¿QUE SOY?

Cuando volvió a recobrar el sentido, toda la sangre había desaparecido. Bueno, toda no. A su lado, en la mesilla reposaba una copa rebosante, y pese a su rechazo mental, el moreno tuvo que claudicar ante el ardor de su garganta.

"¿En que me he convertido? ¿En alguna clase de vampiro? Draco tenia razón, no creo que Hermione o Ron entendieran esto."

Como si le hubiese convocado con sus pensamientos, el rubio Slytherin entró por la puerta, llevando una bandeja con comida, mientras Harry dejaba la copa a un lado. La sonrisa que el joven le dedicó le animó un tanto, y cuando el muchacho dejó la bandeja sobre sus rodillas le miró con timidez, sin saber muy bien que esperar.

Come Harry, necesitas recuperarte.

Antes de que pudiera protestar, el Slytherin añadió:

Hasta que no empieces a comer no voy a contarte nada, así que tu mismo.

Con una mirada calculadora, el moreno se rindió sin lucha y tomó el bol de sopa entre las manos, ignorando la cuchara.

"Si tengo que hacerlo, mejor que sea rápido no?"

La sopa era...sabrosa, y el caldo humeante no hizo protestar a su estomago, aunque Harry se encontró de repente deseando beber otra cosa. Se sonrojó ante sus propios pensamientos y decidió probar con el sándwich de atún. Cuando el primer mordisco no le hizo vomitar, decidió que después de todo, si estaba hambriento y siguió masticando lentamente, los ojos fijos en Draco.

Con un suspiro, el rubio rodó los ojos y le preguntó con una sonrisa levemente maliciosa:

¿Cómo quieres que te lo cuente Harry? Dando rodeos para no asustarte, o lanzándote el jarro de agua fría a la cara?

El moreno meditó un instante, y tragó el trozo de sándwich. Era raro volver a sentir algo sólido bajando por la garganta, que aun le dolía y tomó un sorbo de sopa. Sus ojos se animaron un tanto y respondió con claro desafío:

Bueno, dudo de que vayas a decirme nada que sea peor que despertar bañado en sangre así que...

Asintiendo el rubio le miró fijamente a los ojos y murmuró con decisión:

Eres un cazador de demonios, Harry, una clase rarísima de híbrido, cuyo fin en la vida es luchar contra vampiros, demonios y hombres lobo fuera de control.

Ante la mirada de incomprensión del Griffindor, Draco se inclinó y retiró de uno de los cajones de la rustica mesita un viejo volumen, en realidad una serie de pergaminos precariamente encuadernados entre dos pieles, y se lo tendió al moreno que lo abrió por el lugar marcado con una descolorida cinta, que debió haber sido dorada y roja.

El texto, escrito en latín y adornado con ilustraciones medievales, mostraba una imagen en movimiento de una criatura humaniforme alada, cerniéndose sobre un hombre lobo que abría las fauces en un gesto amenazador, mientras de sus manos surgían lenguas de fuego que lo envolvían y atenazaban hasta derribarlo al suelo.

El latín de Harry no era muy bueno, pero alcanzó para traducir la página que acompañaba a la vívida ilustración.

Los cazadores de demonios surgieron en las primeras eras, cuando la tierra era asolada por hordas de criaturas malignas que amenazaban la existencia de muggles y magos por igual. Nadie sabe por que, pero fruto del mestizaje ocasional entre las antiguas razas primigenias de vampiros, licántropos, veelas y algunas otras criaturas, o tal vez como resultado de algún experimento, surgió una nueva raza: los primeros cazadores.

Veloces, muy fuertes y capaces de volar largas distancias, inmunes a la plata y al sol, eran muy superiores físicamente a sus ancestros. De carácter muy territorial, batallador y dominante, no soportaban la presencia de otros como ellos en su territorio, y atacaban con fiereza tanto a los de su misma clase, para expulsarles, como a vampiros, hombres lobo y en general a cualquier clase de criatura que pusiera en peligro su fuente de alimentación: la sangre procedente de magos y en ocasiones, de ciertos muggles. El afán de lucha llevaba a los primeros individuos a pelear interminablemente entre si, disputándose el territorio, haciendo casi imposible su reproducción.

La apetencia por la sangre, ineludible e imperiosa, sin embargo no les llevaba a matar a sus victimas, mas que dispuestas a complacer al cazador, ya que la mordedura, proporciona una euforia y una gran sensación de placer, diferente para cada persona. Sin embargo, para poder alimentarse sin matar a su donante, el cazador debe haberla marcado voluntariamente al menos un día antes con su saliva, bien lamiendo su piel o mejor aun besándola, ya que de esta manera introducen en el cuerpo del futuro donante la antitoxina que les permitirá sobrevivir al veneno de sus colmillos, mas tóxico que el del basilisco, convirtiéndolo en una especie de estimulante.

La estrecha relación necesaria entre donantes y cazador propició la creación de un intenso vínculo entre los magos y los cazadores, y al cabo de algunas generaciones y dado que estas primeras criaturas casi nunca se reprodujeron entre sí, optando por mantener relaciones sexuales con magos o veelas, su sangre se fue refinando y se fijaron otras características en la raza.

Musculosos y atléticos y poderosos, especialmente hábiles a la hora de controlar el fuego con la magia. Con un gran magnetismo personal y genio vivo, fieros protectores de su clan– pequeño grupo del cual se alimentan y en el cual confían - entre ellos eligen a su pareja, y pasan a beber fundamentalmente de esta, a la que son completamente leales, aunque antes de esto, pueden ser muy promiscuos. Su mayor debilidad, al igual que las veelas, son precisamente sus parejas (Nunca vampiros y muy rara vez hombres lobo). Su saliva hace inmune al clan a la mordedura de ambos e incluso convierte la licantropía ya adquirida en poco mas que una forma de animago influida por la luna) y aunque ocasionalmente pueden llegar a tomar otra si la primera muere,- especialmente si son muy jóvenes - suelen languidecer de tristeza y morir poco después, ya que se entregan a ellas y las aman con fiereza.

Sus vínculos con su clan y su pareja les dan una estabilidad y arraigo emocional con el entorno. Solo cuando se emparejan logran el pleno dominio de sus poderes, y sobre todo de sus alas, que pueden usarse a modo de escudo físico, siendo extremadamente inestables hasta que lo hacen, susceptibles a súbitos cambios de humor que solo remitirán tras la aceptación de su pareja. Si esta les rechaza, su depresión puede ser tan profunda que les lleve a dejar de alimentarse. La sed les resulta muy dolorosa, aunque ha de ser extrema para ocasionar daño físico, y se castigan a si mismos por no ser merecedores de su elegido o elegida.

Tradicionalmente han sido considerados criaturas peligrosas y oscuras, una clase de vampiros especialmente letal, aunque realmente son inofensivos si no se molesta a su clan o su familia, potencialmente son letales gracias a su ponzoña, a su domino innato de la magia sin varita y a su habilidad para controlar el fuego y bloquear el efecto de los hechizos. La habilidad para leer los sentimientos y emociones de los demás, junto con un gran magnetismo personal, les hace grandes líderes, capaces de arrastrar a los demás.

Hasta alcanzar la edad adulta, a los 17 años, pasan por magos casi normales, y tras una penosa y dolorosísima transformación física, que se prolonga durante días, y durante la cual, dependen por completo de sus cuidadores, alcanzan la madurez física. Estos deben alimentarles con sangre, e incluso bañarles con ella, ya que cualquier magia, poción o alimentos, serán rechazados, y pueden poner en peligro la vida del cazador.

Este proceso, es la causa fundamental de su catalogación, ya que, en la mayoría de las ocasiones, el cazador nace en el seno de una familia de magos que no es consciente de su herencia y la necesidad de sangre puede llevarle a morder a las personas próximas, en un desesperado intento de calmar el dolor de la transformación. En este estado, la mordedura es muy dolorosa, aunque no mortal, y ocasiona rechazo. Si no recibe suficiente sangre, la transición no será completa. La mente del sujeto es la primera afectada, y las alas no llegan a desarrollarse o lo hacen deficientemente.

Hasta que se descubrió esto, se consideró que se trataba de algún tipo de maldición, transmisible como la Licantropía y dado que los sujetos no recibían habitualmente las atenciones apropiadas, se convertían en seres muy poco racionales, la mente dañada irreversiblemente, guiada tan solo por el instinto de supervivencia. Sin el control de una mente racional, y con grandes poderes, son muy difícilmente tratables y acababan siendo aniquilados como si de bestias rabiosas se tratase.

Nadie sabe a ciencia cierta porqué a veces pasan varias generaciones sin que nazca un cazador en una familia, pero el caso es que siempre se puede encontrar el rastro buscando entre los ancestros de un nuevo cazador. La mayoría de antiguas familias de magos son portadoras del gen, y se cree que esté permanece dormido, sin que se sepa que es lo que provoca su reemergencia.

Releyó una y otra vez el texto, asegurándose de haber traducido correctamente y ojeó las siguientes páginas. Más ilustraciones, una de ellas mostrando a una muchacha retorciéndose mientras la bañaban en sangre, llenaban las siguientes páginas, así como reseñas de los cazadores destacados a lo largo la historia.

Harry vio que sus poderes entre otros, eran de índole mental, permitiéndole manipular en cierto grado a las personas a su alrededor, influyendo en ellas como las veelas o los vampiros, aunque de manera diferente, ya que su poder era mas empático, podía "ver" las emociones de los demás, y actuar en consecuencia. La legilimancia era una cosa, pero en cierta medida el sería capaz de acceder a algunos pensamientos y recuerdos de los demás, de manera totalmente indetectable, y sin que hubiese barrera alguna que pudiera detenerlo.

Harry miró a Draco, aun asimilando la información y una súbita impresión le asaltó. Draco se callaba algo, algo importante, y frunció el ceño. Su voz se hizo un tanto seria y surgió más grave de lo que era antes de su cambio, sonando mucho más adulta:

Draco, prometiste no ocultarme nada, verdad?

En realidad no, solo no mentirte, pero supongo que ahora es prácticamente lo mismo no?

El rubio se removió inquieto y tras dedicarle una mirada nerviosa, murmuró bajando levemente los ojos, exhalando angustia en cada gesto:

Soy medio veela Harry, un veela dominante, para ser precisos. Y parece ser que desafortunadamente, eras mi compañero.

EL Griffindor alzó las cejas, y sus ojos verdes relucieron peligrosamente. Las palabras del Slytherin se contradecían con sus emociones, y aunque apenas llevaba horas en su nuevo ser, sus instintos le urgían a creer en los sentimientos que desprendía el joven veela. Su tono se hizo frío, como si estuviese conteniendo el enfado, y su ceño se frunció levemente, mientras sus brazos se cruzaban delante del poderoso pecho.

¿Era? ¿Desafortunadamente?

El rubio tragó saliva y se retorció interiormente de ansiedad y frustración, mientras sus ojos eran los únicos que traicionaban sus sentimientos, la mascara de la corrección aun puesta en su lugar.

No, no me interpretes mal, Harry. Eras cuanto podría desear, pero ahora... es imposible.

¿Te repele en lo que me he convertido Draco?

La ola de dolor del joven rompió finalmente su compostura y su voz se quebró cuando murmuró, los ojos suplicando la comprensión del otro.

No, pero entiéndelo! Eres una criatura tremendamente dominante, y mi lado veela también Harry. No se puede emparejar a dos varones dominantes...

El moreno se levantó y Draco retrocedió ante su mirada, derribando la silla en su urgencia por alejarse del Griffindor, que exhalaba poder por cada poro. Acorralándolo contra la pared, las manos de Harry se situaron a cada lado de los costados del joven veela, sin tocarlo. Poco a poco, y mientras sus ojos relucían cada vez más y su sonrisa se ensanchaba, la poderosa criatura en que se había convertido Harry dejó que su aliento se mezclara con el del rubio, presionadole contra la pared con su cuerpo y capturando finalmente sus labios con los suyos.

Draco gimió y cuando el moreno lamió su boca, le dio acceso, olvidando cualquier otra cosa, perdido en el placer de tener a tan bella y poderosa criatura invadiendo su boca. El beso se hizo salvaje, y el cazador mordió levemente su lengua, sin lastimarle, arrancando nuevos gemidos, hasta que la erección de Draco se hizo patente y el rubio le abrazó, arqueando las caderas contra él en busca de fricción. Cuando el veneno comenzó a circular por su sangre, Draco gritó en la boca del moreno, derramándose en los pantalones, mientras que el Griffindor hacía lo propio.

Poco a poco, los muchachos recobraron la respiración y Harry murmuró en su oído, con voz ronca por el sexo:

-Yo no encuentro problema alguno Draco.

El Slytherin jadeó aun recostado en la pared de piedra, las mejillas arreboladas, y una lágrima se deslizó entre sus pestañas color caramelo. Su dolor y confusión sustituyeron a la pasión, y Harry retrocedió un paso, parpadeando confuso a su vez.

"Si realmente la veela en Draco siente que yo soy su otra mitad, ¿Qué hay de malo en ello?"

Los ojos plateados del muchacho se miraron en los suyos, y Harry se percató de que un cierto miedo emanaba de Draco. Los pensamientos del rubio se volvieron tumultuosos, y el rechazo a ser dominado físicamente destacó entre ellos. El Griffindor retrocedió un poco más, dejándole espacio para alejarse de él. Con derrota en la voz el rubio murmuró:

Daría cualquier cosa por que esto fuera de otra manera.

Con voz algo mas calmada e intentando mantener una frialdad que distaba de sentir, el Griffindor se alejó y murmuró:

Siento...

Una mano se posó sobre sus labios, acallándole y con una dulzura infinita el rubio le interrumpió.

No, no lo digas. Porque no es cierto y lo sabes. Supongo que tendré que conformarme con ser parte de tu clan, Harry.

El joven cazador le acarició el cabello y musitó con suavidad, sinceramente agradecido.

Gracias por lo que has hecho por mí, Draco.

El rubio se dejó caer en la silla y asintió en silencio, demasiado acongojado para hablar y Harry le contempló en silencio. Tal vez Draco era su futuro compañero, pero para eso debía vencer el miedo que ahora le atenazaba, impidiéndole aceptarle plenamente.