Los personajes son propiedad de S. Meyer. La trama es de mi autoría.
CRUSH
Puedo oler tu aroma a millas, ¿qué estas intentando hacerme? *
Al parecer a Rosalie se la ha olvidado el pequeñísimo defecto que cargo día con día, mismo que me ha ocasionado varios problemas con mi jefe Mike y que suele poner ansioso a Jasper.
No se trata de algo incurable, tampoco tiene que ver con mi físico. Digamos que aparte de ser una pésima consejera, sufro del mal de la impuntualidad y lo acepto.
Pero no puedo evitarlo.
A pesar de las constantes charlas de mi madre diciéndome que es de mala educación hacer esperar a la gente y de las quejas de la abuela por ser tan descuidada en todos los aspectos de mi vida, me es imposible llegar a tiempo a cualquier cita.
Asi que cuando entro a la estética media hora después de la reservación no me extraña la mirada que me dirige la alta mujer de cabello rubio platinado. Frunce el ceño y percibo como el zafiro de sus ojos se va opacando.
Sonrío ampliamente y alcanzo a susurrar un: "lo siento", antes de que se vuelva a su cliente.
Y mientras espero en uno de los sofás rosados recuerdo lo que me trajo aquí.
Muy a mi pesar, la semana pasada visite a la abuela Marie y como siempre lo hace conmigo, solo al verme entrar empezó a lanzarme una serie de comentarios sobre mi aspecto, entre ellos recuerdo uno en especial:
"Y bueno Isabella, ya tienes veintitrés años como para seguir trayendo ese cabello de estropajo ¿no crees?, deberías ser como tu prima Tanya que siempre tiene su larga melena castaña bien peinada."
Pero eso no es lo peor. Al darse cuenta que la estaba ignorando con mi teléfono decidió soltar la bomba frente a la familia.
"Ahora entiendo porque el hijo de los Black te dejo"
Y asi fue como cuatro pares de ojos, incluida la mirada de: "no rompo ni un plato" de mi prima Tanya se plantaron en mí, mientras yo intentaba que mi rostro pareciera impasible a pesar de sentir como mis mejillas empezaban a colorarse.
Pero no fueron sus palabras de la abuela lo que me provoco tal coraje, sino que el susodicho haya ido de chillón con mi familia a contar el motivo de nuestra ruptura, la cual aparte de tener que ver con mi aspecto se debía principalmente a una infidelidad.
Si, el muy cabrón me había engañado con su vecina.
Y por supuesto, ese detalle no se los había contado.
Pero en fin, después de pasar terrible vergüenza frente a la gente que me crio, decidí hacer una cita en la estética para que de una vez por todas me arreglaran el cabello, ya que si, la abuela tiene razón, pero solo en esa parte.
—Te puedo hacer un balayage, está de moda —parpadeo volviéndome a Rosalie, quien ha dejado a las otras mujeres para atenderme.
Beneficios de tener una amiga estilista:
No me hace porquerías, siempre está disponible para mí y lo mejor de todo; me cobra menos de lo que normalmente cuesta un corte.
—Solo quiero que lo rebajes un poco, después de las luces quedo muy dañado —menciono, mirándola por el espejo cuadrangular.
—Ok. Te pondré un tratamiento porque lo traes muy reseco, vale —asiento tomando una de las revistas de cotilleo de la mesita a un costado.
Después de unos minutos de estarla hojeando y de nada nuevo de que enterarme, la vuelvo a dejar en la pila, para tomar ahora la última de ellas.
Y como si fuera un mal chiste por mí inexistente vida social, hago una mueca al ver que el título remarca: "Vida nocturna". No obstante, llevada por la curiosidad empiezo a leer, al tanto que Rosalie regresa con sus utensilios.
—Ah, el Lotus. Emmett acaba de ir allí hace dos noches y dice que el lugar esta increíble. Tienen bailarines que cuelgan del techo y hacen acrobacias con tela.
—Danza aérea —aclaro.
—Aja. También me conto que hay un área especial por si quieres un poco de privacidad…
—Se llama zona VIP.
—Si eso. Bueno, pues resulta que en uno de los apartados conoció a un tipo que trabaja en las bienes raíces, se tomaron unos tragos, los cuales el hombre pago y luego de conversar un rato, le regalo unas entradas para el juego de los Nets porque él no iba a poder asistir. ¡Y son en primera fila! ¿Puedes creer la suerte que tiene?
—Que emocionante —declaro sin ánimo. El basquetbol está lejos de ser mi deporte favorito—. Y a todo esto ¿Cómo se llama aquel intento de papá Noel? —Rosalie ríe.
—De papá Noel no tiene nada, créeme. Según Emmett el tipo traía una novia parecida a Adriana Lima.
—Entonces no es feo…—dejo la revista a un lado y me acomodo en la silla, poniendo suma atención— El tipo es adinerado, tiene una novia modelo y se las da de Santa Claus en pleno septiembre. ¿Dónde puedo conseguir uno asi Rose?
—Ya sabes lo que pienso. Si dejaras ese trabajo y vivieras como la gente común y corriente, conocerías chicos.
Frunzo el ceño.
—Ese es el problema, no quiero un chico, quiero un hombre.
—¿Alguien cómo el del lunes pasado? —inquiere alzando una de sus finas cejas y esbozando su típica sonrisa ladina.
—¿Cómo supiste…? —levanta los hombros restándole importancia y entonces lo sé— ¡Voy a matar a Jasper!, ese cotilla nunca se queda callado.
—Anda cuéntame. Quiero escucharlo de ti, porque mi primo solo menciono que te dejo como idiota el resto de la noche, pero no le creo —ruedo los ojos.
De verdad iba a matarlo.
Suspiro.
—Si Rose, el tipo está como el chocolate suizo. Exquisito.
…
Luego de mi modesto cambio de look y de soportar la interrogante mirada de Jasper sobre mí cada vez que me lo encuentro en el camino, decido que es un buen momento de un cigarro.
No obstante, no cuento con que empiece a llover fuertemente esfumando mis deseos de relajarme un momento lejos del horno que es el establecimiento, contando la bodega que sirve de almacén.
De regreso a la caja me topo con Jasper nuevamente y esta vez, es víctima de mi desahogo.
—¡Me lo corte! —exclamo al mismo tiempo que le muestro los mechones castaños.
Abre los ojos, finalmente comprendiendo
—Ah—y asi, sin más vuelve a los pasillos.
Hombres.
Hablando de ellos, suena la campanilla y entran tres escandalosos sujetos vestidos con overol azul marino. Tornillo, tuerca y martillo, asi se llaman.
No es cierto. Solo son víctima de mi mala memoria, algo que también me critica la abuela. El nombre del que tiene el lunar en la mejilla empieza con E, el del diente chueco con P y el mejorcito de los tres con J, creo.
—¡Bella! —exclaman al unísono y me es imposible no sonreír. Estos hombres de alguna manera alegran mi noche.
—¿Lo de siempre chicos? —inquiero recogiendo las botellas de vidrio de la cinta.
—¿Trajeron de nuevo las banderillas de caja?, la semana pasada no las vi — pregunta Tuerca. Perdón, E.
Jasper le asigno ese apodo ya que según él, batea para el otro lado.
Ustedes entienden.
—Me parece que si —empiezo a pasar las cosas que van dejando en la cinta por el lector, cuando de pronto de las bocinas empieza a emanar Total Eclipse of the Heart.
Aquí vamos.
—Paul, esa canción fue la que le dedicaste a Emily, ¿cierto? —¡Paul!, asi se llama el del diente mal acomodado.
—Bonnie Tyler. Si, lo recuerdo.
—Vamos chicos. Existen infinidad de canciones mejores para dedicar que esas de los 80's —opino ganándome su atención.
—¿Como por ejemplo…? —pregunta el del lunar.
—Tienen a Eric Clapton, Bob Dylan e incluso a los Beatles, entre ellos tres hay mucho de donde escoger.
—Sinceramente yo prefiero algo más actual —dice Jared—. Y movido, sobre todo si quieres llevarte a la chica a tu casa.
Suelto una carcajada, misma que es opacada cuando por detrás de Embry aparece el hombre de hace dos noches.
Trago saliva y abro los ojos como platos.
Esta vez usa pantalones de mezclilla que le ajustan perfectamente las torneadas piernas, pero lo que lo hace verse irresistible es la combinación del jersey azul celeste por debajo del saco en tono gris, y dándole un toque informal, trae puestos unos zapatos deportivos blancos.
Que alguien le llame a Domenico Dolce y Stefano Gabbana, uno de sus modelos se les escapo de los photoshoot.
—¡Hola! —dios mío, sueno patética con tremenda exclamación. De pronto siento cuatro pares de ojos mirándome con atención—. ¿Que te ofrezco?
Un temblor amenaza con instalarse en mis piernas en cuanto percibo su penetrante mirada recorriéndome justo como yo lo hice con él.
—Unos cigarros… —hace una minúscula pausa y luego sus ojos vuelven a los míos. Son tan verdes—. Marlboro y mentas.
Lo mismo del lunes.
—Ya tenemos Marlboro Light —aclaro esbozando una sonrisa que no enseñe mis dientes.
Él responde con una sonrisa ladina, no es la misma que hace Rose, esta es diferente, más sensual, como si ocultara algo bajo esa pinta impasible.
—Preciosa, ¿nosotros cuánto te debemos? —parpadeo volviéndome a los otros.
—Sesenta y tres, chicos.
Embry me entrega el dinero y antes de irse, se acerca un poco para que solo yo pueda oírlo.
—Inclínate para que note tu escote —frunzo el ceño y ligeramente niego con la cabeza, a lo que el suelta una carcajada.
Y asi quedamos solo el hombre perfecto y yo.
Mentalmente me preparo para no echarlo a perder como la vez pasada. No tengo chicle, tampoco hay revistas de cotilleo. Sin embargo, a lo lejos alcanzo a vislumbrar la presencia de Jasper en camino.
Mierda.
—Entonces, ¿cuáles te ofrezco? —inquiero mirándolo nuevamente.
—Clásicos están bien —asiento intentando no cerrar los ojos en cuanto escucho su aterciopelada voz.
Vamos Bella. Conversa con él.
—¿No has probado los mentolados?, me gusta el resabio que dejan. Con ellos podrías ahorrarte lo de las mentas —por un instante me siento más segura, estoy en mi campo. Hasta que empiezo a hablar de más— Aunque ya sacaron unos de durazno que saben deliciosos, no es que me los coma, me refiero al sabor. Me entiendes, ¿no?
Siento como mis mejillas empiezan a tornarse de color carmín. Aún más, cuando percibo como relaja su cien y el brillo emanando de sus esmeraldas incrementándose, al mismo tiempo que se acerca a la caja registradora, inundando mis fosas nasales con su exquisito aroma a almizcle.
—Los de durazno no terminan de convencerme, en cambio los mentolados solían ser mis favoritos y sobre las mentas, no son para mí.
Cada jodida palabra la dice con una seguridad que admiro, misma que me hace estremecer hasta llegar al punto de tener que sostenerme de la orilla de la cinta con fuerza para evitar gemirle en la cara.
—Ok —susurro sintiendo pena por mí.
Soy un desastre.
Inhalo rápidamente, acomodándome el cabello detrás de los hombros intentando serenarme.
—Te cortaste el cabello… —me quedo estupefacta con la cajetilla de cigarros en mano en cuanto lo escucho susurrar.
—Era un lío para desenredarlo. Estaba muy dañado —por instinto acomodo un mechón detrás de mi oreja.
El carraspea suavemente y mete las manos en los bolsillos de su pantalón, adoptando una postura más cómoda.
—No vuelvas a hacerlo —abro los ojos ante su mandato, lanzándole una mirada de: ¿Qué carajo está sucediendo?
A lo que él responde con una punzante mirada que intoxica mis sentidos.
Finalmente dejo su pedido sobre la cinta mientras tecleo los precios en la caja, escucho el frufrú de la ropa, percibo su atrapante aroma y sé que estoy a punto de quebrantarme frente a él.
Me entrega un billete y procurando no rozar su piel, le devuelvo el cambio. Él lo rechaza.
—Es tuyo —miro el par de billetes, esta vez me ha dejado más de la mitad.
—Gracias —alcanzo a susurrar cuando el guarda su cartera en el bolsillo trasero de su pantalón. Y por un segundo me siento satisfecha porque al menos hoy, no me dejo con la palabra en la boca.
—Hasta el viernes… —le echa un vistazo a mi pecho, exactamente a lado derecho donde está la tarjetita blanca y vuelve a mi rostro— Bella.
Y asi es como la sangre que viaja a través de mi cuerpo se detiene en cuanto pronuncia delicadamente mi nombre, paralizándome de pies a cabeza en la caja 5 de Mike's store.
Lo veo salir de la tienda, se detiene bajo el techo de lámina para refugiarse de la lluvia y aprovecha para encender un cigarro. Mi atención se centra en la forma en que sus carnosos labios lo sostienen, frunce el ceño mientras trata de prenderlo con la mano bloqueando la corriente de aire, al tanto que su pulgar contrario tira del encendedor, haciendo ver un simple acto como algo sumamente sexy.
—¡Joder, tía! Ese hombre hará que te desmorones como polvorón —Jasper logra traerme de vuelta a la realidad. Estoy a punto de replicar cuando de pronto se empieza carcajear— Eres… un desastre —me pregunto qué carajo le pasa, pero se adelanta— Tus ojos… —alcanza a decir antes de romper de nuevo en risas.
Rápidamente saco el espejo del cajón donde guardo las revistas y lo que a continuación presencio, provoca que mi cuerpo se encienda en llamas.
El delineador, el jodido delineador negro para ojos que me puso Rosalie se había corrido. El calor hizo que la tinta manchara mis parpados haciéndome lucir como un mapache.
¿Es enserio?
*Animals - Maroon 5
Tarde pero seguro. Un nuevo capítulo que espero les guste tanto como a mi su respuesta por el primero.
De verdad muchas gracias por todos sus comentarios, a todos los que agregaron a favoritos y me siguen, no pensé que llegara a tener esa cantidad.
Asi mismo me encantaría saber que opinan de este, ¿les gusta como se esta poniendo?, porque ¡rayos! me costo escribirlo y mantener la esencia del primero.
En fin, una disculpa por la tardanza.
Nos estamos leyendo.
-Indiansummer7.
