Como arena y mar

Capítulo dos:

De tentaciones, alucinaciones y admiradores secretos.

La figura fantasmal de Draco Malfoy de la noche anterior me había descolocado. Me dio mucho que pensar aquel martes; estuve distraída en Defensa contra las Artes Oscuras y eso le llamó la atención al profesor Snape, quien siempre me criticaba por ser una sabelotodo insufrible. Por otro lado, el par de ojos celestes me siguieron, inclusive durante el almuerzo y la cena.

Quería hablar con alguien sobre ello pero temía que dijeran que estaba loca, que tenia visiones, y no quería eso. Ya bastante tenía con que la gente me evitaba por ser sumamente irritante. Yo sabía que él estaba allí, que era real. Me preguntaba una vez más quien sería, aunque sabía que un rubio platinado tenía todas las de ganar. Me llamaba la atención el brillo extraño en sus ojos. Aquella no volví a la torre; no sabia si el temor me había carcomido en serio.

·-·-·-·

El miércoles comenzó algo anormal. Cierta pelirroja me despertó ansiosa, y comenzó a contarme de su nuevo amor. Dean Thomas, el chico era de mi curso, y a decir verdad los había visto acaramelados en un sillón cercano al fuego. Me alegré por ella, y nos alistamos juntas para ir a desayunar aún comentando acerca de los supuestos dulces besos que daba Thomas. Una vez más, una mirada se fijo en mí apenas entramos al comedor, pero no pude divisar al portador. Noté que se encontraba cerca de mí. Tomé a Ginny de la mano y la llevé, aún sorprendida, hasta la mesa de Gryffindor donde nos sentamos a desayunar.

Aquel día se pasó muy rápido para mi gusto. Me entretuve mucho en clase de Cuidado de Criaturas Mágicas y me divertí en Aritmancia, sin dudas mi asignatura favorita. Por suerte, la mirada misteriosa dejó de acosarme, pero no por ello me sentí menos observada. Las tareas se acumularon, pero decidí tentar a la suerte una vez más. ¿Volvería el Slytherin a pisar la prohibida torre de Astronomía aquella noche? Yo deseaba que fuera así; tal vez fuera el momento de que admitiera que me seguía incansablemente.

Debo admitir que me arreglé un poco para ir tan solo a terminar unas tareas. Además, me sentí algo emocionada por dentro, pero no sabía por qué. Me costó deshacerme de Ronald y Harry, pero les dije que quería tranquilidad, y ellos no significaban eso para mí. Me sentí estúpida, es decir, ni siquiera sabía si vendría, ni sabia si era él quien me seguía. Ahora estaba paranoica, eso sí lo sabia. No quería caer en la tentación de pensar que él era mi perseguidor secreto… aunque me encantaba la idea.

Al llegar a la torre, me empecé a desesperar. Estaba completamente vacía, y yo estaba sola. Pasaron unos minutos y no llegó. El tiempo pasó y terminé mis deberes, aún divagando sobre su posible llegada. Sin embargo, no llegó nunca. Veinte minutos después me decidí por volver a la cama, algo decepcionada. La decepción se borró de mi rostro cuando lo vi, allí, inmaculado apoyado sobre el marco de la puerta, como la noche de nuestro anterior encuentro. No sonrió, pero sus ojos brillaron.

Ya es demasiado tarde. Te espero aquí mañana, diez en punto.


Gracias por los reviews, gente. Los aprecio mucho. Y también aprecio las visitas a la historia, aunque no dejen un comentario o crítica de regalo, de verdad es muy importante que lean lo que escribo.