Harry Potter es propiedad de J. K. Rowling.

Epílogo.
En mi hogar.

La mano que quedó marcada en su mejilla únicamente consiguió sorprenderlo más, cuando empezaron a congeniar la impresión que tuvo de Lavender era de una jovencita jovial y simpática; sin embargo, cuando se enteró de la verdad se enojó muchísimo con él y lo abofeteó. Percy sabía que se lo merecía –inclusive un hechizo– así que ni siquiera intentó impedírselo cuando le vio la nefasta intención. Los ojos de ambos permanecían mirándose fijamente, ninguno quería apartar la visión del otro. Percy estaba muy herido y no se había recompuesto desde que su mejor amigo le dijo aquello, en el preciso momento en que comenzó a cicatrizar se le ocurrió contárselo; sonaría bobo pero se quitó un peso de encima, descargándose completamente con una bruja que ni vería después, que se interesó en él sólo porque lo vio lloriquear.

Lavender supo escuchar, manteniéndose en silencio. Al estar segura que terminó de hablar, lo hizo; la mano de la muchacha seguía en el aire, apenas despegada de la mejilla del joven mago, quien prefirió concentrarse en otra parte del decorado de la casa Brown. En dos semanas crearon un lazo: ella confió en él y viceversa.

—Percival… ¡Estamos en una guerra! ¿¡Y tú te dedicas a traicionar a quiénes te aman?! ¡¿Qué pasará si uno de ellos muere en combate mientras tú estás haciendo de perro faldero del Ministerio?! ¡EL RESTO DE TU FAMILIA NO TE RECIBIRÁ DESPUÉS! ¡POR COBARDE! Así como a ti no te importó lastimarlos, a ellos les dará igual cuan arrepentido estés después.

A cada palabra fiera que salió de sus labios, Percy no se atrevió a objetar. En el fondo de su roto corazón, se quedó grabada cada frase que le gritó; si Percy creía que no había nada más doloroso que su mejor amigo rechazándolo y odiándolo estaba equivocado, lo que más lo atormentó fue que le dijera la cruda verdad en la cara sin miramientos. Era horroroso cuando le restregaban los errores en la cara, al decretar que sucedería tal cosa a causa de su orgullo. Percy no quería creérselo pero Lavender tenía razón: nadie lo aceptaría si algún Weasley fallecía en ésta guerra, sea indirectamente culpa de él o no. ¿Y si, independientemente, él era el causante? No soportaría vivir con esa carga para toda su vida.

Saber que pudo hacer más, que de haberse atrevido su familia estaría completa.

Percy intentó abrir sus labios para defenderse. Fracasó. ¿Con qué argumento podía salir? Ninguno. ¿Su padre dudó de sus habilidades? No, él lo tomó a la ofensiva. ¿Su madre lo recibiría con los brazos abiertos? ¿Y sus hermanos también? A ninguna pregunta conseguía darle una respuesta certera.

—Atrévete —Lavender dijo contemplándolo sin expresión aparente en su rostro, no demostraría su preocupación hacia el obstinado mago. Ella encontraba como una gran tontería que eso se interpusiera en medio de una familia; al menos, por experiencia propia, no habría soportado la culpa por dejar morir a su abuela en soledad. ¿Y Percy sí? No se llenaría de falsas ilusiones que por estar aliados con los mortífagos saldría impune, craso error: buenos o malos, magos o muggles… todos resultaban afectados en una guerra; que en tal bando habían más efectos colaterales que en otros era irrelevante.

Lavender sólo esperaba que Percy tomara la decisión adecuada.

Habiendo pasado sólo tres días, la incertidumbre seguía tan latente en él que sentía que no lo soportaría más, que acabaría gritando a quién se interpusiera en su camino; no era la misma clase de valentía, simplemente era de ese modo. ¿Qué podía hacer Percy para reparar el daño que causó? Vacilaba que un sencillo perdón fuera a solucionar todo el daño que provocó a los Weasley ¡y más a mamá, a quién le devolvió en jersey en Navidad! También entraba en ésa categoría Oliver. Percy deseaba tener lo que perdió por su, y sólo su, culpa. Era posible que Lavender tuviera razón y que se "atreviera".

—No conseguiré nada quedándome meditabundo.

—¿Eso quiere decir que harás las paces? —La voz de Oliver hizo que Percy se sorprendiera. ¿No lo odiaba? ¿Y en qué momento entró a su casa temporal, entiéndase el hogar de Lavender?— Tú amiga, La… La… Lavender, me convenció para que viniera aquí. Antes de que quieras interrumpirme, deja que termine: sé que te destrocé con lo que te dije, ni siquiera yo esperaba salirte con ésa retahíla. No obstante, te lo merecías; probablemente debí habérmelo pensado mejor así el shock no hubiera sido tan fuerte para ti. Que no quede de antecedente que te he perdonado por tu idea, ¿eh? Que sigo enfurecido contigo. Sin embargo, creo que podemos llegar a una especie de acuerdo: tú te disculpas con el resto de los Weasley y asunto olvidado.

Percy no se creía que Oliver hubiera venido para insinuárselo, que tuviera el coraje para chantajearlo así.

—¡Para ti es sencillísimo decirlo! Tú no fuiste quien lastimó…

—Culpándote y compadeciéndote no obtendrás nada —interrumpió Oliver cansado y exasperado por la actitud de Percy—. En lugar de eso dedícate a hacer lo correcto —Oliver se cruzó de brazos y lo fulminó con la mirada, Percy se enmudeció y fijó su visión en los tablones del suelo—; te acompañaré.

—Muchísimas gracias.

A los pocos minutos acabó convenciéndose que mientras más pronto lo hiciera, sería mejor; en el sentido de que no lo desplazaría –lo que en sí ya era un enorme fallo de parte de él– y… Ser positivo no era tan fácil como lo pintaba la mayoría, aunque pareciera lo contrario. Cogiendo aire, dejándolo ir y con la sonrisa tranquilizadora de Oliver se armó de valor; se mordió la comisura de los labios, titubeando, ¡basta ya! Se debía de atrever, no podía pasarse el resto de su vida huyendo de sus dificultades.

¿A pesar de que estuvieran enteramente fundamentadas?

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Molly batía la mezcla para la tarta que iba a hacer al momento en que tenía la mirada perdida en una vieja fotografía: aparecían tres niños pelirrojos –de distintas edades– y un par de bebés de un año. Una lágrima traicionera bajó por sus mejillas al recordar los tiempos en los que sus hijitos estaban a la par de ella. Molly realmente quería tener a su bebé –de veinte años– de nuevo en La Madriguera.

—Mamá —dijo tímidamente Percy al Aparecerse dentro de la casa, Oliver estaba esperándolo en el patio.

Molly se volteó rápidamente y su vista se tornó nubosa a causa del llanto que trataba de retener; hacía un año había tratado de convencerse que Percy tomó su propio camino y que volvería cuando estuviera listo, lo intentó e intentó en variadas ocasiones… no funcionó. Molly no resistió, abrazó a su hijo como si temiera que se le fuera a ir o como si lo retuviera. En lugar de quejarse –por la fuerza– devolvió el gesto al corresponderlo. Ahí aprendió que, dependiendo de la situación, las palabras sobraban, que una sencilla acción expresaba más que el más largo de los discursos que pudiera crear.

—Oh, Percy, cariño… ¡te extrañé!

—Mamá —dijo con un hilo de voz. Molly lo soltó y murmuró una disculpa, Percy le restó importancia—, estoy en mi hogar. Y no me iré.

—¡Oh, Percy!

Acostumbrarse a los abrazos de oso de mamá, no estaba nada mal.

Desde una ventana, tanto Lavender como Oliver observaban toda la escena. La primera diciéndose que el siguiente paso sería enamorar a Percy Weasley, el segundo satisfecho porque todo acabó bien.

"Cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos."

– Platón (427 a. C. – 347 a. C.) Psiquiatra y psicoterapeuta austriaco –

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¡Hola!

Pensé en abarcar post guerra pero ¿para qué? Lo más importante sucedió aquí y Fred sobrevivió a la guerra: al disculparse Percy en la Madriguera, en lugar de en plena Batalla de Hogwarts, no hubo motivo para que Fred se distrajera… (y muriera *Kaoru aún no supera o acepta la muerte de Freddie*) así que aproveché el prompt y lo salvé *Kaoru es feliz*. Sí, ridículamente corto (en comparación con el capítulo anterior) pero los epílogos no siempre son tan extensos.

¡Dije que habría poco romance y lo cumplí! Me gustó escribir este pequeño WI?, espero que ustedes les gustara leerlo.