Disclaimer: Todos los personajes son de Cassandra Claire, solo la trama es mia.

Cambiando un Corazón.

"Este fic participa del Reto Especial de Aniversario: Celebrando nuestro primer año juntos, del Foro El Triángulo dónde tres están Unidos".

Valentine POV

Miré hacia afuera de mi celda donde la ventila que daba a la calle dibujaba la forma de los barrotes sobre el suelo. Suspiré con pesadez, la luz del sol estaba allí, tan cerca y tan lejos a la vez. Nunca más podría recibirme a la mañana, jamás vería un amanecer otra vez. Dicen que valoramos lo que tenemos una vez que lo perdemos, y así es. No sabía cuánto amaba la luz del sol hasta que ya no pude caminar bajo ella. Aunque no puedo quejarme… esto me lo gané con mi propio mérito. Al igual que el estar en esta celda…

Llevaba tres días aquí. Ayer había sido el juicio frente a la sociedad de Cazadores de Sombres, porque, como es de esperarse, todo hombre o mujer Nephilim se encontró aquí pidiendo mi cabeza, escuche solicitudes de que me dejasen "Secarme al sol", mientras que tirarme agua bendita también estaba entre otra de sus opciones, y había otras tantas que prefería olvidar. Aunque me creía merecedor de todas y cada una de ellas no me gustaban como sonaban.

En mi juicio, Clarissa ha sido una parte clave. Ya que si yo, por ser Submundo no podía someterme al escrutinio de la Espada Mortal, ella si podía, y había sido sometida a ello. Para asegurarse de que, el traidor, no estuviera usando a su única hija mujer para sus medios.

No podía negar que me asqueaba que pensaran eso de mi, pero más me asqueaba el hecho de que si el fuego celestial no hubiera traspasado mi ser, lo hubiera hecho sin remordimientos.

La Clave, asustada por las palabras de Raziel que les transmitió Clarissa, no me ejecutó ni planeaba hacerlo, como hubiesen muchos querido, pero sí me prohibió la entrada a Idris. Como también los miembros del consejo Submundo, entre ellos, los de mi raza acordaron no darme cobijo en ninguna de sus manadas o aquelarres. En fin, era un exiliado del mundo de las sombras.

Mi familia, Jocelyn, Clarissa y en menor medida Jace, intentaron incesantemente que aunque sea los Hijos de la Noche me dieran asilo, pero como dije, no lo consiguieron.

Quizás estar un poco alejado de esta vida me ayudaría a reordenar mis ideas, pues luego de todo me encontraba totalmente confundido y arrepentido.

Jonathan, mi hijo, no apareció, pero yo sabía que no había muerto. Él era un hueso duro de roer. Lo único que espero es que no se acerque a sus hermanos, y mucho menos a su madre. Aunque tenía una clara idea de que eso no pasaría, lo conocía.

Mi relación con Clarissa era distante, pues tenía claro que ella debería de odiarme. Y yo no tenía la suficiente entereza como para acercarme a ella luego de haberle hecho tanto daño.

Jace, por su parte había intentado golpearme cuando bajó a los calabozos, pero otros cazadores se lo impidieron. Pues no sabían cómo reaccionaría yo a aquel intercambio. Luego de eso se calmó y logramos charlar un rato, aproveché para pedirle disculpas por todo. Él un poco reacio, me perdonó. No esperaba menos de Jace, por sus venas corre la sangre de Ithuriel. Aunque, me advirtió que si le hacía daño a Clarissa no dudaría en matarme. Estaba agradecido de que mi hija contara con alguien como Jace.

El círculo, quedó totalmente disuelto. Yo me encargué personalmente de eso al dar dato por dato de los Cazadores infiltrados. Más de una sorpresa se llevó la Clave al enterarse de los nombres, muchas familias honorables fueron repudiadas y deshonradas.

Suspiré y tomé mi cabeza entre mis manos. Sentía un ardor increíble en mi garganta, esto era nuevo para mí. Pero como me imaginé, era la sed de sangre. Esta mañana luego de que le haya explicado lo que sentía a Jocelyn y Clarissa, los cazadores asignados a la cárcel trajeron una especie de cuenco repleto de sangre fría. Solo el olerlo alivió mi ardor. Me lo bebí de un trago pero no pude evitar las arcadas al terminar de beber. Me sentía repugnante, un parásito que necesitaba de la sangre de otros para vivir.

Oí un sonido al final del corredor, era el de unas botas caminando. Levanté la cabeza de su lugar entre mis manos y dirigí mi vista hacia el frente. Unos segundos después apareció ante mí un muchacho de pelo blanco y ojos negros, era Jonathan. Mi hijo. Él me miró con desagrado y empezó a hablar:

– Padre, mírate. Jamás pensé verte tan… ¿Patético? ¿Destruido? – Soltó una carcajada burlona. – Me das vergüenza, ¿Qué pensarán de ti aquellos con los cuales hemos pactado por años?

-¿Qué haces aquí Jonathan? ¿Qué hiciste con los Cazadores que cuidan los calabozos? – Pregunté desesperado. Podrían bajar en cualquier momento y matarlo.

–¿Qué? ¿Ahora no te puedes imaginar que hice con ellos? – La burla brillaba en sus perlas negras. Meneó la cabeza negativamente y dijo: – Me decepcionas Valentine, creí más de ti. Pero no, eres solo un pobre hombre, bueno… "hombre" – Enfatizó los dedos en el aire– ¿Chupasangre? ¿Colmillitos? ¿Parásito? –Bufó. – Eres lo que más odias, un insulso Submundo, un vampiro. ¿Qué tan bajo se puede caer?

–Jonathan, Basta. – Intenté hablar con la firmeza que no poseía. – Niño tonto, es que ¿todavía no entiendes? No era nadie antes y no lo soy ahora, toda mi vida estuvo vacía. La muerte de mi padre a mano de los lobos solo me cegó, no ví más allá de mi odio y rencor. – Lo miré tratando de influirle un poco del dolor que sentía, para que entendiera mi punto. – Y lamento, lamento mucho decirte que tu eres igual o aun peor que yo. Y eso es total y completamente mi culpa hijo. No supe criarte, sólo mentiras te decía. Y tú eras un niño, no tenías la culpa de mi odio infundamentado hacia los Submundos. Todo lo que hice contigo estuvo mal, desde tu concepción. No debí, nunca debí haber experimentado contigo, mi propio hijo, mi propia sangre. – Miles de imágenes de ese periodo vinieron a mi mente agobiándome, Lilith y su sangre, Jocelyn y sus lágrimas mientras bebía, las miles de mentiras que tuve que decirle para que accediera a tomar esos brebajes. Un amargo sollozo se escapó de mis labios– Mi Jocelyn, mi amor.

–¡No la nombres A esa… esa…!–Su voz fue cortada por mi grito.

–¡No te atrevas a llamar de cualquier modo a tu madre Jonathan Christopher! – Eso no lo podía permitir. – Ella es una persona inocente a todo esto, si quieres culpar a alguien– Me señalé. – Aquí me tienes. Pero nada tiene que ver Jocelyn en esto.

– Esa mujer no es mi madre. Ella me despreció apenas nacer, una y otra vez aseguró que yo era un monstruo el cual ella misma debía aniquilar. – Me sorprendió el veneno que tenía en su voz al hablar de Jocelyn. – Ni siquiera tu, Valentine, eres mi padre. Mi padre murió aquel día en la batalla de Brocelind, él jamás sería un submundo, un maldito vampiro como tú. – Con eso se giró por donde vino pero detuvo sus pasos al escuchar mi voz.

–Quizás tengas razón, el hombre que conocías como padre murió en aquella batalla. Pero, Jocelyn jamás intentó matarte, esas fueron mentiras mías. Y te prohíbo que le hagas daño, a ella y a Clarissa, tu hermana. Es más, te quiero lejos de ellas. Desaparece de sus vidas y de la de Jace. – Levanté mi dedo índice y lo señale– Hablo enserio Jonathan, si tocas a alguno de ellos me olvidaré de que eres mi hijo.

Una risa escapó de él y me desdeñó con un movimiento de mano. – ¿Enserio? ¿Y quieres agregar a esa lista a Graymark?

– Jonathan– Amenazé– Lucian es mi parabatai, cuidado con lo que haces.

Hizo un sonido entre risa y bufido, y dijo: – Pues tarde te has acordado. –Se puso serio y continuó– Jocelyn y Graymark están primeros en mi lista. En cuanto al niño ángel y Clary tengo algo especial preparado para ellos…- Mis ojos se abrieron de par en par, pues no dudaba de que así fuese. El siguió caminando por el pasillo, alejándose como si nada.

Salí del trance en el que me encontraba y corrí hacia las rejas de mi calabozo gritando: – ¡JONATHAN! ¡NI SE TE OCURRA HACERLES ALGO!, tomé en mis manos los barrotes y sentí un fuego que me quemaba, tarde comprendí que estaban grabados en ellos símbolos sagrados. Escuche sus carcajadas mientras se seguía alejando.

Maldije bajito y solté rápido los barrotes.

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Tiempo después…

–Jocelyn, Clary debe saber defenderse. Ella es una cazadora de sombras. –Me encontraba en la cocina de la casa de Lucian, en Brooklyn. Frente a una Jocelyn nada tranquila, había descubierto que cuando se trataba de Clary, ella no escatimaba en enojos. Demostrándome lo importante que es nuestra hija para ella. – No puedes negar eso. – Suavicé un poco mi voz– Entiende, es por su seguridad.

Ella giró los ojos, cuan adolescente y me miró fijamente diciendo: – Me parece mentira que justamente tú, estés velando por su seguridad.

Eso me hizo bufar: –Jocelyn, se razonable. Estamos hablando de nuestra hija, es importante para mi.

Frase equivocada, exasperada alzó sus brazos al aire y exclamó: –¿Es importante para ti? ¿Enserio Valentine? ¿Ahora yo soy la madre irracional y malvada?

–Déjame decirte que yo no he sabido de su existencia hasta que ella cumplió diecisiete años, y no fuiste tú quien me lo menciono…– Había logrado enojarme, ¿Qué pretendía?

–Jocelyn, Valentine. Creo que ambos están muy enojados pero no lograrán nada así. – Lucian, como siempre era la voz de la razón. Nos miró a ambos tratando de apaciguar las aguas, para luego mirar a Jocelyn y decir: – Ve a recostarte, mañana podrán seguir hablando.

Sin más Jocelyn asintió y se fue a su habitación. Yo miraba por donde se iba hasta que Lucian habló:

–Deberías de entenderla un poco más Valentine, ella y Clary han sido la una para la otra desde hace años. Jocelyn lo que más quiere es alejarla del dolor del mundo de las sombras.

–Lo sé Lucian, lo sé. – Froté mi mano por mi cara en señal de frustración, sabía que debía hablar con él. Pero tenía miedo, miedo al rechazo que sabría obtendría de su parte. – Er, escucha, ¿Podríamos hablar?

Me miró y asintió para luego decir: – Sígueme.

Salimos de la estrecha cocina para un pasillo que no había visto antes, pasamos por algunas puertas hasta llegar al final de este donde nos recibió una escalera. Subimos por esta hasta el techo de la casa de Lucian. Me sorprendió el hecho de que poseía una terraza, no estaba al tanto. Lucian siguó caminando hasta casi donde termina la vivienda. El viento corría fuerte a estas horas de la noche.

Él comenzó a hablar sin mirarme:

– ¿De qué me querías hablar Valentine?

Tragué saliva y conté mentalmente hasta tres, quería calmarme antes de empezar a hablar: –De todo, de lo que te hice Lucian. Como me porté contigo, eramos Parabatai y te traicioné, eso es imperdonable. – Yo miraba al suelo, pero en un momento tuve que levantar la vista al hombre lobo que me miraba frente a frente. – Quiero pedirte disculpas, no debí, no… Perdóname Lucian. Esto es una de las cosas más difíciles que tuve que hacer en mi vida– Lucian levantó una ceja escéptico. – No me malinterpretes, matar a alguien, torturarlo no es difícil– Su cara se arrugó en desagrado– ¡Oh! Bueno, no, no quise decir eso. Ya sabes… ¡Rayos! – Suspiré frustrado, esto no estaba planeado así. Froté mi cara con frustración e intente proseguir: – Empecemos de nuevo. Yo.. Yo lo siento, por todo. Lucian, eras mi hermano, mi parabatai. Perdón…– Sentía un nudo en mi garganta, y estaba seguro que esta vez nada tenía que ver con el hambre voraz que presentaba. Lo miré suplicando su perdón. – Sé que no lo merezco, es más, estás en todo tu derecho si decides no perdonarme.

Las palabras salían sin tapujos de mi boca, era un idiota. ¿Como podía estar suplicando su perdón si no lo merecía?

– Valentine, calma, respira. – Tomó mi hombro y me infundió confianza con su mirada– Sé que estás arrepentido y acepto tus disculpas. Estás perdonado. – Me sonrió para luego borrar toda sonrisa de su rostro. – Aunque, debo advertirte, Clary y Jocelyn son mi familia ahora. Les haces algo, por más pequeño que sea y no dudaré en matarte Valentine.

Asentí orgulloso del hombre en que se había convertido mi Parabatai, ellas no pudieron estar en mejores manos.

– Lo entiendo y te aseguró que no será necesario. – Por varios minutos ambos permanecimos callados hasta que la duda tiñó mi rostro y no pude detener mi lengua a preguntar: – Tú… ustedes... ¿Jocelyn y tu están saliendo? – Sus mejillas se tiñeron de rojo intenso, este era mi amigo, mi Lucian, mi parabatai. Sentía que teníamos diecisiete otra vez. Una carcajada escapó de mis labios. – Sigues enamorado de ella como cuando estábamos en la academia amigo mio.

– Err, Valentine. – Gruño arrancándome una carcajada aún mayor. – Ella no sabe nada de mis sentimientos. No está preparada para eso, y yo… la amo demasiado como para obligarla a algo que no quiera.

Eso me dolió, yo no me había cansado de obligarla a cosas, incluso la había anulado como persona haciéndome centro de nuestra relación. Me sentía miserable. En ese momento una verdad innegable llegó a mi, yo no amaba a Jocelyn, estaba obsesionado con ella, pues era lo más puro que tenía mi vida. Y como no podía haber sido de otra forma, logré corromperlo con mi odio y rencor. Lucian debió haber notado mi cambio de humor porque siguió hablando: – Escucha, sé que es… que fue tu esposa… No debería haber dicho nada de lo que dije…–

– No, no es eso Lucian. – Negué con la mano– Es que… yo nunca amé a Jocelyn, sólo estaba obsesionado con ella. Ella necesitaba a alguien que lo diera todo por ella, que la amara sin medida. Yo… no podía amar a nadie, ni siquiera a mi mismo. – Lo miré y hablé con firmeza– Sé que eres un gran hombre, Lucian. Nadie podrá hacerla más feliz que tú. – Mi mirada demostró la emoción que sentía por dentro– Estaría más que feliz de que seas tú quien cuide de Jocelyn. Amala amigo, amala como yo no pude hacerlo.

Deseaba con todas mis fuerzas llorar, pero mi condición no me lo permitía.

Nos fundimos en un abrazo. No sabía cuánto había extrañado a mi Parabatai hasta este momento. La sombra de una runa echa hacía ya varios años ardió en mi antebrazo. Y un viejo juramento ya casi olvidado corría por mi mente…

No me ruegues que te deje, o que regrese cuando te estoy siguiendo.
Porque a donde tu vayas, yo iré, y donde tu vivas yo viviré.
Tu gente será mi gente, y tu Dios será mi Dios.
Donde tú mueras, yo moriré. Y allí seré enterrado;
El Ángel me haga esto y mucho más si nada más que la muerte nos separa a ti y a mí.
.

Una parte de mi muy importante me fue devuelta en ese abrazo y con ella, la esperanza a un mañana mejor. Un mañana en el que todo sea distinto y pueda estar en paz conmigo mismo y con mi nueva raza. Quizás después de todo no era tan malo ser un Submundo, quizás y hasta me gustase… No lo sé, debía averiguarlo… Mucho me quedaba por aprender, pero sabía que estaba bien encaminado.
Lo único que tenía claro en mi vida era que tenía personas que me ayudarían a saberlo, personas por las cuales entregaría mi vida sin dudarlo, personas que harían mi "vida" o, mejor dicho, mi "no-vida" más llevadera…

Pero no era tonto, no todo era color de rosas, sabía la amenaza que Jonathan representaba para todos nosotros. Sabía que él sería la causa de más de una lucha, pero tenía claro en que bando lucharía y con quienes estaban mis lealtades.

Y por ahora, eso era suficiente para mi. Lo demás vendrá después…

FIN.

Aquí la continuación y episodio final. Espero les guste.

Abrazo enorme, Cachestown.