"El tiempo es lento para los que esperan…rápido para los que temen… largo para los que sufren… corto para los que gozan… pero para aquellos que aman, el tiempo es eternidad"

— Henry Van Dyke

"Si Mahoma no va la montaña, la montaña va a Mahoma…

o lo que es igual, ALEC MUEVE EL MALDITO CULO DE LA CAMA"

Dicen que el tiempo es relativo de acuerdo a nuestras emociones, cuando sufres el tiempo parece detenerse, como si el universo se confabulase para hacer más larga la agonía, un absurdo y retorcido placer de regodearse con el sufrimiento ajeno, sí; pareciera que el tiempo se detiene, pero lo cierto es que no lo hace, el tiempo corre y el mundo sigue su curso sin esperar a nadie.

Alec se encontraba en su habitación recostado en la cama sujetando la almohada en un abrazo estrangulador como si al apretarla lo suficiente esta adquiriría la forma deseada o más bien la forma de cierto brujo de ojos verdes, pero no además de que ya no le ofrecía el mismo consuelo que hace casi un mes, además de que los golpes a su puerta por parte de Jace eran cada vez más insistentes, le sorprendía que no hubiera derribado la puerta ya, pero estaba tan deprimido que no prestaba la suficiente atención para seguir ese pensamiento o ningún otro por mucho tiempo, además Jace no tardaría en derribar la puerta la paciencia nunca había sido su fuerte, Alec sospechaba que su madre, no más bien clarie tenía algo que ver, lo mismo con Izzy, seguro Simón la había detenido de entrar como tromba he intentar sacarlo, pero no creía que eso fuera suficiente para darle el ánimo suficiente para volver a encarar al mundo.

-YA ES SUFICIENTE- Se escuchó el grito de la inconfundible voz exasperada de Jace, justo antes de que su puerta fuera derribada, mostrando a un colérico Jace que entro a su habitación y sin avisar le quito la almohada y lo saco a rastras de la cama.

-Qué demonios haces, Jace?- le digo molesto

-Basta de la autocompasión, es hora de que muevas el culo de la cama y vuelvas al mundo de los vivos, esta no es una estúpida película moña de vampiros y tú no eres una depresiva y masoquista adolecente con baja autoestima, así que sal de tu habitación y deja de comportarte como un estúpido zombi –Le dijo, más bien le grito Jace.

-Esta es una especie de intervención?, porque no la necesito así que largo –Dijo Alec

-Con un demonio, la necesitas Alec; no vine a jugar a la Srta. Laura; si no a sacarte del maldito pozo en el que te metiste y te reusar salir, tienes que enfrentar las cosas Alec no puedes vivir en el aislamiento y la depresión el resto de tu vida TIENES QUE SUPERARLO Y SEGUIR ADELANTE –Dijo enfatizando las ultimas

-Tú no entiendes –Mascullo Alec

-No, por supuesto que no entiendo, en lugar de enfrentarte a las cosas te escondes debajo de las sabanas como un niñito asustado; demuestra que eres un hombre y sal de ahí de una vez –Grito Jace ya exasperado por el comportamiento de su parabatai

Alec se levantó a encararlo

-Quien demonios eres para juzgarme-

-Alguien increíblemente grandioso que siempre tiene la razón –

Alec le respondió con un mueca y una mirada condescendiente.

-Que harías tu si fuera clary? Si ella se alejara definitivamente de ti por un error tuyo –Lo desafió.

-Ese no es… -

Pero Alec lo interrumpió.

-Claro que lo es –Grito Alec –Te volviste un alma en pena cuando creíste que era tu hermana y autodestructivo cuando casi la matas –Ese había sido un golpe bajo y Alec lo sabía.

-Eres un maldito bastardo –Dijo Jace al tiempo que dejo de contenerse y lo golpeo

Se lanzaron el uno contra el otro.

Y terminaron en el suelo eran una bola de golpes y maldiciones.

El escándalo que causaron atrajo a Izzy y a clary.

-Qué demonios hacen –Les grito Issy a ambos; al tiempo que ella y clary separaban a los chicos –Jace por esto es que te dijimos que no te metieras –Lo regaño Izzy.

-Parece la única forma en la que podría hacer entrar en razón a este idiota –Dijo Jace

Alec no se veía nada bien y su hermana lo noto.

-Alec, estas bien? Sabes que estamos contigo verdad?-Trato de consolarlo ella

-Déjame Izzy –Le gruño él.

-Solo intentamos ayudarte –Dijo Clary.

-No necesito su ayuda –Dijo Alec saliendo de la habitación.

-Al menos salió de su cuarto –Dijo Jace más calmado, las chicas solo lo miraron feo.

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La luz de la luna y la oscuridad de la noche recibieron a Alec, en el mundo exterior había seguido su curso mientras Alec estuvo encerrado en sí mismo. Pareciera que nada había cambiado pero lo había hecho.

Necesitaba pensar y en casa no podía hacerlo, no con los fantasmas del pasado atormentándolo; Hodge, Max, Su padre, Magnus; el destino se los había arrebatado uno por uno; cada uno de distintas formas; Hodge, se fue como un traidor; Jace nunca se lo dijo pero él siempre lo supo; y después como un muerto; no, Jace fue el primero en irse, encontró a Clary y dejo de necesitarlo, ya no necesitaba un compañero de caza, había encontrado una compañera de vida; Max, su pequeño hermano al que la muerte se lo había llevado a tan corta edad, esta pude ser la perdida que le dolía casi tanto como la de Magnus; su padre que los había dejado atrás después de la muerte de Max, en un intento desesperado por olvidar; y Magnus al final Magnus, lo único que verdaderamente le quedaba, su perdida fue la más dura; si la de Max le había roto el corazón la de Magnus le había destrozado el alma.

Alec camino por la ciudad, hasta terminar en los muelles; y se dedicó a observar la luna preguntándose si acaso ella comprenda su pesar.

Unos ruidos entre las embarcaciones llamaron su atención, podrían ser solo ladrones o ebrios mundanos, pero no podía arriesgarse había salido por impulso y no llevaba ningún arma ni siquiera su estela.

-Que es ese olor? –Escucho una pasmosa voz entre las sombras del muelle.

Alec intentaba escabullirse lo más rápido y silenciosamente que podía.

-Huele a Nefilim –Se escuchó otra voz más cerca que la primera.

Entonces dos enormes creaturas surgieron de entre las sombras.

-Demonio –Dijo Alec tanto como expresión como para referirse a las creaturas que habían salido de entre las embarcaciones.

Sabía que sería estúpido atacarlos, además de la desventaja en número estaba la carencia de armas, lo único que podía hacer era huir, así que eso hizo.

-Adonde vas hijo de Nefilim? –Dijo uno de ellos serrando le el paso.

No podía huir.

La primer criatura se precipitó contra él, derribándolo al suelo; la cabeza y los hombros de Alec chocaron contra éste.

-Nefilim para la cena –Dijo el demonio.

Apenas pudo quitárselo de encima

El otro demonio se arrojó contra el violentamente, logro esquivarlo, pero el segundo demonio lo golpeo arrojándolo contra las cajas de madera; Alec sintió el cuerpo adolorido, se había dislocado el hombro y posiblemente tenía una o dos costillas rotas.

Tomo una ganzúa que estaba en el suelo, se levantó y se arrojó contra el más cercano encajando la ganzúa entre los ojos, el demonio se derrumbó no sin antes volverlo a arrojar contra el piso

Antes de que pudiera levantarse el otro demonio lo tomo del cuello.

-Causa demasiados problemas, estúpido Nefilim –Dijo antes de estrellarlo contra el muro una y otra vez; con dificultad Alec apoyo los pies contra el pecho del demonio y logró liberarse del agarre.

Cayó al suelo cuando escucho un sonido chirriante. Intentó agacharse, pero fue demasiado tarde. Un objeto chocó violentamente contra su nuca, y lo arrojo al agua, enredándose entre las redes, Alec intento liberarse, y lograr salir a la superficie, pero el aire se le acababa y callo inconsciente sumiéndose en la oscuridad.

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Se encontraba sumido en la oscuridad, como cuando tu cuerpo se encuentra en un estado intermedio entre la conciencia y la inconciencia; escuchaba voces a su alrededor y extrañamente no sentía el cuerpo lastimado.

"Cuanto tiempo habré estado inconsciente?", pensó Alec

Abrió los ojos pero no reconoció nada ni a nadie.

-Ya despertó –Escucho la vos entusiasta de una mujer madura.

-Apártense, el chico debe estar desorientado –Dijo la voz de un hombre ya mayor.

-Quienes son ustedes? –Pregunto Alec, las personas que lo rodeaban eran diversa, de toda edad y aspecto posible; pero había algo extraño en ellos.

-De ahora en más, tus compatriotas, muchacho –Dijo la voz pasmosa de un hombre de mediana edad, su ropa era vieja y sucia, similar a la que solían llevar los marineros en la época de la emigración a América.

-Cómo demonios llegue aquí? –Dijo Alec

-De la misma forma que todos –Le contesto la voz de hace rato, que pertenecia a un anciano –Moriste –