Disclaimer: Todo lo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.
Capitulo inspirado en la canción "My Immortal" de Evanescence
Como prometí, cuatro comentarios y aquí está el capitulo. Aunque no prometo lo mismo con el siguiente capitulo, porque aun no lo tengo empezado, pero apenas lo termine lo subiré.
Espero que les guste, esta es la situación de Draco, ya en la que sigue las historias se comenzarán a mesclar.
¿Te casarías conmigo?
2.- El príncipe sin reino.
Una melodía suave y melancólica inundaba el lugar. El lugar estaba lleno de velas flotantes que iluminaban de forma lúgubre y todos los presentes vestían de negro, como era de esperarse en un evento así. En el centro se encontraba un féretro plateado con cubierta de cristal. A través del cristal se veía una hermosa mujer rubia de finas facciones, vestida de blanco y con las manos sobre su vientre. Su expresión serena diría que dormía plácidamente, pero la verdad, había muerto el día anterior. Su hijo estaba parado a su lado, con una de sus manos sobre la cubierta de cristal. Sus puntiagudas facciones estaban inexpresivos, como si su rostro se hubiera vuelto una estatua de mármol, aunque sus lagrimas brotaban solas por sus ojos grises y su corazón parecía perder el único motivo que tenía para latir.
—Draco, mi amor —llamó una chica de corto y lacio cabello negro. Ella puso su mano sobre el hombre del chico rubio, pero él no le puso atención. Draco estaba demasiado perdido en su dolor.—Ya llegó —murmuró y solo entonces el rubio volteó para toparse cara a cara con él. Él estaba ahí y todos los presentes lo miraban entre asombro, miedo y lastima. Se veía demacrado y no era para menos, llevaba casi cinco años en Azkaban y se pasaría el resto de su vida encerrado, pero esa tarde estaba ahí, esposado y custodiado, pero presente en el funeral de lo única mujer que había amado, su esposa, Narcissa Malfoy.
Draco no se movió y sosteniendo la mirada a su padre, esperó a que él se acercara al lecho donde la rubia descansaba sin vida. Lucius llegó hasta el féretro y bajo la mirada, topándose con ella. El orgullo del patriarca Malfoy hace mucho que se había ido al diablo y en esos momentos en lo último que pensó fue en "el que dirán." Se avalanzó sobre el féretro, intentando abrazarlo y comenzó a llorar.
Le destrozaba el alma la sola idea de que jamás volvería a ver a Narcissa, que ella jamás volvería ir a verlo a Azkaban, que su único motivo para seguir viviendo se había esfumado en un suspiro. Su ángel se acaba de esfumar y no le importaba llorar aún en frente de Draco y todos los demás. Su hijo lo miraba, pero los ojos de mercurio estaban demasiados fríos para asegurar que era lo que el heredero Malfoy estaba pensado en esos momentos.
—Ojala hubiera sido yo el que muriera —susurró el hombre rubio con voz quebrada. Lucius volteó a ver a su hijo y sonrió con amargura.— Me has de estar odiando más, ¿no? —preguntó.
—Si te hubieras muerto tú a ella se le hubiera roto el corazón —respondió con una voz tan carente de emoción que daba miedo.— Creo que suficiente daño le hicimos ambos, como para desear que sufriera más —concluyó. Lucius enarcó las cejas y luego suspiró, mientras Draco seguía inmutable.
—Tienes razón, ella nos dio todo y no le supimos pagar como se merecía —dijo volviendo a ver a su mujer muerta.— Narcissa... mi amor —sollozó.
Draco comenzó a sentir como el aire le faltaba y comenzó a respirar con forma acelerada, sentía el dolor recorrer cada célula de su cuerpo. Era el dolor más real que había sentido en su vida, nada se compraba con ello. Las lagrimas volvieron a rodar por sus mejillas y su esposa lo abrazó por la espalda, intentando tranquilizarlo.
Pasaron varias horas más en las que invitados llegaron e invitados se fueron, pero aquello no parecía preocupar a los rubios Malfoy que solo se centraban en la gran mujer que les había dado todo, incluyendo su vida. El tiempo no parecía estar transcurriendo para ellos, al menos hasta el momento en el que los aurores que custodiaban a Lucius le informaron que ya debían de regresar a la prisión. Solo en ese momento parecieron notar que la noche había caído.
Lucius no se opuso a partir, se daba por bien servido que Potter consiguiera ese permiso para que él pudiera estar presente ahí. Se despidió apenas con un cabeceo de los presentes y antes de salir de aquella mansión que le había pertenecido, le dedicó unas últimas palabras a su hijo. Sabía que Draco nunca había ido a visitarlo y que posiblemente nunca lo haría, así que esa sería la última vez que se verían.
—No desperdicies tu vida, Draco —murmuró el hombre.— Aprovecha la libertad que ella te dio, no dejes que ella muera contigo. —Draco lo miró e hizo una pequeña mueca, un tanto despectiva.
—Yo no nací para eso —contestó en voz baja.— Jamás traería a un ser inocente a este infierno, mucho menos condenarlo a llevar la sangre Malfoy.
—Quizás yo no fui el mejor padre o el mejor esposo o siquiera alguien que te diera un buen ejemplo, pero... —recorrió rápidamente el vestíbulo donde estaban. En el lugar solo estaban los guardias que esperaban por él y la esposa de su hijo, Pansy Parkinson, pero guardaban la distancia suficiente para que no escucharan. Lucius hizo un movimiento rápido que tomó por sorpresa a su hijo por un momento alertó a los tres presentes. El rubio mayor pasó sus manos esposadas por sobre la cabeza de Draco, para de esa manera abrazarlo. El primer impulso de Malfoy menor fue el del asco, pero antes de protestar, Lucius volvió a hablar:— Siempre los he amado, a ti y a tu madre —susurró solo para él.
—Papá... —un escalofrío recorrió todo el cuerpo del joven y las palabras se quedaran atoradas en su garganta.
—No desperdicies tu vida —volvió a insistir el hombre.— No tires tu vida a la basura como lo hice yo. Y hasta eso, Draco, sea lo que sea, tu eres mi más grande orgullo y no me gustaría saber que tiraras la vida que ella te regaló.
Draco tragó en seco, se sentía más abrumado que antes y aun con cierto asco, correspondió tímidamente el abrazo de su padre.
—Fuiste un gran padre —dijo el chico.—Solo que todos cometimos grandes errores.
—Entonces no cometas los mismos errores que yo, a no ser que quieras hacerme compañía en Azkaban.
—Jamás —respondió Draco con media sonrisa que Lucius correspondió. Ambos hombres rieron con amargura. Los hombres se soltaron finalmente y se dedicaron una mirada más.
—Promete que vivirás y serás feliz por ella —pidió Lucius con tono serio.
—¿Por qué tendría yo que prometer algo así? —preguntó enarcando las cejas.
—Porque no me gustaría morir sabiendo que por mis errores destruí a mi familia y además de todo acabé con la linea Malfoy —respondió.
Draco pareció meditar las palabras de su padre y suspiró, dedicándole una mirada de reojo a su esposa.
—Te lo prometo, padre —dijo casi en un susurro.—Pero no me pidas que sea feliz. —añadió, apenas moviendo los labios y con sus ojos fijos en los de su padre, aquellos orbes mercurio tan iguales a los de él.
Lucius asistió y con eso se dio la vuelta para alejarse a ir con los aurores que lo devolverían a prisión, pero como si hubiera olvidado algo, se volteó con brusquedad y añadió algo más. Mirando fijamente a su hijo.
—No importa si tienes que tirar la casa abajo, regalar la fortuna o cambiarte el apellido, si eso te hace feliz —esas fueron las últimas palabras del rubio antes de desaparecer, quizás para siempre.
Draco se quedó mirando la puerta por donde había salido su padre y no pudo evitar sentir un vacío en el estómago.
—¿Estás bien, Draco? —preguntó Pansy una vez más. Draco la miró con desdén y resopló. ¿Pero que clase de pregunta era aquella? ¡Evidentemente no estaba bien! ¡Su madre estaba muerta! ¡Su padre se moriría en prisión! Y él ya no tenía nada para seguir viviendo. Sin embargo y aunque un arranque de cólera lo recorrió, no respondió nada.
—Despide y disculpame con resto de los invitados, quiero ir a descansar —sentenció el rubio. Su esposa asistió con un movimiento de cabeza.— Diles que el entierro será a medio día de mañana —añadió sin ninguna emoción alguna.
—Descansa, mi amor —se despidió la pelinegra, dándole un beso en la mejilla a su esposo y luego regresando a la sala donde aun había gente. Los presentes restantes se limitaban a los señores Parkinson, Andromada a acompañada de los Potter y el pequeño Draco. El heredero Malfoy había sido muy quisquilloso a la hora de permitir el acceso a su casa en aquellas circunstancias, simplemente no quería el lugar lleno de gente desconocida que solo iba por ir.
Draco subió pesadamente las escaleras, pero no llegó a su habitación, si no que pasó de largo hasta la recamara principal, aquella que habían ocupado sus padres durante mucho tiempo. Entró y sacando su varita encendió la araña del techo para iluminar todo. Lo primo que hizo fue buscar un vestido en el armario de su madre. Con cuidado escogió el atiendo con el que enterrarían a Narcissa: una bella túnica verde esmeralda con detalles de diamantes auténticos y algunas joyas que hacían juego.
—Madre... —sin quererlo se desplomó como un niño pequeño sobre la alfombra, comenzando a llorar descontroladamente, aferrado a las sabanas de la cama. Se sentía tan miserable, tan cansado, tan sin ganas de vivir.— ¿Por qué? —gritó con dolor.— ¿Por qué me dejaste? —reprochó mirando el cuadro de sus padres que colgaba en la pared.— ¿Por qué, mamá? ¡Yo te necesito aquí! ¡Tú eras mi única razón para vivir! —bramó, ahogado en sus lagrimas.
Ni siquiera cuando lo del Señor Tenebroso había llegado a llorar tanto, ni en ese entonces había sentido aquella desolación y miedo. Porque en ese entonces había peligro de muerto, pero en esos momentos la muerte ya había sido inminente.
Se estaba desmoronando por dentro y se planteaba muy seriamente envenenarse, lanzarse una maldición o simplemente suicidarse como cualquier muggle, no le importaba. Se sentía tan mal...
Entonces volteó de nuevo a ver el cuadro y sus ojos se centraron en Lucius. Le acaba de hacer una promesa a su padre y debía de admitir que por más resentimiento que le tuviera él a su padre... ¿Cuantas veces no dijo: "Mi padre se enterara de esto"? Porque él sabía que su padre siempre abogaría por él, que fuera lo que fuera Lucius siempre había buscado complacerlo y darle lo mejor. Siempre había buscado su bien estar y le había dado todo cuanto había querido...
"—No importa si tienes que tirar la casa abajo, regalar la fortuna o cambiarte el apellido, si eso te hace feliz."Las palabras de Lucius retumbaron y provocaron un tirón en su corazón. ¿De verdad a su padre no le importaba nada aparte de su felicidad? Posiblemente era verdad y con esas palabras se lo acaba de demostrar, o mejor dicho, de confirmar, porque a pesar de sus errores su padre siempre había visto por él.
Se quedó ahí en el suelo, meditando de la promesa que acaba de hacer y estudiando cuidadosamente las palabras de sus padres. Se estaba quedando dormido y no fue hasta que se frotó el rostro y se raspó la nariz con su anillo de matrimonio, cuando pareció encontrarle sentido a las palabras de su padre. Lucius le había dicho indirectamente que buscara su felicidad a costa de todo, incluso a costa de su matrimonio. Sintió una opresión en el pecho. Su padre que siempre había dicho que el matrimonio era para toda la vida, quien había juzgado cruelmente a esos que se habían llegado a divorciar, le acaba de decir que podía mandar todo por la borda para buscar su felicidad. No lo podía creer.
Miró su anillo de bodas y resopló. Su matrimonio había sido arreglado y debía admitir que con tal de no darle más disgustos a su madre aceptó de buenas a primeras casarse con Pansy a pesar de no quererla.
Suspiró y se puso de pie para salir de la habitación. Caminó rumbo al cuarto de huéspedes, no le apetecía estar con Pansy pero para desgracia se topó con ella en el camino. La pelinegra le sonrió y él no pudo evitar pensar en como Pansy siempre había estado a su lado a pesar de todo, apoyándolo, intentando animarlo. ¿De verdad sería capaz de dejarla? Si era honesto, ella no era suficiente razón para vivir. No la amaba y dudaba mucho llegar a hacerlo, pero ella había sido su mejor opción, ¿quien más en su santo juicio hubiera aceptado casarse con un ex-mortífago?
—Tranquilo, Draco —dijo la mujer, acariciando su espalda.— Sé que duele, pero si le das tiempo... —intentó decir, pero Draco la cortó.
—Es solo que hay demasiadas cosas que el tiempo no puede borrar —dijo con voz fría.— Y no espero que lo entiendas.
—Lo siento —se disculpó la pelinegra.— Vamos a dormir, mi amor —ofreció la chica, pero él se negó y continuó su camino, aunque ya no pretendía ir a dormir. Se dirigió al despacho que había sido de su padre y se encerró, decidido a ahogarse en Whisky de fuego.
—Te lo juré y te lo cumpliré —murmuró, levantando la copa de Whisky hacia un cuadro de Lucius que se encontraba en el lugar.—¡Ella será inmortal! ¡Ella vivirá en mí! —exclamó.— Ella vivirá en los nietos que no llegó a ver y que posiblemente tampoco tú llegarás a ver —declaró, vaciando de un solo trago la copa y sintiendose humano mientras el licor le quemaba la garganta. —Los amo... perdónenme por nunca habercelos dicho—tiró la copa al piso de madera, rompiéndola.— Perdón...
Comenzó a tomar el Whisky directamente de la botella, de aquella botella de cristal soplado y con una esmeralda incrustada, que su padre había mandado a hacer para uso personal. Esa botella que Lucius había rellenado por décadas y que ahora él vaciaba para ver si podía llenar el vacío que había quedado dentro de él. Se quedó sentado sobre el escritorio, mirando vagamente por la ventana y jurándose a sí mismo que apenas enterraran a su madre al día siguiente, él se largaría a buscar una razón para vivir. Cumpliría la promesa que le había hecho a su padre. No le importaba darle la mitad de su fortuna a Pansy, dejarla viviendo en la mansión o demás; aprovecharía y haría buen uso de lo verdaderamente importante que sus padres le había heredado: Su vida y su libertad.
¿Así que, qué tal? ¿Que opinan? ¿Qué les pareció? Ya sé que la vida de Draco está peor que la de Astoria y quizás divorciarse en un momento así es algo presipitado, pero intentaré que las cosas no se vallan muy rapido pero tampoco que sean más largas de los siete capítulos ya planeados.
¿Entonces? ¿Les gusto? ¿No les gustó? ¿Me dan Galletitas o Ranitas de chocolate? ¿Algún cruciatus o Avadas? ¿Algo? xD
¡Un beso y gracias por leer! ^^
EmzF:
Awwww ¡Virgi! ^^
Me alegra mucho, mucho, pero mucho que leyeras y sobre todo que te gustara :3
Un besote y ¡muchas gracias!
Marie Tolomei:
¡Uy, no! Si lloraste con el anterior... con este me has de querer matar D:
Pues, Astoria no supo ver con quien se metía y le tocó el odioso de Damían (creo que debo de ponerle el acento en la historia) xD
Me alegra que te gusta la idea y como predijiste a Draco le va peor xP
¡Gracias, hermosa! También te deseo lo mejor. Se te quiere :3
Alpan Malfoy:
¡Hola de nuevo linda! ^^ Me alegra que también te animaras a leer esta historia.
Bueno, en si no son Songfics, pero escuchaba esas canciones mientra escribia y les comparto la información porque siento que así se siente un poco más el escrito y pues la historia se ve ciertamente influenciada por la canción.
En fin. ¡Que bueno que te gustara! :D
¡Un beso y saludos!
Luisa-Isidar-Mithrim:
¡Hola, linda!
Me alegra que te gustara y aquí está la continuación :3
¡Chocala! Tú eres de las mías y claro que más adelante incluiré más ballet, sabes que también es de mis temas favoritos :3
¡Un besote y un saludote! ^^
Les comparto el Link de la portada de este capitulo que hice para Potterfics. (Tom Felton como Draco Malfoy y Helen McCrory como Narcissa)
orquideamelinda. deviantart. com/ art/ El-principe-sin-reino-290946895
