Saludos!

Flannya reportandose!

Heme aqui! Sentada y lista para escribir mas de esta inusual pareja! Espero les guste!

Gracias, mil gracias a Wind und Serebro, Lady Loba, Shakd 120 y Alfie Eldelstein por sus reviews! Ustedes son mi inpiracion! *w*

De nuevo, perdon por faltas de ortografía, dedazos, letras de mas y demas errores... U_U

En fin, sigamos con el fic! :D

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Capitulo 2: Guten tag! Bienvenido...?

Querido diario:

Hoy estuve asombroso!

Estamos prontos a llegar a Mexiko! Hize una asombrosa investigación acerca de la nación que voy a entrenar! El libro que me dio mi jefe fue escrito hace 100 años, pero dice que es muy subdesarrollado, aunque tiene mucha materia prima. Bah, seguro no es una nación asombrosa como yo!

Francis me mando una carta, puesto que dice que tenía muchas relaciones con ese país y su jefe. Dice que la voy a pasar muuuuuy bien acompañado y que le mandaba un beso a la nación de su parte(hon hon hon hon hon), honestamente no se a lo que se refiera.

Tambien Antonio me mando una carta al saber que iba a Mexico. Me pidió saludar a su ex colonia de su parte y que no me acerque mucho o me las veré con el. Ni con Lovino se portaba así de posesivo...

Y West tambien me escribió, me dijo que iba a encontrar encantadora la compañia ahi y que saludaba de manera afectuosa a Mexico de su parte. Sheisse, estar demasiado tiempo con Feliciano le esta afectando a mein bruder...

De igual manera el asombroso yo ya tiene un plan de ejercicios a seguir para su asombroso entrenamiento! Al igual que con America, voy a hacer de un gran hombre a Mexico!

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El dia había llegado.

Maria no tenia la mas minima idea de lo que hacía ahí. Esperaba en el concurrido muelle del puerto de Veracruz, fuera del gran barco, todavia a la espera que las amarras estuvieran aseguradas y los pasajeros empezaran a bajar. Porfirio Diaz estaba a su lado y un escuadron de jovenen generales y altos militares estaban detras de ellos.

"Lupita confio en tus buenos modales para que esta transacción salga como esperamos" le dijo Porfirio Diaz, viendo el enorme barco frente a ellos.

Maria volteo a ver al hombre a su lado. El como siempre estaba impecable: su traje negro planchado, su camisa blanca pulcra, sus zapatos de charol brillantes a la luz, sus manos enguantadas sosteniendo un bastón (que era mas de adorno que para ayudarle a caminar, pese a sus años todavía estaba muy sano su jefe) y su alto sombrero de copa. Por entre su saco se podía ver la franja tricolor zurcando su pecho y estomago, marcandolo como presidente.

Maria sonrió. Habia tenido muchos jefes, la mayoría de ellos unos tiranos y malditos, pero este le agradaba bastante... Si, llevaba mucho tiempo en el poder, pero estaba finalmente haciendo lo que muchos no habian podido (o querido) : modernizar a Mexico.

La morena volvió su vista al barco sin darse cuenta que su jefe le miraba por el rabillo del ojo con una sonrisa. De todo corazón esperaba que se llevara bien con la nación visitante. Sabía lo rencorosa que era la muchacha, pero con tiempo (y algo a la fuerza) limarian asperezas.

Maria buscaba con la mirada hasta que lo vio, bajando de uno de los puentes del barco, con varios empresarios que por su piel blanca probablemente eran prusianos. La mexicana frunció el ceño. Estaba desde muy lejos de donde estaba ella y aun así podía escucharle gritar y reir estridentemente. Por un momento le recordó a Alfred, su molesto vecino del norte. Involuntariamente, apreto los dientes y cerro los puños arrugando un poco la tela de su falda.

"Maria..." le dijo suavemente su jefe al darse cuenta del ceño fruncido de la nación.

Ella dio un resoplido y trato de tranqulizarse... Finalmente habían pasado muchos años desde que lo vio! Tal vez unos 70 años...? Cierto, las personas cambian mucho en ese tiempo... Probablemente Prusia ya no era tan despota y egolatra...

"GUTEN TAG! SALUDEN AL ASOMBROSO PRUSIA!"

Esta bien, tal vez no.

El albino divisó a lo lejos al pequeño grupo presidencial y se acercaba a ellos con los brazos abiertos en magnificencia, portando con honor su uniforme azul prusiano, y su sombrero en su mano. Su capa azul forrada de rojo ondeaba tras de el y sus botas negras altas resonaban marcando sus pasos. El sabia lo asombroso que se veía.

El albino se acerco al que portaba la banda presidencial tricolor y lo saludo fuertemente con un apretón.

"Herr Diaz! Un gusto conocerlo! Soy el asombroso Prusia! Y he venido a entrenar a su pobre ejercito! Tal vez no sea tan asombroso como yo, pero si sera mejor!" dijo el prusiano sin soltarle la mano su gran sonrisa burlona en los labios.

Maria, que trataba de controlarse, le miraba con odio. No,no habia cambiado. Seguia siendo la nacion que recordaba...prepotente, fantoche, grosero...

"General Beilshmidt, que gusto que haya aceptado nuestra invitación. Su jefe el Ministro Hohelohe me ha hablado maravillas de usted" le contesto educadamente Porfirio.

Maria no podía escuchar lo quen oía. Maravillas?! Estabamos hablando de la misma persona?! Ella nada mas miraba con ojos como platos a su jefe.

El albino soltó su carcterística risa irritante.

"Pues pronto se dará cuenta en persona que esass maravillas no son nada comparado con mi verdadera asombrosa persona!" dijo Gilbert para luego ver a un joven detrás del mandatario mexicano, con impecable uniforme militar. Abriendose paso exclamó en voz alta. "Asi que TU debes ser el no tan asombroso México!"

El joven militar se quedo quieto en su lugar sin saber que decir. Porfirio Diaz abrió los ojos sorpendidos y abrió la boca para decir algo mientras que María cerraba sus manos en puños al ser olimpicamente ignorada y confundida... Y con un hombre. Que el idiota este no tenía la decencia siquiera de acordarse de ella?!O minimo informarse de quien jodidos era Mexico?!

El presidente mexicano, rapidamente entendiendo la situación (y su gravedad) trató de interumpir al prusiano.

"General Beilshmidt..." comenzó Porfirio Diaz.

Pero el albino depositó con fuerza su mano en el hombro izquierdo del joven militar.

"Kesesesese! Eres tan patético como te imaginaba México! Mirate nada mas! Escualido, bajito y nada musucloso! Pero no te preocupes, ya estas bajo el entrenamiento del asomboso yo!"

Maria sentía como la rabía la inundaba. PATETICO!?Era eso lo que pensaba el prusiano este?!

"General Beilshmidt..." intentó de nuevo Porfirio Diaz.

Pero el prusiano siguió con su monologo sin darle mayor importancia.

"Con razón pidieron mi ayuda urgentemente! Vaya excusa de nación que eres! Pero no hay nada que mi asombroso entrenamiento no quite!" fanfarroneó el alto albino.

El joven militar, estaba hecho un manojo de nervios. Rogaba a todos los santos el que alguien lo sacara de esta situación tan incomoda. Maria por su parte echaba chispas por los ojos. QUE ACASO LE LLAMO "EXCUSA DE NACION"?!

Porfirio Diaz vio como el creciente enojo de su nación no iba a terminar nada bien.

"General Beilshmidt..." intentó nuevamente Porfirio Diaz.

"Pero no te preocupes muchacho, aprenderas todo del asombroso yo! Ya veras como tranformamos a un pobre diablo de quinta como tu en todo un hombre! Kesesesese!"

POBRE DIABLO DE QUINTA?!

"General Beilshmidt!" levantó la voz un poco Porfirio Diaz.

El albino se volteó a verlo, una ceja alzada.

"Ese no es la representación de Mexico." dijo tranquilamente el presidente mexicano.

Gilbert abrió un poco los ojos y volteo a ver al joven soldado que lo miraba nerviosamente. Rapidamente quito su mano de su hombro y encaró al presidente mexicano.

"General Beilshmidt, le presento a la representación de Mexico, Maria Guadalupe Hernandez Martinez Aguilar de Vizcaya Quintana." dijo tranquilamente Porfirio Diaz poniendo una mano en el hombro de la morena.

Gilbert abrió los ojos como platos, pero rapidamente se compuso. No iba a dejar de verse tan asombroso ni por un segundo. Hasta este momento vio a la joven mujer que estaba de pie con la cabeza en alto junto al presidente. Era delgada, y bajita, rapidamente le calculo un metro sesenta de estatura, si contar el tacon que llevaban sus botas. Vestia demasiado informal y no asombrosa para ser una nación, probablemente por eso ni la noto. Vestia una blusa de manta inmaculadamente blanca sin tirantes en los hombros sino en los costados de sus brazos, dejando ver su delgado cuello del cual colgaba una fina cadena de oro. Dicha cadena se perdia dentro de su blusa y entre su amplio busto, que no paso desapercibido por el albino. Sonrojandose un poco bajo la mirada por su menudo y curvilineo cuerpo, hasta sus suaves y redondas caderas que vestian una larga falda campirana verde oscuro que le llegaba hasta los tobillos. Sus pies calzaban unas botas negras con espuel de plata. Espuelas? Sabia montar esta mujer? Rapidamente subió la mirada a la cara de la mujer. Una cara que le miraba con profundo desprecio si bien no lo decia en voz altA. Su cara delgada de pomulos altos estaba en un rictus de seriedad, sus labios rosados en una linea tensa. Sus ojos increiblemente negros parecían echar chispas y su pelo lacio y largo caia en cascada por su menuda espalda hasta apenas tocar sus posaderas.

El albino irguiendose, rió desprcupadamente.

"Vaya! Si es una pequeña muchacha la que tengo que entrenar! kesesese!"

Maria veia rojo. Al diablo con los tratos entre naciones! No queria estar un segundo mas en la presencia de este hombre, nación, o como se llamase! Se acercó al albino hasta quedar frente frente a el, de ninguna manera se iba a dejar intimidar por este hombre!

"Asi es General Beilshmidt. Soy la representación de Mexico. Si me disculpa, la debil, patetica y excusa de nación que soy, se va a reitirar a un lugar donde no este su arrogante, petulante y dedesnable presencia!" le gritó María al momento que de golpe dio la media vuelta, golpeando al albino con su pelo y marchandose en grandes zancadas para perderse entre la multitud.

"Maria! MARIA!" gritó Porfirio Diaz al ver como se alejaba hecha una fiera.

"Dejela Herr Diaz, seguramente no supo como reaccionar ante mi asombrosa persona. kesesesese!" dijo el albino sin darle mayor importancia.

El presidente no estaba tan seguro de eso. Con un sentimiento de intranquilidad, termino de saludar al pequeño grupo de politicos prusianos que le acompañaban a la nación para dirigirse al ferrocarril que les llevaria a la Ciudad de México.

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Maria se sentó de mala gana en una de las butacas del vagón presidencial. Genial. Increiblemente genial. No solo tenía que estar con el egolatra albino, sino que además había sido regañada por su jefe. Pues honestamente que esperaba?! Que le abriera los brazos en una calida bienvenida?! Su jefe le habia contestado que era lo menos que podía hacer, que tenía que dar una buena imagen de ella hacia las potencias.

María bufó. Ella tenía una buena imagen! Que la mayoría de las naciones fueran exasperantes y la sacaran de sus casillas era diferente! Por ejemplo Francis! Cuanto tiempo su jefe no le presionaba a tratarle bien, cuando en realidad el frances lo unico que queria era meterle la mano bajo la falda cuando menos se lo esperaba! Y el holandes? Ese aunque hablase de negocios tenía una mirada muy incomoda y pesada. María detestaba como le clavaba la mirada, y si bien no era mal parecido, le irritaba que constantemente le viera el cuerpo. El gringo? Maria cerro un puño. Ese desgraciado, siempre abrazandola y presentandola como su novia. El inglés? Era de los mas decentes, aunque en unas cuantas ocasiones le habia descubierto con una mirada parecida a la del holandes... Por Dios, que ya no había hombres decentes en estos tiempos?!

Maria dejo de apretar su mano y coloco su mano en la mesa frente a ella al tiempo que relajaba los hombros con una mirada triste. Eso no era cierto... Si habia hombres decentes... La morena dio un suspiro cansado... Por que no vino Ludwig en lugar que su hermano? Ludwig era lo que Maria tenia por concepto de un hombre hecho y derecho. Minimo hubiera sido mas ameno todo...

Tan concentrada estaba la mexicana que no escucho que la puerta del vagón se abria y entraba un hombre albino. Al ver a la mexicana se acerco con una sonrisa ladina.

"Se que probablemente mi asombrosa presencia te deslumbro, asi que me vuelvo a presentar" empezó el albino echando hacia atras su capa con una mano en gesto exagerado. "Soy el asombroso General Gilbert Beilshmidt, mejor conocido como Prusia!"

La morena alzo la vista y ahora de frente lo pudo ver bien. En general era como le recordaba. Su cabello gris platino siempre le dio curiosidad, y mas sobre esos ojos rojos traviesos. Su piel clara era algo que ella ya se habia acostumbrado. Estos europeos no salian de su casas, pensó burlonamente la mexicana. Era mas alto que ella, aunque no tanto como el imponente de su hermano. Gilbert no era de espalda tan ancha, ni tan musculoso, mas bien era de complexion delgada. Claro, eso no le quitaba el hecho que tenia un magnifico porte masculino y un cierto aire de grandeza. La mexicana inclusive pensaba que sería apuesto aun con sus ojos rojos, pero queria borrar a bofetadas esa sonrisa ladina que se cargaba. No la aguantaba!

Maria se puso de pie y se acerco a estar a pocos centimetros del albino.

"Desconozco el momento en el que usted asumió que yo estaba sorprendida. Y aqui la pregunta sería si usted se acuerda de mí?" contesto la mexicana con un leve ceño su cara sin ninguna sonrisa. Seguro el ya habia olvidado que no la reconoció comompais independiente hace 70 años...

El albino miro a la pequeña mujer enfrente de el.

"Pues obvio que estabas sorpendida frau! Finalmente estas ante el asombroso Prusia! Pero no te preocupes, conozco a las de tu tipo!" dijo con una pequeña risa.

Ese comentario enervó a la mexicana y se abstuvo de soltarle un puñetazo en la cara. Pero pensando mas bien en su jefe, dijo apretando los dientes.

"Y se puede saber a que se refiere con eso de "las de mi tipo"? " pregunto lentamente la mexicana, odiando al hombre con cada segundo que pasaba.

"Naciones fememinas claro! No son nada asombrosas, algo debiles, lloronas y siempre dependientes de algun hermano mayor u otra nación masculina." contesto vagamente el prusiano, sentandose en la butaca contraria de donde se habia sentado la mexicana. "Pero no te preocupes frau, sere gentil contigo, no podemos dejar que una nacion tan bonita como tu se vaya a lastimar kesesesese!"

La mexicana no podia creer a este tipo. Era demasiado pensar en que se disculparia. Pero era increible el pensar que todavía le dijera esta sarta de estupideces! Todavia de pie, azoto una palma en la mesa y se inclino hasta estar pocos centimetros de la cara del Prusiano, que le veia fanfarronamente.

"No necesito que nadie me cuide, perfectamente soy capaz de hacerlo... Ademas para conocer mucho de mujeres y naciones le veo muy solo...acaso el "asombroso" Prusia es tan hablador porque no sabe como mantener a una dama? " siseo la mexicana con una sonrisa altanera.

Bingo! La mexicana vio como la sonrisa del prusiano caia y sus ojos se abrian un poco. Agradeció en ese momento tener un sexto sentido femenino. Ya tenía una vaga idea de de que pie cogeaba y se iba a encargar de hacer su vida un infierno aqui en Mexico.

El prusiano solo veía a la morena frente a el y sabía que se estaba sonrojando. Diablos, que tienen las mujeres que pueden leer la mente?! Nerviosamente el prusiano empezó a reir su fastidiosa risa.

"Ke se se se se! Vaya Frau, si yo solo me preocupo por usted! No tiene por que portarse tan agresiva, uno pensaría que no le agrada mi asombrosa presencia."

La mexicana se incorporo y vio hacia abajo al prusiano.

"Pues no se equivoca. Su presencia me es sumamente molesta no le voy a mentir, y si sabe lo que le conviene no se metera en mi camino" dijo la mexicana

Gilbert se incorporo y ahora el veia hacia abajo a la nación latina.

"Pues es una desgracia frau, Pero tengo ordenes especificas y quieralo o no voy a convertir a su bola de desorganizados en un ejercito" contesto burlonamente.

La mexicana dio media vuelta, latigueandole la cara de nuevo con su pelo lacio y antes de salir mustió por encima de su hombro.

"Sepase muy bien que no es bienvenido en esta tierra Señor Beilshmidt."

"Kesesese pues tu jefe menciona lo contrario... Al fin y al cabo... Quien no querria al asombroso yo?" dijo Gilbert mientras que abria sus brazos mostrando su esplendor como nación.

La mexicana se volteo de golpe y salio del vagón dando un portazo.

El albino al encontrarse solo dio un suspiro y vio por las ventanas el paisaje lleno de verdes que se movía. En que momento el ferrocarril se habia puesto en marcha? Sin darle importancia de pronto sintió la boca increiblemente seca y fue en busca de una cerveza, o ya de perdida un brandy.

Pero que diablos tenían las mujeres que siempr sabían o adivinaban los secretos de uno? Como esa muchacha morena pudo decir unas palabras y CASI hacerlo eprder la postura? Se acordo de Elizabetha... Sheisse, esta mujer era muy parecida a ella en temperamento. Y ahora que lo recordaba era la segunda vez que le golpeaba con su pelo. Hasta ahora se daba cuenta que era muy suave...

Sin darle mas importancia se dirigió a otro vagón en busca de licor para despejar su mente.

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"LO ODIO NANA LO ODIO! NO QUIERO QUE SE QUEDE NI UN SEGUNDO MAS EN MI PAIS!" gritaba Maria mientras paseaba de un lado a otro de la amplia cocina en el Castillo de Chapultepec.

Despues de un dia y medio de viaje, llegaron a la ciudad de México. El presidente pidió a Maria hacer una esplendida cena de bienvenida a los invitados, y confiando en las manos capace de la nación, le encomendo eso. Pese a que el Presidente tuviera varias casas, oficialmente vivía en el Castillo de Chapultepec. Por ordenes suyas, el general Beilshmidt se hospedaría en su casa de San Angel, siendo bastante centrica.,sin mencionar que estaba convenientemente cerca de Coyoacan done Maria tenia su casona.

Su nana, una mujer ya muy anciana, algo encorvada por los años y con el grueso cabello negro pintado aqui y alla de canas sostenido en una gruesa trenza le sonrio con dUlzura. No es que autenticamente fuera su nana, la nación tenía muchos mas años que ella, pero siempre había estado cerca de ella, siendo a veces de confidente, sirvienta y (sentía ella) madre. A pesar de su gran edad, la mujer ayudaba con eficiencia a Maria a preparar la cena.

"Vamos hija, no es para tanto, no puede ser peor que el Señor Fransisco..." empezó la anciana.

"No nana! Este si es mucho peor que Francis! Con el minimo le podía soltar un golpe y se la pensaba dos veces... Aunque se le olvidaba a los 15 minutos... Pero ese no es el punto! Es odioso nana! Me insultó" lloriqueaba Maria como niña pequeña mientras cortsba varios vegetales.

La mujer mayor vio con la fuerza con la que Maria destrozaba a los pobres vegetales. Moviendo los contenidos de una gran olla de barro con una gran cuchara de madera le respondió.

"Insultó al que pensó que eras tu, no a ti mi niña. Además ya le vi, y por su presencia se ve un muchacho respetable, como la de un militar gallardo bien uniformado..."

"Pues lo de gallardo no, pero lo de militar bien uniformado seguro es lo unico que tiene en común con su hermano Ludwig!Porque de ahi enfuera son totalmente diferntes!" bufaba la morena.

"Como, el es el hermano del niño Ludwig?" pregunto su nana dejando de remover la comida y volteando a ver a la mexicana.

Maria se irguió y vio a su nana con dulzura mientras se secaba las manos su delantal.

"Ay nana, tu diciendole "niño Ludwig" y podría ser tu tatara-tatara abuelo!" dijo la morena con una sonrisa.

La anciana se le acerco y le tomo de las manos mientras que le miraba con dulzura maternal.

"Pues para mi tu siempre seras mi niña Lupita y el, el niño Ludwig! Ten algo de respeto por mis canas que bien me las he ganado!" le dijo la mujer poniendole una mano en la mejilla. "Además, quien no va a querer estar contigo? Eres una muchacha linda, inteligente..."

Maria dio un suspiro connuna sonrisa triste.

"Pues el unico que quiero que este aqui es Ludwig y me mandan al imbecil de su hermano!" contesto de mala gana Maria.

"Maria! Que palabras son esas!" le reprimio su nana mientras que la soltaba para volver a poner atención a su cazuela. "Este joven te podría sorprender, la gente cambia..."

Maria levanto y dejo caer sus brazos a sus lados exasperada.

"Nana, no ha cambiado en 70 años, sigue siendo grosero, altanero, prepotente y tiene el ego mas grande que cualquier persona que haya conocido, porque lo habria de hacer ahorita?" pregunto.

"Creme mi niña, la gente cambia, por diferentes razones... El amor... La guerra..." dijo algo callada la anciana.

Maria se acerco a su nana por detras despacio. Sabía de lo que hablaba. La mujer había perdido a su primer y unico amor en la guerra amerciana. Se acerco a la mujer mayor y le abrazo.

"Lo siento mucho nana. No fue mi intención..."

La mujer sonrio y se volteo para tomar a la joven de la cara con ambas manos.

"Lo se hija, pero recuerda que las personas cambian, dale una oportunidad..."

Maria dio un suspiro, resignada.

"Esta bien nana..." dijo con un tono monotono y aburrido.

"Y no me contestes asi jovencita, sabes mejor como debes de conteStar!" le regaño la mujer al sentir que la nación se burlaba de sus canas y no le estaba poniendo atención.

Maria no pudo evitar reir. En eso entro eL presidente Diaz a la cocina.

"Lupita! Que bueno que te encuentro! Ya esta la cena?" pregunto algo apresurado.

"Si jefe, ya esta todo listo, solo que lo sirvan en los platones de plata y que se lleve al comedor" sonrió con suficiencia la joven. Cocinando nadie le ganaba...

El presidente se acerco a las varias cazuelas humeantes.

"Vaya si esta ves te esmeraste, esto huele muy bien... "dijo el presidente empezando a meter la mano en una cazuela.

Pero fue detenido por el rapido manotazo de la anciana.

"Señor Presidente, sus modales!?" le reprendio la mujer.

El presidente, incomodo, tosió y se irguió.

"Si, este...Lupita, sube rapido que los invitados ya estan llegando, mi señora ya les esta recibiendO." dijo el alto hombre.

Pero antes de que dijera algo los tres pudieron escuchar una estridente voz a lo lejos.

"Ke se se se se! Comida mexicana? Seguro que no es tan asombrosa como lo que yo cocino, Ke se se se se!"

Porfirio Diaz volteo a ver a la joven nación que ya tenía cara de pocos amigos y las manos en jarras. Maria levanto una ceja.

"Porfavor Lupita dale una oportunidad" le pidió su jefe antes de saliR de la cocina. Mientras varias criadas entraban y se armaban con platos para empezar a llevarlos.

Maria bufó y fue a un estante de la cocina y saco un frasco con un polvo color cafe rojizo. Rapidamente se dirigió a los platos de porcelana que estaban llenando con comida las criadas.

"Una oportunidad? Esa se la di al gringo y me quito la mitad de mi territorio!" dijo Maria entre dieNtes para si misma.

Con gran fuerza, empezo a vaciar el polvo en un plato y lo removió para que no se viera diferentes de los demás.

La nana miraba horrrizada las acciones de la mexicana.

"Pero niña, que haces?!" le pregunto retorciendose las manos.

Pero la mexicana nada mas le volteo a ver con una sonrisa burlona en los labios.

"Nada nana...solo que hoy el albino sabrá de la maldición de Moctezuma!" dijo triunfalmente mientras que se volteaba y le daba el plato a una criada que tenía los ojos como platos "Toma y sirvele esto al hombre de pelo blanco con ojos rojos. Y no quiero ni una palabra" le ordenó mientras se quitaba el delantal y corria por los pasillos de marmol lujosamente decorados hacia el comedor.

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Maria sabia comportarse, era de esperarse. No era la primera vez que estaba en estas cenas de negociosos y glamour. Pero el hecho que supiera como comportarse no implicaba que le gustase estar ahi. En una palabra estaba aburrida.

Estaba sentada a la izquierda a la del presidente Diaz, justo frente a ella el albino. Del otro lado de la cabecera, se encontraba la primers dama de Mexico, y en los lugares restantes, politicos e inversionistas mexicanos y prusianos. Maria usaba todas la reglas de etiqueta que sabía eran necesarias para esta ocasion.

El albino miraba a la otra nación frente a ella y no pudo evitar sonreir burlonamente. Tratando de iniciar una conversación casual, empezó.

"Fräulein Maria, gracias por SU hopitalidad. Desde nuestra llegada solo hemos recibido las mas increibles atenciones de este país... Claro que no son tan asombrosas comp las del mio" dijo el Prusiano alteramente.

Vio que la morena le miraba con odio reprimido. El no podía sentirse mas feliz. Que podía decir? Le gustaba molestar a las personas e iniciar peleas... Y siempre le habían atraido las mujeres de caracter fuerte...un momento, que?

Haciendo a un lado el pensamiento fuera de lugar, sonrió inocentemente para ver la reacción de la mexicana.

Maria respiró. Estaba segura que le quería provocar... Nada mas espera al plato fuerte y ya veras desgraciado...

"Me alegro que se sientan...BIENVENIDOS en mi casa... Eso habla bien de nosotros los mexicanos" contestó la mexicana haciendo enfásis en la palabra y tomando un pequeño trago de agua de una de las copas de cristal cortado.

"Si...de hecho recibí varias cartas respecto a mi estadía aqui...Francis me comentó que iba a estar muuuuy bien acompañado y te mandaba un beso" dijo socarronamente el albino.

El Presidente Diaz volteo a ver Maria con una ceja levantada.

Maria se ruborizo un poco,claramente avergonzada, pero rio falsamente.

"Ay ese Francis... Seguro el beso era para usted Don Porfirio, usted le aprecia mucho mas que yo, ya sabe que mi relación con el frances es...fria."

Pero Gilbert no se detuvo ahí.

"Tambien me mando una carta Antonio, que te mandaba saludos" dijo el albino, a lo que Maria sonrio ampliamente.

"Que lindo de su parte! Despues le escribire una carta!" contesto animada la mexicana.

"Y tambien me llego una carta de Ludwig..." empezó Gilbert.

Maria sintió un leve revoloteo en el estomago.

"Ludwig? Que decía?" pregunto ansiosamente la mexicana. Luego se dio cuenta de lo ansiosa que se esuchaba y se reacomodo en su silla adornada, claramente abochornada. "Digo... Supongo que decía algo de nuestras relaciones de plata verdad?" dijo la mexicana tratando de desviar el tema.

El prusiano sonrio maliciosamente... Habia dado en el blanco...

Inocentemente se encogió de hombros y empezó a ver al techo fingiendo hacer un gran esfuerzo en recordar.

"Mein Gott... No recuerdo... Es raro que el asombroso yo no recuerde...en fin, ha de ser algo de poca importancia ke se se se se" se rio burlonamente al ver a la mexicana. Le iba a recordar porque le decian el asombroso Prusia y el evento en el ferrocarril.

Maria fulminó al albino con los ojos mientras que trataba de respirar tranquilamente. Sabia que si seguia apretandomel cuello de la copa se quebraria, pero tenia que tomar algo sino echariana patadas al albino.

En eso entaron un pequeño sequito de sirvientas con diversos platos de porcelana. Al ver que le servian al prusiano su plato se tranquilizó y sonrio gatunamente.

"Vaya Fräulein Maria, esto huele delicioso!" dijo un invitado prusiano.

Maria puso su mejor cara de inocencia.

"Muchas gracias Herr Schröder, es un tipico platillo mexicano que cualquier mujer mexicana sabe preparar" contestó humildemente Maria.

"Vaya, si esto hace una mujer mexicana, y sabiendo las atenciones que hemos tenido en el viaje, me iré a buscar una esposa mexicana en este instante!" bromeó otro invitado prusiano acompañado de risas de los comensales.

"Me halaga Herr Becher" contesto timidamente la mexicana. Ella volteó a ver a su jefe, que le sonreía con orgullo paternal.

Gilbert solto un resoplido, y tomo un bocado de su plato.

Inmediatamente tosió involuntariamente pero se controló, la cuchara todavía en su boca. No se podía mover. Empezó a sentir que la boca y la garganta le quemaba y bien sabia que no podía toser o quedaria mal, y no seria asombroso. Sintio que empezaba a hacer demasiado calor y de pronto empezo a sudar profusamente.

La mexicana que comía placidamente le sonrió inocentemente y alzó las cejas.

"Que tal le pareció el platillo, Herr Beilshmidt?" dijo dulzonamente.

Gilbert saco la cuchara de su boca, pero no podía pasar el bocado. Sentia toda la boca en llamas. Todos los comensales estaban comiendo tranquilamente, que pasaba con su plato? Porque picaba tanto?

Con mano temblorosa tomo su copa de agua y la tomo lo mas rapido que las reglas de etiqueta se lo permitian. Podia sentir que sudaba grandes gotas por el cuello y el ardor no dejaba su boca. Pudo sentir que los ojos se le llenaban de lagrimas por el ardor.

"Como verá, este es un... ASOMBROSO platillo de mi tierra... " dijo Maria poniendo enfasis en la palabra.

Gilbert le fulmino con los ojos y tragó. Podía sentir como si fuera una bola de fuego lo que pasaba por su esófago. Pero era demasiado asombroso para esto. Tomo de nuevo su cuchara, y tomo otro bocado. El asombroso de el no se iba a dejar ganar, no podía! Esto ya era personal con la mujer.

Maria le miraba divertida, todos los comensales demasiado ocupados en su comida o en la platica para ver al pobre albino sufriendo un martirio. Le sorprendió que siguiera comiendo... Ah como son de tercos los hombres...

Con la boca hecha pedazos al igual que el estomago, Gilbert sintió que iba a morirse pronto por lo que comió. Dio el ultimo bocado y se reecargo lo mas elegantemente que pudo en la silla... Tenia que verse asombroso aun si se moría de indigestión. Se sentia mareado por la cantidad de chile, los labios seguro los tenía inflamados y se sabia que estaba totalmente rojo, probablemente como uno de los tomates de su amigo Antontio.

Entonces fijo la vista en la mexicana que sonreia victoriosa, la copa de agua cerca de sus labios. El albino juro por el viejo Fritz que esto no acabaría ahi. Pero la mexicana, con una ceja arqueada y sonriendo burlonamente de lado, solo gesticuló con los labios una palabra, para que nadie mas que el la esuchara.

"Bienvenido"

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Waaaaaaa pobre Gilbert! Hahahaaha como les dije, a ver si no se matan estos dos antes de que acabe el fic!

Notas historicas! Yeah!

- el primer ferrocarril fue el de veracruz a mexico, obviamente porque la mayoria de los buques llegaban a ese puerto y para facilitar el trafico de materiales a la ciudad de Mexico.

- Porfirio Diaz tenia varias casas pero oficialmente vivia en el hermoso castillo de Chapultepec *o*

-la maldicion de Moctezuma es coloquialmente conocido a cuando un extranjero vIene a Mexcio y se enferma del estomago por comer comida tipica... Ok no es un dato historico, pero si cultural XD

Creo que ya...

En fin, asi va nuestra parejita... Que se puede decir? Son bastante parecidos?.. Igual de tercos -_-

Espero que les haya gustado este capi! Porfa dejen muchos reviews! Aunque sea uno de "ta chido siguele" XD

Comentarios? Sugerencias? Todo es bienvenido! (aunque no el sentido que Maria lo usa en el fic no se me espanten o_o)

SaludoS! :D