Cielos...Me costó muchísimo redactar este capítulo. Muchísimas gracias al anónimo que dejo su review.
De nuevo les pido que dejen sus reviews con sus comentarios, ya sean buenos o malos, y reafirmo mi posición de no montar el siguiente capítulo hasta que me dejen por lo menos un comentario.
Sin mas preámbulos, he aquí el capitulo
El detective Danny Williams se encontraba en su pequeño departamento acostado mirando el techo, no importaba que fuera un poco después de la medianoche, su subconsciente le impedía dormir.
Ya había pasado una semana desde que se encontró el cadáver de Paul Rittney en su costosa mansión, pero el caso no había avanzado para nada y el gobernador estaba sobre ellos ya que "la prensa estaba sobre el"; pero no encontrarían nada, los agentes de Shirfey sabían cubrir bien sus espaldas, esto calmaba cierta parte de la incertidumbre de Danny, pero por otra parte, el caso estaba en manos de McGarrett.
Su obstinado compañero haría todo lo posible para cerrar ese caso, aunque eso significara escarbar en un pasado que no tiene ni idea de que existe. Eso sería un gran problema, si todo llegase a salir a la luz, tendría que tomar a su hija e irse a un lugar donde nunca pudieran encontrarlo, pero no creía poder separarse de su Ohana.
Suspirando el detective se alzó de su sofá que también funcionaba como cama plegable, y se dirigió al baño, allí noto que la semana que llevaba sin dormir pasaba factura: sus ojos normalmente brillantes, en ese momento se encontraban opacos y rodeados de ojeras, su piel estaba muy pálida, como si estuviese desnudo pasando frio en New Jersey, su cabello…
Con un gran estruendo la puerta de su casa se abrió y entraron las dos últimas personas que esperaba ver en ese momento de su vida.
—Buenas noches Timwell—exclamó la chica en la entrada—espero no estar interrumpiendo nada.
El comandante Steve McGarrett no podía creer lo que leía en ese momento, le costaba creerlo, era imposible que aquellos resultados estuviesen correctos, si eso fuese así… ¡No!, debía alejar esos sentimientos de su cabeza, confiaba en su compañero, en su mejor amigo, en su Danno.
—Max, ¿estas totalmente seguro de que esto esta correcto?
—Comandante McGarrett—respondió el forense—yo mismo realice estos análisis, y cuando vi los resultados, lo repetí dos veces más, pero todos arrojaron lo mismo.
—Pero si esto esta correcto significa…
—Que el detective Williams está implicado en el asesinato de Paul Rittney.
Doris McGarrett manejaba a toda velocidad por un rural camino de Hawaii, aunque llevaba la radio sonando a todo volumen, no lograba ocultar el sonido de los golpes en su portaequipajes.
Llevaba casi toda su vida siendo espía, ese era su oficio, su pasión y su adicción, pero jamás pensó que este llegaría a implicarse tanto con 2 de las personas que más quería en el mundo.
Uno de ellos, su hijo, Steve McGarrett, que sin darse cuenta había metido sus narices en un lugar en el que lo más posible es que encontrara la muerte; el otro, su pupilo, el hombre al que le lego todo su conocimiento, un segundo hijo para ella, y al que le había encargado cuidar de su hijo. Ahora todo se caía, las verdades saldrían a la luz, y muchas ilusiones explotarían como una gran burbuja de jabón.
Doris detuvo el carro suspirando de manera cansada, lo que vendría a continuación podría ser su salvación o su perdición, pero prefería perderlo todo al intentar solucionarlo, a perderlo sin haber luchado.
Abrió la puerta del viejo auto, pero antes tomó el arma 9mm que tenía en la guantera, se dirigió hacia la parte de atrás del vehículo, abrió el portaequipajes y golpeó al hombre que estaba adentro con la culata de la pistola.
Minutos después Doris McGarrett se limpiaba la sangre de las manos, aquel hombre no le había servido para nada, perdió tiempo interrogándolo, no lo iba a necesitar nunca más.
Mientras se acercaba a su auto no pudo evitar que una lagrima surcara su rostro, aquel hombre quizás tenía una familia que alimentar, una madre, un padre, unos hijos que lo esperaban ansiosos en casa, pero ella nunca podría saberlo y la culpa la invadía; no era la primera vez que esa emoción llegaba a ella, pero era la primera vez que lloraba por ello.
Entró al carro, arrancó y encendió la radio a todo volumen en la primera emisora que logro captar, pero ni el sonido de Journeyman* lograba callar a su conciencia que le gritaba asesina una y otra vez.
*Journeyman: Primera canción de Iron Maiden completamente acústica. Bruce Dickinson, antes de tocar la canción en Death on the Road, el álbum en vivo, dijo que ésta trata sobre "todo el proceso de escribir canciones y ser un músico", aunque la letra parece estar más centrada en apreciar la vida.
