CAPÍTULO 1
CAPÍTULO 1 El testigo
Septiembre 2006
EL PROFETA
NUEVO ATAQUE DE "LOS RENEGADOS".
Londres. Lavender Brown. Jeff y Marina Wallace, ambos funcionarios del ministerio, fueron asesinados ayer en lo que parece un nuevo golpe de los Renegados, la banda criminal supuestamente dirigida por el mortífago Draco Malfoy. El cuerpo de Jeff Wallace presentaba señales de haber sido torturado. A juzgar por el estado de la casa, la primera teoría de los aurores es que los Renegados estaban buscando algo que podían poseer los Wallace, aunque aún se ignora si consiguieron encontrarlo o qué clase de objeto puede ser. La posibilidad de que se trate de algún horrorcrux no ha sido descartada.
Con este han sido cinco los asesinatos de esta banda criminal en lo que va de año. El ministerio ha vuelto a recordar la importancia de seguir las normas elementales de seguridad. Recuerden que deben revisar los ecantamientos protectores de sus hogares y confirmar la identidad de las personas que tengan acceso a ellos.
Harry frunció el ceño cuando terminó de leer la noticia. Los Renegados era el nombre con el que se hacían llamar ahora los mortífagos supervivientes liderados por Malfoy. Habían empezado a actuar en el 2003 y sólo bajo ese nombre habían matado ya a doce personas. Siempre que daban un nuevo golpe se sentía miserablemente culpable. Aún no podía creer que hubiera sido tan idiota como para apiadarse de aquella serpiente traicionera y cruel. Si no hubiera sido por su estúpida debilidad, Malfoy sólo sería un cuerpo sin alma y toda esa gente inocente seguiría viva. Gran jugada del Salvador del Mundo Mágico. Si no había terminado detrás de un escritorio rellenando informes había sido sólo porque, idiota o no, seguía siendo el mago más poderoso de Inglaterra. Y bueno, había tenido ocasión de demostrarlo y hacer olvidar más o menos aquel error de novato, pero para él seguía siendo una espinita clavada en su corazón. Si alguna vez pillaba a Malfoy iba a hacérselo pagar. Oh, sí.
-Harry, ¿puedes pasarte por el callejón Diagón antes de volver a casa y comprar una botella de poción contra los hornklups?-le preguntó Ginny, que estaba ojeando el último número de "Corazón de bruja".
-Claro.
-¿Seguro? Si se te va a olvidar, dímelo e iré yo. Si lo dejamos pasar, el jardín se echará a perder.
-¿Cómo quieres que sepa si voy a olvidarme?-preguntó Harry, intrigado.
-¿Lo traerás o no?
-Que sí.
Ginny le sonrió y le mandó un beso y Harry le devolvió la sonrisa, contento de verla de buen humor. Últimamente tenía la sensación de que se estaban distanciando, demasiado ocupados en sus respectivos trabajos. Los turnos de los aurores eran una maldición, pero tampoco ayudaba que Ginny fuera la Buscadora de los Puddlemere United. Cuando estaban en plena temporada se pasaba la mitad del tiempo en las concentraciones del equipo. Podían pasar tres, cuatro días sin verse, y entonces ya no se lanzaban el uno en el brazo del otro como antes, sino que se miraban como si acabaran de recordar que vivían con alguien,
"Mala señal, Harry. Mala señal". A veces ya no sabía si estaba realmente enamorado de ella, pero... ¿importaba demasiado? Si no estaba enamorado, al menos estaba seguro de que la quería. No se imaginaba pasando su vida con otra persona. Además, no tenía intención de perder a los Weasley divorciándose de Ginny. Y todas las parejas pasaban por malas etapas. Hermione había pasado una semana en casa de sus padres después de una pelea monumental con Ron. Remus y Tonks iban y venían (¿cómo era posible que la auror no se diera cuenta de que Lunático se pasaba la mitad del tiempo añorando a Sirius Black?). Fleur había echado de casa a Bill Weasley una docena de veces. Probablemente a él y a Ginny sólo les estaba pasando lo mismo.
Ron hizo su aparición habitual por la chimenea y se sirvió su no menos habitual segundo desayuno.
-Es un misterio que no estés absolutamente gordo.
-La madre Naturaleza me ha bendecido con una constitución atlética-replicó Ron, masticando con gusto una tostada con mermelada.
-Eso es porque aún eres joven-dijo su hermana-. Si sigues comiendo así, serás un viejo tan gordo como el tío de Harry.
-Nadie puede ser tan gordo como el tío de Harry.
-Mi primo, sí.
-Excepto el ballenato, cierto. ¿Quedamos este sábado para cenar después del partido?
Ginny y Harry intercambiaron una mirada y asintieron.
-Claro.
-¿Te has enterado del nuevo asesinato?-le preguntó Harry a Ron, en el ministerio.
-Sí, lo he leído esta mañana. Son unos hijos de puta. Señales de haber sido torturado... Vete a saber lo que significa eso.
Harry meneó la cabeza. Lo único que le consolaba respecto a la fuga de Malfoy era que la secretaria a la que alguno de sus cómplices había suplantado con poción multijugos no había sufrido ningún daño.
-Ojalá Robards nos asignara ese caso.
Ron sabía perfectamente por qué lo decía y le dio una palmadita en el hombro.
-No te atormentes, colega. Eres demasiado bueno, ese es tu problema. Pero nos gusta que seas así, tan tierno y dulce-añadió, en tono burlón.
-No seré tan bueno si me lo encuentro.
-Eras un novato, Harry.
La mayoría de aurores habían llegado ya y esperaban sus misiones. Gawain Robards, el jefe del departamento, llegó a las nueve en punto y les saludó con su gruñido habitual un segundo antes de ponerse a hablar del trabajo del día. Tonks y su equipo andaban detrás de unos traficantes de snidgets. El de Shacklebolt estaba investigando unos rumores sobre una secta satánica que operaba en Escocia, cerca de Aberdeen. Ron y él dieron un respingo de interés cuando oyeron como Robards les mandaba acercarse a casa de los Wallace e investigar los encantamientos de seguridad de la casa.
-Todos sus amigos y familiares dicen que eran dos paranoicos que jamás bajaban los escudos. Si los han forzado, quiero saber cómo ocurrió.
No era exactamente como estar asignado al caso, pero se acercaba bastante Harry se sintió como un sabueso tras un rastro fresco. Quizás podía encontrar algo que ayudara a capturar a Malfoy. La necesidad de reparar su antiguo error era acuciante. Le hubiera gustado Aparecerse allí y empezar a trabajar cuanto antes, pero como ni él ni Ron habían estado nunca en casa de los Wallace tuvieron que ir al depósito de escobas y subir con ellas a la azotea.
-Si lo hubiera sabido, habría traído la mía-comentó, mirando con cierto desprecio la vieja Nimbus 2000 que tenía en la mano.
-Atrapaste muchas snitch con una escoba como esa-le recordó Ron, lanzándose a sí mismo un encantamiento Desilusionador para que los muggles no pudieran verlo.
Harry tomó la misma precaución y pronto estuvieron volando en dirección a la casa de las víctimas más recientes de los Renegados. Había leído el informe sobre ellos antes de salir de la oficina. Ella era una Ravenclaw que trabajaba en el Departamento de Relaciones Mágicas Internacionales. Él era un Inefable, lo cual iba a complicar la investigación porque nadie les contaría nunca a qué se dedicaba aunque tuviera relación directa con su muerte. Y un Slytherin que había luchado contra Voldemort. Posiblemente Malfoy y los suyos habían querido vengarse de él por ello.
Cuando llegaron allí, ya había tres aurores examinando el interior de la casa. Harry y Ron pasaron a saludarlos y a curiosear un poco. Los cuerpos ya habían sido retirados, aunque a los dos les interesaba mucho más enterarse de si habían descubierto algo. Después dedicaron la mañana a inspeccionar el estado de los encantamientos protectores. No era un trabajo apasionante, pero Harry había resultado ser bastante bueno en eso. Sus habilidades mágicas estaban tan desarrolladas que a veces simplemente sentía ese tipo de cosas. Y poco después del mediodía ya estaba bastante seguro de cómo habían conseguido romper los escudos. Había sido un contrahechizo muy limpio; los agresores habían tenido una idea muy clara de a qué se enfrentaban.
-Es posible entonces que haya sido alguien conocido-murmuró Ron, reflexivo.
-Desde luego, conocía bien estos encantamientos.
-Wallace era un Slytherin. Puede tener más de un primo en la banda de Malfoy.
A veces Harry sospechaba que había Renegados infiltrados en la sociedad, seguidores de Voldemort que no habían llegado a tomar la Marca Tenebrosa y que, libres de sospechas tras la guerra-o todo lo libres que podían estar los Slytherin-, estaban haciendo un doble juego y protegiendo a sus antiguos compinches. No era el único que creía tal cosa, pero de momento no habían encontrado pruebas sólidas de ello.
Un alboroto en el interior de la casa les hizo acudir para ver lo que pasaba y se encontraron a sus compañeros mirando con aire de culpa una vitrina con trofeos escolares y fotos tirada en el suelo y hecha añicos.
-Un accidente-aclaró el auror al cargo, mirando a uno de sus ayudantes con exasperación.
Los aurores empezaron a recogerlo y arreglarlo todo con su mejor voluntad y Harry aprovechó para preguntar si habían encontrado algo más a lo largo de la mañana. El jefe del equipo habló de unos pelos en el dormitorio principal que no parecían corresponder a ninguno de los ocupantes de la casa. Se los habían llevado ya a la oficina central para que prepararan poción multijugos con ellos y descubrieran en quién se convertían.
-¿Eran rubios?
-No, morenos.
Pero eso no quería decir nada, claro. Malfoy podía haberse oscurecido el cabello o podía ser de alguno de sus secuaces. La R rodeada por un círculo en las paredes del salón era la señal de los Renegados.
Cuando la vitrina regresó a su sitio, Harry y Ron volvieron a salir afuera. El pelirrojo quería marcharse ya, pero Harry sentía curiosidad por saber si encontraban algo en el despacho de los Wallace y quería quedarse un rato más.
-Dile a Robards que voy a quedarme a repasar los hechizos. En media hora estoy allí, ¿vale?
Ron se encogió de hombros.
-Como quieras. Pero no pienso hacer yo solo el informe. Te dejaré la parte técnica a ti.
-Trato hecho.
Así que Ron se Desapareció y él se quedó dando vueltas alrededor de la casa, examinando las huellas. Los aurores y los periodistas habían dejado también las suyas, así que la información que ofrecían era muy confusa.
Entonces oyó un chasquido y se giró rápida e instintivamente en dirección al ruido.
A unos cincuenta metros de distancia, medio oculto tras un árbol, un chiquillo de nueve o diez años lo observaba con ojos muy abiertos antes de dar media vuelta y echar a correr. Harry no lo dudó y empezó a perseguirlo, pensando en quién podría ser. Los Wallace sólo tenían una hija y no había familias de magos en los alrededores. Y los muggles no podían acercarse nunca a las casas mágicas, si estaban tan hechizadas como aquella.
-¡Espera! ¡No quiero hacerte daño! ¡Espera!
El chiquillo era rápido, pero Harry también y tenía las piernas más largas, así que no tardó en alcanzarlo. Cuando lo sujetó del brazo, el niño empezó a gritar y a forcejar para soltarse. Harry lo inmovilizó con cuidado mientras le hablaba en tono que esperaba que fuera tranquilizador. Quién sabe lo que había visto, quizás estaba traumatizado.
-No voy a hacerte daño. Sólo quiero hablar contigo, ¿vale? Tranquilo...Soy un auror, no tienes de qué preocuparte.
-¿Qué es un auror?-preguntó el niño, sin abandonar del todo la lucha.
Harry lo miró, sorprendido.
-¿Eres un muggle?
-¡Eso lo serás tú!
-¡Estáte quieto! ¿Sabes lo que es un muggle?
-¡Quiero que me sueltes!
-Soy Harry Potter.
-¡Eres un pervertido! ¡Suéltame o llamaré a mis padres!
Tenía que ser muggle. Harry no era muy vanidoso, pero sabía que no había nadie en el mundo mágico que no hubiera oído hablar de él. Pero... ¿cómo era posible que un muggle se hubiera acercado tanto a una casa mágica? Sólo había una explicación posible.
-Vamos a hacer una cosa. Te voy a hacer una pregunta. Cuando me la contestes, te soltaré, ¿de acuerdo? Pero no debes tener miedo. Soy una especie de policía y nunca te haría daño, ¿está claro? ¿Trato?
-Está bien..-dijo, receloso-. ¿Qué quieres saber?
-¿Alguna vez han pasado cosas raras cerca de ti? Por ejemplo... ¿has visto salir algo volando como si lo hubiera empujado una mano invisible? ¿Has visto aparecer o desaparecer cosas?
Por la expresión del niño, supo que había dado en el clavo. Era un mago de familia de muggles, como Hermione. Probablemente ni siquiera sabía que lo era.
-Mis padres no quieren que hable de eso.
Harry se arriesgó a sujetarlo con una mano y usó la otra para sacar su varita.
-Tus padres no saben que eres un mago, igual que yo.
Con un pequeño movimiento transformó una piedra del suelo, grande como un puño, en un ratón de cola y hocico sonrosados. El chiquillo lo miró con los ojos abiertos de par en par.
-Mooola.
-Gracias. Tú también aprenderás a hacerlo. ¿Cómo te llamas?
-Ian Tennant.
-¿Cuántos años tienes?
-Nueve.
-Pues bien, Ian Tennant, dentro de dos años recibirás una carta para entrar en el Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts. Allí te enseñarán a usar la varita y hacer lo mismo que acabo de hacer yo.
Ian arqueó las cejas con escepticismo.
-Pero yo no soy un mago. Los magos no existen.
-Acabo de convertir una piedra en un ratón.
-Serán efectos especiales.
Harry intentó no reirse.
-¿Efectos especiales? En la vida real no hay efectos especiales.
-Tampoco hay magia.
Harry abrió la boca para discutirle eso, pero volvió a cerrarla. ¿Qué más daba? Lo entendería todo cuando recibiera la carta del colegio.
-Vale, como quieras. Ian, es verdad que soy como un policía. Y ayer pasó algo muy malo en esa casa. ¿Estabas por aquí? ¿Viste algo?-El niño apretó los labios y lo miró con recelo-. No tienes por qué tener miedo. Dime... ¿viste u oíste algo?
Ian se mordió el labio.
-Ellos eran raros-dijo al fin-. La semana pasada los vi haciendo algo con unos... bichos del jardín.
-¿Cómo darles vueltas en el aire y lanzarlos bien lejos?-dijo Harry, suponiendo que estaba desgnomizándolo. El niño asintió-. ¿Qué más viste?
-Ayer... eran las seis o así y... yo sólo estaba mirándolos, ¿vale? Y entonces... no vayas a reirte de mí, ¿eh? Ni a llamarme mentiroso.-Harry le prometió solemnemente que le tomaría en serio-. Entonces aparecieron tres personas frente a la puerta. Como de repente, ¿entiendes? Y luego entraron en la casa. Y... y entonces empecé a oir gritos y ruidos raros y me fui corriendo.
Harry asintió, satisfecho al pensar que tenían un testigo. Pero la situación era delicada. Siendo de padres muggles, había muchas posibilidades de que el ministerio prefiriera prescindir de su testimonio. Si al menos hubiera recibido ya la carta de Hogwarts...
-¿Oíste a alguien decir algo?¿Algún nombre?-El niño se encogió de hombros, no muy seguro, y Harry tomó una decisión-. Ian, voy a probar un hechizo en ti. No te asustes, no te dolerá. Sólo quiero que te concentres en lo que viste y oíste ayer. Yo lo veré como si estuviera dentro de tu cabeza, ¿de acuerdo?
No muy convencido, el niño accedió y Harry lo apuntó con su varita.
-Legeremens.
Tres hombres vestidos de negro habían aparecido frente a la puerta principal. Sus rostros estaban cubiertos por capuchas. En completo silencio apuntaron sus varitas en dirección a la casa y tres rayos azules hicieron saltar unas chispas púrpuras en el aire. Harry comprendió lo que Ian no había podido comprender: habían roto los encantamientos de protección. Un segundo después, desaparecían y empezaban los gritos en el interior de la casa.
-¡Danos lo que queremos o la mataremos!
-¡No sé nada!
-¡Crucio!
Los gritos de Wallace sonaron por todo el bosque.
-¿Dónde está la llave de la puerta?
-¡No sé de qué me estáis hablando!
Los gritos aumentaron de intensidad y de horror y Harry rompió inmediatamente el hechizo cuando se dio cuenta de que Ian había salido corriendo ya y todo lo que iba a ver iba a ser árboles y campo en movimiento. El niño lo miraba con ojos nuevamente asombrados.
-Te he notado dentro de mi cabeza.
-Se llama Legeremancia. Eso también lo aprenderás en el colegio.
Ian empezaba a creer en la magia y empezó a acribillarlo a preguntas Harry le contestó lo mejor que pudo sin entrar en detalles y cuando ya llevaban un buen rato hablando, le preguntó su dirección. El niño se la dio.
-¿Van a venir a hablar conmigo?
-Espero que sí. Pero si no va nadie, será mejor que no le cuentes nada de esto a tus padres, al menos hasta que llegue la carta de Hogwarts, ¿me entiendes?
El niño asintió.
-Sí, paso de que me lleven al loquero. Ahora tengo que irme. Adiós, Harry, nos vemos.
-Adiós. Y no te acerques más la casa, ¿quieres? No es un lugar seguro.
Unos minutos después, Harry entró en el despacho de Robards.
-He encontrado un testigo del ataque-dijo, sin preámbulos.
El jefe de los aurores frunció ligeramente el ceño.
-¿Qué? Cierra la puerta, Potter.-Harry obedeció y se acercó de nuevo a la mesa-. ¿Has encontrado un testigo? ¿Del asesinato de los Wallace?
-Estaba terminando de revisar los encantamientos de protección cuando lo vi. Es un niño llamado Ian Tennant. Vive en una urbanización que hay a tres millas de la casa de los Wallace.
-¿Un niño muggle?-preguntó, con sorpresa e incredulidad.
-Un mago nacido de muggles-corrigió Harry-. Tiene nueve años, así que no había oído hablar de Hogwarts y no sabía nada de nuestro mundo.
Robards estaba obviamente interesado.
-¿Le has interrogado?
-Sí. No estaba seguro de que fueran a permitirle declarar en el Wizengamot, dadas las circunstancias, y pensé que era mejor obtener la información, aunque fuera de manera no oficial.
-Por supuesto. ¿Qué vio?
Harry le contó lo que había descubierto gracias a la Legeremancia.
-Le preguntaban por una llave, la llave de una puerta. Puede que los Wallace guardaran algo en una habitación oculta de la casa, algo que los Renegados estaban muy interesados en encontrar.
-No sé nada de una habitación oculta, pero les diré que repasen la casa.-El auror tamborileó con los dedos sobre el escritorio, pensativo-. Está bien... Potter, ¿le has hablado a alguien de ese niño?
-No, señor.
-¿Ni siquiera a Weasley?
-No, no le he visto. He venido directamente a hablar con usted.
Robards se frotó la barbilla.
-La seguridad de ese niño es ahora nuestra prioridad. Tengo que hablar con el ministro para ver si podemos hacer una excepción con él y hablar con sus padres. Potter, es imperativo que mantengas un silencio absoluto sobre esto. Nadie debe saber de la existencia de ese testigo hasta que no se tome una decisión sobre él, ¿está claro?
-Sí, señor, por supuesto. Señor... a Weasley y a mí nos interesaría mucho estar asignados a este caso.
La chapuza con Malfoy cuatro años atrás flotó entre ambos sin ser nombrada.
-No deberías convertirlo en algo personal.
-Pero es personal, señor-replicó, con firmeza-. Deme una oportunidad, le aseguro que no le defraudaré.
El auror lo miró con una expresión calculadora.
-Déjame pensarlo, Potter-dijo, en tono de despedida. Harry comprendió que no le diera una respuesta ya mismo y se levantó para marcharse. Antes de salir por la puerta, su jefe le habló otra vez-. Y bien hecho, chaval.
-Gracias, señor.
Drakitap, hola, guapísima. Me alegra mucho volver a saludarte. No pude contestar al último comentario de "El nombre...", pero fue para morirse de bonito y me hizo mucha, mucha ilusión. Espero que esta historia también te guste, aunque es más dura, más dramática. De hecho, al principio hay un par de cap que me han quedado decididamente angst. Bueno, ya me irás contando ¿vale? Besitos.
Tefi, hola, me alegro mucho de verte. No te preocupes por lo del otro fic. Y en cuanto a Ginny... seguro que no te cae peor que a mí, jeje.
Lireve, jaja, yo tb te quiero. Este es un fic de aventuras, pero tb habla de lo que puede ocurrir tras una posguerra y todo eso. Espero que te guste!
