Capítulo 2.

Root se despertó de golpe, totalmente aturdida, sin saber muy bien que había pasado. Miró a su alrededor escaneando el lugar. Se había vuelto a quedar dormida en la mesa de ordenador de la estación. A su derecha, Bear le lamía la mano que le colgaba, intentando transmitirle seguridad. Root acarició una de las orejas del perro y se levantó haciendo una mueca de dolor y llevándose la mano al hombro izquierdo.

Hacía meses que no era capaz de dormir, pero ahora, por culpa de los analgésicos, el cansancio le llegaba y la vencía sin importarle el lugar, y desde que aquello ocurrió, 4 días atrás, siempre tenía el mismo sueño, revivía aquel horrible momento y se despertaba alterada y empapada en sudor.

Caminó por la estación hasta llegar a ella. El estómago le dio un vuelvo y se le puso la carne de gallina. No podía evitarlo. Se acercó cuidadosamente a aquel colchón colocado a ras del suelo.

— Sameen — dijo Root a una distancia prudencial, casi en un susurro — Tengo que cambiarte el vendaje…

Al igual que en los últimos 4 días, no obtuvo respuesta, era como si Shaw hubiese olvidado como se emitían los sonidos. Acabó con la distancia que las separaba y se arrodilló. Se fijó en su mano izquierda y sus dos pies, todo ello la ataba a un pilar. No estaba de acuerdo con eso, pero no dependía solo de ella.

Con toda la delicadeza que pudo, se inclinó ante Shaw y le levantó la camiseta negra hasta el pecho, dejándosela ahí. Se levantó y se dirigió a por el material necesario para cambiarle el vendaje, volviendo después al mismo sitio. Lentamente, retiró el vendaje que Shaw tenía en el costado derecho, un tiro limpio. Limpió la herida de bala y colocó uno nuevo. Shaw ni se inmutó.

Le volvió a bajar la camiseta y se quedó ahí, arrodillada frente a ella.

*3 días antes*

— ¿QUÉ PRETENDÍAS, JOHN? ¿MATARLA? —gritó Root, en un tono de voz poco usual en ella.

— ¡Venga, Root! ¡Ni siquiera disparé a la rodilla para evitarle secuelas! De sobra sabes que no quería matarla.

— ¡¿Por qué disparaste?! —preguntó.

— Parece que no recuerdas la escena que encontré. Te apuntaba directamente. Iba a matarte, Root, y lo sabes, quieras aceptarlo o no.

— Nadie muere por un disparo en el hombro —le espetó Root tremendamente molesta.

— Si quieres engañarte, engáñate, pero no intentes que me lo crea. Aunque reaccionó rápido, mi disparo la desorientó; si no hubiese intervenido, te hubiese atravesado el pecho.

— No es verdad.

— Root… Esa Shaw, no es la Shaw que tú conociste… Tienes que aceptarlo.

— Noté algo, John, sé que sigue ahí, le estaba hablando y le cambió la mirada… —dijo Root, con un nudo en la garganta que anunciaba que iba a romperse en cualquier momento.

John intentó acercarse a ella para animarla.

— La tenía, Reese, la tenía. —dijo mientras rompía a llorar, apartándose antes de que él llegase a tocarla y saliendo de la habitación.