Hola Nuevamente! Kirash reportandose a su deber! Aquí con otro nuevo Oneshot!

Posicionamiento temporal: Arco de Alvarez, Crime Sorciere vs August.

Aclaración: me tomé el atrevimiento de cambiar brevemente el orden de algunos hechos, como la distorsión espacial ocasionada Eileen, espero no les moleste y puedan disfrutar de esta historia igual!

A quien le interese, tengo algunos dibujos sobre este oneshot en mi deviantart (rikachan3) y en mi tumblr (0rika0)


"No es un adiós, más bien un hasta luego"

Miró a su alrededor, todos sus compañeros estaban tendidos en el polvoriento suelo, algunos tratando lamentablemente de levantarse, otros retorciéndose y gimiendo de dolor, algunos ya completamente desmayados. ¿Cómo era posible que existiera alguien tan poderoso? Era algo completamente inimaginable. Se levantó con gran esfuerzo, sosteniéndose débilmente sobre sus rodillas. No pensaba rendirse, seguiría peleando aunque su vida se fuera en ello, sabía muy bien por experiencia propia lo doloroso que era perder a un compañero y no quería volver a sentir algo así nunca más en su vida, lucharía por ellos.

"No importa lo mucho que intentemos, no podemos acercarnos"- Podía oír los pensamientos de Jellal, quien se puso de pie a su lado listo para intentar otro ataque, no se rendiría tan fácilmente. Aunque jamás lo admitiera, sentía una admiración por su líder, era realmente poderoso, su voluntad era inquebrantable y luchaba siempre por proteger a sus compañeros aunque ello significara sacrificar cosas valiosas para él. Maldijo por lo bajo junto con una de sus típicas irónica sonrisa, se le estaban empezando a pegar esas odiosas actitudes de su líder.

"Como sea, aún puedo oír cuál será su siguiente movimiento"- Pensó mientras se preparaba para su siguiente ataque. Se acercó a gran velocidad, pero August reaccionó con una velocidad aún mayor.

"No eres el único que puede escuchar lo que los demás harán"-Oyó el pensamiento de su enemigo justo antes de que este lo ataque para quitárselo de encima. Lo golpeó con su magia acompañada de su bastón enviándolo a volar furiosamente a unos cuantos metros de distancia, hasta que una gran roca frenó su travesía, hundiéndose en ella con total brutalidad. Gritó de dolor, pudo oír el ruido de varios huesos quebrándose por el impacto. Oh bien, ahí seguro se fueron algunas costillas sanas ¿Este era el poder de los 12 Spriggan? Y aun siquiera habían visto el verdadero poder de Zeref. ¿Este sería su fin?, definitivamente no, él quería vivir, aún había muchas cosas que que quería hacer, sin mencionar que detestaba la idea de no poder oír a Cubelios otra vez. Intentó levantarse nuevamente, pero ninguno de sus músculos reaccionaba. Abrió su ojo y levantó su vista para ver como Jellal era rechazado con violencia por el enemigo. Ya no sabía qué más hacer.

"Cubelios… no podré oír tu voz otra vez…?"- Antes de desmayarse por completo, alcanzó a ver una cegadora luz blanca envolvió todo a su alrededor.


-¿Q-Qué sucedió?¿dónde estoy? - Kinana quitó las manos de sus ojos que había puesto para evitar que aquella luz la encandilara. Estaba arrodillada y encogida sobre sí misma en el piso con una postura defensiva. Al ver que estaba sola y no había peligro cerca, se puso de pie y sacudió la tierra de su falda. Miró a su alrededor con la esperanza de reconocer algo de aquel lugar donde se encontraba, pero fue en vano. Se encontraba en medio de la espesura de un bosque bastante tupido, por lo natural que se veía, supuso que no había ningún asentamiento humano cerca de allí. ¿Que debía hacer? ¿Quedarse allí y esperar a encontrarse con alguien?¿o echar a andar hasta llegar a algún lugar útil? Estaban en medio de una guerra, definitivamente nadie habría notado su ausencia o por lo menos no irían a buscarla con asuntos tan importantes entre manos. Suspiró, no le quedaba mucho poder mágico para convertirse en ningún animal volador para observar el terreno desde arriba. Si bien ya hacía más de un año que estudiaba y entrenaba a diario con Mirajane su magia de Take Over, aún le faltaba mucho camino para perfeccionarse. Recordó la cantidad de veces que su amiga peliblanca le insistía en meditar para aumentar su capacidad de retención de ethernano, pero los quehaceres como mesera en Fairy Tail le ocupaban la mayor cantidad de horas de su día y casi ni tenía tiempo para eso, se reprendió a sí misma por no dedicarle más tiempo a su entrenamiento como debía. Miro para todas direcciones y decidió ponerse en marcha hacia el Este. Caminó por un largo rato a paso lento, la maleza y espesura le dificultaban el paso, sin mencionar la de veces que se tropezó con raíces de árboles que se encontraban en la superficie y las múltiples raspaduras que sufría su piel por ramas perdidas por allí.

Frenó su marcha por unos momentos y suspiró agotada, no estaba llegando a ningún lado, el paisaje seguía siendo el mismo ¿Habría estado caminando en círculos? No, no era el momento para rendirse ahora, tenía que llegar a donde estaban los demás, podrían estar heridos y necesitando ayuda, ayuda que ella podría brindarles.

Retomó su caminar con convicción renovada, pero luego de unos metros se tropezó nuevamente con otra rama y cayó de cara al piso. Se incorporó con furia, cansada de su travesía tan accidentada. Estaba a punto de gritarle furiosamente a esa rama mal ubicada y ponerla en su lugar pero se quedó callada al ver que en realidad tenía forma de pierna. Alarmada corrió con brazos temblorosos los arbustos que tapaban el resto del cuerpo, temerosa de encontrar a quien quiera que sea sin vida.

-Oh! no no no…por favor no- Ese cabello borgoña, esas orejas puntiagudas... Kinana se arrodillo al lado y tomó temblorosamente por los hombros el cuerpo del hombre que se encontraba boca abajo inerte en el piso, rezando a todos los dioses que no sea él. Lo volteó delicadamente sobre su regazo.-Erik!
Una inmensa desesperación la invadió, sintió un enorme peso en su pecho y sus lágrimas comenzaron a salir a borbotones de sus hermosos ojos color jade. Su cuerpo no podía dejar de temblar. Su amigo no se movía, su cuerpo estaba lleno de heridas y su ropa hecha girones desastrosamente. Si pecho y su garganta le dolían horriblemente por la angustia de verlo así.

-Erik!- volvió a gritar su nombre con la esperanza de que el pelirrojo reaccionara zamarreándolo con suavidad, pero fue en vano. Rodeó su cuello con sus brazos y colocó su frente contra la suya llorando desconsoladamente. Sus lágrimas salpicaban y se deslizaban por las mejillas del muchacho. Luego de unos minutos de completa desesperación, notó por la cercanía de ambos la respiración de su amigo contra su rostro. Se separó instantáneamente de él, mirándolo esperanzada. ¡Aún estaba vivo! pero, ¿qué podría hacer? estaba muy mal herido y se encontraban en medio de la nada, no tenía ninguna medicina ni nada que pudiera ayudarla a tratarlo. Colocó dos dedos en su cuello y detectó su débil pulso. Tenía que hacer algo cuanto antes.

De repente una idea resonó en su mente. Cobra era el Dragon Slayer del veneno, ¿cierto? eso quiere decir que él puede ingerir dicho veneno para revitalizar sus fuerzas, así como Natsu lo hacía con sus llamas. Quizás sea una idea loca, pero si fuera capaz de conseguir veneno y que él lo consumiera o bien pudiera incorporar a su cuerpo... ¡Bien! ¡Eso sonaba como un plan! Se secó las lágrimas con el dorso de su mano y depositó a su amigo suavemente en el piso. Suspiró profundo y respiró hondo para calmarse, necesitaba reunir el poco ethernano que le quedaba en su cuerpo para una última transformación. No necesitaba que sea completa, no tenía el suficiente poder mágico para una así, pero con ser capaz de obtener las cualidades venenosas era más que suficiente.

Escamas púrpuras comenzaron a esparcirse a lo largo de su piel, las pupilas de sus ojos se afinaron y sus colmillos crecieron largos y filosos. Se concentró principalmente en sus colmillos, la fuente de veneno de su take over más poderoso, justo lo que necesitaba en ese momento. No sabía cuánto podía mantener su media transformación, por lo que se apresuró y agarró el brazo del joven y arremangó su blusa negra deshecha, dejando expuesta la piel de su antebrazo.

-Espero que esto funcione- susurró o más bien rogó por lo bajo. Con esperanzas, levantó el brazo del joven y hundió sus colmillos en él, dejando fluir a través de ellos todo el veneno que su magia le permitió.

Todo pasó muy rápido. Cobra se despertó de repente emitiendo un sonoro gruñido de dolor similar al de un dragón. Sintió todo su cuerpo hervir hasta la última célula de su ser, como si hubiera recibido un choque eléctrico, todas sus extremidades hormigueaban enérgicamente, el ritmo de su corazón se aceleró hasta el punto en que parecía que cualquier persona podía oírlo golpear contra su pecho. El dolor se fue convirtiendo progresivamente en fuerzas que volvieron a su cuerpo revitalizándolo por completo. Instintivamente, sin saber que estaba pasando, saltó sobre la persona que tenía al lado dejándola atrapada bajo su cuerpo. Posicionó una mano al lado de su cabeza y alzó la otra ya transformada con su dragon force y desbordante de poder dispuesto a atacar sin dudar a su enemigo.

Su ojo se abrió de sorpresa al ver a la joven de cabellos violeta debajo de él cerrando sus ojos y cruzando sus brazos en frente, esperando recibir el ataque que no llegó.

-¿Que haces aquí?- Pregunta él sin poder salir de su asombro, frenando en seco su ataque.

-¡Erik! ¡Estás bien!- Exclama con alegría ella, quitando su guardia, rodea inmediatamente su cuello con sus brazos y lo atrae hacia ella en un fuerte abrazo, apretando el rostro del dragon slayer contra su pecho desesperadamente como si su vida dependiera de eso. El pelirrojo trata de zafarse en vano de su agarre que lo estaba casi asfixiando. Respiró una gran bocanada de aire cuando la joven maga lo soltó para ahora agarrar suavemente el rostro de él entre sus manos y acercarlo a ella.

Desbordante de euforia por su amigo a salvo, Kinana sin pensar comenzó a depositar pequeños y delicados besos en su rostro, uno tras otro, en su frente, otro en su mejilla y luego otro sobre la cicatriz de su ojo derecho. Se detuvo al tomar conciencia de que el próximo se dirigía a sus labios. Lo soltó repentinamente y juntó sus manos sobre su pecho, mirando avergonzada hacia cualquier lado menos a la cara de su compañero evitando con todos su ser pensar en nada extraño, no quería que él la oyera.

Erik aún estaba en una especie de estado de shock por la situación, su rostro comenzaba lentamente a teñirse de rojo mientras procesaba en su mente todas las acciones que acababa de realizar la chica.

-Deberíamos dejar de encontrarnos así- Dijo en voz baja ella, acompañada de una sutil risa. Las palabras de la joven lo sacan de su aturdimiento. Era verdad, su registro de encuentros no siempre fue el mejor, y la mayoría de las veces él siempre estaba herido por alguna batalla y de alguna manera Kinana llegaba hasta él.

El mago venenoso estaba a punto de abrir la boca para decir algo, pero un fuerte dolor en el brazo lo distrajo. Se irguió y echó hacia atrás para liberar a la muchacha de su prisión corporal, pero sin despegarse del todo, aún estaba sentado sobre ella. Sostuvo su mano derecha, inspeccionando la causa de tan agudo dolor. ¿Una mordedura? parecía de serpiente pero, ¿en qué momento? La mente de Cobra se hundió en la confusión, tratando de encontrarle el sentido a esa herida.

-Perdón por eso, es lo único que se me ocurrió en el momento para poder ayudarlo- Explicó Kinana incorporándose, para quedarse sentada frente a él. Erik volvió su mirada hacia ella, aún sin terminar de atar los cabos- He estado practicando magia todo este último tiempo, ¿sabes?- prosiguió con expresión orgullosa.

La muchacha tiro de la tela de su falda, liberando una parte de debajo de las piernas de su amigo quien la mantenía aprisionada. Levantó la tela hasta su boca y rasgó con sus dientes un pedazo contundente. El pelirrojo no pudo evitar dirigir su mirada cual imán hacia las blancas y delgadas piernas de la muchacha que dejó demasiado expuestas en el proceso anterior. Se aclaró la garganta mirando para otro lado con un ligero rubor en sus mejillas, tratando de no pensar en nada indecoroso.

-¿Qué tipo de magia?- Fue lo único que se le ocurrió preguntar para salir del apuro y distraer su mente.

-Take Over- respondió animadamente, mientras que se dedicaba a envolver la mordedura del brazo de Cobra que aun sangraba con el pedazo de tela rasgado. ¿Así que Take Over, eh? de a poco todo comenzaba a cobrar sentido en su mente. -Bueno, creo que eso es todo- sonrió ella satisfecha, terminando de colocar la venda.

El joven se puso de pie y ofreció su mano para ayudarla a incorporarse, ayuda que ella tomó con mucho gusto. Sus manos eran pequeñas a comparación de las de él y suaves al tacto, tanto que su piel parecía de seda. Acarició inconscientemente el dorso de su mano con el pulgar. Una vez de pie, Kinana soltó su mano agradeciendo la ayuda y se sacudió la tierra de su falda. El joven gruñó ante la ausencia de su calor.

-¿Qué haremos ahora?- pregunto ella mirando el cielo.

-¿Dónde estamos?- ahora que lo pensaba, ese no era el lugar de la batalla que había tenido anteriormente. La joven de cabellos violetas negó con la cabeza, ella tenía mucho menos idea que él de su locación. Utilizó su fina audición para tratar de ubicar algún sonido que le diera algún indicio, pero fue en vano, solo oía el sonido del bosque y algunos que otros animales por allí, tampoco reconocía la topología del lugar, la disposición de algunos arroyos no le resultaba para nada familiar. Maldijo por lo bajo. Tomó repentinamente a su compañera por la muñeca, pero con suavidad para no hacerle daño, y se puso en marcha rumbo a uno de los arroyos que se encontraban cerca de allí, la inyección de veneno lo había dejado terriblemente sediento.

-¿Podemos ir más despacio? - Se quejó jadeante Kinana luego de unos minutos, el haber consumido lo poco que le quedaba de poder mágico en su última transformación la había agotado más de lo que esperó. Cobra estaba tan sumido en sus pensamientos tratando de sacar conclusiones la batalla y el lugar donde se encontraban ahora que no se dio cuenta que arrastraba a la mujer a los tirones. Que estúpido fue, ¿cómo no se había dado cuenta de eso? No pudo evitar sentirse culpable.

-Lo siento- Murmuró el pelirrojo en voz baja frenando la marcha.

-Solo dame un momento para que recupere el aliento y ¡¿Q-que haces?!- En un rápido movimiento, Erik alzó a Kinana en sus brazos con firmeza y la atrajo contra su pecho.

-Te cargo- Responde él simplemente.

-¡P-pero tus heridas! ¡no deberías! ¡puedo caminar sola!- Dijo atropelladamente. Se sentía nerviosa por la cercanía de su cuerpo y el calor que éste emanaba. Los brazos de él dispuestos uno sobre sus muslos y otro envolviendo su espalda y tomando su brazo firmemente pero con cuidado. La muchacha se llevó ambas manos para cubrir su rostro, ocultando sus mejillas que ahora estaban de un rojo brillante. Separó un poco los dedos que también ocultaban sus ojos para poder espiar a su compañero a través de ellos.

-Tómalo como pago por tu ayuda - hizo una breve pausa - además… ese veneno me dejó como nuevo, fue el mejor que sentí en toda mi vida - Erik apartó la mirada de su camino y la dirigió hacia ella, con una sonrisa casi seductora en sus labios que dejaba asomar el filo de sus colmillos, lo que hizo que Kinana se encogiera aún más de vergüenza y vuelva a cerrar sus dedos sobre sus ojos. El dragon slayer no pudo evitar reír con ganas ante la reacción y pensamientos de su compañera. Hacía tiempo no se reía de una tontería como esa, fue gratificante, le ayudó a eliminar las tensiones que la batalla le había dejado y olvidarse de todo el asunto de la guerra por unos momentos.

Caminaron aproximadamente unos diez minutos en silencio, aunque la mente de ambos estallaba en pensamientos, hasta que por fin llegaron al arroyo que el pelirrojo había oído anteriormente. Se puso de rodillas y depositó a Kinana en la hierba, con tanta suavidad como si fuera de cristal. Se levantó y se acercó a la orilla del agua, juntó ambas manos y las ahuecó para poder juntarla y beberla. Cuando terminó de beber lo suficiente se echó agua en la cara para lavarse los rasguños y el resto de sangre seca que tenía en algunos lugares. Se sintió más refrescante de lo que esperaba. Volteó al sentir un roce en su piel. La joven se había acercado a su lado para tomar agua también. Al terminar lo miró algo divertida.

-¿Qué?-Preguntó molesto ¿acaso tenia monos en la cara? ¿Qué era lo que le parecía gracioso?

-Estás hecho un desastre- rió divertida al ver como caían varios de los mechones del cabello húmedo del pelirrojo desprolijamente sobre su rostro. El cabello de Cobra siempre fue bastante rebelde, es por eso que se acostumbró a peinarlo hacia atrás, odiaba que el flequillo le caiga sobre su rostro, ya mirar con un solo ojo era demasiado molesto como para que encima su cabello lo estorbe aún más. Kinana se dedicó a peinarlos uno por uno delicadamente hasta que quedaron ordenados como correspondían, se sorprendió al sentir lo suave que era el cabello del mago, no se esperaba jamás que alguien tan rudo como él tendría su cabello tan bien cuidado.

Erik contuvo el aliento, tener a la muchacha cerca siempre lo ponía tenso, no entendía aún el por qué. Él ya estaba acostumbrado a su presencia, ¿no es así? ¿Cuántos años de amistad llevaban ya con Cubelios? había perdido la cuenta. Habían compartido infinidad de momentos juntos y jamás se puso nervioso como le comenzó a suceder últimamente. Aunque bueno, ahora el asunto era un tanto diferente, pensó. Acercarse a su amada serpiente era fácil, pero ahora que era una mujer… una preciosa mujer, con unos ojos tan hermosos que contagiaban su alegría y te quitaban el aliento, una piel tan suave como el terciopelo y un cuerpo… un cuerpo bastante... Se aclaró la garganta nervioso, mejor cortar allí esos pensamientos, después de todo, él era un hombre y había cuestiones que por naturaleza no podía ignorar.

Ambos se quedaron en silencio admirando el paisaje que tenían alrededor. Era agradable: un arroyo que desembocaba desde unas montañas a lo lejos. Los árboles allí eran menos densos, dejando pasar con más fluidez los rayos del sol, pero aun así dando la sombra necesaria para que el ambiente permanezca fresco. Todo estaba rodeado de una fina y despareja hierba de un verde brillante adornada con flores silvestres de diversos colores. Kinana acarició el suelo con la mano, sintiendo agradable la sensación de las cosquillas que la hierba le provocó a la palma de su mano. Todo era magnifico, era como un oasis en el desierto, la calma antes de la tormenta.

A pesar de verse tan tranquila, el dragon slayer podía oír su preocupación e incertidumbre sobre los acontecimientos actuales. No la culpaba, él se sentía igual, no sabía como todo aquello terminaría, sus enemigos eran más poderosos de lo que había imaginado y para sumar a la situación, aún no tenían idea de donde estaban.

-La guerra terminará pronto, puedo sentirlo- Murmura el joven con su mirada perdida en el horizonte, esperando que aquellas palabras le traigan algo de paz a su amiga.

-Eso espero-Kinana cierra los ojos y coloca una mano en su pecho- no soporto ver sufrir a las personas, mucho menos si son seres queridos… prefiero morir a verlos sufrir.

-No!- Erik la tomó por sus hombros bruscamente y la giró hacia él, mirándola a los ojos con severidad- ¡No vuelvas a decir eso nunca!- en su voz se asomaba el fantasma del miedo. La muchacha bajó la vista apenada.

-Es solo que, no puedo evitarlo.. el dolor es tan grande que...

-Jamás desees morir…-El mago del veneno la interrumpió- tu vida es muy valiosa, y siempre habrá alguien que la valore más que a su vida misma, tienes que ser fuerte por esas personas.- El solo imaginarse por unos segundos a su entrañable amiga muerta le partió el corazón. La muchacha levantó la vista hacia él nuevamente algo perturbada por sus palabras, pero sabía que tenía razón.

-Lo siento Erik...tienes razón, el dolor que siento a veces me hace pensar tonterías.

El pelirrojo suspiró aliviado, quizás reaccionó un tanto bruscamente, pero no pudo evitarlo. Estaba por soltar los hombros de su compañera hasta que vio como una cegadora luz blanca comenzaba a bañarlos. Era la misma luz de hacía un rato atrás, había sido eso lo que los había llevado a ese lugar tan extraño, ¿no? Magia de terreno, murmuró por lo bajo identificándola. Miró a kinana, su cuerpo comenzó a desaparecer poco a poco a medida que la luz la envolvía, se observó a sí mismo al ver a él también le ocurría. La muchacha asustada se aferró a sus hombros, mirando a su alrededor ansiosamente. Ya no podía observar nada, todo era blancura pura. Erik oyó su miedo y tomó a la joven por su rostro con ambas manos.

-Escucha, esta es la magia que nos relocalizó en este extraño lugar, no te preocupes, volveremos a donde estábamos antes de que ocurriera. Estarás bien.- él acaricia su mejilla con ternura intentando calmarla. La joven asiente con la cabeza- Cuando vuelvas, por favor, ten cuidado- dijo apenas en un susurro.

-¿Qué pasará contigo? ¿Tienes que seguir luchando?

La blancura cubría cada vez más áreas de su cuerpo, ahora apenas podían ver desde sus hombros hacia arriba.

-Es por eso que estoy aquí, ¡pero oye! Un dragón no muere tan fácilmente, creo que hoy has aprendido eso, ¿verdad?- Cobra le sonríe confiado.

-Es verdad- ella responde con una media sonrisa, calmando así su corazón. Después de todo estaba hablando con Cobra, el poderoso dragon slayer del veneno. Pero, ¿y luego? ¿qué sucedería cuando todo termine? ¿Volverían a verse?

-Prometo visitarte cuando todo termine- Le respondió el pelirrojo al oír sus dudas. Ahora apenas podían ver sus rostros, el poderoso hechizo estaba por terminar su efecto.

-Te estaré esperando.

Blanco, todo fue completamente blanco por unos segundos. Cerró su ojo que comenzaba a irritarse por el brillo del hechizo. Cuando notó que la claridad había desaparecido volvió a abrirlo. Se encontraba nuevamente en el campo de batalla. Miró a su alrededor, sus compañeros estaban allí también, podía oír lo confundidos que estaban todos con lo que acababa de pasar. Pese a eso, suspiró aliviado al ver que todos estaban gravemente heridos pero vivos al fin y al cabo.

-¿Qué sucedió?- Preguntó, o más bien, exigió Ángel.

-Fuimos afectados por una magia de terreno muy poderosa, pero parece que ya todo ha vuelto a la normalidad- Jellal optó por la explicación corta. Se volteó rápidamente al recordar a su enemigo, August, pero allí solo se encontraban ellos, no había rastros del anciano ni de su magia cerca.

-¿Están todos bien?-Pregunta Richard extremadamente preocupado, acercándose a cada uno para revisarlos y cerciorarse de que no necesitaran ayuda médica.

-Meh, lo único que no está bien es mi orgullo- Racer se quejó sacudiendo el polvo de su ahora arruinada chaqueta.

-¿Y tu Cobra? te ves mejor de lo que deberías- Midnight recordó que el pelirrojo había sufrido heridas tan graves tanto como ellos. Le resultaba raro verlo tan… fresco.

-Estoy bien- Respondió secamente.

-Nuestro querido Cobra debe tener un ángel guardián en algún lado cuidándolo- Richard bromeó al aire, fantaseando y sonriendo palabras cariñosas.

-Si… un ángel con escamas y colmillos muy venenosos- Dijo Erik más para sí mismo. Ahoga una risa burlona en su garganta, pero una gran sonrisa de satisfacción adorna sus labios. Sus compañeros lo miran confundido.

-¿De qué diablos hablas? ¿Te golpeaste la cabeza? - Racer se acerca rápidamente y gira ansiosamente alrededor de él en busca de algo que pudiera estar mal.

-Hmpf, no molestes- el pelirrojo levantó malhumorado su mano haciendo un ademán para que se aparte de él.

-Bueno, ¿y ahora qué?- Pregunta la pelirrosa mirando a su líder.

-Lo primero es tratar nuestras heridas, aún nos quedan luchas difíciles por delante y no podremos estar a la altura de ellas en estas condiciones.

Tardaron unos minutos en atender las heridas de cada uno, lo necesario para poder seguir en pié y peleando, no podían darse el lujo de gastar más tiempo en medio de una guerra, su ayuda era necesaria en otros lugares y con urgencia.

-Volveré a verte pronto - Murmuró Cobra mirando hacia el cielo recordando la promesa que le hizo a Kinana hacía unos momentos atrás. Podía oír su voz a lo lejos, ella se encontraba bien y con sus amigos, saber eso lo tranquilizó.

-¡Todos abordo!- Exclamó Sorano ya posicionada sobre su castillo/nave andante sacándolo de sus pensamientos.

-¿!Q-que!? ¿Otra vez esa maldita cosa? ¡Tienes que estar bromeando!- Se quejó furioso el dragon slayer, no pensaba volver a pisar esa endemoniada cosa nunca más en su vida.

-Nos estas retrasando, ¡apresúrate y sube!- Se queja Meredy. El resto del equipo lo miraba expectante desde dentro de la nave.

-¡De ninguna manera! ¡me voy caminando!- Se puso de espaldas para comenzar a caminar por su lado pero unos enormes brazos lo detuvieron.-¿QUE HACES? ¡SUELTAME!- el mago venenoso se retorció en vano bajo el agarre de Hoteye, que lo llevaba arrastrando hasta la nave de Sorano.

-Lo siento, pero son órdenes del maestro- Se disculpa el gran hombre.

-Me voy a acordar de esto, ¿me oyen? ¡ME LAS VAN A PAGAR!- gritó a todo pulmón aun retorciéndose con todas sus fuerzas, pero en el instante en que puso un pie sobre la nave sus energías desaparecieron por completo y cayó mareado al piso. Se llevó una mano a su estómago y otra a su boca para tratar de aliviar aunque sea un poco el malestar, pero ya era demasiado tarde- me las van a pagar- .


Esto es todo por hoy! Iba a subir el capítulo ayer pero me quedé sin tiempo para hacer una revisión adecuada y tuve que posponerlo para el día de hoy.

¡Este quedo más corto que el anterior, pero aun así espero que lo hayan podido disfrutar!
Acepto todo tipo de sugerencias/ criticas, no duden en decirme lo que piensen.

¡Nos vemos la próxima!