30 de Septiembre de 1991
Todo ese mes fue devastador y ese tormentoso lunes no hacía más que demostrarlo, alguien lo seguía de eso podía estar seguro. Escalofríos corrían por su espalda una y otra vez y una extraña sensación lo acompañaba desde que salió del Gran Comedor, y todo el mes.
Solía ver una ráfaga naranja huir por las esquinas y a todos mirarlo de repente con muecas extrañas pero cuando intentaba preguntar todos huían, ¡Huían de El! ¡El mago con sangre más pura de toda la maldita Escuela! ¡¿Qué era acaso, un Muggle?!
Sus secuaces eran muy idiotas para ver más allá de su nariz, o mejor dicho de su gordura. Si solo tuviera a su querido Badb, el Grimm. Colocar esa pose rara mirando al horizonte cada vez que, siquiera, pensaba el nombre iba a matar su reputación, y más si lo hacía a la mitad de los pasillos, pero aun no quería abandonar ese pequeño toque dramático.
Y no podría abandonarlo, ese nombre es uno de sus mayores logros:
Un día cualquiera luego de ver a su madre enojada y hablando entre los dientes sobre que nunca podía hablar con su esposo e imitar luego una fastidiosa voz aguda diciendo una y otra vez: "No puede hablar con él sin tener una cita previa, puede mandar una lechuza a recepción…" y luego un "El señor Malfoy es un hombre muy ocupado señora…" y después histérica un "Señora Malfoy, un gusto, estaríamos encantados de recibir su lechuza". Y cuando quiso decirle algo sobre su horrible comportamiento y falta de modales respondió algo sobre palos y astillas con una insufrible voz aguda que no era una imitación sino su propia voz, podía refutar ahora lo que creyó algún día; su padre no tenía una esposa perfecta.
Cuando salió de su casa enojado ese día tomo a su adorado corcel, que le había regalado su padre en su último cumpleaños, y cabalgo hasta olvidar su enojo y ahí lo vio, un "Gran" perro tirado entre los arbustos. Quedo más que sorprendido con su tamaño y casi se desmalla al ver sus ojos tan humanos. No lo dudo ni un segundo y lo subió al caballo para cabalgar hasta su casa, estaba herido y eso casi parte su corazón.
Ahora era su mascota, aunque a su padre aun no le gustaba mucho pues era muy juguetón y tenía ciertas expresiones humanas que extrañamente siempre ocultaba a su vista pero que su padre no dudaba que tenía, la verdad se sorprendió cuando lo comento en la mesa y su madre soltó una risita burlona para empezar a hablar sobre su ingenuidad y "amigos imaginarios" para quedar luego bajo un silencio escéptico cuando su padre no dudo en darle la razón con un tono frio y sin inmutarse por el enojo de su esposa.
El nombre lo saco de un libro de mitología como lo recomendó su padre y no pudo hallar mejor, aunque no era exactamente para un perro, pero la Diosa Badb le caía como ¿Collar al cuello? Profetizando el final de los días con maldad, enfermedad y venganza.
Oh si solo estuviera hay no estaría suspirando una y otra vez, aunque era algo triste para su edad y prestigio, ese perro era su único amigo y no podía dejar de extrañar su andar tan despreocupado, pelaje sin arreglo y siempre con apariencia sucia, y sus casi expresiones humanas, o como imitaba su pose dramática cada vez miraba el horizonte.
Solo pensar en eso le dejaba una gran sonrisa tonta en el rostro.
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¿Enojado o Feliz?
No sabía exactamente como estar, su pequeña obsesión rubia no paraba de suspirar una y otra vez para colocar después esa extraña sonrisa tan pura. Además de esa pose tan graciosa e infantil, desbordaba inocencia. Feliz esa era su respuesta.
Pero el enojo no se iba en su totalidad ¿Por quién suspiraba una y otra vez? ¿Tendrá un primer amor? ¿Y si tiene a Alguien Especial esperándolo en casa? ¿Una prometida quizá?
Necesitaba averiguarlo, seguir con su investigación, hasta ahora con ella obtuvo su comida favorita, perfume y un sinfín de gustos caros, además de que admiraba a su padre y tenía un gran librillo que escondía a los ojos de todos y con gran celo. Su gusto por visitar la torre de astronomía a la mitad de la noche y revisar el linde del bosque prohibido por objetos extraños. Pasatiempos algo infantiles que aumentaban su encanto.
Su hermano no dejaba de hablar sobre su "Extraña manía" y "Déficit a la tradición", no podía entender que quería un descanso de las bromas, aunque el mismo no podía entenderlo solo… sucedía.
Necesitaba estar hay para cuando lo necesitara o simplemente compartir sus alegrías, enviar un hechizo al que intentaba tomar su postre favorito en la mesa de las serpientes o dejar en su camino cosas que sabía necesitaba. Gasto su mesada comprando las trufas de chocolate que dejaba cada lunes en su puesto en la clase de pociones, a las que él estaba dejando de ir.
Esa era otra razón para los constantes retos que le daba su hermano, ya no pisaba un salón de clase, o al menos no de las suyas. Su desempeño académico bajo de golpe y no paraban de llegar cartas de su madre preguntando el porqué de sus calificaciones y los profesores lo miraban con pesar cada vez que lo encontraban por los pasillos, antes intentaban preguntar pero…
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31/05/2016
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