Capítulo 2. ¿Todo en Orden?

— ¡Cuidado con eso Harry! ¡Si lo rompes mamá hará lo mismo con tu cabeza y yo le voy a ayudar!— advirtió Ginny mientras intentaba sacar las cortinas de la ventana más alta de la habitación.

— ¿Sabes qué? Cuando alguien te ofrece su ayuda no deberías ser tan exigente. A escoba regalada no se le sienten las astillas. —respondió ofendido mientras maniobraba con un antiguo mueble que Molly le había regalado a su hija.

— Si serás Idiota Scarface ¡Solo redúcelo! —se burló Draco desde la puerta cargando con una recamara en su mano derecha y la tina de baño en la izquierda.

Tal vez eso sería lo más conveniente. Y de hecho ese era el plan. Pero los vecinos muggles de Ginny en el edificio podrían sospechar de una mudanza que consistía en dos tipos cargando "raros juguetes miniatura" por los pasillos.

—Harry, sólo reduce los más pesados. No creo que nadie lo note —sonreía Luna limpiando de manera muggle el armario que Ginny desocupaba.

—Y a todo esto ¿por qué no le dices a tu prometido que te ayude? Así no sufrirías con mi incompetencia en mudanzas —dijo Harry ofendido mientras forcejeaba y sufría con el antiguo mueble.

Si, dos tipos se verían raros. Pero un solo tipo no. Así que mientras Draco se apresuró a reducir su parte de los mueble, al pobre de Harry le tocó el trabajo pesado.

—Porque él y Ron están muy ocupados en el Ministerio, por eso ÉL te pidió A TI…

— ¡Súper! Me voy —interrumpió Draco.

— ¡Y a Draco! —agregó Luna.

— ¡Rayos! —se lamentó el aludido

—…que me ayuden. Y como es sábado y ustedes no tienen absolutamente nada que hacer, supongo que pueden hacerme ese pequeño favor—se escuchó un fuerte golpe— ¡Harry con un demonio reduce ese mueble o lo hago yo!

—Déjalo, solo lo hace por llevarme la contra— Draco se carcajeó del golpe que Harry se acababa de dar en la cabeza con el mueble.

— ¡Agh! justo donde me golpeó Alex ayer —decía Harry sobándose la zona afectada — ¡Y no es eso! Es solo que a mi si me gusta el trabajo duro, no como este idiota — dijo intentando salvar la poca dignidad que le quedaba por sobre las risas de sus amigos.

— ¡Ay qué Lindo! "trabajo duro" siempre pensé que ibas mejor en Hufflepuff— se burló Draco.

— ¿Quién es Alex?—preguntó Luna limpiándose las lágrimas y continuando con su limpieza del armario.

—Alex Vandemark, la única esperanza de Gryffindor este año, por eso a Potter no le importa visitar la enfermería todos los días antes de salir de clases con tal de entrenar más a su niño prodigio— respondió Draco tomando un bocadillo de la mesa junto a Ginny.

— ¿Es tu nuevo buscador? — Preguntó Ginny golpeando a Draco en la nuca por comer mientras "trabaja" — ¿El te ha hecho todos esos moretones?

—Ten mucho cuidado Weasley —siseó Draco reacomodándose el cabello, Ginny ni se inmutó.

—Y un excelente alumno también, si no que lo diga el reloj de nuestra casa, el treinta por ciento de los rubíes los ha puesto él ¿Cuántos puntos llevamos Malfoy? No puedo recordarlo bien —decía Harry fingiendo concentración extrema.

—Já Já, muy gracioso! Solo queda una semana para salir de vacaciones pero en cuanto volvamos las cosas van a cambiar Scarface, ya verás —dijo Draco saliendo de la habitación —Lo siento Ginny pero Potter "pocos-reflejos" y Luna "ya-limpié-allí-pero-estoy-loca" tendrán que ayudarte solos, tengo una cita, nos vemos.

Dos pares de ojos voltearon hacía esta ultima que dejó de sacarle brillo al armario.

—Ahora que lo recuerdo, aún no me has dicho quien se mudará en mi lugar Lovegood. ¿Por qué tanto misterio? ¿No puedes decirme por qué es un Auror metido en cosas peligrosas o algo así?—dijo Ginny entrecerrando los ojos con suspicacia.

Luna carraspeó y la observó fijamente.

—Bueno creo que yo también me voy —interrumpió Harry entendiendo la indirecta — Si necesitas algo más me avisas Ginny. ¡Ah por cierto! ¿Sabes dónde está Hermione? —preguntó volviendo desde la puerta.

—Creo que en casa de sus padres ¿por qué?

—Quiero hablar con ella, me preocupa verla tan calmada después de que ella y Ron terminaron. De hecho quiero hablar con Ron también. Es raro que estén tan tranquilos.

—Sí, yo ya hablé con él. Pues suerte si la encuentras, creo que está buscando departamento. Ve por la noche, es más seguro que esté allí.

— ¿Qué te dijo Ron? —preguntó Harry.

—Pues no mucho —dijo observando de reojo a Luna

— ¿Y te mencionó por qué razón no quiso mudarse con nosotros?— cuestionó con molestia.

—Dijo que una amiga ya le había ofrecido departamento antes, o algo así. —Luna se retiró a levantar otras cosas lejos de la conversación — ¿Por qué? No me digas que te ofendiste ¿O Sí?

—No, porque habría de estarlo, supongo que simplemente no quiso complicarse la vida. No sé cuanto hubieran aguantado él y Draco sin arrancarse los brazos – sugirió divertido.

—Buen Punto, creo que también dijo algo sobre eso.

—Ya sabía yo. Bueno me voy, tengo unos exámenes que revisar antes de buscar a Hermione. ¡Hasta Luego Luna! —añadió al salir al pasillo.

— ¡Te conviene llamar primero Harry! Creo que ya no me escuchó. ¡Muy bien señorita ahora si puede darme su respuesta! —gritó para traer a la Luna desde la otra habitación.

Luna caminó cabizbaja y sonrojada hasta el lado contrario del cuarto.

—Creo que te estás imaginando cosas Ginny. Es mi amigo, necesitaba departamento y… ya que tú y Neville se mudarán juntos creí que no habría problema si tu hermano se quedaba en tu lugar— respondió de nuevo en su color natural.

—Ajá ¿y por algo tan falto de importancia no querías decírmelo en frente de Harry?— dijo cruzándose de brazos y parándose frente a ella.

Luna lanzó el trapo con el que limpiaba de nuevo a su cubeta y con un simple movimiento de varita el resto del trabajo de mudanza se terminó.

—Ya te dije que no te estés imaginando cosas. Para empezar: No sé para qué preguntas si ya lo sabías, y para continuar, no es que yo no quiera decirle a Harry o a los demás. Es Ron el que no quiere que nadie lo sepa aún – dijo dejándose caer en el piso y masajeando sus sienes. La pobre chica tenía días con esa apariencia de extremo cansancio, y la pelirroja sabía que no se debía al trabajo en el bar.

Ginny sabía que Luna estaba enamorada de Ron hace un par de años, y sabía lo desgastante que era para ella fingir frente a todos y, claro, frente a Ron. No poder consolar a su amiga y decirle que su hermano por fin comenzaba a corresponderle le dolía en el alma. Pero la noche anterior le había prometido a Ron no decirle nada, y le cumpliría, no por lealtad, si no porque esa cosas tan románticas la emocionaban mucho. Bueno, al menos nada la detenía para darle unas cuantas pistas.

Se dejó caer a su lado y recargó su cabeza en el hombre de Luna. Se rascó la cabeza y suspiró sonoramente para atraer la atención de su amiga que parecía que se quedaría dormida en cualquier momento.

— ¿Sabes que Luna? Anoche vi una de esas películas muggles románticas después de hacer cosas todavía más románticas y mágicas con Neville. —Sonrió soñadora levantando la cabeza— Era sobre una chica que se había rendido a buscar el amor y lo encuentra con un chico que comenzó a visitar su bar—comenzó a hacer aspavientos y mover las manos emocionada con su propio cuento— Es curioso que tardaran tanto porque ya se conocían, pero como ella no se atrevía a abrir su corazón pues nada había pasado. Y entonces un día el guapísimo chico le pidió ayuda. ¿Y qué crees? ¡Que ella se la da! Y entonces se volvieron los mejores amigos y claro, no pudo evitar enamorarse perdidamente de él, como siempre pasa en esos casos. Y luego le dio miedo que él no la correspondiera y se puso medio esquiva y distante. Lo que no sabía es que él estaba haciendo todo lo posible por conquistarla, pero la muy despistada no entendía nada. Entonces él comienza a seducirla de una manera tan tierna ¡Porque el chico era tiernísimo por naturaleza eh! Pero la pobre chica está tan perdida en su mundo de infortunio que ni se da cuenta, y al último…al último…Diablos, se me olvidó que pasa al último.

Ginny se había entusiasmado tanto con su cuento que se levantó para darle intensidad a su historia. Luna le dio un tirón a la túnica de la chica y la sentó de nuevo a su lado

— ¡Perfecto! Me cuentas una historia como tarabilla por media y ahora olvidas el final, si te hubiera puesto atención estaría muy molesta contigo —respondió con fingida seriedad.

— ¡Luna! No puedo creerlo, ni hablando en tu idioma me entiendes – le dijo Ginny risueña dándole un abrazo.

—Te voy a extrañar rojita —Luna le devolvió el abrazo.

—Yo también. Güerita despistada.

-VaVC-

Hermione Granger estaba gastando mucha fuerza con la cebolla que su mamá le había pedido picar.

Es la mejor forma de hacer que las lágrimas salgan pensó.

Había pasado casi una semana desde que ella y Ron tuvieron esa última plática en su antiguo departamento, y aún no lograba descifrar como se sentía. Ron había estado tan calmado que por fin le hacía entender porque era tan buen Auror. Uno a uno todos los malentendidos que se habían dado en ese último año se fueron solucionando. De repente parecieron tan innecesarios, una sola frase bastó para que todo se arreglara.

«Y recuerda que siempre tendrás mi apoyo».

Ni un solo gritó se dio aquella vez, ni un solo reclamo, ni una sola lágrima.

Ella habló y habló toda la noche, y Ron la escuchó, la escuchó como siempre debió hacerlo. Sin embrago, el resultado no fue el que siempre esperó. Ron por fin la escuchaba, y en lugar de seguir adelante, se le puso punto final.

Y ella sonrió. Y él sonrió. Y los dos se sintieron bien.

Y por eso se empeñaba en picar 2 kilos de cebollas ella solita, por qué algo debía andar mal. No era normal sentirse así. Tan cómoda, tan tranquila…tan aliviada. Ron había sido su pareja por casi 3 años, de los cuáles uno cuando menos fue de los mejores en su vida amorosa.

¿Pero cuál vida amorosa si era la primera vez que tenía una relación seria? No, lo que pasó con Krum no cuenta, ni siquiera me acuerdo del nombre de su padre… ¿Alguna vez se lo pregunté? pensó curiosa.

No es que le estuviera restando importancia ¡Eran tres años por Merlín!

¿Entonces por qué estaba tan calmada?

Como ella lo veía habían dos posibilidades, o se había vuelto una amargada corazón de piedra, o…tal vez no fue algo tan importante.

—Hermione amor ¿No crees que ya es sufriente cebolla? —la voz de su mamá la asustó desde la puerta.

— ¡Ay!—dejó caer el cuchillo— ¡Rayos me corté! Me asustaste mamá—dijo chupándose el dedo herido.

—Ah no, a mi no me culpes. Eres tú la que parece zombi estos días. ¿Segura que estas bien hija?— preguntó Jane a su hija mientras le ponía una bandita en el dedo.

—Ay nada más es una cortadita —dijo divertida

— ¡No te rías de mi niña! Ya sabes de qué hablo – advirtió con un ligero golpe en su mano.

Hermione puso los ojos en blanco. Sabía que nada se le escapaba a su madre, pero es precisamente por eso que le molestaba tanto que le repitiera tanto esa pregunta.

—Si Jane, estoy bien, algo confundida como te he dicho tantas veces pero no pasa nada —respondió cansinamente.

—Entonces, habla conmigo, como te lo he dicho tantas veces —contraatacó mamá dándole golpecitos en la mejilla, haciéndola reír. — Y deja de desquitarte con la cebolla, tu papá no se va a dar a basto en la cena de esta noche. Solo te pedí 2 cebollas, no 2 kilos.

— ¡Ah ya se las arreglará! Además a su jefe le encanta apestar a algo, si no es cebolla es ajo. —se giró al lavaplatos detrás de ella y se lavó las manos.

—No seas grosera, ya bastante haces faltando a la cena. El Señor Meyers no te ha visto desde hace casi 12 años y le hacía mucha ilusión volver a ver a su "conejita de miel" —recordó risueña.

—Y es por eso que yo saldré huyendo a buscar departamento, no tengo ganas de escucharlo burlarse de mis dientes como hace 13 años. —Bufó molesta sentándose sobre la mesa en el centro de la cocina.

—Ya no podría, no desde que te los arreglaste sin permiso —recordó Jane Granger con un deje de molestia, los años pueden pasar pero los padres nunca olvidan —De cualquier modo, sabes que no tienes que hacerlo Hermione. Puedes quedarte en casa el tiempo que quieras, es tu casa, y no te estamos corriendo, ¿Por qué no te quedas para siempre eh? – su ojos brillaron por un momento esperando por quinta vez en esa semana que su niña aceptara su propuesta, la esperanza muere al último.

Hermione relajó el rostro y acercó a su madre a su lado. Le sonrió y tomó su mano.

—Mamá, tu y papá han sido muy buenos conmigo todos estos años, han soportado mis ausencias sin un solo reclamo, me han dado tanto cariño como nunca espere que fuera posible, y sabes que siempre los voy a amar, pero ya te dije que no puedo hacerlo —el rostro de su mamá se desvió al fregadero y se retiró a lavar los platos —¡No es que ustedes me estorben mamá! sé que eso es lo que estás pensando, no necesito ver tu rostro para saberlo.

—"Pero ya no eres una niña, y necesitas seguir con tu vida"—recitó Jane Granger de memoria.

—Sí, exactamente. ¿Ves que si me entiendes? —dijo acercándose para besarla en la mejilla.

—Ay Hermione —suspiró su madre— Lo único que yo quiero es que seas feliz —dijo envolviendo a su pequeña en un abrazo— Así que más vale que sepas aprovechar la oportunidad que Ron te ha dado, y comprendas de una vez por todas, que las cosas más importantes en nuestras vidas, han estado ahí por años —su voz comenzó a sonar más seria— Ahora solo debes, dejar de buscarlas. No quiero que te me vayas a frustrar cuando veas que no necesitaban una explicación, Hermione. Nunca, óyeme bien, nunca intentes explicarlas, porque entonces, te las vas a perder.

Lo único que le quedó claro a Hermione era que su madre había intentado decirle algo. ¿Qué era? Quién sabe ¿Lo entendería? Tal vez, por ahora solo quería devolverle el abrazo a su mamá con todo el amor que por tantos años le falto.

—Te amo mami —dijo besándola de nuevo.

—Y yo a ti —luego deshizo el abrazo y empujo presurosa a Hermione a la puerta trasera de la casa— Pero anda ¡Vete de una vez que si llega el Señor Meyers no pienso cubrirte me oyes!

— ¡Esta bien, está bien, ya me voy! Volveré pronto.

La puerta se cerró detrás de una sonriente Hermione y Jane continúo preparando la salsa para la cena que su marido tendría esa noche.

Jane Granger estaba orgullosa de su niña, no, de su mujer. Puede que su esposo y ella la trataran como una niña aún, pero en lo que respectaba a ella, su Hermione se había convertido en una mujer desde hacía mucho. Valiente e independiente, sus habilidades especiales no eran lo único que reducía el natural miedo de madre hacía la seguridad de su hija, era ese coraje y entereza con el que la vio encarar tantos peligros lo que reforzó la confianza que le tenía.

Había enfrentado tantas cosas, librado tantas batallas, salvado a tanta gente, hecho tantos amigos, que no la reconoció cuando la volvió a ver aquel día que la guerra terminó, y que su mujercita volvía sana y salva a casa.

Apareció en el refugio al que los habían llevado a ella y a su esposo empolvada de pies a cabeza, con su elegante túnica rasgada por todas partes, pero con una sonrisa del tamaño del cielo. Y Hermione era su cielo, sus ojos miel chispeaban de alegría. Pero no volvía sola; dos muchachos altos venían con ella, uno a cada lado. Daban la apariencia de haberlo hecho así desde hace mucho. Ella y su esposo corrieron a abrazarla con las ansias de tantos años. Besó sus mejillas repetidas veces, luego no se prohibió hacer lo mismo a los chicos que la habían cuidado todo ese tiempo, los mismos pequeños que habían conocido años atrás en esa segunda visita al andén 9¾, mismos que al principio no había reconocido, ¿Pero como iba a hacerlo si habían crecido tanto desde la última vez?, ahora lucían tan maduros y felices como su niña. Y así Jane y William Granger de todo corazón, le dieron la bienvenida a la familia a Ronald Weasley, el siempre amigo y reciente novio de su hija. Y a Harry Potter, su mejor amigo, aquel que tantas veces le había salvado la vida según decían sus cartas, aquel que les juró una vez en una reunión de apenas 5 minutos protegerla siempre. Una promesa que cumplió con todas sus letras.

Si, Hermione ahora era una mujer fuerte e independiente, pero la experiencia es algo que solo se aprende con los años, y a Hermione con sus escasos 24 aún le faltaban muchos años para conseguirla, pero tenía toda una vida por delante para hacerlo.

El timbre de la puerta se dejó oír desde la sala sacándola abruptamente de sus recuerdos, por la insistencia con la que lo hacía parecía que tenía mucho tiempo sonando. ¡De seguro era el señor Meyers! ¡Y William aún no llegaba con la cena!

Se apresuró por el pasillo a la sala, abrió la puerta, pero no era el señor Meyers.

— ¡Harry precioso, que milagro verte por aquí! —dijo entusiasmada besando a Harry en las mejillas como lo hacía con Hermione.

—Ajá...Hola…Señora Granger…Señora Granger… ¡Permítame un minuto por favor!—rogó Harry entre beso y beso.

—Oh perdona querido. Es que tenía muchas ganas de verte, ya me extrañaba que no hayas venido después de lo que pasó —dijo abrazándolo con fuerza.

—Ehm…si…Perdone por no haber venido antes—disimuladamente se limpió las mejillas— Pero ya sabe, queríamos darle un tiempo a Hermione y a Ron antes de hablar con ellos —agregó sonrojado, no importaba cuántas veces pasara, nunca se iba a acostumbrar a las bienvenidas de la señora Granger.

—Te entiendo, pero pasa cariño ¿Quieres tomar algo? ¿Por qué no te apareciste en la sala?, tu sabes que eres de la familia —decía Jane dirigiéndose a la cocina.

—Eh, si tal vez solo un vaso de agua llevo prisa. Lo siento, es que no quería llegar de sorpresa, ¿Esta Hermione en casa?

Entró a la amplia y banca sala de los Granger oteando a los alrededores por si Hermione había decidido escondérsele. No le sorprendería que lo estuviera evadiendo y enviara a su madre para despistarlo.

La Señora Granger regresó con un vaso lleno de agua.

—Aquí tienes. No Harry lo siento, salió a buscar departamento de nuevo. ¿Sabes porque Ron y ella vendieron el suyo? —preguntó tomando asiento en un sillón frente a Harry que había dejado de buscar en los rincones.

—Se lo dieron a Neville y Ginny —se sentó en el sofá frente a ella y bebió su agua de una sola vez— Esta tarde les ayudé con la mudanza, quisieron hacerlo como regalo de bodas según dijeron —colocó su vaso en la mesita de centro— ¿No sabe a qué parte de la ciudad pudo haber ido? Me gustaría hablar con ella.

— ¿Tú también estás preocupado no?— preguntó Jane sonriente.

Harry se recargó cansado en el sillón, intentando relajarse un poco.

—No la he visto desde que terminaron. Creo que ya es hora de hablar con ella.

—Y yo estoy de acuerdo, tu eres el único que puede animarla —le dijo levantándose.

— ¿Está muy mal? ¿Quiere que salga a buscarla? Porque si es así salgo en este momento —dijo Harry dirigiéndose apresurado a la puerta.

La Señora Granger rió ante su reacción alcanzándolo en el porche.

—No Harry, tranquilo. Ella está bien, solo un poco…pasiva. Casi no habla de ello pero sé que algo le preocupa, confío en que tú puedas sonsacárselo. ¿Pero qué te parece si lo haces el Lunes en Hogwarts? No creo que puedas hacer nada antes. ¿Qué querías decirle? —preguntó intentando peinar con los dedos el salvaje cabello de Harry, ante su nuevo sonrojo. Le encantaba ese muchacho, era como un pequeño niño en el cuerpo de un enorme hombre. Ah… le hubiera encantado tener otro hijo…

—Yo solo quería ver como estaba —dijo encogiéndose de hombros.

— ¿Ofrecerle tu ayuda como siempre no?— apuntó Jane rindiéndose en su intento de ordenarle el cabello.

Harry sonrió observando la solitaria calle y la puesta de sol del vecindario de los Granger.

La Idea en la mente de la Señora Granger llegó tan rápido que simplemente la dejó salir.

—Pues creo que en este momento lo único que necesita es un nuevo departamento, ha salido todas las noches y no encuentra nada ¿Tú no sabes de algún lugar?

De repente a Harry se le prendió la vela, y la mirada se le iluminó.

— ¡Eso! ¡Es usted un genio Señora Granger! Dígale a Hermione que no firme nada, yo sé de un lugar donde podrá quedarse. Nos vemos —le dio un beso en la mejilla y salió disparado calle abajo— ¡Muchas gracias!

— ¡No hay de que! —le gritó desde la puerta.

Estos muchachos. Pueden descifrar libros enteros, pasar horas frente a un salón de clases dando lecciones, pero cuando una quería darles algún consejo, prácticamente tenías que estampárselo en la cara.

Un estrepitoso ruido en la cocina le informó que su marido acababa de llegar con la cena.

—Ay no de nuevo ¡William! ¿¡Y ahora qué rompiste!