El mambo de los muertos
Capitulo II
- Baby blues -
Tocó la puerta de la habitación. Faye la abrió somnolienta, tenía el pelo revuelto y solo llevaba puesto una camiseta de tirantes y una braguitas negras.
- Date prisa, nos vamos de aquí – dijo tirando su bolsa de deporte sobre la cama desecha de Faye.
- ¿ Qué? - murmuró medio dormida. - ¿ Ha llamado Jet?
- No, vamos lávate la cara y vístete - insistió metiendo la ropa de Faye de manera desordenada en su propia maleta.
Ella enrojeció de golpe, percatándose de repente de su propia desnudez.
- ¿Que ha pasado? - preguntó abrochándose la cartuchera de la Glock a la cintura y al muslo, para a continuación ponerse otro de aquellos ridículos vestidos veraniegos.
- No lo se, pero lo mejor es que nos vayamos de este sitio.
Media hora mas tarde estaban en la recepción del hotel esperando a que les devolvieran las llaves de las naves. De pronto se escuchó un grito sofocado y ambos se giraron con rapidez. Spike desenfundó su arma y Faye le imitó. Las puertas se abrieron de golpe. Una multitud de gente histérica salió corriendo hacia ellos. Algunos estaban heridos, muchos gritaban y se empujaban entre ellos. Mas de aquellas cosas como el surfista saltaban sobre la gente. Desgarrándolos, mordiéndolos. Era un espectáculo dantesco. Intentaron disuadirlos mediante disparos, pero aquellas cosas no se inmutaban.
- Corre – dijo Faye intentando esquivar a la gente.
- ¿Qué está pasando aquí? - señaló hacia la puerta de la calle. - De prisa.
Corrieron hacia ella y salieron al exterior, los coches pasaban a toda velocidad y la gente corría espantada de un lado al otro, parecían atacarse entre ellos. Había gritos y sangre haya donde miraban. Faye corría a escasos pasos de él con una expresión horrorizada. No se detenían aunque no tenían muy claro el rumbo. Faye chocó contra un carrito de bebe, lo apartó de un empujón pero se dio cuenta de que había un niño dentro.
- Déjalo, no podemos cargar con un bebe – gritó al verla.
-¡No podemos abandonarlo! - respondió indignada.
Se echó al hombro la bolsa que colgaba del carro y comenzó a correr detrás de Spike que la maldecía sin ningún tipo de pudor, por tomar decisiones absurdas en las situaciones menos apropiadas. Corrieron calle abajo, no había comercios, ni nada donde pudiesen refugiarse. Faye corría con el bebe en brazos que no dejaba de llorar. Lo que parecía atraer la atención de los seres. Un coche salió de un pequeño garaje en el momento que pasó junto a el, antes de que la puerta automática se cerrara entró dentro, agarrando a Faye del brazo.
- ¿Estás loca? ¿ Por qué has traído eso? - dijo una vez a salvo.
- Eso es un bebe – contestó meciéndolo entre sus brazos sin lograr que dejase de llorar.
- Haz que se calle - levantó sus manos en una expresión rabiosa.
- Lo intento, nunca he tenido un bebe en brazos - replicó nerviosa moviendo de un lado a otro.
- ¿Nunca? - la miró incrédulo tratando de mantener la calma. Lo de aquella mujeres era increíble.
- No que yo recuerde - le miró con rabia mordiéndose la boca.
- Trae anda - le quitó el bebe de los brazos y comenzó a arrullarlo con cuidado, susurrando con suavidad palabras inteligibles.
-Para odiar a los niños se te dan bastante bien – dijo ella riendo.
- No tiene nada que ver una cosa con la otra ¿ Verdad pequeño? - dijo – La bruja esta no sabe como cogerte en brazos.
- Es una niña – dijo Faye. - Mira su pulsera.
- Ana – leyó con cuidado la inscripción en la pequeña pulsera de plata que adornaba la muñeca de la niña. - En cuanto tengamos ocasión se la entregaremos a alguien.
- Por supuesto ¿ No pensaras que quiero quedármela? - dijo dejando la bolsa en el suelo y examinando su contenido. - Hay pañales y preparado alimenticio, al menos ella tendrá que comer.
- Si, no puede decirse lo mismo de nosotros – masculló mirando a su alrededor.
El garaje no tendría mas que seis o siete metros cuadrados, había cajas de cartón, pero en ninguna de ellas había nada de utilidad. Retales de tela, vasos de plástico, juguetes viejos. Un montón de basura que no les servía para nada. Mientras él trataba de que la niña se durmiese, Faye improvisó una cuna en una de las cajas.
- ¿ Qué esta pasando en este maldito lugar? - preguntó dejando a la niña en la cuna.
- El Apocalipsis, la resurrección de los muertos... – mustió Faye apoyándose en la pared.
- ¿ Que dices? - la miró sin entender lo que decía.
- El ultimo capitulo de la biblia, el fin del mundo, el día del juicio final...- para él aquello no era más que un montón de palabrería sin sentido.
- ¿De que estas hablando? ¿ Has perdido la cabeza? - justo lo que necesitaba un bebe y una loca.
- Estudie en un colegio católico, Spike, nos enseñaban ese tipo de cosas - le miró como si fuese idiota y aquella conversación fuese de lo mas normal.
- Recuerdas toda esa basura y no cómo coger un bebe en brazos – se rió mirándola de forma burlona
- No puedo decidir que recordar, payaso- gritó enfadada. - ¿Crees que prefiero acordarme de esas tonterías y no del nombre de mi madre? - se cruzó de brazos enfadada y el bebe se puso a llorar de nuevo sobresaltado por sus gritos.- Mira lo que has hecho – dijo cogiendo a la niña en brazos que no dejaba de llorar.
- Apóyala contra tu corazón, eso les tranquiliza – se sentó junto a ella contra la pared sintiéndose un capullo por abrir su bocaza mas de lo que debía.
- ¿ Por qué demonios sabes tanto de bebes? ¿Tienes algún hijo secreto del que no sabemos nada?
- No, bueno no se... – sonrió con malicia. - Tuve una juventud bastante alocada, quizás hay cientos de pequeños Spikes en Tharsis.
- ¿ Cientos eh? - Faye se rió acunando al bebe que parecía calmarse poco a poco.
- Miles tal vez... - sonrió levantando unas de sus cejas con chulería y le guiño un ojo.
Faye sonrió, no podía evitarlo por mas que intentará enfadarse con él bastaba una de sus arrogantes sonrisas para desmontarla.
- La verdad es que me críe en un orfanato,en el que siempre hubo alrededor de trescientos niños – tocó con cuidado la cabeza de Ana - ¿ Huelen bien, verdad?
- Si...-
- En fin, trescientos niños y tres responsables, no le importábamos a nadie, eramos pobres de solemnidad – ella le miró con una expresión de horror en la cara que le hizo sonreír. - No pienses que era Oliver Twist, nos trataban bien, no estábamos obligados a trabajar fregando suelos, ni nos alimentaban con gachas frías – se rió. – Lo único que pasaba era que no había presupuesto para alimentar y cuidar de los hijos de las putas y yonquis que nadie quería, solo eso. – Apoyó la cabeza en la pared.- Trescientos niños para tres personas es una locura, por mas que ellas se esforzaran no daban abasto, así que cuando teníamos edad suficiente para vestirnos y comer por nosotros mismos, nos ocupábamos de los mas pequeños...
- Eso es horrible... solo eras un niño, tenían que haber cuidado de ti - el lado compasivo de Faye le hacía estremecer.
- Bastante hacían aquellas pobres, a veces traían comida pagada de su propio sueldo. - Volvió a tocar la cabeza de la pequeña que dejó escapar una pequeña risa. - Por eso odio a los niños, son débiles, incapaces de valerse por ellos mismos, tienes que protegerlos a toda costa... son una carga.
- Es muy triste – murmuró apartando la mirada de él.
- No puedes echar de menos lo que nunca tuviste – se encogió de hombros. - Nunca supe que era que se preocuparan por mi o que me cuidasen cuando estaba enfermo, así que tampoco lo echaba en falta... hasta Julia. - No sabía por que se acordaba de ella ahora, hacía tres años que no estaba en su vida y el fantasma de su ausencia era un recuerdo que le asaltaba constantemente.
- Julia... - murmuró Faye con el mentón apoyado en la cabeza de la niña.
- Bueno, basta ya de la triste historia de Spike – se puso en pie y se frotó las manos contra el pantalón. - Aquí no hay nada que comer y por el jaleo exterior dudo que podamos salir a buscar algo de comida ¿Hago el primer turno y duermes un rato?
- No tengo sueño, duerme tu – contestó distraía.
- De acuerdo – volvió a sentarse y doblando un trozo de cartón improviso una rustica almohada. - Despiértame si algo va mal.
- Si, duerme tranquillo .-
Spike tenía la capacidad de dormir en cualquier parte, al instante, le envidiaba, ella en cambio daba vueltas en la cama durante horas hasta que no podía más, al estar sola, su cabeza comenzaba a dar vueltas, y era incapaz de pegar ojo. Dejó al bebe en la cuna de cartón con mucho cuidado y se levantó. No podrían permanecer mucho tiempo en aquel lugar que no tenía nada. Se apoyó en la puerta, en el exterior seguía el caos mas absoluto.
De pronto se dio cuenta de que no tenían ni una gota de agua. No sabía cuanto tiempo estarían allí encerrados. Pero no aguantarían mucho sin nada que beber y sobre todo la pobre niña que la necesitaba para preparar sus biberones.
Se sentó en el suelo con la cabeza apoyada en la puerta, el jaleo exterior parecía disminuir, contó las balas del cargador. Miró a Spike que dormía con placidez y se levantó procurando no hacer ruido. Abrió la puerta con sigilo y salió al exterior.
Era de noche, ante sus ojos se desplegaba un espectáculo dantesco. Coches estrellados, escaparates rotos, incendios y sobre todo muertos, cadáveres, cientos de personas con balazos en la cabeza o el cráneo reventado.
Muertos que caminaban, vagando, el ruido parecía atraerlos ya que se acercaban a una ambulancia que volcada en el suelo hacía sonar su sirena sin cesar.
Su corazón latía incansable, estaba aterrada, respiró con mucho cuidado, oculta en un portal a que un par de seres pasasen por la carretera.
Caminaba despacio muy atenta a su alrededor. Al doblar la esquina vio una maquina expendedora de la que salía luz. Rezó a todos los dioses conocidos para que fuese de comida. Se acercó pero sus esperanzas desaparecieron al ver que allí solo había botellas de agua y refrescos. La diosa de la fortuna volvía a reírse de ella. En fin, al menos el paseo había valido la pena. Golpeó el cristal hasta que se partió y llenó de botellas una mochila que acaba de robarle a un hombre muerto. Se la echó al hombro y respirando con intensidad para relajar los nervios se puso en marcha.
De repente uno de aquellos monstruos saltó sobre ella haciendo que cayera al suelo, le faltaba un brazo que chorreaba sangre sobre su pecho. Entró en pánico. Su estupidez la llevaría a la muerte. Forcejeaba para mantenerse alejada de él y poder coger la pistola que llevaba enganchada en el muslo. Iba a morir desmembrada. Joder. No quería. Tenía muchas cosas que hacer. No quería morir sin saber quien era. El olor a podredumbre le daba ganas de vomitar. Concéntrate Valentine. No podía dejar que el pánico se apoderase de ella. Gritó de rabia y tras un movimiento brusco consiguió liberar su brazo y le voló la cabeza a aquel no-muerto. Después de recuperar el aliento y que sus latidos volviesen a la normalidad, se lo quitó de encima y corrió. Corrió como nunca lo había echo antes, mientras aquellas cosas la perseguían. Los pulmones iban a estallar dentro de su pecho. Vio la puerta del garaje y aceleró aún mas, le dolían las piernas pero era incapaz de parar. Entró cerrando la puerta tras de si y se apoyó en ella sin aliento.
- ¿ Donde coño estabas? - gritó Spike cogiendo su brazo y haciendo que se diese la vuelta . ¡ Eres imbécil o que te pasa!
Tenía al bebe colgado de un brazo que se había puesto a llorar de nuevo. Estaba furioso, su expresión la aterrorizaba tanto como los malditos muertos.
- Necesitábamos agua – dijo tirando la mochila a sus pies.
- ¿ Cómo se te ocurre salir sola? - volvió a gritar aún más furioso.
- No me grites - siseó ella.
- Tendría que haberte disparado cuando has atravesado la puerta.
- Claro, esa es tu manera de arreglar las cosas, Spike, disparar – alzó las manos nerviosa, aún no había conseguido calmarse tras su excursión para además tener que lidiar con el idiota este.
- ¿No te habrán mordido no?- preguntó de repente mirándola de arriba a bajo.- Estas cubierta de sangre.
- No- dijo empujándolo.- Estoy bien.
- Joder Faye, eres una..
- ¿Que? ¡Dilo! - se revolvió furiosa, maldito desagradecido, había arriesgado su vida para conseguir algo de comer y él no hacía mas que insultarla.
La miró con dureza pero no dijo nada, se dio la vuelta meciendo el bebe en sus brazos.
- Prepara un biberón, esta cosa esta hambrienta -
- Bien – gruño malhumorada agachándose junto a la mochila.
- Estupendo -
No se dirigieron la palabra durante el resto de la noche. Tras preparar un biberón de mala manera, Faye se recostó contra la pared, no podía dormir, las imágenes del exterior le perturbaban cada vez que cerraba los ojos.
- ¿ No vas a dormir? - refunfuño de malas maneras.
- No-
- Pues yo si, toma – le pasó a la niña y volvió a sentarse donde había dormido la primera vez.
- Eres peor que un puto gato – murmuró entre dientes.
- Déjame en paz- gruñó tumbándose en suelo dándole la espalda.
Continuara...
