se miraron a los ojos y se estiraron a la nieve que había a su lado. Se empezaron a besar apasionadamente. Todo esto era el resultado de días de tensión entre ellos, días que podían ser liberados en el acto.

Entonces pasó lo que los dos sabían que pasaría. Jack notaba como si se quemara, parecía que empezara a arder en llamas. Y Merida se estaba congelando, notaba como si se metiera dentro de un río en medio del invierno. Se separaron, se miraron a los ojos y Jack dijo:

-Mmmm… Merida, ¿no tendrías que volver a casa?

-Sí, sí, claro –dijo ella apresuradamente –nos vemos mañana, ¿verdad?

-Sí, claro. Hasta mañana.

Aquella noche los dos pensaron mucho en esa tarde, un poco incómodos pero a la vez queriendo más.