Esta historia es un fanfiction basado en la historia original Naruto y Naruto Shippūden series por Masashi Kishimoto y en la novela Konoha Hiden.
El momento adecuado: La carta
Los días pasaron y Shikamaru sentía que le habían arrebatado la mitad de su cuerpo al irse Temari. Se sentía completamente vacío y más ahora que muchos de sus amigos pasaban mucho tiempo dedicándolo a su respectiva pareja.
Chōji ahora se inventaba cualquier excusa para viajar a la aldea de esa chica que le gustaba. Ino, bueno, Ino era más de lo mismo: estaba todo el tiempo con Sai.
Siendo ellos sus amigos más cercanos, ya no sabía quién le quedaba. Tenía a los demás claro, pero Naruto nunca fue de los que pasaba tiempo con él, y aunque lo hubiera sido, ahora estaba todo el tiempo con Hinata.
Y así todos.
Shikamaru pensó que quizás volver a encerrarse en su trabajo era lo mejor. Tener tiempo libre solo hacía que no pudiera evitar pensar en el tema una y otra vez.
- Shikamaru – dijo Yoshino que estaba en frente de él en la mesa del comedor. Los dos estaban cenando en silencio. Shikamaru lucía con una expresión de tener la mente en otra parte. – Últimamente llegas muy tarde y aunque te espero para cenar, siempre estás muy callado, ¿te encuentras bien?
El Nara se sintió como si saliera de sus pensamientos más profundos de repente.
- Estoy bien – respondió él esbozando una falsa sonrisa – Es sólo que estoy cansado por tener tanto trabajo.
- Hijo, creo que no me estás diciendo la verdad – respondió su madre frunciendo el ceño.
- Bueno también, tengo que confesar que he estado estresado por el tema de la boda de Naruto. No sabía que regalo comprarle.
Mierda, pensó. Había sacado el tema que no quería tocar, aunque indirectamente.
- ¿Y ahora sí lo sabes? – preguntó Yoshino contenta porque por fin entablaba conversación con su hijo en lo que llevaba de día.
- Sí, tuve ayuda para elegirlo – Shikamaru intentó responder evadiendo decir quién era la persona que le había ayudado.
- ¿Quién te ayudó? ¿Ino? – dijo su madre curiosa.
- No, fue otra persona – respondió de nuevo evitando decir el nombre concreto.
- ¿Quién fue entonces? – insistió Yoshino sospechando que se acercaba a la verdad.
- Temari – dijo finalmente el joven Nara soltando un suspiro. – Ella fue la que me acompañó aquel día a las aguas termales. Ese era el regalo que quería hacerle a Naruto y Hinata, pero necesitaba a una chica que fuera a la parte de mujeres de las aguas.
- Entiendo… - dijo Yoshino sin poder evitar sonreír con picardía. Su hijo le acababa de decir que hace una semana, aquella noche que no durmió en casa, estuvo con una chica en un hostal con aguas termales. Eso sólo podía significar lo evidente. Yoshino no era tonta. Tenía un hijo. Y tuvo un marido considerablemente sexualmente activo.
De pronto se quedaron en silencio unos segundos y la conversación se quedó en una pausa incómoda. Shikamaru empezó a ponerse nervioso.
- ¿"Entiendo"? ¿Y esa sonrisa? – dijo Shikamaru enarcando una ceja - ¿no estarás pensando que Temari y yo…?
- ¿Me vas a decir que no, Shikamaru? – respondió Yoshino sin dejarle terminar de hablar – Ya tienes una edad. Me parece normal.
Shikamaru cerró los ojos mientras seguía con su ceja enarcada. Luego, llevó su mano derecha a su rostro y con su dedo pulgar y su dedo índice se frotó las sienes.
- Bueno, no era mi intención. Lo juro. No soy irrespetuoso con las mujeres – confesó él después de retirar su mano de la frente. Y levantó la mirada para volver a enfrentar a su madre.
- No hace falta que me lo digas Shika… te conozco. Eres un buen chico. Eres mi querido hijo – dijo Yoshino sonriéndole con sinceridad. – Tu padre era un hombre formidable pero tú, Shikamaru, serás incluso mejor.
Shikamaru sonrió, aunque con un sabor agridulce. Sabía que su madre se enorgullecía del hijo que tenía, pero también seguía con un fuerte recuerdo de su padre que lo sacaba a relucir en cada conversación. Estaba bien, de todas maneras. Se sentiría mal si su madre pasara página cuando lo de su padre estaba tan reciente. Aunque quizás en el futuro tendría que apoyarla en incluir cambios en su vida, por el momento se conformaba en apoyarla viviendo con ella y conversando con ella más a menudo.
Recogieron los platos de la cena y Shikamaru le ayudó a limpiar la cocina. Mientras estaban en el proceso, Yoshino le preguntó:
- Y… ¿has vuelto a verla? – Shikamaru pensó que su madre no iba a dejar pasar el tema tan fácilmente.
- No – sólo respondió él.
- ¿No quieres verla? – dijo ella ahora girando su rostro para mirar a su hijo a su lado secando platos.
Él meditó unos segundos la respuesta:
- Sí. – A lo que Yoshino sonrió de nuevo con esa sonrisa pícara de estar descubriendo algo que no debería.
- ¿Y se lo has dicho?
- ¿Cómo se lo iba a decir? No uso móvil y ella tampoco. Son cosas demasiado modernas a las que no me he acostumbrado. Tendré que esperar a que vuelva.
- Baka Shikamaru, si dejas pasar el tiempo sin decirle nada ella puede pensar que no quieres verla.
- ¿Y qué debería hacer según tú? – dijo Shikamaru enojándose ligeramente por la situación incómoda.
- No pongas esa cara, ¿acaso tu cerebro no funciona para el romanticismo? Escríbele una carta y se la envías – dijo Yoshino como si sonara evidente. Shikamaru pensaba que no había nada de evidente en eso de escribir una carta.
- ¿Una carta? – preguntó él confuso. - ¿Eso no es muy antiguo?
- Dices que no usas móvil porque es demasiado moderno, pero tampoco quieres escribirle una carta. – argumentó Yoshino haciéndole ver que estaba comportándose como un tonto – creo que sólo te pones excusas para no actuar. Puede ser que, ¿tengas miedo?
- No es eso, sólo que no estoy acostumbrado a tratar con una chica en este sentido – explicó Shikamaru.
Puso el último plato en su sitio y le devolvió el paño a su madre dando a entender que quería irse enseguida de la cocina para zanjar esa conversación.
- Inténtalo Shikamaru – fue lo último que consiguió decirle Yoshino antes de que su hijo desapareciera de allí.
El joven Nara se metió en su cuarto y se cambió de ropa para irse a dormir. Se lavó los dientes y se soltó el pelo. Todo para estar lo suficiente cómodo y poder tener un sueño reparador.
Una vez ya en la cama, cerró sus ojos y trató de conciliar el sueño. Los últimos días había conseguido no pensar en la noche de sexo que tuvo con Temari gracias a llegar cansado del trabajo. Pero este día había conversado con su madre sobre el tema y ahora no podía dejar de pensar en ello.
Shikamaru soltó un suspiro recordando las imágenes que quedaron grabadas a fuego en su memoria. Temari estaba en una actitud sumisa como nunca la había visto. Y se dejaba tocar todo el cuerpo de arriba abajo sin excepciones. Empezó a pensar en las cosas más pervertidas. Recordó el sabor de su vulva cuando la besó ahí abajo y ahora se estaba poniendo muy caliente…
Tras unos minutos entre los que creía que ya estaba cerca de poder dormirse, de pronto sintió mucha presión ahí abajo. Shikamaru abrió los ojos y comprobó el bulto que se había formado en la sábana. El pantalón que llevaba no era demasiado apretado así que su miembro tuvo total libertad para erguirse totalmente con sus pensamientos pervertidos.
- Mendokusai… - dijo él quejándose porque no entraba en sus planes renunciar a tiempo de sueño por tener que aliviarse. Las veces que él se aliviaba siempre tenían sus horas pautadas. Generalmente era cuando se duchaba y así lograba sentirse relajado el resto del día. Pero ese día ya había descargado una vez así que lo que a él racionalmente le parecía suficiente, su cuerpo parecía no estar muy de acuerdo.
Suspiró desesperado y esperó unos minutos para que se le pasara el calentón poniendo la mente en blanco. Sin embargo, su plan no tuvo éxito y su miembro seguía totalmente rígido.
- ¿Por qué he tenido que ponerme a recordar todo aquello? – susurró quejándose para sí mismo mientras se erguía ligeramente para alcanzar unos pañuelos de papel en el cajón de su mesita de noche.
Shikamaru se bajó el pantalón por debajo de sus testículos y comenzó a masturbarse enérgicamente con la intención de acabar rápido. No obstante, la intensidad con la que lo hacía no estaba funcionando y pensó que así tardaría demasiado en terminar. Fue por eso, y sólo por eso –quiso creer él- que dio vía libre a sus pensamientos para recrear la noche que tuvo con Temari. Al momento de estar pensando en ella y en su rostro todo sonrosado con esa expresión de paz interna Shikamaru eyaculó intensamente recogiendo el semen con los pañuelos que sujetaba en su mano izquierda, delante del glande.
Se levantó y desechó los papeles en la papelera de su habitación para volverse a la cama y tratar de dormirse inmediatamente.
Gracias a esa sesión de autocompasión lo consiguió por fin.
…
Shikamaru se dirigía a su puesto de trabajo tras haber desayunado con su madre y haberse despedido de ella. Llevaba puesto su atuendo habitual de shinobi, como casi siempre que no tenía días libres.
Por la mañana se concentró tanto en sus tareas que acabó demasiado pronto y enseguida se comió el bento que le había preparado su madre ese día. No siempre lo hacía ya que cada día él decidía si comer de lo que preparaba su madre o comer fuera. A veces cuando se acumulaba mucha comida en casa era inevitable tener que llevarse un bento.
Estuvo dando vueltas un rato por la zona para entretenerse hasta que fuera la hora de volver a su puesto. Inconscientemente, se paró delante de una tienda donde vendían libros, y toda clase de artículos de papelería. También vendían sobres y sellos para enviar cartas.
Sus pensamientos se congelaron en ese momento y se repetían en bucle recordando el comentario de la carta que le hizo el día anterior su madre.
- Supongo que puedo intentarlo – dijo para sí mismo y se animó a entrar a la tienda. Compró todo lo necesario y se fue a la oficina para poder sentarse y escribir la carta con calma.
Estando allí cogió una hoja de papel y empezó a escribir:
"Hola Temari,
¿Cómo estás?..."
- No – dijo Shikamaru arrugando el papel y lanzándolo a la papelera – demasiado típico.
"Temari,
Quería preguntarte sobre cuándo crees que volverás…"
- ¡Sueno desesperado! – de nuevo desechó esa versión de carta.
"Temari,
Hace tiempo que no nos vemos. Me gustaría invitarte a salir…"
- Vaya mierda…
Escribió unas ocho más y ninguna le convencía. Había generado una montaña de papel arrugado en su papelera y ahora se sentía mal por haber malgastado tanto papel.
Cogió una hoja nueva y decidió que esta vez no escribiría nada sin estar seguro de lo que le quería decir.
Lo que escribió en la que juró que sería la última hoja que cogería para escribirle la carta fue lo siguiente:
"Me muero por verte.
Shikamaru"
No sabía si era demasiado desesperado o ansioso. Llegado a este punto ya le importaba bien poco. Al final sólo quiso plasmar su mayor deseo en el menor texto posible intentando que sus sentimientos alcanzaran el corazón de la kunoichi.
- De todas maneras acabará pensando que soy un idiota – dijo mientras metía la hoja en el sobre, lo cerraba y le ponía el sello.
Después de eso aprovechó sus últimos minutos de descanso para llevar la carta a un buzón y desear que llegara lo antes posible…
…
La carta no tardó en llegar a su destino puesto que el servicio de mensajería no iba a pie como los shinobis.
Temari estaba en la oficina del Kazekage. La habían llamado para darle algo, según le había indicado uno de los shinobis bajo el mando directo del Kazekage.
En la oficina se encontraban sus dos hermanos. Al parecer estaban organizando las cartas y rollos recibidos. Ella nunca había recibido nada para ella en concreto así que su cara no reflejaba otra cosa más que sorpresa cuando su hermano Gaara le estaba extendiendo un sobre blanco con su mano para que lo recibiera.
Kankurō por su parte la miraba incrédulo. Parecía que él tampoco entendía por qué Temari había recibido una carta tan de repente. Además de que era una carta a nivel personal. Es decir, que no había llegado por las vías administrativas y dirigida a su cargo, sino que iba dirigida a su nombre.
En la parte de delante del sobre pudo leer su nombre:
テマリ
Y al darle la vuelta al sobre, en la solapa pudo leer el remitente:
奈良シカマル
"Shikamaru!?" – pensó sintiéndose agitada. Su corazón dio un brinco y parecía que se le iba a salir. Ahora volvió a mirar a sus hermanos los cuales estaban muy callados observando la reacción de Temari ante la carta recibida. Desde luego que la estaban evaluando. Por cómo la miraban esperaban que su reacción les diera una pista de a qué se debía esa carta personal.
De pronto sintió la necesidad extrema de salir de allí antes de leer la carta pero como por un capricho del destino, se presentaron en la oficina las dos personas que menos le convenían en ese momento. Yukata y Matsuri. Esas dos kunoichis eran lo más cercano a unas amigas en la actualidad. Pero tampoco tenía tanta confianza como para hablar de ese tema con ellas. Bueno, de hecho, no tenía esa confianza con nadie.
Parecía que una de ellas también había recibido una carta, aunque no le interesaba de quién. Temari sólo rezó para que no se acercaran a comprobar de quién era la carta que había recibido.
El destino era maligno y aunque ella quisiera evitar una situación incómoda a toda costa, las chicas, que se dieron cuenta de las caras de sus hermanos observándola detenidamente, se giraron como depredadoras y amenazaban con acercarse súbitamente a ella para investigar de quién era la carta.
Aquel momento se sintió como si fuera a cámara lenta y llegó a notar una gota de sudor frío correr por su espalda. Tenía que salir rápido de allí, era ahora o nunca.
- ¡Temari-san! – gritó Matsuri emocionada sospechando lo que ya venían sospechando mucho tiempo atrás. ¿Era tan evidente? Pensó la rubia. - ¿¡De quién es la carta!? – exclamó la kunoichi elevando su tono de voz.
Temari se había quedado bloqueada, congelada, fría, nerviosa, alterada, estresada, avergonzada, evidenciada y colorada.
Por como la miraban ella lo supo: todos lo sabían. Sus hermanos supieron el remitente porque lo habían leído. Ellas lo supieron sólo por el ambiente que se había generado y por ver que la carta que tenía en sus manos no era igual que las que venían por vía administrativa. Ellas sabían también que ese sello era de Konoha. La conexión de ideas fue inmediata.
Kankurō frunció el ceño viendo a las chicas acercándose como si se fueran a comer a su hermana. También, se sintió frustrado porque ellas parecían saber mucho más del tema de lo que sabían él y Gaara.
En ese momento pensó que más tarde debía mantener una conversación muy seria con su hermana mayor.
Es cierto que era feo meterse en la vida sentimental de alguien. Pero era su hermana, era la única mujer de su familia. Merecía saber por qué ese canalla pretendía a su preciada hermana. Porque sí, aquella carta sólo podía significar eso. Y merecía corroborar si eran ciertas sus sospechas. Aquel tipo, Shikamaru, era un shinobi el cual Gaara tenía en alta estima. Si iba a darle una paliza –porque sí, ya lo estaba decidiendo mientras su hermana rozaba la carta con sus manos que aquel tipo había escrito- tenía que hacerlo en secreto para que Gaara no lo detuviera.
Kankurō giró su rostro mientras las chicas seguían dando pasos hacia su hermana. Observó a su hermano pequeño sentado en la gran butaca frente al escritorio con su atuendo de Kazekage y rezaba porque él se sintiera igual de frustrado. No obstante, por el contrario, el rostro de Gaara parecía muy tranquilo. Por lo visto para él era evidente que Shikamaru le escribiera una carta. Casi que era como si hubiera tardado en escribirla y la estaba esperando. Quizás fue por aquella ocasión en la que le contó que su hermana estaba desconsolada cuando supo que Shikamaru estaba en peligro y que la vio derramar lágrimas por primera vez.
¿¡Cómo pudo ser así de ingenuo!? Se preguntaba ahora. Era evidente que aquel rescate que ella quiso ejecutar aún a costa de su propia seguridad ante un peligro desconocido no era por pura camaradería. Temari y Shikamaru tenían una relación profunda que ahora estaba dando sus brotes. Y todo empezaba con esa maldita carta.
Finalmente…
Temari hizo una finta esquivando a las chicas que casi se precipitan contra el suelo. Por suerte, sus reflejos de kunoichi lo evitaron. A su vez ella hizo lo máximo posible por tapar el nombre en la carta con una mano de manera que casi arrugó el sobre. En menos de medio segundo lo había guardado en su bolsa de armas ninja y al momento exclamó:
- ¡Me tengo que ir! – y dejó a las cuatro personas de la estancia completamente petrificados por su rápida reacción sin respuesta alguna tras leer el nombre de la carta.
Yukata y Matsuri estaban con los ojos totalmente abiertos por la sorpresa. Enseguida se giraron hacia los hermanos y preguntaron al unísono:
- ¿¡De quién era la carta!?
- Nara Shikamaru – respondió enseguida Gaara que estaba menos petrificado que su hermano mayor. Aunque la verdad que el aspecto de Gaara muchas veces era así de petrificado por lo que estaba claramente tranquilo con respecto al tema según pudieron apreciar las chicas.
…
Temari consiguió escaparse de las depredadoras de cotilleos profesionales y se encerró en su oficina pasando el pestillo. No quería que nadie la molestara en ese momento.
TENÍA que abrir esa carta y TENÍA que leer su contenido sin más demora.
La rubia kunoichi trató de respirar ahora con calma sentada en la silla y reposó los antebrazos en el escritorio a la vez que acariciaba el papel del sobre entre sus dedos.
Por algún extraño motivo sentía que no debía abrir ese sobre porque si ya se sentía nerviosa por haber recibido una carta personal de Shikamaru, quizás si lo que decía adentro era comprometedor, ella se iba a sentir aún más avergonzada e iba a querer que se abriera la tierra y se la tragara.
Temari llevaba ya tanto rato tocando el sobre que no sólo tenía arrugas, sino que también estaba deformándose por el sudor de sus manos nerviosas.
Y al final, se armó de valor y decidió abrirlo…
Cuando lo abrió lo primero que pensó al desplegar la hoja es que estaba en blanco y se trataba de alguna clase de broma. No obstante, cuando desplegó el último trozo, el que quedaba en la parte superior leyó la frase:
"Me muero por verte"
Pero la que se murió fue ella o al menos casi de los nervios que le dieron justo después de leerla.
¿¡Shikamaru se había atrevido a escribirle algo así!? ¿Desde cuándo este chico era capaz de expresar sus sentimientos de una manera tan seductora? ¿Y a qué se debía esa frase en concreto?
Temari dejó la hoja en su escritorio y reposó sus manos sobre sus rodillas intentando recuperar el aliento. Cogió una versión en miniatura de su abanico y se abanicó durante unos minutos para bajar su temperatura corporal. Estaba roja como un tomate y notaba sus mejillas arder.
Tras ese ejercicio de relajación, ya sólo tenía un poco de rubor en sus mejillas. Volvió a tomar la carta en sus manos y volvió a leer casi mil veces la frase que hacía que su corazón latiera fuerte y su cuerpo anhelara estar junto a Shikamaru.
- Shikamaru… - susurró ella cerrando los ojos y dejando escapar un suspiro.
En ese momento Temari decidió que iba a hacer los preparativos para ir a Konoha sin demora.
Lo primero que hizo fue asegurarse de que tenía una coartada. Lo que habló con sus hermanos fue que Shikamaru se había comunicado con ella por esa vía para que fuera más privado y que era un tema serio que debían tratar. A su vez se ofreció para ir en calidad de mensajera del Kazekage y así tener doble excusa para ir a Konoha.
Gaara le siguió el rollo porque sabía lo que sentía su hermana. Kankurō casi se arrancaba los pelos de lo escandalizado que estaba, pero se lo guardó por dentro esperando que si llegaba a encontrarse con Shikamaru le haría confesar lo suyo con su hermana y le daría una paliza.
La joven kunoichi no tardó en tener su mochila preparada y sus armas ninja a punto para emprender el viaje. En esta ocasión tuvo especial cuidado en llevarse algunas cosas que otras veces no solía llevar como un pequeño botecito de perfume o barra de labios con sabor a fresa. También se aseguró de llevar la ropa interior más nueva que tenía.
Odiaba admitirlo, pero todas las cosas que hacía las hacía llevadas por ese impulso físico de necesitar a Shikamaru y luego cuando se paraba a pensarlo se sentía tan avergonzada que estaba a punto de dar marcha atrás y dejar todas esas cosas en su casa.
…
Pocos pasos quedaban ya para que se divisara la puerta de Konoha. Temari se aseguró de enviar una respuesta a la carta de Shikamaru diciéndole que había surgido la casualidad de que tenía que ir a Konoha al día siguiente de manera que Shikamaru pudiera calcular cuando esperarla.
La carta llegó antes que ella y Shikamaru se puso totalmente rojo y se quedó paralizado en el pasillo de su casa al ver la carta en el cesto donde dejaban la correspondencia familiar. Si su madre había sacado la carta del buzón, eso significaba que luego le estaría molestando con que Temari le respondió y lo que ello podía significar y blablablá…
El día que Temari llegaría parecía no llegar. Pero el tiempo pasa, inevitablemente.
Aquella mañana Shikamaru se duchó con agua ultra-caliente porque, de alguna manera, sentía que debía eliminar todo rastro de sudor o mal olor para cuando se acercara a ella. La última vez que estuvieron juntos se habían bañado en aguas termales por lo que ella podría haberse acostumbrado a que él tuviera ese grado de limpieza de haber estado horas en agua caliente. O quizás lo estaba pensando todo demasiado. Él era siempre así. Pensaba doscientas situaciones antes de enfrentar la situación real.
Habían pasado diez días desde la última vez que se vieron y parecía que habían sido diez meses. ¿Las cosas se sentían así de intensas cuando te interesabas por alguien? Se preguntaba mientras se ponía las prendas más nuevas de todos sus atuendos shinobi. El chaleco más nuevo y la camiseta más nueva. Todo para asegurarse de tener un aspecto reluciente.
Revisó su barba y comprobó que no le había crecido demasiado el vello facial desde la última vez que se afeitó. Era lógico, él de por sí no tenía un vello demasiado tupido y sólo habían pasado dos días desde su última afeitada. Lo último que hizo fue peinarse haciéndose la coleta alta y a pesar de no haberse afeitado se puso un poco de after-shave solo para no tener la cara demasiado rasposa.
Se miró al espejo con detenimiento y luego se sintió deprimido. Estaba preocupándose tanto por el momento de verla que se había aseado como pocas veces había hecho en su vida entera.
Y por fin, salió de su casa. Temari siempre llegaba entre las ocho y las nueve de la mañana. Era una chica muy puntual así que no esperaba menos de esa vez teniendo en cuenta la tensión que había entre ellos.
El día que yacieron en el hostal de las aguas termales no fue suficiente como para aliviar tensiones. De hecho, las incrementaron porque aquel día supuso el momento de partida oficial de su relación ya que los dos se confesaron sus sentimientos –en cierta forma- y además hicieron el amor hasta no poder más de cansancio.
Shikamaru llegó a la puerta y se recostó debajo del marco como siempre solía hacer. Estaba muy nervioso porque era la primera vez que la esperaba sabiendo los dos lo que había entre ellos. Tocó su bolsa de armas queriendo sacar el paquete de cigarrillos que solía llevar con él ya que solía fumar de vez en cuando. Aunque sólo cuando se sentía estresado.
Esta situación era tan estresante que lo merecía y, sin embargo, no lo hizo. No lo hizo porque pensó que si olía a tabaco arruinaría todo el esfuerzo que hizo por oler bien para ella.
Siempre que tenía que esperar a Temari se ponía reloj. De esa manera podía controlar bien la hora a la que salía de casa y cuando llegaba a la puerta.
Ahora miraba el reloj desesperado casi cada dos segundos y, por eso, Izumo y Kotetsu se empezaron a burlar de él mirándolo desde la caseta de la entrada. Él los asesinó con la mirada y al poco rato dejaron de reírse tan ruidosamente.
Ahora se dio cuenta que cuando llegara Temari ellos lo verían en directo y, estaba pensando en cómo saludarla. ¿Debía abrazarla? ¿Debía darle un beso? La última vez que la vio le dio un beso al despedirse y ellos estuvieron molestándole con eso toda la semana.
Hasta ahora no habían tenido muestras de cariño en público ya que nadie sabía de su relación. Al menos de manera oficial, ya que mucha gente llevaba mucho tiempo diciendo que eran demasiado obvios. Y ellos era los únicos que no eran capaces de verlo.
…
El primer tramo del viaje Temari se dio un poco de prisa porque quería parar en una casa de té y descansar un poco justo antes de entrar a Konoha. De esa manera podría ir al baño y asearse lo máximo que pudiera. También se lavó los dientes y se perfumó. Finalmente aplicó su barra de labios con sabor a fresa.
No tardó mucho en abandonar el sitio y siguió caminando. Quedaban menos de cinco minutos hasta llegar a la puerta por lo que era inminente el momento en que se topara de frente con Shikamaru.
En su mente, el Nara seguía dándole vueltas a cómo saludarla. Por un lado, quería darle un beso y un abrazo. Por otro lado, pensaba que quizás ella reaccionaría mal teniendo en cuenta que estaban en público y además estaban los dos shinobis burlones en frente.
Era demasiado difícil decidirse.
Y al final, la vio en el horizonte antes de que se hubiera decidido.
Nervioso, se separó de la pared para ponerse completamente recto y observarla de frente. Ella sonrió, nerviosa también por verlo de nuevo.
Era inevitable… cuando pasabas un tiempo sin ver a la persona amada y sólo habías estado una vez con esa persona te preguntabas muchas cosas. Entre ellas, cuántas ganas tendría la otra persona de verte. Aunque desde luego Shikamaru no había dejado lugar a dudas sobre las ganas que tenía de verla en esa carta tan erótico-festiva.
Temari llegó frente a él y Shikamaru tragó saliva justo antes de decir:
- Hola – dijo levantando su mano y saludándola al estilo amigo-conocido. Su fuero interno le indicaba que mejor era enterrarse vivo por saludarla tan frívolamente, pero juraba que después la trataría mejor. Tenía que llevársela de allí.
Ella sintió un pinchazo de desilusión en su corazón porque esperaba un recibimiento con un beso. No por nada se había llevado consigo la barra de labios esa.
Ella también levantó la mano para saludarlo, aunque no muy convencida.
Shikamaru sonrió tratando de animar su expresión y le indicó con la mano el camino para pasar dentro de la aldea. Temari asintió y caminando a su lado se adentró con él en Konohagakure…
- Gracias por venir. Tenía muchas ganas de volver a invitarte a salir – le dijo el Nara mirándola mientras caminaba con ella. Para Temari su voz sonaba electrizante y hacía que su vello se erizara. Sus mejillas se ruborizaron por las palabras del joven, pero como él la estaba mirando sonrió en respuesta. – Pero… hay un problema. Hoy tengo trabajo que hacer aparte de ser tu guía personal. Eso significa que tendré que dejarte sola una parte del día mientras tú haces lo que has venido a hacer y mientras yo termino.
"Mierda", pensó ella. Ahora tendría que decirle la verdad de su visita.
- Shikamaru yo… realmente no tengo motivo para quedarme aquí. – Shikamaru se sintió confuso por sus palabras, pero enseguida ella continuó hablando - Quiero decir, no tengo motivo oficial por trabajo. He venido en calidad de mensajera y en cuanto entregue el mensaje es todo lo que tengo que hacer.
- ¿Entonces no te vas a quedar hoy? Esperaba poder invitarte a cenar – dijo él sintiéndose angustiado.
- Sí, me voy a quedar porque me lo pediste… en esa carta… - Temari tenía que sacar el tema de la carta para que Shikamaru explicara por qué escribió algo tan sugerente.
El shinobi se frotó la nuca nervioso ante las palabras de la rubia.
- Eso que te dije… en la carta… es la verdad – al pobre le estaba costando ya pensar qué decir sin ponerse totalmente rojo.
Temari miró hacia el suelo porque ya no podía seguir mirándolo a la cara mientras le dijera esas cosas.
- Pero, ¿qué voy a hacer yo mientras tú no estés? – dijo ella – no tendré nada qué hacer…
- Puedes venir conmigo a la oficina después de entregar tu mensaje – Shikamaru se paró de repente y le dijo: - ¿Quieres pasar por el hotel primero para dejar tus cosas?
- Está bien – respondió ella.
El Nara redirigió sus pasos hacia otra calle para llevarla hasta el hotel. Una vez allí, Temari entró, pagó su habitación y dejó su mochila. No tardó mucho en reunirse con Shikamaru de nuevo, que la esperaba afuera recostado contra la pared.
- ¿Vamos? – le dijo él sonriendo cuando salió del hotel.
- Sí – respondió ella sonriendo de la misma manera.
- Ahora debería llevarte a que entregues tu mensaje y luego vienes conmigo a la oficina.
Ella asintió contenta por pensar que iban a pasar el día juntos aunque fuera viéndolo trabajar.
- ¿Tienes una oficina propia? – preguntó ella curiosa por saber qué trabajo estaba haciendo ahora el shinobi.
- Algo así – explicó él – es temporal. De vez en cuando colaboro con el departamento de inteligencia, ya sabes. Pero lo que estoy haciendo estos días es muy aburrido. Sólo estoy organizando papeles y tengo muchas cosas que leer.
- Suena muy aburrido – puntualizó ella.
- Lo es, pero alguien tiene que hacerlo – dijo él.
Shikamaru había continuado caminando hasta el edificio del Hokage. No tardaron mucho en llegar y subieron hasta la oficina del Rokudaime. Entregaron el mensaje con rapidez antes de que el morboso de Kakashi que ostentaba ese título les preguntara si tenían una cita o cosas peores.
Salieron del edificio y la llevó hasta la oficina que él ocupaba esos días.
- Esta es mi oficina – dijo Shikamaru abriendo la puerta indicándole que entrara ella primero, sintiéndose como un caballero.
- Es grande – comentó ella mientras él cerraba la puerta detrás de sí.
En aquella oficina había unos estantes que rodeaban un escritorio. En frente del escritorio había una mesita de café con dos pequeños sofás. Ella pensó que seguro más de una vez Shikamaru se echó la siesta ahí.
Al lado de un estante había una silla contra la pared la cual Shikamaru tomó y la llevo junto a la suya propia delante del escritorio para que Temari se sentara a su lado.
- Qué plan tan divertido, ¿eh? – dijo él sonando sarcástico – lo siento, soy una mierda como novio.
- No importa – dijo ella poniéndose muy colorada por escuchar que él se había auto denominado como "novio". Es cierto que la última vez que se vieron empezaron un noviazgo formal, pero escucharlo no dejaba de ser tenso. – No te preocupes, te ayudaré si quieres.
- Arigatō – dijo él yendo a sentarse a su silla. Ella hizo lo mismo.
Shikamaru suspiró mirando la montaña de papeles que había frente a él. Y también se amargaba pensando que la tenía a su lado pero no podía dedicarse a ella en ese momento.
- ¿Puedo decirte una cosa? – dijo Shikamaru girándose de repente hacia ella. – No pensé que esa carta fuera a funcionar. Me alegro de haberla escrito.
- ¿Por qué dices eso? No soy de piedra – dijo ella notablemente colorada. Shikamaru clavaba sus ojos en sus labios.
Observó que ella tenía las manos sobre sus piernas y estaba jugando con sus dedos. Ella estaba nerviosa. Por fin se daba cuenta de que ella podía estar tan nerviosa o más que él. Se acercó a ella y tomó su mano izquierda con su mano derecha para acariciar sus dedos.
- Estás muy roja – le dijo él con una sonrisita maliciosa en su cara.
- Deja de mirarme así – dijo ella levantando su mirada de sus manos hasta los ojos del Nara. Ahora que lo miraba directamente pudo ver por fin sus ojos verdes relucientes.
Puso su mano izquierda en la mejilla de la rubia y se acercó terriblemente lento a sus labios para darle el primer beso del día.
Temari se dio cuenta de sus intenciones y cerró los ojos esperando ese beso tan deseado.
Sus labios tuvieron contacto y una serie de gemidos se escaparon de sus gargantas. Temari puso su mano derecha en la nuca del shinobi para intensificar el beso.
Él se separó unos segundos con los ojos entrecerrados y le dijo:
- Tenía muchas ganas de hacer esto.
- ¿Por qué has esperado hasta ahora? – preguntó ella también entreabriendo sus ojos.
- Porque en la puerta nos estaban mirando - explicó él volviendo a acercarse a su boca.
Temari volvió a sentir sus labios. Pero esta vez sintió cómo él intentaba abrir su boca así que ella lo siguió. Lo siguiente que notó fue su lengua rozando la suya. Y así cada vez estuvieron más cerca el uno del otro intensificando ese beso que no querían que acabara nunca.
- Tus labios saben a fresa – dijo Shikamaru separándose una décima de segundo para seguir besándola ahora con más fervor.
Temari dejó escapar más gemidos de su garganta por la dulzura con la que él la besaba.
- Tengo que trabajar – dijo él separándose de repente. Los dos estaban jadeando ligeramente y con las mejillas sonrosadas.
- Claro – dijo ella retirando sus manos del cuello del shinobi con una sonrisa en su cara.
Los dos se pusieron manos a la obra y la mañana pasó entre risas y conversaciones casuales. Al mediodía fueron a comer y se tomaron un descanso para luego volver unas horas más al trabajo.
Temari le contó lo tenso que fue el momento en que todos la estaban mirando curiosos y ella con la carta en sus manos.
...
Llegada la hora de salir, Shikamaru se desperezó estirándose y bostezando. Los dos se encontraban notablemente más relajados que al principio del día. Estar juntos era ahora algo más normal entre ellos.
- Hemos terminado – dijo él tomando la mano de Temari – vámonos de aquí de una vez.
Ella sólo asintió.
Salieron por el pasillo del edificio hasta la puerta. Pero antes de eso se detuvo en una oficina que tenía la puerta entreabierta. Shikamaru la abrió y dijo:
- Me voy ya. – dentro de la oficina había una chica rubia, aunque con el pelo más claro que Temari. Llevaba unas gafas de culo de botella y tenía un aspecto un poco desaliñado.
La chica que había dentro era Shiho, una de los miembros del equipo. La pobre sintió un pinchazo de dolor en su corazón al ver que Shikamaru iba con una chica y la llevaba de la mano. A Temari no se le escapó el detalle de su rostro desolado, aunque por lo visto él no se daba cuenta de los sentimientos de su compañera.
Salieron por fin del edificio y Shikamaru le dijo que la quería llevar a un sitio más elegante de los que habían ido hasta ahora.
- Aquí es – dijo él indicándole que entrara.
Enseguida los pasaron a dentro porque al parecer Shikamaru había reservado una mesa para dos. La mesa a la que los llevaron era una mesa muy íntima en la que estaban sentados muy pegaditos uno al lado del otro.
- ¿No crees que venimos muy informales para lo elegante que es? – dijo ella preocupada mirando el ambiente del sitio.
- Es lo que menos me preocupa… - dijo él – quiero decir, vienes tan poco que creo que es mejor no darle importancia. Yo sólo quería pasar tiempo contigo.
Temari sonrió y acercó su mano para tocar la mano del shinobi por debajo de la mesa. Shikamaru se vio tentado de besarla tan intensamente como por la mañana había hecho, pero sabía también que el camarero no tardaría en venir a darles la carta.
…
- Shikamaru – dijo ella de pronto mientras estaban comiendo – estás extrañamente dedicándome muchas atenciones. ¿A qué se debe eso?
- Es que después de que te fueras me sentí muy solo. Intenté salir con mis amigos, pero todos están tan enamorados que ninguno estaba por la labor de querer quedar.
- Entiendo… - Temari quería preguntarle si él estaba enamorado de ella, pero no se atrevía porque si al final los sentimientos de Shikamaru resultaban ser sólo una atracción física o un poco de cariño, ella se sentiría herida. Porque sí, ella sí estaba enamorada de él hasta la médula.
- He pensado mucho en ti esta semana Temari – dijo él interrumpiendo sus pensamientos – creo que por fin me he dado cuenta de que llevo casi cuatro años enamorado de ti.
De repente el camarero vino a retirarles los platos y les pasó la carta de postres. No obstante, casi no se dieron ni cuenta por estar tan sumergidos en su conversación.
- ¿Enamorado de mí? ¿Durante cuatro años? – dijo ella abriendo los ojos sorprendida por la confesión de Shikamaru.
- Sí… pero creo que asumí que era un amor platónico porque tú nunca te fijarías en un tipo como yo – siguió confesando el joven shinobi.
- Eso lo dirás porque… he sido muy dura contigo… pero sabes, yo sólo te exigía que mejoraras porque me importabas demasiado. Supongo que era mi manera de quererte…
Ahora los dos se estaban mirando fijamente a los ojos. Temari no pudo soportar la cara de tristeza con la que Shikamaru le había dicho que la había amado durante tanto tiempo porque parecía que estaba sacando a flote sentimientos no correspondidos durante mucho tiempo. Cuando la realidad era muy diferente. La kunoichi se lanzó a darle un abrazo y un beso en la mejilla.
- Lo siento Shikamaru. Nunca quise herirte. Pero para mí era muy difícil pensar en el amor… hasta ahora… - Shikamaru acariciaba su espalda manteniéndose unido a ella en ese abrazo.
- No te preocupes, yo tampoco tuve nunca el coraje de decírtelo – dijo él sintiéndose reconfortado.
Se separaron sonriendo y volvieron a prestar atención a la mesa. Pidieron un postre que compartieron los dos y terminaron la cena…
…
- Ya es tarde – comentó la kunoichi porque al salir se había puesto el sol por completo y estaba oscuro.
- Hemos estado cenando con calma – dijo él ofreciéndole su mano - ¿quieres ir a algún sitio?
- Demos un paseo – dijo ella apretando su mano.
Caminaron un rato y pasaron por el parque en el cual se detuvieron más de media hora. Shikamaru aprovechó ese momento para besarla más veces y más rato.
Estando allí en el banco del parque, Shikamaru dio rienda suelta a su pasión y besó también su cuello y su escote. Temari se sentía tan excitada que no se quejaba. Y los dos pensaban que menos mal que era lo suficientemente tarde como para que no hubiera niños en el parque.
Ninguno de los dos lo decía, pero ahora tenían un problema con la humedad en su ropa interior.
Dejaron de hacer aquello porque las cosas se estaban poniendo tensas en el sentido más literal de la palabra. Volvieron a caminar de la mano y finalmente la acompañó como un fiel guardián hasta el hotel donde ella pasaría la noche.
- Gracias por la cita de hoy – dijo ella sonriendo sintiéndose verdaderamente feliz.
- Creo que así tendríamos que haber comenzado…
Se dieron un beso de despedida, aunque ella no quería que él se fuera no sabía cómo decirle "pasa la noche conmigo" sin sentirse demasiado cerda. Su sentido de la decencia le estaba arruinando lo que podría ser un muy buen rato. Y mientras tanto, Shikamaru pensaba lo mismo, pero él en cambio sí estaba decidido a dejarla aquella noche dormir sola. Creía que ya tendrían más ocasiones para retomar el tema del sexo.
- Vendré a verte por la mañana temprano – dijo él.
- Vale – respondió ella desilusionada porque su shinobi favorito se quería ir. Pero si él quería ir despacio ella también lo haría. Debían tener el mismo ritmo.
Temari entró por la puerta del hotel y Shikamaru se fue cuando dejó de ver su imagen.
…
- Mierda, soy un maldito cobarde – se quejó él tras un rato de estar caminando en dirección a su casa.
…
- Shikamaru… - susurró ella tirada en el suelo de su habitación recostada contra la puerta.
Estuvo un rato pensando así sentada hasta que finalmente decidió ponerse cómoda para irse a dormir.
Primero tendió el futón y después se quitó toda la ropa dejando la ropa sucia a un lado y la otra doblada en la mesita que había en el centro del cuarto.
Después, cogió una toalla del armario donde guardaban los futones y se metió en el baño. Se recogió el pelo en un único moño y llenó la bañera de agua caliente.
Dejó la toalla doblada encima del inodoro y sumergió su cuerpo en el agua sintiéndose muy relajada. Pasados unos minutos, tomó un poco de jabón de ese que hace espuma en el agua y se lavó a consciencia para limpiar toda la suciedad acumulada en el viaje. El día siguiente tendría que reanudar ese largo viaje a Suna. Tenía que aprovechar.
Cogió también un bote de aceite y se lo añadió al agua para darle un toque de hidratación y así estuvo un rato dentro del agua hasta que…
Escuchó que alguien llamaba a su puerta…
Y ahora falta La conclusión
