Capítulo I
Los personajes pertenecen a S.M. La historia es de mi autoría.
Es la primera vez que escribo un fic, me deje llevar por mi inspiración. Espero que les agrade, y si es así el caso; les agradecería escribieran un review y si no les agrada simplemente lo siento, sólo intento plasmar una historia que hace poco imagine.
Él Nuevo.
Blanco. . . . . .
Blanca las paredes, blanca mi bata, blanca mis uñas;y maldita sea blanca hasta mi piel.
Creo que hasta mi mente está en blanco. . .
Cada vez que me despierto es lo mismo no puedo ver nada más.
¿Cuándo será el día en que pueda ver colores entre estas cuatro paredes?
Ayer recibí una grandiosa noticia: otro tonto médico llegaría a tratarme, otro más para la suma de mis tantos doctores, otro imbécil que como siempre iba a decir "es un caso grave".
Y se largaría sin ningún avance en mi.
—Buenos días, Isabella, hora de tus drogas —dijo la enfermera alías "Quiero caerle bien a todo el mundo".—Hoy viene alguien nuevo a conocerte, ya es el décimo, debes alegrarte. -removió un frasco.—Tienes rango, no todas tienen tanta suerte como tú.
—Sí, sí como digas dame mis drogas y vete.- le espete aburrida.
—No te portes así, sabes muy bien que no te conviene- me dijo tomando mis mejillas entre sus manos y oprimiéndolas. Gire mi rostro apartándome de su fuerte gesto.
—Y; ¿Como es? ¿un viejo como todos? -indague al tiempo que en mis labios se formaba una sonrisa malévola.
—Claro Isabella, el nuevo doctor es como lo demás por ello no te preocupes-respondió colocando las pastillas en mi mano.
Me las trague de un solo tirón.
—Hasta luego, pequeña-se despidió "Quiero caerle bien a todo el mundo".
La ignore y me dirigí a el closet.
Dibujaba el crepúsculo en un lienzo extendido a lo largo del suelo, trataba de darle vida cuando oí el perillo de la puerta, y unos pasos seguros atravesarla.
El aroma a colonia, crema de afeitar y calor masculino que inundo mis fosas nasales me dejo por primera vez en mi vida completamente aturdida. Rabiosa por aquella reacción tan estúpida apreté los puños, preparada psicológicamente para pelear con el nuevo "doctorcito".
—Buen Día Isabella- dijo una voz aterciopelada, sexy y masculina.
No respondí.
—¿Cómo te encuentras?-preguntó.
Podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo justo tras de mí.
—Eso es lo único que saben preguntar los psiquiatras- contraataqué.
—Generalmente sí- contesto con voz suave. Si supiera lo malditamente erótica que se escuchaba su voz.—Es parte de nuestra educación, si las personas no quieren responder; es porque en realidad no saben como se sienten.
—Yo sé como me siento.
—No lo sabes Isabella.
—Quién te crees que eres para decirme eso-casi grité parándome del suelo y girando sobre mis talones para verle y enfrentarle.
¡Error!
Mi nuevo doctor no era para nada el maduro, calvo y feo que yo me esperaba. . . Nada que ver. . .
Como definirlo: Alto, de hombros anchos, piel lívida y ojos verdes. ¡Oh! me falta relatar su espectacular cabello cobrizo revuelto, pero demasiado de sexy para ser cierto.
Mordí mis labios nerviosamente. Era simplemente el hombre más hermoso que había visto en mi vida, aunque no he visto muchos en realidad. Pero estoy más que segura que nada se le parece a esa increíble creación de Dios.
—No sabes expresar tus sentimientos. No puedes transmitirlos- prosiguió ignorando cada una de mis palabras.—Los psiquiatras tienen el trabajo de ayudar a esas personas que se esconden en ese caparazón.-Chasqueó la lengua.—Y por lo que puedo ver en tu historial clínico, tú eres una de esas personas.
—Eso no es nada nuevo.-Paté una caja de lápices negros con fuerza.
—Tu actitud agresiva no me asusta Isabella.
Maldito.
—Agresiva . . .-Repetí al tiempo que solté una carcajada seca llena de frustración.
No sería tan fácil robarle la calma a este doctor.
Eso me frustraba.
—Personalmente me parece que no eres agresiva, finges serlo. Quizá es tu manera de protegerte contra los demás.
—No necesito protegerme de nadie.
—Pueda que sí, pero estás tan encerrada que piensas que consumir drogas es lo mejor.-dijo sentándose cerca de un pequeño tocador.
—¡Te pagan para criticarme!- exclame furiosa temblando de pies a cabeza.— Nadie me comprende. . . Tú no sabes porque me pierdo en el camino de las drogas, no sabes porque fumo mariguana. !NO LO SABES!-grite con los ojos inundados de lágrimas.
—Si lo sé, no sabes como hacerle frente a tus problemas.
—Tú no sabes nada- bramé arrastrando las palabras, tratando de contener las lágrimas.
—Las drogas jamás resolverá tus problemas Isabella, tu sólo puedes hacerlo.
—No puedo . . .
—Por supuesto que sí.-dijo con innegable convicción.— Aunque le hagas ver a los demás que eres lo peor, sé que no es así; te escondes en esa fachada para poder guardar el dolor. Sólo...
—Vete- le exigí interrumpiéndolo y señalando la puerta.—Largarte de mi vista ahora mismo.
—Con ello no lograrás nada Isabella, nada.-dijo saliendo del cuarto.
Estaba furiosa...¡Arg! Le había admitido a ese doctor más de lo que había expresado en toda mi maldita vida, pero eso no se quedaría así, lo haría pagar por hacerme sentir así.
Sé lo haría pagar muy caro. Pensé mientras tiraba una vaso lleno de agua contra la pared, haciéndose añicos al tocarla.
Burbujinclea
Es decisión de ustedes comentar la historia.
Bye.
