Magi y sus personajes le pertenecen a Ohtaka Shinobu.
2.
—Bien, te escucho.
Kougyoku inhaló y exhaló, controlando el nerviosismo que la invadía, despejando de su mente toda duda, incertidumbre o miedo al futuro... es decir, al resultado que indudablemente llegaría antes de caer la noche. Tener un durazno frente a ella, siendo devorado por Judar, no ayudaba a controlarse enteramente, pero no podía darse el lujo de perder ni bien comenzada la contienda.
El round uno comenzó en cuanto terminó de carraspear.
—T-tu cabello es tan negro como tu alma, Judar-chan.
El magi dejó caer su durazno, parpadeando sorprendido por la respuesta de la Ren, no precisamente ofendido por la analogía —correcta— en la frase. De hecho, estaba realmente asombrado de que ésta realmente supiera lo que decía, habiendo jurado que ganaría en el primer round.
—... bien —murmuró, fingiendo indiferencia—. Buena analogía.
Kougyoku se sonrojó, escondiendo su rostro detrás de sus mangas, recordándose controlarse. Era la primera vez en mucho tiempo que Judar la halagaba, pero eso no significaba que su vida estuviera a salvo. Aún no.
—T-tu turno.
—Tu cara se pone tan roja como una manzana cuando te avergüenzas.
—¡N-no es cierto! —Renegó la princesa, aunque su sonrojo no ayudaba en lo absoluto.
Judar la miró fijamente, con ojos vacíos, no permitiendo una negativa a la inminente verdad. Venga, que cualquiera estaría de acuerdo con dicha analogía.
—Te toca.
—... u-uhm...
¿Qué más? Kougyoku tenía mucho que quería decirle a su amigo, ¿por dónde comenzar? Podía tratarse de sus ojos, tan rojos como la sangre. O su sonrisa, tan aterradora como encantadora, aunque pensar en una analogía sería difícil... ¿sus ropas? ¿Su actitud? ¿Su sutil adicción a los duraznos, como ese que se comía luego de limpiar el pasto?
Iugh, seguramente iba a caerle mal.
—Te estás tardando, vieja —comentó Judar, mascando ruidosamente, observando los magentas ojos de la princesa con aburrimiento.
—Judar-chan, tus ojos son como la sangre.
—Ajá, sí, ¿y?
—... acabo de decir otra analogía.
—...
—Es tu turno.
Bueno, ella lo había halagado nuevamente y lo hacía con toda la intención de hacerlo. Quizá podría pensar en algo más agradable para la chica; con algo de esfuerzo —o sin éste— la avergonzaría y la haría perder...
Nah, mejor pensaría en algo que la hiciera cabrear. Era divertido ver sus mohines. Además, cuando Kougyoku se enojaba, dejaba de pensar racionalmente. Si es que alguna vez era racional.
—Tus pechos son como duraznos.
—¡JUDAR-CHAN! —Bramó la princesa, abrazándose a sí misma.
—¿He mentido?
—¡Las analogías...! —Kougyoku se calló, no sabiendo qué más decir. Estaba segura de que sus analogías las hacía con la intención de ser verídicas. Judar seguramente también lo hacía con ese propósito—. ¡Mis pechos no son tan pequeños! —Intentó defenderse, tan roja de la cara como... oh, sí; una manzana.
—Hasta yo podría tener más pechos que tú metiendo unas naranjas bajo mi ropa.
—¡Porque son naranjas! ¡Las naranjas son más grandes que los duraznos!
—¡Jah, lo admitiste! Pechos como duraznos —se mofó el magi.
Kougyoku golpeó su frente.
—Da igual, me toca.
—Pero aguarda, esto es muy fácil —no, de hecho no, fue lo que Kougyoku deseó decir. Con Judar frente a ella... no, simplemente con Judar presente no era fácil hacer ninguna analogía, pues temía hacerlo enojar, a diferencia de él, que no se preocupaba por ello. El magi sonrió de lado—. Hagamos analogías de nosotros, no de alguna parte en específico.
—¿E-es decir que...t-tengo que compararte con algo?
—Yup; física o psicológicamente. Pero tiene que ser verdad; los insultos cuentan.
—¡No, Judar-chan, insultos no!
El muchacho chasqueó la lengua.
—Bien, insultos no. Pero cuentan los aspectos negativos. Ahora, es tu turno. Y recuerda, no puedes usar una parte de mí, tengo que ser todo yo.
¿Fue Kogyoku, o acaso el magi le había guiñado un ojo mientras se acomodaba más cómodamente en el pasto, flotando lo suficiente para que las hierbas no tocaran su piel?
Alucinaciones. Sólo parpadeó, seguramente.
Kougyoku meditó un momento, observando al magi cómodamente recostado por encima del pasto y evadiendo constantemente la mirada de su penetrante mirada carmesí. Su larga trenza se esparcía a sus espaldas y la forma en que su esbelto cuerpo se amoldó sobre si el aire fuera suelo firme, con una mano sobre su cintura y la otra sosteniendo su mentón, le recordó a Kougyoku la imagen de una seductora cortesana...
La chica se sonrojó furiosamente por el pensamiento, tragando saliva.
—¿Te rindes~? —Ronroneó, campante, el magi.
—Judar-chan, eres como una cortesana.
—... ¿qué?
—Q-quiero decir... u-un...
—Acabas de decirme puta —espetó Judar, afilando su mirada. La media sonrisa de su rostro se había desvanecido de golpe.
Oh dios, oh dios, oh dios, ya veía los duraznos... los veía persiguiéndola hasta el baño, asechándola mientras dormía, invadiendo su cama, atacando su garganta, robándole sus jabones, vistiéndose con sus ropas...
—Lombriz.
—... ¿qué?
—Arrastrada, desagradable y húmeda —siseó Judar, con claras intenciones de ofenderla.
—¡No metas a Vinea en esto! —Renegó la princesa, colorándose del rostro con nada más que furia, entendiendo su comentario—. ¡Dijimos que sin insultos, Judar-chan!
—Me dijiste puta, tú comenzaste.
—¡No! Es que... ¡t-tu forma de...!
—Perdiste —canturreó Judar, interrumpiendo los balbuceos de Kougyoku—. Así que...
—Tú también perdiste porque me insultaste —se defendió la princesa, borrando, una vez más, la sonrisa del rostro de Judar.
—Tú comenzaste.
—Yo te estaba comparando con una cortesana, no te dije que eras una. Tú me dijiste que era una lombriz, ¡tú te equivocaste!*
Judar gruñó, torciendo la boca.
—Empate.
—¡Pero si yo gané!
—¡Round dos!
—¡Judar-chan, eso es injusto! ¡Yo gané! —Chilló la princesa, manoteando berrinchudamente.
—Decirme puta, compararme con una, ¿qué importa? Me insultaste —gruñó Judar, cruzándose de brazos—. Toma el empate o pierdes.
Kougyoku suspiró exasperada, asintiendo de mala gana. Sabía que contra Judar no tenía forma de ganar. No en una discusión nacida de un malentendido que ella había causado.
Aunque no se arrepentía de decirle cortesana porque le había recordado una. La más atractiva, excéntrica y cruel cortesana de todo el mundo.
—Está bien. Empate. Vamos con el round dos. —Judar sonrió nuevamente, sentándose con las piernas cruzadas. Sus ojos brillaron con lo que parecía ser emoción—. Pero... —y de nuevo su sonrisa se borró; Kougyoku le vio con severidad— que las analogías también se enfoquen en alguna característica.
—¿Para decirme que tengo cara de puta, quizá?
Oh que la... Kougyoku frunció el ceño.
—Para decirte que tu actitud es como la de un niño berrinchudo.
—Mira quién lo dice.
—Judar-chan... —la princesa suspiró, abriendo nuevamente la boca. Judar la interrumpió.
—«¡Oh, yo quería quedarme en Sindria con Sinbad y aquel rubio bueno-para-nada y ese puto chibi de mierda!» —Habló Judar, usando un tono de voz chillón que parecía tener como intención imitar a Kougyoku—. «¡Oh, si tan sólo Sinbad me hiciera caso, pero soy sólo una chiquilla que no puede hacer nada bien, ni siquiera ir con Judar cuando se lo pidió!».
—Jud...
—«¡Ni siquiera Kouen me hace caso! ¡Al único que de verdad me hizo caso decidí dejarlo por un puto mujeriego! Oh, me convertiré en una puta, quizá así me haga caso».
—J-Judar-chan... basta... lo siento... yo... yo lo siento...
—«¡Después de todo, sólo soy la hija de una puta!».
—¡BASTA! —Bramó Kougyoku, sin darse cuenta de que lágrimas de angustia y furia resbalaban de sus mejillas. Judar le vio con indiferencia; no sonrisas, no burla. Sólo hiriente y fría indiferencia, sintiendo como si su pecho fuese perforado no con armas, no con objetos tangibles, sino algo más—. ¡Tú jamás sabrás qué se siente ser...ser yo! ¡Tú...! ¡Tú, monstruo descorazonado!
—Tus lágrimas son como perlas —murmuró el magi, mirándola fijamente—. Perlas invaluables que no se encontrarían en ningún Dungeon.
La furia de Kougyoku descendió, junto a la angustia e impotencia, dando cabida a la confusión.
Judar sonrió; su habitual sonrisa, confianzuda, encantadora y cálida, así fuera falsa. Kougyoku sintió sus mejillas encenderse en contra de su voluntad.
—Te toca.
—Ya no quiero jugar.
—¿Te rindes?
La princesa secó el rastro de lágrimas de su rostro, negando suavemente. Le dedicó una débil sonrisa a Judar, antes de mirar la destrozada corona de flores, abandonada en algún punto de su contienda.
—Pronto será la hora de cenar. Pospongamos esto para mañana; esta vez sin límites. Se vale todo.
—Me parece bien. De todos modos, ya estaba aburriéndome de esto.
La princesa se levantó, sacudiendo su vestido, dando un gran suspiro. Judar flotó sobre ella, dejando que su trenza cayera sobre el cabello de su candidata a rey, atrayendo su atención.
—¿Judar-chan?
—Sinbad es un imbécil. Deja de derramar perlas por él; no lo merece.
Kougyoku se sonrojó. Se sonrojó con tanta intensidad que, como mecanismo de defensa para su frágil corazón, fácilmente embestido con halagos externos, se hincó y cubrió su rostro entre sus rodillas. El magi se hundió de hombros, flotando lejos de ella.
—Eso fue una metáfora, ¿no? —Susurró la Ren, lo suficientemente audible para que Judar la escuchara.
—Quién sabe.
—Gracias, Judar-chan.
* No sé si esté en lo correcto y en caso de no estarlo, qué mejor si me corrigen. No muerdo ni lloro por las críticas.
Ahora, la verdad he visto que el JuKou ya no es tan popular como antes (y sufro mucho por eso), pero ser recibida tan bonito por Blue Kirito me dejó un bonito sabor de boca. Me esforzaré para que esto valga la pena y tenga tantos capítulos como mi mente me lo permita. Ya luego veré si agregar a Aladdin y Alibaba también (la idea de duraznazos para el babu me tienta), o si hago otro fic con una trama semejante, juju.
Gracias, nuevamente, a Blue Kirito por su bello review~, y a todos los lectores fantasmas como yo.
