Bueno aqui esta mi primer capitulo... espero les guste. Ahora sientense, ponganse comodos y disfruten ;).

Disclaimer: Madagascar y sus personajes no me pertenecen y bla...bla...bla ya saben el resto... por ahora...


Capitulo 1: ¡Plaga!

El sol salía lentamente por el este, remarcando la silueta de las montañas que antes lo tapaban. Habían pasado cerca de dos días de que él espectacular Circo Zaragoza hubiera dejado la ciudad, y estado, de Nueva York y hubiera llevado a nuestros fugitivos favoritos en su nueva vida, y de paso continuar con la gira por América.

Ahora mismo el tren transitaba por las vías del estado de Virginia, más específicamente entre algunos de los pintorescos valles entre las ciudades, llenos de montañas y hermosos bosques llenos de pinos en las zonas altas, y más abajo algunos abetos amantes de las zonas húmedas.

El tren del circo tomo una salida de las vías principales y se dirigió a una zona de descanso, por así llamarlo, para trenes. La gran maquina empezó a perder velocidad hasta detenerse alado de un claro en medio del frondoso bosque de altos y verdes pinos. Al estar completamente detenida los primeros en bajar fueron un cuarteto de… únicos pingüinos.

Skipper tomo una gran bocanada de aire fresco al poner sus patas sobre el suave pasto que cubría por completo al gran claro de forma semi-circular que estaba rodeado por una pared de frondoso bosque.

-Bien hecho Kowalski, creo que no pudiste elegir un mejor lugar para parar- Dijo el líder del grupo de pingüinos en su habitual tono tranquilo pero al mismo tiempo algo complacido.

-Gracias Skipper. Este claro, según los mapas, es perfecto. Su tamaño es el adecuado para que se puedan practicar los actos de la función… y además tiene muy buena vista- Respondió el intelectual pingüino señalando al final con su aleta derecha todo el hermoso paisaje que los rodeaba, ahora más claro gracias a que el sol empezaba a ganar altura en el basto cielo.

-Si tienes razón… hablando de circo, hay que ir bajando y preparando todo lo necesario. ¡Cabo!, asegúrate que esos flojonazos se despierten y se apresuren-

-Claro Skipper- Exclamo el pequeño y alegre pingüino.

Skipper, Kowalski y Rico se dirigieron a los últimos vagones del tren que eran donde guardaban la carga y demás, y empezaron la tarea de bajar y ensamblar algunas de las cosas necesarias para qué los Flojonazos como Skipper dijo, pudieran iniciar sus rutinas del día. Mientras Cabo empezaba a golpear todas las puertas de los vagones habitados mientras gritaba "Vamos chicos despierten que ya inicio un nuevo día" con su habitual alegría e inocencia.

Pronto todos los animales bajaban de sus vagones a un algo somnolientos. Los que tenían brazos los estiraban y otros solo bostezaban. Cabo tuvo que insistir barias veces en el vagón de Alex y Gia antes de tener como respuesta un grito de "Enseguida vamos" por parte de la italiana felina.

-Vamos Alex despierta, hoy siento que será un buen día- Dijo mientras su energía regresaba a su cuerpo después de una buena noche de sueño.

Sin embargo su novio no compartía su entusiasmo, pues solo se quedó ahí recostado sobre un montón de paja, completamente fuera de combate. Gia no iba a ceder tan fácil y primero empezó a sacudir a Alex un poco.

-Alex… Alex despierta- dijo susurrándole al oído al león pero este solo contesto –Cinco minutos más porfa- antes de rodar y dejar su espalda ala jaguar.

La expresión en el rostro de Gia se tornó algo molesto al ver que Alex solo se quedó ahí, pero cambio a una sonrisa algo maliciosa cuando una idea le vino a la mente.

-¡Alex corre!, Vitaly viene en camino con sus cuchillos y dice que quiere que le ayudes con su acto de tiro al blanco- dijo en una pequeña mentirita piadosa.

El plan de Gia fue un éxito pues Alex abrió los ojos de golpe y se incorporó a una velocidad asombrosa.

-¡¿Qué?, ¡No!, ¡No!, ¡No!, dile que no estoy, que… que…. que me fui ah… ah…-

Alex paro de maquinar alguna excusa para darle al tigre cuando noto como Gia reía a carcajadas mientras se sujetaba el estómago con ambos brazos.

-No era verdad, ¿Cierto?- Dijo ya tranquilo y ahora algo apenado por la escenita que había montado.

-No. Lo siento de verdad Aly, pero no querías levantarte- Respondió mientras secaba una lágrima de su ojo y trataba de apagar su risa.

Ahora Alex era el que tenía una sonrisa maliciosa en su rostro cuando una idea le cruzo la mente. Gia noto esto y se puso algo preocupada y temerosa.

-¿Por qué me miras así?-

-Mmm… parece que ahora tengo que equilibrar el marcador, ¿No crees?-

Gia lo medito por un momento y finalmente vino con la idea de lo que Alex planeaba.

-A no, no lo harías-

-Sí, si lo haría- Al instante Alex atrapo a Gia y empezó a hacerle cosquillas en los costados haciendo que la felina reventara en risas incontrolables.

-Jajaja…Alex…Jajaja… Basta…Tu…Jajaja… ¡Ganas!-

-Nooo, ahora sufre la ira del rey de Nueva York- Dijo divertidamente continuando con su castigo.

A pesar del buen rato que pasaban, Alex y Gia fueron interrumpidos en su juego por una voz algo enfada.

-¡Ey!, pantalones de campana, no has oído, hora de levantarse- Dijo Skipper mientras se adentraba en el vagón de los felinos.

-Que no tocas monja- Dijo Alex más calmado de tanta risa y algo molesto.

-Claro, pero después de que Cabo tocara cuatro veces perdona si me impaciente… vengan que Rico está haciendo sushi y si no se apresuran no les quedara nada- Skipper sobaba su barriga al pensar en los deliciosos pescados que estaban a unos minutos de ser devorados.

Los tres salieron del vagón y fue cuando los dos felinos contemplaron por primera vez este paisaje nuevo.

-Pero que hermoso, no crees Alex- comento Gia en su natural y muy marcado asentó.

-Si… pero no más que tú- respondió dándole a ella una cariñosa y genuina sonrisa.

Gia no pudo evitar sonrojarse un poco y estaba agradecida de tener pelaje para ocultarlo.

Así todos los animales tuvieron cada quien su desayuno en una gran y larga mesa de madera con un mantel a cuadros rojos y blancos. Todos comían en la mesa lo que más les gustaba, Alex y Gia disfrutaban de un rico sushi mientras Alex contaba algunos chistes a Gia con la pura intensión de conseguir una hermosa risa de ella. Claro tampoco pudo faltar en el desayuno alguna de las ocurrencias de Marty, que sin duda alegraban todo y sacaban más de una risa.

Al concluir la comida más importante del día que animal se fue a realizar la práctica del día de su acto circense. Alex y Gia iban en camino a las elevadas plataformas del trapecio cuando fueron alcanzados por Marty.

-¡Hey!, Alex, porque no bienes y practicas el acto del cañón, ¿Eh?- pregunto la cebra con su habitual alegría y energía.

-ahmm, no se Marty, ese tu acto y de Stefano- dijo Alex no muy convencido de la idea mientras abrazaba a Gia por la cintura al mismo tiempo que ella le correspondía con otro abrazo.

-Vamos Alex, como en los viejos tiempos, Tú y Yo- Dijo suplicante la cebra.

-¿De qué hablas Marty?, si seguimos siendo tú y yo- respondió Alex algo confundido por el comentario de Marty.

-Entonces ahí está, ¡Vamos Alex!- El rostro de Marty se llenaba de una esperanzada sonrisa.

A este punto era hora de que Gia interviniera.

-Vamos Alex, Ve y divierte con Marty, yo te espero-

-¿Segura Gia?- Alex estaba algo sorprendido por la proposición de la jaguar.

-¡Claro!, por mientras iré a dar la vuelta por el bosque- dijo con su natural entusiasmo.

Alex parecía pensarlo por un momento y después de un momento finalmente tomo su decisión.

-Está bien Marty, tú ganas. Pero Gia no te vayas a perder, si – Una divertida sonrisa se dibujaba en el rostro de Alex.

-Por favor Alex, que crees, ¿que tengo cinco años?-

-Ah sí, cinco si- Bromeo Alex de la misma manera en la que Gia lo había hecho aquella ocasión en la que quería aprender el Trapecio Americano.

Mientras Alex reía Gia le daba una falsa cara de molestia pero después se unió en risa con su novio. Así Alex y Marty se dirigieron al gran cañón que los pingüinos estaban terminando de instalar y que sin duda era lo que más les gusta hacer.

Skipper no pudo evitar levantar una inexistente ceja al ver al dúo de amigos acercarse.

-Vaya, vaya, a poco vas a ser disparado este día jipi- dijo algo divertido el pingüino líder.

-Sabes Marty, tal vez esto no sea una buena idea- Alex estaba preocupado al ver al cuarteto de psicóticos pingüinos como una vez él los había llamado.

-¡Tonterías!- Exclamo la alocada cebra.

Alex no tuvo tiempo de protestar pues de inmediato fue lanzado a la boca del gran caño lleno de dinamita por su mejor amigo.

-¡Excelente!- Grito emocionado Skipper al ver que el jipi estaba a su merced dentro del cañón. Enseguida tomo un fosforo que Rico regurgito y lo encendió con la colita de Cabo -¡Fuego en el Hoyo!- Grito con entusiasmo mientras encendió la cortísima mecha del cañón.

-¡No!, ¡No!, ¡No!, esper- ¡AAAAHHHH!- Grito Alex al ser disparado del cañón a una exagerada velocidad para después aterrizar chocando contra la pared de un risco cercano al claro.

Gia se encontraba caminando tranquilamente por el bosque. Gozaba del aire fresco y del canto de las aves. Toda iba bien hasta que creyó oír el grito de Alex, pero cuando volteo a ver no había nadie. En ese instante en que volteo, debido a que no se había detenido, tropezó con un rama seca que había caído de algún pino. Gia esperaba sentir dolor por la fuerte caída, pero para su sorpresa no lo había. Abrió sus ojos, que los había mantenido cerrados por un auto reflejo, para dar se cuenta de que había caído sobre un suave arbusto de verdes hojas.

-¿Pero qué?...- Gia se levantó y recogió una pequeña hoja del arbusto que la había salvado.

-No recuerdo haber visto una planta como - Le dijo al inanimado arbusto, más como un comentario para sí misma.

La jaguar estaba a punto de dejar el asunto del arbusto y continuar con su paseo cuando noto algo curioso de la pequeña hoja entre sus manos. Esta hoja de tres picos que sobre salían hacia arriba le habían dejado una especie de aceite sobre sus palmas… ¿Qué podría ser?

Gia soltó la hoja y empezó a frotar el aceite natural con curiosidad sobre sus manos, y al hacerlo noto como su pelaje se ponía suave y además dejaba un rico aroma.

-¡Esto es genial!... escomo el acondicionador de Vitaly y Alex… pero natural – Exclamo muy contenta y aun algo curiosa.

La felina, muy entusiasta, tomo más de esas geniales hojas y se dirigió a toda velocidad de regreso al campamento del circo.

Mientras tanto los pingüinos y Marty levantaban a un aturdido Alex y lo ayudaban a regresar al gigantesco cañón.

-¿Q-qué… qué haces Marty?- Pregunto aun algo mareado y aturdido.

-Lo siento Alex, creo que nos excedimos con la carga… ¡Pero estaba vez si lo haremos Bien!- Dijo algo arrepentido al principio pero después recupero su entusiasmo la cebra Marty.

A pesar de sus protestas Alex fue reinsertado, ala fuerza, en la boca del cañón y así los pingüinos empezaron a recargar el arma.

Gia arribo al campamento y lo primero que le vino a la mente fue enseñarle su nuevo descubrimiento a su Neoyorkino novio, sin embargo se detuvo al divisar a un tigre ruso que ella conocía bien.

-¡Vitaly, tienes que ver esto!- Dijo muy alegre mientras se acercaba por un costado del anaranjado felino.

Vitaly de inmediato volteo a ver quién lo llamaba y una sonrisa se apareció en su rostro al ver a su vieja amiga acercarse, pero su rostro se tornó uno más… curioso al notar como carga entre sus brazos un puñado de hojas.

-¿Qué pasa Gia?- Pregunto con su natural asentó ruso.

-Mira, prueba esto- Dijo la jaguar mientras ponía una hoja sobre la palma de su amigo.

Vitaly pasó algo desconfiado la hoja entre sus palmas, pero pronto se calmó al notar como se ponían suaves y un delicioso aroma empezaba a emanar de ellas.

-¿Pero qué es esta maravilla?- Cuestiono el tigre muy entusiasta por saber la respuesta.

-Son unas yerbas que me encontré en el bosque, dejan el pelaje muy suave y además huelen bien, ¿Verdad?- Explico la felina.

-Si, en efecto…-

-Oye Vitaly, ¿No has visto a Alex?, me gustaría mostrarle esta planta-

-mmm… si esta con Marty y los pingüinos en el cañón por haya- Dijo mientras apuntaba en la dirección sugerida antes.

Gia partió de inmediato si no antes decir un "Gracias" al tigre.

Alex había sido disparado nuevamente de la gran arma, esta vez con menos dinamita, y había aterrizado en una especie de Trampolín/Colchón azul con una serie de anillos rojos y blancos en su centro, pero con su suerte reboto en el colchón y esta vez, contrario a la creencia común, callo de cara sobre el duro suelo cubierto por verde pasto.

Gia de inmediato al ver a su gatito derribado fue en su ayuda.

-¿Estas bien?- cuestiono ella muy preocupada.

El león se reincorporo mientras se tambaleaba un poco –Si claro, no te preocupes esto no es nada- dijo mientras fingía que no le dolía el rostro un poco.

-Uff, que alivio, pero mira esto que eh encontrado-

Alex tomo una de las hojas que llevaba entre sus brazos su novia y la miro con una expresión de duda en su rostro.

-Es una yerba que funciona como ese acondicionador que dices- Explico Gia al ver la indecisión en el rostro de su novio.

-Bueno ten un poco más, iré a mostrarle esto a los otros- Gia al instante coloco más hojas entre las manos de Alex y corrió a repartir más de esa fabulosa hierba a los demás miembros del circo.

Antes de que Alex pudiera frotarse las hojas llego Marty preguntando "¿Qué es eso?", y al instante las tomo de las manos de su amigo, y al ver el efecto que tenían se las llevo para mostrárselas a Stefano, no sin antes decirle a Alex "Te las devuelvo luego amigo".

Ya debía ser las dos o tres de la tarde y el sol empezaba a inclinarse hacia el oeste. Todos ya habían tenido una rica comida, parecida a su desayuno. A este punto ya todos los animales habían probado un poco de las hojas de Gia, bueno casi todos, los pingüinos no tenían conocimiento alguno de esas hojas pues no habían sido encontrados por la felina debido a que se la habían pasado inspeccionando el tren en busca de alguna falla o desperfecto en el medio de transporte. A si, tampoco las habían conocido Melman y Gloria, pues ella lo había llevado a dar un paseo cuando Gia estaba repartiendo las dichosas hojas.

La tarde se pronunciaba más y los pingüinos estaban realizando una revisión de rutina sobre la locomotora del tren cuando Kowalski pudo notar como los perros patinadores empezaban a rascarse sin control alguno por todo su cuerpo.

-Ahhh… Skipper…-

-¿Que pasa Kowalski?- Pregunto el líder de las aves trajeadas.

-Mira- Dijo apuntando hacia los perros que no paraban de rascarse.

-… ¿Y eso que Kowalski?, los perros se rascan, déjalos ser- comento restándole importancia al asunto.

-Si pero no han parado en los últimos cinco minutos…-

-¿Qué sugieres soldado?- Pregunto algo inquietado Skipper.

-Bueno… basado en mis observaciones… creo que tenemos un problema- Explico mientras se ponía serio el alto pingüino.

-¿Qué clase de problema?- Ahora Skipper se oía más preocupado pues con el tiempo había aprendido a seguir los conocimientos de Kowalski.

-Creo que… puede que… haya… ¡Pulgas!-

-¡¿Qué?-

-Dije que creo que…-

-No esa clase de "qué" Kowalski, quiero decir, ¿te das cuenta de lo que eso significaría?... ¡este es un circo de puros animales!, llenos de pelo… bueno la mayoría-

-Sí, lo entiendo señor, por eso propongo que tomemos medidas de inmediato-

-¿Qué sugieres soldado?-

-Propongo una contención inmediata hasta que pueda realizar un pesticida eficiente para el problema, requeriré realizar algunos estudios que llevaran algo de tiempo, por lo que es mejor que esto no se propague- Explico el intelectual pingüino.

-Mmm… como siempre buena idea soldado, lo importante es no difundir el pánico, así que hagamos esto con discreción… ¡Sobre ellos!- Grito el pingüino mientras se abalanzaba sobre los caninos y los metía en un saco procurando no tocarlos. Sus soldados después de intercambiar unas miradas lo siguieron en la acción.

Sin embargo el escándalo causado por los gritos de confusión y sorpresa de los pequeños caninos no pasó desapercibido y pronto todos los animales se juntaron para ver como los pingüinos sacaban de los sacos a los perros y los echaban en un vagón vacío del tren y lo cerraban con llave.

-¡¿Pero qué rayas pasa aquí?- Pregunto Marty algo molesto.

-Creo que no fuimos muy discretos Skipper- Susurro Kowalski a la oreja de su superior.

-Si me di cuenta…- respondió igualmente entre susurros.

-Muy bien mis mamíferos amigos, parece que tenemos un… pequeño problema en el circo-

Todos los mamíferos intercambiaron miradas y algunos "¿Qué problemas?" o "¿De qué está hablando?".

-Verán mis cuadrúpedos, parece ser que tenemos una pequeña… plaga-

-¡¿Qué?- pregunto preocupado Alex –A ver monjas de que se trata-

-Veras mi psicótico amigo, parce ser que tenemos una infestación de… ¡Pulgas!-

Aquí fue cuando se pudo oír un "¡¿Qué?" general y pronto todos los animales empezaron a alterarse y a ponerse muy nerviosos.

-Woah, Woah, Woah, tranquilos señores, lo más importante ahora es mantener la calma- Gritaba Skipper mientras trataba de recuperar el control de la situación.

-Pero Skipper, ¿te das cuenta de lo que dices?, ¿Qué vamos a hacer?- Pregunto una preocupada Gloria.

-No tienen que preocupar sus cabecitas amigos, nosotros nos encargamos… verdad Kowalski- Respondió Skipper muy tranquilo, como si nada pasara.

-¡Sí señor!, de inmediato iniciare a preparar un pesticida seguro para la erradicación de esas asquerosas alimañas-

-Lo ven…- Ahora parecía que los animales se calmaban, al menos un poco. –Pero hasta entonces no podemos permitir que esto se esparza, por ello cualquiera que presente síntomas de portar a esos bichitos será puesto en cuarentena inmediata-

A los animales no les gustaba mucho esa idea pero tenían razón las monjas.

Skipper pidió que los que estuvieran sanos continuaron con sus actividades diarias, que no se preocuparan.

La tarde seguía acabándose mientras el sol se ocultaba cada vez más entre las montañas. A este punto la mayoría de los animales del circo ya habían sido puestos en cuarentena cuando los pingüinos pudieron notar que no podían para de rascarse. El primero en caer fue Marty, que al no poder aguantar las ganas de rascarse un costado, pensó que iba a estar seguro detrás del último vagón del tren… pero para su des fortunio las aves de blanco y negro nunca le habían quitado un ojo de encima.

-Ah vamos chicos, fue solo una rascadita- Dijo la cebra tratando de no ser atrapado por las aves en esmoquin. Pero esta solo ignoraron su suplica.

Después siguió Vitaly, al ser atrapado rascando sus brazos en su vagón, que como Marty pensó que iba a estar a salvo de los pingüinos. Después siguió Stefano, que fue encuarentenado por solo haberse rascado el hocico. Enseguida siguieron los Elefantes. Después las pobres yeguas españolas. Siguieron los simios. Y al final fueron Julien y Sonia… la verdad es que Julien solo estaba dando vueltas sobre la espalda peluda de Sonia mientras le decía piropos lindos, pero como siempre los pingüinos no se iban a arriesgar.

Al final solo quedaron Alex con Gia y Melman con Gloria, que trataron de evitar las frías miradas de los pingüinos… ¡dios!, sentían que estaban en una prisión, donde los pingüinos eran los guardias y ellos los pobres e inocentes prisioneros.

-Creo que ya no nos ven- Dijo Alex mientras asomaba su cabeza por una esquina del último vagón.

Alex se mantuvo vigilante por un momento, pero regreso la mirada a su novia al oír una serie de gruñidos y quejidos.

-Ahhh… ¿Gia?- Pregunto muy confuso y temeroso el león al ver como la bella jaguar no podía parar de rascar su brazos.

-¡AAAhhh!, lo siento Alex pero ya no aguantaba la picazón-

-Entonces tú…-

-No Alex, no tengo esas pequeñas pestes… no lo sé, solo me dio comezón en el brazo… mucha comezón… Alex tienes que creerme- Suplico la jaguar mientras sujetaba los brazos del león y le daba una mirada de "Por favor…".

Alex la miro a los ojos durante unos segundos con una mirada indecisa, pero después de unos segundos, que para Gia fueron años, tomo su decisión.

-… Te creo Gia-

Una sonrisa apareció en el rostro de la felina, pero no duro mucho cuando los dos felinos oyeron a…

-¿Qué pasa aquí jipi?-

-¡Skipper!... ah, ¿pasar?, ¿pasar de qué?, aquí no pasa nada – Respondió algo nervioso Alex mientras trataba de ocultar a Gia detrás suyo pues sabía que los pingüinos no serían tan considerados.

-¿Seguro?, yo juraría que estabas aquí con Gia…- Dijo Skipper que ahora portaba un traje anaranjado que lo cubría por completo, con unas botas y guantes negros, y con una máscara con un visor rectangular transparente.

-¡¿Qué?, no, no, no...Gia esta por ahí lejos-

La comezón Gia regreso y ella no pudo evitar rascarse un poco más sus brazos, lo que ella y Alex no sabían era que Cabo y Rico se acercaban por detrás de los felinos, ambos portando igualmente un traje como Skipper. Las dos aves pudieron ver como Gia seguía rascando sus brazos, ahora ya casi sacando las garras, mientras sacaba un poco su mirada por encima del hombro de Alex, que seguía evadiendo las sospechas de Skipper.

-Aja… Claro jipi, sabes fue entretenida la charla… pero ya basta, llévensela muchachos, Ah, y sean gentiles-

Alex volteo para observar como las dos aves tomaban cada uno una mano de Gia y la guiaban hacia el vagón de contención.

-Por aquí por favor- Dijo Cabo muy amablemente a la felina.

-Gia, ¡No!, espera- Dijo Alex mientras trataba de detener a los pingüinos, pero fue detenido cuando Skipper se puso enfrente de él al dar un gran salto mortal.

-¡Alto ahí, jipi!, o tendré que llevarte a ti también-

-¡Bien!, ¡pues hazlo!- Dijo muy firme en su decisión de no dejar sola a su novia.

-Como quieras…-

Así la pareja de felinos fue encerrada en él, ahora muy apretado, vagón de contención.

Ahora todos pudieran pensar que solo quedarían Melman y Gloria… pero no duraron mucho después de que Alex y Gia fueran atrapados, pues mientras Melman y Gloria buscaban unas mantas en los vagones de carga, Melman tropezó por accidente con una caja llena de frasco con polvo pica-pica. La caja llevaba grabada "Propiedad de Rico. No Tocar", dios a saber para qué quería eso el ave.

Seguramente ya se imaginaran el resultado; Melman y Gloria, más polvo pica-pica, más los pingüinos, igual a… ¡CUARENTENA!

-Qué tal va ese insecticida Kowalski- Dijo el líder emplumado, quitándose el casco mientras se acercaba por detrás de su amigo y subordinado.

-Sí… ya casi Skipper-

-Y dime Kowalski… ¿ya revisaste a los sujetos?-

-Oh, es cierto, lo siento Skipper pero no he tenido tiempo con lo del pesticida y los trajes- Dijo Kowalski algo avergonzado por que se le hubiera olvidado algo tan importante.

-Bueno… apresúrate soldado, creo que no todos estarán infectados… o tal vez si porque los encerramos a todos juntos… pero ya que-

El sol ya casi se metía, ahora el horizonte estaba pintado de un hermoso tono naranja y rojo. Los animales se empujaban en el vagón tratando de buscar algo de espacio. Los pingüinos entraron por una escotilla del vagón lleno de los… infectados, mientras aun portaban sus trajas anaranjados, y se pararon sobre una pila de altas cajas de madera.

-Bien chicos, parece que por fin van a salir de este encierro- Dijo Skipper con su habitual calma y autoridad.

-Ya era hora- Exclamo la cebra Marty muy impaciente y fastidiado.

-Bien ahora, veamos, los examinaremos uno por uno para asegurarnos de que tienen pulgas, para no mal gastar el insecticida… ahora veamos quien será primero… ¡Tú!, la foca- Exclamo mientras señalaba con la aleta a Stefano.

-¡Soy un leone Marino!- Dijo algo molesto.

-Lo que sea…-

-Está bien, ya voy… ah, espera, déjame ponerme presentable- Dijo Stefano mientras se detenía y sacaba su última hoja humectante.

-Espera ahí foca… ¿qué es lo que tienes ahí?- Paro en seco a Stefano el pingüino Skipper mientras miraba muy sospechoso la hoja entre las patas del león marino.

-¿Qué?, ¿Esto?, es solo una hoja humectante del bosque-

Skipper bajo de la caja y se acercó a Stefano, tomo la hoja de entre sus patas y la examino con mucho cuidado para estar seguro…

-Kowalski, ¿Esto es lo que creo que es?- Dijo mientras le enseñaba la hoja al inteligente pingüino.

Kowalski tomo la hoja y la examino con sumo cuidado.

-Oh-Oh- Dijo Melman que también pudo ver la hoja, y que gracias a haber sido el medico brujo de la reserva de África por un tiempo, pudo reconocer la yerba de inmediato.

-¿Qué?, ¿Qué pasa Melman?- Pregunto algo preocupado Alex. Sin embargo la respuesta de la jirafa nunca vino pues era el turno de intervenir de Kowalski.

-Si Skipper… esto es… ¡Hiedra Venenosa!-

-¡¿Hiedra Venenosa?- Exclamaron todos los infectados al mismo tiempo.

-¡SI!, parece ser que algún listillo no sabe distinguir entre un inofensiva hoja y está molesta pequeña que tenemos aquí… y me parece que todos los listillos son ustedes porque apostaría mis alas a que casi todos la usaron, ¿O no?- Skipper se veía muy molesto porque resultaba que al final no habían pulgas… solo el descuido e ignorancia de todos.

Todos los animales agacharon su cabeza apenados por no haberse dado cuenta de lo que se estaban untando, pensando ellos que era una maravilla natural. Por sus caras Skipper pudo saber que, si, en efecto, todos… bueno, casi todos, habían usado la yerba.

-Bien…- Skipper dio un gran suspiro de decepción y fastidio -… Ahora, quien fue el Genio que trajo esto- Dijo aun molesto mientras levantaba la hoja y la mostraba a los presentes.

Todos los animales circenses sabían bien quien les había dado la yerba… pero no podían ni querían delatar a su amiga. No fue necesario que nadie digiera nada, pues sus miradas empezaron a mirar hacia Gia y Alex…bueno, a Gia, pero Alex estaba junto a ella.

Siguiendo las miradas de todo Skipper empezó a acercarse a los felinos, pasando su fría y amenazadora mirada a de uno a otro. Finalmente parecía que se había decidido por Gia, pero antes de que pudiera acercarse más Alex se puso entre él y su novia.

-¡Fui yo!- Grito el león muy decidido y sin miedo alguno.

-¿Tú, pantaloncillos de campana?- Cuestiono Skipper no muy convencido de la confesión del león.

-Si… pensé que sería un excelente sustituto de acondicionador… pero me equivoque- Dijo fingiendo estar muy arrepentido.

-… Bien, para su suerte chicos esto se soluciona fácil, Kowalski, ve preparando una piscina llena de avena… la sabes de donde sacarla- Ordeno Skipper.

Kowalski en seguida salió por la escotilla del techo del vagón seguido por Cabo, al estar afuera ambos abrieron las puertas, dejando salir a los…inocentes.

-¿Avena?- Pregunto algo incrédulo Marty.

-Si Marty, la avena es excelente para quitar los efectos de la hiedra venenosa- Dijo Melman haciendo uso de sus conocimientos de médico.

-Y de dónde sacaran tanta- Volvió a preguntar Marty.

-No sé preocupen… la sacaremos de lo que guarda Rico, al chico le gusta mucho esa cosa- Dijo Skipper con una sonrisa en su pico, mientras sujetaba a Rico, quien trataba desesperadamente de detener a Kowalski y a Cabo.

-Tranquilo Rico, la necesitamos… pero siéntete libre de agradecerle a Alex por que se acabara tu avena-

Al instante un muy molesto Rico regurgito una catana de madera y se abalanzó sobre el león dándole su merecido, vengando así a su amada avena.

Pasaron unas horas en lo que todos los que habían sido afectados por la yerba habían tomado un curativo baño en avena. Ya era de noche y ya todos descansaban muy a gusto y cómodos en sus camas… bueno, casi todos.

-Aly lo siento tanto, tanto de veras- Decía una muy triste y avergonzada Gia.

Alex se encontraba acostado sobre su montón de paja dentro de su vagón y de Gia. Tenía el brazo y pie derechos vendados y el ojo izquierdo morado.

-Ya te dije Gia, no te preocupes… jamás dejaría que te metieras en un problema… fuera grande o pequeño- Dijo Alex dando una tierna sonrisa a la felina mientras trataba de aliviar su culpa.

-Jipi melenudo…-

Ambos felinos voltearon a la puerta de su vagón para ver como Skipper entraba junto con un cabizbajo Rico.

-… Rico quiere pedirte perdón por… bueno, se le paso un poco la mano, verdad Rico-

Rico se acercó a Alex y Gia y con una cara de "Lo siento" Dijo…

-Shi… Lo shiento mucho- Dijo el pingüino con un tono de arrepentimiento.

-…Ah, no importa Rico, no tuviste la culpa…- Alex volteo a ver a su bella novia –NADIE la tuvo- Dijo en otro intento de aliviar la culpa de Gia, que de hecho parecía haber funcionado pues ella ya le daba una tierna sonrisa.

Las dos aves salieron del vagón, pero antes de que Skipper saliera volteo a ver a Alex y él a él.

-… por cierto… Bien hecho Jipi- Dijo la monja líder mientras le guiñaba un ojo al león, dándole a entender que él ya sabía lo que él había hecho por Gia.

Alex quiso decir algo pero Skipper ya se había marchado. Así los dos felinos quedaron solos…

-Eres el mejor Aly- Dijo Gia mientras abrazaba a Alex.

-… Gia… ¡Auch!- Se quejó Alex pues le dolía el pecho por los moretones causados por la catana de Rico.

-Uy, lo siento- Dijo recuperando su tristeza.

-No importa- Le dio un gentil y cariñoso beso en la frente, con lo que ella sonrió y recostó su cabeza con cuidado sobre el pecho del león.

Así los dos felinos quedaron profundamente dormidos con una sonrisa en su rostro, junto con el resto de los animales circenses. Después de un duro y… complicado día.


Primero que nada ¡Gracias! a todos por haberse tomado un rato en leer mi historia.

Bueno ese fue el primer capitulo... ¿Qué tal?

Bueno si les gusto dejen riviews (que no afectaran el que suba o no otro capitulo... pero se agradecerian) den le manita arriba... a no, eso no, jeje.

Notas:

1. Como veran, (con este capitulo), ALGUNOS de mis capitulos se veran un poco influenciados por la serie los pinguinos de madagascar, pero aun así solo sera una pequeña influencia.

2. Decidi que el pinguino Rico tendria una personalidad más parecida ala de la serie (Psicopata-infantil), que ala de las peliculas (Psicopata-Serio), pues la primera me gusta más ;)