Placa Dorada

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Esa mañana Sakura se despertó antes de que su alarma sonara, pues el rostro de Hinata atacaba sus sueños, haciendo que le sea imposible dormir en paz.

Se levantó y se encerró en el baño. Con sus manos firmemente apoyadas en el lavabo, se observó en el espejo. Las violáceas ojeras la hacían ver cansada, y su cabello tenía manchas de sangre. Frunció el ceño y abrió la regadera.

Todavía no lograba procesar la noche anterior, la negación de los hechos se había instalado en ella en una manera tan convincente que no dejaba espacio a la vacilación.

Ella no había matado a Hinata.

Se desnudó y entró en la tina, dejando que el agua se llevase todo a su paso.

Y entonces, el remordimiento la azotó.

Sintió una punzada de dolor en el medio del pecho y jadeó. Todo se movía tan rápido, oía tantas voces al mismo tiempo, recordaba tantas cosas.

Naruto le había susurrado que la quería, una vez.

También recuerda como Hinata fue la única que estuvo con ella en sus primeros años de escuela.

Y ella la había apartado del camino. Había terminado con su amistad de la forma más horrible.

Silentes salinos brotaban sin compasión de sus ya enrojecidos ojos, su cuerpo temblaba con fuerza mientras se abrazaba a sí misma.

–¡No!

Veía su bello rostro de porcelana, sus sonrojos, sus sonrisas.

Se deslizó hasta sentarse en la tina y abrazó sus piernas, hundiendo la cabeza en ellas, y lloró.

Dejo que todo lo que sentía se fuese de ella en la forma del llanto más tétrico. Se odiaba tanto. ¿Qué has hecho? ¡Estúpida!

Hinata era, y siempre iba a ser, la mayor razón de sus sonrisas.

(La alejaste, cerraste la puerta en su cara.

Su sangre te manchó, y tu odio te venció.)

–¿Sakura?

No oyó cuando Ino abrió la puerta del baño y cerró el agua.

–¿Qué haces ahí? –Preguntó abriendo la pequeña ventana, el baño estaba lleno de vapor–. Tu piel está roja. ¿Cuánto llevas allí?

El tono de preocupación de Ino logró que levantara la cabeza y la mirara con esos ojos hinchados, secos, vacíos.

–¿Qué he hecho, Ino? –Susurró.

La vio fruncir el ceño y ofrecerle una toalla blanca.

–Vamos. Hablaremos luego.

Ino la ayudó a pararse y la envolvió en la suave tela, luego la condujo al cuarto y se ocupó de vestirla, ya que la Haruno parecía estar completamente en otro mundo. Le puso unos shorts blancos y una blusa de tirantes del mismo color. Pensó que el blanco la animaría un poco.

Cepilló su largo cabello rosa con un cepillo de cerdas suaves, y cuando la chica adoptó un aura angelical, la sentó frente a ella en la cama.

(Pero no eres un ángel, Sakura.)

–¿Sabes lo que has hecho?

–Maté a Hyuga Hinata.

–¿Y qué vas a hacer al respecto?

Ahora la Haruno miró hacia el gran ventanal de su habitación, deseando poder huir al bosque. Deseando ir a buscarla.

–Haré lo que tú digas.

Ino suspiró y se pellizcó el puente de la nariz con los dedos. Se sobó el rostro y cubrió su boca con el dorso de su mano, manteniendo la mirada firme en el mismo punto que la chica.

Ahora estaban juntas en esto, Sakura era una asesina, e Ino era su cómplice.

–Nada.

–¿Eh?

–No haremos nada. Te vas a callar la boca, vas a preocuparte porque ella no ha vuelto de una fiesta, dejaremos que la policía haga lo suyo y saldremos bien de esto.

–¿Estás loca? ¡Lo descubrirán!

Ino la tomó por los hombros, mirándola fijamente a los ojos. –Haremos una coartada creíble. De todas formas, su cuerpo cayó al río, que desemboca en el mar.

–¿Y si alguien lo encuentra? ¡Iré a prisión y tú también!

–No. Eso no pasara. Y si quieres entregarte, déjame fuera de esto. Te ayudare, pero no voy a involucrarme con esto, Sakura. –La mirada suplicante de Sakura flaqueó ante los ojos severos de Ino. Tenía razón–.Todo será como antes, y tú, debes ser muy, pero muy cuidadosa. –Continuó.

A continuación, la rubia envolvió a la menor en sus brazos, susurrándole palabras alentadoras en el oído.

Ino se marchó bajo la estricta condición de que se reunieran en la cafetería en una hora. Sakura aceptó y se vistió con unos leggings negros, unas converse blancas y una blusa básica algo ajustada de mangas cortas negra. Cogió un sweater gris por si acaso y salió de su habitación.

Caminó en silencio por los corredores y evitó a Tenten lo más que pudo. Sonrió internamente al ver a Ino con el desayuno listo en una mesa.

–Gracias. –Dijo sentándose y estirando su mano hacia su café.

La mano de Ino la detuvo. –Espera. –Dijo y desdobló un papel marrón bajo la mesa, y sin que nadie la viese, echó un polvo blanco al café de la Haruno.

–¿Qué rayos es eso?

–Cállate. Es para que te relajes. Anda, hasta el fondo.

–¿Desde cuándo te drogas?

Ino rodó los ojos. –No son drogas. Bueno, quizá sí. Solo es un calmante, hará efecto más rápido si lo tomas de esta forma.

Y bajo la atenta y azulada mirada, Sakura bebió el café con algo de desconfianza.

Minutos después comenzó a sentir que sus músculos se relajaban, y los pensamientos agudos dejaban de gritarle.

–Oigan. –Llamó una conocida voz–. ¿Han visto a Hinata?

Sakura observó a Tenten mientras le daba el último trago a su café, aprovechando para buscar una respuesta coherente. Ino no podía contestar, pues sería demasiado riesgoso. Entonces dejó la taza en la mesa y negó.

–No ha vuelto a dormir anoche, supongo que debe estar con alguien de la fiesta.

Tenten pareció dudar y no apartó la mirada.

–Dile que me busque cuando la veas.

El duelo de miradas se prolongó hasta que la pequeña castaña se fue. Sakura acarició un denso suspiro con los labios partidos. Sentía la mirada de Ino sobre ella, preocupada, consciente, tensa.


Los días siguientes fueron una mezcla de miedo y confusión. Los días eran normales, casi pasables. Pero las noches eran aterradoras. Ino había tenido que salir a las cuatro de la mañana a hurtadillas porque la Haruno la llamó llorando sin parar.

El martes, dos sujetos uniformados llegaron al instituto. Sakura e Ino estaban afuera en ese momento y tragaron grueso al ver el auto de policía en el umbral de la entrada.

Al parecer, habían mandado a llamar a Tsunade, ya que salió por la enorme puerta principal a los pocos minutos. Los vieron estrechar sus manos. Uno de ellos le mostró lo que parecía ser una fotografía, ella retrocedió un paso y se cubrió la boca con la mano. También la vieron negar con la cabeza.

Shizune, su asistente, llegó en ese momento y les indicó el camino adentro a los oficiales.

Ino frunció el ceño y clavó sus ojos celestes en la pequeña Haruno, quien estaba completamente paralizada.

–¿Recuerdas cuando me dijiste que te gustaba actuar? –Le pregunto bajito, tocándole el hombro con la mano–. Bueno, es momento de hacer tu mejor esfuerzo.

Sakura la miró algo desconcertada, luchando contra las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos. Luego asintió.

Estaba convencida de que lo que había hecho era el peor de los pecados. Había jugado a ser Dios. Tal vez, en algún momento iba a tener la oportunidad de redimirse y de suplicar perdón al alma de la mismísima Hinata, pero este no era el momento. Su astuta mente debía actuar tan rápido que pareciera ir despacio a la vista ajena.

Ambas adolescentes se pusieron de pie y comenzaron su andar hacia adentro. Pero entonces, un auto negro aparcó cerca de ellas.

Era bastante lujoso, de él bajó un hombre alto, fornido y con facciones definidas. Sakura se encontró mirándolo más de la cuenta. Él era al menos diez años mayor que ellas, caminaba con porte seguro y posición prepotente.

–¿Sakura Haruno?

–Soy yo, oficial.

–No, no. –Rio levemente, negando con la mano y la cabeza. –. Soy el detective Sasuke Uchiha, de la unidad de asesinato de la policía federal.

Les mostró su placa, y Sakura no pudo evitar pensar en que eran simples formalidades, dado que él ya tenía pinta de ser del gobierno.

–¿Puedo charlar contigo un rato?

Ella asintió, y comenzó a caminar hacia el edificio.

–¡Qué oportuna, Sakura-chan! Justo estaba buscándote.

–Uchiha Sasuke, Detective. –Dijo él cordial, ofreciéndole un saludo a Tsunade.

La mujer asintió en respuesta, sin poder quitar la mirada triste de sus ojos avellana.

–Hinata-chan ha muerto, Sakura.

Esperó unos cuantos segundos antes de contestar, pues eso es lo que hacían en las películas cuando cubrían un asesinato. Luego, puso la expresión más triste y desconcertante de su repertorio, murmurando un leve "¿qué?".

Los oficiales la llevaron a la oficina de Tsunade, donde relataron con lujo de detalles el estado del cuerpo. Sakura sintió lágrimas reales humedecer su rostro.

–Bien, yo me encargo ahora. –Dijo Sasuke, sentándose en el escritorio frente a Sakura, quien mantenía la espalda recta, las piernas juntas y las manos en su regazo, con las lágrimas corriendo en sus mejillas sonrosadas.

–Tengo entendido que usted y Hinata eran mejores amigas. ¿No es así?

–Sí, desde los once años.

–¿Y cual era tu relación con ella? Según los datos que conseguí eres su amiga más cercana.

–Éramos como hermanas. Siempre estábamos juntas… Yo la protegía. Y fallé esta vez.

Sasuke asintió. –Señorita Haruno, ¿Cuándo fue la última vez que vio a Hinata Hyuga?

–El viernes por la noche, en la fiesta. Yo volví porque me sentía realmente cansada, y ella decidió quedarse.

Sasuke asintió. –¿Con quién se quedó ella?

Fue el turno de ella de negar con la cabeza y susurrar que no lo sabía.

–¿Ha notado algún tipo de comportamiento extraño en ella? No sé, ¿Algo que llamara la atención? Estrés, algún familiar, un enemigo… Un novio.

Ella volvió a negar, y al estar sumamente nerviosa, dejó salir el llanto. Tsunade, rápidamente se acercó a consolarla.

La apretó contra su pecho. –Creo que es suficiente por hoy, oficiales, tenemos mucho que procesar.

–Sí, nosotros también.

–No duden en contactarnos, estamos todos dispuestos a ayudar a resolver este horrible crimen.

Los tres hombres asintieron. Y justo antes de salir de la oficina, Sasuke volvió a hablar.

–¿Podría hablar con la señorita a solas un minuto, Tsunade?

Ella asintió en silencio, cerrando la puerta tras de sí.

Sasuke se inclinó, con su rostro apenas unos centímetros lejos del de ella.

–Si sabes algo, debes decírmelo, ¿Está bien?

–¿Te quedaste para extorsionarme cuando mi mejor amiga está muerta?

–Me quedé para ayudarte y darte mi entendimiento.

Sakura apartó la mirada y Sasuke se recriminó por ser tan brusco mentalmente. Si quería información, nunca la conseguiría de este modo.

–Mira… ¿Por qué no vienes a tomar un café conmigo? Podemos charlar bien las cosas.

–Creí que eras policía, no psicólogo.

–Detective. –Corrigió–. Pero esto es personal. Sé lo difícil que es lidiar con la muerte. Así que me ofrezco a ayudarte a sobrellevarlo, sin ataduras.

Sakura levantó sus ojos hacia él, observándolo detenidamente. –¿Harías eso por mí?

–Sí, por supuesto. Eres una jovencita adorable. –Se encontró a sí mismo admitiendo.

Sakura sintió el rubor en sus mejillas. Sasuke la observaba de cerca, detallando cada parte de su precioso rostro.

–Veme mañana a las cuatro en Kukkou Mokigai. Charlaremos un poco.

Ella asintió y luego, sin previo aviso, le sonrió. Fue apenas un gesto, una tirada a sus comisuras. Pero fue lo suficiente para atrapar a Sasuke en su juego.


–No puedo creer que te haya invitado a ese café. ¡Es uno de los más caros de todo Konoha!

Sakura rodó los ojos. –Deberías estar alagando mis habilidades para llorar así frente a Tsunade. Esa mujer es mi debilidad, no sé cómo lo hice.

–Yo tampoco. Pero me alegro de que lo hayas hecho.

Ino estaba recostada en su cama, cabeza levantada en su mano mientras observaba a Sakura maquillarse levemente con un labial rosa oscuro.

Llevaba puesto unos leggings negros, junto con una blusa blanca que se ajustaba debajo de su busto y caía con gracia hasta debajo de su trasero. Lo combinó con una chaqueta marrón claro y unas botitas del mismo color.

Ino le alcanzó la bufanda beige de la cama y la observó perfumarse con el embriagante aroma que la caracterizaba.

–Estas hermosa. Yo atenderé a los oficiales aquí, no te preocupes.

–¿Segura? Solo tienes que mantenerlos fuera del sotano.

–No hay nada en el sotano, ya limpie todo de una forma que no creerías jamás.

Sakura arqueó una ceja.

–Si tiras una mezcla de soda y alcohol con un poco de colorante para comidas, la sangre se desprende y se mancha, así que es más fácil quitarla.

–Woah, ¿De qué sitio web sacaste eso?

–No actúes sorprendida. Tú fuiste la que la mató en primer lugar. Como mínimo tendrías que haber limpiado tu desastre.

–Touché. –Se acercó a ella y le dio un beso en la frente–. Suerte.

–A ti igual.


Media hora después se encontraba entrando en el lujoso café. Las paredes eran de un color beige claro, combinadas con tonos lilas y púrpuras. Caminó lentamente entre las mesas donde ya se encontraban varias personas comiendo cosas que lucían realmente deliciosas. Divisó a Sasuke en una de las mesas más apartadas y se acercó a él.

Sasuke la recibió con un beso en la mejilla. Le ayudó a quitarse el abrigo y le acercó la silla y una vez que se hubo sentado, su caballerismo era una de las cosas que más atraía a Sakura.

–¿Cómo estás?

–Lo mejor que puedo.

–Me alegra oír eso. ¿Qué te gustaría ordenar?

Sakura le echó un vistazo a la carta, se decidió por un té de arándanos con torta de limón, él eligió el café brasileño con postre francés de chocolate y nueces.

Una vez que fueron atendidos y sus pedidos fueron tomados, Sakura se concentró en el hombre frente a ella.

–Te traje aquí para que pudieras descargarte. Siéntete libre de hacerlo.

–Me resulta algo difícil compartir cosas intimas ya que no te conozco.

Sasuke sonrió de lado. Era una chiquilla vivaz, ¿No?

–Mi nombre es Sasuke Uchiha. Tengo veintiséis años. Acabo de graduarme de la Universidad de Leyes, éste es mi primer caso.

Sakura sonrió al obtener algo de información. –Esas son superficialidades. Quiero saber de ti.

–¿Y me dirás de ti?

Ella asintió. Sus pedidos habían llegado.

Le puso un poco de azúcar a su té, contrario de Sasuke, quien lo tomó así, amargo.

–Bueno. Vivo solo. Me alejé de mis padres hace unos cuantos años. Tengo un gato, Salem. Y me gustan las comedias americanas. Tu turno.

–Soy huérfana. Creo que soy… La clásica chica adolescente de la que ya has oído hablar.

–No creo eso.

–¿Huh?

–Según tu historial, eres la cabeza de tu escuela, eres muy inteligente. Y muy atractiva, como para ser una muchacha de ese tipo.

"Sí tan solo supieras lo que hago los fines de semana"

–Supongo que sí. Gracias por decirlo.

Le dio un bocado a la tarta de limón, y tuvo que guardar la compostura para no acabársela en unos segundos, pues estaba deliciosa.

–Escucha, Sakura. Yo realmente quiero resolver el caso.

Ella lo observó en silencio, tratando de decidir si necesitaba poner ese semblante de lesbiana reprimida y depresiva a trabajar para evadir sus cuestionamientos.

–¿Hay algún sospechoso?

Él se tensó.

–No voy a mentirte. Ellos creen que tú lo hiciste.

–¡¿Cómo crees que yo podría haberle hecho algo tan horrible a Hinata-chan?!

–Tranquila, dije ellos. No yo. Yo creo que eres demasiado pura para hacer algo así.

"Pues no me conoces"

–¿Y si nunca encuentran al culpable? ¿Van a dejar las cosas así?

–La idea, por ahora es pensar positivamente...

–¡No hay positividad en la muerte!

–Sakura. –La calmó, mirando alrededor, no quería llamar la atención d la gente, le molestaba–. Vamos a resolver esto. –Estiró su mano y la apoyó con cuidado sobre la de ella–. Juntos.

Ella sonrió.

–Está bien.


–Entonces me trajo hasta aquí, y antes de irse me dio su número y besó mi mejilla.

Ino, con la sonrisa rozando sus orejas, chilló.

–¿Vas a volver a verlo?

–Por algo me dio su número.

–¿Y qué hay de Naruto?

Sakura vaciló en la pregunta. –No lo sé.

–Deberías ir a verlo. Pero discretamente. Tal vez, solo pasar por ahí con alguna excusa y ¡Poof!, te lo cruzas, se enamoran, se casan y todo esto finalmente cobra sentido.

–¿Qué hay de Sasuke?

–Me lo dejas a mí. –Contestó con simpleza.

–En tus sueños.

Y entonces lo hicieron. Consiguieron un taxi que las llevó hasta el campus de la Universidad. Ellas se adentraron en el bosque hasta llegar a las enormes mansiones de las tres hermandades. Allí, platicando con unos policías estaba Naruto, con los brazos cruzados y una expresión que realmente, le rompió el corazón. Sai, el chico que se le acercaba a Ino también estaba ahí.

Naruto notó su presencia de inmediato, y tras disculparse con los oficiales, fue a abrazarla.

El contacto fue tan doloroso que soltó un par de lágrimas que para Naruto, significarían el dolor de la perdida, pero para ella, significaba el dolor de afrontar algo que realmente desearía no haber hecho, y demonios, no quería que Naruto la soltase jamás.

–Lo siento mucho, Sakura-chan.

La razón de la disculpa era un secreto que no quería averiguar.

–Yo también.

Naruto no notó el doble sentido de eso.

–En serio, lamento todo esto. Debe haber sido muy traumático para ti. –Le dijo, acariciando su mejilla con su mano. Ella asintió.

–Estoy aquí si necesitas algo, Naruto. Puedes contar conmigo.

–Sí… Gracias. Pero creo que superaré esto solo. Creí que ella era la indicada ¿Sabes?

Ino, desde la distancia, vio venir la tormenta.

–Ella era tan dulce. Hasta imaginé pedirle matrimonio.

–¿Qué? –Murmuró, ida en sus pensamientos nublados por el enojo y los celos.

¡Me deshice de ella para que me miraras a mí!

–Supongo que es cierto eso de que el amor vence a la muerte.

¡Lo arriesgué todo por ti!

Ino la vio temblar y apretar sus puños hasta que sus nudillos quedaron blancos. Se soltó del brazo de Sai, quien aún estaba dando una pequeña declaración a los oficiales.

No podían darse el lujo de que Sakura tuviera un ataque de nervios allí mismo. Entonces la tomó del brazo y la obligó a mirarla a los ojos. Naruto no entendía que estaba pasando.

–Tienes que calmarte. –Siseó. Buscó algo en su bolso y luego le puso dos pastillas blancas en la palma de la mano.

Sakura la miró confundida, sus sentidos no respondían a sus mandados, era como que alguien más se apoderaba de sus controles mentales. Pero de alguna forma, tomó las pastillas bajo la atenta mirada del rubio.

–Es hora de irnos. Fue bueno verte, Naruto. Cuídate.

–Sí… Tú igual.

La rubia arrastró a Sakura fuera del campus, tironeando en el brazo de la chica cada vez más fuerte para intentar sacarla también de su ensoñación.

–Tienes que despertar, Sakura. Debes aprender a controlar esos ataques. Los oficiales estaban ahí.

–Él la ama.

Fue lo único que pudo articular.

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Helowwww, cómo están?

Sé que tardó mucho pero aquí está la conti.

Espero te agrade.

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