Disclaimer: TMNT no me pertenece.
Nota de autor: Primero quiero agradecer a todos por leer el capítulo 1. Gracias JohnnyZ070 por tu comentario. Segundo, quiero aclarar que en este capítulo, no voy a detallar procedimientos médicos salvo en algunas ocasiones.

Capítulo 2:Una idea inesperada

En el laboratorio...

Donatello se tomaba la cabeza, desesperado y sin saber cómo comenzar.
Splinter obligó a Michelangelo a sentarse para revisar la herida. A continuación, prosiguió a vendarlo con sumo cuidado.
—¡Estoy bien! —Mikey trató de pararse, sólo para ser empujado por su padre. —¡Ay!
—¡Déjame terminar así puedo ayudar a tu hermano, Michelangelo! —Amonestó su padre.
Leonardo apareció, trayendo un balde de agua desde la cocina. Lo soltó con cierta rudeza y unas cuantas gotas mojaron el piso.
—Don, hice lo que me dijiste con el agua. —Al no ver una reacción de su parte, Leo agregó: —Así que te he traído para Raph.
Donatello parpadeó, saliendo de su trance. Bajó la mirada hacia el balde y de pronto su mente regresó a la jerga médica.
—¡Gracias, Leo! —le dedicó una sonrisa a Mikey y añadió: —necesito que ambos se retiren para poder-
—¡No! —protestó el líder, —me voy a quedar.
—Ya escuchaste a tu hermano, Leonardo —Splinter interfirió. Ajustó la venda y le dio el antiséptico a Michelangelo. —Termina afuera —le dijo con suavidad.
La tortuga de máscara azul no quería irse pero obedeció a regañadientes.
Rodeó los hombros de Michelangelo y lo llevó afuera del laboratorio.

En la sala de estar...

Leonardo soltó a su hermano y avanzó hacia el sofá. No quería que viera cómo le costaba mantenerse calmado.
Su hermano sobreprotector estaba lidiando con la muerte mientras que él temía perder el autocontrol.

¡Malditos dragones púrpuras! ¡Van a pagar con su sangre!

Cerró los puños por el pensamiento repentino.

La imagen de Raphael intervino en sus pensamientos. ¿Qué pasará con él?
Sus ojos, competitivos y llenos de vida, ahora desprovistos de ello.
Oyó un sollozo y volteó para ver la fuente del ruido. Allí vio a su hermanito, arrodillado dónde lo había dejado. Maldiciendo interiormente, se acercó.
—No llores. —Soltó las palabras con dureza. —Raphael va a estar bien. Don lo va a curar.
La tortuga de máscara naranja intentó reprimir el llanto pero no lo consiguió. —Mikey, —el líder soltó un suspiro para calmarse, —lo siento.
—Es mi culpa, Leo —le dijo, sin mirarlo.
—¿Qué? ¿Por qué dices eso? No es tu-
—¡Sí, lo es! —Se paró de repente, amedrentando a su hermano. —Lo que le pasó a Raph, ¡debió sucederme a mí!... yo, no escuche nada y dejé que ocurriera y ahora-
—Basta. Los dragones púrpuras jugaron sucio y van a tener su merecido. —Con decisión, apoyó su mano sobre la cabeza de Mikey. —Vamos al sofá.

—Es que-

—Mikey, vamos al sofá a tratar con las heridas restantes.

—Pero yo—su reproche se hizo diminuto en cuanto dejó que lo llevara.
—Cuando termine contigo, llamaré a Abril.
—Está bien.

En el laboratorio...

Donatello corrió hacia el gabinete y sacó varios pares de guantes, solución salina, gasas, apósitos, una IV y un pequeño tanque de oxígeno cuando escuchó la respiración de Raphael.
Se dirigió al catre y apoyó todo el material cerca de los pies de su hermano.
Dio instrucciones a su maestro para que limpie la zona afectada con solución salina. Para eso, tuvieron que posicionarlo de tal manera que el ácido al salir, no perjudicara a ninguno de los tres.
Acercó el balde con agua que Leo le había traído y sostuvo a Raphael mientras Splinter trabajaba en su hermano.
—¿Cuánto tiempo debemos hacer esto? —preguntó su padre.
—No sé cuánto estuvo expuesto al químico. Por las dudas, lo haremos por una hora.

—Creo que estas bolsas no van a alcanzar, hijo. —Dijo, después de un tiempo.
Los ojos de la tortuga se crisparon y tuvo que contener las ganas de gritar.
—Tienes razón. Debemos llamar a-
—Traje lo que pude. —Interrumpió Abril, entrando. —Leo se comunicó conmigo y pensé que podrían necesitar esto. —Levantó sus manos para revelar la bolsa de provisiones.
—Gracias, Abril. —Hizo una pausa ya que ella no podía ver a Raphael y luego agregó: —las heridas de Raph son-
—Lo sé, no te preocupes por mí. ¿Qué puedo hacer?
—Necesito que venga Leo. ¿Puedes buscarlo?
—Claro. —Salió con pasos ligeros. Cuando vino con él, fue hacia la mesa para tomar un par de guantes. —Te ayudo, maestro Splinter.
—Gracias por todo. —Splinter le sonrió.
—¿Podrías sostenerlo? —Don le preguntó al recién llegado. El hermano mayor ocupó su lugar.
Corrió hacia el Shellcell junto a la mesa y llamó a su amigo Leatherhead, solicitando ayuda.
Cuando cortó la llamada, se encontró con los ojos de Leonardo.
—No quiero interferir Don pero, ¿no crees que ya hay suficientes manos? —le preguntó con ironía.
—Lo necesitamos ya que tiene un poco más de conocimientos sobre quemaduras. —La tortuga contrarrestó, afligido. —Creo que es suficiente. Regresenlo a la cama, por favor.
Cuando lo hicieron, Don insertó la intravenosa y después revisó la temperatura corporal, aliviado al notar que no había cambios.
Tiempo después, un golpe suave en la puerta llamó la atención de los despiertos.
Michelangelo se asomó con timidez. —Leatherhead acaba de llegar. —Lo dejó pasar. —¿Necesitas un par de manos extras?
—Gracias pero hay muchos en un espacio pequeño.
Está bien. —Dijo lastimosamente antes de irse.
—Leo, gracias por ayudar pero debes irte también.
Un suspiro frustrado fue todo lo que oyó como respuesta. Pasó por su lado y cerró la puerta con desprecio.

Un minuto después, el cocodrilo habló:

—Donatello, mi amigo —él se volteó para verlo, —esto es más grave de lo que me describiste.
—Lo sé —sintió un gran peso sobre los hombros. —Temo que no tengo el equipo necesario para practicarle una cirugía reconstructiva —hizo una breve pausa y prosiguió: —y sus ojos, yo...

Todos los presentes lo miraron con tristeza.

—Haremos lo posible, Donatello —el cocodrilo quitó la máscara de oxígeno. Posteriormente, le practicó una intubación endotraquial por la boca con sumo cuidado.

—¿Por qué le pusiste ese tubo? —cuestionó Abril, preocupada.
—La máscara podría irritar la piel. Este método aliviará sus pulmones.
—Hijo, Raphael es muy fuerte y no va a estar solo en esto. —Su padre apoyó la mano sobre el hombro de Donatello. Éste, cerró los ojos al contacto.
—Si me disculpan, voy a preparar algo para todos. —Sugirió su amiga.
—Me parece bien.

Cuando Abril se retiró, el padre de las tortugas se sentó en la cabecera y arrulló a su hijo con ternura. Donatello se paseó de un lado otro, meditando.
—Podemos solicitar la ayuda de los Utroms, ¿no?. —Leatherhead habló de repente.
La tortuga inteligente se detuvo, al igual que la mano de Splinter.
—¿Qué? —preguntaron ambos.
—Splinter, ellos te curaron las quemaduras en la pelea contra Shredder, ¿te acuerdas?
Eso animó a Don.
—¡Honeycutt!

Continuará...