¡Hola!
Una cosilla: cuando hablamos de castillos medievales, que a nadie se le ocurra imaginarse un castillo de piedra europeo. Debéis imaginar un castillo japonés, como el de Himeji. Ya sé que os obvio, pero por si acaso.
Aquí os dejo el capi 2.
Al día siguiente por la mañana, Kakashi llegó. Inoichi y yo salimos a saludar y rápidamente el dueño de la casa nos condujo a una habitación espaciosa donde solo había unos cojines en los cuales nos sentamos.
—Lamento no daros tiempo a descansar, Kakashi-san —se disculpó Yamanaka-sama.
—No tiene importancia, seguro que el tema a tratar es un asunto relevante, de lo contrario sé que no nos habríais hecho venir tan deprisa —dijo Kakashi con aquel tono sereno de voz que le caracterizaba.
—Desde luego que es importante. —Inoichi hizo una pausa, y tras darme un rápido vistazo volvió a retomar la conversación con Kakashi —Hace diez días me llegó una carta con el sello de la Familia Imperial.
—¿El Emperador ha contactado con vos? —pregunté asombrada. No es que el clan Yamanaka no fuera importante, era simplemente que el Emperador no enviaba cartas a cualquiera.
Inoichi-sama asintió y cogió un rollo de pergamino en el que yo no había reparado situado en el suelo, a su lado. Se lo tendió a Kakashi con aire severo y mi tutor lo recibió de igual forma. Kakashi lo desenrolló y leyó atentamente los kanjis escritos con un pincel fino.
—Ya veo —dijo mi tutor mientras volvía a enrollar el pergamino y me miraba con cara pensativa. —Sakura-sama, esto tiene que ver con vos. Por lo visto, el Emperador desea consorte.
Abrí los ojos con sorpresa. Un escalofrío recorrió mi espalda, la sangre se me heló en las venas, me puse pálida y empezaron a sudarme las manos. Ya me imaginaba qué contenía el pergamino, y no me gustaba el rumbo que estaban tomando las cosas.
—Una consorte… —conseguí articular. —¿Debo suponer que yo soy una candidata?
—Así es —afirmó Inoichi-sama. —No solo vos, Sakura-san. Mi hija Ino y muchas otras jóvenes nobles han sido requeridas. El Emperador en persona elegirá a algunas de las candidatas que se presenten. Es un gran honor.
Aunque el líder del clan Yamanaka dijera que era un honor, su rostro permaneció inexpresivo. Me atrevería a afirmar que a pesar de que Ino no hubiera podido encontrar mejor partido, no deseaba dejar marchar a su única hija, porque si lo hacía, quizás no la volvería a ver nunca.
—Lo lamento Sakura-sama —continuó Inoichi. —Pero la orden del Emperador no es discutible. Tal vez sea duro, pero son órdenes. Vos y mi hija habéis tenido suerte de ser seleccionadas como posibles candidatas. En la carta dice que en unos días se presentará aquí una escolta enviada por el clan Hyuga para llevaros a vos y a Ino-chan a su castillo. De ahí, partiréis con la heredera del clan, Hinata-sama, que también ha sido elegida, al Palacio Imperial.
No respondí nada y permanecí con la vista en el suelo unos segundos. Cuando reaccioné, asentí lentamente mirando a Inoichi. Kakashi-san se mantenía en silencio, pero no me hacían falta palabras para saber que él tampoco deseaba dejarme ir a mí, que había sido como su hija.
Desvié la vista de Inoichi-san y miré a través de la puerta corredera, que enfocaba al jardín. Vi a los criados trabajar duramente para sobrevivir y por un momento les envidié. Envidié a la criada que cargaba mis costosos kimonos a mi habitación, envidié al campesino que trabajaba recogiendo el arroz en el campo, envidié a Tenten que se hallaba regañando a un niño por no cumplir con las tareas. Los envidié porque hasta ellos eran más libres que yo.
—Bien —dijo el rubio tras mi asentimiento de cabeza. —Ahora será mejor que Kakashi-san vaya a descansar, y que vos misma, Sakura-san, descanséis también. Necesitaréis tiempo para asimilarlo.
—¿Lo sabe Ino-chan? —preguntó mi tutor.
—Por supuesto; yo mismo he estado discutiendo esto con mi hija.
—¿Qué os pasa, Sakura-sama? —preguntó Tenten esa misma noche durante mi baño, mientras se ocupaba de lavarme el pelo.
La miré de reojo y mandé salir al resto de criadas que ayudaban con mi baño. Una vez se fueron todas, intenté abordar el tema que me inquietaba.
—Inoichi-sama nos ha comunicado a Kakashi y a mí el motivo por el que nos ha hecho venir. —Hice una pequeña pausa, y al ver que Tenten no hablaba, continué. —Le llegó una carta con el Sello Imperial hace unos días. El Emperador desea concubinas e Ino-chan y yo somos unas posibles candidatas.
Tenten dejó mi largo pelo, el cual se nos prohibía cortar a las nobles, y pareció meditar la situación y las palabras adecuadas. Como vi que callaba, me di la vuelta en la tina para mirarla. No parecía triste, pero sus ojos siempre vivos habían ganado en seriedad.
—Felicidades, Sakura-sama. Es un gran honor que os requieran para dar a luz a futuros miembros de la Familia Imperial —dijo después de un tenso silencio.
Supe que la más querida de mis criadas era consciente de que yo no deseaba esa unión, pero no podía sino limitarse a felicitarme. Nada de lo que ella dijera cambiaría las cosas.
El baño acabó y después de la cena Ino vino a mi habitación. Teníamos muchas cosas de qué hablar.
—Sakura, has estado muy callada durante la cena —dijo a la vez que se sentaba de rodillas en frente de mí.
—No tenía muchas ganas de hablar —le quité importancia.
—Mi padre ha hablado contigo y con Kakashi-san esta mañana. No me ha dicho cómo has reaccionado, pero me imagino lo que piensas sobre todo esto —dijo preocupada Ino mientras me escrutaba con la mirada.
—Tal vez tú sepas qué pienso, pero no estoy segura de lo que opinas tú. Siempre has querido que algún hombre de una familia importante te desposara.
—Es cierto —admitió mi "hermana". —Siempre quise eso. Y aún lo deseo. Pero sé que no va a ser fácil. Si me eligen para casarme con el Emperador, solo seré una concubina, una segundona. Mucho tendrían que cambiar las cosas para que algún día me convirtiera en la esposa principal. En fin, no puedo quejarme de mi suerte. Mis hijos, aunque no lleguen a Emperadores, serán de la familia Imperial, y eso es más de lo que ningún Yamanaka ha alcanzado nunca. Será un gran honor.
Honor. Otra vez esa palabra vacía, y sin embargo por honor los hombres morían y mataban en la guerra, por honor los samuráis juraban fidelidad y perdían su libertad, y por honor yo tal vez yo me casara con un desconocido.
La frustración me invadió. En unos días llegaría la escolta que me llevaría a mi infierno personal y solo me quedaba ver cómo el momento estaba cada vez más cerca y no podía hacer anda por cambiarlo.
—Sakura —me sacó Ino de mis cavilaciones —, ¿qué opina Kakashi-san? ¿Te ha dicho algo?
—No; ya sabes cómo es. Lo que piensa se lo guarda para él, pero no hace falta que me diga lo que le pasa por la cabeza. Él sabe que yo no quiero casarme, pero también sabe que lo haré por el prestigio del clan Haruno. Tengo quince años, debo comportarme como una la adulta madura que soy.
Ino pareció conforme con mis palabras. Estaba triste por mí, pero al tiempo alegre porque yo asumiera mi deber. Se despidió de mí hasta el día siguiente y salió de la habitación de invitados en al que yo iba a dormir.
Me tiré sobre el tatami y me quedé mirando el techo. Estaba muy cansada, pero tenía miedo de dormirme y que las pesadillas que venían siendo desde hace semanas me asaltaran de nuevo, como cada noche.
Al final, e ignorando mis miedos me quedé profundamente dormida, al menos hasta que en la madrugada me despertara bañada en sudor y con la pesadilla todavía fresca en la mente.
¿Os ha gustado?
Me gustaría dar un pequeño dato sobre historia: En el Japón feudal, el que gobernaba era en teoría el Emperador, pero éste le traspasaba su poder al Shogun para que gobernara en su nombre. Así que quien mandaba realmente era el Shogun.
Hay cosas que tal vez no sean como eran en el Japón feudal, pero es que he tenido que adaptar algunas al fics. Espero no os moleste.
Actualizaré el miércoles de la semana que viene si todo va bien, y si no, el jueves.
Gracias por leer. ¿Merece un review?
