Creo que algunos habéis pensado que seria solo un shot, pero mi intención no era esa jajajaja serán poquitos capítulos, pero más de uno, aunque supongo que leyendo solo el primer capi como shot también valdria xD Como sea, aquí dejo el segundo capi ;)

Gracias por vuestros comentarios y por seguir leyendome ^_^

Los personajes de OUAT no me pertenecen.


Regina no sabía si esa mañana era más brillante por el sol o por los destellos que hacían que brillase el anillo en su dedo, aunque prefería pensar que era por la mujer que dormía abrazada a su espalda dándola calor, como llevaba haciendo desde aquel día en que casi se congela al caer al mar. Había maldecido a Emma Swan por muchas cosas, la última había sido hacía más de un año cuando se dio cuenta de que se había enamorado de la rubia, pero esas maldiciones se acabaron convirtiendo en cosas de las que estar agradecida. Ahora, cuando pensaba en aquel hechizo que lanzó Tinkerbell tanto tiempo atrás para encontrarle el verdadero amor, no podía evitar reír por lo estúpida que había sido al confiar en la magia para que le encontrara algo que solo ella podía crear, con Emma, no con Robin. No había vuelto a saber nada del ladrón desde que él y su familia cruzaron el portal rumbo a Arendelle para llegar desde allí al Bosque Encantado, y tampoco tenía ganas de saber nada, no le hacía falta, no le importaba. Todo lo que le importaba en la vida estaba en ese momento entre las paredes de su casa: la mujer que respiraba en su pelo y el hijo que dormía dos puertas más allá, lo demás podía desaparecer sin que ella se diese ni cuenta.

Sintió la mano de Emma cerrarse alrededor de la suya antes incluso de que la rubia abriese los ojos.

- Buenos días.

Murmuró en su oído con esa voz de recién levantada que Regina tan pronto había aprendido a querer. Giró un poco la cabeza y le dio un beso en el pómulo.

- Buenos días.

Respondió con una sonrisa que Emma le devolvió somnolienta.

- Hola, prometida.

Dijo la rubia levantando un poco la cabeza para besar a la mujer que iba a ser su esposa, empezó por los labios y fue bajando hasta dejar la cabeza medio apoyada en su hombro, cogiendo la mano de Regina para levantarla y poder mirar el anillo que estaba en su dedo desde el día anterior. No podía dejar de mirarlo y sonreír al ser consciente de lo que significaba.

- No puedo creer que dijeras que sí.

Rio Emma abrazándose con más fuerza a la espalda de Regina.

- Y yo no puedo creer que lo dudaras.

Respondió la morena girándose en los brazos de su prometida para quedar cara a cara. Emma se encogió un poco de hombros.

- No sé, creo que tengo la patente de las meteduras de pata y las cosas que no salen bien, lo normal habría sido que dijeras que no.

Regina rio al escuchar la voz infantil con que había hablado la otra mujer, y rozó la nariz de la rubia con la suya.

- No, eso no habría sido lo normal. Hasta tu madre se extrañó cuando pensó que había dicho que no, deberías haber visto su cara.

Las dos mujeres rieron, era extraño que Mary Margaret aún no se hubiese presentado a revolotear emocionada alrededor de la pareja, pero era de agradecer ese tiempo de intimidad antes de meterse de lleno en los preparativos de la boda.

- ¿Sabes? Al principio dudé de si pedírtelo o no. – Dijo Emma con otro encogimiento de hombros, Regina levantó una ceja curiosa. – No estaba segura de sí querrías casarte otra vez, después de tu primer matrimonio y eso. Y con quien fue… No sé, habría entendido que le tuvieses algo de manía al matrimonio.

Regina le había contado a Emma como había sido su primer matrimonio, con el rey Leopold, y la rubia se había alegrado mucho de no haber conocido a su abuelo, porque seguramente a Mary Margaret no le habría parecido bien que enterrase a su padre vivo. A pesar de lo que Blancanieves adoraba al rey, él no había sido ni buen hombre ni buen marido con Regina, había dejado marcas en la reina que Emma aún estaba tratando de sanar y cuando compró el anillo había temido que una de esas secuelas fuese que la morena no quisiese volver a oír hablar de matrimonio nunca más. Por suerte no había sido así.

- No tenía nada en contra del matrimonio, tenía algo en contra del mío con el rey, no es lo mismo.

Explicó Regina, Emma sonrió un poquito clavando su mañanera mirada verde en los ojos marrones de la reina.

- Esta vez no será así.

La morena rio mirándola con la misma intensidad.

- Lo sé. – Luego la besó con entusiasmo. – Aunque nunca pensé que podría estar tan emocionada ante la idea de casarme otra vez.

La verdad era que después de hacer que asesinaran al rey se había prometido a si misma que nunca volvería a pasar por lo mismo ni dejar que nadie le colgase un anillo del dedo, pero también se había prometido matar a Blancanieves y destruir la felicidad de Emma, a veces estaba muy contenta de faltar a sus propias promesas.

- Me alegro de que estés emocionada por la boda.

Rio Emma bajando una mano por la espalda de Regina.

- No es por la boda, es por la persona que estará conmigo en altar.

Respondió la morena con los ojos oscurecidos de deseo, imitando el movimiento de la otra mujer, pero por delante, cortando la respiración de Emma por un momento, y sin dejarla recuperarse se fundió con ella en un pasional y húmedo beso que hacia subir la temperatura de la habitación. O al menos hasta que unos golpes en la puerta cortaron el momento. Se separaron mirando la puerta como si se hubiesen olvidado de que había un mundo existiendo a su alrededor.

- ¿Estáis despiertas?

Preguntó Henry desde fuera. Regina volvió a girar en los brazos de Emma para quedar las dos de cara a la puerta y se aseguró de estar bien tapadas con la sabana antes de dejar entrar a su hijo. El chico entró con una bandeja de desayuno y periódico incluido.

- Supuse que no ibais a moveros de la cama en todo el día así que os traigo algo de comer y un periódico para que sepáis que pasa en el mundo exterior. – Evitaba mirar hacia la cama de sus madres, y cuando lo hacía se aseguraba de que fuese solo a sus caras, para no ver por accidente más de lo que necesitaba ver. – Aunque no creo que os importe ahora mismo.

Añadió con una risita nerviosa. Él estaba tan contento y emocionado como ellas por la inminente boda, pero como a todo hijo todavía le resultaba algo violento ver a sus madres darse grandes muestras de cariño físico, o saber que seguramente bajo la sabana no llevaban nada. Emma hizo el amago de levantarse para coger algo de la bandeja que Henry había dejado en la mesilla solo para ver como su hijo gritaba de protesta, sonrojándose y dándolas la espalda. La sheriff se echó a reír y Regina la dio un golpecito de reproche en el brazo que tenía alrededor de su cintura, aguantándose la risa lo mejor que pudo.

- No te preocupes Henry, tu madre no va a traumatizarte así.

Rio la morena hacia la espalda de su hijo, que se giró otra vez completamente rojo.

- Le encanta traumatizarme.

Se quejó Henry, ese año con sus madres juntas había sido el más feliz que podía recordar, pero convivir con las dos a la vez en la misma casa tenía como precio pillarlas en más de una y más de dos situaciones incomodas que a Emma parecían divertir mucho, pero a él no tanto.

- Deberías estar acostumbrado a verme darle cariño a tu madre, chico.

Rio Emma apoyando la barbilla en el hombro de Regina para mirar a su hijo.

- Ya, pero sueles estar vestida.

Sus propias palabras hicieron que se sonrojase aún más y Emma se echó a reír otra vez, moviendo las manos visiblemente alrededor de Regina bajo la sabana solo para ver como su hijo se incomodaba cada vez más.

- Vale, vale, ya me voy, solo quería traeros algo para desayunar y deciros que he quedado con Nicholas, su padre va a dejarnos ayudarle en el taller.

Dijo rápidamente Henry deseando de pronto salir de allí.

- Una buena manera de que trabajen por ti sin tener que pagar.

Comentó Regina cogiendo las manos de Emma para que parase y abrazándolas a su alrededor por encima de la sabana. Henry se encogió de hombros.

- Es divertido. Tampoco vendré a comer ¿vale? No sé a qué hora volveré, pero…llamaré antes.

Ambas mujeres rieron por la incomodidad de su hijo adolescente.

- ¿Pero entonces quien va a traernos comida?

Gritó Emma justo antes de que Henry dejase la habitación.

- También ha llamado la abuela, quería venir, la he dicho que no.

Dijo el chico sin pararse a responder a su madre y cerrando la puerta tras de sí. Emma rio, mordiendo suavemente el hombro de Regina.

- Es divertido traumatizarle.

- Parece que ya has olvidado cuando tú descubriste a tus padres en una situación algo más embarazosa.

Recordó Regina riendo, a esas alturas ya se habían puesto mutuamente al día de sus vidas y había pocas cosas que no supiesen una de la otra. Emma dejo de reírse.

- Pobre Henry.

Dijo empatizando repentinamente con su hijo, la morena rio con más ganas girándose una vez más para lanzarse encima de su prometida.

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Henry les había dado un grito cuando se fue para no tener que volver a pasar por la habitación, pero ellas aún seguían metidas en la cama, conservando el calor bajo las sabanas. El teléfono había sonado varias veces, pero no tenían intención de levantarse a responder.

- Podría ser una emergencia. – Dijo Emma cuando el teléfono volvió a sonar, Regina sonrió divertida y la besó. – Storybrooke podría estar en crisis. – La morena la besó otra vez. – Quizá necesiten nuestra ayuda. – Otro beso, más largo. – Podrían estar en peligro, y tu yo aquí totalmente inconscientes de ello. – Regina rio un poquito y la besó otra vez. – A lo mejor le ha pasado algo a Henry. – La morena se detuvo antes de llegar a besarla, con algo de preocupación. – Era broma, era broma. Henry está bien.

Rectificó rápidamente Emma siendo ella esta vez quien se adelantase para besarla, haciéndola reír otra vez.

- A lo mejor sí deberíamos levantarnos.

Dijo Regina acurrucándose en los brazos de la Salvadora. Era una buena sensación, saber que podía hacer eso, que podía relajarse, siempre se sentía protegida con Emma.

- ¿Eso implicaría vestiros?

Preguntó la rubia acariciando distraídamente la espalda de Regina.

- En algún momento sí.

- Entonces voto en contra.

Respondió Emma colocando mejor la almohada bajo su cabeza para dejar bien clara su intención de pasar todo el día en la cama. Regina rio dejándola cortos besos por el pecho.

- ¿No tienes hambre?

Dijo en tono burlón, la rubia cogió la cara de la reina para subirla hasta su altura.

- Aquí tengo todo lo que necesito comer.

Respondió con una sonrisa de lado, pero en vez de besar a la morena descendió por todo el cuerpo de Regina hasta encontrar un lugar mejor en el que dejar sus besos.

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Miraron el reloj sin creerse que realmente hubiesen pasado todo el día en la cama. Henry aún no había vuelto y algo las decía que a no ser que ellas le llamaran su hijo alargaría el momento de volver todo lo que pudiese.

- ¿Crees que le gusta Ava?

Preguntó Regina de pronto cuando estaban hablando de Henry. Las sabanas eran un completo desastre a su alrededor, y en algún momento del día la almohada se había caído, pero Regina había encontrado un buen sustituto en el estómago de Emma.

- O Nico.

Dijo la rubia riendo, su prometida la miró divertida antes de reírse también, dejando que Emma jugase tranquilamente con los mechones de su pelo oscuro.

- En algún momento deberíamos levantarnos y empezar a preparar la boda. Además no creo que tu madre aguante mucho más sin aparecer por aquí.

Comentó Regina después de un rato, había sido un día perezosamente tranquilo de los que tenían pocos. No se había acordado ni una sola vez del papeleo ni de nada que estuviese más allá de la puerta de la habitación, con la excepción de Henry claro, pero no podían vivir en esa cama para siempre.

- Ya, ya. Pero…mañana.

Rio Emma haciendo rodar a la reina hasta su boca.