Amor terco.
Capítulo 2.
Tal vez era estúpido que Riku sintiera algo por Naminé y que ella ni siquiera se diera cuenta. Patético, mejor dicho. Dejando pistas de vez en cuando que ella no notaba, invitándola por algún café diciendo que solo era una salida amistosa— por supuesto que no era amistosa. Era una maldita cita, y según él, ya estaban en la décima.
No era que tenía una obsesión con ella… no, ¡por supuesto que no! Que ridícula idea; él estaba perfectamente estable y la única cosa a la que él le podía llamar obsesión era a esas malteadas de fruta paopu que tanto le gustaba. Pero aun así, ¿por qué tiene registro de todas las veces que han salido?
Hasta lo ha memorizado.
Cada vez que ella tocaba su mano o lo abrazaba, las mejillas del joven de cabello plateado se calentaban y se cubrían de un color carmesí. Naminé, por otra parte, sonreía y su cara se veía igual de pálida que siempre. Nunca había trazos de rubor, siempre era lo mismo y ya se estaba hartando.
¿¡Por qué era tan difícil que se diera cuenta de cómo se sentía!? ¡Ya todos lo sabían! Pero como todo es tan cliché en este mundo, solo faltaba ella para que abriera los ojos. Parecía más interesada en sus pinturas que en él… Era simplemente frustrante e irritante que no pudiera confesar sus sentimientos por miedo a arruinar todo.
Su amistad, específicamente.
Ya no hablarían tanto como lo hacen ahora, ya no saldrían tanto… en pocas palabras, nada sería igual y eso lo aterrorizaba. No podía imaginarse una vida sin ella gracias a que estaba tan acostumbrado de verla; a veces pensaba que eso era en parte algo malo… Necesitaba aprender a estar sin Naminé, pero… ¿cómo?
No había un solo día en el que no pensara en ella—
"Riku."
"¿Huh?"
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por una voz femenina. De ella, para ser más precisos. Sus ojos se abrieron y parpadeó una, dos y tres veces hasta que volvió a la realidad, mirándola confundido. La rubia suspiró pesadamente y, con su dedo índice, apunto a su bolsillo en donde su celular estaba vibrando continuamente.
"Ah…" Fue lo único que pudo decir, sacando su celular y mirando quién lo estaba llamando. Sora. Algo indeciso presionó contestar, acomodando el aparato electrónico en su oído. "¿Hola? ¿Qué? Sora, cálmate, no te entiendo… ¿Que Roxas qué? ¿Eh? ¿No lo encuentran? Ah, estas con Xion… Está bien, les ayudaremos… Adiós."
"… ¿qué rayos fue eso?"
"Sora."
"Oh."
"Me ha dicho que no encuentran a Roxas y que necesitan nuestra ayuda." Le explicó cansadamente, cerrando sus ojos y pasando una mano por su cabello largo. No tenía muchas ganas de buscarlo, sinceramente. "Así que… ¿les ayudamos o…?"
"Supongo que no perdemos nada… Oh," Naminé fue interrumpida por el timbre de su celular que era apenas audible para ellos a pesar de todo el ruido que había. "¿Hola? Ah, Kairi, que bien que me has llamado… ¿Hm? ¿Te vas? Pero si no hemos estado aquí tanto tiempo… Bueno, como sea, antes de que te vayas, no sé si Sora ya te dijo sobre— oh, ¿ya? ¿Lo encontraste? Huh… está bien, yo les avisaré a los demás… Sí, claro, adiós…"
"… ¿qué?"
"No te preocupes, yo estoy tan confundida como tú lo estas," Le aseguró la rubia, poniendo una mano en su hombro y sacudiendo su cabeza. "Kairi dijo que ya encontró a Roxas y que no se preocuparan por él. Ya se va a ir a su casa para hacer unas cosas o algo así… Además ella también se va a ir, así que avisémosle a Sora y a Xion sobre esto."
"¿Te apetece caminar? No me quiero gastar el saldo…"
A veces a Naminé se le olvidaba que era Riku con quien estaba hablando.
"Sí, sí, como quieras…" Murmuró ella en voz baja, sujetando fuertemente una bolsa con pinceles y pinturas nuevas que había comprado. "Ahora… ¿por dónde empezamos? Digo, este lugar es muy grande… ¿en serio no puedes llamarlo o algo?"
"No. Conociendo a Sora, tal vez se aburrió y fue por algún helado o por la cosa más infantil que a alguien se le puede ocurrir."
"Y siendo amiga de Xion el tiempo suficiente, estoy segura de que lo siguió solo porque tal vez está deprimida… Entonces, ¿buscamos por la heladería? Creo que hay una por aquí…"
Él asintió levemente, guardó sus manos en sus bolsillos y comenzó a caminar junto con ella. Ambos no tenían algo que decir, así que simplemente se quedaron callados, y por un momento a Riku le pareció frustrante; Naminé no era muy extrovertida, pero era normal que hablara cuando caminaba junto con alguien. Lo hacía con Sora y los demás, pero no con él.
¿Será que no se sentía cómoda?
No—no podía ser eso. Se conocían desde que eran pequeños y no había razón de actuar así cuando estaban juntos. Tal vez eran los más callados del grupo, pero tampoco eran mudos…
"Naminé."
"¿Hm?"
"… ¿por qué estás tan callada? ¿Acaso no te sientes cómoda conmigo?"
Naminé se detuvo bruscamente a la pregunta tan… 'sincera' e 'inesperada' que su amigo le hizo. A decir verdad, hasta él estaba sorprendido por lo que dijo, pero no se arrepintió ni por un segundo. Es más, le dio un poco de confianza en sí mismo. Con el ceño fruncido, ella lo volteó a ver, esperando que alargara su pregunta, pero Riku se quedó callado.
"¿qué te hace pensar en eso?"
'Todo'. "¿sabes qué? Olvídalo…"
No muy convencida, aceptó lo que él le dijo solo porque parecía estar algo molesto. Caminaron hacia la heladería y se dieron cuenta de que sus sospechas estaban correctas; pudieron divisar a una pelinegra y a un castaño a lo lejos con helados de sal de mar y caras algo tristes. Se dirigieron hacia ellos y por fin se dieron cuenta de sus presencias.
"¡Ah, Riku, Naminé! ¿Algo nuevo?"
"De hecho, sí… Kairi se ha encontrado con Roxas y se han ido a casa los dos. Me dijo que les avisara que no se preocuparan por él y otras cosas más…"
"¡Ese tonto!" Xion bufó, cruzándose de brazos y suspirando pesadamente. "Bueno, supongo que yo también debo de irme. Ya he terminado de comprar y debo de regañar a Roxas por preocuparme… Ugh, también debo de avisarle a Ventus… Huh, será mejor que empiece ya… ¡Les veré luego!"
Los tres amigos se despidieron de ella y la vieron correr hasta que la perdieron de vista gracias a la multitud de gente que había. Cuando se fue, Sora soltó un suspiro que mostraba lo largo que le pareció el día y prosiguió por sonreír un poco mientras lamía su helado que tanto le gustaba comer.
"Qué día más pesado…"
"Chicos, creo que debo irme… ¿Les llamo luego?"
Ambos jóvenes asintieron levemente a su pregunta y ella sonrió levemente, dándoles un abrazo rápido a cada uno y despidiéndose con su mano mientras se alejaba. Sora volteó a ver a su amigo con una mirada juguetona, recibiendo un golpe en el brazo de parte de Riku y un gruñido.
"¡Ouch! ¡Perdón!"
No era alguien que saliera mucho a restaurantes caros, pero solo por ella lo haría. Tampoco le encantaba usar trajes elegantes, pero tal vez no lo dejarían entrar si usaba ropa casual, así que se tuvo que poner uno y cuando lo hizo, se miró en el espejo para ver si se veía bien. Lo único que le gustaba era su cabello que estaba algo desordenado.
Así le gustaba a ella, ¿no?
Habían acordado en verse afuera del restaurante más famoso de las islas del destino— no estaba muy lejos de su hogar, pero tampoco cerca. No podía esperar a verla… hace mucho que no salían así.
Suspiró con una leve sonrisa mientras que abría la puerta de su hogar, tomaba las llaves de su auto y salía de su casa. Verificó si traía su billetera antes de subirse al carro, mirando la hora en su reloj: 7:32 p.m., tenía media hora para comprar un ramo de flores (rosas rojas para ser más exactos) y llegar a las afueras del restaurante.
En el camino no podía de dejar de pensar en ella y en su bello rostro que lo tenía hipnotizado. Afortunadamente encontró a alguien que vendía ramos de rosas de diferentes colores cuando el semáforo estaba en rojo, así que aprovechó en comprar uno de rosas rojas. Según él, significaba amor.
Justo lo que sentía.
Estacionó su carro y miró de reojo al reloj otra vez, dándose cuenta de que llegó ocho minutos más temprano. Miró las calles y a las personas que entraban al restaurante con ropa elegante y vestidos; le asqueaba, pero debía de acostumbrarse. Las calles estaban llenas y mucha gente estaba hablando y caminando. Le parecía irritante todo este sonido, pero no podía hacer nada.
"¡Hey!"
Una voz femenina lo llamó, sobresaltándolo un poco gracias al hecho de que fue muy repentina su llamada. Miró a su lado derecho y por fin la vio; traía un vestido de su color favorito que resaltaba sus curvas y usaba un poco de maquillaje junto con un pequeño bolso que traía en sus manos.
"Por fin llegas…" Murmuró con un tono enojado que claramente era falso, haciéndola reír un poco. "¿Sabes? Con ese atuendo me ha dado otro tipo de hambre—"
"Sh," Lo interrumpió poniendo un dedo en sus labios y le guiño el ojo pícaramente. "Vamos a casa y veremos qué podemos hacer con toda esa hambre, ¿ok? La cena puede esperar otro día…"
No podía estar más de acuerdo con lo que ella había dicho.
Ambos rieron pícaramente mientras entraban al carro oscuro, constantemente burlándose de cualquier tontería. Él no era así de infantil pero cuando estaba con ella, no podía ser contagiado por la hiperactividad que irradiaba. El camino estuvo lleno de sus risas y cantaron una que otra canción que estuviera en la radio.
Unas cuantas gotas de lluvia comenzaron a caer mientras que estacionaban el carro en el hogar de la joven. Con sonrisas entraron al lugar rápidamente; a ella no le gustaba mucho la lluvia, pero a él no le importaba demasiado. El chico miró el interior de la casa— había venido tantas veces que la conocía perfectamente.
La decoración era mucha, pero no le interesaba del todo.
"Iré a cambiarme,"
"Ah, ¿en serio? Y yo que pensaba que te quedarías con ese vestido… No es justo que yo tenga que usar este traje incómodo y tu pijamas, ¿sabes?"
"Supongo que tienes razón," Murmuró en voz baja, envolviéndolo con sus brazos y sonriendo levemente, acción que él correspondió con gusto. "¿Qué deberíamos de hacer antes de que el día acabe? No hemos hecho mucho…"
"Hm… tal vez podemos desordenar las sábanas—"
"¡Oye!" Exclamó juguetonamente ella, separándose y dándole un golpe no muy fuerte en el brazo mientras que él le daba otra mirada burlona. "Eres un pervertido de primera… Y pensar que eres diferente cuando estamos con los demás,"
"No me hables de esos idiotas, ¿quieres? Es gracioso que crean que somos sus amigos…" masculló el joven, rodando sus ojos al imaginarlos a 'ellos'; no podía evitar sentirse irritado o enojado al pensar en eso. "Son demasiado ciegos y crédulos."
"¡Tienes razón! ¿Cómo es que no se han dado cuenta?" Se burló ella con una sonrisa algo perturbadora que compartía junto con él. "Digo, es más que obvio lo que está pasando, ¿no crees?"
"Exacto, pero mejor dejemos de hablar de esos estúpidos. No tiene caso burlarnos de ellos más de lo que ya lo hacemos."
"Estoy de acuerdo, aunque debes de admitir que es divertido. Digo, simplemente son como unos títeres o algo así…"
"Hm, cierto…" Contestó en voz baja él, envolviéndola en un abrazo y, siendo más alto que ella, recargó su mentón en el cabello de la chica. "Adoro estar contigo, ¿sabes? Es como escapar de este lugar lleno de mentirosos."
Por supuesto que ellos estaban en lo correcto, ¿no? Engañar a sus amigos e insultarlos a sus espaldas es lo que toda persona normal hace— por supuesto… Ella también creía lo mismo y si algún día los descubrían, no le importaría en lo más mínimo. De todas formas siempre caían por sus mentiras…
Ambos sonrieron maliciosamente antes de que él la pudiera besar, algo que ella con gusto correspondió sin pensarlo dos veces. Se sentían… ¿felices? Sí, parecía ser eso… Solo eran personas comunes y corrientes que les gustaba estar juntos y compartir el tiempo que pudieran. No habían hecho nada malo.
La chica jugaba con el cabello de él mientras que el joven ponía sus dos manos en su cintura. El único sonido que se escuchaba era el del reloj, sonando constantemente hasta que los dos perdieron un poco la paciencia y se separaron. Ella rodó sus ojos, algo molesta y decepcionada como él.
"Ah, maldita sea…"
"Ya, ya, tranquilo…"
"… ¿te he dicho lo mucho que te amo?"
La mujer respondió sacudiendo su cabeza de arriba hacia abajo, soltando una risita que era música para sus oídos. Tomó su mano, entrelazó sus dedos con los de él y se dirigieron hacia el sofá, sentándose y abrazándose por un largo periodo de tiempo hasta que ella rompió el sorprendentemente cómodo silencio.
"Te amo, Roxas."
"Te amo, Kairi."
[I_a m_f * c k e d_i n_t h e_h e a d,_a n d_m y_m i n d_i s_a_ w h * r e.]
hahahHAHHAHAHA
Yes. It begins.
Antes que nada, estuve escribiendo 'él' y 'ella' en vez de sus nombres por "obvias razones", supongo. Pero aun así estoy segura de que mi sorpresa haya causado alguna reacción… surprise!(?)
Perdón si he confundido a alguien. Creo que las respuestas van a estar en los siguientes capítulos…
Sí, ya pueden tirarme tomates… lo siento.
¿Review? uvu Yo eh… necesito sus opiniones:)…
(¿por qué hago los capítulos tan cortos? espero que no se vea apresurado...)
