Capítulo 1

Nota aclaratoria: La personalidad de Shikamaru en esta historia está inspirada en la personalidad de Trenton Maddox. El hermano mayor de Travis Maddox de la saga de libros sobre los hermanos Maddox (Beautiful Oblivion) de Jamie Mcguire.


Mi giré en dirección a dónde provenía esa voz. Recostado a la puerta del tocador estaba un hombre de pelo largo, negro y despeinado, desnudo tal cual lo trajo dios al mundo y con una erección tamaño descomunal… no había lugar para las dudas… efectivamente era él… el chico tatuador.

Sus ojos, los míos. Ambas miradas entrelazadas.

─ ¡Wow!, es la primera vez que veo a una chica vomitar y aun así lucir increíblemente sexi. ─ interrumpió el niño.

─ …..

─ ¡Cielo santo!, Temari. Te importaría terminar de hacer sea lo que sea que estés haciendo. Necesito encargarme de este asuntito ─ señalando su entrepierna─ a menos que quieras colaborarme y repetir lo que hicimos durante toda la madrug…

─ ¡No jodidamente lo digas!, espeté.

─ ¡Uuuuy!, pero miren que alguien amanece de mal humor. El papel de mojigata no te queda cariño.

─ No soy ninguna maldita mojigata y tenme más respeto mocoso.

─ ¡Y otra vez petra con calentura!, ¿Acaso no te quedó claro anoche?

─ ¡No estoy para bromas!

─ ¡Y yo mucho menos!, así que tienes tres opciones: 1. Me das campo para encargarme del empalme que tengo, 2. Te quedas observando así tendré estimulación visual o 3. Volvemos a hacer el amor y gozamos los dos. ¿Tú decides bebé?

─ Pero, ¿quién te crees que eres?

─ El amor de tu vida y futuro padre de tus hijos.

─ Andas bajo el efecto de una metanfetamina, ¿cierto?

─ ¿Por qué las personas "socialmente correctas,"─ haciendo comillas con sus dedos─ tienden a asociar el arte de la tinta con drogas, sexo y alcohol?

─ Si no te acuerdas idiota. Me hiciste un tatuaje la semana anterior; así que no soy socialmente correcta.

─ Y vaya manera de ser desvirgada. Eres de esas personas que van por todo o nada… eso hace que me enamoré más de ti. ─ me dijo guiñándome el ojo.

─ ¡Mira muchachito!, hace tiempo que fui desvirgada como dices y por un hombre no por un culi-cagado como tú. ─ espeté.

─ ¿Me escuchaste decir que era algo referente al sexo? Porque si es así permíteme sacarte de tu ignorancia, cielo. Yo me refería a que fui el primer en hacerte un tatuaje. Tu primer tatuaje. Eras un lienzo en blanco─ terriblemente aburrida─, pero ya solucioné ese asuntito.

Puse mis ojos en blanco. Maldito crío creído.

─ Anda, mujer decide de una buena vez que estoy haciendo esfuerzos sobre humanos. Esta erección me duele como el infierno.

─ ¡Necesito ducharme!

─ ¡Y yo masturbarme!

─ Siempre eres así de fresco para hablar con cualquiera.

─ No tengo que ocultarle nada a nadie. ─ O me aceptan o me odian, cariño─ Además…no eres cualquiera y jamás… jamás, jamás, jamás, le ocultaría algo a la mujer que se convertirá en la próxima Señora Nara…. O sea, tú.

Me acerqué a él con irá, golpeteé con mi índice su pecho…

─ ¡Mira imbécil! …te masturbas, te aseas, tomas tus cosas y te largas. ¿Me has entendido?

─ Con que no solo eres mandona en el sexo sino en todo contexto… ¡Me gusta!─ susurró socarronamente, agachando su cabeza para alcanzar mi oído.

Lo mire estupefacta y sonrojada.

─ ¿Quieres hacer el amor otra vez?, me preguntó.

Si antes estaba sonrojada y malhumorada; con su irreverencia provocó que el Etna fuese un osito de felpa en comparación conmigo.

─ ¡Jamás!

─ ¿Segura?

─ «exhalé en desespero» Te lo diré una vez así que pon a trabajar la única neurona que levita por tu cavidad craneal. ─ ¡OK!, tu vimos sexo, nos echamos un polvo, una follada, una cogida, como quieras llamarlo. ¡Nada más!, no hicimos el amor, eso conlleva más que gemidos y placer sexual. ¿Te quedó claro? o ¿debo grabártelo en un audio?

El muy tarado sonrío ladinamente, haciendo que el hoyuelo de su mejilla se profundizara más.

─ ¡Te tengo!

─ Según tú aniñada cabeza… ¿Qué tienes de mí?

─ ¡A ti!, ¡Te tengo a ti!, ¡Completita!... ¡Te enamoraste de mí!

─ ¡Ni en pedo!

─ Si no lo has hecho aún, estas apunto… es cuestión de tiempo ya lo verás.

─ Te lo vuelvo repetir tienes cinco minutos para ducharte.

─ Cariño, en cinco minutos ni siquiera he terminado de mastur…

─ Cuatro…

─ Nena, no ha pasado un minuto desde que me diste el ultimátum.

─ Tres…

─ ¡Está bien! , si así lo quieres…

Lo vi enderezarse, llevar una de sus manos a su pene y… mierda ¿se estaba masturbando delante de mí?

─ ¿Qué demonios te sucede, pervertido?

─ No me has dado tiempo ni de llegar a la ducha.

─ ¡Eres un puerco!, ve ahorcar el pato a otro lado.

─ Dijiste que me darías cinco minutos para masturbarme, bañarme e irme. Soy un mortal común y corriente, no un maldito mutante.

─ ¡Está bien, está bien! Tienes quince minutos para hacer lo que debas hacer y marcharte. ─Saldré de acá para que tengas privacidad.

─ ¿Una ayuda extra no me caería mal, cariño?

─ ¡DEGENERADO!, grité dando un portazo, roja de ira y vergüenza.

Me recosté a la puerta del baño, cerré mis ojos sin creerme todo lo acontecido hasta el momento. Hace unas horas era una mujer soltera, tranquila y desperté siendo una sátira violadora de menores.

¿El tatuador?, a quién se le ocurre acostarse con un desconocido que de fijo anda metiéndosela a cualquiera y por cualquier parte. Aunque he de reconocer que el muy cabrón está más bueno que una soda en el desierto. ¡Joder!, tendré que hacerme exámenes sida o de cualquier enfermedad de transmisión sexual.

Y… ¿Si el maldito condón tenía un defecto y me embarazo? ─ Agité mi cabeza a manera de dispersar tales pensamientos. ─ Concéntrate, Temari… Piensa con la cabeza no con la alborotada amiguita que tienes entre tus piernas… Mira en la odisea en que te metiste por dejarte llevar.

Corrí como gacela hasta la cómoda donde guardé mis interiores. Tomé el primer sujetador que encontré; abrí la segunda gaveta, en ella busqué y rebusqué hasta dar con la braga más fea, grande y horrorosa que tenía ─ esa que utilizas cuando estás en tus días.

Tiré la sabana que llevaba arrollada a mi cuerpo, me puse el sujetador de amarre al frente, metí la braga en una pierna luego en otra, comencé a subírmela…

─ Hasta con unos calzones tan mata pasiones como esos me resultas adorable.

Di un respingo. No lo podía creer, el descarado estaba a unos pasos de mí.

─ ¿Necesitas ayuda para subirte la tanga?, ¿Quieres que me encargue de ello?

Abrí mis ojos, roja como tomate. Se me había olvidado que al escuchar su aburrida voz me quedé paralizada y con las bragas a medio poner. ─ De un tirón me las subí─

─ ¿Te han dicho que tienes un trasero muy bonito?

Como flashes llegaron a mi mente las veces en que el idiota de mi ex prometido me decía lo mucho que le gustaba mi cola, pequeña, levantada y tonificada. Dura como una piedra. ─ era lo único bueno que había dejado las extensas horas que debía practicar ballet por la beca universitaria ─ Lo acariciaba con devoción a manera de despertarme o cuando hacíamos el am…. Cuando teníamos sexo.

─ La puerta está al fondo a la derecha. ¡Lárgate!

─ Pero, ¿Qué pésima anfitriona resultaste?

─ ¡Presta atención baboso!, ya te masturbaste, ya te bañaste ahora… ¡chao!, le dije mientras me colocaba y ataba el albornoz a mi cuerpo.

─ ¿Qué sucede si no me voy?

─ ¡Llamaré a seguridad!

─ ¡Uuuuy!, pero que mala. Me asustas. ─ ¡No les tengo miedo!

─ Pues si ellos no te dan miedo, ¡yo sí!, así que…

«Este tipejo me matará a punto de sonrojos.» Giré a verlo. Craso error. El desgraciado se secaba el cabello con una toalla mientras miles de gotas de agua resbalaban por su delgado cuerpo, tenía algo de bello que nacía en la parte baja de su ombligo y se hacía más espeso rumbo a su ingle, la cual estaba cubierta ─ ¡Gracias a dios!─ por una toalla blanca.

─ ¿Te gusta lo que ve?, Si lo deseas te la vuelvo a enseñar y si quieres entretenerte con él, también.

─ Te lo diré una vez más escuincle. Lo que pasa en Konoha, se queda en Konoha. Lo de ayer fue sexo. Solo eso. No hubo sentimientos de por medio. Es más… date cuenta cuan insignificante fue para mí, que ni si quiera lo recuerdo. ─ ¡Había dado en el clavo!, su rostro cambio de irónico a póquer.

Sin embargo, debo admitir que no me sentí nada bien al matarle las ilusiones.

─ ¿Al menos puedo vestirme?, ya sabes para respetar las normas de etiqueta.

¡Genial!, ahora siento pena por…. ¿Cuál era su nombre?

─ Siento ser así de cruel contigo… ¿Cómo era que te llamabas?

─ Shikamaru, mi bien. ─ Lo vi agachar la cabeza, mirando al suelo. Decepcionado.

─ Shikamaru. Es mejor que lo captes de una buena vez. Fue sexo, lo de ayer fue única y exclusivamente sexo y so no se repetirá. ¡Jamás!

─ ¡No me estoy dando por vencido!. Eres todo un reto y amo los retos. Se me da muy bien planear estrategias.

─ ¡Oye no quiero que te des falsas esperanzas!. Lo nuestro no se repetirá, fue una revolcada de una noche. Nada más.

Nuevamente sonrío ladinamente y el hoyuelo volvió a profundizarse.

─ Las mujeres difíciles son las que valen la pena.─ eso decía mi padre.

La rogada, la que te hace luchar, la que no se doblega ante tu labia. Ese es el tipo de mujer que quiero como compañera de vida y tu cariño calzas perfectamente bien con la descripción.

─ Me acosté contigo en poco más de una semana de conocerte y de tratarte en términos meramente profesionales. Creo que no soy de tu tipo.

─ No te subestimes, princesa. Todo lo contrario, te acostaste conmigo porque estabas al acecho de un padrote con quien liberar tenciones. Digamos que fui tu apaga fuegos personal… un peón en tu juego de ajedrez… ¡Me usaste!, y fue jodidamente increíble.

─ Estas tergiversando todo.

─ ¡Lo que digas!. Debo marcharme. Ya casi es hora de abrir la tienda y no voy a ir con la ropa oliendo a sexo, aunque es un olor realmente excitante.

Se acercó a mí….

─ ¡Hasta la boda mi amor!, me dijo dándome un beso de piquito fugazmente.

Asomé mi cabeza por el pasillo, lo vi caminar rumbo al elevador como si fuera el dueño del mundo.

¡Por todos los ángeles!, en que lio me habré metido acostándome con este chaval… ─ un momento─ ¿Él está invitado a la boda?


Los capítulos de esta historia son cortos. Espero les guste, cualquier sugerencia favor hacérmela saber vía PM. Como siempre... mil gracias por todo.