Sí, ya sé, se suponía que era un solo cap independiente y terminado, pero no pude contenerme a escribir su primer encuentro, mirada, sensaciones y pensamientos.
Iruka y Kisame. Tan similares y a la vez tan distintos.
Lo de siempre, los personajes son de Kishimoto y los miles y millones de fans, que ya los hemos adoptado como nuestros.
Sin mas espero que disfrutéis de este pequeño relato.
Cuando un delfín quiere jugar ni si quiera un tiburón puede negarse.
Dos criaturas marinas.
Iruka y el tiburón.
Iruka creyó que estaba loco. No solo lo pensó, lo supo en ese preciso instante.
La primera vez que le vio pensó que quería tocar su piel. Quiso saber si era cálida o si ese azul tan frío, también era helado al tacto.
Sus labios entreabiertos, ojos marrones clavados en su pelo, en la piel de su garganta asomando por el cuello de la gabardina negra, nubes de sangre.
Junto a él,Itachi, un compatriota, traidor, asesino, como todos los que ahí se encuentran. Sus amigos, compañeros, Kurenai, Guy, Kakashi... su amante, igual de asesinos y traidores en algún momento de sus vidas; y él mismo, en un lado, solo mirando, siempre atento... siendo un espectador de su propia vida, siempre inútil, nunca tenido en cuenta.
Por que solo es un chuunin, un maestro de academia, sin valor bélico.
Y sin embargo está ahí. Viendo la lucha entre camaradas, pero su vista y su deseo no se encuentra en la victoria de los que visten idénticas ropas a las suyas... su vista y deseo se centra en esa porción de piel azul, preciosa, que quiere tocar para saber si le gustará...
Y es entonces, cuando da un paso adelante, sin saber lo que está haciendo, sus ojos se encuentran en algún punto entre ellos. Y Kisame es consciente por primera vez, que está siendo observado y a su vez, Iruka, es consciente de que no solo quiere saber si esa piel le gustará, quiere sentir ese cuerpo al completo sobre si mismo.
Desvía la mirada un segundo a Kakashi, su Kakashi. Sonríe dulcemente. Siempre le han gustado las personas distintas, por eso su pareja es la mas exótica de la aldea; posiblemente sea la criatura mas rara de todo el país del fuego.
Pero ese hombre, enorme, azul, le intriga.
Pestañea una vez, diez... cree dar se cuenta.
Un tiburón.
Lo ve, claramente.
Lineas perfectas, ojos crueles, como pequeñas piedras de negro intenso, las agallas en sus pómulos, planas lineas negras adornando su rostro.
Quiere saber si hay mas debajo, como es su aleta, y si puede nadar tan rápido como él.
Por que un delfín en mar abierto es realmente rápido. ¿Más que un tiburón?
Pestañea y le sonríe dulcemente. Iruka ve su desconcierto y casi siente la intriga que su persona causa en Kisame. Y ve como sus ojos le estudian.
El depredador decide si convertirlo en su presa o dejarle nadar tranquilo.
Mala decisión por ambas partes, el tiburón sabe que el delfín es igual de cruel y despiadado que él mismo. Sus armas también se manchan de sangre ajena cuando es necesario, pero eso queda oculto tras su sonrisa.
Por que el delfín sabe hacer sus gracias, ganarse la simpatía del publico, que piensen de él que es dulce, agradable, encantador... solo el tiburón es capaz de ponerle al mismo nivel que él mismo.
Kisame ve la mentira tras su sonrisa, aún así, Iruka no deja de sonreír.
Algo cambia, y la lucha entre sus compañeros se detiene. Kisame para el combate, decide que Itachi no debe pelear mas, pero lo que está haciendo es darse una oportunidad para encontrase con el delfín.
Y ocurre.
Días después, no está planeado, ni pensado, pero ocurre.
Se miran, se cruzan, se pasan por alto, y se detienen en el otro.
Iruka vuelve de una aldea cercana, no recuerda para que ha ido, sus ojos solo pueden seguir la curva que traza la aleta del tiburón.
Kisame sin embargo, ha ido a propósito para verlo. Quiere averiguar si sus ojos no le engañaron y si esa criatura marina realmente existe para él. Sus visitas furtivas desde aquél día a Konoha se sucedían sin resultados, y encontrarle ahí, en el bosque, en relativa soledad... era un día claro en mitad de una oscuridad profunda.
Se acercó, le tocó, se tocaron.
Su voz sonó lejana, ajena a sus labios, ansiosa.
No lo pretendía pero fue así, habló sin parar, nervioso, ansioso, perdido. Iruka emitió palabras inútiles que el tiburón devoró y masticó con su cruel boca, y sus pequeños oídos.
Kisame escuchó y alabó, al delfín. Su entereza, su valor, su belleza.
Le pidió, no, le suplicó nadar juntos.
Se ven una docena de veces mas, antes de hacerlo. Siempre casualmente, sin buscarse, pero se encuentran, a solas, lejos de miradas indiscretas, de ojos curiosos, de bocas inquisidoras...
Y mientras Iruka se gira, enrosca, retuerce y arremolina a su alrededor, bebiendo su piel, masticando sus besos, tragando sus caricias, se da cuenta de que el espantapájaros jamás le ha amado de ese modo.
Kakashi le ama sí, de forma egoísta y unilateral.
Kisame le ofrece sexo puro; no, lo siguiente. Un escalón por encima del contacto físico, del simple desahogo efímero, breve y alocado que pueden lograr con sus encuentros.
Y se da cuenta, mientras le mira cerrar sus ojos y abarcar su piel entre los dedos, de que necesita, y quiere sentir eso, ese sentimiento, esa sensación, ese sabor a mar, ese tacto de sal y aroma libre que solo consigue en su presencia, nadando en su mar.
El bosque se agita a su alrededor, las ropas esparcidas, perdidas y abandonadas junto a ellos.
No importa, nada importa y aún así, todo es importante. Cada gesto, cada aliento, cada mirada, caricia, beso, es importante; es vital y decisivo.
Por que todo empieza a girar de nuevo en cuanto han terminado. La marea se mueve con la luna, sube, baja, les aleja y acerca, les calienta y enfría al mismo tiempo.
No se quieren, no lo necesitan.
Y mientras Iruka se aleja de ahí, ropa puesta con prisas, besos aún marcando sus labios, caricias aún candentes en su piel, sonríe pensando que nada pasa por que sí...
Por que en realidad él...
Solo quería comprobar una cosa.
Si esa piel azul era cálida o fría.
Nada mas.
OooOooOooOooOooOooOooOooO
Primero de todo, gracias por llegar hasta aquí y leer este escrito.
Sinceramente, espero que te haya gustado.
Cualquier comentario, apreciación o queja, en el apartado correspondiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
